Renuncia: Los personajes presentados no son de mi propiedad, sino de sus respectivos autores.
Notas de autora: No tengo el tiempo ni el humor para actualizar constantemente, pero esto se me ocurrió y consideré justo subirlo.
Típica Noche de Navidad
Cap. 3. Ulquiorra y Byakuya.
Era una mañana fría de diciembre en Karakura, una ciudad pequeña en Japón en donde ocurre todo y nada a la vez. Perfecta para establecerse y formar familia.
Justo como él había hecho.
Como era tradición diaria, Ulquiorra, un hombre de 35 años, se sentó en la fina mesa de roble importado (de España, por si acaso) a compartir el desayuno con su esposo, el magnate Byakuya Kuchiki, su hermana menor, la joven e inteligente Rukia Kuchiki, y su pequeña hija de seis años, Hisana Kuchiki. Sin embargo, a pesar de la calma general que dominaba la casa, Ulquiorra no podía evitar sentirse ansioso, y eso llamó la atención de su esposo.
Sí, es algo normal que una persona amanezca ansiosa… pero Ulquiorra era muchas cosas, y "normal" no era parte de ellas.
Ulquiorra era como una máquina. Una máquina que había tardado años en aprender a querer a otra persona, y esa era la razón de su actual comportamiento. Obviamente, su rostro blanco como la más fina hoja de papel no demostraba alguna emoción en particular; pero Byakuya se dio cuenta al percibir ese ligero temblor que se instaló en sus labios divididos en negro y más blanco. También estaba muy callado y tieso, como en aquellos años de universidad, y sus ojos verdes como esmeraldas titilaban expectantes.
Byakuya no pudo evitar preocuparse ante esto, así que optó por detener el discurso alegre de su pequeña con un tono suave que nadie, a excepción de su familia, conocía:
-Rukia-su hermana lo miró-¿puedes llevar a Hisana a terminar sus deberes? Creo recordar que le hacía falta concluir el albúm de dibujos que su profesora le dejó, y es para el lunes-la chica, de 16 años, entendió la petición oculta tras las palabras de su hermano. Ella también notó el extraño humor de Ulquiorra, y también la tenía preocupada, por lo que asintió sin más:
-Por supuesto, hermano-se levantó, recogiendo el plato en donde la pequeña acababa de tomar su cereal para dejarlo en el lavabo, y le tomó la manita-Vamos, Hisana. Si terminamos rápido, podremos hacer muñecos de nieve-dijo alegre, sabiendo que ese era el punto débil de la niña:
-¡¿En serio, tía Rukia?! ¡Vamos!-las dos damas de la casa desaparecieron por el pasillo. Ulquiorra las vio alejarse, y en cuanto dejó de escuchar sus pasos, encaró a su esposo. Antes de decir algo, Byakuya habló primero:
-Me preocupas-dijo-No es normal verte así frente a las niñas-Ulquiorra pareció avergonzarse por unos escasos segundos, pero recobró su postura de inmediato:
-Estoy bien-
-Claro que no-respondió el otro, frunciendo el ceño. Ulquiorra podrá ser un genio manipulador y mentiroso, pero él era mayor y había vivido más-Dime, ¿es por Hiruma?-Ulquiorra se sobresaltó por escasos instantes. Byakuya había dado en el clavo. Al hallarse sin salida, al menor no le quedó de otra que confesar:
-Sí-,y agregó-Todavía no responde-Byakuya lo entendió.
Hiruma, el hermano mayor de Ulquiorra. De hecho, el segundo en la línea de los tres hermanos. Aquel que había nacido después de Loki, el mayor, y su esposo, el menor. La manzana de la discordia. Byakuya conocía muy bien la historia de la familia de su esposo, el cómo Hiruma había decidido irse de casa cuando sus padres le prohibieron jugar al futbol americano, y la manera en que estos decidieron manipular a sus otros dos hijos para que cortaran comunicación con él.
Por mucho tiempo, Ulquiorra vivió como si nada hubiera pasado. Su único hermano fue Loki hasta que Hiruma decidió aparecer, luego de 5 años, para presentarles a su prometido, un hombre desagradable (en palabras del menor) que no tenía respeto por nada ni nadie. Se había cambiado radicalmente de apariencia. Su cabello, antes negro como el de sus hermanos, era rubio. Sus orejas eran alargadas con piercings dorados, y sus dientes y uñas eran piezas peligrosamente afiladas. Vestía de negro y llevaba armas militares escondidas en todo su ser. Parecía un temible demonio. Sus padres lo rechazaron al ver que era un pecador y no fueron a la boda. El único que se apareció fue Loki, y fue sólo para tratar de separarlos, cosa que no pasó. Ulquiorra se mantuvo al margen.
Entonces, pasaron dos cosas que hicieron recapacitar al "murciélago", como la gente idiota llamaba a Ulquiorra desde pequeño:
La primera, él y Byakuya se conocieron y enamoraron. Fue algo bastante rápido. Ulquiorra tenía 24 y estudiaba ingeniería en una de las mejores universidades de Alemania, mientras que Byakuya era un hombre de negocios exitoso de 41 años que había perdido a su esposa, Hisana, hacía una década. Una conferencia sobre los costos industriales bastó para juntarlos hasta que Byakuya le pidió matrimonio y se casaron. Fue una suerte que sus padres ya no estuvieran en el mundo, Ulquiorra se había ahorrado muchos problemas.
