3. El tiempo del florecimiento.
Tobi era un hombre bastante grande, al menos en la cama la diferencia se le antojó mayor. La mitad de su cara producía un roce extraño, casi áspero, contra la sensibilizada piel de su espalda. Y la idea de que ese hombre tuviera dos caras, de repente no se le antojó tan mala.
La única frustración era la oral, no sabía que necesitaría besarlo. Se sintió tonto cuando besó levemente su propio brazo. Pero a Tobi no se le pasó por alto.
—Deidara, ya habrá besos y-
—¡Muérete!
—Nop, porque tú no quieres eso ahora— maldita nueva voz sexy —. Pero te permitiré algo a cambio.
Tomando el antiguo protector de frente de Iwagakure, tapó los ojos de Deidara, se incorporó y obligó al chico a acercarse a su torso. Cuando puso la cara de Deidara contra su pecho, el rubiecito se volvió loco, entre sus brazos y bajo su mirada. Aceptando que sería a ciegas, el joven artista empezó a besar y lamer con torpeza su pecho y abdominales. Obito se puso muy duro al ver como esas manos, esas tres lenguas, labios y mejillas le deseaban, restregándose frenéticamente contra su pecho. El protector se aflojó, Obito lo reacomodó con rapidez, pero Deidara no hizo nada por intentar mirar, sólo se abrazó a esa ancha caja toráxica besando con un poco más de pericia y demasiada pasión e impaciencia. Tal como era su temperamento y su arte. Obito podía verse venir una noche de placer extremo con el joven y eso le nublaba la mente a él también. Sus titubeos interiores acabaron de esa manera, y bajó levemente una mano hasta las nalgas redondeadas del adolescente. Las apretó, Deidara reprimió un gemido. Siguieron con su juego.
Pero en un punto, la impaciencia de un hombre solitario que estaba por adentrarse en la treintena irrumpió en escena. Bajó brutalmente la cabeza de Deidara tomándola de su cabello hasta su miembro erecto. Entre la oscuridad, pudo entrever cómo este se sonrojaba hasta las orejas. Pero lo necesitaba valiente y no orgulloso si quería recibir una felación, así que lo alentó:
—Vamos, es toda tuya— la garganta se le había secado.
Deidara dudó un instante, luego de lo cual empezó a dar pequeños besitos y lamiditas contra su miembro, provocando movimientos involuntarios en Obito que hacían que su glande chocara contra la agraciada nariz respingada del otro. Sin que Deidara lo percibiera, se libró de sus guantes de cuero, se lamió un par de dedos y fue directo a masajear su entrada. Deidara se removió incómodo, Tobi había sido bruto y no se lo esperaba. Obito se sabía inexperto, pero también se sabía harto y tirando fuertemente del cabello rubio, le obligó a meterse todo su pene en la boca. Bueno, casi todo porque a Deidara no le entró de inmediato y se resistió poniendo las manos. Jamás Obito pensó que sería tan fácil, ya que instantáneamente las lenguas extras de Deidara se movieron contra la base de su tronco y sus testículos. Y mientras el mayor respiraba pesadamente, Deidara se reprimía a sí mismo por descubrir que en un punto, sus bocas tenían voluntad propia y ya no le obedecían más.
Obito intentó que Deidara se la tragara entera, pero era demasiado para su boca, o quizás, al menos para ser la primera vez. No importaba. Esta vez iría más despacio con ese traserito que tantas veces había soñado con desflorar. No sabía qué le ponía más. Que el culo de Deidara estuviese tan bueno, o saber que el chico estaba por perder la virginidad a sus manos. Bueno, él también era virgen, pero penetrar por detrás a Deidara, el de largo cabello lacio, le agregaba una mística especial que no sabía cómo desentrañar.
Inicialmente se la había atribuido a su aspecto andrógino, pero ahora que le miraba mejor mientras se acercaba lentamente a su ano y recibía su primera felación, no le parecía tan así. La cintura de Deidara no era la de una chica, era una cintura de varón, no muy musculoso, pero de varón en fin. No había gran diferencia entre el ancho de sus hombros y sus caderas, que incluso se le hicieron un poco gruesas. Bien, si eran para sostener ese divino trasero, no tenía ninguna objeción. Sabía que esa falta de diferencia y esos músculos jóvenes, pero no marcados del todo, se debían a la aversión secreta del artista al taijutsu. Le reportaba un doble beneficio: podía moverlo con facilidad, y le daba una sensualidad única, suave e insinuante a la vez. El dedo índice se adentró unos milímetros en su ano sin darle la preparación adecuada, teniendo Deidara que ahogar abruptamente un chillido.
Se reprendió un poco por dejarse llevar, si hubiese pensado, le habría preparado mejor. Pero bien, él no era el taxi boy del mundo ninja exactamente. Mojó más sus dedos y empezó a intercalar masajes circulares y leves presiones contra el botoncito rosado oscuro, más tratando de adivinar con su tacto.
