Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece.
Canción: Courage-superchick.
-I told another lie today and I got through this day, no one saw through my games. I know the right words to say, like "I don't feel well" "I ate before I came." And for a moment...I am happy.
Capítulo 2: Courage.
EPOV
Robé la mitad de un pan del plato de mi padre, y jalé a mi mamá del brazo para besarla en la mejilla. "Estaré de vuelta a las 2." Murmuré mientras salía corriendo hacia la puerta.
"¡Suerte en la escuela!" Escuché a mi madre gritar justo antes de que entrara al Volvo.
Sonreí inconscientemente. Me encantaban los momentos por los cuales éramos una "familia normal" y nos deseábamos suerte y hablábamos. Normalmente eran en la mañana antes de irnos a la escuela y el trabajo, y no duraban mucho. Había que aprovecharlos.
Cerré la puerta, y prendí el motor rápidamente. Genial. Primer día de escuela y ya estoy retrasado.
Aparqué justo frente a la entrada principal de la escuela, y bajé del auto, buscando con la mirada a alguien conocido.
Sentí unas diminutas manos posarse sobre mis ojos.
"¿Quién soy?" Susurró una voz de duende.
"¿Mi esclava sexual?" Bromeé.
Me dio un golpe en la espalda con una de sus rodillas, pero no me soltó. "Eso quisieras, ¿uh?" Su susurro pretendía ser sensual, y sus labios estaban a milímetros de mi oído.
Mi rostro se contrajo en una mueca de asco. "¡Por Dios Alice!" Me revolví para que quitara sus manos. "¡Somos familia!"
Una musical risa salió de sus labios, y me besó cariñosamente en la mejilla antes de girarse hacia su lado derecho. Dos chicos y una chica venían hacía nosotros. Fruncí el ceño al encontrarlos desconocidos.
"Son Emmett, Jasper, y Rosalie." Anunció Alice.
Asentí en reconocimiento. Los había conocido solo un poco, cuando éramos niños y veníamos de visita. Eran los mejores amigos de Alice.
"Hola Edward." La chica rubia que tomaba la mano de un chico alto y corpulento me saludó con una sonrisa. Adiviné que eran novios.
Me mordí el labio al no recordar su nombre. "Hola…" titubeé.
"Rosalie." Me sonrió.
"Rosalie." Le di una sonrisa tímida. "No soy bueno recordando nombres."
El chico corpulento se aclaró la garganta, y me hizo saltar un poco. Todos rieron por lo bajo.
"¡Tranquilo hombre!" Bramó. "Sólo estaba jugando." Besó la mejilla de su novia. "Soy inofensivo."
Solté una risita nerviosa.
"Soy Emmett." Estiró su mano.
"Edward." La estreché.
El chico rubio que estaba detrás de ellos nos rodeó para reunirse con Alice, y posó un suave beso en lo alto de su cabeza.
"Jasper." Murmuró, aún con los labios pegados en la cabeza de mi prima. Alcé las cejas.
"Jazzy es mi novio." Cantó la pequeña. Reí de su tono meloso.
"Me alegro." Me burlé. Me sacó la lengua, y una visión me hizo girarme totalmente hacia el estacionamiento.
La chica del cabello castaño que había visto ayer, estaba saliendo de su camioneta. No se veía bien. Su piel lucía pálida y marcadas orejas estaban bajo sus ojos. La vi tomar una respiración profunda antes de juntar su frente contra la puerta, y quedarse ahí con los ojos cerrados por un momento. Fruncí el ceño.
Jasper se dio cuenta de que me había distraído, y siguió mi mirada. "Bella Swan."
Giré mi cabeza de vuelta hacia ellos.
"Es rara." Murmuró Rosalie, mirándola de reojo. Fruncí el ceño de nuevo. No me parecía rara, y no me agradaba que hablara de ella así.
"¿Has hablado con ella?" Pregunté con voz seria.
Se encogió ante mi tono y agachó la mirada. "No." Admitió, avergonzada.
La miré incrédulo. "¿Y en que te basas para decir que es rara?" Pregunté, un poco irritado.
Emmett tomó protectoramente de la cintura a su novia y me miró. "Por qué lo es."
Gire mi rostro hacia él, pidiendo una explicación con la mirada.
