Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esta historia es sin fines de lucro.

La partida del Maestro de la Muerte

Lessa Dragonlady

"La reina no muerta"

Michael entró a su cuarto sin notar que yo estaba escondida bajo su cama. Fue directo a su baúl y sacó la carta que le llegó la noche pasada, y que no quiso decir de quién era. A mi lado, Francis me hizo un gesto de contar hasta tres. Un, dos...

Brincamos al mismo tiempo, gritando para espantar a Michael. Mientras Francis lo derribaba sobre la cama, yo robé la carta, abriéndola de un tirón.

—¡Pagarán, pequeños ratones embusteros! —gritaba Michael intentando quitarse a Francis.

Yo, naturalmente, comencé a leer la carta en voz alta —Querido Mike, no sabes cuánto he pensado en ti. Las vacaciones han sido eternas sin tus lindos ojos mieles... —hice un gesto de horror— ¡Asco, Mike!

Francis no podía con la risa. Se deslizó hasta el piso, agarrándose el estómago.

—¡Dame esa carta, Hermione Marie Berkley!

—¿Mamá sabe que tienes novia? —pregunté abanicándome con la carta.

—No te atrevas...

—¡MAMÁ!

Corrí fuera de la habitación. Alcancé a ver que Francis le metió el pie a Michael para que no me alcanzara. Salí de la granja, riendo y agitando la carta.

Mamá y papá estaban encantando el pozo para que no se congelara por la ventisca que venía.

—¡Mike tiene novia!

Papá alzó las cejas, sonriente. Mamá, en cambio, frunció el ceño —Es muy joven para tener novia.

—Calma, mi amor. Seguro solo andan tomados de la mano.

Escuché la puerta de la granja azotarse y supe que Michael ya estaba por agarrarme, así que me escondí detrás de la falda de mamá.

—Michael Berkley, ¿es cierto que ya tienes novia? —preguntó mamá.

Mi hermano me echó su peor mirada al responder —Annie no es mi novia. Somos amigos.

Papá tapó el pozo, riendo —No tienes por qué negarlo. Aquí realmente solo importa algo: ¿Annie es Hufflepuff?

—Slytherin...

Papá se escandalizó —Pero necesitamos seguir con la línea Hufflepuff. Esto ya parece una broma. Primero tú sales Ravenclaw, luego Hermione es Gryffindor...

—¡Hey! —gruñí— Mi Casa es la mejor.

Él me ignoró —Y luego tu primera chica es Slytherin. Ya no hay fidelidad por los tejones.

Michael se puso más rojo —No es mi chica.

Mamá se cruzó de brazos —Quiero conocer a esa tal Annie y a sus padres cuando regreses a clases, jovencito.

—Oh, no, qué vergüenza...

Sabía que Michael se vengaría, así que estuve atenta los siguientes días. El primero en caer fue Francis, atrapado en el cobertizo con las gallinas durante cinco horas. Mamá tuvo que traer al herrero Will para que con magia deshiciera el candado que Mike encantó. Fue muy elegante ese hechizo, debo reconocer, pero nada con lo que yo no hubiera podido.

Mamá estaba especialmente molesta de que su brillante idea de esconder nuestras varitas no frenara nuestros "instintos destructores". Tras el sexta venganza que Mike falló contra mí, nos separó el resto de las vacaciones invernales.

Francis terminó en el molino con papá. Mike en casa ayudando mamá. Y yo con la señora Grimes.

—Consentida... —siseó Francis al despedirse de mí.

Tenía razón. Con la señora Grimes mis únicos trabajos serían comer tarta y montar a Bullet.

