Hola! Aquí el tercer capítulo de esta divertida historia… Espero que les guste!

El Rey León

Las estrellas parecían estar más lejos… ¿Por qué seguía dando vueltas esa maldita palabra en su cabeza? Después de todo era un problema de sus padres, no de él… No tenía por qué estar tan preocupado… bah… no era preocupación… era un sentimiento asqueroso que invadía cada rincón de su pecho, llegando a la boca del estómago, provocándole esas malditas ganas de vomitar… ¿Por qué se sentía de aquella manera?

Extendió los brazos y las piernas sobre el pasto que estaba húmedo y mojaba su ropa y su piel. Había buscado el lugar más recóndito de Karakura, desde dónde se pudiera ver claramente el cielo. Se recostó en la hierba para observar cuán tranquila que estaba la noche.

Podía sentir un calor interior que lo envolvía en una especie de aura… que podía llamar maligna si quisiera… Sentía una necesidad desmesurada por salir corriendo y encerrarse en su magnífica y gran habitación de la mansión Kuchiki… sin ser molestado por nadie…

Eso, eso mismo era lo que tenía que hacer… irse de ese maldito lugar y no dejar ni rastros de su importante figura… tenía que volver al lugar al que pertenecía y dejar a su mamá y al viejo ese con su nuevo retoño humano… ¿humano?

Si, humano…

Para completar todos sus males, ahora iba a tener como hermano a un humano y con apellido Kurosaki… ahora entendía por qué tenía esas ganas de vomitar… realmente estaban insultando su apellido…

Suspiro cansado y cerró los ojos, manteniendo lo más estiradas que podía sus extremidades… de esa manera sentía cómo la humedad invadía de a poco sus huesos y por lo menos pensaba en el refrescante contacto y no en esa maldita palabra…

- ¿Haruto? – una voz femenina interrumpió el descanso del shinigami.

- No molestes – le contestó a la voz que se escuchaba desde atrás.

- No empieces con tus insultos nocturnos…

- Si no quieres oírlos, vete

- Vine porque Rukia se quedó mal después de tu desaparición… ¿por qué no volviste?

- No volveré tampoco

- No seas exagerado… nadie quiere que te vayas… es sólo una nueva vida, alguien que no tiene la culpa de nada… ¿por qué reaccionas así?

- No quiero seguir hablando de esto – se sentó en el pasto. La chica seguía parada a espaldas de él.

- No seas necio – se acercó hasta quedar justo detrás del chico. Él podía sentir cómo ella rozaba su espalda.

- Volveré a la Sociedad de Almas – juntó sus rodillas y las abrazó.

- Haruto – se oía molesta y decepcionada a la vez – piensa lo que estás diciendo… Tu mismo decidiste quedarte aquí… hace más de dos meses que vives con ellos… y Rukia se ve tan feliz…

- Ahora tendrá con qué entretenerse… ya no necesitará que yo esté con ella – estaba molesto y seguía sintiendo esa asquerosa sensación.

- No digas eso – ella se agachó y lo abrazó por la espalda, rodeando con sus brazos los de Haruto y apoyó su cabeza en el hombro del chico.

- Ellos estarán bien… y yo mucho mejor que quedándome

- ¿Y yo? ¿Qué hay de mí? – Miyu sonaba triste.

- Tu… - no sabía qué decir… él… quería irse realmente… ¿o no? ¿Por qué ahora había entrado en dudas?… ¿Qué era más importante? ¿Quedarse para estar con Miyu o irse por despecho?

- ¿Yo, qué? Vas a decir que yo voy a estar mejor sin ti, porque tú me tratas mal y no me quieres… como merezco – lo último lo dijo casi para sus adentros.



- Yo… - ¿la quería? ¿Qué sentía por ella? Dos o tres veces le había dicho que la amaba… pero… ¿era realmente cierto eso? ¿Qué era amar?

- Haruto… yo quiero que estés bien, que hagas lo que quieres hacer… y tu… tu realmente no perteneces a este mundo… eres shinigami… y no sabes lo que realmente necesitas… yo te amo… - lo abrazó con más fuerza – y respetaré tu decisión, sea cual sea… pero quiero que pienses en que tu mamá está aquí y va a tener otro hijo con el hombre que siempre quiso… con el que amó toda su vida… con el que te tuvo a ti como prueba de su amor incondicional…

- Deja ya eso… - hizo una pequeña pausa - …lo sé… - susurró.

Ambos se quedaron en silencio… Al cabo de unos minutos, Miyu se paró y dio la vuelta, comenzando a caminar para retirarse. Ya era tarde y una brisa fresca recorría el pueblo. Estaban cansados por el día que había transcurrido con bastante calor.

Haruto se paró lentamente y puso sus manos en los bolsillos. Miraba a la chica alejarse.

