¡Hola a Todos/as!

Nuevamente muchísimas gracias a todos los que me regalan 20 minutos de su tiempo para leer esta historia. Parece que tendremos un pequeño encuentro por aquí hoy ¿No?

¡Gracias por sus comentarios de apoyo! No se imaginan cuanto me alegra de que estos pequeños capítulos sean de su agrado. Espero que disfruten este capítulo tanto como yo :)

Disclaimer: MGLN, KNM, SP ni ninguno de sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos creadores.

Capítulo 3: Ángeles

- ¡Ya está! – exclamó Fate alegremente - ¿Lo ves? Te dije que no dolería.

Un jovencito de 16 años asintió levemente, recuperando un poco el color. Para alguien que nunca ha tenido una fractura es un poco impactante ver como una persona, por más doctor que fuese, apareciera con una pequeña sierra cortayesos y se acercará peligrosamente a tu pierna.

Más cuando, antes de la fractura, pasabas todas tus tardes haciendo skate.

- Bien, ahora tenemos que hablar seriamente – dijo Fate, sentándose tras el escritorio – Sé que ya estás libre del yeso pero aún no puedes andar en la patineta. ¿Entendido?

- ¡Pero…! – comenzó a decir el chico, callando luego de observar la mirada que su madre le dirigía.

- Necesito que entres a rehabilitación por al menos quince sesiones, para que puedas recuperar la movilidad enteramente. Es posible que la rehabilitación se extienda un poco pero vamos a iniciar con ese plan a ver cómo te sientes. – dijo Fate, mientras terminaba de llenar un récipe – Antiinflamatorios 2 veces al día solamente si hay dolor – le dijo a la madre del chico, mientras le entregaba el récipe – y, por favor, no deje que intente andar en patineta por al menos un mes ¿Vale?

La señora asintió, agradecida, mientras ayudaba al chico a levantarse, para salir del consultorio luego de agitar la mano a modo de despedida por una última vez. Fate se tomó un par de minutos para recostarse en la silla y estirar un poco los brazos. Desde las 8 de la mañana estaba en el hospital y, en su consultorio, ya había atendido a más de 10 pacientes.

Necesitaba un break urgente.

Presionó un botón en su intercomunicador, para ser atendida por la secretaria del pasillo.

- ¡Hola Shari! – dijo Fate – Dime que no tengo que ver a nadie más hoy, vamos.

- ¡Doctora Fate! – exclamó Shari, riéndose – Ya no hay más pacientes por la mañana de hoy. Tan solo dos revisiones post operatorias para después de las dos de la tarde que aún no me confirman, así que, por lo que veo, el resto del día estará tranquilo.

- ¡Gracias Shari! ¿Te he dicho hoy que eres un sol? – preguntó Fate sonriendo, mientras escuchaba risas del otro lado de la línea.

Tomó su teléfono celular y revisó la hora. Si iba en ese momento a la cafetería podía conseguir aún un almuerzo decente y, posiblemente, podía tener un poco de charla nada productiva con Shizuma, así que se quitó la bata, dejándola colgada en la perchera de la puerta, y guardó su teléfono en el bolsillo de su uniforme, mientras salía del consultorio, saludando con una mano a Shari, quién le devolvió el saludo animadamente.

Caminó calmadamente por los pasillos del hospital, saludando a un par de enfermeras que se encontró por el camino. Bajó las escaleras en dirección a la cafetería, encontrando que, para su beneplácito, estaba casi vacía.

- ¿A dónde crees que vas tan rápido?

Fate solo tuvo tiempo de girarse cuando un par de brazos la estrecharon fuertemente, dejándola sin aire. Después de forcejear un poco pudo conocer la identidad de su atacante. Un par de esmeraldas se fijaron en ella, mientras la invitaban a pasar a la cafetería.

- Si no te apuras no nos dejaran nada bueno de comer ¿Lo sabías? – comentó Shizuma con una sonrisa, mientras entraba a la cafetería.

- ¿Es necesario que me saludes así cada vez que me ves? – preguntó Fate, recuperando el aire.

- ¡Claro que sí! – exclamó Shizuma, fingiendo estar ofendida – Es mi manera de demostrarte mi afecto.

- Entonces tu amor duele – refutó Fate, mientras revisaba el menú del día.

- Si, algo así me decían cuando estaba en la universidad.

- Apuesto a que eso no lo dices frente a Nagisa.

- ¡Ni de coña! – dijo Shizuma, riéndose – Cada vez que hablamos de eso se molesta conmigo. No quiero dormir en el sofá.

- Yo me molestaría tan solo con ver tu club de fans acá en el hospital – comentó Fate, con una sonrisa.

- ¡Ni se te ocurra decirle eso! Además, yo me comporto desde que la conocí.

- Más te vale. ¿Quién lo diría? Tu dejando de cortar florecitas por allí para dedicarte a una sola.

- El amor existe. Por cierto, hablando de amor. ¿Te acuerdas de Alice? La visitadora de ese laboratorio nuevo…

- Si, si, algo así. Creo que estuvo por el consultorio el viernes pasado – dijo Fate haciendo memoria, mientras se ponía detrás de unas enfermeras que también iban a ordenar sus almuerzos.

- ¿Por casualidad no te dejó un estudio de biodisponibilidad que dijo que me conseguiría? Le dije que me lo dejara contigo

- ¡Mierda el estudio! – exclamó Fate – Está en el auto, dame un segundo y te lo busco.

Fate dio un pequeño vistazo a la cola para pagar que había en la caja y salió de la cafetería. Estaba tan absorta pensando en donde había guardado el condenado sobre con los papeles de Shizuma que no se fijó en la chica que estaba detrás de la puerta de entrada.