"Nunca habla." Comenzó. "No se relaciona de ninguna manera con nadie. No hay contacto visual, físico, emocional, de ningún tipo."
"Tratamos de juntarla a nuestro grupo cuando comenzamos la preparatoria." Explicó Alice, robándole la palabra a Emmett. "No nos dejó."
"Nos da un poco de lástima." Admitió Jasper.
Miré con tristeza a la chica. "¿Siempre ha sido así?" Seguía presionada a la puerta de su camioneta, tomando varias respiraciones profundas.
"No recuerdo que fuera así en secundaria." Alice negó con la cabeza. "Tenía su propio grupo de amigos."
Rosalie asintió, hablando por primera vez desde que la había 'intimidado.' "Comenzó a aislarse cuando entramos a la preparatoria."
"¿Y tienen alguna idea de porque es así?" Pregunte, realmente curioso. Esa chica me había intrigado demasiado, aunque apenas la había visto por unos minutos.
Todos negaron con la cabeza.
"Aunque…" Comenzó Jasper. "Jamás la he visto comer."
Alice sonrió, coincidiendo con su novio. "Y siempre le duele la cabeza y está de mal humor."
"¿Creen que tenga problemas alimenticios?" Pregunté a nadie en particular.
"Es lo más probable." Respondió Rosalie, mirándola de reojo. "Mira lo delgada y pálida que está."
"Siempre ha sido delgada." Interfirió Emmett.
"Si," admitió su novia. "Pero de alguna manera su delgadez no es normal. Además, ¿Cómo explicas que siempre esté pálida y enferma?"
"Buen punto." Murmuró distraídamente él.
Me mordí el labio. Conocía a muchas chicas con problemas alimenticios, y un par de ellas no habían terminado bien.
Alice se encogió de hombros, mirándola con tristeza. "No es como si pudiéramos hacer algo, de todos modos."
"No." Coincidió Rosalie. "No nos dejaría."
"¿Y nadie ha tratado de hablar con ella?" Pregunté incrédulo.
"No habla con nadie." Respondió Jasper.
"Me refiero a un maestro…o sus padres." Aclaré.
"Su madre vive en Phoenix y su padre es el jefe de policía, jamás está en casa." Respondió alguien. Dejé de prestar atención cuando noté que había despegado su frente de la camioneta, y luchaba por sacar su mochila fuera de ella.
"¿Creen que me deje ayudarla?" Cabeceé hacia ella.
"Creo que puedes intentarlo, si quieres." Alice la miraba con sincera tristeza en sus ojos. "Aunque no te aseguro que te deje hacerlo."
Asentí. "No pierdo nada, ¿cierto?"
"Cierto." Jasper me sonrió animadamente.
Le devolví la sonrisa. "Los veo en el receso chicos."
Se despidieron de mí, y caminé hacia la chica de cabello castaño. No me sentía con derecho a llamarla por su nombre hasta que me lo dijera ella misma.
"Hola." Murmuré, revolviendo mis manos nerviosamente, cuando llegué a su lado. Seguía tratando de sacar su mochila de la camioneta. Probablemente se había atascado con algo.
Me miró asombrada. "Hola." Susurró antes de volver a su tarea.
"Estás teniendo problemas con esa mochila, ¿uh?" Solté una risita nerviosa al final.
Ni siquiera me miró. "En realidad no."
Asentí, mientras la miraba dejar la mochila y suspirar derrotada.
"Yo creo que sí." Diferí con ella.
Se giró hacia mí, y sentí un enorme impulso de retirar un mechón rebelde que se había acomodado a lo largo de su rostro, por el esfuerzo que había hecho por la repentina vuelta que había dado. No lo hice.
"¿Y a ti que te importa?" Su mirada y su tono eran hostiles.
No me ofendí. Los chicos me habían dejado claro que era alguien difícil. "Sólo quiero ayudar." Respondí sinceramente.
"No necesito ayuda." Se agachó de nuevo, y tomó uno de los tirantes de su mochila.
Miré con atención como intentaba –en vano- de sacarla, y suspiré. "Sólo déjame sacar eso y me iré."
Soltó de golpe el tirante, y me miró irritada. Sonreí, preguntándome que esperaba ver.
