Ùńă Vëż Мåš
Acotaciones:
& Cambio de escena
- Diálogos
" " Pensamientos
Pequeña nota: hello!! Nada más como una breve acotación, los capis del inicio empiezan con presente y terminan en pasado. Grax.
Cuando la luz se puso en verde Sesshoumaru avanzó junto con los demás autos por instinto pero sin fijarse en lo que hacía. Ya estaba cerca de la oficina y tenía muchas cosas pendientes, de no ser así… quizás no se hubiera tenido que levantar temprano y nada de lo ocurrido esa mañana hubiera sucedido… pero si algo aprendió bien a lo largo de su vida es que el pasado no se puede cambiar y no vale la pena lamentarlo. Dio vuelta a la derecha y se mantuvo en ese carril, en realidad ya estaba a punto de llegar y recordó que tenía que hacer una llamada telefónica, ya que su celular se quedó olvidado en la habitación de ella.
Mientras entraba al estacionamiento de aquel edificio, algo vacío en sábado, pensaba en el rumbo tan extraño que tomó su vida… durante años lo último que imaginó fue estar en esa situación, encontrarse entre la espada y la pared por esa mujer que siempre ocupó un papel protagónico en su existencia. Siempre supo que sentía algo más que especial por ella pero la idea de ser más que hermanos, de tenerla como una pareja y no sólo amar su alma sino todo su cuerpo y además desearla como un loco, todo eso se salía de los planes, los límites y cualquier laberinto de la imaginación.
Y a todo eso… ¿qué podía hacer? Ya nada… pues el destino los unió un día siendo niños y en ese preciso instante selló todo su futuro, sólo que fue muy ciego y muy tonto y nunca antes lo vio. Cuando recapacitó de nuevo fue porque las puertas del ascensor se abrieron y anunciaron su piso. Caminó unos metros y entró a su oficina, dejó el portafolio y fue directo al teléfono, luego de marcar alguien contestó como si por casualidad estuviera muy cerca del aparato, o esperara la llamada.
- Lin…
- Sessh… lo siento…
- ¿Qué pasa? ¿Está todo bien? –respondió él extrañado pero ecuánime.
- Lo que dije… no debí. Pero ya no me mirabas al hablar y… quería que lo hicieras, no se me ocurrió otra cosa mejor. –Sesshoumaru se quedó callado recapacitando.
- No te disculpes. No tengo nada que perdonarte. A final de cuentas tú eres la que decides, yo sería la última persona en ese mundo que te obligaría a hacer algo… te lo he dicho, conmigo eres libre.
- Yo escojo estar contigo. Y tú lo sabes. –él disimuló una sonrisa que ella percibió en la voz.
- Lo sé. Y Lin… lo que dije hoy… lo que preguntaste… sí, te amo, me enamoré de ti desde que te vi… y cuando me casé con ella hace años… sí… todo el tiempo estuve pensando en ti.
- Gracias, necesitaba escuchar eso. –ella también sonrió y mirando una fotografía de ambos que tenía cerca, se dio cuenta de que sin importar cuál fuera el problema, siempre lograban entenderse.
El resto de la conversación versó sobre el aparato olvidado en casa de ella y la forma en que se lo regresaría a su dueño ese mismo día. Así luego de una breve conversación colgaron y él se concentró en su trabajo, hasta que otra llamada lo interrumpió.
- Sesshoumaru, por fin me contestas. –reconoció la voz femenina del otro lado.
- Lo siento, fue una noche muy larga ¿qué sucede? –habló cortante, lo que menos necesitaba en ese momento era hablar con ella, con esa mujer a quien había jurado amar… a quien ya sólo quería… a quien ahora engañaba…
- Nada, solamente quería saber cómo estaba mi esposo, que se quedó toda la noche trabajando. –la mujer estaba nerviosa, él nunca antes hizo eso y últimamente lo sentía distinto.
- Todo está bien pero me quedé sin batería en el teléfono –mintió-. Espero no llegar tarde hoy ¿vas a estar?
- Si prometes llegar, sí.
- Te veo en casa. –sin otra explicación colgó y su pensamiento se dividió en dos, una parte en Lin, en todo lo que la amaba y la otra en su esposa, en cómo podría resolver todo, no deseaba lastimarla pero hacía mucho que no sentía más que simple cariño por ella.
