Los personajes de Yu Yu Hakusho no me pertenecen y aquí se relatan datos que no son históricos ni mucho menos, solo un simple mundo imaginario XD

Las Arenas del Tiempo

Capitulo 3

Un Encuentro Bajo la Luna

Hiei esperaba sentado en la cama a que llegara el medico del palacio, mientras hacia esto su mente rememoraba la pelea contra el rey de Sahn, hacia bastante tiempo que no disfrutaba tanto, que no se sentía tan vivo y con una felicidad muy grande que lo invadía hasta la última fibra de su cuerpo. Suspiro con pesadez al ver donde se encontraba y que su vida actual era como la de un pequeño gorrión encerrado en una gran jaula de oro.

- Preferiría estar muerto que aquí encerrado – un suspiro salio de su boca para después levantarse de la cama y caminar hacia los amplios ventanales de la habitación –

- Su majestad - Ogutro entro súbitamente, sin siquiera tocar a la puerta –

- ¡Que he dicho sobre tocar antes de entrar! – volteo molesto para encarar al médico –

- Discúlpeme, pensé que era una emergencia y por eso me tome el atrevimiento de entrar así – bajo la mirada en un acto de sumisión total –

- Olvídalo. Ocúpate de revisar mis costillas, creo tener una rota – se encamino donde el ser de cabellera gris, deshaciéndose con cuidado de la camisa que traía puesta –

- Enseguida su majestad – el hombre dejo sobre la cama una pequeña caja de metal y se dispuso a tocar el torso del rey buscando comprobar sus sospechas –

Hiei se limito a cerrar los ojos quedándose quieto mientras durase la revisión, ajeno totalmente al rostro de sadismo y lujuria que se apodero de Ogutro en un instante al tener contacto con el joven y perfecto cuerpo del rey. Sus manos trataron de ser delicadas y a la vez firmes, pero en pocos instantes sentía que estaba perdiendo los estribos, sudaba a chorros mientras acercaba su rostro cada vez un poco mas al del rey, quería besarlo, quería tocarlo, saber que se sentiría tenerlo a su merced, pero para suerte de Hiei, Mukuro llego a la habitación tocando bruscamente a la puerta.

-Pase - el rey abrió los ojos, notando por un segundo que el medico respiraba agitado y se había dado la vuelta para sacar algo de la caja metálica que dejo sobre la cama –

-Mi señor Hiei, ¿cómo se encuentra? – Mukuro entro sin darle importancia a la presencia del médico -

-Dilo - Hiei poso su mirada sobre Ogutro –

-No tiene ninguna costilla rota, pero si algunas contusiones, será mejor que guarde reposo unos días, y tome estas hierbas como un té – extendió su mano blancuzca para darle la bolsita de hierbas a Mukuro –

-Yo me encargo de eso – Mukuro guardo la bolsa entre sus ropas –

-Me retiro su majestad, espero se reponga rápido – Ogutro hace una reverencia y sale de la habitación –

-Mukuro.

-¿Dígame, mi señor?

-Deshazte de esas hierbas – Hiei se vuelve a poner la camisa con mucho cuidado por el incómodo dolor que aun tenia –

-Como ordene mi señor.

-Tengo que cuidarme las espaldas, no se quien pueda hacerme lo mismo que le hicieron a mi padre.

-Tiene toda la razón – Mukuro sonrío para sus adentros ya que él iba hacer exactamente lo mismo con esas hierbas que le dio Ogutro, su señor era muy cuidadoso ante lo que comía o bebía –

Posada

La tarde caía y Kurama había descansado lo suficiente como para levantarse, se dio un buen baño con toda su calma mientras pensaba en como lograría entrar al palacio de Mariaba, tenia que encontrar la manera de hacerlo o su escape del reino de Bengasi sería una simple pérdida de tiempo.

- Tiene que existir alguna manera de entrar… alguna.

