Disclaimer: (se me olvida luego xd) Salvo por los ocs, y la historia de este fic; todo le petenece a Dreamworks y a DiosaCressida Cowell uwu

Advertencia: Puede contener lengaje ofensivo, situaciones y comportamientos para personas sensibles (aunque es leve), se recomienda discreción.

El lugar olía demasiado herbal para su gusto. El vapor se condensaba en las paredes de la habitación, así como en el techo, formando gotitas próximas a caer, una a una...

Abrazó con sus piernas el pecho desnudo, haciendo que el agua hiciera ruido en la silenciosa habitación. Pronto, el agua se enfriaría y ella podría salir, pero hasta entonces, no tenía otra opción más que seguir esperando; suspiró aburrida, mirando a su alrededor, en una esquina se encontraba su capa, así como sus cosas. Su bolsa de cuero café se movía ligeramente de abajo hacia arriba, indicando que Stormfly dormía... o que por lo menos se quedaba quieta; la cabaña estaba en buenas condiciones, a pesar del estado de la mayoría, suspiró, había detalles en la madera de las paredes y del techo, muchos, runas, dibujos..., incluso frases. Nombres, un solo apellido. En la casa debía habitar una familia, y debía ser grande, o incluso, de buena posición. No recordaba si los vikingos tenían un sistema jerárquico o era más como en el aquelarre.

Siguió dándole vueltas al asunto, analizando los tallados en la madera. Le gustaban, por la dedicación con la que se habían hecho, así como la seguridad en los trazos; escudriño con la mirada la habitación, encontrando algunas cosas de su tía Mørke, la túnica que llevaba hace rato y su cepillo para el cabello, las velas no se lo permitían tanto, pero podría jurar que la misma Tryllestav se encontraba entre las cosas.

Lo ignoró y siguió observando las formas en la madera. Se preguntó cómo era la vida de los que vivían allí antes, tal vez las cosas eran tranquilas, tal vez no. También se preguntó si ellos comían carne de dragón como en el aquelarre; supuso que no, puesto que las bestias defendían la isla (por lo menos ese Furia Nocturna de hacía rato parecía tener un interés bastante fuerte en ella), además, por lo poco que había observado, la isla estaba rodeada de estructuras extrañas, había pasado por una especie de comedero lleno de pescados. En lo alto de algunas casas había todavía en pie enormes estructuras con cubetas repletas de agua, probablemente para extinguir incendios; recordaba haber visto algo así cuando entro a la habitación del inventor de Berk, pero no tenía la certeza...

¿Y si el inventor de Berk no era nada más ni nada menos que el gobernante, jefe o líder de la isla?

Era una posibilidad bastante probable, ¿quién si no inventaría esas cosas y luego las mandaría a construir?, pero, en todo caso, ¿quién era el muchacho del dibujo? ¿Y la chica? Ambos eran muy jóvenes para ser los líderes, ¿Y si ese dibujo era viejo? El papel podía ser engañoso... o no.

Astrid tembló de frio, no se había percatado que todo rastro de calor se había esfumado de la tina donde se encontraba. Se levantó, en busca de algo con que secarse y de paso con que secarse; vio una manta cerca de las cosas de su tía, así que haciéndose de tripas corazón, salió de la tina para caminar hacia ella, mojando el suelo a su paso, la luz de las velas hacían que su piel se viera dorada pero en la madera su sombra se miraba de un nítido color negro.

Tiritando alcanzó la manta, pero hizo resbalar las demás cosas. La muchacha soltó una exclamación y se cubrió con la manta, para luego agacharse a por las cosas; tomó con un brazo la túnica y con otro, otra cosa de forma alargada suave pero firme. Las dejó sobre un barril cercano y decidió terminar de secarse.

Alto, ¿cosa suave y firme? No había visto nada más, a no ser...

Con el corazón a punto de dejar de funcionar, de volvió hacia las cosas. No debía de tocarla, si lo hacía, lo más seguro era que...

Que...

Lo había aprendido en su única clase con la señora Weeks, las Tryllestav eran bastante frágiles, así como especiales y se necesitaba ser un lyse para usarlas, mínimo para tocarlas; si se te ocurría poner tus "asquerosas e inútiles" manos en ellas, esta podría volverse polvo en tus propias manos. Casi quiso llorar cuando no la encontró, si encontraba polvo en su lugar, su tía Mørke no se lo perdonaría jamás; tiro al suelo la túnica, desesperada, casi podía ver el polvo...

Un objeto rodó fuera de la túnica, haciendo un poco de ruido. Astrid tomo una vela para confirmar que era la varita, quien, con un aspecto idéntico y en perfecto estado, se había detenido en seco en medio de la habitación. Jadeo, la había tocado, no había forma de que esta estuviese en tan buen estado.

Probablemente no la había tocado del todo, probablemente como solo había sido un segundo la Tryllestav no había notado el contacto con la mundana mano de Astrid. Sí, eso debía ser.

Claro, existía otra posibilidad, pero no creía que fuera posible. Una heks del tipo lyse era bastante difícil de encontrar, y una nunca sabe cuándo lo es; de ahí porque solamente había unas cuantas Tryllestav en el mundo... o por lo menos en el archipiélago. La mayoría eran estropeadas por brujas ambiciosas y descuidadas.

Ella no era una lyse.

¿Verdad?

La rubia uso la túnica de su tía para levantar la varita, con sumo cuidado de no tocarla, todavía con la impresión de que esta se convertiría en polvo. La sostuvo frente a sus ojos, estaba buscando alguna señal de maltrato, deterioro o polvo... Cualquier cosa.

Un ligero brillo se observó durante una fracción de segundo proveniente de la punta de la varita. Astrid por poco vuelve a soltarla. Fue tanta la impresión que no se dio cuenta de que la manta que la cubría resbaló por su cuerpo.

Jadeo, deseando tocar esa cosa. Si lo hacía, probablemente sería igual a su tía o mejor, quizá estaba destinada a ser la mejor heks del mundo. Con los dedos temblando, fríos tanto por el nerviosismo como por el frío que se apoderaba de la habitación, toco la punta del objeto mágico, esperando una reacción, la que fuese.

No pasó nada. Hizo un segundo intento, sin pensar en las consecuencias y tomo de lleno la Tryllestav.

Esta dio un brillo cegador y luego paró. No se había destruido, sino al contraído, su peso había aumentado un poco, el pedazo de madera parecía latir en su mano, como si estuviese vivo; jadeando, la observó, intacta en sus manos sin saber qué hacer.

Era una lyse.

-¡Astrid!- la llamó la conocida voz de su tía. Astrid dio un respingo, pero no quito la mirada de la Tryllestav- ¿Ya estas lista, corderito? La cena está servida y puedo sentir que la habitación se enfría.

-Voy en un momento- respondió Astrid, dejando la túnica donde la había encontrado, luego oculto rápidamente la varita entre esta, tal y como recordaba haberla visto antes de que se cayera.

-¿Puedo entrar?

Dándose cuenta de su desnudez, se cubrió rápidamente, para después correr con cuidado hasta sus cosas. Encontró su ropa interior y se la puso de golpe, buscando con la mirada las vendas que debían cubrir su pecho.

