Pequeña aclaración ortográfica: Tengo una crisis existencial porque sé que la RAE dice que ahora ambos "solo" son iguales, tanto en el sentido de únicamente como también de soledad, pero me cuesta mucho adaptarme y el resultado ha sido escribirlo a veces con tilde y a veces sin, por eso decidí mantener el tilde cuando se refiere a únicamente por una cuestión de unificación (que en todos los capítulos esté igual).
Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos
Para Genee
~ La búsqueda del tesoro ~
Capítulo 3
[Equipo Yamakari]
«Si a toda la población quieres llegar, sólo hay un medio de comunicación al que puedes apelar. Encontrarán la pista si saben a quien preguntar»
La voz de Yamato era ronca y arrastraba ligeramente las palabras, con una especie de pereza que lejos de aburrir, resultaba atractiva. Hikari pensó que no era extraño que cautivara a tantas chicas cuando cantaba. De pie allí, sobre el Rainbow Bridge, con la brisa marina golpeándole el rostro y los ojos cerrados, no pudo evitar dejarse cautivar también, aunque no era la primera vez.
—Tiene que ser Fuji-TV, es obvio —su tono al decirlo fue más directo y menos monótono que el que había utilizado segundos antes para leer la pista.
Hikari abrió los ojos y los clavó en el mar.
—Yo también lo creo.
A primera hora de la tarde, los rayos del sol se colaban por las rejillas del puente y hacían que el cabello de Yamato se viera más rubio de lo normal. Si Hikari entrecerraba los ojos casi podía imaginar que su cabeza estaba en llamas al igual el sol, pero ella no iba hacer eso. Las cosas ya habían sido lo suficientemente incómodas desde que aquel juego empezó como para quedarse viendo al mejor amigo de su hermano fijamente.
Cuando habían tomado el metro para dirigirse hasta el famoso puente, Yamato empujó accidentalmente a una viejecita que lo miró con reproche y que estuvo apunto de decir algo, cosa que hubiera hecho de no ser por Hikari, quien se anticipó a su queja ofreciéndole amablemente una disculpa por los dos.
La mujer, un poco sorprendida por su repentina intervención, se mostró descolocada por un segundo, pero luego les sonrió.
—Oh, ya veo —les dijo con un tono cómplice de alguien a quien se le acaba de revelar un secreto que ya imaginaba.
Aquel tono por algún motivo hizo que Hikari se sintiera incómoda, pero aún así le siguió sonriendo educadamente mientras Yamato permanecía tenso a su lado, lo que podía percibir a través del suave roce de su brazo contra el suyo. No era intencional, por supuesto. Simplemente no se habían dado cuenta de lo cerca que estaban.
—Hacen una hermosa pareja, aunque tu novio sea un maleducado —sentenció la viejecita antes de seguir su camino hacia las puertas para bajar en la estación Odaiba Kaihin Koen [14]
—No soy… —Yamato intentó aclararle la situación, pero ella no se detuvo a escuchar y él, en su fuero interno, tuvo que agradecérselo, porque no estaba muy seguro de lo que iba negar, si ser el novio de Hikari o un irrespetuoso.
Lo primero no lo molestaba como lo segundo, pero lo hacía sentir incómodo. De cualquier forma no era como que la viejecita fuera a encontrarse con uno de sus amigos o alguien conocido para tener que aclararle el error. No iba generar una reacción en cadena ni nada semejante, sólo era una desconocida.
Él ignoraba, obviamente, que la misma mujer tropezaría con Koushiro y Mimi, ¿pero cómo iba ella a sospechar siquiera que eran amigos?
—Hay que irnos ya.
Hikari asintió y deshizo junto a Yamato el camino hacia la estación de metro para tomar la línea Yurikamome de regreso hasta Daiba [15]
Desde lejos el edificio lucía imponente y brillante. Ella no lo había visitado desde que era una niña, y no en forma voluntaria precisamente; descubrió en ese instante que los recuerdos de la batalla contra Vamdemon aún seguían latentes en alguna parte de su memoria [16]. La imagen de la enorme esfera desprendiéndose de sus ejes y cayendo hacia un encuentro directo con el suelo centelleó por un segundo detrás de sus párpados. Pestañeó una vez y ésta desapareció, la enorme construcción seguía tan intacta como la había visto hace un par de segundos atrás, pero entonces descubrió que Yamato ya le llevaba mucha ventaja.
Tuvo que correr para alcanzarlo y una vez adentro se dedicó a seguirlo por una serie de pasillos intrincados por lo que transitaba todo tipo de gente. Hikari sólo alcanzó a captar algunos comentarios aislados relativos a programas de televisión o alguno que otro tema trivial que naturalmente no era de su interés.
—Yamato-san —lo llamó cuando sintió que ya no podía seguirle el ritmo—. ¿Exactamente hacia dónde estamos yendo?
El chico la observó con curiosidad durante un segundo y entonces una expresión de culpabilidad se apoderó de sus rasgos. A veces no podía evitar ser un poco brusco porque no estaba acostumbrado a comentar lo que hacía con nadie.
—A hablar con mi padre. La pista dice que descubriremos la siguiente si sabemos a quién preguntar y creí que…bueno, que él sería una buena opción.
—Brillante deducción.
