¡Hola de nuevo!

Bueno, tercer capítulo ya. Las cosas empiezan a coger color, y ya hay gente haciendo teorias. Muchas gracias a los reviews, Es decir, Gracias a Karla, a Xizu y a Sradanvers. En serio, sois amor.

Disclaimer: CASI todos los personajes son obra de J.K. Rowling, creadora y escritora de la Saga de Harry Potter. Rose McKellen es un personaje propio, introducido en esta hisoria por mi misma.

Y ahora, sin haceros esperar más, os dejo con...


¡Vamos a cambiar el mundo!

Capítulo 3

El verano estaba empezando a tocar a su fin, y él había conseguido un trabajo medianamente decente, en el cual le pagaban medianamente bien, por echar muchas horas de trabajo

El verano estaba empezando a tocar a su fin, y él había conseguido un trabajo medianamente decente, en el cual le pagaban medianamente bien, por echar muchas horas de trabajo. A veces demasiadas horas de trabajo, tantas que la única cosa que hacía era trabajar, y descansar los domingos. En parte le iba bien, y el domingo era el día que mas odiaba de la semana. Era el día que dedicaba a pensar. Y cuando Sirius aparecía en su mente, el día iba a peor, y ya no podía arreglarse.

Cuando estaba trabajando, no pensaba en nada. Se concentraba en el trabajo a propósito. Para que en su cabeza no pudiese entrar nada más. No dejaba que sus ojos se colasen, ni su voz, ni su forma de cantar a los Rolling Stones a gritos por toda la habitación.

Aquella noche, cuando llegó a casa, había un sobre además de las facturas esperándole. Un sobre pequeño y arrugado, que apenas era un papel mal doblado. Era una nota corta, hecha con mucha prisa y poco pensada.

"Lunático.

Voy para allí. Sabrás reconocerme, ¿no? Por que como te hayas olvidado de mi, te muerdo. Yo podría ver a mil lobos y saber cual de ellos eres tú, así que espero que tú sepas quien soy yo, o mi ego se ofenderá, como tú sueles decir.

Canuto. "

A Remus le temblaron las manos, y dejó caer la nota sin remedio. Él podría reconocerle, y está muy seguro. Y viene. Y se arriesga para ir a verle. No sabe por que lo hace, y no sabe por que el corazón le va como si fuese un adolescente. No sabe por que tiene ganas de gritárselo al mundo entero.

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Albus le había llamado a su despacho. No quedaban ni dos semanas apenas para que el nuevo curso comenzase, y Albus Dumbledore por aquellas fechas comenzaba a estar mas feliz, mas eufórico. Nuevos alumnos, el colegio se llena de nuevo, y otra excusa para pedir mas dulces a los elfos domésticos.

Severus subía las escaleras al despacho de Albus, y llamó a la puerta. Cuando escuchó la voz del anciano director indicándole que podía entrar, abrió la puerta y entró en la estancia.

- Este va a ser un año complicado, Severus.

Severus se adelantó, y se sentó en una de las sillas que había frente al escritorio de Albus. Cuando tenía esas conversaciones tan rebuscadas y filosóficas, no había por donde pillarlo.

- ¿Lo dice por lo de el Torneo de los Tres Magos? Yo ya le dije que era arriesgado. Pero si usted cree que es buena idea…

- ¡Es una oportunidad de adelantarnos a él, Severus! ¡Reunirnos, confraternizar, hacer aliados!

Severus se lenvantó con furia de su silla, y caminó por el despacho. No entendía lo que pretendía con aquello.

- El Señor Tenebroso podría atacar. No podemos arriesgarnos tanto.

Albus se levantó, y se dirigió hacia Severus. Una vez frente a él, le puso una mano en el hombro, y le habló con franqueza.

- Lo sé. Se que podría atacar. Por eso es mejor estar unidos, Severus. Además, tenemos a Moody. Un buen Auror. Algo extraño como ser humano, pero un buen Auror.

Severus se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, se giró, y mirando al director, habló en un susurro apenas audible.

- ¿Y que hay sobre… el otro tema? ¿Va a hacerlo?

- Si. Pero todavía no. Aún no están listos.

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En pocas horas, a los mundiales de Quidditch. Uno de los momentos mas emocionantes en la vida de cualquier persona. Irlanda contra Bulgaria. Ron decía algo sobre Víktor Krum, Fred y George se pintaban la cara, y Ginny estaba repleta de emoción. Hermione había llegado hacía poco, y se preparaba, y todo iba a ser maravilloso. Harry no dejaba de pensar en formas de agradecer a los Weasley por aquello, y no se le ocurría nada que fuese suficiente.

En pocos minutos se había enterado de muchas cosas que habían pasado ese verano. Fred había escrito muchas lechuzas, y según el sexto sentido gemelo de George, era por que intentaba ligarse a una chica. Ginny había recibido muchas lechuzas, y según su madre, era por que había un chico por allí. En aquella casa rápidamente se sabía todo. Harry agradeció que sobre él no dijeran nada, aunque tampoco había mucho que decir.

- ¡Vamos, chicos! ¡O llegaremos tarde!

Arthur Weasley avisaba desde la puerta para que todos fueran saliendo. Molle se despedía de sus hijos, en lista, o de todos los que consideraba sus hijos. Por que se despidió de Harry y de Hermione también, de igual forma.

Salieron de la Madriguera en hilera, Arthur guiaba, no sabían muy bien hacia donde. Pero el caso era que él si lo sabía, e iban a ver los mundiales. Los mundiales.