Asintió, casi imperceptiblemente, y me acerqué a la puerta de la camioneta. Su mochila estaba atascada debajo del bastón de seguridad del volante. Hice una mueca cuando la liberé, y me di cuenta de que no era capaz ni de levantar ese poco peso.
"Aquí tienes." Levanté la mochila en el aire. "Déjame colgártela." Ofrecí, mientras caminaba hacia su espalda.
Sacudió sus manos en señal de negación. "Yo puedo sola."
La miré inexpresivo. Sabía que no tenía caso luchar contra ella. No ganaría.
"Bien." Le alargué la mochila.
Tomó uno de los tirantes, pero seguí tomándola de la parte de abajo. No la solté hasta que la tenía completamente puesta.
Cerró la puerta con llave, y comenzó a caminar hacia el interior de la escuela.
La miré incrédulo mientras se alejaba. "De nada." Mascullé mientras comenzaba a caminar hacia adentro yo también, y sacaba mi horario.
"Química." Leí en voz alta mientras miraba el número de los salones para ubicarme.
Encontré el salón después de un momento, y me adentré lentamente en él. Todos estaban ya en sus mesas y el profesor escribía algo en el pizarrón.
Me aclaré la garganta ligeramente. "Buenos días." Caminé hacia el escritorio.
El maestro se dio media vuelta y me pidió con un gesto de la mano la hoja que tenía que firmar por mí.
Me dirigió una sonrisa amistosa. "Buenos días Sr. Cullen."
Le devolví la sonrisa, incómodo. Sentía miles de miradas sobre mí. Traté con todas mis fuerzas de ignorarlas. Odiaba ser el centro de atención.
El maestro inspeccionó la clase, y luego me miró. "Su lugar será la última banca en el fondo, y su compañera la Srita. Bella Swan."
Abrí los ojos, sorprendido. Giré la cabeza hacia la dirección que tomaba la mirada del profesor, y vi a esa chica de cabello castaño que tanto me había intrigado. Luché internamente contra esa sonrisa tonta que amenazaba con posarse en mis labios. Tenerla de compañera de laboratorio definitivamente era un avance.
"Gracias." Le sonreí al maestro, y me dirigí a mi banca, ignorando las miradas de todos los demás estudiantes en el salón.
Bella garabateaba algo en su cuaderno distraídamente, y ni siquiera levantó la cabeza cuando arrastré ruidosamente la silla a su lado antes de sentarme. Me pregunté si estaba ignorándome, o en realidad no había notado mi presencia.
Decidí arriesgarme a saludarla. "Hola, Bella." Me enderecé en el asiento, y la miré fijamente.
Levantó la mirada y le dediqué una cálida sonrisa. Su expresión era neutra, y no la cambió.
"Hola." Murmuró antes de volver a su cuaderno.
Decidí tratar algo más. "¿Cómo estás?" fingí una sonrisa confiada, pero estaba golpeándome por dentro por ser tan estúpido y no poder decir algo más inteligente.
Se encogió de hombros sin levantar la mirada. "Bien."
Asentí, resignado. "Claro."
Me removí incómodo en el asiento y comencé a sacar mis plumas y cuadernos para poner atención a la clase.
Tratar de poner atención a la clase.
Me rendí después de unos minutos, así que me dediqué a admirar a la persona a mi lado.
Ella tenía la cabeza gacha mientras escribía, así que ignoraba que la veía.
Su cabello era largo y quebradizo, su piel pálida y un poco amarilla, tenía marcadas bolsas y ojeras bajo los ojos, y unos labios muy resecos.
Aún así era hermosa.
Había algo en ella que me hacía sentir protector y dulce. Parecía que se quebraría en cualquier momento, y yo quería ser quien estuviera ahí para impedirlo.
Suspiré cuando me di cuenta de que no me dejaría ayudarla en ningún aspecto. ¡Por Dios! Ni siquiera podía tener una conversación de más de dos palabras con ella. ¿Era tan insoportable?
Bostezó y vi como la piel de su cara se estiraba y se pegaba aún más al hueso. Sentí una enorme necesidad de acariciarla y sostenerla, temeroso de que esa simple acción pudiera romperla.
