Bueno, aquí dejo el capítulo 3 como dije~

Espero que sea de vuestro agrado.


3- El tomatito

El chico de ojos verdes no hacía más que dar vueltas en la cama. No podía dormir pensando en donde se había metido su menor. ¿Y si por el camino un par de depravados lo habían secuestrado y ahora estaba pasando dios sabe qué?

No pudo más y salió de la cama.

Buscó un chubasquero y se lo puso, sin importarle ir en pijama, ahora solo podía pensar en Lovino. Pero Antonio solo pensaba en el italiano porque fue su culpa que se fuese de la casa, solo eso...

Sin más dilación salió de la casa hasta llegar al bosque (que lo conocía como la palma de su mano). Decidió unos segundos si mirar la parte norte o sur antes, al final se decidió por la última.

Empezó a mirar por todos los lugares posibles hasta llegar a un gran muro de tierra.

Ya tenía pensado irse de allí, ya que estaba muerto de frío, la lluvia no ayudaba para nada y llevaba más de media hora buscando por esa zona. Hasta que se fijó en algo llamativo más a delante.

Cuando llegó al lugar se dio cuenta de que era un gran árbol ardiendo. Seguramente por culpa de algún rayo, pero no había de que preocuparse. Con la lluvia que caía seguramente se apagaría pronto.

Cada vez sentía que necesitaba volver a ver a Lovino. De su cabeza no paraban de pasar cosas horribles que le podrían estar pasando a su italiano favorito.

Espera... olvida lo de favorito.

Se puso en marcha de nuevo cuando tropezó con algo, asombrado miró y era una gran (y pesada) rama de dicho árbol. Decidió poner más atención para ver mejor, frunciendo el ceño.

Así veía algo mejor entre tanta oscuridad.

Para su asombro se percató de que había algo debajo y se acercó más.

Pudo ver un gracioso rulo... rápidamente quitó la pesada rama y sí, era Lovino.

Inmediatamente posó sus manos en los hombros del contrario y lo zarandeó un poco, pero no reaccionaba.

- Lovi por favor... dime algo – Se le entrecortaba la voz- Aunque sea un insulto.

Pero ninguna palabra salió de sus labios.

El español se quitó el chubasquero y se lo puso al del pelo rojizo, para después tomalo en brazos.

Lo primero que pensó fue que era algo pesado, pero bueno.

Salió del bosque para llegar a su casa y acomodar a Lovino en la cama más grande del lugar, la de Antonio.

El mayor estaba empapado pero no le dio importancia, ahora lo único importante era Lovino.

Le quitó el chubasquero y lo metió en la cama (todo con suma delicadeza). Él se sentó en una silla a su lado, apoyando los codos sobre sus rodillas y la cabeza en sus manos.

Estaba agotado tanto mental como físicamente.

Estiró el brazo para coger el teléfono.

-¿Sí? - Sonó una voz femenina tras el teléfono.

- Emma soy yo, Antonio – Su tono no era calma – Necesito que vengas, hay una urgencia.

- Ahora mismo me pongo de camino, pero con esta tormenta tendré dificultades para llegar- Continuó la mujer – Tal vez llegue en una hora.

Çal escuchar eso colgó, lo único que podía hacer era esperar ya que sus conocimientos sobre medicina eran bien escasos.

La medicina de Antonio: "Herida= Agua oxigenada + Tirita" y de ahí no pasaba.

Empezó a temblar de frío; normal, aún llevaba el pijama empapado.

Se quitó los pantalones y se puso unos vaqueros, para después desabrocharse los botones de la parte superior, hasta escuchar un ruido en la cama, rápidamente se qiró y para su alivio, vio los ojos dorados que tanto anhelaba.

-¿D-dónde estoy? ¿A caso estoy muerto..? - Sonó la voz bastante agotada.

Antonio fue hasta él para abrazarlo.

-Eres un completo estúpido.

Lovino se asombró por esa reacción, era la primera vez en muchos años que Antonio le llamaba estúpido.

Este necesitaba la acción de corresponderle el abrazo pero solo pudo con el derecho, ya que el maldito izquierdo le dolía a rabiar.

Cuando por fin el chico de ojos color esperanza se separó de él, lo pudo ver con el cabello húmedo y la parte superior del pijama abierto, mostrando su pecho.

El italiano apartó rápidamente la mirada sonrojado.

Antonio se le quedó mirando extrañado.

-Estas rojo, pareces un tomatito~ -Y le colocó la mano en la frente- Será por la fiebre.

Lovino asintió y se autoconvenció de que esa era la rezón y no otra.

Estaba evitando a toda costa mirar al español ya que se sentía extraño.

No extraño no, solo que hace frío y al verlo así le entra más, joder.

-Tengo hambre -Soltó de repente.

-Ahora mismo te traigo algo -Dijo mientras se levantaba sin quitar el ojo de encima de su menor.

-Ah, y otra cosa -Se aclaró la garganta -Tápate de una maldita vez ¿no? O piensas estar así todo el santo día – El español asintió con una sonrisa, por lo menos su

humor era el de siempre.

Bajó hasta la cocina y allí pensó que llevarle. Con el tiempo que hacía era mejor algo caliente, pero a la vez rápido. Como por ejemplo una sopa instantánea de verduras.

El del rulo estaba mirando el techo harto de esperar (ni habían pasado escasos cinco minutos) al bastardo.