Los pensamientos de Kurama permanecieron perdidos en esa pregunta mientras lavaba su largo cabello rojizo, escurriéndolo después con sumo cuidado, era una especie de acto religioso, una costumbre que le impuso Kuronue desde pequeño para mantener el fetichista gusto por el cabello de su esclavo. Después de aseado, tomo sus ropas para vestirse pero se detuvo admirando el collar que Yukina le dio la noche anterior, levantándolo entre sus dedos para detallarlo mejor.

- Yukina… amiga mía, tu también eres una victima de Kuronue, pero te ayudare. Ya veras que iré a ese lugar, te sacare de allí y buscaremos a tu hermano.

Con sumo respeto se colocó el collar al cuello y culmino de vestirse para bajar a comer algo, necesitaba estar bien alimentado si quería tener fuerzas para lo que afrontaría de aquí en adelante. Enrumbo sus pasos al pequeño comedor, como le gustaba ese lugar cuando niño, recordando que se sentaba en el borde de la única ventana, esperando que su madre Shiori terminara de hacer pan para el suplicarle que le diera un pedacito así estuviese hirviendo.

- Eres un invitado muy callado chico, ni si quiera no has dicho tu nombre – Seiryu lo detallo largo rato hasta que se atrevió a preguntar –

- Me llamo Kurama – miro con melancolía la mesa de madera dispuesta para cenar, atreviéndose a tomar una pieza de pan que había sobre una bandeja de barro –

- ¿De dónde vienes, muchacho?

- Bueno… viajo mucho, así que no tengo un hogar estable a decir verdad.

- Eres un trotamundos – Kasuma llego súbitamente, tomando asiento junto al pelirrojo –

- Algo así – sonrío suavemente mientras se llevaba un pedazo de pan a la boca –

- Eres muy joven para tener esa vida, de verdad que te admiro, porque yo sola tuve que encargarme de mi hermano Kasuma cuando nuestros padres murieron en la ultima batalla de Saba y Bengasi – Seiryu bajo la mirada algo triste –

- Te entiendo – Kurama desvío la mirada al ventanal, ahora era que los recuerdos se volvían un escozor en el corazón –

- ¡Deja esas historias tristes Seiryu! Y sirve la cena, mujer.

- No molestes o te dejo durmiendo con los perros – la chica se levantó de la mesa para ir por la cena –

- Kurama ¿No te quieres casar con ella? Así me la quitas de encima – Kasuma le sonrío con picardía al pelirrojo quien solo pudo hacer una mueca de asombro ante lo loco de su comentario –

- ¡Yo no me casare solo porque tú lo digas! – de un solo golpe le dejo un plato de comida a su hermano sobre la mesa –

- Que, ¿lo escogerás tu misma? – la mira con duda –

- ¡Pues si! porque no.

- Ya se… Que tal el comerciante ese misterioso, el que vino hace unos meses atrás. Como se llamaba... Sa…Sa…Sakyo ¡Si ese era su nombre!

- ¡CALLATE! – Seiryu se dio medio vuelta algo sonrojada, recordando súbitamente la noche furtiva que pasó con ese misterioso hombre –

- ¿Dijeron Sakyo?

- Si ese mismo, ¿lo conoces, muchacho? – Seiryu miro con suma curiosidad al pelirrojo –

- No exactamente, solo le he visto de lejos en el reino de Bengasi – Kurama rememoro como en mas de una oportunidad ese misterioso caballero llegaba al palacio haciendo negocios con Kuronue que el nunca supo que eran –

- ¿Has estado en Bengasi? – Kasuma se levantó muy alterado de su asiento –

- Si... pero solo de paso, yo estoy con el reino de Saba.

- Eso está mejor, ¡esos desgraciados de Bengasi nos han hecho mucho daño!

- Pero ahora, quería preguntarles como podría entrar al palacio de Mariaba.

- Hay niño… eso es imposible, el rey Hiei es un ser muy celoso de lo que entra y sale de ese lugar, no podrás ni llegar al portón – Seiryu suspiró para sí mientras seguía sirviendo la cena –

- ¿Y para que quieres entrar? – Kasuma lo miro con duda –

- Quiero colaborar con el reino de Saba de alguna forma, así sea de servidumbre dentro del palacio.