Me obligué a apartar la mirada y concentrarme en la materia. El maestro caminaba entre las mesas ahora, y no quería ganarme un castigo por no trabajar el primer día.
Comencé a copiar las indicaciones del pizarrón y a contestar el ejercicio. Diez minutos después la clase había acabado.
Recogí todas mis cosas, y para cuando levanté la mirada, ella ya se había ido.
El resto del día hasta el almuerzo pasó normal. Bastante aburrido, a decir verdad. Nada comparado con mi escuela de artes.
Varios alumnos y alumnas me habían hecho conversación a lo largo del día. Les seguí la corriente durante un momento, y luego me concentré en trabajar. No quería ser grosero, pero no tenía intención en hacer nuevas amistades. No si no eres Bella Swan; pensé para mí.
Entré a la cafetería y busqué a Alice o alguno de sus amigos con la mirada, mientras caminaba hacia la comida.
Los visualicé en una mesa al fondo cuando terminé de pagar. Había tomado dos pedazos de pizza y una coca.
Comencé a caminar hacia ellos cuando vi a Bella sentada totalmente sola en una mesa cerca de la puerta. Estaba prácticamente acostada, su mejilla derecha se encontraba sobre la mesa y uno de sus manos tocaba distraídamente una botella de limonada frente a ella. No había rastro de comida.
Dejé de caminar y me mordí el labio, pensando. Volví rápidamente a la fila de la comida y compré una manzana. Caminé con paso confiado –nervioso por dentro- hacia la mesa de Bella, y me senté frente a ella, arrastrando la silla para advertirla de mi llegada. Levantó la cabeza unos centímetros, y me miró cansada y confundida. Puse la manzana frente a ella.
"Come." Exigí, mirándola con expresión seria.
Dejo caer la cabeza en la mesa de nuevo, luego de rodar los ojos. "Ya comí." Masculló contra la mesa.
Alcé las cejas. "¿Ah, sí?"
Ladeó la cabeza un poco, de modo que podía mirarme aún recostada. "Sí."
"¿Dónde está tu bandeja?" Pregunté, retándola a que me mintiera.
Miró su botella de limonada. "La recogió la señora de la comida."
Bufé. Sonaba como si jamás hubiera comido en la cafetería de la escuela.
"Wow." Silbé. "Tengo que preguntar qué debo hacer para que recojan mi bandeja también, porque normalmente las cocineras no suelen hacer eso."
Suspiró. "Soy especial."
"Claro." Asentí. "¿Qué comiste?"
Levantó la cabeza y miró mi bandeja. Dejo caer la cabeza de nuevo.
"Pizza." Se limitó a contestar.
"¿Y coca?" Pregunté divertido, enseñándole la mía.
"No," contestó como si fuera obvio. "Limonada." Me enseñó su botella. "Duh."
Solté una risita.
"No sabes mentir." Informé.
"Hablas de mi como si me conocieras." Dijo con voz cansada.
"Es como si lo hiciera." Era verdad. Sentía como si la conociera de toda la vida. Ya no estaba cansado, o nervioso, o incómodo con ella. Se sentía natural.
No me contestó.
Suspiré. "Sólo come la manzana." Se la acerqué.
Me miró incrédula.
"Por favor." Pedí con voz suave.
Rodó los ojos y tomó una respiración profunda mientras se incorporaba en el asiento.
Sabía, por su mirada, que estaba debatiéndose internamente entre comer la manzana o no.
Mi rostro hizo una mueca al darme cuenta de que algo tan cotidiano y normal como comer le parecía un reto.
"Por favor." Repetí.
"¿Por qué estás tan interesado en que coma?" Preguntó irritada. "Además, ya te dije que ya comí."
Rodé los ojos. "Y yo ya te dije que no sabes mentir." Acerqué un poco más la manzana a ella. "Me preocupo por ti."
Su expresión se suavizó un poco. Sólo un poco.
"¿Por qué?"
Me encogí de hombros.
"No lo sé." Admití, encogiéndome de hombros. "Simplemente…hay algo especial en ti." Me sonrojé por lo sincero que soné.
Una suave sonrisa se posó en sus labios, y pensé que en ese momento ella era lo más hermoso que había visto en mi vida.
Le sonreí cálidamente, y empujé la manzana hacia ella con mi dedo índice. Me sonrió antes de darle una pequeña mordida.