-Eh, dame un segundo- dijo tan pronto como las encontró. Empezó a rodear su pecho con la suave tela, tal como su tía le había enseñado a hacerlo cuando habían empezado a crecerle los pechos, cuidando de que no quedase flojo.

-Es que en serio quiero enseñarte algo- replicó su tía en tono de reproche. La adolescente terminó su tarea, ajustando firmemente las vendas y se giró a la puerta.

-Está bien, pasa.

La puerta se abrió, enfriando más la habitación. Su tía se había puesto otra túnica que se ceñía de forma seductora a su cuerpo, había hecho rulos en su cabello, así como había maquillado su boca de un hermoso tono carmín. Se veía preciosa; llevaba algo a su espalda, y se esforzaba en ocultarlo de la vista de la rubia.

-¿Qué tal tu baño de desintoxicación?- cuestionó la mujer, para luego echar un vistazo a sus cosas. Astrid tuvo una punzada de nervios, pero su tía no dijo nada.

-Relajante... algo aburrido- Astrid intento no verse nerviosa, con éxito nuevamente- Me dormí y por eso me tomaste por sorpresa.

Mørke se rio con suavidad, para acercarse hacia su sobrina. Con un gesto teatral, reveló lo que llevaba en la espalda; era un bonito vestido blanco de corte recto, tirantes finos y bordados en hilo blanco por la parte del pecho, la mujer llevaba en la otra mano un cinturón de color café del grosor de una cuarta. Astrid lo miro con ternura, a pesar de que no solía usar vestidos, le gustaba mucho ese.

-Lo encontré entre las cosas de tu madre- explicó Mørke con nostalgia- Tenia tu edad cuando lo usó, lo restaure con la Tryllestav, ajuste algunas medidas... Creí que querrías usar algo de ella en tu bautizo cuando me dijiste que te bautizarás con su nombre.

Astrid no halló otra contestación más que abrazar a la mujer que le había criado. Mørke respondió al abrazo de forma cariñosa.

-Desearía poder conocerla- murmuró Astrid- No sé, saber cómo era...

-Oh, era muy parecida a ti, cielo- aseguró la pelinegra con una sonrisa sincera- Era igual de valiente, talentosa y bella como tú.- la menor se sonrojó, negando con la cabeza dichas declaraciones- Toma, ponte esto y si quieres usa la capa. Te estamos esperando en el piso de abajo, ¡hice pastel de ángel!

¡Le encantaba el pastel de ángel! Era dulce, suave, cremoso y con deliciosa mermelada de fresa. Casi nunca lo comía, pero cuando lo hacía, procuraba engañar a las otras brujas para conseguir una porción extra. Ahora que estaban en una isla con más recursos, pediría la receta para prepararlo más seguido. Todavía no sabía exactamente de que era.

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Stormfly estaba despierta ahora y muy bien escondida entre la capa de Astrid y el bolso. Asomando un ojo, podía curiosear a su antojo; su compañera también estaba alerta de que la dragón no fuera visible mientras observaba a todas las brujas que le esperaban. Estaban rodeando una mesa pequeña, sobre la cual estaba un bonito pastel blanco, con crema rebosando los bordes y con pequeñas velas adornando la parte superior, la chica sonrió halagada.

-Sabemos que tu cumpleaños es a la media noche- comenzó su tía, encendiendo las velas apenas tocando la punta de estas con los dedos- Pero estamos todas tan ansiosas, que no quisimos esperar al pastel.

Las demás murmuraron expresando comentarios de acuerdo, en especial Prudence, quien no paraba de mirar el pastel con cierto anhelo glotón.

A Stormfly no le gustó demasiado el olor. En algún momento de su vida, había olido lo que los humanos llamaban pastel, y no olía como ese para nada. De todas formas, lo dejo pasar, era cierto que su compañera era otro tipo de humana, pero no era igual a sus semejantes. Era más benévola con ella, la trataba con amabilidad y le daba pollo cada que quería comer.

-Bueno, no esperemos más- las animó Astrid, para luego acercase al círculo al rededor del pastel. Se colocó en el centro mientras las demás se preparaban para cantar (con cierto fastidio) la típica canción de cumpleaños.

Feliz cumpleaños a ti...

Feliz bautizo a ti...

Feliz transición, hija de la noche...

Satán te bendiga a ti...

Las chicas aplaudieron mientras Astrid apagaba las velas. Habían modificado la letra a la empalagosa canción en base a su bautizo; era de esperarse, esta era la fecha más importante en la vida de una heks, la noche en el que se le entrega la vida al señor oscuro y se le colma de poder, así como también se le acepta de forma inmediata al aquelarre como una heks completa.

Alguien le paso un cuchillo para partir el pastel. Lo hizo, exponiendo la rica mermelada de fresa con cada corte. El pan era de un apetecible tono beige, mojado en leche; deposito el primer trozo en un plato cercano y usando un tenedor que estaba junto a la mesa, empezó a comerlo.

Definitivamente a Stormfly no le gustaba el olor. Era bastante familiar, se le parecía de cierta forma al olor de su compañera..., si eso, por ello no le agradaba nada el olor. Olía extraño.

Mørke y otra mujer de mediana edad repartieron el pastel entre las asistentes, así como vino de un oscuro color rojo. Astrid se preguntó de dónde habían sacado esas cosas y si los vikingos tenían reservas de vino en alguna parte, quizá sí, esos hombres usaban la bebida como algo que proporcionaba fuerzas, así como la cerveza, pero beberla demasiado te puede dejar atontado.

-Feliz bautismo oscuro, Astrid- dijo alguien a sus espaldas, sorprendiéndola. Era una chica pelirroja un año mayor que la rubia llamada Iris, jamás habían cruzado palabra, porque la pelirroja siempre le miraba como si fuera un estorbo. Ahora parecía querer ser agradable.

De todas formas, Astrid no respondió.

-Debes estar feliz, es la fecha más importante de todas- completó otra, de la misma edad de Iris, Astrid no recordaba si se llamaba Kaira o Kaysa- Serás una de nosotras- admitió con emoción.

-Cuando yo me bauticé no podía ni probar bocado- aseguró Iris de forma amigable. No se veía tan falso, en absoluto, pero Astrid no les creía para nada su intento de hacer migas con ella- ¿Cómo lo haces?

-No he comido nada desde que llegamos aquí- respondió Astrid como si fuera algo bastante obvio. Aún después del incidente con la mujer y el furia nocturna, su tía Mørke no la dejo probar bocado para empezar a prepararla para su bautizo.

Las dos chicas rieron, como si la rubia hubiese dicho un chiste. Kaira o Kaysa empezó a jugar con su cabello castaño de forma distraída.

-Oh vaya, eres demasiado graciosa- dijo Iris entre risitas.

-No era chiste...

-¿Cuál crees que sea tu proeza para consumar tu bautizo?- preguntó de pronto la castaña, con auténtico interés. La otra no se molestó en hacer que su amiga disimulara.

Así que era eso.