Lin por su lado permaneció arreglándose para ir a su restaurant. Mientras se miraba al espejo peinando su cabello se fijó en que estaba largo, hacía meses que lo dejaba crecer ininterrumpidamente y por fin había tomado la forma que le deseaba. Luego suspiró y repente se le borró la sonrisa de los labios, recordó algo… un detalle que a veces la hacía sentir triste y vacía, ese algo que guardaba como su único secreto para Sesshoumaru, siempre se sentía culpable por hacerlo así pero no tenía el valor para decírselo, así como durante años no tuvo el valor para buscarlo…
&
Esa mañana despertó algo temprano, aún faltaba media hora para que sonara el despertador, pero ya no podría dormir. Así con una melancolía algo fuera de lo común pero que la asechaba desde hacía días, fue hasta la regadera y dejó caer el agua. Mientras se quitaba la ropa con lentitud miró hacia el calendario, ese era el día marcado como su cumpleaños, el segundo que pasaría con sus tíos… y lo haría justo igual que el anterior, sola en una fiesta llena de extraños intentando sonreír a todos, pretendiendo que era feliz y vivía con familia que la trataba como una hija… nada más alejado de la realidad.
Mientras tomaba el baño pensó en qué era lo que de verdad deseaba ese día, qué podría hacerla feliz… eso era tener a sus padres y a su otra familia, a Sesshoumaru… pero nada de eso era posible. No podría verlos, a lo más que aspiraba era a mandar una carta que no tendría respuesta como siempre. En realidad había enviado pocas cartas y todas sin remitente, pero le gustaba pensar que Sesshoumaru las recibía y le daba gusto saber de ella… seguramente no la habría olvidado así como ella lo recordaba todos los días.
Cuando estuvo lista era aún temprano, le quedaban varios minutos antes de que el primero de sus maestros llegara para su usual instrucción en casa, ni siquiera la dejaban ir a la escuela. Fue a su armario y revisó que tuviera listo su vestuario para esa noche, cuando los amigos usuales de sus tíos asistirían con sus hijos para alabar lo buenos que eran con esa niña adoptada y la magnífica forma en que festejaban sus cumpleaños. Ese día sólo quería estar con quienes en realidad amaba y extrañaba y para eso sólo tenía una forma, así decidió escribir la carta, además… hacía un par de semanas uno de sus profesores le había tomado una fotografía instantánea en la cual ella logró sonreír casi natural, esa sería perfecta que Sesshoumaru la viera.
Querido Sessh:
Hola… hoy es día de mi cumpleaños… estoy algo de prisa pues debo ir a clases y por la noche habrá una gran fiesta como la del año pasado, vendrán todos mis amigos y los de mis tíos.
Últimamente he visto cosas más difíciles en las clases pero creo que me va bien, tengo mucho tiempo libre para estudiar. Me gustaría saber cómo estás, si te va bien en la escuela… o siquiera si sigues recibiendo las cartas, si todavía me recuerdas y me sientes tu hermana. He estado pensando y quiero llamarte en tu cumpleaños… no sé si pueda… tú sabes que no debo así que tendré que esconderme pero lo voy a intentar… por la tarde, a media tarde… espero que estés para responder.
Creo que mi vida es algo aburrida y no tengo mucho que decir en las cartas, cada vez son más cortas… aunque en realidad me gusta escribirte para que sepas que estoy bien. Algunas veces todavía tengo problemas acomodando mi cabello para que no se note donde está la cicatriz.
Hace unos días alguien me tomó una fotografía en mi habitación, creo que me veo bien, es esta que te mando en el sobre. Espero te guste. Sé que no soy tan bonita como las muchachas que seguramente andan detrás de ti pero… igual es para que sepas que tu hermanita no es fea. Y para tu tranquilidad no tengo novio ni pretendientes, al parecer aquí nadie está muy interesado en eso, aunque no me molesta, estoy bien así.
Mis tíos dicen que después podré verte, que un día iré para allá y tendré oportunidad de saludarte, no sé cuándo sea eso pero quiero que lo sepas para que no pienses mal de ellos y los aceptes así como yo, porque han sido muy buenos conmigo.
