Hola ! Aquí de vuelta con un nuevo capítulo (:

Muuchas gracias por sus reviews... me alegran un montón !

Y ahora... a leer !

Enjoy it !


Capítulo 3

Adam observó desde lejos a Draco Malfoy, quién leía un libro bajo un árbol al frente del lago. Seguía usando aquel polerón con la capucha puesta, como si quisiera esconderse del mundo. Respiró hondo y caminó a paso lento hacia el joven.

- Buenas tardes, señor Malfoy – lo saludó y notó de inmediato cómo se tensaba su cuerpo.

- Buenas tardes – murmuró el joven sin levantar la mirada.

El hombre se acercó un par de pasos, viendo cómo el adolescente se encogía, y se sentó a su lado. Guardó silencio mientras lo observaba con ojo crítico, notando el temblor de su cuerpo. Frunció el ceño.

- ¿Qué tal van las clases? – le preguntó con suavidad. Hacía un mes que había empezado aquel curso, y era la primera vez que se atrevía a acercarse al joven, temiendo que arrancara.

- Bien – Draco mantuvo si vista fija en el libro, aterrado de mirar a aquel auror. Imágenes de su estancia en Azkaban aparecieron por su mente, y un estremecimiento le recorrió el cuerpo.

- Me dijeron que eras el mejor de tu clase junto con la señorita Granger – comentó el auror, tratando de poner algún tema de conversación. Draco asintió.

Adam guardó silencio, sopesando qué decirle a continuación. Necesitaba saber si los rumores de Azkaban eran ciertos, porque si era así él mismo iría al lugar a matar a todos los hijos de puta que se estaban encargando de la cárcel mágica. Observó al joven Malfoy y se angustió al pensar lo que le pudieron haber hecho para dejarlo tan aterrado.

- Me alegro de que no tuviste que ir a Azkaban luego de tu juicio – Draco dio un respingo al escuchar el nombre del lugar de sus peores pesadillas. Las imágenes aparecieron con más intensidad, y volvió a sentir el dolor. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se puso de pie y se alejó unos pasos del hombre, dándole la espalda.

- Gracias – murmuró y caminó lejos de allí, cada vez caminando más rápido, luego trotando, hasta que terminó corriendo, lejos de todo, del dolor que aún podía sentir en las heridas, de los recuerdos. Llegó a los límites del Bosque Prohibido y se dejó caer de rodillas, llorando. Se las abrazó y se puso en posición fetal, cerrando los ojos, deseando que aquellos recuerdos y el dolor desaparecieran de una vez.


Lucius se sentó en la cama con actitud derrotada. Hacía una semana que a Draco lo habían torturado, y ahora era la tercera vez que lo volvían a sacar. Cerró los ojos con fuerzas, tratando de quitar de su mente las imágenes de su hijo maltratado.

Escuchó los pasos de los aurores acercándose, y se apresuró a ponerse de pie al mismo momento que se habría la puerta y tiraban el cuerpo de Draco. El hombre se apresuró a agarrarlo, abrazándolo con cuidado. Miró a los hombres con odio.

- ¿Qué se siente ver a tu hijo así, Malfoy? – espetó un auror. Lucius simplemente lo miró con asco – Para que veas lo que causaste en tanta gente – cerró de un portazo y se fue.

El hombre miró a su hijo, quien tenía los ojos entreabiertos y la respiración agitada. Un estremecimiento le recorría el cuerpo constantemente. Le acarició el cabello

- Por favor – susurró el adolescente. El hombre rubio se inclinó para escucharlo mejor -, ya no quiero más, por favor… - sollozó.

- Sh… tranquilo – Draco se removió, incómodo.

- Nunca te gustó que llorara.

Lucius suspiró y se maldijo por ser tan mal padre. ¿Qué importaba si lloraba ahora? ¡Era lo de menos!

- Eso ya no importa – murmuró.

Se escuchó la puerta abrirse y por ella entró un joven auror, quién miraba hacia atrás con cierto temor. Cerró la puerta con rapidez y miró a las personas que había en su interior. Les sonrió con tristeza.

- Hola, yo…

- ¿A qué viene? – preguntó Lucius con frialdad, abrazando con más fuerzas a su hijo al notar cómo comenzaba a temblar.

- Tranquilo, si sólo…

- ¿Acaso no es suficiente? – el hombre lo miró con odio - ¿Acaso ya no es suficiente lo que le han hecho?

- Señor Malfoy – el auror subió su tono de voz -, mi nombre es Mark y no vengo a dañar a su hijo – observó a Draco con tristeza -, todo lo contrario.

El preso lo observó sin entender, pero sin soltar a su hijo.

- ¿Qué quiere decir?

