¡Hola! Muchas gracias a "Guest" (Invitada) por leer mi historia y dejarme tu comentario. Decidí actualizar rápido debido a que en los próximos días no tendré pc ya que la formatearan, pero cuando la vuelva a tener actualizaré apenas pueda :)

Capítulo III: Pesadillas

Llevaban unos cuantos minutos caminando y durante aquel transcurso Jack había confirmado sus sospechas, Ciudad Aron, era una ciudad verdaderamente pacífica y encantadora, pues había observado atentamente cada detalle de la ciudad, desde sus apacibles y cordiales habitantes, hasta sus singulares transportes y construcciones. Aquella ciudad, no era como nada que hubiera visto antes, pues al respirar sentía un aire puro y fresco, que de cierto modo le recordaba al aire que se podía respirar, en aquellos frondosos bosques amazónicos por los que tantas veces había atravesado en su largo camino para derrotar a ese maligno ser del mal que había sido Aku.

Jack suspiró al recordar a aquel ser de la oscuridad, sentía como si hubiera sido hace unos minutos que le había derrotado para por fin acabar con esa incesante lucha en la que él había salido victorioso, pero ahora por fin podía disfrutar de una verdadera paz en su alma, aunque fuera en aquel mundo alejado de su pueblo, hogar y seres queridos. Sintió de pronto, como una sensación de nostalgia comenzaba a invadirle, no le gustaba ese sentimiento, ni ese ni lo que últimamente estaba experimentando.

Antes, cuando debía preocuparse por derrotar a la personificación del mal que era Aku, sus sentimientos y su corazón estaban exclusivamente centrados en su labor de traer la paz al mundo, pero ahora que finalmente lo había conseguido, tenía demasiado tiempo para pensar y reflexionar sobre sus propios sentimientos y eso le llevaba inevitablemente a contemplar al hombre que caminaba en frente suyo.

- "Johnny" – Pensó simplemente Jack, incapaz de dejar de admirar la contextura tan varonil de su amigo quien caminaba con pasos seguros y rápidos.

La mano de Johnny aún continuaba sosteniendo firmemente la suya sin dejarle ir un solo segundo. Hasta donde recordaba, jamás antes otro chico le había tomado de la mano ni siquiera cuando era niño, pero Johnny simplemente lo hacía en silencio, conduciéndole por aquella ciudad desconocida de una manera admirable. Aunque incluso para ese entonces desconocía a donde le dirigía, pero mientras lo hacía, no podía evitar disfrutar y sonreír por la actitud de su amigo, quien simplemente cantaba una canción alabando lo guapo que era.

- Si eres guapo y lindo como yo, di que sí. Si eres guapo y lindo como yo, di que sí. Si eres guapo y lindo como yo, sólo tienes que decir que bonito eres tú. – Cantaba Johnny con un masculino y agradable melodioso tono de voz, aproximándose cada vez más cerca a su casa. Después de recordar que esa tarde comería el delicioso rollo ahumado que le prepararía su madre, sus ánimos se habían multiplicado.

¡Amaba la comida de su mami! Nadie cocinaba mejor que su mamá ni siquiera Pops, que por cierto, también cocinaba delicioso, pero nada se comparaba con el amor y dedicación que su mami colocaba en todas las comidas que le preparara a él, Johnny Bravo, su hijo favorito, y bueno, de hecho su único hijo, pensaba Johnny hambriento y entusiasmado, mientras escuchaba el sonido de los tacones de madera de Jack siguiendo sus propios pasos. Su ahora nuevo "amigo" se mantenía en silencio siguiéndole sin perderle de vista, el chico era bastante callado, pero Johnny podía percibir que éste estaba atento a cada una de sus palabras y eso le agradaba demasiado, pues para él era algo completamente nuevo.

Hasta donde recordaba su círculo social sólo se componía del monótono Pops, quien solía darle buenos consejos, pero siempre apostaba en su contra desconfiando de él; su molestosa, y parlanchina vecinita Suzy quien le interrumpía siempre en sus mejores momentos, y el desquiciado de Carl, quien siempre le arrastraba para formar parte de alguno de sus extraños experimentos locos. La mayoría de ellos le escuchaban y luego le interrumpían para centrarse en sí mismos, pero Jack era diferente, él le escuchaba atentamente guardando silencio dándole toda su atención y eso le agradaba.

- ¡Ya estamos aquí Jackie! – Se detuvo súbitamente Johnny frente a una hermosa y amplia casa de fachada color lila y techo azul, adornada con un florido y espacioso ante jardín.

- ¿Qué lugar es este, Johnny? – Expresó calmadamente Jack al observar la bella y gran construcción que se alzaba frente a él, y extrañando para ese momento la calidez de la mano de Johnny que había soltado la suya hacía unos segundos.

- ¡Estás en territorio de Johnny! – Expresó entusiasmado el rubio, feliz de estar de vuelta en casa aunque con su curioso acompañante. Jack permaneció en silencio, esperando pacientemente que Johnny hablara para ver si le aclararía a que se refería con "territorio" y como si hubiera leído sus pensamientos Johnny agrego:

- ¡Bienvenido a la mansión Bravo! – Aclaró Johnny, y al escuchar aquellas palabras Jack se sorprendió inmediatamente, abriendo sus ojos enormemente al caer en cuenta que Johnny le había guiado hasta su humilde morada.

- Yo… - Jack quería decirle que se sentía halagado de que le hubiera concedido el honor de llevar a un simple desconocido como él a su hogar, pero fue interrumpido por el estrepitoso gritó de Johnny al abrir de golpe la puerta de su casa.

