III

—Buenas tardes —saludó Helena a la recepcionista del hospital.

Había llegado tan rápido al sitio clave como el tiempo se lo permitió. Luego de bajar del avión, recoger sus pertenencias e ir en taxi para registrarse en el hotel designado gracias a Hunnigan (y capacidad por hacer reservaciones a velocidad sobrehumana), Helena dejó su equipaje en la habitación, se duchó, se cambió de ropa y tomó otro taxi tan rápido como pudo, pero esta vez en dirección al hospital antes señalado. El viaje fue muy tardado, dado a que los desastres ocasionados aún persistían y la reconstrucción a la ciudad ocasionaba un tráfico infernal. Pero finalmente, Helena pudo llegar antes de que se acabaran los horarios de visitas.

Una vez ahí, la mujer, quien estaba con otras dos enfermeras, le habló completamente en chino, por lo que a Helena le costó siquiera imaginarse lo que le estaba diciendo. Ella estaba en un problema porque no podía responderle ni entenderle.

Lamentablemente el idioma local no lo manejaba ni un poco.

—Ehm… busco a… ¿Simón Wesker? —se sentía estúpida haciendo maniobras con su mano derecha porque no tenía otro modo con qué darse a entender.

¿Simón Wesker? —masculló la mujer de mediana edad en su propio acento, sin embargo ya estaban en sincronía.

Uf, menos mal.

Helena asintió dejando que la enfermera tomase el articular del teléfono en su escritorio y llamase a alguien. Seguramente al doctor a cargo de Nivans; o Wesker, como se hacía llamar aquí. Debía ser casi irónico que el compañero del hombre que dio caza y muerte a Albert Wesker, llevase el mismo apellido para tapar su verdadera identidad.

Más tarde la mujer, con señales, le pidió a Helena sentarse en las sillas frente a la recepción donde había algunas personas más esperando su turno. Durante varios minutos, la agente Harper se mantuvo quieta con la espalda recta, entre husmeando en su celular y echar vistazos alrededor.

Hasta que al fin, el doctor Wong apareció y se presentó frente a ella.

¿Wong?

Esto debía ser otra coincidencia bastante hilarante, sin embargo Helena no hizo ningún comentario al respecto cuando el doctor Ming Wong se presentó ante ella para llevarla con Nivans.

—El señor Wesker está mejorando bastante bien —dijo en perfecto inglés—; con la medicina adecuada, sus heridas han cicatrizado sin problemas. Será dado de alta, pero deberá venir a revisiones constantes. Su situación sigue siendo delicada.

—Sí, entiendo.

Helena suspiró con algo de desgano, lo menos sospechosa posible.

Si tan solo el doctor Wong supiese que apenas dejasen que el agente en piel de civil se marcharse, no volvería a ver nunca más a Simón, quizás no estaría tan tranquilo.

Lo que el soldado herido en verdad necesitaba, no eran medicamentos ordinarios, sino algo más apegado a su actual condición. Al final del día, la realidad era esta: no era un virus común lo que estaba corriendo por las venas del soldado en estos mismos momentos; por lo que ser cautelosos era una prioridad. Ese virus… esas consecuencias… todo eso conformaba el motivo clave por el cual Helena había sido enviada, para llevar a Nivans, a un sitio más adecuado.

Era lógico pensar que si Piers Nivans volvía a los Estados Unidos aclamando ser un sobreviviente al Virus-C, los gobernantes estarían más que encantados por encerrarlo y extraerle todo el provecho posible.

La propia Sherry Birkin podría dar un claro y nada alentador testimonio de lo que pasaba cuando los científicos (en cualquier parte del mundo) te ponían las manos encima para jugar contigo como quien compra un nuevo ajedrez y quiere acomodar y reacomodar las piezas a su gusto. Piezas que a veces resultaban ser órganos… o algo más.

Viéndolo así, era comprensible el afán del Capitán Redfield por mantener a Nivans bajo perfil. El pobre sujeto ya había perdido a muchos hombres.

—Casi llegamos —dijo el doctor Wong.

—Sí.

