Hola! Kinnetik_Ishisu con un nuevo capítulo de esta vieja historia. No creo que muchos la lean, pero igual me divierto escribiendo. Deja algún comentario por ahí, si?

Peticiones o ideas serán bien recibidas

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El sol se que empezaba a ocultarse era la mayor alegría para los estudiantes del Französisches Gymnasium ya que estaba pronto el timbre de salida. Cuando éste se oyó, los pupilos salieron en tropel buscando la libertad y entre todos, una peliazul y una rubia sobresalían en velocidad.

"Vamos Shery! Con suerte llegamos a la casa de Isabella antes de que se haga muy tarde!" exclamó Marie Schneider mientras corrían escaleras abajo, saliendo del colegio. "Son las 4 apenas…"

"Si, si, ya voy" dijo la aludida en lo que trataba de cerrar su sobrecargado maletín. "Iría más rápido si me ayudaras a cargar las notas que le vamos a entregar a Isabella!"

"Ni lo pienses! Yo ya las cargué 3 días y tú sólo 2 contando hoy. Además, ya mañana es sábado y el lunes Isabella volverá al colegio y terminarás cargando menos que yo."

"Pobre Isabella, sólo problemas le han venido desde que llegó aquí!" dijo Shery alcanzando a Marie.

"Es cierto," dijo la rubia mientras caminaba por la acera. "Al menos se ausentó un mes antes de vacaciones así que si trabaja mucho, podrá ponerse al día en lo que le falte."

"Oye! A todo esto, se me había olvidado! Dime por Dios que hoy sí me trajiste las fotos que tomó tu hermano en casa de Wakabayashi cuando hicieron la fiesta anteayer!!" dijo Shery con urgencia.

Marie sonrió y se detuvo en la parada del autobús. "Pues sí, mira, aquí están. Y he de decir que Karl es un buen fotógrafo; mira el ángulo en que le tomó esta fotos a Hyuga…"

"Uy sí… Recuérdame darle las gracias por estas maravillas…"

"Deja de babear Shery, me das miedo…Y de paso, dice Karl que le debes un favor y te lo cobrará cuando mejor le convenga," sentenció Marie en lo que veía al bus llegar.

"Si, si, si… Lo que quiera, je je je"

"Shery…."

………………..

Y es que, en efecto, Schneider fue uno de los invitados a la fiesta formal en la casa del portero. Y que loca fiesta fue aunque no de la locura que a él le hubiera agradado. Schneider llegó junto con Kaltz pasadas las 6 de la tarde y lo primero que le dio mala espina fue ver unos boxers -con unas letras "KT" bordadas- colgando de una de las lámparas.

"Eh, Schneider, Kaltz, qué bueno que pudieron llegar!" dijo el anfitrión apenas los vio pasar. Dirigió su mirada a la lámpara y gritó. "Oye, Kazuo! Encontré tus boxers!"

Un muchacho, tal vez un poco menor que Wakabayashi, con cabello negro de picos y protuberantes dientes delanteros, bajó las escaleras saltando de tres en tres. Tomándolos e ignorando a los nuevos invitados, exclamó: "Wah! Excelente Wakabayashi! Ahora nada más faltan encontrar los de Masao y los de Misaki y podremos terminar de desempacar. Maldito Ishizaki, nos las pagará!" Y con esto, volvió a subir las escaleras donde lo recibieron gritos ahogados de celebración.

Schneider y Kaltz volvieron a ver a Wakabayashi en busca de una explicación y éste negó con el cabeza, divertido ante el desconcierto de sus amigos. Escoltándolos a la sala, les comentó:

"Ni me miren, que esto ha sido así desde que teníamos 12. Ishizaki y los Tachibana se tienen una pequeña guerra personal en donde les encanta exhibir las prendas del o los otros en un lugar visible de donde se encuentren hospedados. Entre más visible, más puntos o eso creo. Tsubasa estaba incluido hasta que se casó y los amenazó de muerte si tocaban sus cosas."

"Tsubasa no parece tener ese carácter…" dijo Schneider pensativo.