-¡YA LLEGUÉ MAMÁ! ¿Dónde está mi rollo ahumado? – Fue lo primero que preguntó Johnny al llamar a su madre, mientras su estómago rugía de hambre.

- Johnny cariño, ¿eres tú? – Se escuchó una voz femenina preguntar desde la cocina. La madre de Johnny se encontraba cocinando el delicioso rollo ahumado que tanto le gustaba a su bebé Johnny y cuando le pareció escucharlo, dejo la cocina para acercarse al living y comprobar que efectivamente si se trataba de su hijo.

- Johnny cielo, llegas tarde. – Mencionó la señora Bunny, al ver que efectivamente se trataba de su hijo, pero cuando notó que éste venía acompañado, no pudo más que alegrarse. Una hermosa chica de cabellos negros sueltos que usaba un curioso vestido blanco, estaba acompañando a su muchacho. Feliz de ver que su hijo venía con una chica no pudo más que expresar su enorme emoción y alegría. Parecía que por fin su bebé estaba creciendo.

- ¡Oh Johnny querido! ¿Quién es esa linda chica que viene contigo? – Expresó con entusiasmo Bunny, llevándose una mano a la boca debido a la sorpresa.

Jack quien hasta ese entonces había permanecido en silencio junto a Johnny, no pudo más que sentirse nuevamente apenado al ser confundido con una chica en ese día y sólo en ese momento al mirar su reflejo en un espejo colgado en la pared de aquella habitación, se percató que aún llevaba su cabello suelto, recriminándose por su evidente descuido, rápidamente se recogió el cabello, luciendo como siempre solía hacerlo.

- Le pido disculpas si mi apariencia le ha confundido. Me llaman Jack. – Expresó humilde y calmadamente Jack dirigiéndose a la respetable madre de Johnny con una reverencia, para presentarse debidamente.

La madre de Johnny le miró sorprendida, aceptando con un asentamiento de cabeza sus disculpas, al mismo tiempo que miraba interrogante hacia la dirección donde se encontraba su hijo, observando en silencio la escena sobando su estómago aún por el hambre que sentía.

- Johnny cariño ¿quién es este chico? – Interrogó Bunny a su hijo. Sin embargo, aquella pregunta tomó a Johnny por sorpresa. Pensándolo bien ¿Qué debería responderle a su madre? ¿Qué Jackie era un extraño que había conocido el pozo de Ciudad Aron y le había arrastrado para ayudarle a conseguir unas lindas mamacitas y que pretendía fingir ser su amigo para usarlo? Johnny enarcó una ceja mientras se rascaba la cabeza pensando en que cómo debería introducir a Jack, pero fue el mismo chico oriental el que le respondió a su madre.

- Soy un amigo de su hijo, señora. Es un gusto conocerle. – Expresó con su voz calma y varonil Jack, llevándose las manos bajo las mangas de su kimono de seda blanca para inclinarse haciendo un honorable gesto de saludo.

Bunny al escuchar de palabras del atractivo muchacho pelinegro que era amigo de Johnny, y al verlo comportarse tan educado, no pudo evitar alegrarse enormemente al saber que su Johnny había traído a un amigo a casa. Cualquier amigo de su lindo tesorito sería bien recibido.

- ¡Oh querido el gusto es mío! ¡Qué muchacho tan encantador has traído Johnny! – Exclamó Bunny, feliz de que Johnny tuviera un nuevo amigo.

Johnny por su parte, sentía una extraña sensación molesta en su pecho, como si estuviera engañando al pelinegro ¿realmente el muchacho era su "amigo?" El rubio no podía asegurarlo pues apenas había conocido al extraño chico hacía unos cuantos minutos. De cierto modo sentía que lo que hacía no era correcto y le causaba una extraña sensación de intranquilidad en su pecho.

Miró al chico inclinarse saludando a su madre, y observó su rostro sereno y tranquilo, Jackie lucía relajado y el simple hecho de verle de alguna forma le hacía sentir a Johnny una paz y sensación de tranquilidad inexplicable como la sensación de satisfacción que sentía después de comer una deliciosa comida. Ante este último pensamiento, su estómago una vez más le recordó la necesidad de alimento.

- ¿Mamá dónde está mi rollo? ¡Tengo hambre! – Gritó Johnny hambriento por querer comer su almuerzo y olvidando sus confusos pensamientos previos.

- Oh jaja ¡qué descuidada soy! – Respondió la señora Bravo, mirando a Jack para decirle:

- Jack cariño siéntete como en tu casa. – Expresó cordialmente Bunny invitando a aquel chico amigo de su hijo. Jack se encontraba agradecido y apreciaba enormemente la hospitalidad de la madre de Johnny al poderle ofrecer estadía y confort en su humilde hogar.

- Es muy gentil de su parte señora Bravo, aceptaré su ofrecimiento. – Expresó seria y agradecidamente el samurái.

- ¡Oh querido llámame sólo Bunny! - Rió la mujer, pensando que Jack era un encantador chico muy especial.

- Así lo haré entonces Bunny. – Asintió Jack, y la señora Bravo se sintió complacida de que Johnny hubiera traído a un chico tan educado, ignoraba las circunstancias en las que el adorable chico había conocido a su bebé, pero el muchachito era simplemente encantador. Eso pensaba Bunny, cuando fuertes rugidos del estómago de su hijo y Jack captaron su atención.

- Toma asiento cariño, te serviré a ti y a Johnny mi exquisito rollo ahumado, te encantará - Le dijo Bunny mientras se dirigía a buscar la bandeja con el almuerzo.