En fin… creo que debo irme. Espero que estés bien y que seas muy feliz, dales un abrazo de mi parte a todos en tu casa y sé muy feliz, pon mucho esfuerzo en la facultad porque tienes mucho talento… siempre fuiste excelente con los números. He pensado últimamente en estudiar gastronomía. Ya veré. Cuídate mucho y te mando un beso.
Lin.
P.D.
Te quiero. Te extraño. No me busques, por favor.
Así terminó de redactar con su letra la carta y la puso dentro de un sobre junto con esa fotografía en la que se mostraba contenta, con los ojos alegres y el cabello negro y largo como siempre cayendo rebelde sobre su espalda hasta la cintura. Selló el sobre y le puso los sellos postales que tenía guardados, lo demás era solo esperar a algún profesor cómplice que le prometiera depositarla en el buzón y guardar el secreto.
&
Era media tarde y él en su vigésimo primer cumpleaños estaba sentado en su habitación con el pretexto de que se sentía mal. Habían pasado un par de meses desde que recibió la carta de Lin, una que escribió diciendo que intentaría llamarlo para su cumpleaños. Desde entonces no podía esperar a que llegara ese día y justo en ese momento, en el que el teléfono podía repicar… estaba muy nervioso… no deseaba quedarse esperando para nada. Hacía años ya desde la última y única vez que pudo hablar con ella por teléfono, cuando sólo fueron unos segundos de comunicación ella todavía estaba en el hospital.
Miró el reloj una vez más y se lamentó pues sólo habían pasado cinco minutos desde la última vez que lo vio… un siglo atrás. Suspiró con cansancio por milésima vez y tomó la fotografía, esa que se veía real, que la mostraba feliz y encajaba con las palabras en sus cartas… pero algo no era tan bueno… no podía explicarlo pero cada oración y su mirada tenían algo de melancolía. Mil veces se preguntó si era su imaginación, si quizás no era tan feliz como lo decía… o si tal vez esa tristeza escondida resultaba el simple producto de perder a sus padres. Entonces, el teléfono sonó.
- ¿Si?... –habló con su seriedad y frialdad habituales.
- Sessh… -le contestó tímida la niña del otro lado.
- Lin… gracias a Dios… ¿cómo estás? Lin…
- Sessh… -se mordió el labio inferior y encubrió la voz para que no se notaran las lágrimas que ya resbalaban por sus mejillas… todo podría resolverse tan simple, sólo debía darle su dirección y todo terminaría, él iría por ella y la salvaría de esa vida que cada día odiaba más… todo resultaría tan sencillo si no tuviera miedo de lo que Naraku había prometido, de todas las veces que por simple precaución la amenazó con lastimar a Sesshoumaru y su familia si ella hablaba, si los buscaba… todo sería tan fácil… si no estuviera en las manos de ese hombre.- Estoy bien, estoy perfectamente bien. ¿Y tú?... Feliz cumpleaños…
- El mejor de todos si puedo escucharte… Lin… he recibido tus cartas… pero todavía no entiendo por qué te escondes, por qué no puedo verte… ir a visitarte…
- Porque no puedo… es mejor así… eso dicen los terapeutas y mis tíos… y les creo.
- Yo no. –se mostró demasiado serio esta vez.
- Sessh… perdóname… no me odies… por favor… no podría vivir así si tú me odias. Mira, no tengo mucho tiempo, sólo quiero saber de ti, yo estoy bien.
- No hay mucho que decir. Estoy en la facultad, trabajo con papá, aunque hace mucho que no nos llevamos bien. Ya me interesan las chicas, tengo novia y todas las noches me pregunto si estarás bien… si siquiera será de noche para ti también… -poco a poco su tono se suavizó hasta llegar a ser un murmullo melancólico de mucho tiempo contenido.
- Sí… nuestra hora no es tan diferente…
- Lin… ¡Maldición! ¿Dónde estás?
- En un lugar muy lejos… por cierto… no se puede identificar el número del que llamo. Y creo que casi debo irme… -se dejó notar nerviosa por primera vez.
- ¿A quién le tienes miedo? Mi padre dijo que tu tío es un loco. –y ella se apresuró a defenderlo.
- No, claro que no, él tiene el carácter algo fuerte pero… pero… pues… Sessh… estoy bien. Tengo que irme –sería mejor despedirse antes de romper en llanto y decirle toda la peligrosa verdad.