" Y no lo tiene, pero es que una noche –en una concentración que tuvimos hace dos años- los gemelos se introdujeron a oscuras a la habitación de Tsubasa y se robaron algo negro que creyeron era un bóxer. Lo colgaron en el marco del campo y se fueron a dormir, todo a oscuras. A la mañana siguiente comprobaron con horror que el "algo" negro que habían robado era una prenda de Anego –Sanae, la esposa de Tsubasa- que se había colado en la maleta de su marido sin que éste se diera cuenta. Se imaginarán el enojo del hombre cuando ve la prenda de su mujer colgada en los palos y el guarda, los cuidadores y Katagiri tratando de desamarrarla sin éxito. Después de varios intentos, los gemelos tuvieron que confesar su fechoría, desamarrarla como sólo ellos sabían cómo y huir del mejor jugador de la liga española. Sólo Katagiri logró tranquilizarlo cuando le recordó que era una suerte de que la prensa no hubiera entrado todavía…"

"Bwahahahahahahahaha, eso está de lujo, ja ja ja ja ja ja" murmuró Kaltz mientras se retorcía de la risa.

"Claro que estuvo de lujo. Hasta la misma Anego lo encontró divertido cuando se lo contamos, pero Tsubasa aún frunce el ceño y mira malvadamente a los gemelos siempre que se lo mencionamos…" susurró Wakabayashi una vez que llegaron a la estancia donde ya habían varios invitados sentados alrededor del televisor, Tsubasa y Sanae entre ellos. "Y ya que Tsubasa no juega, Misaki fue reclutado como sustituto de fechorías. Recuérdenme contarles sobre la vez que Misaki se las ingenió para descoser sus calzoncillos de la bandera de Japón una hora antes de que empezara un partido oficial contra Camerún en febrero del año pasado…"

Al principio la fiesta estuvo bastante sedada, pues las madres de Hyuga, Tsubasa y Santana junto con Sanae y la esposa de Rivaul estaban presentes. Schneider estaba sorprendido ante la concurrencia de jugadores de la liga española, pero no se quejaba ya que pocas veces tenía libertad de hablar con ellos como amigos y no a gritos como se hace en los juegos de la Eurocopa. Se habló bastante del próximo mundial y de cómo Roberto Cediño se había comprometido hace poco junto con las posibles candidatas –ya que el ex as Brasileño no había soltado la identidad de su prometida. Lo anterior desembocó en la queja de la madre de Santana hacia su hijo para que encontrara una buena mujer y se asentara de una buena vez como Tsubasa y Rivaul. Santana se sonrojó y muy olímpicamente salió del predicamento con la frase 'Mi gran amor es el fútbol y cuando haya una mujer que lo entienda como lo hacen tú, mamá, y las esposas de Tsubasa y Rivaul, ahí me verás casado…' Las damas suspiraron y miraron tiernamente al brasileño mientras los demás solteros se preguntaban cuanto tiempo había practicado la frasecita frente al espejo y qué tan mal se vería si ellos la apuntaran para quitarse a sus propias madres de encima…

Poco después de la cena, las mujeres anunciaron su retirada, para dejar a los muchachos en su "noche de hombres". Santana iba a acompañar a su madre pero, con una muy certera llave de cabeza, Rivaul lo mantuvo en su sitio para hilaridad de todos. Ahí, según nos contará Schneider, fue donde todo fue cuesta abajo…

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Schneider:

Pues sí, ya habíamos comido y bebido, hablado de todo un poco y me preparaba para retirarme cuando las mujeres de la fiesta se fueron. No me dolió mucho su partida porque, seamos sinceros, o estaban casadas o estaban ya con un pie en la tumba de lo viejas que estaban. De pronto, todo el ambiente formal cambió y se volvió caos: las corbatas volaron, los zapatos de vestir fueron lanzados sin ceremonia a todas las esquinas a la vez que, finalmente, los sacos y uno que otro pantalón formal encontraron su lugar de descanso encima de las lámparas.

"Emmm…Schneider…" me preguntó Kaltz en lo que los gemelos Tachibana pasaban corriendo sin camisa frente a él, "¿Qué está pasando?"

"No lo sé…" respondí inseguro en lo que observaba a Rivaul amarrarse su corbata alrededor de la cabeza y proceder a sacar litros de cerveza del refrigerador ayudado por Wakabayashi y el otro portero japonés, Wakashim..algo.

"Será mejor que adoptemos sus costumbres, ¿no te parece?" dijo Kaltz desatando su corbata y saliendo de su saco, visiblemente seducido por la cerveza goteante en la mesita de la sala.

