Capitulo 3: El joven, sueños y recuerdos.

Los rayos del naciente día chocaban con su bien formada cara, haciendo que este arrugará los ojos ante el evidente resplandor que se colaba por la ventana de la sala.

Aunque tenía los ojos cerrados, no se encontraba dormido, pasó toda la noche en vela por causa de pesados pensamientos que anidaban su mente.

-¿Ya estas despierto?- Escuchó la voz tan familiar de la anciana. Parada en frente de él.

-Desde hace rato- le respondió, abriendo los ojos pesadamente.

-Ven ha desayunar.- le ordenó mientras que caminaba hacia la cocina.

Se levanto con todos los músculos agarrotados arrastrando la sabana unos cuantos pasos; al darse cuenta que traía a rastras la sabana, la recogió del suelo y la coloco en el sofá.

-Espero que me hallas preparado algo bueno para el desayuno.- bufó.

Llegó a la cocina arrastrando los pies sorprendiéndose, de que solo estaba servido su desayuno sobre la mesa, eso solo pudo significar una cosa: "Ella todavía no despertaba".

Se sentó haciéndole agua la boca, la apetitosa comida ante él-.Mi desayuno preferido.-pensó con nostalgia.

Imágenes fugaces de recuerdos se mostraron en su cabeza: "Su madre sirviéndole un gran plato, repleto de pan tostado, huevos estrellados y una infinita torre de panqueques empapados de miel."

Tuvo que contenerse para evitar que una lagrima recorriera su mejilla, "como añoraba esos buenos momentos"-.Pensó con tristeza y nostalgia.

Ya habían pasado quince largos años desde la inesperada partida de sus padres. Él tan solo era un niño de ocho años cuando paso, si no fuera por la maternal Kaede el ya no estaría en este mundo, con solo recordar ese momento su corazón se le oprimía; Él era lo que era gracias a Kaede, su segunda madre…

-¿Aun no despierta?- preguntó con el vaso de jugo de naranja en sus labios.

-No.-Se limitó al responder.

Inuyasha tragó fuerte y continuo comiendo el desayuno.

Kagome abrió sus ojos color café, se levanto algo aturdida, su cuerpo se crispó al tacto del frío piso.

-Fue un sueño.

Caminó unos pasos más hasta que dio reparo, de que "esa" no era su habitación, inmediatamente lo supo: "No fue un sueño!"

Esto tendría que ser uno de sus tantos sueños extraños: donde se despertaba en otro lugar a encontrarse con aquel joven ser de orejas de perro y cabello plateado.

Se pellizcó el brazo con la esperanza de despertar, pero para su horror no surgio efecto.

-Esto es una pesadilla!- soltando un gritito.

Estuvo al borde de la desesperación, no recordaba nada. Recorrió un par de veces la habitación sin atreverse al salir.

-Oh Dios mío, me han secuestrado!.

Su cabeza no le daba recuerdos coherentes, eran fragmentos de imágenes enmarañadas. Un par de lágrimas recorrieron sus mejillas, pero se las limpio bruscamente, tenía que salir de allí como sea, sí, esa era su convicción en ese momento.

Cuando se disponía a treparse por la ventana para salir, se pisó el camisón con la rodilla, haciendo que perdiera el equilibrio, resbalándose, cayendo sobre el duro piso de granito.

Tuvo que incorporarse de inmediato, ya que había escuchado el pasillo unos pesados y fuertes pasos acercándose hacia ella.

-Por favor, Dios ayúdame- gimió.

En el umbral de la puerta apareció la figura alta de un hombre bien formada, con la piel algo bronceada, de ojos penetrantes de color dorado y de cabellos largos de color azabache.

El hombre la miro detenidamente, sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando se aproximo, quería correr, gritar, pero no podía y no sabia la razón.

-¿Quién es usted?- le preguntó en un hilo de voz-.Aléjese!!- Dando un grito de advertencia al ver que el sujeto no dejaba de aproximarse.

El hombre hizo caso omiso, y se le aproximo si dudar; a la joven le flaquearon las piernas, pero él la sujeto antes que cayera al suelo. Lucho con todas sus fuerzas para liberarse de los brazos que la sujetaban, nada hacia que la soltara, ni los golpes en su pecho, ni los desesperados quejidos de la chica, el hombre parecía inmutable.