- No, todavía no…
- Si llegas a casarte… o a mudarte solo… envíame tu nueva dirección.
- No voy a casarme Lin, no ahora y no sin ti para estar ahí y conocerla. Además, no tengo idea a dónde podría enviarte una dirección.
- Cierto…
- Lin… por favor… no puedes esconderte por siempre, yo creo que no estás bien.
- Sé que será muy afortunada, la mujer con la que te cases –le dijo ignorando su último comentario-, tanto como yo por ser tu hermana. Sessh… ya debo irme.
- Lin… déjame protegerte… -se dejó caer sentado sobre su cama.
- Tú siempre me proteges, todas las noches pienso en ti… con eso es más que suficiente. Me tengo que ir. Un beso.
Y eso fue lo último que escuchó de ella, lo siguiente fue la fría línea nada más. Y la desesperación lo invadió de nuevo, con toda su impotencia contenida arrojó el teléfono contra la pared, casi de inmediato entró Izayoi preocupada por el ruido estrepitoso.
- ¿Estás bien, hijo? –algunas veces lo llamaba así, aunque él nunca respondió llamándola "mamá".
- Sí. –respondió él cortante y ella recordó cómo las únicas veces que él perdió el control fue a causa de Lin.
- ¿Fue ella quién llamó? -Sesshoumaru no esperó esa pregunta y la miró sorprendido por un segundo antes de tomar su frialdad normal.
- La primera vez en casi dos años…
- Su pongo que no te dijo dónde está.
- No… estaba entre feliz y triste… confundida… no lo sé… quisiera poder mover el mundo y encontrarla pero… no me deja.
- Sesshoumaru entiendo lo que sientes por ella… y lo difícil que es estar así pero… si ella no desea ser encontrada, no hay nada que puedas hacer. Es su decisión, no tuya. –caminó y se sentó a su lado muy cerca.
- Nunca más la voy a ver. –afirmó serio con la mirada perdida en el vacío en tono de una sentencia cruel e indiferente.
- Sólo debes tener paciencia, hijo, las cosas a veces tardan demasiado en llegar pero lo hacen. Y desde el principio tu padre y yo sabemos que ustedes se encontraron por destino… y los padres de ella también lo sabían. No te des por vencido. Además… quizás no lo hayas notado pero esta vez tu elección de novia fue algo diferente, esa joven tiene algo especial, quizás ella sea digna de algo de confianza. –y acto seguido dejó un beso en la mejilla de su chico de veintiún años, Sesshoumaru no se movió ni la miró mientras salía, tampoco dijo nada pero en el fondo confiaba en las palabras de Izayoi.
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Lin regresó a casa de sus tíos tan de prisa como pudo, había ido a comprar algunas cosas a una tienda cercana y eso le sirvió de pretexto para salir sola y poder llamar a Sesshoumaru, sin embargo su tiempo había sido contado como siempre y esta vez se demoró dos minutos más del límite. Además sentía un nudo en el pecho que casi no la dejaba respirar y sabía que si no quería problemas debía aparentar la toda la calma del mundo.
- Tardaste. –escuchó la escalofriante voz de Naraku proviniendo del estudio, al instante se paralizó y tomó aire para fingir.
- Había mucha gente, pero conseguí todo para el pastel. Lo voy a hacer ahora.
- De acuerdo… ¿sabes? Estaba pensando y creo que hoy va a salir Kagura… y no volverá hasta mañana, así que traeré a una amiga esta noche. Ya sabes la rutina, lo que tienes que hacer y, sobre todo, guarda silencio. ¿De acuerdo?
- Sí. –sonrió en automático.
- Y… trata de no salir mucho en los próximos días, no quiero pensar que estás tratando de ver a alguien.
- Sí, yo no… es que… había muchas personas y por eso demoré.
- Está bien, hoy estoy de buen humor y no quiero arruinarlo, me voy a divertir mucho en la noche.
Lin asintió y caminó con las piernas temblando hacia la cocina, donde el cocinar se había vuelto su escape de la realidad. Por lo regular cuando hacía pasteles, pastas o casi cualquier cosa, conseguía concentrarse en ello y sentía que no estaba ahí, que se encontraba en otra cocina y que quienes iban a probar todo eso eran otras personas. Además, a veces lograba tener de buen humor a Naraku con su comida.