Cerca de Año Nuevo me aventuré al prado del bosque donde conocí al extraño jugador de ajedrez. Por más que me esforcé no pude encontrar el claro, así que continué mis tardes cabalgando cada vez más lejos de St. Otterpot, siguiendo el riachuelo congelado. Uno de esos días Wyatt Lawrie me acompañó en su caballo, Honey, y conversamos durante horas de las clases y los amigos de Hogwarts. Estaba impresionada de que tras un año en el colegio Wyatt se hubiera convertido en alguien mucho más agradable, y estaba segura que era por las políticas de cero tolerancia al bullying de cualquier tipo. A Wyatt le gustaba hablar de cómo planeaba expandir la carpintería de su familia en St. Otterpot en cuanto se graduara. Parecía enojado con su padre por haberla cerrado.

—Ahora mi mamá tiene que trabajar el doble. No me parece justo.

Lo miré bien montado sobre Honey, con la nieve de fondo haciendo que su cabello pelirrojo resaltara como un ramo de rosas.

—Tu mamá me cae bien. La última vez que hablé con ella me dijo que las mujeres de St. Otterpot siempre nos ayudamos.

—Sí. Estaba muy enojada conmigo después de que te hice explotar el último verano.

Sonreí —Eso quedó atrás.

Estuve pensando varios días cómo ayudar a la señora Lawrie, hasta que la señora Grimes me dio la respuesta cuando olvidó apagar su estufa y casi quema su preciosa cabaña. La señora Grimes era viuda, sus hijos habían muerto en la guerra, así que todo su dinero lo gastaba en mantener perfecto su establo y en cuidar que su cabaña siguiera siendo la más hermosa del pueblo. Pero la edad ya no le permitía hacer tanto como antes, ni con el mismo cuidado.

—¿Por qué no contrata un ama de llaves, señora Grimes? —pregunté una noche que compartimos chocolate caliente.

—¿Para qué?

—Ella podría llevar la administración de la cabaña, el establo y su parte del sembradío de papas. Así le dejaría tiempo libre para ampliar su biblioteca, como siempre ha querido.

—Oh, no suena mal. Tendría que ser una persona de confianza...

—Escuché que la señora Lawrie busca empleo.

Cuando vi su sonrisa supe que estaba resuelto. Tan fácil.

En las noches me dedicaba a volver a leer Cuento de invierno, atrapada por la belleza de Shakespeare. Era obvio por qué el profesor Potter me había regalado ese libro. En la trama, la reina se llamaba Hermione. Lo más interesante de esa edición era el estudio de la obra que venía al final del libro. Prácticamente lo memoricé.

Como de verdad me gustó el libro, tuve que perdonar al profesor Potter. Pero sólo por eso.

Al terminar las vacaciones lloré por tener que dejar a mis padres, a la señora Grimes y a Bullet. Francis tenía razón: soy una boba sentimental.

La señora Grimes besó mi frente. Mucho más descansada y feliz me dijo —Pasarás tu cumpleaños en Hogwarts, así que no podré darte tu regalo hasta que regreses.

—No tiene por qué, suficiente con el que me dio de Navidad. Es hermoso.

Me había dado un par de aretes de perlas. Pequeños y elegantes, "discretos para una jovencita de mi edad" según dijo.

—No opinarás lo mismo cuando veas tu regalo. Suerte en Hogwarts, dulce nutria.

Papá y mamá nos aparecieron en Hogsmeade a medio día para disfrutar una última comida en familia. Fuimos a las Tres Escobas, donde Madam Rosmerta nos atendió con su típica energía.

—Tus chicos ya se ven muy grandes, Marie.

—Gracias, Rosmerta. Michael ya está en tercer año. Regresando a Hogwarts tendrá su primera visita a Hogsmeade, ¿le echarías un ojo por mí?

—Claro que sí —le guiñó a Mike, quien casi se desmaya del sonrojo.

A la mitad de la comida papá me mandó a la barra para pedir más salsa de ajo. Mientras esperaba a que Madam Rosmerta me entregara el frasco vi una fotografía colgada en la pared.

—¿A qué desde jovencito era guapo Harry Potter? —me dijo Madam Rosmerta al notar qué veía—. En esa foto tenía trece años, junto a él están Ronald Weasley y Hermione Granger. Hey, ahora que te veo, pequeña, eres muy parecida a Hermione Granger. Claro, tus ojos son un poco más claros, pero tu cabello es idéntico.