- Pues yo tengo una amiga que trabaja de escriba adentro del palacio, podrías contactar con ella y le dices que vienes de parte de Kasuma, estoy seguro te recibirá – sonrío enorme –

- Eso si me serviría de mucho, te lo agradecería en el alma Kasuma – Kurama le hablo muy esperanzado mientras que Seiryu le pone el plato de comida en la mesa –

- Come muchacho, se ve que estas hambriento.

- Gracias.

Palacio de Mariaba

Entrada posterior

Kurama llego aquí después del anochecer, Kasuma le indico por donde entrar para poder ver a la chica, ese lugar era la entrada y salida de la servidumbre, menos atestada de soldados que la principal y mas flexible con relación a las visitas.

- Buenas noches – Kurama se paró frente a los guardias en la pequeña entrada –

- ¿Que deseas, niño?

- Vengo a visitar a la señorita Botan, la escriba.

- La chica linda de cabellos azules - uno de los guardias codea al otro sin pena alguna por tener al frente a Kurama –

- Si es una belleza, y muy simpática – el otro guardia se sonroja un poco pensando en la nombrada escriba -

- Sí, con ella vengo hablar.

- ¿Y que eres tú de ella? – miran muy mal al pelirrojo -

- Soy su primo, y llegue a la ciudad para verla – Kurama sabe perfectamente que con esa mentira los guardias no se negaran a dejarlo entrar –

- Pasa… pasa muchacho, y le saludas de mi parte – el guardia hace un ademán sonriendo bobamente y abre la puerta de la entrada –

- Gracias, claro que le mandare muchos saludos de su parte – entro rápidamente por un largo pasillo descubierto rodeado de jardines y mas jardines–

Mientras Kurama logra escabullirse dentro de Mariaba, El rey Hiei estaba como de costumbre recargado de uno de los ventanales de su habitación, pero esta vez no miraba al simple vacío, esa noche se deleitaba con la luna llena sobre el cielo estrellado, en noches como esas los jardines se veían exquisitos bajo los reflejos de la luna, el rocío de las flores y las plantas les hacían parecer gemas preciosas esparcidas por el lugar, era uno de los pocos placeres que el rey esperaba mensualmente a que llegara.

-Qué demonios hago encerrado aquí – sin mucho más que un camisón de seda y su pantalón del mismo material, salió al jardín para ver de cerca ese espectáculo nocturno –

Hiei era muy ágil para pasar desapercibido entre los guardias de su propio palacio, detestaba que lo siguieran para cuidarlo, y mas aun que Mukuro lo viviera protegiendo de todo lo habido y por haber, no es que no se lo agradeciera, pero es que se volvía asfixiante en algunas ocasiones. Mientras esto hacia nuestro rey de Saba, un muy nervioso Kurama también recorría los pasillos externos del inmenso palacio, creía que se había perdido y no hallaba el área de la servidumbre donde Kazuma le indico que encontraría a la escriba.

El interminable pasillo por donde andaba se cortó súbitamente con la vista de los jardines internos de Mariaba, un espectáculo que Kurama no pudo evitar ver. Los jardines eran más imponentes, hermosos y coloridos que los del viejo palacio de Kuronue, aquí se podía percibir la fragancia de las flores, el murmullo del agua que brotaba en varias fuentes ubicadas en las esquinas y centro del amplio jardín. No supo cuando sus pies le dirigieron hacia un enorme y frondoso rosal, centrando su profunda mirada esmeralda en él.