'Bueno, al menos creo que podré cumplir mi promesa a Marie y sacarle fotos a Wakabayashi y a Hyuga…' pensé en lo que el Tigre abría una lata de cerveza y lanzaba el reto de quien lo derrocaría de su trono del mejor bebedor de Japón; que no en vano había entrenado con un tal Kira… De inmediato, los Tachibana e Ishizaki aceptaron su desafío, abriendo sus respectivas latas. Misaki, Tsubasa y un chico –Takeshi- fueron arrastrados en el frenesí. '¡Entre más retadores mejor, chicos!' dijo Ishizaki con convicción, 'Ya sé que Takeshi es un poco joven, pero tiene que aprender en algún momento' finalizó el mono en lo que ponía una cerveza en las manos del pobre muchacho, a quien se le notaba, a todas luces, que no había tocado una cerveza en su vida.

A los 45 minutos, Wakashim..algo había declarado que era injusto que su capitán se enfrentara solo a esa panda de alcohólicos por lo que Santana –que se enteró hasta ese momento- y él mismo se unirían al Tigre, convirtiendo la competición en una batalla de equipos. Y ya que estaban compitiendo, Kaltz anunció que Wakabayashi, él y yo saldríamos en defensa del honor alemán y seríamos el equipo Carlsberg. Esperaba que el Super Portero golpeara un poco de sentido en la cabeza de Kaltz, pero nada más se limitó a ponerse sus guantes de batalla, calarse la gorra y hacerme una señal con la mano para que me uniera a ellos. Rivaul, riéndose, anunció que él sería el juez y el chofer designado en caso necesario así que podíamos empezar. Eran las 8 y 35 pm.

A las 9, y después de 5 cervezas, Santana exclamaba con fervor que ya no era una competencia, era una batalla épica entre el bien y el mal. Tomé una foto de él colgando su camisa azul en el palo de la escoba y animando a Hyuga, que ya iba por su 10ma cerveza. A las 9 y 15, Tsubasa agregó, abriendo su 7ma cerveza, que la competencia era la Eurocopa de la cerveza, lo que le ocasionó un ataque de risa a Misaki y a Kazuo Tachibana, logrando que botaran sus octavas cervezas al suelo. Wakashim…algo se levantó de su asiento triunfante, gritando que estaban descalificados, mientras los aludidos no podían dejar de reírse. A las 9 y 20, Rivaul se llevó a Kazuo a la cocina en busca de un vaso de agua mientras yo me ofrecí a cargar a Misaki al baño, donde vomitó todo lo que había tomado, abrazándose como un náufrago a la taza del servicio cuando terminó. –Flash- Tomé foto de eso también. Dejé a Misaki en el baño y volví a la sala, donde la guerra seguía entre el equipo Tigre: Santana, Hyuga y Wakashim…algo; el equipo Carlsberg: Wakabayashi, Kaltz y yo y el equipo de Monos Alados, como les puso Hyuga, conformado ahora por Tsubasa, Ishizaki, Takeshi y Masao Tachibana. Le pedí a Rivaul cuando volvió que le tomara fotos a los equipos.

A las 10 y 35, las cosas empezaban a empeorar para el equipo de los Monos Alados. Tsubasa seguía a Hyuga de cerca con 14 y 16 cervezas respectivamente pero Ishizaki no resistió y se desmayó encima de Masao, quien botó su cerveza, quedando así descalificado. Tomando por despecho, Masao cayó inconsciente poco después. –Flash- Wakabayashi se ríe maniáticamente. Takeshi también hasta que se tapa urgentemente la boca y corre hacia el baño, donde tropieza con Misaki –Flash- No quiero saber donde vomitó…

11 y 40. Santana ha caído. 11 y 45, cae Wakashim…algo. El equipo Tigre sigue adelante, sólo con su salvaje líder que toma más valentía después de ver a sus amigos rendidos. 12:01 am, Tsubasa vomita encima de la mesita del café pero aún conserva su cerveza y sigue consciente. Kaltz, sin embargo, asqueado, vomita también y luego cae semiinconsciente, gritando "Queso!" de vez en cuando. –Flash-. 12:03, el resto nos movemos mareados y tambaleantes hacia la cocina, a terminar nuestra batalla. Rivaul dormita en el sillón. –Flash-

12 y 20, ocurre lo impensable: la cerveza se acaba. 12 y 22, Wakabayashi toma su abrigo, se asegura su gorra y sus guantes, busca su billetera y tambaleante, se dirige a la tienda de licores. 12 y 30, Tsubasa se encontró 6 botellas de champagne en la refrigeradora. "Cn est terminarrrmos nuestro duelo, Huga…Sneisher también" murmura el as del Barcelona mientras las deposita pesadamente en la mesa. Seguimos bebiendo hasta que Tsubasa por fin cayó y me tocó ir a perseguir a Hyuga, quien hacía su vuelta de la victoria trotando alrededor de la cuadra, cantando a todo pulmón algo en japonés que no pude comprender.