"Gracias." Susurré, sonriéndole ampliamente.
Separó la manzana de sus labios. Un poco de jugo colgaba de la comisura de su boca y contuve mis ganas de acercarme a ella y limpiarla. Acababa de tener un gran progreso, y no quería arruinarlo.
Me acercó la manzana a los labios. La miré confundido.
"Muerde." Demandó. Una sonrisa juguetona se había posado en su rostro.
"¿Qué?" Miré a la manzana, que estaba a centímetros de mis labios.
"Comeré la manzana….si me ayudas." Sonrió ampliamente. "Una mordida cada uno."
Solté una risita y me acerqué a la manzana. Le di una mordida del mismo tamaño que la suya, justo enseguida.
-
El receso terminó demasiado rápido. Habíamos terminado la manzana rápidamente, y la convencí de comer otra cosa. Esta vez fue un mango. Una mordida cada uno.
Me sentí desilusionado cuando escuché la campana sonar, y me dijo que no teníamos ninguna clase juntos ese día, además de química. De verdad quería seguir con ella. Habíamos conversado de cosas muy triviales, pero se había portado muy bien conmigo. No había rastro de la persona que había sido hoy en la mañana.
Sonreí cuando noté que tomaba más energías después de comer, y como un leve rubor llenaba sus mejillas cada vez que le daba un cumplido o nos tocábamos sin querer. Era tan adorable.
"¿Quieres que te encamine a tu próxima clase?" Pregunté mientras salíamos de la cafetería. Suena muy paranoico, pero temía que pudiera pasarle algo del transcurso de la cafetería al salón.
Rió suavemente. "Creo que puedo llegar sola, gracias." Comenzó a caminar.
La detuve suavemente del brazo. "Hablo enserio. No me importa." Hablé muy suavemente, cerca de ella. Todo en lo que podía concentrarme era en mi mano sobre su diminuto y delgado brazo y su rosto tan cerca del mío.
Su rostro se tornó serio, y tardó en responder. "Gracias, pero deberías ir a tu clase. El señor Clapp no acepta retrasos."
La miré desilusionado, pero dejé ir su brazo. "Claro." Murmuré. "¿Te veo en la salida?"
Sonrió de nuevo. "Te veo en la salida."
Me encontré con Alice en el camino al gimnasio, y me dijo que compartía esa clase conmigo. También me dijo que Rosalie, Jasper y Emmett eran de último año –al contrario de nosotros, que éramos de segundo año-, y por eso le agradaba que hubiera vuelto. Tendría un amigo de su edad con ella ahora.
Me preguntó sobre donde había estado en el receso, y le conté sobre Bella. Literalmente chilló de la emoción cuando le conté. Dijo que estaba orgullosa de mí.
No me topé con Bella entre clases ni una vez, y eso me ponía ansioso. Ansioso porque la escuela terminara y pudiera verla. Tal vez incluso me dejaría llevarla a su casa, luego vería que hacer con su camioneta.
Estaba a punto de ir a mi última clase, cuando vi a lo lejos un montón de chicos en círculo. Corrí hacia ahí por impulso, y me encontré con Bella tirada en el piso, rodeada de un montón de estudiantes.
Me hice paso entre ellos empujándolos fuertemente con los hombros. ¿Bella se había desmayado y todos estaban mirándola a su alrededor, sin hacer nada? ¿Qué clase de personas eran?
Me arrodillé y pasé mis dedos suavemente por el cabello de Bella.
"Bella." La llamé suavemente.
No hubo respuesta.
Sentí algo contra mi espalda, y me topé con la rodilla de un tipo. Todos los chicos seguían alrededor de nosotros, casi encerrándonos. Me enfadé de verdad y comencé a gritar y a correrlos de ahí. En menos de un minuto se habían ido.
Me senté en el piso. Bella tenía los ojos ligeramente cerrados y su respiración estaba muy lenta.
Pasé mis brazos por debajo de su cuerpo y la cargué estilo nupcial. Llegué a la enfermería por medio de letreros e indicaciones. Estaba cerrada.
Gruñí audiblemente, mientras me dirigía a una banca que se encontraba fuera de la escuela y sentaba a Bella en mi regazo.
