Iba por la calle con mis padres, y nos dirigíamos hacia una importante cena de la empresa de mi padre.

Cuando entramos al lugar, había una gran mesa situada en el centro, con todas las sillas ocupadas, ya que éramos los últimos en llegar.

Un hombre corrió rápidamente a saludar a mi padre, luego dio dos besos a mi madre, y luego.. me saludó.. con un extraño brillo en sus ojos.

Suponía que ese era el jefe de mi padre.

Estábamos por el segundo plato, cuando le dije a mi madre que me aburría.

-Hija, compórtate. Estamos en una importante cena de tu padre. Aguanta un poco.

-¡Pero mamá, me aburro mucho!

-No chilles, hija. -dijo chillando en voz baja- Mira, te dejo que vayas fuera a dar un paseo. Pero no vayas muy lejos, ¿entendido?. Toma mi móvil. Ya sabes usarlo. Si pasa algo, llama al de tu padre. ¿Estamos?

-Vale, mamá. Gracias. -musité con una gran sonrisa en la boca.

Salí corriendo a la calle, y cuando llegué, me encontré con el hombre que suponía que era el jefe de mi padre.

-Hola guapa. -me dijo con el mismo brillo en los ojos de antes- Soy el jefe de tu padre. ¿Que haces aquí sola?

Me dio un escalofrío. Quería salir corriendo de allí, pero debía comportarme.

-E-esque me aburría allí dentro.

-¿Quieres acompañarme a mi casa? Tengo una hija de tu misma edad y podríais jugar juntas.

-No, gracias. Mi madre me ha dicho que me quede aquí.

-Pero tu madre a mi me conoce. No creo que le importe que te vengas conmigo.

-No, gracias, señor. Prefiero quedarm..

-He dicho que te vengas. -dijo.

Otro escalofrío. Por como dijo esa frase, me dio mucho miedo.

-E-esta bien señor, pe-pero déjeme preguntárselo-lo a mi madre, po-por favor.

-Adelante, preciosa.-ese señor me estaba asustando mucho.

Fui corriendo dentro, y sentí cómo me seguía.

No tenía escapatoria.

Al llegar al lado de mi madre, él estaba detrás mía.

-Mamá, este señor me ha preguntado que si me dejas ir a su casa, a..

-A que no se aburra tanto aquí, Reneé. Ya sabes cómo son los niños de hoy en día.

-Claro James. Además, yo y Charlie teníamos pensado pasarnos luego por tu casa, para charlar. ¿Te importaría?

-Por supuesto que no, Reneé. Estaría encantado. Bueno, ahora me la voy a llevar.

-Como quieras, James. Sólo espero que no sea un incordio para ti.

-Para nada. ¿Cómo puede ser esta preciosidad un incordio para mi?

Mi madre se rió entre dientes. Y luego me besó la mejilla, con todo el amor de una madre.

La abracé con mis brazos, como si fuera la última vez que la fuera a ver. Tenía un muy mal presentimiento.

-Venga, preciosa, vamos a mi casa.-dijo James quitándome de los brazos de mi madre.