Sus tripas rugían como si de un león se tratase.

Cuando por fin escuchó a Antonio entrando en el cuarto se giró para mirarlo.

Menos mal, y iba vestido en condiciones y no podría ver su maldito (hermoso) pecho.

Este llevaba una bandeja rectangular de madera, de tono caoba.

Dejó la bandeja un momento en el escritorio del cuarto, para coger unos cojines y ponérselos a Lovino detrás. A demás de colocarlo en una postura mejor para comer.

Una vez hecho todo eso le colocó la bandeja.

En esta había un cuenco de porcelana blanco con pequeños detalles en diversos colores; en su interior la sopa de verduras que minutos atrás había preparado.

También una botella de cristal transparente con agua.

Y en la esquina derecha de la bandeja una cajita pequeña de color lila con un (bonito) cursi lazo rojo.

Al ver esto último alzó una ceja, preguntándose que demonios era eso.

Antonio se quedó mirándolo como de costumbre.

-¿No comes? - Ya que llevaba un rato mirando la bandeja sin hacer nada.

-Me duelen los brazos, así que simplemente no puedo ni tomar la cuchara, bastardo -Pero eso no era del todo cierto, solo le dolía el izquierdo. En el derecho solo unas simples molestias.

Al escuchar eso al español se le iluminaron los ojos y tomó la cuchara; levando esta hasta el líquido para después mirar a Lovi.

-Abre la boquita~ – Decía felizmente -Aahh~

-¿T-tú estás bien de la cabeza, idiota? -Dijo algo sonrojado, no que fuese un niño de 3 años.

Pero Antonio se dio por vencido y siguió.

-Venga, que el avión ya esta aquí~ - Decía mientras movía la cuchara de un lado para otro hasta llegar de nuevo a los labios del italiano. Y este con el ceño fruncido.

Tras muchas queja por parte del menor, decidió rendirse y dejar que Antonio le diese de comer de esa manera.

-Como creció mi niño~ - Dijo cuando se acabó la sopa.

-Dame de beber -Intentó sonar serio, pero en el fondo estaba de buen humor.

Gracias a Antonio y sus tonterías de tonto estúpido...

El español cogió la botella de cristal y lo llevó hasta los labios del italiano, a la vez que inclinaba un poco esta.

Mientras tanto miraba por la ventana la bonita lluvia, casi hipnotizado. Hasta que unos sonidos extraños le alertaron.

Se giró para ver al menor con los mofletes hinchados y pequeños hilitos de agua de sus labios.

También cayó en cuenta que tenía la botella demasiada inclinada y la apartó de su boca.

El italiano le escupió algo de agua en la cara.

-¡Joder, casi me matas! -Volvió a su mal humor -La próxima estate más atento bastardo.

Antonio simplemente asintió algo avergonzado, pero con el dedo índice le empezó a picar el moflete repetidas veces.

-Pero estabas tan mono con esa cara -Seguía con su tono de broma -Que pena que no tuviese cerca la cámara.

Lovino sacó fuerzas de donde no las tenía y con el brazo derecho le dio un puñetazo.

-Eh! Que eso duele -Para después llevarse la mano donde le había dado.

-Haberlo pensado antes -Y como no, con cara de pocos amigos.

-Ahora que me fijo -Decía mientras se le formaba una sonrisilla -Usaste tu brazo. ¿A caso fingiste para que to te diese de comer~?

Bingo.

Lovino se sonrosó un poco.

- No -Negó rotundamente, pero cada vez de ruborizaba más y seguramente el mayor se habría percatado de ello.

-Bueno, bueno. Y ahora lo más importante... -Abrió la cajita del lazo rojo y la puso

en frene de Lovino.

El español se aclaró la garganta.

Lovino Vargas, aceptas este... -Abrió la caja ydentro habiá un tomate de juguete -Tomate como prueba de mis disculpas -En su rostro estaba su perfecta sonrisa de siempre.

El chico del rulo pensó qué demonios se había tomado el español, pero aún así sonrió. Eso si que no se lo esperaba.

-Claro que sí, idiota.

Unos minutos estuvieron los dos riendo y haciendo comentarios sobre el tomate de juguete hasta que sonó el timbre de la casa.

Antonio bajó hasta la puerta y la abrió.

Allí estaba una chica que aparentaba 23 años, la misma que Lovino. De cabello rubio hasta los hombros con una cinta roja y los ojos verdes.

-Hola, cuanto tiempo Emma -Dijo para después abrazarla -Ya estás hecha toda una mujer -Sonriendo amablemente.

- Jaja y por lo que veo tu sigues igual de encantador que siempre -Dijo la chica con algo de rojo en las mejillas.

Antonio la guió hasta la habitación donde estaba Lovino.

Los dos entraron conversando muy animadamente y riendo. Encima Antonio llevaba el maletín a la joven chica porque era pesado.

Al otro lado del cuarto estaba Lovino mirando con cara de pocos amigos, sobretodo a la tía esa. Aunque esa le sonaba de algo.

Pero aún así, ¿quién se creía que era para tener esas confianzas con el bastardo?.

Continuará...


Este capítulo me salió algo más largo que los demás, pero bueno, tampoco importa mucho xD

Por cierto, Emma es Bélgica. Aunque no tenga nombre oficial es un de los varios que la gente le pone.

Espero subir pronto el siguiente~!

Gracias por leer :3