- Que hermoso es el reflejo de la luna sobre las rosas – Kurama fue tentado en un instante a arranca una de las bellas rosas para oler su fragancia –

Delicadamente desprendió la rosa, admirando su tono rojo sangre, con diminutas gotitas de rocío sobre sus pétalos abiertos totalmente. Kurama estaba tan embelesado que no sintió la presencia de alguien más en los jardines, unos metros tras él, escondido bajo uno de los arcos de la entrada, un par de ojos rojos si notaron el movimiento de alguien en los rosales al fondo del jardín, siguiendo sus instintos, Hiei se movió un poco más cerca, manteniendo una cautela casi gatuna, llevando al mismo tiempo su mano tras la espalda para sacar su infaltable daga, pensaba fríamente sobre como emboscar al desconocido, pero cuando las nubes desaparecieron del firmamento dejando que la imponente luna llena iluminara el jardín y sus sombras se volvieran figuras definidas, tuvo que detenerse para ver realmente a su presa.

-¿Quién es ese? – Hiei se quedó agazapado tras la enorme fuente en el centro del jardín, a una buena distancia del desconocido –

Se quedó callado contemplando la figura más claramente, era un joven que vestía una túnica blanca de camisa y pantalón, en su cintura llevaba anudada una hermosa tela bordada en tonos verdes y violetas. Hiei noto en seguida que el desconocido vestía ropas muy finas para ser parte de la servidumbre, eso despertó su curiosidad sobre quién era entonces ese desconocido.

Ya no pudo detener su curiosidad, así que siguió contemplándolo como hipnotizado, pasando al aspecto físico del extraño, se fijó en el hermoso cabello rojo cereza que caía por sus hombros y llegaba hasta la cintura. Pero su rostro aun le era un total misterio ya que estaba de espaldas a él, por un momento sintió el deseo desesperado y visceral de llamar su atención y hacerlo voltear, en un instante regresaron sus pensamientos con frialdad, sería peligroso, no sabía quién era o que hacía en los jardines de su palacio.

Suspiro molesto, tendría que alertar a los guardias y retirarse prudentemente, apenas se movió para salir de los jardines, quedo boquiabierto al ver como el invitado inesperado se dio la vuelta quedando de perfil, para el rey de Saba fue como ver un ángel, la luna lo ilumino de manera mágica, haciendo extraordinariamente llamativo los ojos verde esmeralda, la piel blanca y de aspecto sedoso. Hiei nunca había visto a alguien con tanta curiosidad en toda su vida, jamás se había dado el gusto de hacer eso, pero con este invitado nocturno fue totalmente arropado por un interés inusual y necesario.

- ¿Quién eres, ángel de la noche? – susurro para sí, viendo como el joven desaparecía súbitamente entre un largo pasillo que daba al área de la servidumbre -

Kurama dejo con delicadeza en el suelo la rosa que arranco, siguiendo su camino hasta llegar a un salón amplio y bello, tapizado con grandes cortinas de colores intensos, el suelo también estaba casi cubierto en su totalidad por tapetes de variados diseños árabes, su mirada no se apartaba de aquel espectáculo de colores, notablemente impresionado hasta que una joven de larga cabellera negra y vestida toda de gris, lo detuvo a unos metros de la entrada.

- ¿Que se le ofrece, joven?

- Buenas noches, vengo a ver a Botan.

- ¿Quien la solicita?

- Dígale que es de parte de Kasuma

- Está bien, espérela aquí por favor – señalo una especie de banco de madera muy bonito que estaba recargado de la pared tras ellos –

- Gracias.

Jardines de Saba

Mukuro había ido a la habitación del rey pero al no hallarlo y ver que esa noche había luna llena, supo inmediatamente donde buscarlo, conocía a su rey como la palma de su mano, y como no hacerlo si lo vio crecer dentro de los muros de la magnífica Mariaba.

-¿Mi señor, Hiei? – camino hasta la enorme fuente que adornaba el centro de los jardines –

- Ya sabía yo que no tardarías en encontrarme – ni se inmuto a ver llegar a Mukuro –

- No es por ser una molestia, pero su seguridad es mi prioridad, mi señor – se paró a una prudente distancia del rey –

- Sabes Mukuro, debes cambiar la guardia interna otra vez – centro su mirada hacia su comandante en jefe –

- ¿Por qué motivo, mi señor?

