Antes que nada… mil disculpas.

Aunque no sea suficiente, sé que pasaron ¡MAS DE DOS AÑOS! desde mi última actualización y debo admitir que ocurrieron muchísimos cambios en mi vida que me impidieron escribir con la frecuencia que yo deseaba y deseo.

Es más, me avergüenzan mis anteriores notas de autora o.oU Perdonen por haberlos torturado con semejantes estupideces!
No tengo lectores, tengo santos!! Jajaja xD

Esta actualización, aunque pequeña, es muestra de que no me olvidé de esta historia, que no la retiraré y que la continuaré hasta el final.

Ya está esbozada, pero de todas formas estoy abierta a sugerencias, nada se termina hasta que se termina n.n

Gracias a todos por el apoyo, los reviews y sobre todo, el cariño n.n

Gracias a Akasha, Dany y Fran por todo.

Y bueno… perdonen lo corto del chap, pero actualizaré un poco mas seguido a partir de ahora.

Disfruten!

Durmiendo con el ¿enemigo?

Capítulo 3
Campo de batalla

Ginny sacó la sartén del fuego, y colocó los huevos revueltos en dos platos. Luego, comenzó a cortar un pan en rebanadas, con el aire de quien hace algo automáticamente, sin pensarlo.

Pero en vez de tostar el pan hasta dejarlo dorado y crujiente como Harry siempre lo tomó desde que entró a Hogwarts, lo dejó fresco sobre la bandeja, tal como sabía que le gustaba a Severus.

Severus…

¿Cuándo había dejado de ser el terriblemente atemorizante profesor Snape y pasado a ser simplemente Severus, aquel que la sostenía mientras vomitaba hasta la primera papilla y quien la confortaba en sus repentinos cambios de humor?

Observó la bandeja del desayuno como si no la hubiera visto antes, y reparó en esos pequeños detalles que le demostraban lo obvio. El Severus con el que convivía ya no era más "Snape" a secas, o al menos eso le indicaba su inconsciente.

Que estuviera preparando el desayuno según el gusto del Slytherin era sólo una pequeña parte de esos cambios que ella hacía para que se sintiera más cómodo, recordó también la utilización de la Red Flu para aprovisionarse de comestibles, porque Severus convertía sus labios en una fina línea con sólo oír mencionar la palabra "Supermercado"

La sonrisa se borró de su rostro. ¿Estaba realmente olvidando que Harry se había ido?

Extendió su brazo, aturdida. Lo veía borroso, igual que el resto de la cocina. Soltó el cuchillo mientras un pitido invadía sus oídos y el mundo se volvía negro.

x-x-x-x-x-x-x-x

Harry se tocó la frente, adolorido. La cabeza le dolía a todas horas, y sabía que era por la cercanía de Voldemort

Dio un puñetazo a la mesa, sencillamente no podía pensar con ese dolor taladrándole el cerebro.

-Sigan sin mi- instruyó a sus sorprendidos compañeros- La cabeza me está matando, y no puedo trabajar así en una estrategia de ataque.

Los magos asintieron, moviendo figurillas en un mapa, en una burda imitación de Oliver Wood diseñando una táctica de Quidditch.

Harry sacudió la cabeza ante el recuerdo, y salió ágilmente de la carpa.

Los hechizos de protección parecían envolver al campamento como una copa de vidrio cristalino; y fuera de las carpas, los brujos uniformados de azul claro jugaban Snap Explosivo, Gobstones, pequeños duelos o simplemente leían algún libro, esperando a que sirvieran la comida.

-Tan parecido a Hogwarts… sólo que allí el peor de tus problemas era un castigo con Snape.

Ron le sonrió a Harry, secándose la frente con una toalla.

-Muchos de ellos no volverán a casa- murmuró Harry – Me pregunto por qué… por qué tiene que ser así…

- Si supieras la respuesta, estarías del otro lado del bosque, con los mortífagos- determinó Ron con dureza- Estamos aquí para devolverle la paz al Mundo Mágico, con la menor cantidad de muertes que podamos. Y bien sabes que para eso, se requieren sacrificios. Puede ser que alguno de nosotros dos integremos el grupo de los que no vuelvan, ¿y sabes? lo haría con todo gusto si sólo tuviera la certeza de que Hermione, y mi familia están bien.

