Disclaimer: No, ningún caballero es mio ni la serie ni nada... Bueno la historia si, y el personaje de Alexiel de Merak es completamente mio todito lo demás es de Zelha, Argesh Marek y el mundillo de Kurumada.

Grecia, 5 de Octubre

Estuve casi 4 meses entrenando junto a Milo, cuatro meses donde mi fortaleza física aumentó y mis ataques, la mayoría de cuerpo a cuerpo, se fortalecieron mucho.

Entrenaba todos los días desde después del desayuno hasta el anochecer, entrenaba junto a Aleisha y su maestro Kanon con quienes entablé una buena relación. Igual con Zelha y su maestro Shura. La aprendiz de Acuario, Ninah y su hermano Camus estuvieron afuera unos meses; salieron un par de semanas después de mi entrada.

Todo iba bien para mí allí, jamás me imaginé que en un sitio como aquel mis horizontes podrían abrirse tanto. Allí había personas tan puras de alma como en Asgard, tan guerreros, tan fieles... Pero aquella mañana mis esquemas se cambiaron.

- Toma -dijo Milo nada más salí de la habitación.

- Primero: buenos días, alacrán superdesarrollado -le dije en tono de burla mientras me ponía las pesas de las muñecas-. Ya te dije cuando llegué que no me pondría esa cosa rara en la cara, no soy ninguna amazona como Marin o Zelha.

- Pero hoy vas a entrenar a Aries y te la tienes que poner; Mu puede sentirse incómodo.

Estupendo, este bicho superdesarrollado me manda a otro lado¿tan hastiado está de mí?

- Stop pequeño¿te crees que puedes y no deshacer conmigo lo que quieras? Creo que le dijiste a Atenea...

- Sé lo que le dije a ella, Blancanieves, y ella ha autorizado que sigas parte de entrenamiento con Mu. Necesitas más poder mental y yo no puedo dártelo. Los únicos que podrían serían Shion, Mu, Shaka o los gemelos; Kanon y Saga están ocupados con Aleisha y podrías volver loco a Buda. Shion tiene suficiente con el Patriarcado y Mu está acostumbrado a andar hiperactivo por culpa de Kiki -dijo Milo, sonriendo.

- Primero no me llames más Blancanieves, pincitas -dije riendo, aquel mote de Blancanieves impuesto por Zelha paso de boca en boca demasiado rápido-. Segundo, si ves que es lo mejor, lo haré. Te prometí seguirte como mi Maestro que eres y si tengo que ponerme esto para ir con Aries pues -tomé la máscara con una mano y caminé hasta la salida-. Hasta esta noche... pincitas.

Escuché las risas de Milo mientras salía de Escorpio hacia Aries pensando en todo lo que había pasado y en que hacía demasiado que no veía a mi familia. Llevaba casi medio año aquí, sin saber nada de ellos, lo ultimo que supe fue que mi hermano había vuelto unos días a Oslo, nada más.

- ¿Dónde vas, rubia? -escuche la voz tras de mí y me volví sonriendo.

- Aries, tengo doble maestro como tú, Aleisha...

- Eso es bueno, Mu es una buena persona. ¿Y eso? -me dijo señalando la máscara.

- Milo... me dijo que me la pusiera. Tal vez asuste a Aries. - Aleisha rió mientras entraba a Géminis.

- Ninguno de los caballeros se asusta de las mujeres, Blancanieves.

Suspiré y me coloqué aquella cosa de metal en la cara. Me sentía extraña, necesitaba aire, era como estar encerrada en una cárcel. Era algo horrible, claustrofóbico; de veras que Zelha y las demás amazonas se merecían el que les quitaran ya aquellas cosas.

Llegué a las puertas que daban la entrada al templo de Aries desde Tauro y me encontré a Kiki, el pequeño pelirrojo me miró extrañado y paro frente a mí.

- ¿Alex?

- Sí pequeño, vengo a entrenar con tu Maestro.

-Lo sabía, Mu me lo dijo. ¿Pero por qué llevas eso? Tú ya eres bonita tal como eres -sonreí a la picardía del pequeño y le revolví los cabellos.

-Cosas de adultos... -Kiki bufó en disgusto ante mi respuesta.

-Me gustas más sin eso, tus ojos desprenden luz -miré al pequeño sorprendida mientras entraba a Aries.

- No te metas en líos¿vale? -Kiki se despidió de mí con la mano mientras subía hacia Tauro, seguramente a probar alguno de los dulces que Aldebarán tendría a mano para el hiperactivo pelirrojo.

Aquel templo era todo lo contrario a Escorpio, era toda calma y tranquilidad. Se respiraba una paz extraña pero agradable. Era como pasear por los pasillos del Valhalla en las rondas de media noche.

- Bienvenida Alexiel de Merak... -aquella voz tan suave, tan alejada del mundo me sobresaltó. Agarré aquel estorbo que era la máscara con una mano y me paré.

- Gracias, Caballero de Aries...

- Llámame Mu -me cortó él, mientras salía a la luz sonriéndome suavemente. De repente se paró y miró fijamente a la máscara-. ¿Y eso?

- Cosas de Milo -susurré, me sentía mal con aquella cosa en mi cara. Vi cómo aquel joven se acercaba a mí y me quedé estática, mirando tras de la máscara aquellos ojos verdes, y aquellos extraños puntos violáceos en las ausentes cejas. Levantó una de las manos y rozó con dos dedos aquella máscara para luego quitarla con suavidad de mi cara, mirándome fijamente a los ojos.

- Así mejor, estás más hermosa si cabe -dijo sonriéndome.