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Esa misma noche en un lugar muy lejano, Inuyasha estaba en el estudio de su casa con la computadora encendida y miles de papeles y planos por todos lados, cerca suyo estaba Kagome, una joven que resultaba ser el exacto opuesto de Inuyasha pero que de alguna forma se llevaban muy bien. Él era un chico tranquilo y callado, no como su hermano, sino más bien en estilo introvertido y huraño y ella era muy abierta, conocía a todos en la facultad y hacía locuras todo el tiempo. Nadie se explicaba cómo podían llevarse bien, inclusive en un inicio ni ellos mismos, quienes llegaron a odiarse antes de conocerse.
Kagome siempre pensó "es un desadaptado, no sabe lo que quiere ni lo que hace, siente que es superior a todos...". Mientras Inuyasha la consideraba una niña consentida, insegura e inmadura. Y así de alguna extraña manera pudieron hacerse amigos, y con el tiempo, los mejores. Ya rara vez se les veía separados y las malas lenguas aseguraban que tenían una relación más íntima, aunque ninguno de los dos llegó a imaginar eso. Nunca tuvieron ojos para verse así.
- ¡Inuyasha no seas tonto! Ya te dije que primero tenemos que hacer la investigación y después los planos. No podemos empezar al revés.
- Feh! Eres una necia, si hacemos primero los planos entonces podemos investigar sólo de los puntos clave, así es más fácil
- Claro que no. No sé por qué acepté hacer esto contigo. –se quejó ella mientras se dejaba caer en un sillón.
- Porque nadie más quiere trabajar contigo, porque todos saben que eres una necia y voluntariosa.
- Ah claro y ahora te sacrificas ¡Traidor!
- Ya cálmate… -reaccionó él todavía algo fuera de sus casillas como sólo Kagome lo sabía llevar- Voy por bebidas y regreso para que hablemos con calma. –se puso de pie y la vio fijo a los ojos esperando un respuesta afirmativa.
- Sí. –y eso fue todo, Inuyasha salió hacia la cocina topándose en el camino con Sesshoumaru, aunque como no se hababan demasiado no tuvo necesidad de decirle algo, sólo lo vio abandonar la casa por la puerta principal.
Era ya algo tarde y apenas empezaba a "celebrar", por llamarle de alguna forma, a lo que haría, una sencilla cena al aire libre que su novia había preparado a manera de regalo por su cumpleaños. En el fondo Sesshoumaru no tenía muchas ganas de salir esa noche pero luego de la insistencia de su padre y la de la chica, se quedó sin más opciones.
Luego de manejar unos treinta minutos llegó hasta la casa de su novia, la cena era ahí mismo, en el amplio jardín frontal. La casa no estaba vacía pero los padres de ella estaban contentos con su relación, por lo que no se opusieron en lo absoluto.
Ella ya lo esperaba con las velas encendidas y la mesa servida, ataviada en una falda apenas arriba de la rodilla, con un poco de vuelo rosa con negro, combinada con la blusa muy sensual algo transparente pero sólo lo suficiente para verse coqueta y misteriosa.
- Lamento la demora. –se disculpó él besándola en los labios rosas.
- No hay problema, hoy no puedo enojarme contigo. –sonrió y pasaron directo a la mesa, él destapó el vino y sirvió las dos copas. Ella era menor, apenas unos tres años, la había conocido por Inuyasha, al parecer era amiga de una amiga de él… o algo así, pero fue más bien casualidad lo que los reunió en su propia casa y después de eso las cosas se habían venido dando como con otras chicas con las que había tenido noviazgos, nada fuera de lo normal, por lo menos no hasta ese momento. - ¿En dónde estás?
- ¿Qué? –reaccionó él al darse cuenta de que estaba pensando en otra cosa.
- ¿Dónde está tu mente?
- Estoy contigo.
- No es cierto… -sonrió ella con algo de melancolía.- ¿Pasó algo?
- Verás… hay algo que no te he contado, a nadie en realidad… -empezó a hablar guiado por la confianza que le tenia a esa chica. – Tengo una hermana que alguien se llevó hace dos años… y hoy hablé con ella.