Yamato asintió una sola vez con la cabeza ante el halago. Hikari había descubierto hace tiempo que no le sentaban bien ni sabía cómo recibirlos, aunque en ocasiones adoptaba una actitud soberbia o de desdén de manera bastante creíble. Al parecer le gustaba proyectar esa imagen hacia los demás, la chica intuía que porque hacía que menos gente quisiera acercársele.
—Es en el octavo piso —le explicó él.
Le sorprendió notar que en esta oportunidad se esforzó por caminar más lento, casi a la par que ella.
Tomaron un ascensor que estaba al fondo de la primera planta, que se veía en desuso y que Hikari supuso que era el que utilizaba el personal de aseo para poder transportar sus implementos, porque los de uso común seguramente debían hallarse atestados gran parte del día. O tal vez sólo eran eso, unos ascensores que habían dejado de utilizarse por la antigüedad de su mecanismo y que Yamato prefería para evitar a la gente.
No pudo dejar de sorprenderle un poco que pareciera evitar al resto del mundo hasta en cosas tan cotidianas como aquella, pero tampoco lo cuestionaba. Se preguntó cuántas veces había tenido que ir a ese lugar a entregarle algo a su padre o a pedirle alguna cosa, aunque esto último no imaginaba que fuera muy recurrente pues de lo poco que lo conocía, podía afirmar que no le gustaba pedir favores.
El ascensor se detuvo en el piso al que iban y él sostuvo la puerta con un brazo, invitándola con la mirada a bajar primero.
Salieron a un largo pasillo que se bifurcaba a su vez en un montón de pasillos más. Yamato dobló en el tercero a la derecha y golpeó una puerta.
—Adelante.
El que respondió fue un hombre y recién en ese momento Hikari se dio cuenta de que hace mucho tiempo no veía a Hiroaki Ishida.
Yamato no vaciló en empujar la puerta hacia el interior, pero no ingresó. La castaña se asomó tímidamente por su costado.
Era una oficina amplia, con un escritorio en el centro y dos estantes gigantes llenos de archivadores que seguro contenían información importante. El hombre que se sentaba tras él, y que no alzó la cabeza sino hasta que el silencio se prolongó por demasiado tiempo, era indiscutiblemente el padre de Yamato. Verlo despertó la imagen que tenía de él en sus recuerdos, pues no había cambiado mucho salvo por un par de arrugas más y algunas canas.
—Ah, Yamato. No sabía que venías, ¿habíamos quedado en algo? —el gesto de disculpa que le dedicó fue suficiente para que Hikari comprendiera que eso era exactamente algo que había pasado muchas veces antes.
Por lo visto, el hombre seguía siendo un adicto al trabajo en toda regla.
—No, nada de eso, vine porque… —Yamato se debatió algunos segundos, tal vez pensando cuál sería la mejor forma de explicárselo—. Me preguntaba si tienes algo para mí.
—¿Algo para ti?
El chico se rascó la nuca y bufó. Hikari recién comprendió que le avergonzaba un poco explicarle que estaban "jugando" a la búsqueda del tesoro.
—Buenas tardes, señor Ishida —se introdujo por el pequeño espacio que le dejaba Yamato, considerando que se hallaba detenido en la entrada.
—Buenas tardes, te me haces algo familiar, pero tendrás que ayudarme con el nombre.
Justo cuando ella iba presentarse, Yamato intervino.
—Es Yagami Hikari, la hermana de Taichi, seguro la recuerdas.
La castaña sintió una pequeña, casi imperceptible, punzada en el estómago ante aquella presentación tan fría, pero tampoco es que hubiera podido esperar algo más. «La hermana de Taichi», se repitió en su fuero interno. Eso es lo que era para él.
—Oh, claro que sí. No te veía hace años, has crecido bien.
Hikari hizo una venia en agradecimiento.
—Se preguntará por qué estamos acá. Yamato y yo lamentamos interrumpirlo, pero vinimos porque junto al resto de los elegimos decidimos jugar a la búsqueda del tesoro y la última pista nos condujo a usted.
—Desde luego. Disculpen no haberlo notado antes, ese amigo suyo de cabello azul, ¿Kido?, me trajo los sobres esta mañana —dijo mientras arrastraba la silla hacia atrás y abría un cajón—. Aquí tienen.
Yamato se adelantó y tomó el sobre que les ofrecía.
—Y buena suerte.
Hikari le dio las gracias y ambos salieron de la oficina.
—Opino que deberíamos salir. Hay un parque cercano que…
—Espera —la castaña se detuvo, haciendo que él la imitara.
—¿Sucede algo?
—Me preguntaba si antes de irnos podríamos subir al último piso.
La expresión de Yamato se endureció ligeramente y sus ojos la miraron con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
—¿Te refieres a la plataforma de observación? [17] —preguntó con un tono que dejaba entrever lo extraño que le parecía su deseo.
«¿De verdad quieres volver ahí?», era lo que le decían sus ojos mientras la examinaban.
—Sí.
Hikari comenzó a sentirse realmente incómoda bajo su escrutinio, el que duró un par de segundos más antes de que el chico se rindiera soltando un bajo suspiro.
—Supongo que está bien.
Cuando las puertas se abrieron en el piso veinticinco, Yamato volvió a dejarla pasar primero, aunque esta vez Hikari titubeó un poco antes de conseguir moverse.
La plataforma de observación era algo emblemático de la televisora y probablemente lo único de interés para los turistas que visitaban el edificio, a menos que fueran allí debido a una verdadera atracción por el mundo de la televisión.