Escuché como alguien ahogaba un gritito detrás de mí.
"¡¿Qué pasó?!" Exclamó una señora que llevaba un uniforme de enfermera.
"Se desmayó." Respondí suavemente.
La enfermera se acercó preocupada. "¿Cómo?"
"No lo sé." Respondí sincero. "No estaba ahí cuando sucedió."
"¿Puedes llevarla a la enfermería por favor?" Preguntó mientras sacaba un teléfono móvil.
Comenzó a teclear rápidamente mientras murmuraba: Isabella Swan, Isabella Swan, una y otra vez.
Me levanté con Bella en brazos y comencé a caminar de nuevo hacia la enfermería. Parecía como si estuviera cargando una mochila o algo así. No pesaba absolutamente nada.
Bella comenzó a revolverse en mis brazos cuando llegamos a la enfermería y la enfermera abrió la puerta y preparó una cama para Bella.
"Jefé Swan…" Escuché a la enferma decir a lo lejos. Estaba hablando con el padre de Bella y se metió a un pequeño cubículo.
Bella gimió con los ojos cerrados cuando la puse con cuidado sobre la cama.
"¿Bella?" Jalé una silla del fondo, y la puse enseguida de ella.
Sus ojos revolotearon un par de veces, antes de abrirse completamente.
Miró confundida alrededor de la habitación.
"Soy yo," informé suavemente, acariciando su cabello. "Edward."
"¿Edward?" Preguntó atolondrada.
Sonreí al darme cuenta de que no le había dicho mi nombre antes.
"Sí." Pasé mi pulgar suavemente por un lado de su mejilla. "Edward."
Ajustó su vista, y sonrió al reconocerme.
"Hola, Edward."
"Hola." Le devolví la sonrisa.
Trató de incorporarse y se contrajo de dolor al momento.
"¿Estás bien?" Pregunté preocupado, moviendo mis manos de un lado a otro, tocando ligeramente sus hombros o espalda.
Asintió con los ojos cerrados. "Sólo me mareé." Se recostó de nuevo. "¿Qué pasó?"
Me encogí de hombros, y recordé que tenía los ojos cerrados y no podía verme.
"Te desmayaste." Respondí simplemente.
Sonrió suavemente. "Eso ya lo sé." Murmuró.
Me sonrojé levemente. "Lo siento." Reí nerviosamente. "No sé en realidad, iba a mi última clase y te encontré tirada en el piso."
No iba a decirle que estaba totalmente rodeada de gente y nadie la había ayudado. Sonaba muy mal.
"¿Qué es lo último que recuerdas?" Pregunté mientras distraídamente tomaba la manta en el borde de la cama y comenzaba a cubrirla con ella.
"Gracias." Murmuró. Su rostro se tornó pensante al momento. "Sólo…que iba caminando y ya."
Asentí. "¿Te ha pasado antes?"
"Tu padre viene en camino." La enfermera entró y dejó su celular en la mesa de la enfermería.
Bella abrió los ojos de golpe. "¿Le dijo a mi padre?"
La enfermera la miró incrédula. "¡Claro!"Asintió. "¡Es la tercera vez que te desmayas esta semana!"
"¿¡La tercera!?" Exclamé, preocupado.
Bella me miró con el ceño fruncido, pero no contestó.
"Ahora va a preocuparse." Lloriqueó.
"Pues debería." Respondió la enfermera mientras le tomaba la presión. "¿Qué tengo que hacer para que te cuides?" La miró desaprobatoriamente. "¿Quieres que te mande a una casa de alojamiento?"
Bella la miró irritada. "Ahora no."
Sabía que lo decía por mí. Debo admitir que me sentí un poco ofendido. Me recargué en mi silla, y miré hacia otro lado mientras la enfermera seguía revisando a Bella.
La enfermera suspiró. "Ya he hablado muchas veces contigo sobre esto." Su tono era cansado. "No puedo hacer nada por ti si tú no quieres mejorar."
"Ahora. No." Dijo Bella entre dientes, mientras la miraba fríamente.
"Como quieras." Caminó hacia afuera de la enfermería.
Bella suspiró y cerró los ojos.
Tragué saliva fuertemente, inseguro de que hacer o decir a continuación.