- Maldita humana – susurró. Se acercó a ella con un trotecito y la tomó por un brazo con suavidad.

- ¿Qué haces? – Miyu lo miró a los ojos… ¿Qué tenían esos ojos negros que lo volvían tan loco? ¿Por qué con sólo mirarla todo lo que sentía se transformaba en mariposas revoloteando? ¿Eso era a lo que todos llamaban amor?

- Yo… no vuelvas a decir que no te quiero – él la miraba fijo… pero su mirada no era la fría de siempre… ¿por qué se sentía tan mal con esa noticia? Después de todo no era tan malo tener un hermano… ¿o sí?

Miyu giró la cabeza y miró las estrellas.

- ¿Ves las estrellas? Ellas brillan aunque su mundo se esté destruyendo… brillan hasta que mueren… y tu… - lo miró - …tu nunca viviste… - sonrió tristemente – Perdón

- ¿Por qué me pides perdón?

- Porque me pediste que no te hablara más de tu vida

- Yo… no tengo una vida… - ahora él desvió la mirada, soltándola. Ella se giró para quedar frente a él.

- Si la tienes, está aquí… Con tu mamá y con tu papá… Ellos te aman… más de lo que tú crees… - Haruto la miró a los ojos intensamente.

- Yo… - no podía decir nada… pero quería decirle tantas cosas… sus pensamientos divagaban entre sus recuerdos… aquella primera vez en que la vio, sentada en el pequeño jardín de adelante de la, ahora, su casa… Buscando algún poder espiritual… Ella, siempre sonriente… lograba quitarle todos los pesos de encima… Tomó la cara de la chica entre sus manos y la besó. Un beso tierno y dulce, cargado de palabras silenciosas que invadían cada rincón de su mente y de su corazón. Ella respondió en seguida a aquel beso y lo abrazó por la cintura.

- ¡Ichigo! ¡Ichigo! – Rukia gritaba desaforadamente desde la cocina. Traía puesto su delantal de Chappy y unos guantes de tela. En su mano izquierda una sartén y en la derecha una espátula. Ichigo no contestaba y lo había estado llamando desde que puso los huevos en el fuego.

- ¿Puedes callarte de una maldita vez? – Haruto bajaba las escaleras malhumorado ante los sorprendidos ojos de Rukia.

- No escuché cuando llegaste…

- Era tarde… los dos roncaban… se notaba que estaban preocupados por mi… - Rukia lo miró de manera fulminante…

- ¡Ichigo!

- ¡Deja eso ya! Él no está

- ¿Y dónde fue? Yo no lo vi salir…

- Dijo que tenía algo importante que solucionar en la casa del viejo Isshin

- Ese "viejo" es tu abuelo… ¿desayunas? – le dijo con una sonrisa, mostrándole el huevo revuelto que había estado paseando por toda la casa mientras llamaba a Ichigo.

- No, gracias… iré a buscar a Ichigo… me pidió que le alcance algunas cosas…



- ¿Y tu cuándo lo viste?

- Cuando tú estabas al teléfono…

- ¿Al teléfono? Pero sólo conversaba con Tatsuki… No tardé tanto como para no verlo salir…

- Créeme que 25 minutos es mucho tiempo… - dijo Haruto antes de irse con una tostada en la boca… Rukia sonrió… al fin podía ver cómo padre e hijo se comunicaban normalmente… e incluso llevaba la infaltable tostada que Ichigo siempre tomaba al salir… Se sentó y comenzó a comer el frío y asqueroso huevo…

- ¡Hey! ¡Haruto! – Ichigo hablaba muy bajo, mientras golpeaba suavemente la puerta del cuarto del chico.

- ¿Qué quieres? Está abierto…

- Es que tengo que ir a la casa de mi viejo a buscar algo… ¿podrías venir tu después de desayunar? Quiero mostrarte algo…

- No quiero

- Está bien… haz lo que quieras… pero después no te arrepientas…

- ¿Qué hace mamá?

- Habla por teléfono… hace más de diez minutos que llamó a Tat… no sé de qué cosas raras hablan… bueno, nos vemos… - Ichigo salió sigilosamente de la casa.

Caminaba por las calles, todavía frescas, de la ciudad… ¿Para qué lo quería su padre? ¿Tan importante era lo que quería mostrarle? ¡Maldición! Tendría que ir… No lo quedaba otro remedio.

Al llegar, vio el asqueroso cartel de la clínica colgado y un letrero que decía: "Esta noche cerrado por causas familiares". De repente recordó la maldita fiesta que daba Yuki… o como se llame… No quería ir… Además, tenía que vestirse de esa manera tan ridícula… y bailar… y lo peor de todo, encontrarse con todos sus compañeros de clase… porque Miyu le había contado que no sólo los amigos de Yuki irían, sino también los compañeros de Noa, o sea los de él y Miyu… Suspiró y entró sin llamar… después de todo era la casa de su "abuelo"…

- ¡Súper patada voladora anti Kuchiki! – gritó Isshin al ver que Haruto atravesaba la puerta. Haruto lo esquivó sin ningún tipo de inconveniente…

- ¿Qué demonios te pasa, viejo?