- Lo vengo a curar – respondió el joven, acercándose lentamente a padre e hijo. Sacó su varita.

- No... por favor, no más… - susurró Draco aterrorizado al ver la varita, y el auror sintió cómo la angustia lo carcomía.

- Tranquilo, no te haré daño, lo juro – Mark le sonrió con suavidad y, con un movimiento de su varita, levitó a Draco hasta dejarlo recostado en su cama; Lucius se apresuró a ponerse a su lado, volviendo a poner la cabeza de su hijo en su regazo. Observó al hombre con suspicacia.

- ¿Cómo sé que puedo confiar en usted? – cuestionó. El joven auror le sonrió con cierto misterio.

- Lamentablemente… no lo sabe.

Se acercó a Draco y se arrodilló a su lado, sacando de su bolsillo una pequeña caja, la cual se agrandó con un encantamiento. Al abrirla, comenzó a sacar todas las cosas que necesitaba para curarle la espalda. Podía notar los ojos de Lucius siguiendo cada uno de sus movimientos, y si bien sabía que él, Lucius Malfoy, no era específicamente bueno (sino todo lo contrario, al menos por los rumores que se corrían), también sabía que Draco Malfoy no debería estar sufriendo, pues nunca había hecho nada (excepto dejar entrar a los Mortífagos al colegio, que si bien no era algo bueno, tampoco era algo por lo que castigarlo de forma tan brutal).

- Toma esto – le dijo con suavidad mientras le tendía una botella. La tomó Lucius y él se la dio con cuidado.

Draco sintió cómo el dolor disminuía notablemente, y se relajó, agradeciendo el gesto del auror de querer sanar sus heridas. Y mientras el joven trabajaba en su espalda, y su padre le acariciaba el cabello, se fue quedando dormido, agotado tanto física como psicológicamente.


Hermione entró a la biblioteca con tranquilidad, agradeciendo poder tener aquel tiempo para ella y sus estudios, luego de haber estado con sus amigos en los jardines, hablando, bromeando y riendo. Sonrió con suavidad, agradeciendo que la guerra no se los hubiese llevado.

Al caminar entre los estantes, distinguió un destello platinado y, volviéndose, encontró a Malfoy sentado en unan de las mesas, leyendo. Esta vez no llevaba la capucha puesta, por lo que el pelo rubio le caía con libertad por el rostro, liso y de apariencia suave. Lo observó por unos segundos, dubitativa. Al minuto caminó hacia el adolescente con paso decidido y la frente en alto.

- Hola, Malfoy – lo saludó. El rubio levantó la vista y le sonrió con suavidad.

- Granger – hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo.

Hermione lo observó sorprendida. Sabía que Malfoy había cambiado, pero no sabía qué tanto, y ahora que lo veía, parecía alguien nuevo, sonriendo así, hablando poco, escondiéndose del mundo. Su corazón se encogió al recordar el misterio del joven: lo que le pasó en Azkaban.

- ¿Qué lees? – le preguntó mientras se sentaba al frente de Malfoy.

- Ah… Orgullo y Prejuicio – respondió a la vez que levantaba el libro para que Hermione leyera el título.

- ¿En verdad? – abrió los ojos con sorpresa – No es algo muy… masculino para leer…

Draco rió con suavidad y la miró a los ojos.

- Sí, es cierto, pero a mi madre le encantaba leerme este libro… me recuerda a ella – sus ojos se opacaron, llenándose de tristeza. Hermione se preguntó qué le habrá pasado a Narcisa Malfoy.

- Últimamente te he visto leer bastante, no sabía que te gustase – comentó.

- Sí, bueno… - Draco puso el marcador de páginas entre las hojas que estaba leyendo y cerró el libro para centrar su atención en Hermione – Antes no me gustaba que todos lo supiesen, pero siempre me ha encantado leer.

- ¿Novelas?

- De todo, en realidad.

- ¿Algún libro en especial que te guste bastante?

- Mm… - Draco entrecerró los ojos con aire pensativo – es algo difícil, la verdad – volvió a reír, y esta vez Hermione se le unió.

- Oh, eso es cierto, habiendo tantos libros buenos, es casi imposible elegir tu favorito.

- Una novela que me gustó bastante es El Señor de los Anillos, buena historia, bien escrita – le respondió Draco.

- Oh, sí… un muy buen libro, están las películas también – le informó la castaña.

- ¿En serio? – Draco abrió los ojos, sorprendido – Las tengo que ver.

Hermione se sorprendió que Malfoy, el chico que se vanagloriaba de ser sangre pura y odiar a los muggles e hijos de muggles, supiese lo que eran las películas, pero se abstuvo de preguntarle cómo lo sabía.

- ¿Y tú libro favorito? – preguntó el rubio con curiosidad.