- ¿Una hermana? No sabía que… vaya… -intentó asimilar la idea- ¿La encontraron?
- No, verás… no es mi hermana de sangre… pero nos conocimos siendo niños y… al morir sus padres unos parientes la alejaron de nosotros y desde entonces no la puedo ver, ella no me dice dónde está… y nunca llama… hoy fue apenas la segunda vez en dos años. –durante la breve explicación él se mantuvo frío y distante, como sierre, pero la joven pudo leer que el tema era muy importante y que aquella confesión sería sólo el inicio de una historia trascendental, así que se puso de pie y movió la silla en la que estaba hasta sentarse al lado de Sesshoumaru y tomar sus manos.
- Soy toda oídos.
- Sango… sabes que no soy hombre de muchas palabras.
- Sí… y tú sabes que soy mujer de mucha paciencia, así que tómate tu tiempo. –y por primera vez Sesshoumaru se dio el lujo de tener intimidad emocional con alguien que no fuera Lin.
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Así se les fueron los años a los dos, cada uno viviendo por separado, extrañándose y pensando en el otro todos los días. Sesshoumaru nunca llegó a entender cómo era posible que ella se mantuviese oculta tanto tiempo, según supo por las cartas que recibió, sus tíos se mudaron varias veces en el transcurso de los siguientes años, y siempre la llevaban con ellos y, según lo que leyó, ella era feliz. Mientras tanto Lin vivió demasiadas malas experiencias, tantas, que creía jamás podría asimilarlas todas, algunas incluso juró olvidarlas, para conservar su cordura y no perderse dentro de la desesperación que vivía a diario encerrada en diferentes casas, con profesores que la visitaban a diario, entre fiestas con desconocidos, sin amigos, sin una familia… y lo peor de todo, con la constante amenaza de Naraku, a quien temía cada vez más.
Con el sol de media tarde colándose por las ventanas Lin miró una vez más el calendario, dentro de una semana exactamente sería su cumpleaños, la tradicional fiesta ya estaba planeada por completo, aunque según sus planes las cosas serían diferentes. Para la ocasión la casa estaría totalmente vacía, se estaban mudando y esa sería la última noche a pasar en el domicilio, a decir verdad el proceso ya estaba muy adelantado y quedaban pocos muebles ahí.
Suspiró y miró hacia la calle, donde se topó con un grupo de jóvenes que iban bromeando, tres chicas y dos chicos, seguramente se estaban divirtiendo e iban o venían de la facultad, a juzgar por sus libros. Dentro de poco eso sería suyo también. A sus casi veinte años por fin tomó de la nada el valor para separarse, para alejarse de ese infierno viviente que tenía por vida y ser independiente. ¿Cómo podría hacerlo? Lo había planeado tanto y tan poco a la vez. No tenía dinero, Naraku se aseguraba de que así fuera, sin embargo había logrado hornear un par de pasteles extra para una mujer que parecía amable y vivía en la cuadra siguiente, ella insistía siempre en pagarle pero Lin no quería dinero, seguramente no podría esconderlo bien y él se lo quitaría, sólo le pedía usar su computadora a veces y le dijo que quizás después necesitaría un favor algo más grande. Ese día estaba cerca y lo único que le pidió fue un pasaje de autobús a otra ciudad, debía entregárselo en un día y una hora pactada dentro de muy poco tiempo. Pensó mil veces en buscar a Sesshoumaru, ahora tenía un mejor método de comunicación, el correo electrónico, sería fácil si ya estaba decidida pero… lo que siempre la detuvo seguía ahí, la venganza de Naraku, a ella ya no podía dañarla más pero no lo dejaría hacer algo contra quienes amaba, así que volver con Sesshoumaru no era una opción.
Entonces escuchó la puerta de su habitación abrirse y su "tío" entró, estaban ellos dos solos y él tenía un semblante pensativo, Lin se desconcertó al verlo así, como tranquilo, y no sabía qué era lo siguiente, hasta que él le dijo que sólo quería hablar con ella unos minutos. Lo miró con paz y se dispuso a escuchar, creí que nuevamente iba a amenazarla por si pensaba en irse, así que no podía hacer nada más resignarse a escuchar.