- ¡Masaki! ¡Nuestro nieto es idéntico a nuestro retoño mayor! ¡Gracias! – Isshin lloriqueaba frente al cuadro de Masaki…

- ¿Qué haces, papá? – Ichigo bajaba las escaleras con una bolsa y unos papeles.

- Estoy agradeciendo a mamá por el nieto que nos diste – seguía con lágrimas en los ojos. Ichigo sonrió, ése era el momento perfecto para darle la noticia… aunque si se lo decía solo, Rukia lo mataría después, pero bueno… no dejaría de darle esa buena nueva a su papá…

- Ah, es por eso… - Ichigo se hacía el desganado. Haruto los miraba a los dos con desprecio, pero observaba con detenimiento la bolsa que traía Ichigo.

- Ichigo… ¿qué es eso que traes?

- ¿Esto? Es para tu mamá… son cosas que tenía guardadas de cuando ella vivía aquí antes de que todo esto pasara

- ¿Y por qué no se las diste antes?

- Porque las guardaba para un momento especial, y creo que ahora llegó – Ichigo estaba algo emocionado y su voz se había tornado melancólica. Isshin se sentó en la mesa, junto a Ichigo y Haruto permanecía a un lado parado, cruzado de brazos.

- ¿Y? ¡Muéstranos, hijo mío! – Isshin estaba más emocionado que Ichigo mismo…

Sacó un vestido blanco con una línea azul en la parte de abajo.

- Este vestido lo usó en la primera cita que tuvimos… creo que le encantará que se lo devuelva… - rió con nostalgia – y esto… - sacó una pequeña mochila un poco polvorienta – es la mochila que usaba aquí… - sacó un uniforme escolar perfectamente doblado – Este es su 

uniforme de la escuela, y esto – ahora sacó una pequeña libreta rosada con un gran conejo dibujado (muy feo, por cierto), Haruto lo miró con gracia… definitivamente era de su mamá… - Es su adorada libreta – Ichigo miró a Haruto.

- ¿Por qué me miras a mi?

- Quiero que esta la tengas tu – Haruto la tomó de mala gana y se alejó un poco. Miró por la ventana…

- Si quieres puedes subir al que era el cuarto de tu padre antes… es fácil reconocerlo… tiene un 15 colgado en la puerta – Isshin se escuchaba tan melancólico como Ichigo. Haruto subió.

Los dos hombres se miraron.

- Papá, hay algo que quiero decirte – Ichigo se veía serio.

- ¿Qué pasa?

- Es que… Rukia está embarazada – sonrió.

- ¡Masaki! ¡¿Escuchaste eso?! – se acercó rápidamente al cuadro - ¡seremos abuelos otra vez! – se acercó a Ichigo y lo abrazó con fuerza.

Haruto subió las escaleras y llegó al famoso cuarto. Entró y cerró la puerta. Todo estaba perfectamente limpio y ordenado… parecía como si alguien lo habitara… El perfume de su papá estaba por todos lados y el armario, abierto, conservaba un pijama amarillo doblado adentro…

- ¿Qué demonios…? – dijo acercándose a la prenda… ¿Qué hacía un pijama de nena en el armario de su padre? Bueno… todos estaban locos allí… así que esa no sería la excepción…

Se sentó en la cama y miró con desconfianza el cuadernillo de Chappy… Pero, al fin decidió abrirlo…

Al principio había dibujos explicativos sobre cosas básicas de la Sociedad de Almas y de Hueco Mundo, shinigamis y demases… Pero, más adelante, lo que estaba escrito se parecía más a un diario íntimo que a otra cosa… salvo por los espantosos dibujos…

"Hoy Ichigo y yo salimos a perseguir hollows… los últimos que quedaron vivos intentaron escapar a Hueco Mundo… Ichigo está raro… casi no me mira a los ojos… es como si… evitara mirarme…"

"Ayer me besó en la mejilla… y yo… creo que me estoy enamorando…"

"Definitivamente estoy sintiendo algo más que amistad por él… yo… no… no puedo decirlo…"

Haruto cerró el diario, no quería saber más… ¿por qué Ichigo le había dado eso a él? No lo entendía. Bajó rápidamente, llevando la libreta con él. Tenía que ir a decirle a Miyu que no iría a esa estúpida fiesta… No soportaba ni un minuto más entre los humanos…