-No tengo idea- respondió Astrid de forma cortante para luego tomar otro trozo de su pastel y ponerlo en su boca.

-Mørke ha dicho que será súper especial- le confesó Iris a la rubia. Astrid asintió.

-Incluso mando a...

-Chicas, me gustaría que continuará siendo una sorpresa- las interrumpió de pronto Mørke, quien había llegado en el momento justo con una rebanada de pastel en la mano.- ¿Por qué no ayudan a Nilsa, a repartir las rebanadas?

-Sí, señora- respondieron ambas chicas al unísono.

-Y guarden una porción extra para Astrid. La comerá después del bautizo.- agregó antes de que las chicas se fueran, decepcionadas de no obtener más respuestas- Ay, estas niñas- suspiró Mørke negando con la cabeza- Ahora que estés bautizada estoy segura de que todas querrán ser tus amigas.

-Eso no sería...

-¿Honesto? Por supuesto que no, pero debes verlas como unas aliadas- Mørke miraba a las chicas que ayudaban a la mujer de mediana edad- Una disputa en el aquelarre o una heks demasiado solitaria puede ser un punto débil para nosotras- dijo al aire, ganándose una mirada significativa por parte de Astrid- Una vez hayas pasado por esto lo entenderás.- aseguró, devolviéndole la mirada a su sobrina- A tu exótico Nadder no le gusta el olor, ¿verdad?

-¿De qué...?- Astrid se sintió expuesta, ¿cómo se había enterado de Stormfly? ¿Acaso la vio mientras estaba dormida en el bote? ¿Antes? ¿Después?

-¿...hablo?- completó su tía, medio riéndose- Eres una buena mentirosa, pero lo descubrí cuando me fije en tu bolso mientras veníamos aquí.- Mørke también era una buena mentirosa, lo había descubierto desde mucho antes- No estoy molesta, si es lo que te preocupa.

-Lo siento- se disculpó Astrid- Pero la encogí por accidente. Estaba practicando en el bosque y... la salve de una cazadora. No sé cómo regresarla a la normalidad pero no creo que ella tenga... problemas con eso.

-Oh, de acuerdo- Mørke estaba de un excelente humor, porque sonreía de forma resplandeciente- Pero más le vale quedarse de ese tamaño. Y cuídala muy bien. Los compañeros son muy útiles para una chica a punto de ser una heks completa.- comió un poco del pastel- Y si lanza o dispara de una forma útil, puede ser bastante práctica cuando alguien te ataque. Incluso sirve para rastrear cosas, los Nadders tienen un olfato exquisito.

-¿Quieres decir que puede quedarse?- cuestionó la chica.

-Claro que si- Consintió la pelinegra- Las brujas te amarán por haber domesticado un Nadder.

Astrid sonrió.

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Repasó el ritual, estaba escrito en el libro de su madre, todo lo que tendría que hacer, así como cumplir con el desafío de las brujas para consumar su bautizo. Las brujas decidían que animal ella debía asesinar a sangre fría para luego cubrirse con su sangre, realizar un cántico satánico y terminar el ritual. Astrid se sabía el ritual al derecho y al revés, los cánticos...

Lo único sorpresa era El Desafío de las Brujas. No tenía ni idea de que podría ser; aunque, si era algo honesta, lo más seguro era que se tratará de un dragón. Recordó lo que llevaba en su bolso, los diarios del inventor, así como la espada retráctil, también se acordó de que no había desempacado nada de nada.

-Te marcamos el camino con un hilo rojo, por si te pierdes- indicó su tía una vez se internaban en el bosque. El cabello de la rubia estaba suelto, cayéndole sobre la espalda, llegando hasta su cintura, hacía frio, por lo que la capa le cubría casi todo el cuerpo está vez, sin dejar rastro del vestido blanco que llevaba debajo.

Bautizarse de blanco no era algo común.

Astrid solo asintió, escudriñando con la mirada entre las ramas, encontrando el hilo carmín. Su tía se giró, sonriendo para infundirle ánimo.

-Empieza a caminar cuando la luna este a unos metros de su punto máximo. No te demores- aconsejo, deshaciendo el nudo de la capa de su sobrina- Puedes dejar tus cosas en un roble cercano... Y a tu Nadder.

-De acuerdo.

-¿Estás lista o...?

-Más que lista- respondió la chica.

-Muy bien- la mujer abrazo a la menor, le depositó un beso en la mejilla, para después desaparecer en la espesura del bosque.

Se quedó sola, mirando a su alrededor. Se abrazó a sí misma, buscando calentarse, debido al movimiento, Stormfly salió del bolso olfateando el ambiente; la chica la tomo en brazos, esperando.

-Eh, Stormfly- dijo al aire, sin mirar a la dragón- Necesito que hagas algo por mí- La dragón gorjeo en respuesta, indicándole que le escuchaba. Todavía no se acostumbraba a la gran inteligencia de los dragones- Cuando terminé de caminar, dejare mi bolsa con la capa en el pie de un árbol. No te muevas hasta que te lo pida, ¿de acuerdo?

Sin importar lo que escuches, quiso añadir, pero eso se lo diría después, cuando ya estuvieran allá.

-¿Cómo era tu vida antes, nena?- pregunto en voz baja, dando un par de pasos. La dragón se revolvió en los brazos de la chica; Astrid la soltó, dejándola libre- ¿Robabas los pollos de las aldeas y se los dabas a Red Death? ¿Qué hacías allá si no?

Emprendió el camino, sintiendo como el bosque se llenaba de niebla de nuevo. La niebla no le gustaba del todo, traía almas en pena, incertidumbre, y posibles atacantes escondidos; se dedicó seguir el hilo rojo, en los huesos podía percibirse el cambio de energía, más pesada, más cargada, con mayor cantidad de calor en cada paso. Le daba un cosquilleo en la piel y una sensación agradable de seguridad.

No sabía cómo era que su tía se las había apañado para conseguir que en Berk se hiciese un bautizo. A menos de que la tierra este maldita o el lugar haya sido hogar de más generaciones de brujas, era imposible bautizarse en cualquier lugar; tal vez la tía Mørke había preguntado en todos lados, o solo había sido una agradable coincidencia. Red Death había sido un lugar de muerte y tiranía, era por eso de que nunca hubo ningún problema.

Berk era húmedo, lo sabía por la tierra y hojarasca mojada a sus pies (las botas me las tengo que quitar, la tía Mørke olvidó decírmelo), y por su ubicación era un lugar bastante (pero bastante) frio. Debían estar en una especie de verano, tal vez mediados de otoño, había nubes en el cielo indicando lluvia.

Pero la luna seguía ahí, intacta, avanzando lentamente. Repitió en su mente los cánticos.

Aunque no iba a admitirlo, estaba nerviosa. Tenía que tener el temple necesario, no podría permitir que las demás la miraran temblando por su bautismo. Debía verse aguerrida, segura de sí...

Tropezó con una raíz expuesta, se maldijo a si misma por ser tan distraída y por sonrojarse por tan torpe suceso. Stormfly la seguía de cerca, analizando el terreno. No detectó nada entre la niebla.