Bajo el brazo derecho, Helena cargaba un folder amarillo donde venían los documentos bien falsificados que el hospital necesitaba para archivar en sus datos al misterioso hombre americano que apareció en una playa. Claire Redfield llevó sólo un par de identificaciones dado al poco tiempo que tuvieron Leon y Hunnigan para conseguirlos, así que Helena llevaría otros; firmaría un par de papeles y luego transportaría a Nivans afuera del gran país.

Se supone que debía contactarse con Hunnigan para ello una vez que hiciera esto, ya que Leon le había pedido a su entrañable amiga, que cuidase el viaje de Helena y Piers, por lo que no debía haber inconvenientes con el transporte.

Helena no habló más con el doctor Wong, hasta que él abrió la puerta 201 poco después de salir del ascensor y le permitiese pasar a la habitación. Adentro habían 3 camillas; casi todas vacías pero con residuos de sangre que daban a entender que habían estado ocupadas y ahora estaban siendo limpiadas por el personal.

Quizás estaban alistándose para recibir a más pacientes.

Por otro lado y vistiendo una bata gris de hospital, Piers Nivans se hallaba acostado al lado de la ventana y aparentemente sin perturbación alguna (ni física ni mental) que deformase su estoica cara, la cual estaba de lado hacia la entrada de la habitación. Al verla, él frunció un poco el ceño pero no dijo ni hizo nada estúpido.

Helena estaba segura que eso se debió a que él ya sabía que habría tiempo de sobra para las preguntas que pudiesen estar formándose ahora en su cabeza.

—Buenos días, señor Wesker —saludó el doctor Wong con animosidad—; ¿cómo está hoy?

—Bastante bien, gracias doctor.

Asintiendo, el doctor le dio espacio a Helena para que se presentara ante Piers.

—Hola, Simón —habló Helena como quien visita a un amigo.

—Hola —susurró con ese tono hosco típico de los militares que todavía estaban en servicio.

—De acuerdo —interrumpió cortésmente el doctor—, yo les dejo solos; si necesitas algo, por favor avísame.

—Lo haré, gracias.

Asintió una vez más, el hombre se fue no sin antes tomar el folder que Helena traía en sus manos para echarle un vistazo y pedirle que antes de irse, lo buscase en su oficina (último piso de arriba, la cuarta puerta de la derecha en el pasillo), para hablar sobre la condición de su paciente y si ya podría estar en condiciones de darlo de alta. La fecha estaba establecida que en efecto, ya no había motivos para retenerlo, pero el doctor Wong quería estar seguro. Luego salió del cuarto.

Menos mal que tenía toda aquella habitación para ellos dos.

—Mi nombre es Helena Harper —le dijo un minuto después apenas se acercó, luego le tendió su mano derecha—, Chris Redfield me envió.

—Lo sé, me llamó para notificármelo —asintió él con la cabeza—. Seguro ya lo sabes pero yo me llamo…

—Sí, no te preocupes. Leon Kennedy también me informó de tu situación.

—Gracias por venir, Helena Harper —debido a que su brazo derecho (o lo que sea que hubiese quedado de él bajo el yeso que ahora portaba) estaba enteramente indispuesto, Piers saludó con su mano izquierda—. Siéntese, por favor. Debió haber sido un viaje muy largo.

—No ha sido el peor, no se preocupe —comentó con una leve sonrisa recordando su último vuelo a China.

Al menos en este viaje no terminó estrellándose contra el piso para luego luchar contra una bestia malformada con fuerza bruta de más de 2 metros y medio de alto y casi una tonelada de masa corporal. Y por favor, no olvidemos ese horrible ese afán de querer triturarlos a todos con el armamento cambiable.

—Chris me dijo que traería algo con usted —dijo Piers sacando a Helena de su pequeña cavilación.

—Sí, algo muy especial —sentándose en el banco a un lado de la cama, Helena asintió con la cabeza toqueteando su bolso—. Sherry Birkin dijo que te ayudaría a sentirte mejor.

—¿Vitaminas? —él vio el bolso con atención.

—Más o menos —respondió ella sabiendo bien que debían ser cuidadosos con lo que se decían en un ambiente público. Las paredes siempre tenían oídos.

—Sólo espero que no sean dulces picantes.