Johnny por parte, se encontraba feliz, por fin podría comer su plato favorito. El simple pensamiento le alegró, después de todo conquistar chicas era mucho más fácil con el estómago lleno.

Johnny, Jack y Bunny, se sentaron a la mesa, Jack se limitaba a comer en silencio, mientras Bunny observaba complacida como su hijo disfrutaba de su comida, mientras éste devoraba todo rápidamente tragando y evidenciando su hambre.

- ¿Cómo está la comida cariño? – Le preguntó Bunny.

- Mhg eshta delishiosa ma…má – Respondió Johnny hablando con la boca llena como era su costumbre.

- Johnny cariño, no hables con la boca llena – Le reprochó la señora Bravo, tomando una servilleta para limpiar el rostro de su hijo.

Jack observó aquella escena divertido, al ver el amor que la señora Bravo le tenía a su hijo, y lo encantador que se veía el rubio siendo tratado como un niño, pero al mismo tiempo sintió un poco de nostalgia al recordar a su madre, pues a su mente vinieron diferentes imágenes desde que él era niño y ésta le cargaba en sus brazos o le enseñaba a hacer sombreros de paja. También recordó cuando la vio esclavizada y demacrada trabajando forzosamente en la mina de Aku.

Jack cerró los ojos por largos minutos, intentando deshacerse de aquel triste recuerdo, para recordar la última vez que la vio cuando apareció la esencia maligna de Aku, y sintió la calidez de sus brazos abrazándole protectora y dulcemente como sólo podía hacerlo una madre, y entonces sonrió para volver a la realidad y escuchar las palabras de Johnny al alabar las habilidades culinarias de su madre.

- ¡La comida de mi mamá es la mejor! – Se alegró Johnny, amaba a su madre y amaba mucho más lo bien que ésta cocinaba. – Fue en ese momento cuando la señora Bravo, se percató de la hora que era y recordó el importante asunto que tenía que atender obligándole a dejar solo a su bebé.

- Johnny cariño… - Aprovechó la señora Bravo para hablar con su hijo y prosiguió:

- Tú sabes lo mucho que mamá adora jugar lotería, bueno hay un gran torneo en una tierra lejana llamada Las Vegas y mamá va a tener que dejarte sólo un par de días. – Expresó la señora Bravo, amaba a su Johnny con todo su amor propio de una madre, pero también amaba la lotería y no quería perder el gran torneo que se desarrollaría en unos días. Normalmente no dejaría jamás solo a su pequeño bebé, pero el ver a ese respetuoso, confiable y capaz chico Jack sintió que podía dejar a su tesoro al cuidado de éste.

- Pero mamá no sé nada de cocina ¿Qué voy a comer? ¿Cómo voy a vivir? – Expresó Johnny preocupado y comenzando a entrar en pánico al escuchar las palabras de su má, pero Bunny disipó sus dudas de inmediato.

- Oh no te preocupes por eso cariño, puedes tomar dinero de nuestro jarra de dinero para comprar lo que necesites, y Jack te hará compañía. ¿Verdad que sí querido? – Le preguntó Bunny a Jack mirándole con lo que Jack pudo apreciar en sus ojos como una mirada de ruego.

El joven samurái no entendía que eran esas "Vegas" que tenía que visitar la señora Bravo con tanta urgencia al punto de dejar solo a su hijo por algunos días. Sin embargo, sería un honor para él agradecer aquella deliciosa comida y la hospitalidad de la madre de Johnny cuidando debidamente de su hijo, mientras ella viajaba a aquella tierra lejana.

- Será un placer para mí cuidar de su hijo, Bunny. – Expresó seriamente Jack, dejando en claro con su tono de voz firme, el compromiso que depositaba en sus palabras.

- Oh Jack ¡eres un encanto! – Le abrazó la señora Bravo, feliz de saber que dejaría a su bebé con ese chico tan cortes y apto. Desde ya sentía que Jack era como un ángel, con esos hermosos ojos negros profundos y esas impecables ropas blancas, aunque la espada que llevaba le intimidaba un poco, pero un chico tan guapo y adorable como ese sólo podía ser bueno.

- Johnny bebé ya debo irme, mi vuelo saldrá en una hora. Trata bien a nuestro invitado, te veré en unos días cariño. – Fue lo último que dijo la señora Bravo, antes de despedirse dándole un maternal beso en la mejilla a su hijo y un fuerte abrazo de agradecimiento a Jack, y entonces se retiró para dirigirse a su ansiado juego de lotería…

Cuando mamá Bravo dejo la casa, Johnny se quedó observando por un largo tiempo la puerta, con una mirada de nostalgia. Aquella mirada intensa no pasó desapercibida para Jack al notar la melancolía de su amigo al extrañar a su madre, pues como había observado ambos eran muy cercanos, por ello quiso distraer al rubio.

- Tu hogar es maravilloso Johnny. – Le mencionó Jack dándole una cálida sonrisa, y haciendo justo como quería que Johnny le mirara para así distraerle de sus nostálgicos pensamientos.

- Supongo que sí. – Fue lo que le respondió Johnny desganado, pero sin evitar mirarle con curiosidad, tenía que admitir que Jackie era un chico bastante peculiar.

El tono desganado de Johnny no pasó inadvertido para Jack, quien evidentemente se encontraba preocupado. Por lo que había apreciado, su amigo solía ser bastante carismático y alegre, por lo mismo el verle así le causo un sentimiento de malestar, pues Johnny lucía mucho más atractivo cuando sonreía y el verle así era inusual, por eso intentaba hacer conversación para distraerle, pensando en qué podía hacer para animar a su amigo, observó detalladamente la habitación en la que se encontraba y fue cuando un aparato cuadrado llamó su atención. Levantándose de la mesa, se dirigió a aquel aparato inspeccionándolo, intentado descifrar qué era, cuando se dio cuenta de que no estaba ni remotamente cerca de averiguarlo, interrogó curioso al rubio con la esperanza de que su pregunta y curiosidad pudieran distraer al musculoso rubio.

