Hola a todos aquí les comparto un capitulo más producto de mi enojo jejje espero le continué agradando. Gracias por leer

Descargo de responsabilidad: ya lo saben...

ojala se te acabe la mirada constante la palabra precisa la sonrisa perfecta.

Silvio Rodriguez

Capitulo 2

Las personas se pasan la vida intentando encontrarle sentido a la misma. Desperdician el tiempo creyendo que es el amor lo que la define.

No lo es.

O por lo menos no lo es para él. Su vida acabó en el momento preciso en que se dio cuenta que el amor había llamado a su puerta o, que estaba sentándose junto a su escritorio haciendo que esta, perdiera el significado.

4 meses antes

-¿Entonces, nada de cine?- preguntó mientras se sentaba en el sillón de dos cuerpos. No era la misma Jennifer que hacía unos meses se había marchado. Había algo en ella que le resultaba desconocido.

Es decir, era común que salieran con el equipo a cenar para celebrar, en esa ocasión el motivo fue su regreso e incorporación, era común que ella enrollara su brazo con el suyo mientras caminaban, más aun siendo ella la única persona con ese pase libre al contacto físico, también era común que siempre se sentaran juntos, más si la comida no era otra cosa que, comida china.

Lo que no era común era que ella se mostrara tan, posesiva con él, por decirlo de una manera, cuando ella había regresado temporalmente para ayudar a resolver lo de Emily, no contó con el tiempo suficiente u oportuno de entablar una conversación con Ashley, más allá del caso. Luego fue el funeral y todo fue oscuridad y lágrimas.

Pero con el correr de los meses de cierta manera todo había seguido su curso. Luego de esas diez semanas, siempre o como sus respectivos trabajos se los permitían. Hablaban por teléfono, por Skype incluso él iba a visitarlos a su casa, pasar tiempo con Henry era lo que le recordaba porque intentaba hacer del mundo un lugar mejor.

Pero volviendo a esa noche, Jennifer se mostró muy territorial, no dejó que Ashley se sentara junto a él, cada vez que tenía oportunidad lo abrazaba o acariciaba su cabello quejándose de lo corto que lo llevaba.

Él solo podía responder con una sonrisa y sonrojándose al límite posible.

Después de la cena y de rondas de risas e inclusive recuerdos, cada uno comenzó a despedirse, quedando solamente ellos dos. Le había ofrecido llevarla a su casa, pero ella insistió en ir a la suya.

Y allí estaban, sentados bebiendo café en su sala de estar, rodeados de un sin fin de libros e incluso un teclado.

Ella tenía la expresión en su rostro de, estoy esperando una respuesta. Aunque no entendía a que venía la pregunta en primer lugar.

-La última vez que fui fue con Derek, García y…-

-La agente Seaver- iba a decir Ashley pero ella termino hablando por él.

-Sí, pero eso ya lo sabias- dijo inocente.

-bueno solo quería saber, que hiciste todos estos meses- dejó caer sus hombros.

Estudió su rostro por un par de segundos, era ella, pero a la vez sentía que había alguien más o algo más.

-Nada en especial, o fuera de lo común jj- hizo una de sus muecas –ya sabes-

Ahora quien lo estudio fue ella, sus ojos azules siempre le dieron la impresión de que podían mirar en su interior.

-Veo que tienes un teclado, no sabía que tocaras- observó extrañada, era cierto, era algo que no le había contado, quizás porque le recordaba a su amiga muerta.

-¿Tocarías algo para mí?- pidió luego de estar observando el instrumento.

Se encontró entre la espada y la pared, aun no tenía ánimos de hacerlo, y por otro lado no tenía el valor de negarle algo a su acompañante.

Al parecer ella notó su debate interno, o que él se había quedado mirando también en la misma dirección que ella un momento atrás.

-si no puedes, está bien- sintió su mano dándole un suave apretón en su hombro. Eso atrajo su atención.