Helena se rio comprendiendo que el soldado Nivans no era fan de las inyecciones.

—Maldita sea, lo son —se lamentó él ante su reacción, apoyándose en la almohada bajo su cuello.

Cuando se percató de que Helena veía fijamente su brazo derecho, no perdió su seriedad aunque sí se sintió algo incómodo por su escrutinio. Esa mirada casi atormentada le dejó pensando mucho.

—¿Algo que quiera saber sobre mi accidente, señorita Harper?

Despertando de sus pensamientos (otra vez) donde su hermanita era la protagonista, Helena parpadeó con cierta vergüenza.

—No, yo sólo… perdón.

—No pasa nada —desligó Piers viendo con claridad que Helena no había hecho ese análisis a su persona con mala fe—. Al menos no me has preguntado si mi régimen alimenticio ha cambiado.

Al comprender que Helena no sabía a lo que se refería, Piers se rio.

—Cuando la señorita Claire estuvo aquí, fue lo primero que me preguntó. Luego dijo que si me entraban ganas de morderla, le avisase primero para que ella pudiese darme un disparo y salir corriendo.

—Claire Redfield —susurró Helena reconociendo el alma bromista que podría llegar a ser esa mujer.

Bondadosa y bastante cálida, algo distinta a su hermano; pero parecidos de un modo enternecedor, Helena reconocía que Claire Redfield era un valioso ser humano a pesar de todo por lo que había pasado; y por eso, todos y cada uno de los hombres que la conocían, no dudaría en dar la vida por ella. Porque como hermana, amiga, confidente y humana, era sumamente importante no solo para su hermano, sino para todos sus amigos, incluyéndola a ella misma.

Viendo (en silencio) claramente la simpatía que debía haber entre ambas mujeres, Piers asintió un poco más tranquilo, ante lo dicho por Helena.

—Gracias a ella tengo un sitio donde quedarme, por el momento.

—No quisiera sonar entrometida, pero… ¿fue cierto lo que me dijeron? —Helena se puso más seria—. ¿Qué planeas regresar a la B.S.A.A?

De no ser porque su entrenamiento lo había educado bastante bien, para captar ese suave toque de preocupación en la voz tensa de Helena Harper, Piers había tomado esas preguntas como algo indebido por la notoria invasión a la privacidad.

—No tengo muchas ofertas de trabajo últimamente, y como comprenderá, cambiar de empleo tan drásticamente como yo podría hacerlo a estas alturas de mi vida… no es demasiado confiable dado a que no tengo estudios en otro campo laboral.

—Eh… ¿y qué tal guardia de seguridad en algún sitio?

La pregunta quedó volando en el aire dado a que Piers notablemente trasladó su atención a otro tema. Si él debía de ser sincero, todavía no se sentía con la suficiente confianza de hablar sobre sus planes futuros con la agente que apenas conocía.

—Puede que no lo creas —susurró él—, pero no me hace ilusión nada de esto. Francamente ni siquiera sé cómo es que logré arrastrarme hasta tierra firme luego de haberme hundido varios metros bajo el agua —volvió a suspirar con desánimo—. No recuerdo nada de eso.

Asintiendo con empatía, Helena lo dejó hablar. Él se acomodó en la almohada, viendo al techo.

—Cuando me despedí del Capitán… pensé que todo había terminado para mí. Incluso rogué a dios porque mi alma no se fuese al infierno… a pesar de que toda mi vida he sido ateo —se burló de sí mismo con algo de pena—. Pensé en todos aquellos que había conocido… y llegué a la conclusión de que había valido la pena dar la vida por el futuro.

Hizo una pequeña pausa que Helena respetó.

—Todavía no comprendo cómo fue que ocurrió. ¿Cómo es que sigo vivo?

Y esa… esa era la pregunta del millón de dólares que no lo dejaba dormir ni cuando el dolor era lo suficientemente intenso y tenían que sedarlo para ayudarle a minimizar los dados que persistían y para parecían querer irse, como si no quisieran dejarlo olvidar lo que había pasado en la base submarina de Neo-Umbrella.