- ¿Qué es este singular aparato? – Inquirió tocándolo por todos lados.

Johnny, quien hasta ese momento se encontraba cabizbajo pensando en los días en que no vería a su madre, siguió con la vista cada uno de los movimientos de Jack y cuando se acercó a la televisión y le preguntó qué era no pudo más que mirarle con extrañeza. Sí, definitivamente Jack era un chico extraño.

- ¿Te refieres a esto? – Preguntó el rubio para asegurarse de que efectivamente el pelinegro le preguntaba acerca de la tele, cuando observó a Jack asentir positivamente, tomó el control remoto y encendió el aparto.

- ¡WHOO HAAAA KYA! – Se escucharon sonidos de movimientos de artes marciales provenientes de la tele.

Jack se sorprendió al ver a personas atrapadas en aquel extraño aparato cuadrado. No obstante, cuando Johnny se percató del programa que estaban pasando por la televisión, se alegró de inmediato y comenzó a imitar los mismos movimientos de nada más ni nada menos que su estrella de cine favorita: Squint Ringo, y por supuesto a quien declaraba su héroe e ídolo.

- ¡Oh sí! ¡Cielos! – Expresó entusiasmado Johnny con una enorme sonrisa en su rostro ¡oh sí! No todos los días tenía la oportunidad de encender la televisión para ver en ella a su ídolo protagonizando una de sus películas favoritas, y aquella alegría y cambio de humor fueron notorios para Jack, quien al ver a Johnny volver a ser el mismo, sonrió.

- ¡Esto Jackie es la televisión! ¡El mejor invento creado por el hombre y la gente pequeñita que vive dentro de ella! – Johnny Bravo estaba feliz, oh, sí, si había algo que le gustaba tanto como el rollo ahumado, eran las películas de acción y karate protagonizadas por su estrella favorita. Por eso, debido a su alegría, tomo de la mano a Jack sin percatarse de este gesto, y lo arrastró junto a él para sentarse en el sofá y ver aquella película, no sin antes explicarle al pelinegro que aquel aparato transmitía señales desde una estación de televisión en Hollywood.

Jack agradeció la respuesta del rubio al aclarar sus dudas respecto a los extraños aparatos que formaban parte de ese mundo. Sintió la mano cálida de Johnny una vez más en aquel día tomar la suya firme, pero con delicadeza, mientras el rubio le conducía al cómodo sofá de aquella habitación contándole lo mucho que admiraba a ese habilidoso karateca llamado Ringo, y así ambos se sentaron a disfrutar lo que Johnny llamaba "película".

El tiempo transcurrió, lento, pero de manera grata para ambos a lo largo de la película. Johnny estaba fascinado imitando todos los movimientos de karate de su ídolo y explicando a Jackie todos los detalles de la trama, la historia y los personajes de la película. Sin embargo, de vez en cuando se detenía para explicarle al pelinegro qué era y para qué servía todo lo que éste desconocía. Desde aquellos "carruajes" (como les llamaba Jack) de cuatro ruedas conocidos como automóviles hasta los extraños aparatos de dos ruedas conocidos como "motocicletas".

Johnny le explicaba pacientemente a Jack qué era cada mínimo y extraño aparato que el pelinegro desconociera, sin perder su humor característico y con una paciencia que Jack complacido agradecía, y el grandioso y guapo Johnny Bravo podía notar la gratitud de aquel chico.

Johnny tenía que admitirlo, el pelinegro le agradaba, no recordaba jamás haberse divertido tanto viendo una de sus películas favoritas en compañía de alguien. Sin embargo, Jack se reía divertido con las cosas que le contaba e incluso le hacía preguntas dándole toda su atención, y Johnny Bravo amaba ser el centro de atención.

Jack por su parte se sentía tranquilo y contento, aquella "película" le estaba enseñando mucho más de aquel extraño mundo de lo que hubiera imaginado, y las explicaciones detalladas de Johnny le estaban siendo de gran ayuda. No recordaba jamás haberse sentido de aquella forma, tan tranquilo y en paz con el mundo y consigo mismo.

Desde que el samurái podía recordar, lo único que había sentido hasta ese entonces era preocupación y tensión constante ante la enorme responsabilidad que tenía al cargar sobre sus hombros la responsabilidad de librar al mundo de la maldad de Aku.

Sin embargo, ahora que reinaba la paz en su mundo y también en aquel nuevo mundo, por primera vez, podría de disfrutar de la más mínima acción sin temer que de la nada algún robot o asesino quisiera cobrar su vida. Incluso la comida que había disfrutado con Johnny le había sabido maravillosa. No obstante, lo que más apreciaba era la enorme amabilidad de su amigo. Se sentía afortunado de haber cruzado su camino con el rubio, no sólo le había guiado amablemente a través de los lugares de aquella ciudad, indicándole que eran e impidiéndole que se perdiera, sino que también de manera generosa le había acogido en su maravilloso hogar, e incluso ahora pacientemente le respondía y explicaba con detalles todo lo quería saber dada su curiosidad en búsqueda de información por saber más de ese singular mundo.