-Cuando Hotch nos hizo las entrevistas, me cuestione en voz alta, ¿por qué hacemos esto? si no pudimos cuidarnos entre nosotros mismos. Quizás Gideon tenía razón. ¿No crees?-

No eran necesarias más explicaciones, sabía que a que se refería. Ella lo conocía mejor que nadie.

Una vez más sus miradas se encontraron, fue un instante eterno, hasta que ella habló.

-Spence, la única razón por la que somos buenos en lo que hacemos, es porque nos cuidamos entre nosotros, funcionamos como una unidad, como una familia, tu cuidas de mi- dijo sonriendo, luego llevó una mano a su pecho quizás para enfatizar mejor lo que diría después.

-Y yo, cuido de ti- finalizó llevando esa misma mano al de él.

Tragó saliva, sus palabras le brindaron la sensación de paz que siempre anhelaba. Posó su mano sobre la de ella.

Si se detenía a pensar, no sabría decir bien quien hizo el primer movimiento o, si simplemente fue algo gravitacional, solo fue consciente al sentir la calidez de los labios de Jennifer uniéndose a los de él.

No habían hablado del beso que se habían dado cuando ella lo sorprendió en la sede, porque simplemente lo habían tomado como algo que había sucedido sin querer.

Lo que estaba sucediendo en su departamento, en su sala, en su sillón era algo que si quería que sucediera, y no fue consciente de ello hasta que pasó.

De un momento a otro tenía a su mejor amiga sobre su regazo, su mejor amiga lo besaba con pasión, acariciaba su rostro, enredaba sus manos en su cabello.

Una vez que sintió sus manos trabajar sobre los botones de su camisa una alarma se encendió en su cabeza, ¿Qué estaban haciendo?

Con toda la fuerza de voluntad de la que era dueño la apartó mirando su rostro.

Esperaba algún indicio de que ella estaba arrepentida, que incluso comenzara a gritar. Algo que le indicara que eso estaba mal.

No pasó.

Lo único que vio fue la clara invitación a que continuara.

Nunca podría, ni aunque lo deseara, nunca se borraría de su memoria la primera vez que hizo el amor con Jennifer Jareau.

O la que él creyó fue la primera vez.

4 meses después…

Estaba en la estación de trenes esperando para ir a la universidad de Georgetown donde impartiría clases junto a una lingüista llamada Alex Blake ella también había trabajado en la BAU según lo que Strauss le había comentado, lo que no le había dicho es cual fue el motivo que tuvo para dejarlo.

Sea cual fuera, no la culpaba.

Sintió su teléfono vibrar.

A esas horas ya todos debían haber estado informados de su salida.

La noche anterior actúo con naturalidad, como si de verdad, todo hubiera quedado atrás. Evidentemente lo había hecho bien, ya que nadie tocó el tema.

Miró la pantalla. Era ella.

No iba a atender, pero lo hizo.

-¿Dónde estás?- dijo de manera abrupta.

-Buenos días a ti- ironizó

-Nada de juegos Reid, ¿quieres explicarme que sucede aquí? ¿Por qué Strauss dice que no perteneces a la unidad?-

-No me imagino a alguien como Erin Strauss queriendo jugar una broma, aunque si me imagino a otras personas mintiendo sobre ciertas cosas-

-¿Sigues con eso?-

-Si por "eso" te refieres a si continúo enojado por verme como un idiota durante ¿cuánto? ¿Ocho nueve meses? ¿Siete ocho años? Entonces sí, Jennifer, continúo con eso-

Hubo silencio del otro lado de la línea

-¿Donde? ¿Dónde estás? Hablemos Spence, iré a buscarte- era casi una súplica, y no podía seguir, si continuaba con esa conversación terminaría por ceder y era algo que no quería que ocurriera.

Cerró sus ojos y soltó un suspiro.

-Jennifer, no hay nada que decir-

-¿Volverás?- podía notar que ella estaba luchando con las lágrimas y el con su orgullo.

-Adiós Jennifer- terminó la llamada y vio el tren llegar.

Su vida lejos de ellos comenzaba ahora.