La habitación, que por fuera tenía la forma de una esfera gigante, era amplia y bien iluminada. Su techo abovedado estaba compuesto de varios compartimientos y todo su contorno se hallaba lleno de ventanales que permitían observar distintos puntos de la ciudad.
Hikari caminó hacia uno de ellos y apoyó una mano contra el cristal. Yamato se detuvo en el centro, tal vez con la intención de darle un poco de privacidad.
—¿Estás… pensando en aquella vez?
La chica se volvió, más sorprendida porque el chico le hubiera preguntado algo que por la pregunta en sí.
Él apartó la mirada y se llevó las manos a los bolsillos.
—No quiero ser entrometido. Sólo no entiendo por qué quisiste venir aquí.
—He querido venir desde que lo repararon después de esa batalla, pero por alguna razón nunca antes tuve el valor de hacerlo —le explicó ella regresando la vista hacia los edificios que se hallaban del otro lado del vidrio, dentro de los cuales el Aquacity destacaba—. Creo que simplemente necesitaba hacerlo.
Escuchó los pasos del chico acercándose hasta que fue capaz de verlo por el rabillo del ojo a su lado, aunque al menos a un metro de distancia.
—¿Tú también estabas pensando en eso? —preguntó a continuación, sintiendo que por alguna razón él estaba un poco más dispuesto a hablar de lo normal y que no debía desaprovechar la oportunidad.
Le pareció como si acabara de hallar una fisura en la armadura que Yamato utilizaba a diario.
—Sí, me es inevitable recordarlo cada vez que vengo aquí a ver a mi padre por cualquier motivo. Cierro los ojos y veo la esfera caer, veo a los demás y… te veo a ti.
Hikari se atrevió a girar la cabeza para mirarlo de forma más directa y notó que sus brazos se tensaban, contrayéndose un poco más contra sus costados. Aparentemente el recuerdo de aquel día lo afectaba de un modo especial como a ella, aunque de una manera distinta que no podía entender.
—Fue mi culpa después de todo —susurró cuando Hikari creyó que ya no diría nada—. Que Vamdemon te atrapara.
La castaña lo observó, atónita por sus palabras. ¿Sería posible que él hubiera cargado con la culpa todos esos años, con una culpa que no le correspondía?
—No fue tu culpa. Yo me entregué porque era lo que tenía que hacer.
—No, no lo entiendes. Taichi me pidió que te cuidara y yo dejé que te fueras con ese monstruo —le explicó, volteándose a mirarla por primera vez desde que habían subido al mirador.
Hikari se estremeció bajo su mirada atormentada.
—No fue así —replicó con convicción—. Tú me protegiste todo lo que pudiste, pero yo tenía que entregarme. Si no hubiera sido en ese momento, habría sido en otro. La batalla era inevitable.
—Le fallé a Taichi y eso es todo lo que importa.
—Estoy segura de que mi hermano no piensa así, deberías preguntárselo.
Yamato regresó la vista al frente sin intención alguna de dar su brazo a torcer.
—No tiene sentido culparte por algo que nadie más te culpa. Debes aprender a perdonarte.
El rubio contuvo un suspiro. La culpa que había cargado desde ese día se encontraba muy arraigada en su interior, había pasado demasiado tiempo haciéndola propia como para dejarla ir tan fácilmente sólo porque Hikari lo decía, pero sus palabras le habían otorgado un alivio sobrecogedor, habían sido un perdón velado que él mismo no sabía que necesitaba.
Hasta ese momento había pensado que la chica y él no tenían absolutamente nada en común, pero como tantas otras veces en su vida, se dio cuenta de que estaba equivocado, descubrió que aquel recuerdo era algo que los unía de una manera muy particular.
—Hay que abrir la quinta pista —dijo Hikari de pronto, regresándolo a la realidad.
Yamato se había olvidado por completo de lo que hacían ahí. Asintió con un parco movimiento de cabeza y extrajo el sobre del bolsillo de su pantalón.
Notó que la chica se posicionaba a su lado cuando su cabello le rozó el hombro, y no pudo evitar sentir un ligero cosquilleo.
Esta vez fue el turno de Hikari de leer, y lo hizo con un tono alegre y relajado que contrastaba con el suyo.
«Id a la ciudad del agua y encontrad al gran pez»
Yamato bufó. ¿Qué clase de pistas eran estas?
—Bueno, creo que lo del gran pez lo deja bastante claro. Hay un acuario cerca.
—No creo que sea el acuario.
—¿Qué? ¿por qué no?
Hikari se limitó a presionar la punta de su dedo índice contra el cristal. Yamato se tardó un poco en comprender que en realidad estaba señalando un punto frente al edificio y tuvo que seguir su dirección para comprender lo que intentaba decirle.
Cuando sus ojos dieron con el punto exacto, supo que la chica tenía razón. Su apresurada conclusión estaba errada.
~.~
[Equipo Taiora]
Taichi se encontraba con la frente, nariz y boca completamente pegadas contra el vidrio, los ojos turnios y las mejillas infladas.
—¿Se puede saber qué haces? —preguntó Sora desde atrás con las manos en la cintura.
La verdad quería estar enojada por haberlo encontrado así, perdiendo el tiempo en lugar de buscar la pista que necesitaban, pero no conseguía estarlo del todo porque la risa que ascendía por su estómago, y que a duras penas podía contener producto de la absurda imagen, se interponía con sus esfuerzos por mantenerse seria.