- Porque son unos ineptos, pase al jardín sin ser visto – bajo la mirada recordando al desconocido que no sabía cómo entro –

- Mi señor Hiei, ya lo he hecho mas de 10 veces, una por luna llena, pero usted siempre se les escabulle, conoce sus cambios y rondas, como culparlos de ser ineptos ante su agilidad.

- Pues no solo yo pase fácilmente hasta aquí, hace una hora un extraño rondaba los jardines – se levantó de la fuente mirando la rosa que recogió del suelo donde la había dejado Kurama al marcharse –

- Eso es imposible, hace menos de una hora pase revista por las entradas y nadie reporto ninguna novedad.

- Esta bien Mukuro, entonces yo soy el que ve ángeles caídos del cielo – se retiró a su habitación con la rosa entre sus manos –

- ¿Ángeles? –Mukuro miro perplejo como su señor se fue a paso tranquilo y con un semblante sereno -

Salón de la servidumbre

La chica llamada Botan salió muy emocionada para recibir, según ella, a su entrañable amigo Kasuma, pero al llegar donde Kurama se quedo muy confundida.

- ¿Donde esta Kasuma? – miro a todos lados consternada –

- Yo soy un amigo de él, y me dijo que te visitara – hace una reverencia ante la chica para calmarla un poco – Mucho gusto señorita Botan, mi nombre es Kurama.

- Que amable eres Kurama, pero para estar segura… ¿Cómo es mi amigo Kasuma? – le lanzo una mirada retadora al pelirrojo –

- Es alto, blanco, de cara bonachona y cabellera rojiza y corta.

- ¡Es el! Entonces tú también eres bienvenido como un amigo más – le dio una palmada muy desinhibida a Kurama –

- Gracias… pero yo vine para pedirle un gran favor en específico – se sientan nuevamente en el banco de madera donde espero –

- ¿Dime en que puedo ayudarte? – tomo asiento junto al pelirrojo –

- Necesito trabajar aquí, en el palacio.

- Pero… tú te vez demasiado bien para ser parte de la servidumbre, tus ropas y tu aspecto es como de la realeza – la chica lo miro con sumo cuidado, cruzando sus brazos en pose pensativa –

- Creo que puedo confiar en ti Botan, te diré la verdad de todo si prometes ayudarme.

- Veremos, primero háblame sobre tu verdad, Kurama.

El pelirrojo le contó la historia de su vida a la chica y ni el mismo supo porque lo hacia con tanta facilidad, sería que le inspiraba confianza la manera de ser tan alegre y desentendida de la amiga de Kasuma, o era simplemente que quería una desesperada fuente de ayuda para curar sus heridas del pasado, fuera lo que fuera, al final Botan descubrió muchas cosas de confidencialidad sobre el reino de Bengasi y Kuronue, sabia lo de las guerras, el que un asesino muy despiadado y sanguinario llamado Toguro el menor pretendía obtener la cabeza del rey Hiei, y algunas otras cosas más que impresionaron mucho a la chica.

-¡Pobrecito! Sí que has sufrido en esta vida, Kurama – Botan lo miro con los ojos húmedos, aguantando el llanto –

- ¿Me ayudaras, Botan? – su rostro fue suplicante –

- ¡Claro que te ayudare! El rey Hiei es un chico atormentado por su pasado. Pobre, desde que murió su padre no es el mismo y se ha vuelto muy frio, y estoy segura que Kuronue tuvo que ver con la muerte del rey.

- Es posible que tengas razón con tus palabras ¿pero como me ayudaras ahora?

- En estos momentos Mukuro esta buscando alguien de confianza para hacerle de compañía al rey, es que aquí entre nos, ese comandante parece la sombra del rey, pero como Mukuro debe partir al norte para recuperar más terrenos en manos de las tropas de Kuronue, quizás podrías darle la información y serias un buen candidato a estar cerca del rey mientras Mukuro no este.

- Es una buena opción Botan, pero ¿y como contacto con Mukuro?