"Tal vez debas irte Edward." Murmuró Bella, aún con los ojos cerrados.
Mi mirada voló hacia ella. "No." Respondí simplemente.
"Mi padre ya viene en camino," informó. "No te necesito."
La miré dolido. Su rostro estaba contraído en una mueca. No sabía si se sentía mal, si o tenía que ver con lo que acababa de decirme.
No me rendí. "No voy a irme."
Gruñó. "No te quiero aquí." Abrió sus pequeños ojos y me miró. "Vete."
Su mirada destilaba odio puro.
Suspiré, ahora si enfadado. "Bien." Mascullé.
Tomé un extremo de la cobija y se la eché en la cara en un acto infantil.
"Que te mejores." Bramé enfadado, antes de salir de la enfermería y cerrar la puerta fuertemente a mis espaldas.
La enfermera y un señor con uniforme de policía se dirigían hacia la enfermería, mientras yo me dirigía a mi volvo. Ni siquiera me notaron.
La última clase aún no se terminaba, pero no quería volver a ella. Entré a mi volvo y me dirigí a casa.
--
Llegué a casa a las dos, después de haber parado varias veces en el camino para pensar en Bella y en cómo podría ayudarla. Sabía que había sido tan mala conmigo porque se había avergonzado porque la enfermera hablara de su "enfermedad" frente a mí. No la había mencionado completamente, pero era fácil adivinarla.
Decidí que esperaría hasta verla mañana de nuevo, y la solución llegaría a mí en el momento.
"¡Arrggg!" Gruñí, de repente, tratando de sacar mi frustración. Llevaba aproximadamente unas horas conociendo a Bella y ya estaba teniendo problemas con ella. Creía que eso solía pasar hasta después de unos meses.
Entré a casa y aventé mi mochila, me sorprendió escuchar la voz de mi madre en la sala.
Caminé hacia ella y la encontré hablando por teléfono con alguien. Seguramente había ido a casa a comer o a bañarse. Como siempre, mi padre no se encontraba ahí.
Me senté a su lado en el sofá y ni siquiera me miró. Estaba acostumbrado.
"Estaré ahí en media hora, doctor Newton." Y con eso colgó el teléfono.
Bella volvió a mi mente, y pensé en tener una pequeña charla con mi madre sobre ella. Después de todo ella era doctora, debía saber algo sobre su enfermedad y como ayudarla. Además, era mujer, debía saber…pues…de mujeres.
"Mamá." Murmuré con voz baja mientras agachaba la cabeza. No solía charlar mucho con ella.
"¿Qué pasa?" Preguntó mientras se doblaba un poco hacia abajo y comenzaba a guardar su celular en la enorme bolsa que se encontraba a sus pies.
Tragué saliva. "Necesito hablar contigo." Dije, sincero.
Ella suspiró. "Ahora no Edward." Se puso de pie. "Tengo muchas cosas que hacer." Caminó hacia la puerta. "Habla con tu padre."
Y con eso salió de casa. Escuché su carro irse segundos después, y me quedé un momento mirando a la puerta por la cual había salido.
Lágrimas se agolparon en mis ojos, pero no las dejé derramarse.
Caminé hacia las escaleras, y me dirigí a mi cuarto con pasos lentos y cansados.
N/A: Hola (: 12 y media de la noche y tengo sueño. Ese es un record. (sufro de insomnio.) Iré a dormir mientras pueda xD
Gracias en verdad por todos los reviews! (: Son lo mejor. Me alegra que apoyen esta historia.
-Diganme que les pareció este capítulo...¿si? Buenas noches/días/tardes, dependiendo de la hora en la que lean esto:P Saludos a todos!
Favor: Tengo la cuenta: DLC Traducciones, que está en mi perfil, por cierto. Si alguien está interesada en ayudarme a traducir alguna de las
historias que quedan de Daddy's Little Cannibal, estaría super agradecida. Creo que ya sólo quedan one-shots. Están en: "Close call"
dense una vuelta por ahí (:
-mañana voy a unas albercas por el día del estudiante de 10 a 5. Responderé mps o reviews en la noche, o tal vez mañana. Depende de
que tan cansada llegue xD Unbesoo ! (KK)
Blame it on the a-a-a-a-a-alcohol (8)