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Sesshoumaru estaba sentado tras una computadora revisando una dirección de correo, como lo hacía a diario, desde más o menos seis meses atrás, cuando Lin creó la cuenta y le escribió en una carta junto con la contraseña, ahora podían comunicarse con algo más de frecuencia y facilidad, puesto que desde que él ya no vivía con sus padres, como dos años atrás, resultaba incómodo llamar a diario preguntando por el cartero.
Suspiró y miró la oficina a su alrededor, tenía ya 25 años y su vida no era mala, aunque la sentía incompleta. Desde que era adolescente y sufrió la abrupta separación de esa chica como su hermana y no había podido olvidarse de ella, ni siquiera lo había intentado pues estaba convencido de que ella era su familia y él la de Lin. Regresó resignado la vista hacia el monitor y notó un banner de publicidad en la página, donde anunciaban equipos espías que funcionaban por internet y eran capaces de darte cualquier información sobre otra persona… cualquier información… de otra computadora… cualquiera… de inmediato entendió que había tenido una idea, aunque algo tardía, que podría ser la respuesta a ese juego de cartas que ya lo tenía agotado. Las computadoras no eran su especialidad, pero con mucha rapidez encontró los servicios de alguien experto, que por cierta cantidad de dinero podría investigar la ubicación de una computadora de la cual le mandaban correos electrónicos. La dirección de Lin.
Así de inmediato puso manos a la obra y dejó su trabajo, igual eso era lo de menos si por fin podía tenerla cerca. Por una cantidad bastante fuerte el tipo pudo darle preferencia a su asunto y sólo pocas horas después, apenas anocheciendo, recibió un número en una calle en una ciudad lejana, bastante lejana en realidad. Según le informaron todos los correos fueron emitidos desde el mismo lugar y más o menos a la misma hora. Entonces, él sin llamar a nadie ni pensarlo dos veces tomó un taxi al aeropuerto con la esperanza de poder encontrarla, quizás de una vez por todas podría tenerla cerca, cerciorarse de que estaba bien y era feliz… y quizás… preguntarle por qué se negó tantos años a verlo, incluso ya siendo mayor de edad con toda la libertad que eso implica.
Sin darse cuenta se vio a sí mismo sentado en una sala de espera donde el cielo ya estaba oscuro y en cualquier momento lo llamarían para abordar un avión. Fue hasta entonces que se dio cuenta de que nadie conocía su paradero, miró el reloj y se tranquilizó pensando en que era todavía buena hora, tomó su celular y llamó para avisar en dónde estaba y a dónde iba, sabía que la noticia "estoy a punto de tomar un avión" podría sorprender a cualquiera pero el hacerlo no estaba en duda, a toda costa tenía que ir a buscar a su Lin.
Las horas del vuelo, apenas dos, fueron inmensamente largas y agotadoras, al llegar al otro aeropuerto se dirigió a la salida de prisa notando a medio camino una pequeña tienda de recuerdos con algo que llamó su atención, no era muy ortodoxo nada de lo que estaba haciendo pero una oveja de peluche parecía llamarlo desde el aparador "Le va a gustar…" y sin desperdiciar más de 2 minutos lo compró. Después buscó un taxi que lo trasladara hasta la dirección que llevaba escrita en un papel. Por la urgencia de su partida no llevaba maletas ni nada, así que probablemente tendría que comprar ropa, o regresar, a su casa al día siguiente, de cualquier manera eso era lo de menos. El trayecto en auto le pareció eterno, cruzaron avenidas y calles por muchos minutos, el conductor iba platicando jovial en un inicio pero con el paso de la distancia se dio cuenta de lo serio que era su cliente y de que no podrá sacarle una buena conversación.
Al final lo dejó en la puerta de una casa que se veía de lo más común, se bajó y se sintió nervioso, esas no eran horas adecuadas de llegar a una casa… y menos con lo desagradable que sabía era el tío de Lin, pero ya estaba ahí y no pensaba retractarse. Tocó el timbre y esperó. Los segundos le parecieron eternos, quizás nadie le abriría, o tal vez sólo saldría un loco blandiendo un arma, quién sabe. Hasta después una voz femenina adormilada le respondió por el intercomunicador.
- ¿Quién es?