Deidara no podía continuar con la felación, pero sus manos sí lo hicieron, puesto que había perdido todo control de sus otras lenguas. El toqueteo allí atrás era demasiado íntimo a pesar de tantos meses de calentura. Y, aun así, la otra mitad de su cerebro seguía asustada por el tamaño del miembro de Tobi. Nunca se había imaginado un miembro así, y eso le pasaba por inexperto. No quería que le viera el suyo, seguro Tobi le sacaba diez centímentros al menos. Él, que tan orgulloso se había sentido de su propio tamaño, se empezó a preguntar por qué no había explorado mejor en sexualidad. Aunque quizás lo más intimidante eran esas venas, el glande suave que le invitaba a chuparlo con adicción, lo caliente que estaba y el leve olor que desprendía. Joder, para resumir olor a macho, testosterona pura flotando en el aire, y en lo mucho que odiaba y le encantaba que le volviera a tirar el cabello para atender de nuevo esa genitalidad contenida levemente por dos manos con bocas mutantes.
Cuando Deidara aceptó que chupar ese pedazo de carne demasiado grande para él era delicioso, Obito pareció sentirlo. Aplicaba levemente su chakra para sentir los estímulos alrededor de su ano. Y en ese momento, decidió meter levemente el primer dedo. Deidara se congeló por un instante, endureciéndose y poniendo resistencia, pero Tobi empezó a acariciarle la espalda con la otra mano y a besársela con fogosidad. Su recto se relajó al acto, la felación se reanudó automáticamente, dos dedos fueron mojados de nuevo y se acercó un segundo a presionar contra su entrada.
Para cuando el segundo se adentró un centímetro mientras el índice ya se movía, entre suave y brusco, Deidara comprendió lo que su cerebro se negaba a pensar. Ese enorme miembro, que intentaba contener entre tres bocas, no le iba a entrar. Y sintió pánico. Pero la invasión del segundo dedo, que comenzó a hacer unas tijeretas con el índice en su ano, le hicieron escapar su primer gemido en voz medianamente alta. Obito sintió inflarse su pecho de orgullo, de repente todo se había ido. Un breve momento de iluminación donde no había nada, ni Rin, ni el plan, ni sus dudas sobre su sexualidad. Sólo un cuerpo que estaba por ser suyo, y por fin reconoció tener un deseo de persona normal, de querer poseer al otro.
La felación no era algo que fuera a resistir más, menos con esa visión desde arriba. La detuvo bruscamente, moviendo con cierto cuidado a Deidara para ponerlo de costado, ubicándose a su entrada, volviendo sus dedos a jugar, ya queriendo meter un tercero y un cuarto. Con el tercero no llegó el cuarto, sino que empezó a rozar su pene contra los testículos bastante lampiños de Deidara. Éste ya no se pudo contener y gimió sonoramente. La acción prosiguió por cortesía de las caderas de ambos, que se movían rápido, a la par que Obito sacaba los tres dedos, hacía una especie de sello que luego bautizaría como "la grulla" y los volvía a meter torcidos y enredados, esta vez acercándose más a su próstata. Deidara se sacudió y refregó desesperadamente contra el futón. A Obito se le fue la vida por besar y lamer ese cuello bonito.
Y cuando lo hizo, él también terminó de perder la cordura, ahogando un bufido excitado contra esa piel tan suave. Deidara se debatía entre perder su orgullo por tonto, o ser inteligente y admitir en voz alta que ese miembro no iba a entrarle, que tenía miedo a que le hiciera daño. No es como si los dedos de Tobi no le dolieran, pero que le dieran placer al mismo tiempo era algo que su cerebro no podía procesar tan fácilmente. Y de repente, llegó el momento.
—¿Listo?
Esa voz profunda y distinta, el aliento caliente chocando contra su oreja, una mano rozando su frente y librándolo de la bandana. Sus ojos se abrieron, vio la pared, volvió a cerrarlos. Ya no le importaba no mirar en ese instante la cara de Tobi. Le importaba que, junto a la pregunta educada, venía una exigencia marcada por el abandono de los dedos, que ahora presionaban leve pero firmemente un glande caliente contra su entrada. Para ser precisos, un glande que su trasero también juzgó grande. No estaba loco después de todo, quizás su cuerpo no estaba hecho para alguien del tamaño de Tobi. Demonios, tanto tiempo calentándose para ponerse inseguro a último minuto.
Pero una mano, un tanto áspera de Tobi, le acariciaba febrilmente los omóplatos. Contuvo el aire y lo largó sonoramente, encontrando una solución intermedia que no le satisfacía de todo, pero la supervivencia era la supervivencia:
—Si me lastimas te haré volar al instante, hm.
Obito se tragó la risa para sus adentros, y le buscó una de sus manos, que colocó contra el ano de Deidara.
—Lámetelo—ordenó.