Los papeles volaron por los aires antes de que los reflejos de Fate pudieran hacer algo para evitar que cayeran. Apresuradamente se agachó para recoger los papeles que estaban en el suelo.

- ¡Disculpa! – se lamentó Fate, sonrojada – ¡En verdad no me fijé que estabas allí!

El corrientazo que sintió luego de intentar tomar uno de los papeles del suelo al mismo tiempo en el que la chica estiraba su mano para lo mismo hizo que alzara la mirada para que sus ojos borgoña se encontraran con una visión que le produjo el segundo corrientazo del día.

Corrientazo que fue directo a su cerebro, evitando que pensara correctamente en ese momento.

Un par de ojos purpura le devolvieron la mirada. Y Fate podía jurar en ese momento que nunca, en toda su vida, había encontrado una mirada tan profunda como esa.

Se incorporó lentamente, mientras la chica hizo lo mismo. Por más que intentara no ceder, Fate no pudo evitar observar con detenimiento a la chica que tenía frente a ella. Piernas largas y firmes, reafirmadas por un par de tacones del tamaño necesario para hacer que pareciera solo un par de centímetros más alta, cabello castaño atado en una coleta alta, que caía suavemente de lado, mientras que su piel blanca parecía resplandecer.

Y por todos los cielos, esa boca.

Seguramente había muerto. Si esa chica frente a ella no era un ángel estaba muy cerca de serlo.

La chica, al darse cuenta de la mirada tan intensa de Fate no pudo evitar sonrojarse.

- ¡Lo siento! – exclamó Fate, saliendo de sus ensoñaciones – En verdad estaba distraída y no la vi.

- No se preocupe – comentó la chica, aún sonrojada – Emm… Creo que esos papeles son mios.

- ¿Eh?

Fate miró los papeles que estaban entre sus manos y una oleada de calor golpeó su rostro. Estaba actuando como una idiota frente a la que era, quizás, la chica más bonita con la que se había cruzado en años.

- ¡Cierto! – dijo Fate, extendiéndole a la chica el pequeño lote de papeles, que parecían no haberse estropeado. – Lo siento, en verdad, he tenido un día un poco cansado.

- Sé que se siente – comentó la chica, ya menos sonrojada – No hay de qué preocuparse.

- Entonces yo… - empezó a decir Fate.

- Supongo que es hora de que me vaya – dijo la chica, mirando a Fate.

- Si… - alcanzó a afirmar Fate, mientras centraba toda su atención en esos hermosos ojos púrpuras que la miraban.

Podía estar haciendo eso todo el día sin cansarse, en serio.

- Bien yo… - dijo la chica nuevamente, rompiendo el contacto visual- Nos vemos luego entonces.

- Vale. Que tengas un buen día y… lo siento nuevamente.

- No te preocupes. Buen día para ti también – dijo la chica con una sonrisa.

Si Fate hubiese podido detener el tiempo en ese instante lo hubiese hecho. Hubiese hecho que todos los relojes del mundo se detuvieran para que, esos pequeños segundos en el que esa sonrisa fue exclusivamente para ella se hicieran una eternidad, y solo quedaran ella y su ángel de ojos púrpura.

El cielo se estaba cayendo a pedazos frente a sus ojos, la chica que en ese momento le dio la espalda y caminó hacia un corolla blanco, poniéndolo en marcha y alejándose en el no podía ser humana, a menos de que ahora estuvieran haciendo humanos con retazos del paraíso.

Fate no sabe que sucedió en ese instante. Lo único que su cerebro entendía era que su cuerpo tenía que permanecer firme en el mismo lugar, con sus ojos apuntando a la misma dirección que tomó la chica al irse, como pensando que, si miraba más de la cuenta, podría hacer que la chica se materializara frente a ella.

Reaccionó solo cuando escuchó una voz familiar a su espalda, y aun así no pudo apartar la mirada de ese lugar.

- ¿Fate? – preguntó Shizuma acercándose a su lado, siguiendo extrañada la línea de visión de Fate - ¿Estás bien?

- Shizuma ¿Alguna vez has visto un ángel?

- ¿Un ángel? – inquirió confundida Shizuma.

- Creo que acabo de ver uno –alcanzó a decir Fate, aún perdida en sus pensamientos.

- ¿Sabes que creo que tienes? Hambre – dijo Shizuma mientras le palmeaba el hombro – Vamos, ordene algo para ti y Chikane nos está esperando para que almorcemos juntas.

- En serio Shizuma – dijo Fate, despegando la vista de la nada y bajando la mirada – Me acabo de tropezar con un ángel y no fui capaz de decir nada co…

- Mira, hagamos algo – la interrumpió Shizuma – Vamos a comer y me das lo del estudio después. Vamos a aprovechar que Chikane almorzará con nosotras y yo misma hablaré con ella para que te aparte una cita porque, Fate, ya estás teniendo problemas en el coco.

- ¡Shizuma! – exclamó Fate, tomándola por los hombros – ¡Acabo de ver a la mujer más hermosa de toda la tierra y lo único que hice fue quedarme callada como una idiota!

- Así que una chica ¿Eh? – dijo Shizuma, sonriendo pícaramente – Eso era lo que tenía así.

- Shizuma… -comenzó a decir Fate – Olvídalo. Solo… Olvídalo.

- El mundo es pequeño Fate, y los ángeles son pocos. ¿No crees? – preguntó Shizuma sonriendo, mientras la tomaba del brazo y la conducía a la cafetería.