-Vaya, vaya- habló al fin cuando se dio por vencida-. Se nota que ya estas bien-

Dijo divertido.

¿Qué le resultaba tan divertidito a ese joven?, seguramente sus cabellos revueltos y por su rostro que se había manchado de hollín cuando cayo al suelo.

-¿Quién es usted?- repitió la pregunta.

-El hombre que te atropello la noche pasada.

Kagome abrió sus hermosos ojos como platos ¿Qué decía ese hombre?, entonces lo recordó todo, absolutamente todo: la lluvia, las luces y el auto rojo y sobre todo su cumpleaños…

-Nunca llegué no es cierto?- reflexionó

-Si te refieres a tu fiesta de cumpleaños, no, no llegaste.

-¿Cómo lo sabe?

-Se muchas cosas- le dijo aun más divertido-. Se que te llamas Kagome Higurashi y que ayer fue tu cumpleaños…

En ese instante la anciana llegó a la habitación, preocupada por los gritos de la joven y al llegar se encontró con una escena que resultaría tierna sino fuera por la cara de espanto de Kagome: El la tenía sujetada por la cintura con firmeza, el cuerpo de la joven estaba muy cerca del suyo y sus rostros estaban muy juntos como si estuvieran apunto de darse un beso.

-Inuyasha!-interrumpió-. ¿Qué crees que haces muchacho?

Kagome reconoció de inmediato a la mujer.

-¿Profesora?

Inuyasha aflojo el agarre de su cintura, el cual Kagome aprovechó para plantarle una soberana y sonora bofetada, haciendo que este girara el rostro por la fuerza del golpe.

-Por atrevido- bufó.

Kagome parecía una fiera salvaje enjaulada, su respiración era agitada, las piernas le temblaban de la rabia; ya no sabia q pensar o hacer…

-Mi niña cálmate- le rogó la anciana.

Media hora después del incidente en la habitación. La anciana le había explicado sin falta de detalles la situación, haciendo que Kagome bajara la guardia.

Se sentía avergonzada y confundida.

-"A pesar de todo…, se lo tiene merecido por atrevido"- pensó.

Inuyasha se disculpo con ella a su "manera".

Ella no apartaba la mirada de Inuyasha, le resultaba tan familiar, tan cercano, ¿lo conocía desde antes?

Entonces como un rayo le vinieron los recuerdos de sus sueños, esos sueños que la hacían suspirar, no lo podía creer ese tal Inuyasha fuera idéntico al muchacho de sus sueños, el muchacho de su inspiración o ¿quizás su mente le estaba haciendo una jugada nuevamente?.

Kagome ya tenía puesta su ropa, seca y limpia la anciana muy amablemente se la había lavado. Comió con apetito el desayuno, mientras era observada por unos ojos dorados, ella no se percato, tenía tanta hambre.

Esa playera de rayas rosadas y blancas, y esos pantalones azul oscuro, dejo al descubierto las pocas pero definidas líneas de la joven. Extrañamente también se le hacia familiar, muy familiar, entonces recordó de improvisto que ella se parecia a su adorada Kikio, no, esa joven emanaba una aura de pureza e inocencia que su prometida ya no poseía.

-Muchas gracias- escucho la voz melodiosa de la joven que provenía de la cocina, sacándolo de sus calivaciones-. Disculpe las molestias- ya la voz estaba más cerca, hasta que diviso a su dueña, que se despedía cordialmente de la anciana.

-¿Te marchas tan pronto?- pregunto con sarcasmo.

Kagome sintió una patada en el estomago.- Si, mi familia debe estar preocupada.

-Yo te llevaré.

Kagome quería salir lo más rápido de ese lugar, la presencia de ese joven la ponía nerviosa, muy nerviosa para su gusto.

-No, gracias, yo puedo caminar.- dijo secamente.

-Yo no te estoy preguntando si te puedo llevar- contraataco mirándola a los ojos-Yo te llevaré y punto.

Kaede estaba más que sorprendida ante la escena, Inuyasha nunca se había comportado de esa manera.

Inuyasha se levanto del sofá y se la llevo hacia el auto, ella no se quejo, temía que si abría la boca el podría ladrar hasta morderla. Encendió el coche poniéndolo a andar sin saber a ciencia cierta donde se encontraba el hogar de Kagome.