Piers, tratando de ser fiel a su ateísmo, todavía descartaba una intervención divina que explicase el cómo había logrado salvarse, aunque dada su buena suerte, ya comenzaba a reconsiderar con seriedad la existencia de un ser supremo todopoderoso que le haya dado la oportunidad de seguir viviendo cuando sus posibilidades de sobrevivir descendieron de 0 a -100 cuando decidió inyectarse aquella jeringa por su propia voluntad.

Así mismo, de cierto modo, él estaba algo decepcionado ya que esperaba que la agente que iba a visitarlo pudiese traerle la respuesta médica, científica, de porqué se había mantenido su vida.

Quizás realmente hay un dios.

Un dios que no quería que Piers siguiera cuestionándolo.

—Ahora lo único que sé es que el virus que debió haberme matado se moldeó a mí… y sólo puedo adaptarme a él, o morir. —Si realmente un dios le había permitido vivir, que esperase un poco más y Piers Nivans le demostraría que no estaba cometiendo un error con ello.

Helena Harper por su lado quiso saberlo también, cómo él sí había logrado sobrevivir. Sin embargo, muy para su pesar, tuvo que recordarse a sí misma que Deborah no había corrido con esa misma suerte; porque al final de cuenta eso parecía haber sido.

Los pocos restos de cuerpo, luego de que el virus la consumiese, fueron entregados a Helena quien posteriormente la depositó en el cementerio donde su hermanita al fin podría descansar en paz.

Maldito Simmons. Ojalá el infierno lo estuviese sazonando con torturas y trinches en su trasero por toda la eternidad. Merecía eso y más por todo el daño que causó así como por todas las vidas que apagó como si éstas fuesen sólo velas insignificantes para él y su egoísta propósito.

«¿Por qué el virus la mató? ¿Por qué no se adaptó al cuerpo de Deborah también?» Helena sabía que preguntarse eso a esas alturas era inútil. Pero no podía evitarlo, era como si su corazón no pudiese dejar de sangrar por la pérdida de su hermana. A quien amaba profundamente.

Era devastador pensar que si el destino hubiese querido que Deborah sobreviviese como lo había hecho el agente Nivans, ahora mismo Helena no estaría sintiéndose tan sola en su pequeño hogar en Tall Oaks, lugar que fue destruido por Simmons y con muchísimo esfuerzo estaba logrando salir adelante otra vez. Esa ciudad que tenía las catacumbas de los Simmons con un montón de secretos sin descubrir dado a que una misteriosa explosión derrumbó casi todo.

Sea como sea, como parte de su penitencia personal, Helena había pedido que su reubicación fuese en ese sitio. Una modesta casa a las afueras. Era tan triste que al llegar a casa, nadie la recibiese sentado en el sofá, ni nadie le reprendiese por haber dejado muchos cabellos en la regadera, o el frasco de mermelada sin la tapa.

Con más dolor del que quería admitir, Helena sabía que esmerándose en no cambiar sus malos hábitos, no haría que Deborah mágicamente apareciese de pronto en el pasillo para reñirle con su típico ceño fruncido… pero una vez más, no podía dejar de hacerlo.

No podía dejarla ir tan fácilmente. No podía hacerlo todavía.

—No sé qué es lo que te pasó a ti, agente Harper —Piers la trajo de vuelta con un tono cuidadoso—, pero lamento si te hice recordar algo que no querías.

No sintiendo culpa ni enfado con el hombre que la veía, ella parpadeó con lentitud; cerró sus ojos por un par de segundos tragándose la amargura lo mejor que pudo ya que nadie salvo ella, tenía culpa de nada de su propia ingenuidad y su incapacidad de proteger a su hermana del maldito que la secuestró, la aterrorizó, la deformó y la asesinó.

—Los recuerdos no necesitan ni piden el permiso de nadie para volver —le respondió no sintiéndose cómoda de llamarlo por un nombre falso; ni por el nombre que podría meterlos en problemas si lo pronunciaba—. Además, en este caos, todos perdimos algo muy valioso, ¿no es así?

—La vida no es algo que se pueda nombrar con facilidad, sin embargo confío en que al final todo valió la pena.

—Sí —susurró desalentada—, pero el costo a pagar ha sido demasiado alto.