—Ah, Sora. Estás ahí.
—Claro que estoy aquí, se suponía que nos juntaríamos hace cinco minutos, pero como no apareciste pensé que habías encontrado algo y vine a buscarte.
Taichi rio, un tanto nervioso.
—Lamento decepcionarte, pero no encontré nada —dijo rascándose el cabello.
—¿Y me dirás qué estabas haciendo pegado al vidrio como un tonto?
—¿Qué te parece que hacía? —preguntó apartando la mirada y alzándose de hombros como si no fuera la gran cosa—. Imitaba a un pez globo.
Sora se cubrió los ojos con una mano. Por supuesto, ¿qué más podía ser?
Creyó que estaba molesta por la actitud tan infantil del castaño, pero sin darse cuenta se empezó a reír. Sus hombros fueron los primeros en sucumbir.
—¿Estás bien? —preguntó Taichi, asustado por su reacción.
—S-sí, sí… —contestó a duras penas—. Es sólo que… te veías demasiado gracioso, ¿cómo puedes comportarte así teniendo veinte años y no sentirte avergonzado?
Taichi volvió a encogerse de hombros.
—¿Por qué habría de sentirme avergonzado? Sólo me divertía. Nadie debería sentirse avergonzado de hacer algo que lo divierte o que le gusta. El mundo de los adultos es complicado sólo porque nos enseñan desde niños que cuando crezcamos no podremos seguir siendo como somos, que los adultos no hacen tonteras o ríen por cualquier cosa. Yo no creo en nada de eso, pensé que me conocías lo suficiente para saberlo.
Sora lo observó en silencio, meditando sus palabras. No supo en qué momento la conversación pasó de ser absurda a adquirir un tono serio, pero evidentemente lo había hecho en algún punto. Las palabras de Taichi no eran descabelladas en lo absoluto; por el contrario, le pareció que tenía mucha razón y que acababa de mostrarle una perspectiva totalmente distinta del mundo, como si acabara de girar un prisma en sus manos para enseñarle el otro lado.
—Lo lamento.
—¿Por qué te disculpas?
—Por distraerme. Estás enfadada por eso, ¿no?
La pelirroja negó suavemente con la cabeza, sorprendiéndose al descubrir que en efecto no estaba enojada con él.
—¿Y entonces por qué te me quedaste viendo así?
—¿Así cómo? —la pregunta le sonó un poco tonta apenas salió de sus labios, pero ya lo había dicho.
—No lo sé… tan seria.
—Es sólo que no me había dado cuenta de lo mucho que extrañaba pasar tiempo contigo —confesó en un susurro.
La reacción de Taichi fue automática. Sonrió con picardía y le guiñó un ojo antes de acercarse a ella y pasarle un brazo por la espalda para acercarla a él.
—Eso es porque soy una persona genial —afirmó.
Sora se reprendió mentalmente por haberle dicho la verdad. Ahora usaría sus propias palabras en su contra una y otra, y otra vez.
—Mejor olvídalo, ¿quieres? —dijo, aún a sabiendas de que era demasiado tarde para reparar su error—. Deberíamos concentrarnos en el juego, creí que estabas determinado a ganar.
La expresión de Taichi mutó de la diversión a la seriedad a una velocidad impresionante y la soltó de golpe, cosa que ella agradeció en su fuero interno, porque aunque Taichi siguiera comportándose como un crío, definitivamente ya no eran niños para que esa clase de gestos siguieran pareciéndole inocuos. Después de todo, sólo eran un chico y una chica. Mejores amigos, sí, pero un chico y una chica que podían sentirse extraños si el otro invadía tan descaradamente su espacio personal.
—¿Estás bien? —le pareció extraña tanta seriedad de su parte, estaba bien que quisiera ganar, pero había algo extraño en su comportamiento.
—Sí, sólo que tienes razón. Tenemos un juego que ganar.
—Cosa que no podremos hacer si no conseguimos la pista que nos está faltando —suspiró ella—. Busqué por toda el ala este, pero tampoco encontré nada.
—No sabía que este acuario fuera tan grande.
—Tal vez deberíamos concentrarnos en la pista y ver si hay algo que nos pueda ayudar, tal como hicimos en la biblioteca.
—Pero es demasiado corta: «Id a la ciudad del agua y encontrad al gran pez» [18] —recitó de memoria.
—La respuesta tiene que estar en lo del "gran pez". ¿A qué crees que se refiera?
—Es difícil saberlo. Puede ser el pez más grande o el más fuerte.
—Pero eso también sería complicado saberlo porque puede haber más de uno —murmuró desalentada, antes de que una idea atravesara repentinamente su cabeza—. Espera un momento, ¿y si no es ninguna de esas opciones?
—¿Qué quieres decir?
—Tal vez se refiera al pez más importante de Japón.
—¡Eso es, el pez koi! [19] ¿por qué no lo pensamos antes?
—Recuerdo haberlos visto en mi lado del recorrido, pero no estoy segura.
—Tengo la solución.
Sora se volteó a mirarlo con curiosidad sólo para verlo extender un papel que acababa de sacar de su pantalón.
—¿Eso es un mapa?
Taichi asintió con un indiscutible gesto de suficiencia.
—¿De dónde lo sacaste? —preguntó frunciendo el ceño, pues no recordaba haber visto que los repartieran en ninguna parte.
—Se lo robé a un niño.
