Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, ya que son todos propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros
N/A: No termina de convecerme, pero si me extiendo más deja de ser viñeta totalmente. Es un POV de Lily. (La próxima intentaré hacer una desde el punto de vista de James)
#12 - Espina
Sexto o sépitmo año (1976 - 1977)
Su mano áspera atrapa la mía acariciándome el dorso. Le doy un apretón sonriéndole a modo de apoyo. Aunque parezca que no me mira yo sé que lo hace, de reojo al sentirse avergonzado.
El silencio es largo, por eso cuando habla, rompiéndolo, me asusta.
—Gracias.
Sus ojos, que por fin se atreven a mirarme, reafirman sus palabras, brillantes. Me muerdo el labio sintiendo la necesidad de desbordar la alegría que se acumula dentro de mí. Le abrazo sin pensarlo. El me lo devuelve, acariciándome la espada y el cabello, mientras me murmura que le perdone por tratarme mal durante estos últimos días.
Niego con la cabeza aun escondida entre su hombro y su cuello, al verme incapaz de hablar por culpa de un nudo en la garganta. Me separo de él, después de besarle en la mejilla, con una sonrisa enorme en los labios. Aun sigo incrédula.
«¡Me cree!»
Me aparto un mechón de mi pelo rojo, mordiéndome el labio inferior con unas ganas horribles de gritar, de liberar mi felicidad.
Un carraspeo molestoso interrumpe lo que iba a decir y en unos segundos paso del mayor éxtasis al horrible sentimiento de la culpabilidad cuando le veo. Sus ojos castaños fulguran enojo, lo sé, también humillación y un malestar que me hace sentir lo peor del mundo.
—Te estaba buscando —se dirige a su amigo—. Sirius se ha entestado en —Frunzo el entrecejo al pillar la mirada que me ha lanzado de soslayo. Está mintiendo—... jugar a quidditch los cuatro.
Su amigo, el cual de nuevo vuelve a ser el mío, suspira derrotado pero con una sonrisa divertida termina levantándose. Me ofrece su mano para ayudarme, la acepto sin embargo la suelto como si quemara en cuanto estoy de pie. Mi amigo me mira molesto y yo tuerzo el gesto, pidiéndole disculpas con mudas palabras.
—Entonces... terminamos la conversación luego. —me comprometo de esta manera a contarle más tarde que me ocurre. Él lo entiende.
Le beso en la mejilla, y un escalofrió me sube por la columna cuando paso por el lado del recién llegado. En un gesto instintivo, tenso mi espalda sin parar de juguetear con mis manos, enredando y desenlazando mis dedos con frenesí.
Me muerdo la lengua, conteniéndome de despedirme también de él, sin saber qué sería correcto o qué no. Al final decido pasar de largo con la cabeza gacha con la excusa de estar jugueteando con un anillo, pero este resbala de mis manos sudorosas al tener los nervios a flor de piel.
El sonido metálico parece tan fuera de contexto en la escena que me sobresalta.
Lo busco por el suelo, desesperada ante la tensa situación que provoca mi presencia. Siento sus miradas clavadas en mí, me hacen sentir torpe y aumentan mis nervios. Su creciente molestia también empeora la escena.
«Traidora.»
¿Por qué me siento como si le hubiese desertado? En ningún momento le prometí nada para sentirme así. No le pedí que se acercara a mí, tampoco le pedí que secara mis lágrimas, nunca le pedí que vendará mi corazón herido; sin embargo lo hizo. Le debo todas las sonrisas que se formaron en mis labios durante las ultimas semanas, le debo el afecto que me ofreció sin exigirme nada a cambio, le debo recuerdos inolvidables... le debo un «Lo siento».
Lo sé.
¿Es por ese beso, verdad? Fue por ese beso en el que él me demostró todo lo que sentía por mí y yo... fui egoísta, e intente embriagarme de ese calor que me brindaba, de olvidarme de todos mis problemas, de la pelea con mi amigo, del ataque de los mortifagos... Tiene mil razones por estar enfadado conmigo.
«Pero —pide mi voz muda— no te enfades con Remus.»
Encuentro por fin el anillo. Fue a parar cerca de sus zapatos y, con el rostro encendido, me acerco para recogerlo. Pero como siempre, él es más rápido, lo coge del suelo y me lo tiende con una frialdad aterradora. Sí, por primera vez le tengo miedo.
El anillo descansa sobre su palma abierta, extendida hacia a mí. La mano me tiembla cuando las yemas de mis dedos rozan su piel al recoger el pequeño objeto metálico. Me retiene. Sujeta mi mano, con un fuerte apretón pero no me quejo. Le miro a los ojos.
Se lo debo. Le debo ese: «Lo siento, James».
Pero su voz me interrumpe apenas entreabro los labios. Y con una simple palabra decide romper con todo.
—Adiós.
Me suelta y me da la espalda. Me siento ultrajada, estúpida y traidora. Tengo ganas de llorar, de quitarme este nuevo peso que ha dejado caer dentro de mi estomago. Que me hunde. Vuelvo a hundirme James, pero esta vez no estarás tú para recogerme con esa sonrisa cálida que me anima a seguir adelante.
Y como si pudieran aligerar la carga, susurro las palabras que le debo a él a pesar de estar sola en las escaleras:
—Lo siento mucho.
Lo siento porque ahora he clavado en ambos una espina dolorosa que nos desangra por igual. Lo siento porque soy consciente de lo que sus ojos y los subtítulos de su fría despedida significan: «Nuestros caminos se separan de ahora en adelante.»
O almenos, hasta que el destino decidiese volver a jugar con nosotros uniendo de nuevo nuestros senderos hasta la muerte. Pero eso, aun no lo sabía y mi corazón sólo deseaba susurrarle un sincero:
«Lo siento.»
¿Qué os pareció?
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Sarah Black
Última corrección: 04 de septiembre de 2007, 20:32 h.
