Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes…un abrazo.

CAPITULO 3: Cambio de Piel.

Caminó presuroso por el jardín, entrando intempestivamente al recibidor de la mansión. Resueltamente tomó las llaves de su Ford clásico, pero luego de dudar unos segundos las cambió por otras que pertenecían a una nueva máquina que había adquirido hace un par de meses, mirándolas satisfecho. Una vez en la cochera probó el ronroneo de su motocicleta Harley Davidson y partió de la gran casa a toda velocidad. A lo lejos alcanzó a ver cómo se encendía el auto del Dr. Steven Martin probablemente con Candy en su interior, pero no miró hacia atrás. No estaba dispuesto a tolerar más juegos raros, suficiente tenía con no saberla suya, como para que además lo tomara como un juguete o mascota con la cual probar nuevos límites. Hastiado estaba de ser el rubio adorable, el comprensivo, el amable, el maduro. ¿Es que acaso no corría también sangre por sus venas?

Una vez en la carretera, su cuerpo comenzó a conectarse con la adrenalina de la velocidad, le habían dicho que este modelo era sólo para prueba de civiles, y no alcanzaba gran rapidez, sin embargo, sentía que el sonido del motor se enlazaba con su característica rebeldía, y sonrió al saberse contra el viento y en probable riesgo. Siempre había sido un espíritu libre, disfrutaba de su autonomía, y había aprovechado su etapa juvenil explorando todos los rincones del planeta, amaba la vida profundamente y cada desafío que ésta le había impuesto desde pequeño, los había sorteado exitosamente. Si esta nueva etapa implicaba un remezón de proporciones en su corazón lo aceptaría y tomaría los riesgos, sería una aventura dirigirse por este incierto camino, después de todo, nadie sabía lo que podía deparar el futuro a la vuelta de la ruta. Y con este pensamiento aceleró hasta la gran ciudad de Chicago, donde se encontraba la compañía de la cual era Director.

Ya era más de mediodía cuando la figura de George se asomó en la entrada de su despacho. Se despedía de unos inversionistas ingleses, y sin que éste lo notase esgrimió una sonrisa de satisfacción, sin duda su jefe y amigo había superado con creces al tutor, todo lo que podría haberle enseñado era ya poco frente al gran olfato y sagacidad de Albert en los negocios. Muy en el fondo lo admiraba, pues podía ser una pantera intimidante al defender su postura ante los socios del consejo, o transmitir la confianza de un perro guardián, cuando se trataba de buscar nuevos capitales. Hace un par de años se había empeñado en usar una parte del patrimonio banquero de los Andrew en la compra de pozos petroleros, y hoy coqueteaba con el mercado automotriz inglés para abastecerlos de combustible, convencido de que este medio de transporte había llegado para quedarse y la creciente industria norteamericana podía encontrar en este tipo de energía un nicho de prosperidad.

"Hola George, ¿así que ahora fisgoneas mientras cierro tratos?" señaló bromeando cariñosamente.

"Nada de eso, me deja perplejo como se negocia en los nuevos tiempos, al parecer estoy un poco fuera de las pistas. No pensé que el acuerdo con los Rolls Royce prosperase tan rápido, hace sólo un par de meses les ofreciste el trato de la rebaja de petróleo. Nunca dejas de sorprenderme William."

"Lo sorprendente es que con este olfato para los negocios, en mi vida privada sea un completo idiota. ¿Te conté sobre el nuevo pretendiente de Candy, verdad?" dijo Albert bajando la vista sombríamente.

"William, ¿cuándo dejarás de torturarte y le contarás a Candy acerca tus sentimientos?, cuestionó George preocupado.

"Ya lo hice. No quiero escuchar nunca más acerca de este tema. Son años George, atorado en esta misma situación. No puedo más y se lo hice saber. Ella puede hacer con su vida lo que quiera, pero ya no quiero seguir martirizándome en silencio por un amor no correspondido, así que te pido como amigo que me ayudes a enterrar este tema. Sueno patético, lo sé, es sólo que aún estoy a tiempo de enmendar mi vida y eso es precisamente lo que haré a partir de hoy". Decretó, cruzándose de brazos en forma resuelta.

Su maduro amigo lo miraba atónito, no tanto por la supuesta nueva actitud del blondo, sino más bien porque siempre creyó que Candy le correspondía, y que sólo hacía falta que él le confesase sus sentimientos para que ella se diera cuenta de lo enamorada que estaba. Varias veces los miró de reojo mientras Candy lo visitaba en la empresa, o en cenas de negocio donde solía acompañarlo, y quien los conociese no podría distinguir que aquellos dos no eran pareja. "Increíble William, no puedo creer que hayas confesado lo que sentías y Candy no te haya respondido nada. ¿Estás seguro?". Al ver la mirada desafiante de su amigo, prefirió no seguir indagando en cómo se había suscitado los hechos, después de todo, él sólo quería su bienestar, y haría lo que fuese por ayudarlo.