7 P.M.

En fin, no había podido decirle lo que tanto quería… tuvo que quedarse callado cuando la chica comenzó a hacerle un desfile de modas privado… Se probó todas las combinaciones posibles de ropa que tenía en su gran, pero muy gran, armario y lo tuvo sentado en el sillón de la sala de la mansión Ishida desde las tres de la tarde hasta las seis, que lo echó para que se fuera a cambiar… No le dio la cara para decirle que no, después de haberla visto tan entusiasmada… Así que, resignado, arrancó la camioneta que le había pedido prestada a Ichigo, y se fue…

Por fin en casa… Dejó las llaves en el llavero, para no tener que aguantar la pelea de todos los días de sus padres buscando las benditas llaves de la camioneta, y se tiró en el sillón… ¿Qué haría? No tenía ganas de ir a la fiesta pero tampoco podía decepcionar a Miyu… Además, 

estaban esas notas que había leído… su madre tenía muchos secretos, al parecer… y lo que más le llamó la atención fue que Byakuya no aceptaba la relación entre ella e Ichigo… entonces… ¿por qué ahora no había hecho nada? Tenía que hablar con su tío… necesitaba respuestas urgentes…

"Mi hermano no quiere saber nada de que yo me quede aquí… tendré que volver cuando me llame, pero no quiero hacerlo… yo quiero quedarme con Ichigo… él es mi mundo, él es mi vida…"

El silencio invadía la casa… ¿dónde se habían metido todos? Aún era temprano para la fiesta… El ring del celular lo sacó de sus pensamientos… Era un mensaje de texto de Rukia… "Estás en casa? Vístete que nosotros ya vamos…"

Otra vez con las órdenes… ¿no podía un día quedarse sin mandarlo?... Bueno, buscaría algo para ponerse entre las cosas de Ichigo y luego los esperaría… no tenía otra salida…

Revolviendo, encontró unos gikongan de Chappy… eh… ¿Tal vez…? Sí, eso haría… aprovecharía esas y desaparecería por un par de horas de allí… Se evitaría los saludos y podría hablar con su tío… y volvería para la hora de la cena… era un plan perfecto y se quitaría las dudas de encima, sin defraudar a Miyu… Lástima que las de Chappy eran las de su mamá…

De pronto recordó esa palabrita molesta… "Pyon"… no, nunca se tomaría aquella cosa para ir diciendo todo el día "pyon, pyon" por ahí… seguramente Ichigo tenía alguna gikongan con más clase… Siguió revolviendo…

Algo, en uno de los bolsillos de una campera de su papá, llamó su atención. Una cajita pequeña de felpa negro, estaba celosamente guardada allí. Primero pensó que se trataría de algún anillo o algo así, pero la curiosidad lo pudo y la abrió… y vio una pequeña bolita verde entre los pliegues de un cómodo amohadoncito colorado que le solucionaría sus problemas… seguramente esa sería la gikongan de Ichigo… aunque era un extraño lugar dónde guardarla… pero, en fin, eso era lo que había…

Se cambió con el primer saco y el primer pantalón que encontró, y una camisa blanca y se fue a su habitación. Se sentó en la cama y se tragó la pequeña bolita. Su alma se desprendió del gigai, que aún permanecía con los ojos cerrados, pero su ceño no estaba fruncido y podía verse su respiración lenta y acompasada.

- Escucha, necesito que te quedes a cargo de este gigai mientras regreso. No tardaré más que un par de horas. Mis padres vendrán por ti y te llevarán a una fiesta, compórtate como yo por un rato… contesta mal a cualquiera que te hable y permanece como si odiaras a todos los que te rodean, con eso bastará… Nos vemos – y se fue rápidamente por la ventana.

- ¿Qué demonios pasa aquí? ¿Dónde estoy? – aquella gikongan que permanecía en el interior del gigai de Haruto comenzaba a hablar sola… - A ver… y ahora… ¿que habrá de nuevo? – abrió lentamente los ojos, con algo de temor…

La habitación era un lugar extraño y desconocido para él… ¿dónde estaba? Se levantó y miró por la ventana, estaba atardeciendo… Ese lugar… definitivamente era Karakura. Se acercó a la puerta con sigilo y salió.

La casa no estaba mal, pero estaba llena de fotos y cuadritos por todas partes…

- ¿Ichigo? – caminaba mientras miraba anonadado la colección fotográfica de Ichigo junto a una niña, que luego aparecía como una jovencita… pero era demasiado parecida a… - ¿Orihime? – Y por fin, en una de esas tantas fotos, Ichigo y la misteriosa niña estaban junto a una sonriente Orihime… ¿Qué estaba sucediendo en ese lugar?

Bajó las escaleras y fue directo a la sala… Allí también había fotos, pero más confusas todavía…



- ¿R… Rukia-ne-san? – dijo con asombro… - ¡No! ¡ONE-SAN! – gritaba a la vez de que lloraba… - ¿Por qué me hiciste esto? – seguía sollozando mientras miraba cada una de las fotos donde Rukia salía con Ichigo, con una chica de pelo castaño, con Tatsuki, y con otros…

Llegó a un espejo y se vio… la boca se le abrió de la impresión. Llevó su mano a su pelo negro y tiró de él…

- ¿Qué es esto? – dijo con más sorpresa… - ¿Ichigo?