- Soy… -y se detuvo ¿diría su nombre? ¿Quién era quien hablaba con él?- Yo… busco a Lin. –dijo simplemente con su voz de hielo.
- ¿Lin? No… aquí no es su casa.
- Claro que lo es, de esta dirección me mandó los correos electrónicos, de aquí es la computadora. –se apresuró a reclamar osco a quien creía se la estaba negando.
- ¿Correos? Ah… cierto… Lin, yo sé quien es pero no vive aquí, yo le prestaba mi computadora, ella vivía en el número 50, al final de la calle, pero hace pocos días que se mudaron.
- ¿A dónde? –preguntó sintiendo cómo la impotencia lo invadía una vez más.
- No lo sé joven.
Y esas fueron las últimas palabras que se escucharon, la mujer cortó definitivamente la comunicación y seguramente regresó a dormir mientras a él no le quedó más que un amargo sabor de boca y un montón de frustración recorriéndolo. "Al final de la calle… número 50…" –pensó y fue casi corriendo para ver, quizás si la suerte le favorecía ahí habría alguna pista, un aviso… un teléfono de venta… algo… lo que fuera para dar con ella.
En la oscuridad notó la casa, aún tenía cortinas en la planta baja y el jardín estaba arreglado, se acercó hasta la puerta e intentó abrirla, estaba cerrada con llave, entonces timbró con esperanza de que abrieran y esperó… volvió a timbrar y volvió a esperar… pero nada… fue hasta una de las ventanas y tocó en el vidrio, la luz de la calle le alcanzaba para ver algunas cajas amontonadas en hileras y creyó que algo se movía. Entonces su instinto lo guió.
- ¡Lin! –la llamó a gritos tocando en el cristal, alguien estaba adentro. - ¡Lin! – de nuevo gritó pero esta vez ya nadie se movía. - ¡Lin! –una vez más y todo estaba tranquilo. Pero no pudo imaginar el movimiento… ¿o sí? - ¡Lin! –y otra vez nada, sólo las mismas filas de cajas y la misma penumbra que no lo dejaba distinguir nada bien.
&
Lin se encontraba sentada en el espacio que separaba la sala del comedor, ya era de noche y otro día más estaba terminado, ahora sólo deseaba poder conciliar el sueño, desde aquel día en el que Naraku le pidió hablar con ella no probaba bocado, sentía que después de todos esos años, luego tocar fondo tantas veces, siempre podía estar peor. Se recargó contra la pared y cerró los ojos con dolor pensando en que quizás con un nuevo día se sentiría mejor y podría comer algo y hacer algo más que bañarse durante horas y mirar hacia la nada, ya ni siquiera podía buscar en qué distraerse, todo el tiempo se la pasaba esperando a que Naraku llegara, tal como lo había prometido.
Entonces el sonido de la entrada le crispó los nervios, por fin era el momento, escuchó los pasos… pero nada sucedió, entonces sonó el timbre y la escuchó llamarla, no sabía qué hacer, sólo se quedó paralizada por el miedo justo donde estaba… "llegó… ya está aquí, va a entrar…" se repitió muchas veces mientras su mente fatigada no entendía el por qué no simplemente se pasaba y ya. Así se fijó mejor en la entrada, el seguro interno estaba puesto, de tajo se le cortó la respiración, pues Naraku seguía llamándola con voz desesperada y ahora entendía la causa… ese seguro… eso sería peor. Sin soltar el aire de sus pulmones se puso de pie y caminó con lentitud y lágrimas en los ojos hacia la puerta, dispuesta a dejarlo entrar y con los pensamientos fijos en una petición a sus padres… "Por favor… hagan que termine pronto… y cuando eso pase que Sessh me perdone por ser tan cobarde dejarlo así nada más…". Sólo unos cortos pasos la separaban de esa puerta y la bestia que la aguardaba afuera, sin saber que al mismo tiempo Sesshoumaru la buscaba con desesperación.
CoNTiNuaRá...
Hello!! Ah pues mil gracias por todos sus comentarios!! Todos los ánimos son excelentes!! Espero que les siga gustanto y que poco a poco vaya todo tomando forma. Espero les siga interesando!! Y pues mil gracias por leer!! Mos estamos viendo en el prox capi, donde hay un evento importante. Se cuidan mucho, nos vemos.