Divisó luz naranja de las antorchas. Tragó saliva, estaba por llegar, así que se quitó las botas, sintiendo la suave tierra en la planta de sus pies, se quitó la capa y pasó la correa del bolso de cuerpo por encima de la cabeza. Hizo bolita la capa y la deposito al pie de un árbol cercano, sobre este, colocó la bolsa y luego le ordenó a Stormfly cuidarlas.

-No importa lo que oigas- le dijo con tono severo- Ni lo que pase. O lo que veas. Quédate aquí y cuida de mis cosas- luego sustrajo de la bolsa un pedazo de pollo- Se buena chica.

Stormfly captó el mensaje, porque se acostó sobre la bolsa. Astrid le dio la pieza de pollo completa, no sin antes acariciar la cabeza de la dragón con su índice.

-Volveré en un rato- susurró, para luego ponerse en camino.

Siguió en marcha por unos cuantos metros, cuando llegó hasta un claro iluminado por antorchas, un pentagrama en forma de estrella, velas, una enorme sabana cubriendo una estructura (El Desafío de la Bruja, claro está), todas las heks con sus mejores ropas y cantando algo por lo bajo.

Cantantes pro te mihi in Domino

Caro enim mea offerendi, benedictionem,

Ego obtulerit victimam pro te. Corpus manibus meis

Cutis mea vere est cibus et sanguis meus vere est potus...

Te amo, te adoramus te Admiror te. Tuus sum.

Domine mi...

Siguió caminando, cuidando no tropezar o hacer algo mal. Una vez llegó al centro del pentagrama, cerca de su tía, agachó su cabeza y espero oír el juramento.

Pensó en Stormfly, en lo preocupada que se veía hacía poco.

-Hermanas, estamos aquí reunidas por el bautizo de una nueva heks completa.- Mørke habló en tono solemne, trayendo algunas cosas de una mesa de madera. Astrid sabía lo que eran, un cuchillo, sangre y vino del color del carmín.- Nuestra hermana, sobrina y amiga, Astrid Hofferson dejará de ser una niña y se convertirá en una sirvienta de la noche. Cumplirá los rituales asignados, beberá la sangre de una virgen y matará a la bestia que todo el aquelarre ha asignado para ella. Y una vez terminados dichos rituales, ella podrá volver a la aldea, como una heks completa y respetada.

Astrid tomó aire.

-Bebe del cáliz, que te otorgará fuerza- la mujer le tendió una copa con sangre dentro. Astrid no hizo ningún gesto mientras la llevaba a sus labios, a pesar de que sabía horrible y olía peor.- El vino, valentía- le tendió otra copa, con vino rojo en su interior. Lo bebió con la esperanza de que el sabor metálico y nauseabundo de la sangre se le fuera de la boca- Y con tu propia sangre en la mano, ruégale al Señor Oscuro que te deje ser parte de él.

Tomó el cuchillo con decisión, dejando todo sentimentalismo de lado, cortó la palma de su mano. Una vez hubo suficiente sangre en su mano, la cerró, ignorando el dolor mientras pronunciaba las palabras en latín que se había aprendido de memoria.

-Quaeso, ut a genibus cordis, animam meam, et sanguis in manibus: et peto, ut dimittas me. Parcens vobis peto ut me accipere animam meam.

-Maior domino obscuro eo...

-Magno tibi domino meo. Tibi et anima mea- dijo Astrid, hasta que un viento cálido atravesó el pentagrama y la luz de las velas se incrementó. Mørke lo miró complacida, todo estaba saliendo de acuerdo al plan.

-¡Et satanas, qui dat potestatem meam do vobis potestatem, ut baptizarent in te: Astrid Eyra Hofferson!- gritó Mørke, orgullosa.

Las demás brujas lanzaron gritos de júbilo. Astrid respiró aliviada. Al menos la parte fácil había pasado ya, su tía remojo el pulgar derecho en la sangre para luego trazar la figura de una runa en la frente de la chica; a partir de ese punto, Astrid pudo levantar la cabeza, sintiéndose más completa de lo que se había sentido jamás. Llena de un poder que no comprendía, pero que le gustaba.

Respiró hondo, incluso las cosas se veían diferentes. Observó que en uno de sus antebrazos se formaban varias marcas negras, como si fuese un largo trazo de sus venas a punto de entrar a su palma, observó la otra y confirmó que era similar. Tembló.

-Y ahora, el momento que hemos estado esperando- incluso le pareció oír a su tía bastante distante, como si se encontrase a kilómetros de distancia. Pronto presintió que estaba próxima a marearse, después de sentir un insoportable dolor de cabeza. - ¡El Desafío de la Bruja!

Las demás vitorearon. Astrid lo sintió, cada palabra o aplauso lo sentía profundamente en la cabeza, taladrando, golpeándola, aturdiéndola...

-... El honor de matar la mejor bestia de todas, un...- el sentido del oído le fallaba, así como su vista, puesto que todo se volvía borroso. Hizo un esfuerzo enorme por no gemir en protesta-... ¡Contengan su emoción y vean al...!

-¿Al qué?- farfullo Astrid, sin poder entender. No había oído el nombre de la bestia.

Alguien destapó la estructura, revelando una enorme jaula. Dentro de esta, un gran dragón negro de ojos verdes, con una especie de bozal en su hocico y el cuerpo repleto de cuerdas que se ceñían dolorosamente a su cuerpo; estaba medio dormido, con una expresión de dolor y humillación en su rostro. Los síntomas de Astrid desaparecieron al ver a la criatura a matar.

-Un Furia Nocturna, amor- susurró Mørke a su oído, mientras agarraba la mano de su sobrina, abría la palma y dejaba caer una daga en ella- Lo único que debes hacer es apuñalarlo. La pobre criatura debe estar ansiando su muerte- añadió en un tono bastante convincente de compasión. Astrid tragó saliva.

Ella conocía al dragón. Lo había visto.

En el momento en el que ella pensó eso, el dragón movió sus ojos hacia ella, con tristeza. Este tragó saliva, para luego mirar hacia otro lado, también ladeo las orejas, como si no quisiese ni escucharla. Astrid no tenía la certeza de que este la hubiese reconocido.

Esperaba que no fuese así.

-Solo apuñálalo y podremos irnos. Trata de que te salpique, con eso bastará- Mørke empujó a su sobrina hacía el dragón. Astrid trastabillo para luego estabilizarse y caminar en dirección al reptil alado.

Se puso frente a él, este volvió a dirigirle la mirada, cargada de miedo, tristeza, impotencia y dolor, completo dolor. Astrid detectó algo más, pero no supo identificar que era; el furia nocturna tembló y emitió un gruñido suave, bastante bajo, como si le pidiese piedad. También la miró a los ojos, sabiendo lo que iba a pasar.

Se rápida. Por favor.

La chica dio un respingo al oír esa frase proveniente de una débil vocecita en alguna parte de su cabeza. El dragón esta vez hizo un sonido más agudo, mirándola todavía directo a los ojos. A Astrid le pareció que sus ojos se enfocaban en los de ella con tanta sensatez, con tanto sentimiento que por un momento pensó que eran humanos; se imaginó al dragón con una familia, tal vez pequeños dragones bebés esperándole en una cueva cercana, tal vez con su madre resguardando la entrada de esta. Se lo imaginó siendo libre, volando por los aires, sin ninguna atadura o dolor; lo vio en sus pensamientos, sonriendo con una hermosa hilera de dientes puntiagudos.