La segunda fue de la mano del detestable esposo de Hiruma, Kongo Agon. Ulquiorra no se preocupó por entablar conversación con él. Sólo sabía que era un genio, igual que su hermano, y que era un sádico, maldito, violento y adicto sexual…igual que su hermano. Sin embargo, aquel día cambio un poco de parecer.
Agon era como una estatua, su piel morena resaltaba cada musculo y sus rastas moradas le daban un toque perverso a esa sonrisa altanera que adornaba su rostro cada vez que miraba alguien a quien él consideraba como basura. O sea, a todos menos a su hermano. Parecía no tener sentimientos, pero ese ser extraño le había mandado un sobre en la mañana de un 21 de enero. El contenido era una foto de su hermano, la más genuina de todas. Ahí, Hiruma estaba sentado sobre un sillón de vinil negro, vestía un pijama verde oscuro, su cabello estaba caído y en sus brazos llevaba algo envuelto en una manta azul claro. Lo más llamativo fue su sonrisa ligera y sincera, sin una pizca de sarcasmo o burla. Miraba directamente al bulto que cargaba con extremo cuidado.
Era algo bastante obvio.
Hiruma fue el primero en enterarse de aquella rara condición que surgía en algunas generaciones de su familia: hombres que se embarazan. Ridículo, ¿no?, pero era algo que existía en el mundo aunque no todo el tiempo. Sus padres se lo guardaron muy bien. El caso es que el sobre contenía esa foto junto con una carta simple y corta que había sido escrita por el mismo Agon. Ulquiorra la había conservado, pero igual no necesitó de mucho esfuerzo para memorizar su contenido:
"Agradece que me he tomado el tiempo para escribirte esto, basura enana.
Hiruma ha estado muy mal. Perdimos dos hijos, pero este fue el que tuvo más chance.
Es fuerte como yo, y está lleno de vida, como Hiruma.
Más te vale ser un buen hermano menor, basura; o, en caso contrario, te conviene mantenerte al margen y no andar jodiéndolo con estupideces, basura. No tendré piedad a la hora de molerte los huesos, basura.
K.A."
Durante unos años, Ulquiorra no supo qué hacer. Byakuya trató de convencerlo de romper ese muro que habían impuesto él y Loki, y que buscaran reanimar la relación con su hermano. Después de todo, ellos habían sido muy unidos de pequeños. Finalmente, Ulquiorra decidió que ese era el año, y que navidad era el momento ideal. Con ayuda de Byakuya, armó un plan para reunir a las tres familias. Loki se había casado con un heredero y estaba embarazado, y el hijo de Hiruma, Yoichi, era apenas un par de años mayor que su hija. Sus padres no estaban, eso ayudaría a reconstruir la hermandad tan fuerte que tuvieron; pero,a pesar de sus sinceras intenciones, Hiruma no había respondido…y ya habían pasado dos semanas.
Eso no le daba buena espina.
Byakuya le tomó la mano para tranquilizarlo mientras el menor se perdía en sus zafiros oscuros, y lo besó suavemente para demostrarle que él lo apoyaba en todo. El ambiente confortante fue roto por el teléfono, el cual sonó anunciando una llamada. La criada lo atendió, y al escuchar aquella horrible voz que le exigía hablar con uno de sus señores, se apresuró un poco aterrada a cumplir:
-Señor Ulquiorra-el menor la observó como siempre, frío pero educado:
-Dime-
-Es una llamada para usted…-al oírla, se levantó. Byakuya la interrogó y la pobre trabajadora sólo pudo decir-Creo que es el diablo-, eso le bastó para saber de quién se trataba.
Mientras tanto, Ulquiorra resopló pesadamente. Tenía un presentimiento, y estaba nervioso…aunque su estado demostrara lo contrario. Tomó el teléfono y dijo:
-Aquí Ulquiorra-hubo silencio por unos minutos, y entonces:
-¡Kekekekekekeke!-la risa macabra le hizo recordar sus primeros años-¡¿Sigues respondiendo así las llamadas, ojón?!-
-Hiruma…-respondió en automático:
-¿Y quién más va a ser?-contestó el mayor con sarcasmo-Sé que Loki ya debe estar en camino-por unos momentos, Ulquiorra se halló perdido. Nunca sintió un vacío tan profundo como aquel:
-Tengo mucho que decirte-soltó sin pensar, y esperó la burla, pero esta nunca llegó:
-Lo harás en la jodida noche buena-eso lo alegró, y se permitió sonreír…malignamente. Ese gesto asustó a una de las criadas más jóvenes de la casa, quien se dio la vuelta y salió disparada al patio para limpiar un poco la nieve de la entrada:
-Te estaré esperando-
-¡Bien! Más vale no arrepentirte, enano, porque Yoichi está ansioso de conseguir algunos esclavos en nuestra "linda" ciudad de origen. ¡Kekekekeke!-
-Espero que no se decepcione. Los yakuzas ya no son tan difíciles como antes-, eso era, sin duda, algo muy peligroso pero, ¿y qué? Ellos solían chantajear delincuentes y mafiosos cuando eran niños:
-Eso ya lo verá él. Por cierto, el jodido rastas dice que recuerdes su promesa y que te prepares para el caos, ¡kekekekeke!-Ulquiorra volvió a sonreír….malignamente. Terminó la llamada y colgó.
Al girar, se topó con Byakuya, quien lo miraba expectante. Ulquiorra le dedicó una sonrisa y dijo:
-Vendrá-.
Continuará….