Ni siquiera sabía que hora del día era, ni a que rumbo se dirigía. Estaba metido en esto por no pensar muy bien las cosas, la miró de reojo, y allí estaba la chica aforrándose al asiento y con la vista fijada al frente, se veía tan tensa, le temblaban las piernas, pero aun así ella le resultaba adorable, exquisita, perfecta…

-Pero…¿Qué diablos estoy pensando?- sacudiendo la cabeza para sacar esos pensamientos- Si Kikio te sorprendiera en esto, seguro que pasarías a la otra vida en pestañeo- tenso la mandíbula ante el pensamiento.

-Y…bien, ¿adonde me dirijo?-Pregunto al fin.

-Al templo…

Inuyasha levanto una ceja-. ¿Quieres darle las gracias a Dios, porque estas viva?- le dijo con burla-. Que devota resultaste.

Kagome estuvo a pocos segundos de abofetearlo nuevamente, se contuvo y se mordió el labio-.No, es allí donde vivo.

-Eres la sacerdotisa del templo, vaya sorpresa.

"Por que no lo adivine antes, si estaba claro, su apellido es Higurashi, el mismo nombre del templo de las cercanías"- reparo de pronto, cruzando a la derecha en una calle.

Kagome se tranquilizó al divisar su adorado hogar y al templo de la familia, se le dibujo una sonrisa en sus finos labios, cuando vio a su madre a la afueras de la vivienda barriendo la basura dejada tras por la lluvia anterior.

-Ya llegamos- le informo al estacionar su auto al frente de la casa.

-Muchas gracias- le agradeció con honestidad-.Disculpe las molestias.

-No fue nada.

Kagome se bajo del auto y se lanzo a los brazos de su madre.

-Hija…- le dijo conteniendo las lágrimas-. Estaba muy preocupada.

- Hermana, volviste- era la voz el hermanito menor de la joven. Que se le acercó

Inuyasha observaba desde su auto, el recuentro familiar, que le dejo muy claro que esa chica era muy querida.

-¿Pero quien es ese joven?- pregunto la madre al reparar de la presencia de Inuyasha.

- Que bonito carro tiene-acoto su hermano.

-Pues…es familiar de la profesora Kaede.

La madre de Kagome se acerco al automóvil nuevo de Inuyasha, tomándolo desprevenido.

-Muchas gracias.

-Eh…no hay de que señora- dijo precipitadamente.

-Venga cuando le guste, siempre será bienvenido.

-Pues gracias por el ofrecimiento- dijo avergonzado.

-No lo detengo más, seguro que tienes cosas que hacer.

Inuyasha puso en marcha el coche y se alejo de la casa, pero si antes mirar por el retrovisor a la alegre señora que aun tenia la mano levantada en acción de despedida, y a la joven que hablaba apaciblemente con el menor.

Un sentimiento de añoranza invadió su corazón. Como deseo quedarse un poco más, para conocer a la particular familia y sobre todo a Kagome. "Esa chica esta llena de sorpresas".-pensó, el quería descubrirlas, sin saber exactamente el porque, solo lo haría.

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Su madre le preparó un baño caliente, el cual necesitaba y agradeció el gesto de preparárselo. La señora Higurashi era muy comprensiva, atenta, amorosa y sobretodo daba la vida por sus hijos, siempre estuvo con ellos, después que su querido padre murió, siendo Kagome una niña de diez años y su hermano solo cinco; desde ese día Kagome no la vio llorar ni una sola vez…

Siempre les mostraba a su hermano y a ella una de las más hermosas sonrisas, pero su hija podría jurar que ella ocultaba un gran sufrimiento, Kagome nunca supo cuales fueron las circunstancias de la muerte de su padre, solo sabía que murió en un incendio…

Se le asomaron las lagrimas al recordar, cuando su abuelo se lo confeso, ella venia del colegio, cuando vio un par de agente de la policía hablando con su madre en la puerta de su casa, se le formo un nudo en la garganta al darse cuenta que su madre estaba llorando.

Corrió a su encuentro, presintiendo que algo estaba muy mal, se le cruzaron mil pensamientos por su mente infantil, pero nunca que su padre se había ido…

-Mamá… ¿que ocurre?