Viviendo.

Su mano tembló cuando la levantó para asestar una puñalada en el cuerpo del animal. Este cambio su mirada a una suplicante, llena de terror, como si estuviera a punto de romper a llorar.

Por favor. Mi madre no lo soportaría, por favor.

Astrid sintió como un nudo se hacía dolorosamente en su garganta. Tenía que hacerlo, era una guerrera, una heks, una hija de la noche ahora. Debía ser el orgullo de su tía, la envidia de las chicas. Tenía que matarlo.

Se rápida...

Y bañarse en su sangre. Para así volver a la cabaña donde ahora vivirían, terminar su segunda rebanada de pastel, solo para darse cuenta de que el pastel de ángel esta hecho de la carne de una adolescente, que estaba endulzada con diversos azúcares, que tenía un hechizo de visibilidad que su tía había lanzado sobre ella para que lo viera como un trozo mojado de pan con betún. Para luego vomitar y...

El dragón cerró los ojos.

Por favor...

Astrid dirigió la daga al cuerpo del dragón, con fuerza...

El dragón, espero el corte. Espero sentir la hoja atravesando todas las capas de su piel, para abrirse paso a los músculos, estaba casi listo para sentir como la sangre le saldría a borbotones del cuello, estaba seguro de que vería a las valkirias dándole la bienvenida al Valhalla una vez abriera los ojos.

Su padre lo recibiría, tal vez algo triste, pero orgulloso de saber que Hiccup había dado su mayor esfuerzo. Le abrazaría con sus enormes brazos...

... Pero no lo sintió.

Se escuchó el corte de algo, así como el sonido de algo sólido de tamaño pequeño impactando la tierra. La niña frente al dragón jadeo.

Hiccup abrió los ojos, la chica no le había matado.

-No puedo- murmuró ella, pareció que se lo decía a él y no a su aquelarre.

Las brujas a su alrededor dieron exclamaciones de sorpresa. Mørke frunció el ceño.

-¿Qué dijiste?- cuestionó la pelinegra, temblando de ira. Astrid se giró hacía ella.

-No puedo hacerlo.- repitió en voz alta y clara. Aumentando los murmullos, Mørke se sonrojó- No es justo. Está amarrado, no tiene oportunidad de defenderse... Y no creo que este bien hacer esto- sentenció.

-¿Ella en serio lo dijo?- murmuró una mujer.

-Esta loca.

-Ahí está la perfecta sobrina de Mørke- se mofo una.

-Qué lo mate.

-Es una blanda.

-Escuche que no come dragón...

-No es cosa de que creas- Mørke habló por encima de todas esas voces, con tono bastante furioso- Son las reglas, debes matarlo y ya- ordenó.

Astrid también frunció el ceño. No estaba dispuesta a ceder.

-Tía Mørke, tal vez pueda matar a otro, pero...

-¿¡Pero!?- repitió la mujer, sacando la varita de su túnica, pero resbaló de sus manos, perdiéndose en el césped. Astrid no se echó para atrás- ¡Mátalo ahora y deja de estar de sentimental!

-¡Algo me dice que no debo hacerlo!- gritó Astrid. Jamás le había gritado a su tía, nunca; ella siempre había sido obediente, atendiendo a cada orden sin rechistar. Eso era nuevo- No quiero matar a este dragón.

Hiccup sintió como las fuerzas le volvían al cuerpo, de forma lenta, claro. No movió ningún músculo, se encontraba pasmado, ¿es que esa niña estaba abogando por él?

-Primero tu estúpido Nadder y ahora esto- espetó Mørke, furiosa- Estas poniéndome en ridículo...

-¡Pero...!

-¡Mata a esa bestia ahora, o todo el aquelarre te desconocerá!- exclamó la mujer, como si estuviese haciendo una rabieta. Astrid entrecerró los ojos- ¿¡Es que prefieres a un estúpido animal que a tu familia!?

-No merece morir.

-¡Te desconoceremos, y repudiaremos!- Mørke se estaba jugando de sus últimas cartas- ¡El señor oscuro tomará cartas en el asunto! ¡Ninguna de nosotras descansará hasta que te humillemos y vejemos hasta que te mueras! ¿¡Y todo por un simple animal!?

Astrid tragó saliva, manteniéndose firme.

-No lo haré.- repitió Astrid con seguridad- Y ni tú, ni el mismo señor oscuro me hará matar a este dragón.

Las demás brujas bramaron insultos, ofendidas. Una de ellas, una anciana, la señaló con un dedo.

-¡A por esa zorra!- gritó y todas las mujeres corrieron en dirección a Astrid.

No puedo dejar que lo hagan.

-¡Traidora!- gritaban. Mørke no hizo ningún movimiento para detenerlas, para desgracia de Astrid.

De pronto, una bola de plasma ardiendo las hizo retroceder. Hiccup había encontrado la forma de deshacerse del bozal y ahora, estaba en posición de pelea, dispuesto a ayudar a quien le había perdonado la vida.

Giro su cabeza hacia la chica, quien sorprendida le regreso la mirada. Este movió la cabeza hacia adelante, indicándole que se fuera. Astrid no lo pensó dos veces y corrió como una gacela a la espesura del bosque.

-¡Quiere huir!

-¡Deténganla!- bramo Mørke, agachándose para buscar su varita. Hiccup supo que con eso no tendría oportunidad, por lo que disparó cerca de la mujer, lanzándola lejos y también huyó del claro.

Astrid no paró de correr hasta que encontró de nuevo el camino de hilo rojo. Era arriesgado, pero debía volver con Stormfly; la llamó a gritos mientras corría e ignoraba los cortes en sus pies debido a las rocas y ramas. Trataba de no llorar por el miedo, buscando a su dragón.

Se alivió de encontrarla en el mismo árbol, junto con sus cosas. La dragón voló hacia ella, Astrid hizo un conjuro de atracción y las cosas levitaron hasta ella.

-Sígueme y no mires atrás- le ordenó bruscamente a la Nadder, atrapó sus cosas y reanudó la marcha en otra dirección. No sabía a donde ir, seguramente las heks se habían dividido para cubrir más terreno, probablemente su tía la haría aparecer con la Tryllestav.

Su necesidad ahora era esconderse. Probablemente podría llegar al bote donde habían llegado si se apresurada o si seguía ahí, tal vez si asignaba una buena dirección hacia...

¿¡Por qué su tía no le había defendido!? Vale, si, no había matado al dragón, pero Astrid era su sobrina, ¡Astrid incluso la quería como a una madre! ¿¡Por qué no impidió que tratarán de atacarle!?

Es más, ¿¡por qué se estaba planteado el hecho de que estuviesen buscándola!?

¿Y si tu tía hablaba en serio? ¿Y si dejaba que la torturaran hasta matarla?