"George, por favor hablemos sólo de trabajo no quiero seguir atado a este pasado. Candy ha avanzado yo haré lo mismo". Insistió el más joven apretando los puños. Y ambos hombres se enfrascaron en conversaciones de negocios.

La semana laboral ya estaba culminando, y Albert no había querido regresar a la mansión, odiaba la idea de encontrar a Candy acompañada, cada vez que pensaba en ello, una mueca de desagrado se alojaba en su rostro. Llevaba tres noches alojado en el Gran Hotel Chicago, avisándole a la Tía Abuela Elroy que una comitiva de negocios impediría su regreso hasta el fin de semana a Lakewood. Sin embargo, no estaba seguro de retornar, es más, la idea de alojar definitivamente en la capital comenzaba a serle cómoda y ya había encargado a alguien la búsqueda de un departamento cercano a la compañía para arrendar en forma permanente. Se acercó al recibidor para recoger sus llaves, pero el recepcionista de turno le anunció que en el salón principal lo esperaba una visita. Por un segundo su corazón se aceleró pensando que sería ella, pero al buscarla en el hall se encontró con la elegante figura de su sobrino Archie, que discretamente lo saludaba desde la sala del lobby.

"No tengo idea por qué has decidido desaparecer toda la semana Albert, pero te informo que la Tía Abuela está furiosa, y yo también, considerando que ayer me dejaste plantado en la mansión. ¿Olvidaste lo que te había pedido? Tu cumpleaños se acerca ¿recuerdas?" remarcó el joven cabellos color miel, sin que sus ojos perdieran un ápice de concentración en el whisky escocés que bebía.

"Lo siento Archie, lo olvidé completamente, no creo ahora tener ánimo para ningún tipo de fiesta, estoy sumamente atareado con el negocio que estoy cerrando con los ingleses…" Albert no alcanzó a completar la frase, cuando su sobrino golpeó la mesa del bar fuertemente con el vaso, provocando algunas miradas de quienes estaban cercanos al par.

"No me hagas esto, sabes que esa noche es de suma importancia para mí, necesito recuperar a Annie y te pedí expresamente que me delegases todo lo relacionado con la planificación de tu cumpleaños, no te molestaría en nada, por favor, sólo quiero recuperarla no puedo seguir así!"

"Lo sé, sé lo que te dije, pero…" al ver el reflejo de su propia situación en los ojos de su sobrino, pero percibiendo que él sí tenía una esperanza certera de recuperar la felicidad, no pudo negarse y asintió débilmente: "está bien, pero por favor nada de excesos".

"Me conoces, antes que todo soy un Andrew, nada de vulgaridades. Sólo sofisticación y buen gusto". Remarcó el menor de los millonarios.

"Ok lo que sea". Dijo Albert rodando los ojos, desinteresado. "¿Cuándo pretendes hacer esta dichosa celebración? Tendré que dar aviso a varios empresarios acá y en el extranjero". En realidad no se trataba de eso. No quería llegar solo, sabía que Candy estaría con Steven y necesitaba cuanto antes encontrar a alguien que lo acompañase esa incómoda noche.

"Tu cumpleaños es en menos de tres semanas, puedo darte un mes como máximo, sólo entrégame la lista cuanto antes, yo los contactaré a todos. De verdad, no tengo otra oportunidad para acercarme a Annie, y Candy me aseguró que será mi aliada, ella no podrá rechazar la invitación de su mejor amiga. ¿Crees que me de otra oportunidad? sólo quiero estar a su lado el resto de mi vida, ¡no sé cómo pude ser tan imbécil!." Se lamentaba Archie mirando al vacío mientras pedía que volviesen a llenarle el vaso.

Al mismo instante, en la Clínica Pony, una muchacha pensativa era amonestada enérgicamente por una religiosa: "¿Qué ocurre contigo Candy?, no dejaré que te quedes más horas después del trabajo, eres joven, ¡hasta yo tengo cosas que hacer! y tu novio hace una hora que te espera dentro del auto".

"¿Eh? Ok Hermana María, no me reprenda así, yo sólo quería avanzar con unos pendientes, mañana es sábado y recuerde que vienen del Consorcio Andrew a entregar el donativo mensual, y se tomará la foto correspondiente. ¡Como directora he decidido que usted será la elegida para fotografiarse con el cheque!" Bromeó la joven en un tono parsimonioso, señalándola con el dedo índice. A sus 24 años aún tenía esos arranques infantiles que hacían menear la cabeza con disgusto a su monja protectora, pero que la Srta. Pony – su otra madre postiza- defendía con ternura "déjala María, en su corazón siempre será una niña" le decía a la religiosa.

