RUROUNI KENSHIN NO ME PERTENECE, LA HISTORIA EN CAMBIO SI.
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EL LOBO Y LA DONCELLA
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ACTO 3
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Capítulos ubicados ya con posterioridad al final de LA MENTIRA.
Sin Spoilers de esta. Si lo hubiera, serian mínimos y no serían sobre los principales de La mentira.
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Si algo cansaba más a Misao era que al volver de ayudar a Himura en aquella misión tan complicada, que al final había resultado tan personal, que la jovencita había preferido al final, mantenerse al margen de los sucedido, aunque no podía negar que le había afectado.
Ya había agotado su descanso de tres semanas que el Director le había dado como licencia.
Pero debía regresar al trabajo, y a pesar de aquellas cosas que había visto y oído, ella se consideraba lo suficientemente profesional, para continuar su trabajo como si nada. Más esa sensación de que Saito la había enviado a ayudar a Kaoru en esa misión en un intento por reparar aquella cuestión del pasado, y aunque la mirada azul de aquella ex agente caída en desgracia, como una especie de advertencia más aquella sugerencia le hacía mella en la mente.
"No dejes que nadie juegue con tu lealtad, todo tiene un límite"
De todas maneras, de alguna manera sentía que esa cuota exagerada de idealismo que sentía por el director, se había minimizado en parte. Aunque obviamente no al nivel objetivo, porque Misao estaba enamorada de él como una posesa, así que con eso, cubría ese inicio de cuidado que podría llegar a tener contra el Director.
Asi que al retomar sus tareas en el servicio secreto, luego de la licencia que le dio el director luego de aquella misión de ayuda, se sentía un poco extraña, evidentemente no era la misma de antes de marcharse a ayudar a Himura y a Kamiya.
Ese ligero detalle no fue pasado desapercibido por los vigilantes y suspicaces ojos ámbares de Saito.
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De alguna manera intuía que Misao seguía siendo sumamente leal, pero ponerle un ojo avizor extra no le haría daño a nadie.
— ¿Cuántos cigarrillos llevas?—inquirió el hombre de sonrisa bonachona, y expresión alegre al observar a su viejo compañero de armas
—Solo nueve—atinó a responder Saito, al tiempo que estiraba las piernas en el sillón donde estaba sentado.
Se habían reunido para beber unos tragos, aunque Saito había terminado por no beber ni una gota, en cambio estaba agotando una caja de de cigarrillos.
Soji Okita, el del eterno rostro bonachón, volvió a sonreír. Es lo que podía decirse el único amigo que tenía el hombre más poderoso del servicio secreto japonés y de alguna manera casi el único ser en el que tenía mucha confianza o al menos con quien se sentía lo suficientemente cómodo para sentarse a beber.
Una confianza forjada en base de que habían sido compañeros de armas en el Shinsengumi, fieles a su causa, y cuando el partido político por el cual trabajaban cayó, Saito siguió trabajando para el nuevo gobierno luego de haber llegado a un arreglo con las nuevas autoridades que no podían dejar de desconocer la valía de aquel hombre tan preparado.
Y posiblemente Okita hubiese tenido el mismo destino, sino hubiere ocurrido una desgracia que no pudo prever.
Enfermó tan gravemente que tuvo que retirarse de la vida publica e incluso pasar mucho tiempo en centros de rehabilitación en América, porque sus pulmones habían quedado seriamente dañados a causa de la enfermedad.
Por eso, había quedado excluido de cualquier plan de arreglo con el nuevo gobierno.
Aun así, apenas se pudo recuperar, regresó a Japón, y si bien ya no pudo entrar en alguna esfera de poder, decidió quedarse en Tokio.
Sabía que en efecto si el gobierno nuevo lo hubiere querido le hubiese propuesto algún trato según su capacidad.
Pero sin embargo aquel trato jamás llegó. Y en parte sabía que no podía culparlos porque si el gobierno tenía a Hajime Saito ¿para que querría a una sombra como él?
Y ahí estaba su viejo compañero de armas.
Convertido en director del servicio secreto e inteligencia japonesa. Sádico, desalmado, sardónico, eran solo algunas de las motes que lo habían hecho famoso y respetado.
—¿Estás viviendo con alguna mujer? Tú casa se ve con unas decoraciones extrañas…—dijo de repente Saito, al mirar a su alrededor del salón de Okita.
Tenía unos cuadros y hasta flores en un jarrón.