- Déjame eso a mí, mañana en la mañana tengo que entregarle algunos tratados y documentos, en ese instante le hablare de ti, le diré que vaya a la posada de Kasuma.

- Eres mi salvación Botan, no se como pagarte esta ayuda – le brindo una calida sonrisa a la chica –

- No te preocupes, te ayudo porque se que se siente perder tu hogar y tu vida, no podemos volver a perder eso en manos de un sanguinario como Kuronue.

El pelirrojo se retiró de Mariaba con una opción entre manos, ahora quedaba de parte de la amiga de Kasuma que todo empezara a moverse. Aún era muy temprano, cuando Kurama fue sacado súbitamente de su sueño por la llegada de Kasuma a la habitación.

- ¡KURAMA DESPIERTA! ¡TIENES VISITAS! – Kasuma abrió de golpe la puerta sin ninguna pena -

- Eh… – medio abrió los ojos todavía cansado, girándose en la cama para ver al pelirrojo parado en la puerta de la habitación –

- ¡ES MUKURO! ¡ESTA AQUÍ!

- ¡MUKURO! – Kurama se levantó en un salto de la cama, poniéndose precariamente una camisa para bajar corriendo las escaleras a recibirlo –

- ¡Apresúrate, está en el jardín posterior! – Kasuma lo ve desaparecer entre las escaleras –

Mukuro estaba muy impaciente de esperar al supuesto chico que tenía valiosa información del reino de Bengasi, y más que todo lo que le interesaba, el posible planeamiento de un asesinato. En pocos instantes vio como un muchacho algo alto y de cabellera rojiza un poco desordenada entraba al jardín posterior de la casa.

-Me supongo que tú eres Kurama – Mukuro hace un ademán de saludo con la mano –

- Así es, y usted es la mano derecha del rey Hiei – Kurama le devolvió el saludo con una pequeña sonrisa pero en sus adentros estaba muy impresionado por el casco que cubría el rostro de Mukuro –

- Mi escriba personal me dio cierta información que no pude negarme a pasar por alto.

- La señorita Botan le dijo la más pura verdad, comandante Mukuro.

- Pero hay un problema ¿Cómo creerte? Que puedes enseñarme para comprobar que lo que dices es verdad – Mukuro se acercó con mucha seriedad al pelirrojo –

- Yo fui un esclavo de Kuronue, y tengo esto – saca de entre sus ropas un pequeño medallón, depositándolo en las manos de Mukuro –

- Esto… es el sello del reino de Bengasi – Mukuro miro impresionado el sello de oro puro con la figura de un cuervo con las alas extendidas engarzado entre piedras de ópalo y ojo de tigre –

- Es correcto, solo hay 2 de esos, uno lo tiene el rey y el otro lo tengo yo, Kuronue me lo obsequio cuando cumplí los 15 años, unos meses antes de ser vuelto su esclavo – bajo la mirada algo melancólico y asqueado –

- Este sello pudo ser robado o es falso – El comandante le devuelve el sello y se da media vuelta para salir del jardín –

- ¿Por qué le cuesta creerme? ¡Acaso no protege al rey Hiei! – alzo la voz frustrado ante la falta de credulidad de Mukuro -

- Es mi deber ser exacto y preciso con la información que recibo, y un sello no me dará la seguridad de nada – volteo súbitamente donde Kurama –

- Y si le digo que Toguro el asesino quiere la cabeza de su rey ¿me creería? – Kurama lo miro con una seriedad total –

- Ese sanguinario es buscado en media arabia por sus atrocidades, ¿cómo Kuronue lo tiene a sus servicios?

- No lo tiene a sus servicios exactamente, lo único que se es que Kuronue lo quiere en las filas de su ejército para ganarle a usted, comandante Mukuro.

- Eres persistente muchacho, muy inteligente para tu corta edad y muy seguro de toda tu historia - Mukuro acorto la distancia entre él y Kurama, notando el collar con la perla que pendía de su cuello –

- ¿Que sucede? – el pelirrojo noto como Mukuro se quedó paralizado –

- (no… es posible ¡la perla!, la misma perla) ¿De dónde eres exactamente, Kurama?