Él no lo meditó por mucho tiempo.

—Lo fue —musitó Piers desviando su mirada hacia la ventana ignorando con caballerosidad el gesto lastimero que hizo Helena Harper antes de ladear su propio rostro para que él no pudiese darse cuenta de que una lágrima se le había escapado. Aunque él sí lo notó.

—FIN DE CAPÍTULO—


Francamente me alegra mucho exprimir mi imaginación con respecto a esta pareja. Me dolió un poco que Piers y Helena no hayan compartido momentos más largos en el juego pero bueno, ¡en serio quiero a mi soldadito de vuelta! T_T

Gracias por sus comentarios a:

manu: No me lo tomes a mal, pero no hago fics a petición, mucho menos si son de parejas que en definitiva no son de mi agrado como el Lukanette (pareja que en serio me pone mal XD). Se agradece el apoyo.

Editando (11/07) en respuesta...

Amigo, una vez más: sólo escribo de parejas que me gustan.

No. No me gusta ninguna pareja que interfiera en mi Piers x Helena o Ada x Leon o Sherry x Jake. Quizás tal vez Chris x Sheva y Chris x Jill pero hasta ahí. Así que por favor, deja de mencionarme parejas que no vienen al caso de series que tampoco vienen al caso.

Por esta ocasión, intentaré ser amable porque eso no se me da...

No necesito ser blanda ni corta a la hora de decir que no me gusta. Qué me da asco o qué no. Ahora. No me gusta el Lukanette, porque yo soy completamente Adrigami y Lukagami más que Adrinette, pareja de la que he escrito un par de veces ya. Mi primera OTP de MLB es Feligette y siendo franca prefiero cualquier otra pareja antes que cualquiera que tenga a Marinette y eso es porque esa niña cayó de mi gracia. He visto todos los capítulos que mencionas y Marinette lo único que hace en todos ellos es ser la Mary Sue de turno, para empezar: ¡no tiene sentido que Luka apenas la conozca y ya diga que la ama! En serio, eso es una estupidez. Y capítulos basura como esos, sólo hacen que me replantee mirar la serie.

Ahora, te pido por favor que lo digas tal cual y no intentes hacerme tragar tus excusas porque no es la primera vez que me encuentro a alguien que quiere darme la vuelta así. Jugar a "yo sólo intentaba..." porque ya me los sé al derecho y al revés.

El primer review es un regaño porque no me gusta el Lukanette, incluso tratas de "hacerme ver" que la pareja no es "tan mala". ¿Tanto te cuesta aceptar que a alguien no le gusten las parejas que mencionas y ya? Mejor aun: ¿por qué me preguntas de parejas que no tienen nada que ver con este fandom? O MEJOR: ¿por qué me preguntas mamadas que no tienen nada que ver con este fanfic?

En el segundo review sólo buscas aligerar todo diciendo que "no estabas regañando" y siendo franca, conmigo no me vengas con esos "consejos" porque no pienso pasar ninguno más.

Y te voy a ser franca...

O me dices si algo realmente te gusta de este fic o por favor deja de comentar.

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Victoria Lis: Jeje, tienes razón, el pobre de Leon está estancado con una mujer que a duras penas lo besa... cada siglo que la ve jaja. Pero supongo que eso es lo que hace a Ada y Leon una pareja tan peculiar jaja.

En cuanto a Piers y Helena, como ya dije antes, me lamento porque no hayan tenido una conversación por lo menos en el juego. Ambos son agentes y ambos son dedicados a su trabajo, aunque Helena haya estado bajo las órdenes de Simmons en un principio... sí, la pobre cometió un gravísimo error al involucrarse con esa serpiente. Pero como podemos ver, Leon fue de gran ayuda para que ella pudiese cobrárselas.

En cuanto a lo del presidente... no sé si él lo sabía o no ya que desde ese evento y lo sucedido en China pasaron algunos meses. Yo digo que sí, pero no creo que eso haya sido muy de su interés cuando tenía que buscar a Chris jeje.

A ver qué pasa con Piers y Helena en esta breve historia.

¡Gracias a todos por leer y apoyar con un review!


JA NE! ;)


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