Tropezó, cayó de cara al suelo. Stormfly intento ayudarla jalándole del cabello, presintiendo peligro cerca. Astrid sintió como si las ramas se le enroscaran al cuerpo, a sus extremidades, impidiéndole levantarse. Chilló horrorizada, tratando de soltarse.

Algo la tomo del cuello, se sentía húmedo y caliente, provocando que ella soltará otro grito; las raíces cedieron, rompiéndose dolorosamente sobre su piel. El algo la soltó y antes de ser atrapada de nuevo, la sostuvo de la cintura, manteniéndola de forma horizontal.

La cosa empezó a correr, Stormfly le siguió. Astrid volteo la cabeza, víctima del pánico, agitando las piernas y los brazos. Vio piel repleta de escamas negras, así como un ojo verde.

Era el furia nocturna.

-¿¡A donde me llevas!?- cuestionó Astrid, tratando de parecer enojada y no asustada- ¡Bájame!

Algo rozó su cara, quemándola. Astrid gimió de dolor, sin poder identificar que había sido. Iba a llorar si ese dragón no la soltaba.

-¡Te digo que me sueltes!- ordenó Astrid. Sintió otra cosa que le quemó una herida abierta en la planta del pie.

El dragón no hizo caso, en cambio lanzó el cuerpo de la chica hacia arriba, con fuerza, escucho como grito y luego cayó sobre el lomo del dragón. Ella se aferró a lo que pudo, perdiendo una tela roja que llevaba en las manos.

Astrid trató de estabilizarse, una vez sentada en el lomo del reptil, grito el hechizo para traer de vuelta su capa. Esta cayó en su regazo; el Furia Nocturna dio un salto y ella se aferró a las salientes de la cabeza de este, mientras vigilaba que la capa no cayera al suelo.

-¡Ven acá, puta asquerosa!

Hiccup y Astrid lo escucharon al mismo tiempo. Hiccup cambio de dirección, sintiendo el viento cada vez más salado. Buscó un camino que pudiese llevarlo a un buen escondite.

-¡¿A dónde vamos!?- Astrid no tenía ni idea de donde estaba. Stormfly voló hasta el pecho de ella y trepó hasta el hombro de la rubia, no podía seguirle el paso al Furia Nocturna y proteger a su compañera al mismo tiempo.

Astrid volvió a sentir el mareo. Esta vez más fuerte.

Cerró los ojos un momento. Los abrió cuando Stormfly le clavo las garras en la piel y después de sentir que ya no había piso debajo del furia nocturna.

Frente a ella, había agua. Mar. Rocas.

Iba a morir. No importaba como. No había matado al dragón y ahora moriría. De una forma u otra.

El Señor Oscuro la hacía pagar por desafiarlo.

El dragón dio un giro cerrado, en dirección a lo que se parecía una mancha verde oscura. Cuando Astrid la tocó, sintió como el cuerpo ardía en llamas.

Luego se desvaneció.

.

Despertó cuando el agua casi le llega a la nariz. Estaba en una posición incómoda, sobre un suelo el doble de incómodo, todo su cuerpo le dolía, en especial las piernas y los brazos. Miro hacia abajo, el vestido lo tenía enrollado sobre los muslos, y este estaba gris, literalmente, lleno de sangre (su propia sangre) y también de tierra; las piernas estaban llenas de moretones, muchas cortadas y rasguños, estaba mojada de pies a cabeza, la cortada en la mano le ardía a causa de la sal del agua.

Busco la abertura de su bolso, llamando con la mente una de las vendas que había empacado. Su mano la recibió y se sentó para curarse, echó un vistazo a su alrededor, dándose cuenta de que estaba en una cueva, que el piso estaba lleno de agua, había rocas en todos lados y una especie de cortina de plantas en la boca de la cueva. Terminó de vendar su mano para levantarse con cuidado, sus rodillas se quejaron. Astrid detectó movimiento debajo de un trozo de tela cercano, así como el hecho de que había unas botas (sus botas) tiradas en alrededor de la cueva, las levantó, antes de darse cuenta de que en el objeto donde había movimiento, era su capa.

Antes de levantarla, sacó su cuchillo-hacha, la aventó y recibió el hacha en la mano. Escucho ligeros gruñidos de molestia y Astrid pudo respirar tranquila.

Al quitar la tela se encontró con Stormfly, quien después de verla voló hasta ella para acurrucarse en su pecho.

-También me alegro de que estés bien- susurró a la dragón buscó una roca donde sentarse y se colocó las botas. Al primer paso gimió de dolor, correr descalza en el bosque no había sido una buena idea; le pareció recordar que en su bolso había guardado algo de pócima medicinal. Pero primero debía saber dónde estaba, como podía salir y buscar un camino hacia el bote.

Como pudo, exploró la cueva. Había rocas, rocas y más rocas; también hacia bastante frío, o bien, estaba tan calada que no paraba de titiritar. Viendo que la cueva era una simple abertura sin más salidas que la boca de esta, se acercó hacia ella, todavía sosteniendo su hacha, en caso de encontrase con alguien.

Reparó en algo importante. El Furia Nocturna no estaba en toda la cueva. Tal vez se había ido, viendo que la había rescatado, la abandonó en la cueva. Menos mal, pero si no podía salir de allí, solo la habría dejado a morir.

Estuvo a punto de tocar la planta que cubría la tierra cuando algo la detuvo. Alguien la había tomado del hombro.

Dispuesta a gritar y atacarle, intentó volverse, pero una mano la sostuvo por la cintura y otra le cubrió los labios, inmovilizándola. Astrid le dio un codazo, la persona solo gimió del dolor por lo bajo, pero no disminuyó la fuerza del amarre. A lo lejos, se escucharon voces.

-¡No las toques, Prudence! Son sparers, te quemarán toda la mano.

Astrid intento moverse, pero quien la tenía la sostuvo con más fuerza. Le susurró un "shh" al oído.

Era un hombre.

¿Qué hacía un hombre en una cueva cercana al mar?

-Ella no está aquí- Astrid sintió la voz de Tålmodighet en frente de ella, separada solo por la delgada cortina de plantas.- Sería imposible que ella pudiese entrar, se ve que el lugar esta infestado. Comienza a remar, Prudence.

-Ja, esa niña es buena escondiéndose, ¿no?- cuestionó la desagradable voz de Prudence, entrecortada por el esfuerzo- Más le vale que no salga de su escondite o la que la encuentre la matará.

-¿Estas segura que Mørke no la quiere viva?

-Ella específico que la matáramos. Que bella familia, ¿no?- la voz de la mujer se fue haciendo débil, hasta ser prácticamente inentendible.

Astrid sintió que su corazón se rompía. Su propia tía la quería muerta, aquello no podía ser simplemente peor, no sólo el aquelarre la odiaba más que nunca, sino que ahora no contaba con la única persona en quien ella confiaba.

El afloje del agarre del que la tenía ese hombre la sacó de sus pensamientos, recordando que debía salir de allí. A cualquier costo.

-Eso estuvo cerca- murmuró la misma voz masculina- Oye, lamento que...