- ¡Oye viejo viste eso! – Soltó de pronto el rubio, interrumpiendo de inmediato los pensamientos del muchacho pelinegro. Jack asintió sonriendo relajado, afirmando a Johnny que efectivamente había visto ese sorprendente movimiento de artes marciales ejecutado por Ringo, sin decirle que él también era capaz de hacerlo.

- Por supuesto que sí Johnny. – Afirmó Jack sonriendo.

Johnny dirigió su vista para mirar a Jack y le observó sonriendo y con una mirada de agrado en sus ojos. Por algunos segundos ambos se miraron fijamente, y en aquel intercambio extenso de miradas, Johnny pudo apreciar los profundos y oscuros ojos negros de Jack.

Los ojos de Jack parecían expresarlo todo en su mirada, gratitud, serenidad, alegría. En aquel instante, Johnny sintió como si de pronto el mundo se detuviera a su alrededor y sólo estuvieran en el mundo él y el pelinegro. Los ojos de Jack eran exóticos, hechizantes e hipnóticos y por un momento deseó contemplarlos por siempre, en ese momento lo olvidó todo. Olvidó a las sexys mamacitas lindas que tanto le gustaban, olvidó al maravilloso Squint Ringo, olvidó la película que veía y sólo se concentró en las hermosas facciones orientales del atractivo chico que tenía frente a sus ojos y por supuesto en aquellos expresivos ojos que parecían abstraerlo segundo a segundo.

Jack era un chico guapo, reconoció, y en ese momento al albergar ese pensamiento, sintió como podía escuchar los propios latidos de su corazón incrementar el ritmo, "pum pum" palpitaba rápidamente su corazón. Sentía de la nada unos deseos enormes de abrazar a ese chico, no entendía exactamente qué le estaba pasando a su cuerpo o qué era lo que estaba sintiendo, tampoco entendía porque en su mente procesaba todo aquello, lo único que sabía era que se sentía correcto...

- Y DESPUÉS DE NUESTRA GRAN PROGRAMACIÓN, UNAS PAUSAS COMERCIALES DE NUESTRO NUEVO PROGRAMA DE ESPECTÁCULOS: CHICAS SEXYS EN BIKINI – Se escuchó provenir de la televisión, pues la maravillosa película de Ringo había acabado y ahora estaban dando comerciales.

- SI LE GUSTAN LAS CHICAS LINDAS NO SE PIERDA MAÑANA: CHICAS SEXYS EN BIKINI por CARTOON TV – Repitió la presentadora del bloque televisivo de aquella hora.

- ¿Chicas sexy en bikini? – Procesó súbitamente Johnny, saliendo completamente del trance en el que hasta hacía unos segundos se había encontrado absorto al contemplar al pelinegro y posando nuevamente sus ojos en la televisión.

- ¡Oh sí, muñeca, me encantan las chicas en bikini! – Exclamó disfrutando las escenas de aquel comercial de T.V.

Jack hasta entonces había estado contemplando al rubio, cuando éste dirigió su mirada hacia él. Sin embargo, lamentablemente las gafas oscuras de Johnny le impedían ver sus ojos, por eso lo único que podía contemplar era el deslumbrante cabello dorado de Johnny que no dejaba de sorprenderle, pues en sus viajes jamás había visto a nadie con esa tonalidad de cabello tan fascinante. Con todo y eso, tampoco pudo evitar apreciar el trabajado cuerpo de Johnny, ciertamente como ya lo había aceptado Johnny no sólo era un chico guapo como constantemente se proclamaba, sino que también era carismático. Jack no solía ser confiado con desconocidos, pero conforme compartía más con su nuevo amigo, reafirmaba sus pensamientos de que Johnny Bravo era todo un hombre, pero sobre todo digno de confianza y respetable y lo que era más importante: le agradaba.

- Uuuaaaahhh – Bostezó después de unos cuantos minutos Johnny, y acto seguido Jack también le imitó con un bostezo parecido.

- Parece que el acontecer de hoy nos ha agotado. – Expresó serenamente Jack, un tanto somnoliento, pero aún con su suave y masculino tono de voz.

- ¡Tienes razón viejo! Es hora de que el guapo Johnny Bravo vaya a la cama ¡UH! ¡HA! – Exclamó Johnny realizando sus movimientos usuales rápidamente, y agregó:

- Y tú vienes conmigo – Y sin darle tiempo de reaccionar a Jack, Johnny le jaló nuevamente de la mano como tantas veces lo había hecho desde que le había conocido, y así le condujo a la habitación de su madre, en donde dormiría, ya que por supuesto él Johnny Bravo dormiría en su propio dormitorio.

- ¡ZAS! – Se escuchó de pronto un fuerte golpe cuando Johnny abrió la puerta de la habitación de su madre, golpeándola en el proceso.

- ¡Oh cielos, creo que nunca había notado el decorado floral de la habitación de mi mami! - Mencionó sorprendido Johnny al notar aquella peculiar decoración.

- Ciertamente es muy primaveral – Comentó Jack al notar aquella habitación, pues de cierto modo la decoración le agradaba, pues con tantos diseños de flores le hacía recordar los hermosos bosques en los que tantas veces había descansando de sus batallas con Aku.

- Bueno viejo, puedes dormir en la habitación de mi mami, el gran Johnny Bravo dormirá en su propio cuarto. – Le expresó el rubio a su pelinegro acompañante.

- Agradezco nuevamente tu generosidad Johnny – Le agradeció sinceramente Jack con una sonrisa cálida. Jack se sentía sorprendido de sí mismo, pues desde que había llegado a ese curioso mundo y había conocido a su rubio amigo, parecía sonreír más a menudo algo que jamás hacía.

Johnny al observar la sonrisa sincera de Jack y su expresión de gratitud no pudo más que dedicarle también una de sus sonrisas.