—Bah...cosas de la mucama… ¿oye y jamás volviste a saber de Tokio?—inquirió Okita, quien sabía que la mención de aquella dama, ponía de cierto humor a Saito
—No, y es lo mejor— respondió como si nada Saito.
Okita se limitó a beber otro trago al tiempo que observaba a su amigo. Él había podido conocer a esa mujer, y sabía que de alguna manera, había sido la única más o menos importante en la vida de Saito, y que después, que este la había echado de su vida, ya no había vuelto a forjar nada parecido con nadie.
—Vamos…a mí no me engañas.., no son problemas del corazón lo que te tienen en este estado ni el amable hecho de venir a visitarme ¿Por qué no me dices que te traes de una vez?— finalmente preguntó Okita, ya queriendo zanjar esa situación.
— ¿Tú crees en las depuraciones?―preguntó de repente Saito, arrojando el cigarrillo al suelo y mirando a su amigo, que aún lo veía extrañado.
―Depende que tipo de depuraciones…espera… ¿Qué planeas hacer?―inquirió Okita
―Cuando entré al nuevo gobierno, si bien renuncié a mi vida pasada, hay algo dentro mío que nunca pude matar, y que fue justamente el motivo que me hizo hacer un trato con este gobierno―sus ojos brillaron y Okita lo entendió perfectamente, posiblemente él único que podría hacerlo.
Ese brillo propio del AKU ZOKU SAN.
"Matar al mal de raíz" "Destruir el mal inmediatamente"
Ese lema que lo había identificado como miembro del Shinsengumi, y que sin duda, seguiría aplicando aun, cuando en el proceso, se produjeran algunos daños colaterales necesarios.
―Ya tengo que irme. Creo que oirás algo en las noticias―mencionó Saito, levantándose del sillón, para ir saliendo.
― ¿Algo de la que deba preocuparme?―sonrió Okita al tiempo que seguía sentado, con una vaso en la mano.
―Mph...―se limitó a musitar Saito al salir.
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Esa noche, Saito no le comentó a Okita acerca de sus planes. No necesitaba hacerlo, porque tampoco quería consejos y mucho menos delatar nada. Pero en honor a su confianza de años, al menos lo previno de estar atento a las noticias.
Saito había descubierto algo muy grave dentro del ministerio de Justicia, uno tan grave, que posiblemente limitándose a denunciarlo ante el primer ministro, esta ni siquiera tendría la fuerza suficiente para que la cabeza del corrupto ministro de Justicia rodara tras ella.
Si había algo que no toleraba que es que este gobierno una vez en el poder, se valiere de recursos propios de quienes se corrompen apenas al acceder a cierto status. Y lo peor es que Saito les debía, por papeles, su lealtad.
Claro, por papeles.
En la práctica, el despiadado director tenía otros planes. El único motivo por el cual había accedido a realizar un trato con este gobierno es para tener posibilidad de vigilarlos de cerca. A la menor señal de desviamiento, Saito les enseñaría que el AKO ZOKU SAN, todavía lo llevaba en las sangre.
No importa cuánto pasen los tiempos, la verdad en la que creía, permanecería igual.
Esa noche durmió como un bebé.
Al día siguiente empezaría a poner en marcha ese plan, que llevaría a la depuración del Ministerio de Justicia.
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Ya era casi mediodía, cuando Misao fue llamada de urgencia a la oficina del director, con unas directivas clasificadas de nivel "A".
La joven de trenza se extrañó de recibir directivas parecidas. Ese tipo de clasificaciones implicaban que no tenía que mencionar a nadie que había sido llamada por el director, y que sea lo que este le dijese o encomendase era de nivel confidencial.
De hecho la reunión ni siquiera se hizo en la oficina del director.
Al final había recibido coordenadas de reunión, ya casi a las afueras de Tokio.
Grande fue su sorpresa que el lugar era nada menos que un apartamento.
Uno que ella conocía muy bien, porque era el piso donde vivía Saito y que ella conocía muy bien, de la época que le había tocado vigilar el lugar tras el atentado, sin resolver por cierto, contra la vida de Saito.
La verdad que desde su llegada de su misión de ayuda a Himura, no había vuelto a estar a solas a Saito y no podía negar que estaba ligeramente nerviosa.
Recibió un texto.
"No toques, el timbre…solo entra"
Misao entonces empujó la puerta.
La joven no entendía el porqué de su nerviosismo, y hasta se percató que habia empezado a temblar.
Bueno, eso no era raro.