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Ellos no dormían en tiendas de campaña. Ellos dormían en una casa, no demasiado lejos, e iban hasta el estadio en coches del Ministerio. Eran los Malfoy, y no podían mezclarse con aquella gente. Ellos valían más que todos ellos.

Aunque aún estaban en casa, y en casa, habían licencias. En casa, se permitía la emoción ante un espectáculo de tal calibre, siempre y cuando se contuviese una vez se saliese a la calle. Dentro de casa, se podía.

- ¡Papá! ¡Son los Mundiales! Tengo muchísimas ganas de verlo…

Draco rezumaba emoción, mientras comían. Narcissa hizo una pequeña sonrisa, que contuvo en cuanto se dio cuenta, y Lucius calmó a su hijo, aunque por dentro sintiese la misma emoción que el, o incluso más.

- Si hijo, unos Mundiales. Compórtate en la mesa.

Draco bajó la cabeza, y continuó comiendo. La comida seguía en silencio, hasta que Narcissa levantó la cabeza, y mirando a su marido, habló con voz suave.

- Gracias por conseguir esos asientos, querido. Sabes que a Draco le encantan estas cosas, y a mi también, por supuesto.

- Oh, no ha sido nada. Lo que sea por mi familia, ya lo sabéis los dos.

Ellos lo sabían. Lo que fuera por la familia. Pero todo aquello quedaba en casa, por que de puertas para fuera, no se permitían emociones. Era demasiado peligroso, aunque no se sabía exactamente de que enemigos debía tener miedo uno.

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"Bill,

No se por que dejamos de escribirnos. Quizás fue que tu grandísima ocupación era el trabajo, y cada vez enviabas notas mas cortas, como estas, por ejemplo.

Dentro de cuatro días voy hacia El Cairo. Dime sitio y hora.

Besos,

Rose."

Bill se guardó la carta en el bolsillo trasero del pantalón, y empezó a prepararse la cena. Aquello de cocinar cada vez se le daba un poco mejor, aunque por desgracia no era ninguna maravilla. Aquello seguía recordándole que necesitaba a su madre y sus manos para la cocina. Aunque aquello no era lo único que añoraba.

Quizás fuese siendo hora de volver a Inglaterra.

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Minerva leía el profeta, recién llegado aquella mañana, en su despacho, a solas. Los Mundiales de Quidditch, otra vez. Irlanda contra Bulgaria, algo histórico, genial. Ella no iba a ir a verlos, ya no. Hubiese ido, hacía algunos años. Algunos bastantes. Pero ya no. Ya no merecía la pena como antes.

Aún recordaba los momentos en los que sí merecía la pena. En los que se emocionaba con unos mundiales de Quidditch, cuando lograba que aquello le calase en las venas y le hiciese vibrar. Hace muchos años.

Cerró el profeta, y se fue al Gran Comedor, dónde Albus les había convocado para una charla sobre el nuevo curso, y probablemente acabar hablando de quién se escaparía a ver los Mundiales. Y otro año más de miradas, por que ella había dejado de ir. No podría presentarse allí, dolía demasiado.

Albus lo sabía. No había tenido que contárselo, por que misteriosamente, Albus Dumbledore sabe todo lo que sucede en Hogwarts sin necesidad de que nadie se lo cuente. Simplemente, lo sabe. Y no le echaba nada en cara, no. Él la entendía mejor que nadie.

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Había enviado la lechuza esa misma mañana, y suponía que ya habría llegado. Era hora de partir, hacia Remus, hacia algo de compañía… humana. No tenía muchas pertenencias que recoger, así que salió pronto, y agradeció que fuese suficientemente listo como para salir de noche. A lomos de Buckbeak, sobrevolando Reino Unido en busca de aquella vieja casa en el bosque, la de los padres de Remus. La de sus primeras transformaciones.

Lo conseguiría. No estaría allí mucho, claro, no podía arriesgarse, pero iría de vez en cuando, y así no se volvería loco por estar acompañado solo por un hipogrifo. Aquello era desesperante. Y Remus, quería ver a Remus. Su amigo Remus, que confiaba en él. Su mejor amigo.

Había leído los periódicos. Los Mundiales. Hubiese querido estar allí, viendo a Irlanda contra Bulgaria. Si no fuese por esa sucia rata de Peter, podría. Pero bueno. Un año más, los mundiales eran un sueño para unos afortunados, y no para él. Por muy inocente que fuese.

Dumbledore le escribía. Le decía que no desesperase, que estaba preparando algo. Algo. ¿Algo como que?, preguntaba él. Pero no respondía, tan solo le pedía paciencia. Estaba harto de tener paciencia, la había tenido durante demasiados años, encerrado en aquella sucia prisión, sin ser culpable de nada. Ahora, tocaba volver a empezar.

Y todo volvía a empezar por el principio. Todo volvía a empezar por Remus. Y a él, precisamente, se dirigía desesperado.

Continuará en el capítulo 4! Que llegará antes del dia 15, espero. ESPERO. (Quinesoooob...¬.¬)

¿Que pasará con Sirius? ¿Logrará llegar sin problemas? ¿Si lo logra, que pasará? ¿El Torneo de los Tres Magos es una buena idea? ¿A quien escribía Fred? ¿Quién escribía a Ginny? ¿Los Malfoy son todo lo que aparentan? ¿Quién fue Rose? ¿Que es lo que oculta Minerva con tanto secretismo?

Tiradme tomates. Gritadme. Tiradme flores. Abrazadme. Haced lo que querais. Pero haced algo, por que con cada review doy un salto. Uno muy alto, y sonrio mucho. Por que me gusta sonreír, y ultimamente las sonrisas van caras ;)

Hasta el Capítulo 4!