—Púdrete.
—Está bien.
Obito bajó hasta ese ano lampiño y comenzó a besarlo y chuparlo. Deidara se sorprendió, pero lo que menos se esperó fue la siguiente jugada sucia. Pues para tentar a su mano desobediente, Tobi también empezó a besar la lengua extra, y esta vez estuvo seguro, una parte de sus labios tenían un surco importante. Curioso por el descubrimiento, no pudo detener a su boca extra a corresponderle al beso. Tobi besaba a su mano y a su ano abriendo lo más posible la boca, ensalivando endiabladamente, y su maldita mano besaba a Tobi. Ya había perdido. No, supo que perdió cuando Tobi se retiró levemente y logró que su lengua secundaria lamiera su propia entrada. Deidara se sintió estafado, pero Tobi no soltaba su muñeca, obligándole a darle un segundo lametón. Ok, quizás repetiría eso en el futuro. Tendría que ser menos estricto con el uso exclusivo de su kinjutsu para su arte explosivo. Cuando Tobi lo soltó, las aprehensiones sobre tamaños de empaque ya le importaban un rábano. El pene se acercó, como si besara lentamente la boca que era su ano, el glande se lubricó más entre la saliva y el líquido preseminal que comenzaba a salir.
Y mientras Obito comenzaba a penetrarlo, despacio, fue sorprendido por lo fuerte que una mano libre agarró su propia virilidad. Deidara se avergonzó inmediatamente, juzgando que su miembro era pequeño, pero no sabiendo que necesitaba de atención. Tobi lo estaba masturbando fuertemente al tiempo que lo penetraba lo más despacio que sus alocadas hormonas le permitían.
El nuevo olor a sexo, desconocido para ambos ya que sólo conocían sus propios olores, llenaba la habitación y sus pulmones. De alguna manera la posición de cucharita elegida por Tobi no se le hizo para nada incómoda a Deidara, aunque del tamaño de esa cosa mejor no hablar. Al parecer, aunque fuese mínimo, del dolor no podría escapar.
Obito estaba contento con su reciente descubrimiento, poder amasar el pene de Deidara con su mano libre. Sintió un inmenso sentimiento de ternura hacia él, no sabía por qué. Él no medía tamaños ni competía por ello. Era demasiado inseguro como para caer en otra inseguridad más. Que Deidara se dejara hacer, era más que suficiente para él. En su interior, estaba realmente feliz de sentir que por fin había domado al adolescente caprichoso de su torcida organización. Vaya peón interesante que se había encontrado, un niño que le estaba haciendo perder la cabeza.
Vaya discípulo interesante que se había encontrado. Cabeza hueca, pero musculoso. Deidara entendió un poco más sobre esa frase dicha por varones envidiosos. Y no le molestó. Con una confianza creciente, intentó abrir más sus piernas. Obito terminó por meterse completo en él, suprimiendo ambos un alarido.
Ciao! Olvidé saludar en los capítulos anteriores xD Alpha, tienes razón, un Ken es una cosa, un hombre es otra jiji.
Esta historia trata básicamente de una primera vez, no sólo de ambos, sino de la primera vez que ambos están con un hombre. Si antes estuvieron con mujeres o no, no es lo que me interesaba retratar. Sólo la novedad que para ellos representa, y cómo se la van tomando. Por supuesto que querrán repetir, y este es uno de los tantos inicios del ObiDei de los miles de universos alternos que nos brinda la teoría de las cuerdas/plataforma de fanfictions (sic).
Dei no está para nada mal dotado. Es sólo que ya saben, te asumes heterosexual durante tu joven vida, compites con los demás hombres por ver quién la tiene más grande, tu maestro es Onooki (okno), Dei tiene un ego enorme que le sirve de apoyo, su primer compañero sólo conservaba su corazón como única parte humana (¿habéis visto lo eunucos que son los muñecos Ken?)... Y se le presenta Tobi con ropa que deja muy poco lugar a la imaginación, se baja los pantalones y *doing*, bueno, Obito es bastante alto y corpulento en comparación con todos los Uchihas de Naruto. Ya de pequeño era bastante grande y fuerte, sumando luego las células de Hashirama, ¿qué esperaban? Pueden dejarme medidas en los comentarios *perv* En fin, Deidara no está mal dotado, pero merece el mejor seme del mundo y yo se lo voy a dar. Gracias Kishimoto por crear al único Uchiha con real complejo de seme (no me hago cargo de las consecuencias fujoshis y fudanshis).
Espero con ansias sus críticas y sobre todo que lo disfruten tanto como yo lo disfruté escribiéndolo. El fic está terminado, pero sólo trata de una noche de sexo entre el senpai piromaníaco y la colegiala yandere. Veré si lo termino de subir en un día, o si lo dejo descansar más tiempo. ¿Qué dicen? Hay más lemon por delante.
Viva el yaoi, ¡cambio y fuera!