Saito siempre producía esos efectos en ella, aunque esta vez más agudizados, más que nada porque lo vería a solas, en un sitio tan privado del director como lo era su propia casa.
Al entrar, se encontró con el inmaculado sitio, limpio, ordenado, meticuloso.
"Como él mismo..."Alcanzó a pensar Misao.
―Respondió rápido a mi llamada, Makimashi― dijo de repente una voz que ella conocía muy bien, para que al tiempo, un aroma a bergamota y té verde que también conocía muy bien, inundara el sitio.
―Sí, aquí estoy respondiendo a su llamado de nivel de seguridad A―pudo balbucear Misao, más cuando se había percatado que Saito no estaba vestido como siempre.
Sino con unos pantalones y una camiseta negra, con una toalla en el cuello.
Y todo el aspecto de que había estado haciendo ejercicio
― ¿Qué? Estoy en mi casa― mencionó Saito al tiempo que alzaba una ceja, porque se había dado cuenta que su subordinada había quedado extrañada de su atuendo.
―Claro…señor―quiso decir Misao.
Saito se acercó a la nevera, sacó una botella de agua y fue a sentarse en el sillón del salón.
―La razón de esta citación es simple, Makimashi. Y que lo hayamos hecho en mi casa, es porque estoy seguro que este lugar es el más seguro del mundo, y libre de oídos raros o micrófonos
―Claro, señor― respondió ella, aunque seguía parada allí en su sitio.
―Siéntate―dijo él con un tono que recordó más a una orden que a cualquier otra cosa
Ella lo hizo, aunque no podía negar que sus nervios se habían doblado.
No recordaba haber estado jamás tan cerca del director, además en una situación como esa, donde él estuviera vestido ligeramente, con sus ojos amarillos vividos, como si con una sola mirada, pudiera examinarla mucho más que uno de los sofisticados aparatos que usaban para identificar personas.
―Esta noche hay una reunión entre importantes miembros del Ministerio de Justicia, incluido el ministro, y un grupo de chinos de dudosa estirpe, a quien he estado siguiéndole rastro hace tiempo. Y uno de los motivos por el cual no se los pudo atrapar jamás, es porque estaban recibiendo protección del gobierno―espetó Saito, sin inmutarse y con su mirada fija en Misao.
Misao tragó saliva.
― ¿Qué tengo que hacer?
Saito pareció estudiarla unos segundos, pero luego añadió:
―Quiero atraparlos. Pero necesito pruebas, y quien mejor que tú para obtenerlas. Por eso te vas a infiltrar allí en la mansión del ministro y vas a implantar unos microchips, que se quedaran allí. Van a grabar todos los movimientos del lugar. Luego volverás por ellos ¿has entendido?
Misao se tensó un poco.
¿Espionaje político?
¿Por qué ella?
¿Acaso el grupo de Onniwabanshuu no estaría mejor preparado para ello?
Aunque comprendía la gravedad de la situación porque implicaba a altos funcionarios, pero aun así, ella era una agente que no creía tener las mismas capacidades que otros. Iba a protestar, pero la mirada fija, de esas que lograba desarmarla en menos de un segundo tuvo un efecto fulminante en ella, y prácticamente la desarmó hasta niveles que implicaban que debía obedecer esa orden. No discutirla. Aquellas palabras de Kaoru que la habían alertado a tener cuidado de su lealtad con respecto a Saito fueron olvidados.
―Solo deme los microchips que deba implantar, y le digo que voy a programar mi misión para enseguida―se limitó a responder, con la seguridad propia de una agente secreta.
Saito sonrió y quitó un cigarrillo de su bolsillo, para llevársela a la boca.
Misao seguía siendo la misma mujer leal que era, desde antes de irse a ayudar a Himura en esa estúpida misión.
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Misao fue la única agente infiltrada esa noche en la mansión del ministro de Justicia.
Ni siquiera Cho, estaba enterado de aquella misión. Pero el director había sido tajante de los lugares donde quería que los aparatos fueran colocados, y la joven haciendo uso de su gran capacidad de sigilo e inteligencia, pudo hacerlo.
Pudo burlar un sistema de seguridad muy sofisticado incluso.
Aunque sí pudo ver con sus ojos, que la comitiva china que había mencionado el director sí que era bastante frondosa.
Parecía una reunión secreta, porque en los boletines oficiales ni en la agenda del ministro estaban en planes estas reuniones.