Se desmayó a la mitad de la cuadra…

Una vez que arrastré a Hyuga a la casa y le tomé fotos comprometedoras para Shery, lo puse boca abajo y poniendo la cámara en modo automático, me tomé una foto con la última botella de champagne sentado encima del antiguo campeón. 'Ilusos' pensé mientras me acomodaba en un sillón, lejos del vómito y los cuerpos, '¿Quién vence a un alemán en un concurso de tragos?' Antes de caer en el sueño, me fijé en el reloj, 2 y 50, Wakabayashi no volvió…

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El viernes por la tarde, mientras esperaba a Marie y a Shery –que me traían más tarea- recordaba los hechos que me ganaron los guantes de portero colgados de mi espejo. Resulta que el miércoles, después de haber cenado, subí a mi habitación a tratar de terminar mis deberes. "No piense en salir, Isabella-san. Ya le hablé a la señora Bloomsfield para decirle que usted no debe salir!" Sakamoto me había prohibido terminantemente ir a cualquier parte y sinceramente, estaba tan retrasada con mis asuntos escolares que ni siquiera lo hubiera pensado. A la medianoche, la hora más difícil para quedarse despierta, me falló la resolución y me dormí encima del escritorio y en buena hora lo hice, como me di cuenta a las 2 y 50 de la mañana, cuando me despertaron piedras lanzadas a mi ventana.

"Pero qué diablos…" me dije en lo que abría la ventana (medio dormida) y recibía una pequeña roca en la frente. "Dejen de tirar piedras, mocosos imb.. Wakabayashi!?"

El super portero estaba debajo de mi ventana, sonriendo estúpidamente. "¡Hola Isabe..hic…la!"

"¡¿Qué haces aquí?!" le grité, esperando que no despertara esto a la señora Bloomsfield.

"Oí a Shery decir que por aquí había una li… hic…licorera! ¿Sabes dónde es?" me gritó de vuelta.

"Sí! Pero no creo que debas estar bebiendo a estas horas de todas maneras!" hablé, mientras notaba que estaba algo borracho. El hecho de haber por venido a mi casa, que queda lejísimos de la suya, para buscar una licorera, lo confirmaba. "Además, no tienen entrenamiento tú y Schneider mañana?"

"Sí, pero hoy hay una pelea de honor! Debo volver para terminarla" aclaró Wakabayashi, tambaleándose peligrosamente mientras agitaba su puño.

"Emmm…entiendo…creo…" le aseguré, pues Marie me contó algo de una fiesta a la que iba a ir su hermano. Wakabayashi debía venir de ahí. Lo que me hacía preguntarme dónde diablos estaba Schneider que dejaba salir a su amigo de esa manera.

"Entonces… hic… me dices la dirección?" sonrió él mientras se calaba su gorra.

"Te propongo algo. Yo sé que la señora Bloomsfield guarda unas cuantas botellas de licor por aquí. Si subes y me esperas, te las puedo dar" le planteé en esperanza de darle un café y traerlo al lado sobrio de la Fuerza.

Wakabayashi lo pensó unos instantes y asintió con entusiasmo, lo que de seguro lo mareó, pues empezó a vomitar unos segundos después. Asustada, me calcé mis botas y corrí escaleras abajo hacia la puerta, abriéndola rápidamente. Corrí hacia el jardín, donde Wakabayashi ya había terminado de vaciar su estómago, pero respiraba de forma agitada, como si quisiera evitar el vomitar más. Me quité mi abrigo, poniéndolo sobre sus hombros, dejé que se apoyara en mí y juntos caminamos lentamente a la casa. Para mi mala suerte -mi vecina del frente-la señorita Stuggart, venía llegando en un taxi de su turno de enfermería en el hospital.

"Oye Isabella, te encuentras bien? Pero quién es ése? Me parece conocido…" dijo mientras arreglaba sus gafas de libélula y se acercaba al jardín.