Las palabras de la voz fueron ahogadas por un golpe que Astrid le había dado en el estómago, el hombre se dobló por el dolor, para luego ser derribado de una patada en las pantorrillas. La rubia le impidió incorporarse poniendo un pie en su pecho, tratando de buscar su cara.

-¿¡Por... qué... hiciste eso...!?- jadeo el hombre con voz ahogada.

-¿Quién demonios eres?- le preguntó en tono grosero. El hombre se tapó la cara, esperando otro golpe- ¿Cómo entraste aquí? ¿¡Qué es lo que quieres!?- el tipo siguió sin contestar- ¡Contesta!- le gritó levantando su hacha. Sea lo que sea, muerto no podría hacerle nada.

-¡Hey, hey, tranquila!- exclamó él, sacudiendo sus manos- ¡Esta bien! ¡Quiero ayudarte! ¿¡Podrías bajar eso!?

-¿¡Por qué diantres me hiciste eso!?

-¡Porque sabía que si tocabas eso te harías daño y nos descubrirán!- aclaró el sujeto, desesperado- ¿¡Qué acaso quieres que te maten!?

-Eso no explica quién eres- le espetó Astrid.

-Es extraño que lo preguntes, me salvaste la vida.

Astrid frunció el ceño. Aquel sujeto era un lunático.

-Yo no te salve. Ahora responde o te degollare en menos de lo que canta un gallo.

-De acuerdo, esa frase fue muy mala- ¿El tipo había tratado de hacer una broma? Astrid entrecerró los ojos- Escucha, de verdad no quiero hacerte daño. Me conoces.

-¡Quita las manos de tu cara!- ordenó Astrid.

-No hasta que sueltes esa hacha- condicionó el chico, poniéndose más nervioso. El pecho de aquel muchacho temblaba, seguramente de nervios.- Baja el arma.

Astrid apretó más el pecho del muchacho, provocando que este diera un gemido de dolor.

-¡Muéstrate o...!

-Si me matas, no podrás salir de aquí- dijo el muchacho.

La muchacha meditó sus opciones. Era cierto que ese hombre era el único que se encontraba allí, y posiblemente le ayudase a salir, de todas formas no debía confiar en él.

Bajo el hacha lentamente, sin bajar la guardia del todo. El hombre lo notó, porque bajo sus manos con la misma velocidad. Astrid lo miro con la poca luz de la cueva, reconociéndolo.

Era el chico del dibujo en la fragua. Sus rasgos eran idénticos a los plasmados en el carbón, incluso si miraba atentamente podía apreciar algunas pecas, una cicatriz debajo del labio. Los ojos le brillaban con la luz, revelando el color verde en ellos.

El hombre entre abrió los labios, revelando una hilera de dientes desalineados. Hizo una mueca al sentirse tan observado, también un poco intimidado.

-Hola de nuevo- murmuró.- Te agradecería que me dejaras respirar- su voz reflejaba que el aire empezaba a faltarle. Astrid quitó el pie del pecho del hombre, este tomó una bocanada de aire y quiso incorporarse; la rubia le detuvo, esta vez poniendo su pie en el cuello de él, sin presionar.- Bueno, esto está... un poco mejor.

-¿Quién eres?- Astrid sostuvo con las dos manos su hacha y volvió a levantarla, lista para atacar en caso de necesitarlo.

-Me llamo Hiccup- se presentó el hombre. Parecía de unos veinte años, quizá más, quizá menos- Todavía no te he dado las gracias...

-¿Gracias? ¿De que estas hablando?

Hiccup parecía confundido con esas preguntas. Se notaba que esperaba otro tipo de contestación.

Eso o definitivamente era un lunático.

-Sobre no sacrificarme hace rato- respondió, dubitativo- ¿Sabes quién soy?

Astrid negó con la cabeza. Se mantenía firme, mirándole con dureza; el hombre llevaba una armadura negra, casi intacta de no ser por algunos golpes.

-¿Mørke nunca te dijo lo que soy?- Hiccup se veía sorprendido, así como fuera de lugar.- ¿No tienes ni idea?

-Vi un dibujo tuyo en la fragua- fue lo único que la rubia pudo responder.

Hiccup sonrió con nostalgia.

-Hay muchos dibujos de mí en mi fragua- contestó, al ver que la rubia estaba dudando en que hacer, apartó con una mano su pie, para luego sentarse con algo de dificultad.

¿La fragua era suya? ¿Él era el inventor demente obsesionado con los Furias Nocturnas? Astrid se imaginaba a un hombre de mayor edad, con un rostro que reflejará locura, no un chico delgado y bien parecido.

Pero mentía. Sólo había uno. Los demás eran sólo dragones.

-No es verdad- negó ella con seriedad.

-Lo es. Te vi esculcando mis cosas- el chico se veía más tranquilo que antes.- Ese cuarto lleno de papeles, es mío.

-¿Cómo sabes que entre?- preguntó Astrid rápidamente, se sintió mal al saber que alguien la había visto.

-Estaba ahí.

-No es verdad- repitió ella- El lugar estaba desierto. Eres un mentiroso.

-Sonará raro, pero te vi. Incluso tú lo hiciste- Hiccup la señaló para dar énfasis- Tu Nadder, extrañamente pequeño, me tiro su fuego a los ojos. Debo decirte que quema a pesar de su tamaño.

Astrid sintió que los ojos se le salían de las órbitas. El único que había estado en la fragua a parte de Stormfly era el Furia Nocturna...

No era posible. Ese Hiccup estaba loco de remate.

¿Y si lo estaba inventando?

-Entonces te escapaste- continuó Hiccup, mirando al suelo- Te di unos segundos de ventaja, para saber que te habías llevado, solo vi que mis papeles estaban revueltos, así que te seguí.

"Sabía que eras una de ellas, era bastante obvio. Aquí en Berk todos se conocen y a ti no te había visto nunca; en fin, cuando me canse de jugar a las carreritas contigo te dispare hasta que caíste.

"Fue... cuando me miraste- Hiccup levantó la cara para verlo- Sentí algo extraño, una sensación que me decía que no debía arrancarte la cabeza con mis dientes. Algo decía que debía dejarte vivir, había visto heks antes, pero tú te veías diferente, con la posibilidad de cambiar o algo así- negó con la cabeza, volvió su mirada a la atónita adolescente- Escuché problemas y me fui, debes recordarlo.

Astrid bajo su hacha, impactada por el relato exacto del joven.

-No... No puedes...- susurró ella, mientras él asentía- Yo lo vi, eras... era un dragón- titubeo, confundida.

-Llevabas puesto eso- con la cabeza señaló la capa roja- Llamas la atención con eso, ¿te lo han dicho?

-¿Como...?

-¿... es posible?- completó Hiccup la frase, encogió los hombros antes de responder- Fue Mørke. Me maldijo cuando todavía estaba en el vientre de mi madre. Ella dijo que me convertiría en un Furia Nocturna cada noche de luna, pero una völva hizo que pudiera controlarlo.

-¿Mi tía Mørke?- señaló Astrid.

-Sí, también maldijo Berk- respondió Hiccup- Dijo que cuando volviera mi padre moriría. Y murió ayer.