Hice una mueca —No me quiero parecer a ella. Gracias por la salsa de ajo.

Regresé a mi mesa, enojada. El resto de la comida volteé a ver la fotografía, asustada de lo certera que fue Madam Rosmerta.

Ya en Hogwarts Abbie se quejó de que Ted y yo la abandonamos en el tren y tuvo que soportar a Danielle y Melissa.

—Lo lamento, la próxima vez podrías sentarte con Robbie y John. Son muy divertidos.

Ted apoyó mi idea —Sí, no tienes que juntarte con las cabezas huecas de Gryffindor. Mejor busca opciones. Hermione siempre se aparecerá a St. Otterpot y yo me marcho desde aquí con Harry a casa. No hay posibilidades de que te acompañemos en el tren.

Abbie bajó los hombros —Ratas...

De pronto mis hermanos cayeron sobre nosotros en la mesa de Gryffindor, parecían abochornados por correr.

—¡Adivinen quién sustituirá a Madam Hooch por su retiro! —gritó Francis.

Giré los ojos —¿Hablas de la instructora de vuelo? Leí que trabajó en Hogwarts desde inicios de mil novecientos. Ya era hora de un descanso.

Ted sonrió sabiondo —Yo sé quién.

Michael respondió —Claro. El profesor Potter debió decirte. ¿La conoces?

—Sí, es la hermana menor de mi tío Ron. Bueno, no es mi tío sanguíneo, pero ustedes entienden.

Los miré desesperada —¿De quién hablan?

—Ginny Weasley —dijo Michael babeando—, ex cazadora de las Holyhead Harpies.

Sonreí —Oh, ¿es la pelirroja que tienes en el póster de tu cuarto?

Reímos de la cara de Michael.

Francis remató —A Annie no le va a gustar esto...

Tras un rato más de bromas Ted nos explicó que como Madam Hooch había tenido que renunciar de improviso por una lesión en su espalda, la directora McGonagall no tuvo tiempo de conseguir a alguien durante las vacaciones, y que le pidió al profesor Potter que cubriera la clase. Él se negó diciendo que apenas podía con su materia, pero aseguró que conocía a alguien que necesitaba el trabajo.

—¿Por qué una jugadora profesional de Quidditch querría enseñar a volar a niños de once años? —dije— Seguro puede conseguir algo mejor que eso.

De la nada Melissa y Danielle se unieron a la conversación, siempre confiables cuando de chismes se trataba.

—Es obvio. La señorita Weasley todavía quiere que el profesor Potter se case con ella —susurró Melissa—. Además, después del drama con su entrenador, quedó con mala reputación y ningún equipo la quiere.

Francis preguntó de qué drama hablaban. Danielle contestó como si fuera conocimiento público —Los vieron besándose en los cambiadores. La señorita Weasley fue acusada de "comprar" su plaza, no de ganársela. Así que perdió el trabajo.

Ted se enojó —Eso es falso. Ginny vuela como una flecha.

—¿Entonces no se metió con su entrenador? — dijo Abbie.

Ted bajó el rostro —Bueno, no todo es falso.

Michael regresó al tema —Tienen tanta suerte. No porque Madam Hooch fuera mala, pero hubiera preferido mil veces a Ginny Weasley.

La gran noticia corrió por el colegio. Para cuando llegaron las clases de vuelo, el estadio de Quidditch estaba lleno.

—Qué tontería —chisté en medio del campo—. Se supone que esta clase solo la compartiríamos con Slytherin. ¿Qué los demás no tienen clase? Debería darles vergüenza. Son tan infantiles.

Abbie me abrazó sonriente —Tienes miedo de que todos ellos te vean fallar.

—Eso fue exactamente lo que dije —respondí sonrojada.

Mi amiga comenzó a reír.