- Lo que sea viejo. – Y sin más que decirle, se retiró dejando a Jack solo en la habitación de su madre, pero aún recordando aquella mirada de gratitud de Jack y su sonrisa. Ciertamente le gustaba ver al chico samurái sonreír, pues parecía que cuando Jack sonreía se volvía mucho más atractivo de lo que ya era, pensó en ese momento Johnny sin percatarse o imaginar siquiera aquel cumplido que le había hecho al pelinegro en sus inocentes y curiosos pensamientos…


La noche reinaba tranquilamente en Ciudad Aron y las estrellas brillaban iluminando de manera intensa el oscuro cielo nocturno que se alzaba en lo alto.

Jack descansaba plácidamente durmiendo en la habitación de la señora Bravo, y en su rostro podía verse con los tenues rayos de la luna que se filtraban por la ventana, una expresión de paz, que le hacía lucir tan encantador como si se tratara de un bello durmiente. Parecía que aquella sería una noche tranquila. Sin embargo…

- ¡AHHHHHHHHGHHHHHHHH PAAAAAYASOOOOOOOOOOOO! - Súbitamente de la nada, en el silencio de le residencia Bravo, se escuchó un fuerte y espeluznante gritó provenir de la voz de Johnny.

Aquel gritó fue lo suficientemente fuerte para hacer que Jack, quien hasta entonces dormía cómodamente, abriera los ojos de golpe, y antes de que pudiera reaccionar, sintió la puerta de la habitación de la madre de Johnny abrirse súbitamente de golpe y observó una enorme silueta, como podía apreciar gracias a los tenues rayos de la luz de luna, que se filtraban en la habitación.

Rápidamente estiró su mano, para alcanzar su preciada espada que hasta ese entonces yacía con él junto a su lado y cuando se dispuso a atacar a lo que fuera que había perturbado su sueño y espantado a su rubio amigo, se percató de que éste se encontraba a su lado.

- ¡MAMÁ, MAMÁ NOS INVADEN! – Gritó atemorizado Johnny, temblando como si de un niño se tratara aferrándose a una manta que sostenía en sus brazos.

- ¿Johnny? – Susurró tranquilamente Jack, aunque preocupado intentando descifrar qué era lo que sucedía a su amigo sin soltar ni por un segundo el fuerte agarre con el que sostenía su preciada espada.

Johnny se encontraba atemorizado, recordaba estar en una cita con una sexy y elegante mamacita rubia que vestía un seductor traje rojo y le pedía besarle como nunca nadie antes le había besado, cuando de pronto un grupo de ¡PAAAYAAASOOOOS! Habían aparecido de la nada rodeándole y lanzándole pies de limón, mojándole con pistolas y globos de agua, bailando alocadamente con su típicas ropas a su alrededor, haciéndole burlas y poniéndole horribles caras. Humillándole de una manera vergonzosa mientras él lloraba en un rincón despavorido.

Johnny era un hombre de pocos temores salvo la posible excepción de los payasos. Por eso, como solía hacerlo cuando tenía una horrible pesadilla corría en medio de la noche a la habitación de su madre y ésta le permitía dormir en el chifonier con la luz encendida para alejar esas espeluznantes pesadillas, y esta vez no había sido diferente, salvo con el considerable detalle de que había olvidado completamente que su madre había viajado.

- ¿Johnny? – Llamó una vez más Jack a su amigo quien temblaba visiblemente despavorido, al observar esto, el pelinegro colocó su mano derecha en el hombro derecho de Johnny dándole suaves palmaditas para llamar la atención de éste.

Johnny, quien hasta ese entonces estaba aterrorizado y seguía aferrándose inútilmente a su cobija como si ésta pudiera darle protección, escuchó la voz de su amigo pelinegro hablarle y gracias a las suaves palmaditas que Jack le daba en su hombro, lentamente comenzó a entrar en razón, dándose cuenta de que había tenido una horrible pesadilla con sus más grandes temores: PAYASOS.

- ¡Oh diablos! ¡Jack! ¿Qué haces ahí? ¡¿Dónde está mamá?! – Interrogó alarmado y aún confundido Johnny, mientras seguía abrazando su mantita.

- ¿Acaso no lo recuerdas Johnny? Tu madre dijo que viajaría a una tierra lejana. ¿Sucede algo amigo? Luces un poco atemorizado. – Explicó y preguntó Jack preocupado, sin ignorar el significativo hecho de que el rubio le había llamado correctamente por su nombre, en vez de llamarme "Jackie" como solía hacerlo desde que le había conocido. Escuchar su nombre ser pronunciado correctamente por Johnny, le hizo sentir un extraño cosquilleo en el estómago. Sin embargo, no quiso profundizar más en aquel difuso sentimiento al estar preocupado por el rubio.

- Oh no es nada es sólo que bueno ehhh verás, tuve extraños sueños sobre y entonces… - Intentó excusarse nervioso y avergonzado Johnny. De cierto modo en aquel instante se sentía un poco patético y ese no era uno de sus sentimientos favoritos para alguien como él, para Johnny Bravo. No obstante, su sueño había sido demasiado nítido y real como para haberlo pasado por alto.

Jack por su parte, comprendió de inmediato que Johnny tenía miedo tras haber tenido, la que suponía, debió haber sido una horrible pesadilla. El joven samurái recordaba perfectamente aquella sensación de pavor cuando aún era un niño y su madre le acurrucaba en sus brazos y le contaba cuentos para olvidar sus tormentas pesadillas, pero incluso aún después de iniciar su viaje para volverse un guerrero samurái disciplinado en todas las artes marciales que pudieron enseñarle, continuaba teniendo aquellas pesadillas con la única diferencia de que el causante de ellas era ese maligno demonio de Aku y no había nadie que pudiera calmarme, por ello comprendía perfectamente cómo se sentía Johnny y quería hacer algo por el rubio. Por lo mismo, sin querer incomodarle le invitó humildemente a dormir junto a su lado.