Astrid hizo una mueca de desconcierto.

-Cuanto lo siento- susurró, sin saber que más decir.

-No fue culpa tuya- la consoló el joven, comprendiendo el estado de confusión y desencanto de la niña- Rayos- dijo en un tono de desprecio hacia sí mismo- No debí decirte lo de mi situación, no estás pasando, eh, por un buen momento.

-Yo...- la chica se alejó de él, sin saber que hacer ahora.

-De verdad lo siento, no es que se lo diga a todo mundo- Hiccup se levantó y trató de acercarse a ella- Escucha, aprecio que no hayas querido matarme, en serio. Y quiero darte las gracias...- admitió con seguridad, Astrid solo le miró- Sé lo que te quieren hacer... Y para agradecerte, quiero ayudar.

Astrid se alejó aún más de él. El sujeto era el enorme furia nocturna al que ella había salvado, o al menos eso parecía, no podía creer que su tía hubiese hecho aquello, era algo sumamente fuera de lugar.

Aunque explicaba por qué su tía quería ir a Berk con tanta insistencia. Por alguna razón su tía estaba obsesionada con Berk...

Y este chico...

-Oye, no pienso hacerte daño, si es lo que crees- aseguró el castaño con un tono conciliador. Estaba teniendo demasiado tacto con ella, incluso para ser un mortal que le dirige la palabra a una heks- Por lo que escuché, debes salir de aquí. Y yo soy el único que puede salir de aquí.

"Hay un mercado, al norte, he ido unas cuantas veces desde que nos quedamos sin mercader- explicó, el chico empezaba a ponerse nervioso, probablemente por el hecho de no recibir muchas respuestas por parte de la rubia- Y pasan barcos por todos los puertos que existen. Yo podría llevarte, un furia nocturna es perfectamente invisible en la noche... Y siempre será de noche, al parecer.

Astrid le miró con desconfianza.

-¿Por qué harías eso por mí?- el hombre no era de fiar, es más, era un completo desconocido. Si bien, era el furia nocturna que se le había topado antes, pero también era el inventor demente de la fragua.

Hiccup se encogió de hombros.

-Si estuviera en tu lugar me gustaría que alguien lo hiciera- respondió de forma simple, sincera- La forma en la que esas mujeres resuelven sus problemas no está bien. Y escuché lo que quieren hacerte, me salvaste y no voy a permitir que te hagan ese tipo de cosas.

-Soy de las que doblegó a tu pueblo.

-No, no mataste a nadie- Hiccup negó con la cabeza- Estoy seguro de eso. No me mataste.

-Bueno, no lo hice contigo, pero pude haberlo hecho con alguien más- aventuró Astrid.

-No. De haber sido así, mi vida te hubiera dado lo mismo. Tu gente es así- expuso el castaño.

-¿Y si es un truco?

-¿Qué ganaría yo si lo fuera? Si me atrapan, Mørke no dudará en matarme, te lleve con ellas o no. A menos, claro de que te hayas arrepentido sobre completar... lo que sea que se completaba si me matabas.

-Mi bautizo está sumamente arruinado de todos modos- Astrid se encogió de hombros, pero lo cierto era que los nervios la carcomían entera.- Ellas no tardarán en encontrarme.

-De hecho, tardarán un poco- Hiccup se rascó la nuca- Las plantas las despistan lo suficiente. Repelen la magia y esas cosas...

Astrid observó las plantas, no tenía ni idea de que tipo eran. Jamás las había visto, eran unas plantas cuyo tallo parecía bastante grueso y fuerte. Tenían flor, de pétalos color rosa pastel en los bordes y de un color oscuro en el centro; ¿cuánto tiempo podrían otorgarle aquellas plantas? ¿Unas horas? ¿Días? Lo cierto era que la oferta de ese tal Hiccup era tentadora, por un lado, era más fácil huir de esa forma que buscar un bote en medio de una playa que ella no recordaba donde estaba. El plan que ella misma había armado era bastante peligroso y por mucho que odiara admitirlo, era poco probable que funcionara.

Pero si Hiccup la traicionaba...

De igual forma no tendría sentido, ¿para que la engañaría? ¿La mataría? ¿Pero, para qué? Si ya había quedado claro que no le importaba en lo más mínimo a su tía, ¿Por qué, entonces, chantajearla con eso?

Todavía estaba molesta con su tía por ello. Su enfado y desencanto había aumentado al saber lo que le había hecho a Hiccup y a su padre.

Suspiró, sintiendo que estaba aceptado una locura.

-Sin ningún truco- ella hizo un movimiento con el hacha, colocándola amenazadoramente cerca del cuello del muchacho- Me dejas ahí, no le dices a nadie que me llevaste y luego te marchas.

-No me volverás a ver- aceptó el chico, levantando sus manos en símbolo de rendición.- Te dejó ahí, consigues la forma de subir a un barco y estaremos a mano, ¿Te parece?

Astrid bajo el hacha, para luego lanzarla hacia arriba, haciendo que Hiccup se cubriera la cabeza y soltará una exclamación. El arma, ahora convertida en un pequeño cuchillo de mantequilla aterrizó con gracia en las manos de la chica.

-De acuerdo- aceptó ella.

-Bien... nada de magia mientras estés viajando conmigo... o cerca de mí- señaló el espacio entre ellos- Ya he visto suficiente magia para el resto de mi vida.


TSSSSSSS

Pues, todo se fue muy lejos demasiado rapido xd

Bien, bien, ahora se conocen (por lo menos ambos hablan con el otro xd) y tienen que huir. Fantastico.

No he visto HTTYD 3 :c, estuve bastante ocupada hoy. n fin, espero poder ir la siguiente semana, digo, ¡la he esperado por 5 años!

Perdonen mis latinajos, google traductor es lo que se tiene hasta el momento xd

Respondo Reviews:

Mud-chan: (amo tus rw) Pues, él logró salir ileso de esta gracias a Astrid... aunque ella no tanto xd

Exacto, ese es el chiste. Este fic tendra sus partes crudas, sus partes chidas, y tal vez mas romanticas. Si, es una bruja con varita, pero al parecer no es la unica que puede usarla 7u7

LO SE XD, yo no puedo creerlo todavia. Los detalles seran mas adelante 7u7

OHHHHHH xd, yo no lo he visto :(, ahora quiero leer algo asi tambien xd. No se, me gusta que Astrid sea humana y el no, es... raro.

Bueno, el no obtuvo toda la confianza que vemos por ejemplo en RTTE, o en HTTYD2 (que llega a transformarse en rebeldia xd). El crecera mucho a lo largo de los cap uwu

No te matare... pero eso añade algo de presion xd

¡Me alegra que te guste! :3

I´m Lady Aira: Me tienen para rato... en lo que entro a la universidad, supongo xd

O no 7u7

Gracias, me siento feliz de que sigue habiendo gente en el fadom y que le gusten mis escritos :3

Se les quiere... ¡Vayan al cine a ver httyd3! No la he visto, pero seguramente vale todo lo que esperamos y mas uwu

¡Hasta la siguiente semana! Gracias por leer uwu