Escuchó ruidos en la puerta. Dos voces que se le hacían tremendamente familiares… aún no entendía qué era lo que estaba ocurriendo allí, lo mejor sería actuar como le había dicho el supuesto dueño de aquel gigai…

Ichigo y Rukia entraron, discutiendo como de costumbre. "Haruto" permanecía parado, a un lado del espejo que colgaba de la pared de la sala, mirándolos con su mejor cara de malo.

- ¡Oh! Parece que ya te cambiaste… - le dijo Rukia algo sorprendida.

- ¿Por qué no vas para la camioneta? En diez minutos estamos – Ichigo le arrojó las llaves… ¿Quién sería este personaje de cabellos negros casi igual a Ichigo? Además, el verdadero Ichigo parecía algo más mayor… como si varios años hubieran pasado… No entendía nada… pero no podía decir que era él y que no entendía nada… así que, sin saber bien el por qué lo hacía, se fue a la camioneta, que por suerte tenía alarma y cuando sonó supo cual era, se subió y cerró los ojos… Esa noche sería terrible…

- ¿Dónde fue tan rápido Haruto? – Isshin halaba animadamente con Ichigo, que seguía revolviendo sin parar entre las cosas viejas que había ido a buscar…

- No se… siempre sale y nunca dice a dónde… no le des importancia…

- Pero ¿cómo puedes decir eso de tu hijo…?

- Rukia me dijo que siempre fue así… yo estoy aprendiendo a conocerlo… eso es todo… Oye… ¿no viste el leoncito de felpa?

- ¿Leoncito?

- Si, un viejo muñeco que usábamos antes…

- No. Tendrías que preguntarle a Yuzu… pero ahora está en la clínica… seguramente podrás verla a la tarde…

- Entonces vendré a la tarde… nos vemos, viejo…

Los tres iban callados rumbo a la fiesta, que era en la casa de Tatsuki. Era una casa grande, con ladrillos a la vista por fuera, dos pisos y un gran jardín atrás. Llegaron y Miyu, junto a Uryu, los esperaban en la puerta. Miyu, contenta, corrió al lado de Haruto y lo saludó con un beso en la mejilla. El "gikongan" se sonrojó… ¿Quién era esa? Recordó de pronto que era la misma chica que estaba en las fotos junto a Ichigo… A ver… atando cabos… Si ese cuerpo en el que estaba pertenecía a un chico morocho muy parecido a Ichigo… ¿podía ser hijo de Rukia y él? Si… perfectamente… Pero en las fotos se veía a esta chica junto a Ichigo y a Orihime… además, ella se parecía mucho a Hime… entonces… ¿sería hija de Ichigo con Orihime? ¡Qué confusión!... ¿Entonces el chico este y la jovencita serían hermanos? Bien, la trataría como hermana entonces… aunque estaba muy linda la niña…

Miró para todos lados, intentando entender qué estaba sucediendo en ese evento que convocaba tantas personas… Chicos jóvenes, al parecer de unos 17 o 18 años, daban vueltas por todos los rincones de esa gran casa, vestidos de gala… Todos muy bien arreglados y emperifollados para la ocasión…

Una linda jovencita, rubia, alta, con unos hermosos ojos celestes, miraba el cuerpo de Haruto con ojos reprochones y provocadores a la vez… El alma a cargo de aquel cuerpo sentía como esa intensa mirada se clavaban en los suyos y su corazón comenzó a latir con fuerza… ¿sería ella la novia o algo del chico? No estaba nada mal… Sonrió a medias y, con una copa que tomó de una bandeja que traía un mozo, se acercó seductoramente a la chica rubia, que traía un vestido rojo, muy ajustado, largo hasta los pies y con un escote muy provocativo en la espalda.



- Hola, Kuchiki-san – la voz de ella era muy sensual.

- Hola – dijo algo inseguro, ¿lo había llamado "Kuchiki"? ¿Qué estaba pasando? ¿No que era hijo de Ichigo?

- Viniste… ¿estás solo?

- Si… - era obvio… no pensaría que estaba con su hermana… ¿o sí?

- Ah… - dijo algo decepcionada, pero con una sonrisa - ¿No era esa Kurosaki-san? ¿No estás con ella?

- ¿Kurosaki? – ¿se estaría refiriendo a la chica castaña? Cada vez entendía menos… - Ah… no, no estoy con ella… - bueno, tal vez todos estaban locos… ¿sería la hermana realmente? No importaba… Ahora estaba llenándose la vista con la preciosura que tenía enfrente… Sonrió.