- Me temo que no has sido el único en tener un mal sueño, amigo Johnny. Yo también me encuentro atemorizado por uno – Mintió como pudo Jack, con una voz serena y calma, expresando en ella toda su empatía, no quería hacer sentir mal a su amigo, por lo mismo pensó que la mejor manera de hacerle sentir bien y tranquilizarse era decirle que él también había tenido un mal sueño, y que por lo mismo se encontraba atemorizado.

- Me temo que jamás había visitado un mundo tan extraño como este. Me honraría profundamente el que me hicieras compañía esta noche durmiendo a mi lado - Expresó Jack demostrando en sus ojos toda la preocupación que sentía por el rubio y aferrándose a su espada imitando el gesto de Johnny quien se cobijaba en su manta para enfatizar el miedo que sentía, aunque éste último fuera fingido.

- ¡Oh ya entiendo! – Expresó sorpresivamente el rubio, intentando recuperar su compostura. ¿Quieres que el guapo Johnny Bravo te haga compañía esta noche para espantar tus pesadillas? ¡UH! ¡HA! ¡JUM! – Expresó Johnny con sus movimientos marciales para intentar recuperar su compostura, y luego de hacer un gesto como si estuviera pensando por largo tiempo, aclaró:

- Pues sí, ¿por qué no? – Y sintiéndose un poco más compuesto, se recostó en aquella cama bajo las frazadas junto a Jack. Sin embargo, a pesar de esto aún se sentía un tanto intranquilo en aquella completa y aterradora oscuridad de la habitación de su madre.

Jack, quien para ese entonces había decidido mover su espada y depositarla en el suelo aunque a su alcance para no incomodar a Johnny, pudo sentir ante la proximidad de sus cuerpos el temor que aún parecía apoderarse de Johnny. Por ello, pensando en cómo distraerle, quiso contarle una historia…

- Cuando era un niño, mi madre solía contarme historias ¿quieres escuchar una, Johnny? – Le expresó casualmente Jack, recostándose de costado para apreciar mejor al musculoso rubio.

Ambos muchachos se encontraban recostados a escasos centímetros uno al lado del otro, Jack tan sólo dormía con su característico fundoshi blanco, mientras que Johnny dormía con sus característica pijama con estampado de tigre. Sin embargo, aun así ambos, silenciosamente, podían sentir la calidez emanar del cuerpo del otro.

Johnny quien observaba atentamente al pelinegro o al menos lo que podía ver de su rostro a través de sus típicas gafas oscuras con aquellos débiles rayos de luna que iluminaban la habitación de su madre, observó cómo Jack se recostaba de costado observándole con sus grandes y expresivos ojos oscuros. Sin embargo, lo que llamó la atención del rubio fue que Jackie quisiera contarle una historia. Johnny amaba las historias, sobre todo cuando su mami se las contaba para hacerle dormir por las noches tenebrosas como esas, por eso respondió positivamente.

- Está bien, tienes toda la atención de Johnny – Le dijo el rubio, normalmente él era siempre quien buscaba desesperadamente llamar la atención de cualquiera, pero en esta ocasión sentía que deseaba escuchar al pelinegro, quizás la historia de Jack pudiera calmar sus nervios y hacerle dormir como solían hacerlo siempre las historias que le contaba su mamá.

- Yo… provengo de un mundo más allá de las estrellas… - Comenzó a narrar su propia historia Jack, con una voz llena de firmeza al desear contarle a Johnny su propia historia de su vida desde sus orígenes.

- Entonces ¿no eres de por aquí? – Cuestionó Johnny alzando una ceja en confusión, Jack asintió suavemente con la cabeza y entonces agradeciendo la atención que le daba Johnny, procedió…

- Soy… el hijo perdido de un pueblo devastado… pasé toda la vida preparándome para luchar contra un maligno ser llamado Aku…

Hasta ese entonces, el joven samurái, jamás le había contado a nadie de manera tan detallada su propia historia de vida y cómo había comenzado su extensa lucha desde que tan sólo era un niño. Sin embargo, sentía que debía contarle a Johnny cada aspecto de lo que había vivido, por lo mismo, con una voz suave, pero claramente cargada de un tono decisivo, le relató a Johnny todo aquello que había experimentado con cada detalle hasta el punto de llegar a ese mundo.

Durante un largo tiempo narró cada etapa de su vida, desde el abandono de su hogar, pasando por el intenso entrenamiento que tuvo sin dejar de lado ningún detalle, y cuando finalmente, iba a concluir con la batalla contra el mismísimo Aku, guardó silencio por un segundo y se percató de la tranquilidad de la noche, una tranquilidad que era interrumpida por unos fuertes ronquidos provenir de nada más ni nada menos que de Johnny.

Jack esbozó una sonrisa, en algún momento de su relato, Johnny había caído rendido por el cansancio y el sueño como un niño. Sin poder contenerse el joven samurái observó detalladamente a su amigo, podía sentir la rítmica respiración de Johnny e incluso con sus fuertes ronquidos podía percibir su aliento aun oliendo a rosas. Jack ensanchó su sonrisa, y recordó aquella ocasión cuando el rubio estuvo a punto de darle un beso. Al recordar ese suceso sus mejillas se tiñeron inmediatamente de un dulce color rosa.