- Nací aquí, en Saba.

- ¿Aquí? – un sudor frio recorrió la espalda de Mukuro –

- Si, pero cuando Kuronue ataco la ciudad hace 6 años me llevo a su palacio y me crió como todo un príncipe, el decía que seria su sucesor, pero supe mas de lo que debía y me volvió su esclavo, hasta que escape de Bengasi hace 2 días.

- Recoge tus cosas, te vienes a Mariaba de inmediato – Mukuro sentencio con voz autoritaria –

- ¿Como?

- ¡Ya lo que escuchaste niño! Muevete en este instante o te llevare a la fuerza, no puedes estar aquí con toda la información que sabes, te quedaras en el palacio y acompañaras al Rey mientras voy al norte.

- Esta bien – Kurama asintió dudoso -

Kurama logro lo que quería, pero lo que no comprendía ¿Por qué Mukuro cambio tan drásticamente de idea?, ¿Por qué percibió al comandante como nervioso a pesar de no ver su rostro? Las expresiones corporales podían decir mucho y él era muy detallista en ellas. Un rato después Kurama se despidió de Kasuma y su hermana Seiryu, ellos le habían brindado un rato agradable al llegar allí y le abrieron el paso directo a Mariaba.

Una comitiva de más de 10 soldados a caballo acompañaba a Mukuro y Kurama en el trayecto al palacio, el comandante iba silencioso, pensando algunas cosas de suma importancia para el.

-(¿de dónde habrá sacado esa perla?, será posible… ¿Que sea él? Pero son tan diferentes, Esto tiene que tener una explicación razonable y mientras la hallo es mejor tenerlo vigilado)

- ¿Cómo es el rey Hiei? – Kurama interrumpió los pensamientos del comandante para saber más de ese joven que nunca ha visto en su vida –

- ¿Cómo es?

- Si, eso pregunte, es que tengo curiosidad por saberlo – sonrió cálidamente –

- Es de estatura pequeña, ojos color rubí, piel clara, cabello negro y corto – término de describirle tajantemente Mukuro – Muy diferente a ti…

- Si es como lo describe, tienes razón – el pelirrojo sintió una extraña mirada clavada sobre el, no estaba seguro si era Mukuro o alguien mas de la comitiva, pero se sentía incomoda y pesada –

Finalmente llegaron al palacio de Mariaba, entrando por el portón principal para después descender de los caballos a unos pasos de la gran entrada del lugar, algunos sirvientes llegaron rápidamente por los caballos de Mukuro y Kurama, mientras que otros tomaban puesto cerca de ambos.

- Mi señor Mukuro, ¿que se le ofrece? – una joven se le acerco con la cabeza baja –

- Quiero que arreglen a este chico para que vea al rey Hiei, báñenlo, vístanlo con ropas limpias y después lo llevan al salón real – Mukuro se alejo en paso rápido antes de que el pelirrojo protestara a cualquiera de esas ordenes –

- Si mi señor, disculpe joven sígame por aquí – la chica le sonrío a Kurama –

- Bien – el pelirrojo la siguió sin más que hacer, no quería llevarle la contraria a Mukuro, se notaba a simple vista el poder que tenía en ese lugar –

Continuara…

Cada vez se enreda más esto, ¿qué es lo que sabe Mukuro de la perla? ¿Por qué se asustó tanto al verla? y si, Sakyo tendrá una buena aparición por aquí y su romance secreto con Seiryu. Es que ellos tenían que estar juntos en la serie a mi modo de ver XD, además de algunos otros personajes, esperen a ver la cara que pone Hiei al ver a su "Ángel de la Noche" allí y mas cuando se entere que será como su acompañante mientras Mukuro no esta, pero no solo Hiei se perderá en esos ojos esmeraldas, mas de uno les hará la vida de cuadritos en ese palacio, y ya sabrán que Mukuro le tiene mala espina desde un principio.

Próximo Capitulo:

Miradas que matan