- Historia de Hogwarts – respondió la joven de inmediato. Draco rió con ganas.

- Yo encuentro que es uno de los más aburridos… interesante, pero aburrido.

- Fue el primer libro sobre este mundo que leí – le comenzó a explicar la castaña con cierto aire soñador -, le tengo un cariño especial – Draco rió con más ganas aún, y Hermione lo miró con fingido aire ofendido.

- Lo siento, lo siento – Draco respiró hondo para calmarse, pero sus ojos seguían brillando con diversión, y Hermione sintió cómo su corazón aumentaba sus latidos al fijarse en los plateados ojos del adolescente, los cuales brillaban como no lo habían hecho desde el comienzo de año. Le sonrió.

Siguieron hablando de distintas cosas, los libros y deberes olvidados, hasta que tocaron para ir a clases, y aun así, siguieron conversando hasta que llegaron al aula de Encantamientos, donde se sentaron juntos.


Esto es realmente injusto – se quejó Mark mientras le pasaba un ungüento a Draco en la espalda para desinfectar las heridas. Aquella era la décima vez que lo torturaban, y ya no era sólo la espalda, ahora eran los muslos también. El joven auror apretó los dientes, enojado.

- Es mi culpa – Lucius suspiró sin dejar de acariciarle el cabello a su hijo, como lo hacía siempre.

- No le puedo negar eso - Mark se encogió de hombros con cierto aire de culpabilidad al decir aquello -, pero lo que está ocurriendo acá… es como si nos convirtiésemos en Mortífagos, torturándolos así, además… - observó al adolescente que estaba a su cuidado. Se fijó en sus ojos opacos, tristes y adoloridos, en las lágrimas que rodaban por sus mejillas acompañando su llanto silencioso – además, Draco no hizo nada para merecer esto.

- Ayudé a matar a Dumbledore – susurró con voz ronca.

- Bah… dejaste entrar a los Mortífagos, sí, pero eso no es una razón para que te hagan esto, además… ahora todos saben que todo ello fue un plan de Dumbledore, porque iba a morir sí o sí… Dumbledore no quiso que lo mataras… casi podríamos decir que Dumbledore salvó tu alma – terminó con suavidad.

- Pues no sirvió de mucho, porque ahora está muerta – volvió a susurrar el joven con aire derrotado. Lucius frunció el ceño al escuchar a su hijo, y le dolió escucharlo tan derrotado.

- ¿Cuándo va a tener su juicio? – preguntó el hombre, mirando al auror con cierta urgencia.

- Aún no lo sé, señor Malfoy – respondió Mark.

El joven auror sabía que Lucius Malfoy era el hombre malo, que había matado y torturado gente, siguiendo fielmente a Lord Voldemort, pero podía ver lo preocupado que estaba por su hijo, y ese simple hecho hacía que lo tratase con cierto respeto.

- ¿Usted cree que podría ver si lo pueden hacer lo antes posible? – volvió a cuestionar.

- Déjalo, papá – susurró Draco. Lucius observó a su hijo y luego a Mark, negando con la cabeza.

Mark siguió curando las heridas del joven en silencio. Al terminar, le dio una poción para dormir, pues tenía que recuperar sus energías, y el adolescente cayó en un profundo sueño con la cabeza apoyada en el regazo de su padre.

- Por favor, señor – habló Lucius -, por favor, trate de hacer algo por él. Jamás hizo nada, nunca quiso ser un mortífago, todo es mi culpa, y sé que el que lo estén torturando es para torturarme a mí – abrazó con más fuerzas a su hijo -. Si fuese a mí al que estuviesen torturando me daría igual, pues yo sé que estoy pagando por mis acciones, pero él es sólo un adolescente que siguió los pasos equivocados.

- Señor Malfoy…

- Por favor – lo interrumpió -, él jamás mató ni torturó a nadie, jamás, de verdad… siempre supe que mi hijo era de buen corazón, simplemente lo escondía por mí, pero él es bueno, yo lo sé…

- Señor Malfoy – habló más alto el auror. Se acercó al preso y le puso una mano en el hombro para apretarla con suavidad -, le aseguro que haré todo en mi poder para que el juicio del joven Malfoy sea lo antes posible.

Lucius lo observó con gratitud y asintió con la cabeza.

- Muchas gracias – susurró. Mark asintió con la cabeza y se fue.

El hombre suspiró y se acomodó en la cama de Draco. Su hijo se acurrucó en su pecho y Lucius lo abrazó con fuerzas, y lo dejó dormir a su lado como nunca lo había dejado en toda su vida.


Bueno... aquí el fin del capítulo... qué les pareció ? Espero que les haya gustado (:

Nos leemos el próximo domingo !