Se ayudó de todo su equipo e implementos técnicos que había llevado para poder plantar los microchips en los sitios estratégicos que el director había ordenado, y cumpliendo su orden, luego de mucha precaución, terminó saliendo del lugar.
Ya cuando hubo salido del lugar, y pudo hallar un sitio seguro de referencia, recibió una llamada telefónica del director.
―Bien hecho, Makimachi. Puede ir a descansar. Y no hace falta que se presente mañana. Tómese el día libre. Se lo ha ganado.
¿Saito elogiando su trabajo?
Misao casi se sonroja, aunque siguiendo el protocolo, tuvo que limitarse a asentir y marcharse del sitio.
A decir verdad, había sido muy fácil para ella.
No entendía porque el director se había embarcado en tanto secretismo.
Esa noche pensaba ir a casa de su hermano, pero luego miró la hora. Ya era tarde. Tampoco podía pecar de inoportuna. Quien sabe y hasta puede que Aoshi estuviere acompañado. Aunque hubiese querido compartir con él el éxito de su misión de ese día.
Pero también recordaba que su misión estaba clasificada como ultra secreta.
En fin, supuso que había varios motivos para sencillamente ir a su propio departamento y descansar.
Mañana aprovecharía para visitar algunas tiendas en su día libre.
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Esa noche, para Misao, fue casi como cualquier otra.
Aunque esta vez hubo una vital diferencia, porque se durmió abrazando una camiseta blanca que había tomado del departamento de Saito, hoy, cuando había ido a reunirse con él.
No importaba lo que le dijesen de él.
Mientras pudiese dormir, pegando sus narices a esa tela con olor a menta, bergamota y té verde, y con su imaginación puesta en esos ojos ámbar, todo podría estar bien.
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Saito en cambio, no pudo dormir muy bien.
Sabía que lo hecho estaba hecho. La verdad nunca antes le había temblado la mano para hacer las cosas, antes y tampoco el remordimiento había sido un fuerte suyo. Es que no tenía muchos escrúpulos en lo que a su concepto de justicia se refería, pero ahora por una extraña razón, le daba cierto escozor, haber involucrado a esa joven.
No sabía porque.
Finalmente decidió dormirse.
Quizá lo harían llamar de urgencia en cualquier momento en cuanto se le alertara de que algo había sucedido en la casa del ministro de Justicia.
Y él sabía que así seria
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Esa madrugada, Misao que esperaba dormir hasta que su cama se le hiciere un ovillo, recibió una llamada de su hermano. Que no la estaba llamando por razones fraternales. La llamaba por una razón de urgencia.
La casa del Ministro de Justicia había explotado completamente esa madrugada.
Junto con todos lo que estaban dentro.
Y que se estaba haciendo un llamado a todos los agentes, en una orden de tipo urgente.
Misao no respondió, porque literalmente empezó a temblar y sus ojos verdes empezaron a cristalizarse.
― ¿Misao, estas ahí?― pudo oír la voz de Aoshi del otro lado―. Prepara tus cosas y vente de inmediato a la agencia. Todos los agentes son requeridos. Lo ocurrido es de emergencia nacional― finalmente mencionó su hermano mayor, antes de cortar. Quizá estaba un poco nervioso, y no pudo notar el dejo de voz de Misao.
La joven agradeció que él no la haya podido ver.
Su rostro pálido, su boca temblorosa y sus ojos brillantes de lágrimas de horror.
Acababa de darse cuenta que lo que Saito le había ordenado que implantase no eran microchips de filmación, sino bombas…
Bombas que acabaron con la vida de todos en esa casa.
Misao se llevó una mano a la boca.
Por todos los cielos ¿Qué había hecho?
CONTINUARÁ
COMENTARIOS.
Muchisimas gracias por la oportunidad que estan dandole a este fanfic.
Y las invito a leer su principal, La Mentira, que tambien se publica en el fandom de Rurouni Kenshin en español.
Agradezco su lectura a todos y tambien un beso enorme a todas mis comentaristas, soy consciente que es dificil leer algo tan crack como esto, asi que triple agradecimiento: Pajarito Azul, Chica GoodbYE, Kamisumi Shirohoshi, Le chat et le abeille.
Bueno, ya se habrán dado cuenta que este fanfic es bien sencillo. Hay que ver como toma Misao el sentir que de nuevo fue utilizada por Saito.
¿Se lo contará a alguien?
¿Que hará Saito?
En fin, me despido, que es algo tarde ya aqui en mi pais.
Un besito para Lica tambien de paso!
XOXO
Paola.