Me sentí por un momento extraña, era como si hubiera soñado aquel momento. Trastabillé un par de pasos hacia atrás dando mi espalda contra una de las columnas. El Santo de Aries pareció caer de un sueño y me miró fijamente.

- Perdóname -susurró aun con la máscara en la mano. Yo estiré la mano y tomé aquella cosa de metal, observándola. Era de color plata y tenía dos extraños dibujos cruzando de un lado a otro-. No te la pongas, no me molesta.

Le miré con un brillo de esperanza y sonreí. Era un chico de más o menos mi edad, un poco más alto que yo pero dentro de él brillaba un Cosmos no sólo gentil, sino fuerte y lleno de poder.

- Gracias -le dije bajando mi mirada y ajustando las pesas de mis muñecas. Siento que el joven sonrió y pasó dentro de su Templo.

- Sígueme -escuché el eco que recorría el Templo mientras me hizo llegar hasta una puerta labrada con unos extraños motivos, pasé un dedo por ellos y la puerta se abrió dando paso a un pequeño jardín. Dos enormes árboles coronaban aquello, me acerqué a uno de los árboles y escalé hasta la copa.

- Es un árbol frutal, cuando este árbol de sus frutos es porque estarás preparada -miré hacia abajo y ahí estaba, calmo y con una sonrisa suave.

- ¿Y si jamás lo estoy?

- Jamás dará sus frutos, aunque te aseguro que te gustará verle florecer.

En ese momento el pequeño Kiki llega hasta nosotros con esa sonrisa que le caracteriza. Bajé del árbol y me quedé junto a él escuchando las primeras teorías que Mu nos explicaba.
Cuando nos damos cuenta estaba atardeciendo, me hubiera quedado una eternidad ahí escuchándole. Su tono de voz tan suave, tan calmado, tan lleno de calidad es totalmente distinto al de Camus. Parpadeé justo cuando andaba a medio camino llegando a Virgo, suspiré y comencé a correr hacia Escorpio; acabo de sentir algo que necesito ver con mis propios ojos. Shaka me ve pasar veloz y sonríe mientras una cucharada de helado de chocolate se pasa hasta su boca.

En los últimos escalones del templo tengo que pararme, me he quedado sin aire; además mi entrenamiento en Aries no ha sido nada físico por lo que si llegara así cansada llamaría mucho la atención. Y creo que la llamé.

- Pensé que te habías ido ya a tu Santuario, nórdica.

Al levantar la mirada la vi y sonreí, aquella máscara sin pizca de sentimientos...

- Ninah… - la mascara plateada frente a mí brillaba con los últimos rayos del sol. Eché mis cabellos hacia atrás y los recogí, intuía como el Cosmos de la chica se había hecho más fuerte-. Pues para tu información... aún me queda mucho aquí.

- Te sentí en Aries¿qué haces aquí? -ouch, eso fue un golpe bajo. Sonreí y llegué a su altura.

- Simplemente tengo entrenamientos teóricos con Mu, y físicos con Milo -el aura que la rodeaba se hacía peligrosa. Tan peligrosa que cuando me di cuenta...

- ¡Orora Borearisu! -salté a uno de los pilares derruidos, cayendo con un solo pie, y sonreí elevando mi Cosmos. ¿Quería pelea? Bien, pues aquí la tendría.

- ¡Yunibaasu Furiijingu! -Aire helado contra aire helado, nuestras fuerzas son tan parecidas que asombran. Ella retira su mano al igual que yo y el ataque se fulmina llegando al cielo y al caer parece como si una pequeña nevada diera la bienvenida a nuestra pelea.

Ninah volvió a quedar en posición de ataque, sé que estaba sonriendo y yo a mi vez sonreí, algo he aprendido aquí y es a distinguir más rápidamente los puntos débiles de cualquier guerrero. Ella vuelve a atacarme con su Aurora Boreal pero jamás se esperó que alrededor de mí se concentre tanto calor, sobre todo cuando segundos antes mi aura ha estado tan fría como los glaciares de Asgard.

- ¡Great Ardent Pressure! -de mi alrededor y de mis propias manos se empieza a desprender calor, una barrera de lava ardiente se alza brillante y hacia ella. Pero en ese momento un contraataque de hielo intentó romper mi barrera sin éxito, derribando a una sofocada Ninah y sacando la máscara de su cara. Me di cuenta del alcance de mi ataque al verla apoyada en sus rodillas y la máscara a sus pies. Aún así me cansó demasiado y eso que no es ni la mitad del ataque de Hagen.

- Jamás pensé que fueras tan fuerte, nórdica -dijo respirando agitadamente, mientras vio como yo también caía, mucho entrenamiento aunado a un ataque así. La miro y sonrío, es muy hermosa; tiene unos enormes ojos verdes parecidos a los de su hermano y su piel es blanca. Ahora comprendo porque mi maestro está loco por ella, pero sigo sin entender el por qué de esconder esa belleza al mundo.

- Eres muy fuerte Ninah, pero aún no comprendo por qué peleamos…-susurré con la respiración agitada.

- No quiero que te quedes con Milo -estallé en risas mientras la observo colocarse aquella cosa de metal de nuevo en la cara. No puedo levantarme así que me siento en el suelo intentando calmar la risa.

- Puedes estar tranquila, sólo lo quiero como Maestro... no me interesaría en él lo mínimo- Ninah me miró extrañada y luego sonrió comprendiendo lo que le he dicho.

- ¿Amigas? -me preguntó acercándose a mi y tendiéndome su mano.

- Claro -sonrió tomándola y empezando a caminar hacia Escorpio hombro con hombro-. Menudo par de tontas somos -Ninah sólo ríe, viendo que la salida nunca ha sido la pelea.