Jack sentía sus mejillas arder ante el pensamiento, pero por alguna razón desconcertante aquella sensación de calidez no le molestaba, al contrario, le hacía sentir algo demasiado maravilloso e inexplicable. Por largos segundos, Jack continuó contemplando atentamente a Johnny, aún con los débiles rayos de la luna; sin embargo, lamentó el hecho de no poder observar cómo serían sus ojos, pues desafortunadamente Johnny, incluso en sus sueños portaba sus característicos lentes oscuros.

- Mmm mamacitas. – Balbuceó dormido Johnny, ante la sorpresa de Jack, quien continuaba pendiente disfrutando de contemplar por largos segundos al rubio. Sin embargo, rápidamente se preocupó al notar como Johnny comenzaba a patalear en sus sueños y a mascullar palabras entrecortadas.

- Mn no pa… yasos… ale jen se de mí – Se inquietaba Johnny mientras dormía comenzando a moverse bruscamente agitándose en la cama.

Jack quiso calmarle llamándole suavemente por su nombre mediante susurros y dándole suaves palmaditas en sus hombros. Sin embargo, todo esfuerzo empleado por calmarle fue en vano. Rápidamente intentó pensar en algo efectivo para calmar a su inquieto y perturbado amigo, pero lo único que recordó frente a aquella situación fue la voz de su madre cantándole dulces melodías y canciones de cuna cuyas letras en ese momento le parecían indescifrables.

Jack se encontraba un tanto angustiado, le preocupaba la forma en que Johnny se agitaba y se revolvía entre las sabanas visiblemente afectado por sea lo que sea que estuviera aquejando sus sueños. Tenía que hacer algo, y hacerlo rápido, ¿pero qué? Se preguntaba el samurái intranquilo, y entonces en ese momento, hizo lo único que se le vino a la mente, lo único en lo que pudo pensar al instante y un tanto avergonzado, comenzó a cantar con su característica voz masculina, pero con un tono suave, una canción que había oído a los chicos del futuro gobernando por Aku, cantarle y cuya letra era lo único en lo que podía pensar en aquel momento dada su enorme simplicidad…

"Gotta get back

Back to the past

Samurai Jack

Gotta get back

Back to the past

Samurai Jack"

Jack se sentía avergonzado y un poco tonto al repetir su nombre para referirse a sí mismo en aquella pegajosa y simple canción que había oído a algunos chicos jóvenes cantarle en el futuro, alentándole a volver al pasado. Lo único que sabía era que hablaba sobre él y su regreso al pasado. Por ello, fue lo único en lo que pudo pensar con tal de hacer que los sueños de su amigo volvieran a otorgarle tranquilidad y para la alegría de Jack, pareció funcionar, pues el rubio había dejado de moverse y patalear inquietamente en la cama, para retomar su rítmica respiración y volver a emitir fuertes ronquidos.

Jack se sintió aliviado al contemplar que su amigo había recuperado la calma, y sin poder evitarlo sintió la enorme necesidad de acariciar su rubia caballera. Incapaz de controlar sus propios movimientos, estiró su mano hasta alcanzar los rubios cabellos de Johnny y le acarició la cabeza sorprendiéndose al notar que los cabellos de éste eran suaves, manejables y dóciles.

- ZZZZZZZzzzzzzzz – Roncó sonora e inconscientemente Johnny al sentir sin saberlo que alguien tocaba su sagrada y dorada cabellera.

Jack soltó una suave risa al notar esto, Johnny era muy curioso, jamás había conocido a alguien como el rubio, pues incluso los ronquidos de éste eran simpáticos y graciosos. Pensó Jack sintiendo un profundo agradecimiento por haber conocido a Johnny, quien desde que había llegado a ese mundo no había hecho más que ayudarle y enseñarle pacientemente todo, y fue en aquel momento, que Jack no pudo evitar preguntarse por qué su amigo rubio no era popular con las mujeres, dada su sinceridad y carisma, y simplemente llegó a la conclusión que quizás las chicas de ese mundo no estaban acostumbradas a chicos como Johnny: sinceros, directos y espontáneos, con todas las características que hacían que él le valoraba, incluso aún más de lo mucho que le apreciaba al punto de llegar a gustarle vivir en aquel mundo por el simple hecho de que en él se encontraba Johnny…

- Johnny Bravo… - Susurró suavemente Jack, disfrutando oír el nombre del rubio salir de sus propios labios, y sin darse cuenta cerró sus ojos inconscientemente, se acomodó en aquella cama y cayó también rendido por el sueño, contento de todo lo que había acontecido en ese mundo desde su arribo y envuelto deliciosamente en el exquisito aroma que emanaba únicamente de Johnny…

Notas de la Autora:

Cuando escribí este capítulo, tenía pegada la canción de Samurái Jack, así que fue lo único que se me ocurrió en el momento, aún así pienso que la intención de Jack es lo que cuenta. También quiero agradecer a invitada por haberme dejado su comentario.

Estoy muy feliz de saber que te gusta mi historia, aunque no será muy larga, creo que con 3 capítulos más ya llegaría al final, ya que el próximo será el que tenga más desarrollo de sentimientos. Lamentablemente, nunca he sido bueno con las tramas, pero quise contribuir con algo de estos dos lindos personajes y me hizo muy feliz saber que te gustó mi humilde historia.

Lamentablemente, Jack sufrirá un poquito en el próximo capítulo, pero Johnny estará ahí para apoyarlo.

¡Gracias de todo corazón por tu apoyo! :) y espero volver a actualizar en unos cuantos días.