- Vamos a saludar a los chicos… - le dijo la chica, tomándolo por el brazo y arrastrándolo a un grupo de chicos que reían a unos metros de ellos.

- Hola, Ebisawa-san – le dijo a la rubia una chica de pelo castaño, corto y alborotado, petisa y delgada. Llevaba un vestido corto, poco escotado y suelto, color negro.

- Hola, Tamiko… - la miró de soslayo - ¿por qué tanta formalidad?

- Es que estamos en esta fiestota… no sería apropiado llamarte por tu nombre – le sacó la lengua picaronamente.

- Hola – dijo tímidamente "Haruto".

- ¡Ah! – dio un grito de sorpresa la castaña, ahogado por la mano de un chico que estaba parado a su lado. Mientras, con la otra maño hacía una señal con el dedo índice, indicándole que no hiciera escándalo.

- No hagas tanto alboroto, sólo es Kuchiki-san… - sonrió el chico. Era alto, de pelo negro y algo largo. Tenía una sonrisa permanente y sus ojos semicerrados.

- Pero… pero… ¿qué hace él aquí? Y… ¿con Rei?

- Es que muy amablemente Kuchiki-san me vino a saludar y me acompañó a saludarlos a ustedes… - Rei, la rubia, sonreía mientras miraba a "Haruto".

Los cuatro, Rei (la rubia), Tamiko (la morocha), "Haruto" y el chico morocho (que se llama Toru :P) siguieron conversando amablemente. Los compañeros de Haruto estaban extrañados por su comportamiento… ¿qué le estaba pasando?

Miyu hablaba con Ichigo, Rukia e Ishida cerca de la mesa central, dónde estaban los aperitivos y los canapés… Miraba cada tanto a la gente, buscando a Haruto… pero no lo veía…

- ¡Miyu! ¡Miyu! – Noa se acercaba corriendo dónde estaba parada su amiga.

- ¿Qué sucede? – Miyu se acercó a Noa.

- Es que… Kuchiki… - Noa estaba algo agitada. Traía puesto un vestido crema de gaza, suelto, sostenido a la altura de la cintura por un lazo de raso atado con un moño en la espalda.

- ¿Qué pasa con Haurto?

- ¡Está hablando con los chicos!

- ¡¿Qué?!

- ¡Que esta allá – señaló con su dedo índice el lugar donde estaba el susodicho – hablando amablemente con la tarada de Rei y los demás!

Miyu no contestó, sólo le dejó la copa que tenía en su mano a Noa y fue directamente en dirección a dónde estaba parado el pobre "Haruto".

- ¡¿Qué estás haciendo?!

- Eh… nada… charlo con los chicos – estaba poniéndose nervioso… ¿por qué su "hermana" se veía tan enojada?

- ¡Ven inmediatamente para acá! – lo tomó del brazo y lo arrastró hasta las escaleras ante la mirada atónita de los demás. Subió y se encerró con él en el baño…



Sociedad de Almas

Haruto tenía un cuchillo en la mano y estaba tallando algo en su cerezo, en el jardín de la mansión. Byakuya lo había estado observando en silencio desde que llegó… ¿por qué estaba haciendo eso ahora? Después de una hora, por fin se sentó al pie del árbol y dejó el cuchillo clavado en el pasto. Se recostó en el tronco, puso sus manos detrás de la nuca y cerró los ojos.

- ¿Por qué viniste? – la voz de Byakuya sonaba serena.

- Porque necesitaba hacer algo… y preguntarte unas cosas

- Dime – Byakuya permanecía de pie, mirando con curiosidad las nuevas marcas del árbol.

- ¿Por qué aceptaste la relación de Ichigo y mamá?

- Porque ellos se lo merecen – contestó fríamente.

- ¿Se lo merecen? ¿Después de todos estos años de mentiras?

- Deja de decir siempre lo mismo. Ahora estás así porque te dijeron lo que está pasando

- No quiero hablar de eso, te pregunté por qué cambiaste de parecer si hace veinte años era distinto

- Yo no podía permitir que existiera una relación entre un humano y un shinigami, pero después de tantos años de sufrimiento no podía negarme

- ¿Y eso fue suficiente para que cambiaras de opinión?

- Ya fue suficiente – sentenció Byakuya, mirando a Haruto a los ojos – Tienes ordenes – le extendió un sobre que estaba sellado y firmado por el Comandante General.

- ¿Y esto? – Abrió el sobre, leyó y su cara se transformó… ¿qué significaba esto? –Pero… ¿por qué? Son órdenes tuyas… ¿tuyas?