La expresión de consternación de Sora hizo que Taichi soltara una carcajada.
—¡Sólo bromeo! ¿Por qué tienes que tomarte todo tan en serio?
—Porque viniendo de ti me espero cualquier cosa.
—Me ofendes, Sorita. Te doy mi palabra de boy scout.
Sora rodó los ojos.
—¿Intentas tomarme el pelo? Tú nunca fuiste boy scout.
—Oh, ¿y crees que lo sabes todo de mí? —preguntó enarcando las cejas con una actitud desafiante.
—Sé hasta el color de tus calzoncillos, Yagami.
—Sorpréndeme —la sonrisa, que hasta ese momento era una de mera diversión se convirtió en una socarrona.
—Naranjos o con estampado de superhéroes.
—Me sorprende que aún recuerdes ese incidente. No sabía que había dejado una impresión tan fuerte en ti.
—¡Ja! Ya quisieras —se burló, intentando ignorar el hecho de que el castaño había dado dos pasos al frente, reduciendo de manera considerable el espacio entre ambos—. Estamos perdiendo mucho tiempo.
Taichi frunció el ceño al verla marchar apresurada por el pasillo, sin importarle dejarlo atrás. ¿Qué había sido aquello? Nunca antes la chica había retrocedido de esa manera ante una de sus bromas. Sabía y reconocía que los lazos de su amistad podían estar algo desgastados producto de la distancia, pues desde que ella ingresara a la universidad de Kyoto y se mudara a vivir con su padre que ya no se veían tanto como antes, especialmente porque la universidad del castaño quedaba en otro distrito, pero esto parecía tratarse de algo más que eso, algo más que dos mejores amigos que llevaban tiempo sin verse.
—¿Vienes o qué? —preguntó Sora girándose a mirarlo al ver que se había quedado atrás.
Él no dudó en seguirla.
Llegaron sin problemas hasta el área de los peces koi, que básicamente consistía en una enorme pecera como todas las demás, pero les bastó un solo vistazo para descubrir, llenos de frustración, que allí no había nada.
Sora apoyó la coronilla contra el vidrio de la pecera.
—No lo entiendo. La única explicación es que nos hayamos equivocado, pero eso nos deja de nuevo en el punto de partida y ya llevamos casi una hora aquí —musitó decidiendo sentarse en el suelo.
—Hey, arriba ese ánimo —la alentó Taichi, sentándose a su lado—. ¿Olvidas quienes somos? Te lo diré, somos los que nunca nos rendimos. Hay una respuesta a ese acertijo y la encontraremos juntos como hemos hecho con todos los demás, ¿de acuerdo? Somos un equipo.
La chica levantó la cabeza y terminó contagiándose de su sonrisa. Eso siempre le pasaba cuando estaba con él por la sencilla razón de que Taichi era la clase de persona que transmitía optimismo.
—De acuerdo.
—¿Tienes hambre? Tengo un par de emparedados aquí dentro —dijo abriendo la mochila que había llevado consigo desde la mañana sin esperar una respuesta de parte de la chica.
Sora no se lo reprochó porque no tenía fuerzas ni ganas de hacerlo, y en todo caso daba la casualidad de que tenía hambre.
Taichi hurgueteó en su interior como si estuviera muy desordenada, lo cual no habría resultado difícil de creer, pero en lugar del tentempié prometido sacó un papel arrugado y lo extendió frente a sus ojos.
—¿Sora? Quizá estemos buscando en el lugar equivocado.
—¿Qué intentes decir?
Como toda respuesta, el chico le extendió el misterioso papel que hasta ese momento ella lo había observado leer con desinterés.
—¿Qué es esto? —preguntó tomándolo.
—Me lo dieron cuando salimos de Fuji-TV
—Aqua City Odaiba [20], una verdadera experiencia submarina —leyó ella en un murmullo.
Cinco segundos después alzó la cabeza de golpe.
—¿Estás pensando lo mismo que yo?
—Sólo si tú estás pensando lo mismo que yo.
—Aqua city significa ciudad del agua en inglés. ¡Estuvimos buscando en el sitio equivocado todo este tiempo! ¿Cómo no lo vimos antes? —preguntó levantándose abruptamente.
—Bueno, supongo que lo más lógico era pensar que se trataba de una metáfora, y qué mejor forma de llamar a un acuario que ciudad del agua.
—Vamos, necesitamos recuperar el tiempo que hemos perdido aquí.
—En ese caso deberíamos hacer una carrera hasta allá.
—¿Acaso me estás desafiando?
—No, claro que no. Seguro que no corres tan rápido como antes —replicó él con toda la intención de molestarla y consiguiéndolo al instante.
—Te haré morder el polvo, Yagami.
—No si llego primero.
Cruzaron idénticas miradas retadoras y echaron a correr casi al mismo tiempo. Las calles de Odaiba serían su pista en esa carrera, que sin querer los hizo remontarse varios años en el tiempo.
Llegaron a las puertas del centro comercial, jadeantes, pero a la vez satisfechos con su desempeño.
—Fue un empate —barbotó Sora volviendo a erguirse luego de haber descansado las manos en sus rodillas para recuperar el aliento.
—De eso nada, pelirroja. Te gané por medio segundo.
Sora rodó los ojos.
—Realmente no tenemos tiempo para esto.
—Ya estamos en la ciudad del agua, ¿ahora qué?