No obtuvo respuesta, solo su madre lloraba con más intensidad.

-¿Lloras por que ha Souta no se le baja la fiebre?- pregunto con la inocencia que un niño de esa edad podría tener.

En ese momento llego el abuelo, que la llevo adentro de la casa, sin decir una sola palabra, la ansiedad de la niña aumentaba en cada segundo de silencio de su abuelo. El anciano hizo que se sentara en una de las sillas de la mesa del comedor, se coloco de cuclillas para estar a la altura de la menor, la cual lo miraba expectante.

-Kagome…-rompió el silencio al fin el anciano-. Ocurrió algo terrible…

-¿Es mi hermanito, que no se le ha bajado la fiebre desde esta mañana?, ¿se trata de eso?- al ver que su abuelo no le respondía acoto- Si es así, hay que esperar que mi papá llegue para…

-Tu padre no vendrá…-la interrumpió el anciano-. El nunca vendrá…

-¿Qué quieres decir abuelito?- sintiendo un miedo terrible ante la respuesta de su mayor.

-Kagome, escúcheme muy atentamente…-tomo aire y le soltó la verdad a su nieta-.Tu padre…ha…muerto esta mañana…

"Muerto" esa palabra resonaba en su cabeza haciendo ecos. Ahora lo entendía todo: los policías, su madre llorando, la cara seria de su abuelo…

La niña salió corriendo, en dirección al templo, abrió de un golpe la puerta corrediza de este, entrando torpemente a la estancia y cayo de rodillas rompiendo a llorar. Lloró y lloró hasta quedarse dormida.

-Mi niña…-escucho una voz familiar-.Mi princesa, despierta…

La pequeña abrió lo ojos pesadamente, terminándolos de abrir al darse cuenta de la persona que le hablaba.

-¿Papá?

-Si, soy yo…

-Papá, me han dicho que has muerto… ¿es acaso cierto?

-No te han metido, si he muerto…

Rompió de nuevo en llanto, pero su padre la reconforto con un tibio abrazo-.Tranquila, yo siempre estaré con ustedes-. Informo besándola en la frente.

-No quiero…quiero que te quedes así como antes…-gimió.

-Escúchame muy bien hija mía, mi tiempo en este mundo se ha cavado, ¿quien soy yo para imponerme?-levantándole la quijada para que lo viera a los ojos-.Vendrán cosas, que deberás enfrentar sin importar que sientas miedo…con tu poder interior sabrás enfrentar las dificultades…

- Padre no entiendo.

-Ahora no importa- dándole nuevamente un beso en la frente-. Solo confía… tú eres muy especial…y recuerda que siempre estaré para ti. Ahora me tengo que ir- le informo a la pequeña, separándola de su pecho.

- Quédate un ratito más…

-Si pudiera lo haría, pero yo estaré contigo de otra forma…- ya la voz de su padre era lejana-. Estaré en tu corazón Kagome, búscame allí cuando me necesites- ya la imagen de su padre se había esfumado.

Kagome se hundió en el agua tibia de la tina, preguntándose una vez más ¿Qué era a lo que se refería su padre?

-Seguramente lo averiguaré después- se dijo al salir de la tina, se envolvió en un toalla y quito el tapón para que el agua se fuera por el desagüe.

-Ya estoy como el abuelo- mirándose los dedos arrugados.

-Kikio, ya voy en camino- colgó el móvil y aventó al asiento del copiloto.

"Por que todo tenía que ser tan estresante, esa mujer es perfeccionista"- Pensó-.Pero quien la puede culpar, se trata de los preparativos de nuestra boda.- dijo dibujando una media sonrisa.

Tenía que apresurarse sino quería que su prometida le arrancara la cabeza, que por cierto estaba en otro lugar, en un templo…

-Muchachita, ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti?

….

N.A.: Estoy muy agradecida por su apoyo, espero que me sigan apoyando, con este fic, que por cierto es el primero…Este Cáp. me estrujó el corazón, en verdad es muy doloroso la perdida de un ser amado, pero lo importante es saber que cuando uno , más los añore hay que buscar en el corazón , y sentirás que está a tu lado acompañándote…

P.D.: Este capitulo se lo dedico a mi mejor amiga Lucia que estará de cumpleaños esta semana…Feliz Cumple!!!