- Opino lo mismo, amigo- Harry asintió, antes de guiñarle un ojo- Pero algo me dice que voy a ver pequeños Ronnies de ojos castaños llamándome "Tío Harry" en breve.

Las orejas de Ron se pusieron coloradas.

-De todas formas… hubiera sido genial que dejaran venir al profesor Snape. Completaría el cuadro de Hogwarts antes de la cena.

Ambos se miraron antes de estallar en carcajadas. Sabían que a Severus no le habían dejado pelear por miedo a que filtrara información, y que tarde o temprano le necesitarían de veras, pero estando allí lo mejor que podían hacer era reír.

Un poco de sol antes de la tormenta, y Harry sólo esperaba poder ver a su sol otra vez.

Alzó la vista hacia el cielo, que lentamente se iba tiñendo de rojo, y le pareció ver el tono exacto del cabello de Ginny allí.

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De a poco, todo se fue sumergiendo en la rutina para Severus.

Nunca había convivido con otro ser humano desde que su madre Eileen había muerto; y al no poder enseñar ni espiar para la Orden, las dos tareas que daban algo de sentido a su vida, la ilógica idea de cuidar a Ginny se convirtió en algo para hacer y sentirse orgulloso de un trabajo bien hecho, como siempre había hecho con sus notas escolares, sus habilidades mágicas y su cátedra en Hogwarts.

Por eso, mayúscula fue su sorpresa al encontrar a Ginny desmayada.

Sabía que la glucosa en sangre podía bajar abruptamente debido a los cambios, pero muy diferente era ver a Ginny tendida en el piso de la cocina, su cabeza peligrosamente cerca de la base de la mesada.

Alarmado, soltó las toallas que llevaba al lavadero y se agachó junto a Ginny, poniendo una mano bajo su nuca.

-Ginny… Ginny, despierta…-murmuró, tomándole el pulso. Estaba débil. Sabía lo que tenía que hacer.

Levantó a la pelirroja con delicadeza, intentando ignorar la esencia floral que desprendía, y con ella en brazos, se apareció en el hall de San Mungo.

-¡Un medimago! ¡Necesito un medimago!

Un mago con túnica verde agua le quitó a Ginny de los brazos, poniéndola sobre una camilla flotante, mientras que una bruja de túnica blanca le tomaba los datos de la pelirroja.

Tan rápido como había ocurrido todo, los medimagos se llevaron a Ginny a una consulta, dejándolo solo. O al menos, acompañado por su sentimiento de culpa.

No era capaz de cuidar a Ginny, como no había sido capaz de mantener su cubierta y proteger a Harry, pagar su deuda con James Potter… salvar a Dumbledore.

Sin poder impedirlo, las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. Se sentía un completo inútil, una carga… como su padre solía decirle. Como su padre le decía a su madre.

Él quería proteger a Ginny y al niño, darles lo que su padre no le había dado a él, tal vez enmendar su cuenta pendiente de una vez por todas.

Pero olvidaba que ese niño ya tenía padre, que esa chica ya tenía a su Elegido, y que él sólo era el tercero en discordia, en el medio, estorbando más que ayudar…

El cabello de Ginny desparramado por la camilla en la consulta, era prueba de ello.

Por un momento, deseó poder estar en el campo de batalla y que Harry estuviera allí con toda esa culpa sobre su pecho. Para el Gryffindor era mucho más fácil morirse que ver morir a otro. Era lo mejor para Severus también, aunque le costara admitirlo.

-Profesor Snape, ya puede pasar a verla

Intentando recomponer su máscara de frialdad, pasó del medimago y entró a la consulta, donde una aún pálida Ginny lo miró y le sonrió.

-Si no hubiera sido por ti, no quiero imaginar que me hubiera pasado. Gracias por cuidarme, Severus.

"¿Por qué no puedo tener el lugar de Harry?" se preguntó el slytherin, asintiendo y acariciándole el cabello a Ginny, diciéndole que descansara.

Esperaba no tener que batallar tan seguido con sentimientos encontrados.