La chica dio un vistazo a la fachada del edificio y se mordió los labios. No tenía ni idea.
—Gran pez, encuentren al gran pez —murmuró.
—Este sitio es más grande que el acuario, no podemos dedicarnos a recorrerlo.
—Tal vez si sólo damos una vuelta —sugirió sin estar muy segura de su propia idea.
—Vale, pero entonces iremos a comer algo.
—No tenemos tiempo, Taichi.
—Siempre hay tiempo para la comida.
El estómago de Sora rugió y Taichi enarcó una ceja.
—¿Lo ves? Hasta tu estómago está de acuerdo conmigo.
La pelirroja suspiró, rendida, y decidió seguirlo hacia el interior. No tenía caso seguir protestando cuando su propio cuerpo la traicionaba.
Taichi sonrió más que satisfecho al descubrir que había ganado y se dirigió de inmediato a los ascensores para ir al quinto piso, donde se hallaba el patio de comidas.
—¿Me apetece algo de ramen y a ti? —preguntó distraídamente mientras pasaban por enfrente de otros restaurantes de comida rápida para dirigirse a la sección dedicada al ramen con la que contaba el centro comercial.
Sora asintió sin ánimo y siguió caminando casi mecánicamente tras él hasta que el chico se detuvo de forma repentina, causando que ella chocara de frente con su espalda.
Soltó un quejido y se llevó la mano a la nariz, dispuesta a reprenderlo por no haberle avisado de la inminente detención, pero antes de que una sola palabra saliera de su boca el chico se volvió hacia ella y la agarró del brazo con los ojos muy abiertos como si acabara de ver algo paranormal.
—¡Lo tengo, ya lo tengo!
—¿Qué tienes?
—La pista, la descifré.
—¿Ah, si? —preguntó algo escéptica.
—Escucha esto. ¿Qué tal si lo de gran pez también es literal como lo de la ciudad del agua?
—¿Entonces crees que se refiera a un pez? Eso ya lo sabíamos.
—No, no me estás entendiendo. Hablo del big fishhh —dijo haciendo amago de su mala pronunciación en inglés.
—Se dice big fish, baka—lo corrigió Sora, con un inglés algo más correcto, pero demasiado rígido—. ¿Te refieres al restaurante de ramen? —apenas terminó de hacer la pregunta sus ojos se abrieron a toda su capacidad, ya lo había captado.
No hizo falta decir nada más. Los dos atravesaron raudamente todo el complejo de restaurantes hasta la sección de ramen y sus ojos se posaron casi al mismo tiempo en el famoso restaurante del que Taichi hablaba. Frente a él, en medio de unas cuantas mesas que a esa hora se encontraban ocupadas por clientes casi en su totalidad, había un cartel gigante en forma de pez que giraba sobre su eje por encima de las cabezas de todo el mundo. Y directamente sobre el pez, un pequeño cartel en el que podía leerse el nombre del restaurante: "Big Fish"
Sora señaló con el dedo un par de sobres pegados sobre el lomo del pez y Taichi fue el encargado de llegar hasta allí y ponerse en puntas de pie para alcanzarlo.
~.~
[Equipo Mishiro]
«Crear un ser artificial ha sido el sueño del hombre desde que nació la ciencia.
Advanced Step in Innovative Mobility»
—Conozco esa frase —dijo Mimi tras soltar un pequeño gritito de emoción al descubrirlo—. Al menos la primera parte. Es de la película Inteligencia Artificial.
Koushiro la observó con algo de escepticismo, como si no pudiera creerse que ella hubiera visto una película tan "intelectual", o al menos así lo interpretó la castaña que decidió ofenderse ipso facto.
«Pues tengo una noticia para ti, Izumi. Resulta que no soy la niña tonta que crees que soy», pensó la chica devolviéndole una mirada airada y cruzándose de brazos.
—¿Creíste que sólo veía comedias románticas? Te equivocas. Lo cierto es que vi Inteligencia Artificial. Es un clásico —replicó con un tono con el que pretendía demostrarle que ella podía interesarse por otras cosas además de la moda y pintarse las uñas, lo cual era cierto, aunque no cuando de ciencia ficción se trataba.
A ella no le gustaba la ciencia ficción. Esas películas se le hacían demasiado extrañas, pero tenía que reconocer que aquella le había gustado pese a lo mucho que protestó cuando Miyako insistió en que la vieran en una de esas viejas pijamadas que solían celebrar cuando todas vivían más cerca y sus vidas eran menos complicadas; léase, cuando estaban en secundaria.
Koushiro no tenía que saber nada de eso, desde luego. Para todos los efectos, bastaba con que comprendiera que ella no era la chica tonta que imaginaba. No obstante, recordar la vez en que vio la película la hizo reafirmar la idea de que el pelirrojo y Miyako definitivamente harían una buena pareja.
Todavía resentía la época en que ella había sido su mejor amiga, pues aunque había regresado a cursar en Japón los dos últimos años de secundaria antes de retornar a Estados Unidos por un corto período y volver a tierra japonesa de nuevo, esta vez de forma definitiva (o eso esperaba), la relación entre ambos nunca había vuelto a ser la misma por la simple razón de que nunca había podido recuperar su lugar como best friend forever.
Recordar el rostro del pelirrojo cuando usó por primera vez esa expresión con él la hizo reír y pasar el trago amargo que le suponía ponerse a pensar en lo cercanos que estaban esos dos últimamente, siempre apartándola, siempre inmersos en sus cosas de genios.