"Es… es mi novio! Sí…Ha venido de Japón a visitarme y parece que el viaje en taxi desde el aeropuerto le ha sentado mal…" le explique rápidamente, sin dejar de caminar a casa. Noté que Wakabayashi se sujetaba con más fuerza a mi brazo, pero no entendía por qué.

"Ah, ya! Pero no luce muy bien. Yo soy enfermera, no quieres que le eche un vistazo?" preguntó mientras se aproximaba más. Wakabayashi ocultó más su cara y al fin comprendí que pasaba: Stuggart trabajaba en el Hospital St. Hedwig Krakenhaus, en el que muchos clubes, entre ellos el Hamburgo, mandaban a sus jugadores a chequeos mensuales. Ella misma me había presumido –cuando hablamos por primera vez- de conocer a muchos futbolistas gracias a estos chequeos, aunque a mí me importara un pepino el fútbol en aquel momento. Por supuesto que podía reconocer a Wakabayashi y si ella le mencionaba algo de esto a la prensa, su traslado al Bayern podía peligrar…

"No, no, no, tranquila. Ya le ha pasado esto antes y sé que con dormir, mañana se sentirá mejor," le dije en lo que ayudaba a Wakabayashi a subir los escalones de la entrada.

"Bueno, como quieras, me llamas cualquier cosa. No sé por qué pero siento como si lo conociera de algún lado…" murmuró la enfermera, ajustándose sus anteojos.

"Ni idea de dónde puedes haber conocido a alguien como él, pero este chico ya tiene novia, así que shoo!" me reí, para tratar de distraerla en lo que cerraba la puerta.

"Ja, ja, ja, mocosa insolente! Yo tengo mejores candidatos entre los que llegan al hospital mensualmente!" bromeó mientras se retiraba y yo terminaba de ponerle seguro a la puerta.

Cuando me volví, Wakabayashi estaba sentado en los escalones que llevaban al segundo piso de la casa, con la cabeza entre las manos. "Gracias por hacerme pasar. Me pudo haber reconocido con facilidad…" dijo él, infinitamente más sobrio. De veras que los sustos ahuyentan el alcohol…

"Debes tener más cuidado! Yo no sé mucho de fútbol, pero a lo que me ha contado Marie, eres popular aquí. Si ella te hubiera visto antes que yo llegara al jardín, tu borrachera hubiera llegado a los periódicos…" le advertí mientras le tendía una mano para que se levantara. "Vamos a mi habitación, te lavas un poco la cara y te recuestas mientras preparo una mezcla especial para que te termines de despertar."

El hombre asintió y subió las escaleras conmigo (pasando de puntillas en frente de la puerta de la señora Bloomsfield). Una vez en mi cuarto, oí el agua correr en el baño y Wakabayashi salió poco después, con el cabello mojado y oliendo a enjuague bucal. Tratamos de llamar a Schneider o a Hyuga para que lo vinieran a recoger, pero ninguno contestaba el celular; el portero se dio por vencido poco después, mencionando algo de que seguro habían encontrado el champagne.

"Oye, no es ése mi suéter?" preguntó el muchacho, señalando la prenda en el respaldar de mi silla de estudio.

"Ah, sí!" confirmé sonrojada. "Creo que lo dejaste en el hospital y quería devolverlo en persona, pero no había tenido tiempo…" Bueno, técnicamente estaba castigada hasta el próximo diluvio, pero no lo iba a mencionar.

"Ah, ya. Oye, no tienes aspirinas o algo así. Mi cabeza revienta…"

Le dije que me esperara y le traería un té, ya que por el licor, no sabía si era bueno darle medicinas. Sólo me faltaba que el mejor portero de la liga alemana se muriera en mi casa por mezcla de licor y pastillas y sería el acabose. Al regresar, vi que el sueño lo había vencido y había reclamado gran parte de mi cama. Dejando el té en la mesita y traté de despertarlo sin éxito. Finalmente, le puse llave a mi puerta (no quería que entrara la señora Bloomsfield en la mañana y le llevara el diablo cuando viera a un hombre en mi cama con el que ni siquiera me había acostado) y acomodándome en el suelo con una sábana extra, me dormí.

A la mañana siguiente, desperté en mi cama, pensando decepcionada que todo había sido un sueño, hasta que vi los guantes del portero junto a la taza vacía de té. Sin embargo, el suéter y su dueño habían escapado por la ventana abierta, dejándome una sensación de irrealidad indescriptible.

Continuará…