- Decidí que lo mejor ante esta situación es que alguien custodie a Rukia Kuchiki de cerca. No te olvides que el permiso de tu mamá fue concedido con la excusa de que el trastorno mental de Kurosaki no le permitiría cumplir correctamente sus funciones como shinigami – Haruto lo veía sorprendido, alternando su mirada entre su tío y la carta – Ahora que la teniente no puede cumplir su función, ni regresar por su nueva condición, alguien debe hacerse cargo… y quién mejor que el otro shinigami que habita en esa ciudad del mundo humano

- Pero yo no quiero, yo quiero volver aquí

- Tú te quedarás allá y cumplirás con las órdenes

Karakura, casa de Tatsuki y familia

- ¿Estás loca? ¿Qué haces?

- A ti te pasa algo raro… - le tocó la frente para comprobar que no tuviera fiebre.

- ¿Por qué? Sólo estaba saludando… ¿no son compañeros de clase?

- Si… pero tú no los soportas… - Miyu se veía enojada, y si que lo estaba…

- Entonces… - recordó de pronto las palabras de aquel que era el verdadero dueño del cuerpo… "contesta mal a cualquiera que te hable y permanece como si odiaras a todos los que te rodean"… tragó saliva… esto se ponía feo.

- ¿Entonces? – Miyu notó algo extraño… no estaba frunciendo su ceño, tenía las manos transpiradas y estaba nervioso… definitivamente algo estaba sucediendo. Cerró sus ojos y comenzó a elevar su reiatsu. Unas cintas aparecieron en el aire, pero ninguna era roja…

¿Qué estaba haciendo esa niña? ¿Listones espirituales? ¿Por qué hacía eso? Además… ¿podía hacer eso? Si era una humana normal… ¿o no?

- Lo sabía… tú no eres Haruto… ¿quién eres?

- Eh… yo… bueno… es que…

- ¿Eres una gikongan?

- No exactamente… soy un alma modificada

- ¿Alama modificada?

- Si… me llamo Kon

- ¿Kon? ¡¿KON?!



- Si… ¿me conoces?

- Pues claro… - Miyu se cruzó de brazos… ¿qué hacía Kon ahí? ¿Y dónde se había metido Haruto?

Ichigo buscaba a Miyu… tenía que decirle que ya estaba por comenzar la fiesta… Tatsuki le había encargado "amablemente" que los buscara, a Miyu y a Haruto… pero si encontraba a Miyu ella se encargaría de encontrar al otro cabeza dura…

Golpeó la puerta del baño.

- Ocupado – dijo Miyu desde adentro. Kon la miró nerviosamente.

- ¿Miyu? ¿Eres tú?

- Si papá, ya salgo – miró a Kon de mala manera – Tienes que decirle a él lo que pasó… ¿Por qué se fue Haruto? – susurraba.

- No lo sé… me dijo que regresaría en unas horas… Pero… no quiero decirle a Ichigo – lloriqueaba.

- Le diremos ya – Miyu abrió la puerta e Ichigo la vio y también a "Haruto" detrás con lágrimas en los ojos. No entraba dentro de su sorpresa.

- ¿Haruto?

- No, no es Haruto… ¿cómo no te diste cuenta?

- ¿Cómo que no es Haruto?

- ¡Ichigo! – gritó Kon y lo abrazó. La cara de Ichigo comenzaba a aparentar su sorpresa gigante… ¿Haruto lo abrazaba?

- Basta… dile de una vez… ¿no sabes que ese gigai oculta el reiatsu?… no podemos sentir tu presencia… por eso no nos dimos cuenta antes del cambio…

- ¿Qué? No entiendo… ¿qué está pasando? – Ichigo estaba cada vez más confundido.

- Él no es Haruto… es Kon

- ¿Kon? ¡Kon! Pero… ¿cómo llegaste al cuerpo de Haruto?

- Es algo largo de contar… además… no lo sé – lloraba…

Ichigo caminaba por las calles del Seireitei, buscando el quinto escuadrón… Quería saludar a Urahara… y decirle unas cuantas cosas… Al fin llegó y en la puerta estaba Tessai barriendo, junto a Jinta y Ururu, ya crecidos, que peleaban mientras acomodaban unas cosas.

- ¿Kurosaki-kun?

- El mismo… hola…

Se saludaron y desde atrás salió Urahara, con una sonrisa y su abanico en mano.

- Hola, Kurosaki-san

- Hola Urahara

- Pasemos…

Los dos entraron y fueron a la oficina, se sentaron y se miraron serios.

- Hace tanto tiempo que no nos vemos…

- Si, y no es gracias a mi… ¿por qué no me dejaste forma de regresar?

- No podía… realmente no sabía lo que sucedería…

- Ya es tarde para hablar de esto… nada se solucionará – Ichigo cambió de postura… no tenía caso reprocharle nada… - ¿Dónde está Kon? Quiero saludarlo

- Él… está guardado

- ¡¿Qué?! No era que lo traías aquí para encontrarle su verdadero lugar…

- Si, pero en todos estos años no logré que aprobaran el proyecto de protección a las almas modificadas… lo siento

- Entonces, devuélvemelo

- Está bien – se levantó y tomó una cajita negra de felpa negro y se la entregó.