—Sólo… no creí que te gustara esa clase de películas, pensé que tenías otros intereses —contestó Koushiro, cauto, sabiendo que de algún modo la chica había decidido sentirse ofendida por algo que había hecho, y tenía que ser algo que había hecho porque ni siquiera había dicho nada, ¿cómo rayos es que siempre lograba hacerla enojar sin darse cuenta? Era algo que no comprendía.
Comenzaba a convencerse de que tenía un don especial para molestarla. ¿Se le habría pegado de Taichi? Siempre había sabido que el castaño era una muy mala influencia.
—Será que no me conoces lo suficiente.
Koushiro asintió al no saber qué responder a eso.
—Deberíamos concentrarnos en la pista —apostilló—. Está claro que tiene que ver con robótica, pero esas palabras en inglés tienen algo extraño.
Mimi frunció el ceño y volvió a leer la pista, dándose cuenta de que las había pasado por alto.
—¿Un paso avanzado en movibilidad innovadora? [22] —tradujo en voz alta.
Lo cierto es que a ella no le sonaba de nada.
El chico adoptó una actitud meditabunda, tratando de recordar dónde las había oído antes, pero no fue hasta que decidió juntar las primeras letras de cada palabra que descubrió el misterio.
—Lo tengo. Es la frase que compone el acrónimo de ASIMO.
—¿ASIMO? —repitió Mimi, absolutamente perpleja.
—Es un robot humanoide de la marca Honda. Si no me equivoco, hay una exposición en el Museo Miraikan [23] donde puedes verlo en movimiento.
Ya tenían el siguiente destino resuelto. Mimi pensó que había tenido suerte después de todo al quedar con Koushiro, porque no estaba tan segura de que las otras parejas pudieran descifrar el acertijo con tanta facilidad y eso que ignoraba que cierto castaño, cuyo nombre no diré, decidió acudir a Google para la misión.
De regreso en la línea Yurikamome hicieron el viaje en silencio, esta vez hasta la estación Telecom Center. Tuvieron que caminar un poco, pero distinguieron el edificio de lejos porque todas sus paredes eran de vidrio y contaba al menos con siete pisos por lo que Mimi pudo contar. Incluso ella, que no era una aficionaba a esos lugares, tuvo que reconocer que era imponente.
Atravesaron las puertas giratorias dispuestas en el frontis, pagaron los seiscientos veinte yenes de la entrada y se acercaron a un tablero que contenía un mapa virtual del museo.
Los ojos de Koushiro bailaron por él, deteniéndose en cada señal con emoción contenida hasta detenerse en un punto del segundo piso donde se leía «Exposición ASIMO».
Al parecer cada piso estaba dedicado a algo. El primero a los nuevos compuestos, el tercero y cuarto a la informática, el quinto y sexto la medicina, el séptimo a la exploración espacial y el segundo, lógicamente, a la robótica.
Yamato y Hikari, que ya habían pasado por allí, se habían detenido un momento en el último nivel a petición de la castaña, quien hábilmente logró distinguir un brillo de interés en los ojos de su acompañante cuando leyó en el mapa a qué estaba dedicado.
Koushiro y Mimi pasaron de largo por el ascensor y optaron por tomar las escaleras hasta el segundo nivel.
La exposición se llevaba a cabo casi al fondo del lugar y por fortuna no había mucha fila. Cuando entraron dieron con la pista de inmediato, pues se hallaba pegada sobre el cristal que separaba el escenario y la zona del público.
El pelirrojo se dispuso a abrirla, pero se quedó con los dedos dentro del sobre cuando la luz se apagó para dar inicio a la función.
Durante los diez minutos que el encargado les había explicado que duraría, vieron al famoso robot hablar, correr y conquistar a los niños. Probablemente la única persona tan encantada con él como los niños era Mimi, que no paraba de sonreír y aplaudir cada cosa que hacía.
Koushiro no pudo evitar quedarse viéndola en más de una ocasión, entre sorprendido y cautivado por ella. Nunca habría pensado que algo así podría gustarle o incluso se habría ofrecido a llevarla, ¿podía ser que tuviera razón y no la conociera lo suficiente? A ella, ¿la chica que había sido su mejor amiga? La mera idea le produjo un vacío en el estómago.
Él también extrañaba la época en que pasaban más tiempo juntos, la época en que hacerlo era más fácil y las cosas eran más fáciles en general porque eran sólo niños y no debían lidiar con los efectos de las hormonas ni sentimientos inconvenientes.
Salió bruscamente de sus pensamientos con los aplausos del público, los que le indicaron que la función había terminado.
—Es tan adorable, ¡y tan parecido a nosotros! —comentó Mimi, camino a la salida.
Él no pudo más que estar de acuerdo. Tal vez el hecho de que lo hubiera visto antes hacía que ya no lo impresionara tanto, pero por algún motivo prefirió no decírselo. Un motivo que se dijo que no sabía, aunque sí lo hacía: no quería matar su ilusión.
Koushiro comprobó su reloj y vio que aún era temprano. Se detuvo sin darse cuenta, meditando las opciones que tenían.
Mimi le dedicó una sonrisa perspicaz.
—Quieres ir al tercer piso, ¿no es así? —adivinó.
El pelirrojo se sorprendió de lo fácil que había descubierto sus intenciones.
