Disclaimer: Rowling es la dueña de todo.

Aviso: Este fic participa del noveno reto "Historias en Canciones" del foro "El triángulo, donde tres, están unidos".

Flashlight - Jessie J.


IGUAL QUE LAS ESTRELLAS

...You're gettin' me, gettin' me through the night
Cause you're my flashlight...


Me encuentro en un paraje familiar. Lo sé por el aroma rancio que llena mis fosas nasales, pues mis ojos están cegados por la oscuridad.

Sé que estoy soñando, pero a pesar de eso, el miedo hace que la piel se me erice y que sienta que el corazón me va a explotar. Siempre es lo mismo. Cada noche vuelvo al mismo lugar horrible donde estuve cautiva durante varias semanas al haberme rehusado a cooperar.

Es increíble la cantidad de problemas en los que te mete la sangre, pero es más increíble aún que sea esa misma sangre la que te mantenga con vida. Me llamaron «traidora» por haber ayudado a mi mejor amigo y a su novia a escapar, y aunque me hicieron daño, no podían matarme. No sabiendo que soy una bruja de sangre pura, perteneciente a una de las mejores familias del mundo mágico.

Pero eso no evitó el daño.

No evitó mis gritos de dolor cuando era presa de la tortura, como tampoco evitó mis lágrimas de hambre y de miedo cada vez que la noche volvía a caer. Aunque no todo fue malo.

Dentro de esas cuatro paredes aprendí una lección que durante mis años de colegio jamás me enseñaron: aprendí lo que significaba la lealtad y también pude ver lo mucho que valen los sacrificios que haces por amor. Eso sí, tuve que ver a otros morir para aprenderlo. Todavía recuerdo la última lágrima que brotó de los ojos de Narcissa Malfoy cuando fue asesinada por su propia hermana.

Un sacrificio de una madre por su hijo. Uno hecho por amor. Uno que ni la pureza de la sangre pudo evitar.

Y ahora yo estoy aquí: atrapada en la oscuridad de mis pesadillas nocturnas. Sabiendo que aunque no moriré, repetiré los horrores de mi prisión una vez más, hasta que sus manos cálidas tomen mi rostro y me ayuden a despertar.

Jamás pensé que sería precisamente él quien se convertiría en mi tabla de salvación. Aquel chico al que estuve de acuerdo con entregar en aquella ocasión. Ese que recibió infinidad de burlas y agravios de mis labios que ahora lo besan como si mi vida dependiera de ello. Ese que tuvo que morir dos veces para demostrar que era mejor que cualquiera de nosotros.

Siempre termino perdiéndome en la noche, pero él, igual que las estrellas, ilumina mi camino de regreso. En él he encontrado todo lo que necesito. Mi vida no es dulce y sigo atrapada en la oscuridad, pero él, igual que las estrellas, hace que encuentre el sendero de vuelta a casa. A sus brazos.

A pesar de que los gritos me desgarran la garganta. A pesar de que el cansancio destroza mis músculos. A pesar de que mis pulmones están en llamas cada vez que intento respirar.

—Pansy, cariño, despierta. —Su voz cálida me trae de regreso lentamente.

Abro mis ojos, inundados por las lágrimas y me encuentro con la visión de sus profundos y cálidos ojos verdes que me atrapan.

Suspiro largamente mientras él acaricia mi mejilla y termina con el camino que una lágrima se ha hecho en ella.

—¿Estás bien? —pregunta con su cabello revuelto y sus gafas de cola de botella a medio poner.

Y como me he quedado sin aire no le respondo y en cambio lo tomó por el cuello y lo acerco a mí.

Su calor hace que deje de sentir escalofríos, y su piel contra mi piel me recuerda que estoy a salvo a su lado. Entonces aunque sigo sin poder respirar bien, lo beso y agarro su cabello con fuerza, al tiempo que me coloco a horcadas sobre él.

Y sus manos se apoderan de mis caderas mientras tomo sus gafas y las pongo a un lado de nuestra cama, antes de que quitar el suave camisón de seda que cubre mi cuerpo sudoroso.

Y él me observa maravillado. Como si mi cuerpo desnudo fuera una novedad para él y su boca sonríe de anticipación cuando pongo mis manos sobre pecho para besar su cuello. Entonces me ayuda a quitar mis bragas, mientras toma su propio pantalón y libera su erección, aquella que instantes después tomo con decisión para introducirla en mi interior.

Cuando ya me he posicionado, empiezo a mover mis caderas lentamente haciendo que varios jadeos se escapen de sus labios y de los míos que minutos antes gritaban de terror. Y él toma mis senos y los masajea suavemente mientras me observa con desbordante deseo, motivándome a continuar.

Luego sus manos van a mi trasero el cual aprieta con pasión impulsándome para que el movimiento sea más rápido y estimulante, y yo solo puedo cerrar mis ojos ante las sensaciones, mientras mi cabello sudoroso se pega a mi espalda.

Y ahí está de nuevo esa sensación. La sensación de placer más extraordinaria del mundo. Aquella que solo he podido experimentar con él. Entonces me recuesto a su lado, mientras ambos suspiramos extasiados y satisfechos de saber que nos pertenecemos. Porque aunque siempre termino perdiéndome en la noche, él es como las estrellas: ilumina mi camino de regreso a casa.

—Te amo, Harry Potter.