Sociedad de Almas



Haruto se había marchado ya. Byakuya caminaba por el largo pasillo que une las habitaciones con el comedor, mirando por las ventanas que dan al patio. Vio el cerezo y la curiosidad lo atacó… ¿qué significaban las nuevas marcas en la corteza? Salió y se paró frente al árbol.

Dos corazones entrelazados estaban debajo de las marcas viejas. Dentro de ellos, un sol y una mariposa respectivamente… Byakuya estaba sorprendido… ¿qué era eso? Bueno, en fin… a lo mejor se lo contaría en algún momento. Miró las estrellas por unos segundos, y volvió al largo pasillo…

Fiesta en Karakura

Todos estaban en silencio, mirando a Yuki y a Tatsuki que estaban parados en el centro del salón, junto al padre de Yuki. También Kon en el cuerpo de Haruto junto a Miyu, siendo vistos por Rei y los demás con algo de asombro.

- Bueno, distraemos su atención para decirles que ya damos por comenzada esta gran fiesta en la que festejaremos el cumpleaños número dieciocho de mi hijo Yuki – todos aplaudieron – y que una nueva vida está creciendo dentro de la panza de mi amiga Rukia – todos aplaudieron mientras comentaban cosas… La música comenzó a sonar fuerte mientras algunos se acercaban a la pista a bailar…

¿Nueva vida? ¿Qué Rukia qué? Kon miró a Ichigo con rabia… ¿embarazada? No, no podía ser… ¿qué estaba pasando? ¡Qué alguien le explique! Miyu notó la confusión y se lo llevó al patio.

- ¿Qué está pasando? ¿Quién demonios eres tú?

- Yo soy Miyu Kurosaki, soy hija de Uryu y Orihime

- Pero entonces… ¿cuántos años pasaron?

- Desde la derrota de Aizen, veintisiete

- ¿Veintisiete? No, no puede ser… pero… ¿Por qué tienes ese apellido si no eres hija de Ichigo?

- Es una larga historia… después te la contaré…

- ¿Y se puede saber de quién es este cuerpo?

- Es el gigai de Haruto Kuchiki, él es hijo de Ichigo y Rukia

- ¿Y por que usa gigai?

- Porque no es humano, es shinigami

- No entiendo nada – se agarraba la cabeza con las dos manos, pero justo en ese momento sintió la presencia de Haruto y miró a Miyu, que le hizo una seña asintiendo lo que estaba a punto de hacer. Se fue en busca de su "dueño".

Haruto lo vio y entró en su gigai sin preguntarle nada. Guardó la bolita verde en su bolsillo, se acomodó la ropa y volvió a entrar en la casa. Inmediatamente Rei lo atajó y lo arrastró a la pista.

- ¿Qué crees que haces?

- Pero si tú me prometiste que bailarías conmigo… - se mostraba triste.

- ¿Qué yo qué? – Haruto no entendía nada…

- Y después bailarás conmigo – dijo mientras se acercaba Tamiko (la morocha)

- A no… esto no es cierto…

Miyu lo miraba con una sonrisa, se lo merecía por escaparse… Se puso seria y se acercó. Le haría una escena que nunca olvidaría…

- ¿Qué estás haciendo? – sonaba enojada, Haruto volteó al escuchar la voz de su salvación…

- Nada, estás "chicas" dicen que quieren bailar conmigo… - dijo despectivamente.

- Pero ¿cómo?... si acabas de decirme a mí que baile contigo… - cada vez se hacía más la enojada… veía cómo los ojos de Haruto se desorbitaban… ¿qué había hecho esa maldita gikongan?

- Vámonos – tomó a Miyu por el brazo y se alejó rápidamente de las otras chicas, que se quedaron algo sorprendidas… Ese chico era raro… definitivamente…



Notas:

Como habrán notado, aparecieron nuevos personajes en este capítulo. Ellos son compañeros de clase de Miyu, Haruto y Noa. Son la rubia y sensual (y odiada por casi todas las chicas) Rei Ebisawa; su amiga íntima, la rara Tamiko Isobe; el siempre sonriente Toru Shiga; y alguien que aún no apareció, pero se los pongo como yapa, el hermano mellizo de Rei, otro agrandado y creído como ella, Kazu Ebisawa.

Otra cosa, el nombre Haruto, entre varias de sus acepciones, significa Sol, y Miyu significa belleza, corazón y alma, entre otras cosas. En el dibujo que hizo Haruto en el cerezo se observan dos corazones entrelazados con un sol y una mariposa… también recordemos que las mariposas son algo particular en Bleach… de aquí saquen sus conclusiones :P jaja

Demás está decirles que espero sus comentarios! Nos vemos!