—Sólo será un minuto. Hay un nuevo programa sobre el que…
Sus débiles balbuceos fueron interrumpidos por Mimi, quien alzo el dedo índice frente a él, invitándolo a callar.
—No necesitas convencerme. Iré si a cambio yo puedo ver algo que me interese en otro lugar.
Koushiro asintió, sabiendo que era la única opción que tenía.
Media hora más tarde ambos salieron del museo y se sentaron en los columpios de un pequeño parque que quedaba justo enfrente.
El chico sacó el sobre de su bolsillo y sin perder más tiempo, rompió el sello.
«Desde las alturas todo se ve con más perspectiva. Para hallar la séptima pista tendrán que subir a 115 metros del suelo.
Pista adicional: Buscad el número 14»
—¿Ciento quince metros de altura? —preguntó él, alzando la vista de forma automática al cielo, como si esperara encontrarse con la respuesta justo allí, frente a sus narices; todo lo que vio fueron edificios circundantes al museo.
Esa no podía ser la respuesta. Sin duda habría edificios que calzaran con esa altura, pero ninguno emblemático que se le ocurriera.
¿Y qué era eso de que tenían que buscar el número catorce, de todos modos?
Frunció el ceño. No lo entendía, sentía que algo se le estaba escapando.
—Si tenemos que buscar el número catorce, significa que hay catorce de algo, ¿catorce pisos? —murmuró sin darse cuenta de que estaba pensando en voz alta.
A su lado, Mimi agitó las piernas para elevarse en el columpio. Siempre le habían gustado, desde muy niña, porque sentía que volaba, ¿y a quién no le gustaba la sensación de volar? ¿qué niño no había querido al menos una vez en su vida ser capaz de volar como las aves?
Cerró los ojos y estiró sus piernas en toda su extensión, deseando alcanzar la mayor altura posible, que no era mucha, o no la suficiente desde que había crecido.
—Deberíamos ir a la Rueda de la Fortuna un día de estos —dijo en un susurro que fue captado por los oídos de Koushiro.
El pelirrojo se volteó a mirarla y en menos de un segundo algo hizo clic en su cabeza. Ya tenía la pieza que le faltaba. Sabía adónde tenían que ir.
Sonrió.
Todo había sido gracias a Mimi, quien ajena a su mirada, seguía balanceándose con los ojos cerrados.
Al principio había estado molesto por quedar con ella, creyendo que sólo lo retrasaría. Él no creía que la chica fuera tonta, por más convencida que pareciera estar la castaña de ello, pero sí sabía que se distraía con facilidad y eso podía jugarles en contra.
Ahora, en cambio, pensó que tal vez no hacían tan mal equipo. Él tenía la lógica y ella una suerte de intuición. Se complementaban, de una extraña manera se complementaban.
Referencias:
14.- Odaiba Kaihin Koen: Estación de la línea Yurikamome. Les dejo el link del mapa que yo vi: www. zocodezoco 2010/07/28/recorriendo-la-linea-yurikamome/
La letra es bastante pequeña, pero pueden ampliarla un poco para ver mejor.
15.- Daiba: Estación de la línea Yurikamome.
16.- La batalla contra Vamdemon (en Latinoamérica Myotismon): Ocurre entre los capítulos 37 y 39 de la primera temporada. Yamato y Hikari se refieren a lo que sucede cuando Hikari se entrega y Vamdemon la lleva a FujiTV.
17.- Fuji TV: Es una cadena de televisión comercial de Japón en la que trabaja el padre de Yamato y Takeru.
18.- Acuario: La pista hace pensar a Taichi y Sora que el lugar donde se encuentra la pista es un acuario, lugar que me inventé al no encontrar uno cercano.
19.- Pez Koi: Los peces Koi con una especie de carpa autóctona de China famosa en el mundo entero por su colorido y su tradición en Japón.
20.- Aqua City Odaiba: Centro comercial que está situado justo en frente del famoso Fuji TV building que incluye también un complejo de cines. En el quinto piso del edificio, más allá de los varios restaurantes hay un pequeño espacio dedicado al ramen donde se puede probar diferentes estilos de ramen de varios lugares de Japón.
La frase que Taichi y Sora leen en el panfleto (una verdadera experiencia submarina) es una publicidad que me inventé.
21.-"Crear un ser artificial ha sido el sueño del hombre desde que nació la ciencia": Esta frase que es utilizada como pista, como bien dice Mimi pertenece a la película Inteligencia Artificial. Luego, la frase que aparece en inglés tiene destacadas las iniciales solo para los lectores, no para los chicos.
22.- "Un paso avanzado en movibilidad innovadora": Traducción de la frase en inglés recién referida, de la cual se desprende la palabra ASIMO.
23.- Museo Miraikan: El Museo Nacional de Ciencias Emergentes e Innovación, llamado comúnmente Museo Miraikan, es un museo interactivo donde se puede experimentar con las últimas novedades científicas.
Notas finales:
¡Hola!
Quiero hacer una pequeña aclaración. Sé que los carteles de Yamakari, Taiora y Mishiro tal vez no eran necesarios, pero decidí dejarlos porque se me hizo interesante usar sus nombres de pareja en el juego.
Aparte de eso me disculpo por cualquier error que pueda tener. Revisé el capítulo, pero siempre se me escapan cosas.
Gracias a quienes siguen esta historia y especialmente a quienes comentan. Espero que hayan disfrutado este capítulo.
Nos leemos pronto :)