"¡Candy cuando crecerás!, las donaciones no son un juego, y el Señor Andrew es un hombre muy ocupado, debemos dar gracias de que mañana se haga un tiempo en su apretada agenda y venga a nuestra clínica, ¡no es motivo para bromas!."

La joven se paralizó instantáneamente. Un gélido rayo cruzó su espalda y sólo atinó a moverse tan torpemente que cayeron al suelo varias fichas médicas que estaban sobre un escritorio y pasó a llevar con sus caderas. ¡Si la hermana María supiera! ¡Si cualquiera supiera! No era una niña, los sueños que estaba teniendo por las noches no eran dignos de una señorita ni menos de un infante. Estaba en llamas sí, pero de deseos de saltarle encima al mayor del clan Andrew y no podía controlar sus pensamientos. Cada noche intentaba concentrarse para no pensar en la cercanía de sus labios esa bendita mañana, y sin darse cuenta exclamó en voz alta "¡Y es un excelente amante!"…

La hermana María la miró confusa, y Candy de inmediato reaccionó nerviosa, le entregó las llaves señalando que tenía razón, que la esperaban y debía partir cuanto antes "por favor Hermana disculpe, cierre usted en esta oportunidad" y salió huyendo de allí, con el pecho apretado. No lo había visto en varios días y no pensó que iría la mañana del sábado a entregar él mismo el donativo. ¿Cómo era posible si ni siquiera había dormido en la mansión esta semana? "Tranquila Candy, todo debe tratarse de un malentendido, mañana de seguro mandará a un representante, probablemente George, él no vendrá…" y con esas cavilaciones se subió al auto de su novio, que extrañado la devolvió a la mansión, sin cruzar palabras.

Manejaba el Ford clásico en la alborada de ese sábado y se sentía renovado, no podía creer que la suerte al fin le sonreía. Se bajó frente a la puerta principal de la clínica y pudo ver que Candy estaba a la vanguardia del grupo, acompañada del resto de las enfermeras, paramédicos y doctores. Sacudió la cabeza evitando cualquier turbación y abrió la puerta de su acompañante. Del auto bajo una despampanante rubia, cercana a los veinticinco años, pero similar en estatura a Albert. De lacio y resplandeciente cabello, modales refinados, y con un acento inglés inconfundible, saludó amablemente a los trabajadores allí reunidos. Él se dirigió a una atónita y pecosa joven, que sólo luego de recibir un codazo de la hermana María fue capaz de responder su saludo.

"Perdón, no los escuché bien, estaba… yo estaba…" trató de hilar Candy.

"No te preocupes Pequeña, las mañanas no son tu mejor momento, ¿cierto dormilona?" señaló Albert coqueto, pero distante. "Te presento a Kathy Royce, es hija de uno de nuestros inversionistas ingleses, y ha querido hacer personalmente una donación a la Clínica Pony, por ello he venido a acompañarla. Espero no incomodar con nuestra presencia, pero ha insistido en conocer detalladamente la hermosa labor que aquí se realiza". Y diciendo esto último sus manos se posaron familiarmente sobre la espalda de la inglesa, haciendo que los ojos de Candy ardiesen como brasas.

"Hola Candice, me habían dicho de tu magnífica labor aquí, pero veo que cualquier explicación no le haría justicia a tu trabajo. Felicitaciones". Señaló la platinada extendiendo cortésmente su mano para saludarla.

En ese momento Candy, poseída quizá por alguna fuerza infernal, no sólo no correspondió el saludo dejando a la visita con su mano estirada, sino que además la increpó destempladamente "No se trata de MI trabajo señora o señorita, sepa usted que somos un grupo humano que cooperamos en conjunto para el logro de un objetivo común que es el BIENESTAR DE ESTOS CHICOS!" dijo esto último gritando con los ojos cerrados, pero al percibir un silencio sepulcral en el ambiente, los abrió dándose cuenta de la cara de estupefacción de todos a su alrededor.

¡Sólo quería que la tierra la tragara!

HOLA! MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO SU APOYO, LOS COMENTARIOS Y POR LEER ESTA PROPUESTA. YA SE ESTÁ ARMANDO LA HISTORIA, ESPERO LES GUSTE ESTE ALBERT. SIEMPRE QUISE QUE SE INVIRTIESEN LOS PAPELES EN ALGÚN MOMENTO, ASÍ QUE ESPERO LES GUSTE ESTA PROPUESTA. GRACIAS A TODOS LOS QUE ME HAN LEÍDO, LOS VISIBLES Y LOS INVISIBLES. UN ABRAZO A TODOS, Y ESPERO AYUDAR A HACER VOLAR NUESTRA IMAGINACIÓN ;)