El estadio aplaudió cuando la profesora Weasley entró. Me pareció ridículo que saludara y sonriera, como si fuera una estrella. Usó su varita para aumentar su voz.

—Gracias por el recibimiento, Hogwarts. Ahora, ¡vuelvan a sus clases! Esto no es una exhibición.

Se escuchó el triste ahhh de los alumnos y lentamente se vació el estadio.

Ya no me caía tan mal la pelirroja... Hasta que gritó al mirarme.

—Oh, lo siento, dulzura. Eres tan parecida a... No importa. Hay que comenzar la clase.

Abbie me susurró —Eso fue extraño.

Mi escoba tardó tres ordenes directas en llegar a mi mano, lo cual no me sorprendió. En St. Otterpot a veces se juega Quidditch cuando se reúnen las escobas suficientes. Hace dos años intenté volar y no funcionó, Michael tuvo que trepar a un árbol para ayudarme a bajar.

Cuando fue clara mi repulsión por la escoba, y todos mis compañeros ya estaban volando, la profesora se me acercó.

—Vamos, dulzura, no es tan difícil.

—No me llamo dulzura —contesté recargándome en la escoba, como si fuera bastón.

—De acuerdo, lo lamento, señorita...

—Berkley.

—Señorita Berkley, ¿sabe andar en bicicleta?

—Sé cabalgar, si sirve de algo...

Su rostro se iluminó —Fantástico. Eso es mucho mejor. Ahora piense que su escoba es un caballo. Sea cuidadosa, pero firme.

Supuse que podía intentarlo. Tras un par de caídas de medio metro, conseguí estabilizarme sobre la escoba.

—Ahora dirige la punta hacia el cielo, y piensa en que estás cabalgando en gigantescos prados. Yo volaré junto a ti, así que no temas caer.

Funcionó. Pensar en Bullet y en las colinas de St. Otterpot me dio la seguridad suficiente para alzar el vuelo. Reí al sentir el viento cortar mis mejillas y congelar mis manos. De inmediato me uní a las carreras que montaron los Slytherin, acelerando en las curvas como si estuviera loca. Fue muy divertido.

—Berkley, eres buena. Una vez a la semana hacemos carreras en el jardín oeste de Hogwarts, ¿quieres unirte?

El Slytherin me miró ansioso.

—¿Puede venir mi hermano Francis?

—Si vuela tan bien como tú es bienvenido.

—Vuela mejor —defendí enseguida.

El chico sonrió —Ya veremos.

Abbie llegó corriendo hacia mí —¡Hermione! Volaste increíble.

La profesora Weasley se giró hacia nosotras —¿Te llamas Hermione? Ah, eso es... ¿Harry lo sabe? Quiero decir, el profesor Potter.

La miré enojada —Hermione es un personaje de William Shakespeare. No solo fue una gran bruja que murió en la guerra.

Esa era mi nueva defensa. Tenía que agradecerle al profesor Potter después.

—Sí, claro, claro... —respondió la profesora sin quitar la sospecha de su cara.

Tomé a Abbie de la mano y me marché del estadio. Qué molesta pelirroja.

Una semana después hice tiempo arreglando mis cosas en lo que mis compañeros salían del salón. Incluso le pedí a Abbie y a Ted que se adelantaran sin mí. Cuando quedamos a solas volteé a ver al profesor Potter, encontrándolo nervioso recargado en su escritorio. Cambiaba de posición cada dos segundos, intentando verse tranquilo.

¿Cómo puedo saber que está nervioso? No convivo tanto con él para saber sus gestos.

—¿Pasa algo malo, profesor?

Polly, la serpiente que siempre estaba cerca del héroe nacional, sacó la lengua como si riera.

—Yo debería hacerle esa pregunta. Supongo que por algo se rezagó.

Asentí. Llevábamos dos meses desde que volvimos de vacaciones, la nieve ya se había derretido, y yo había evadido al profesor en cualquier lugar fuera del salón. Quise posponer esa conversación todo lo posible, pero había llegado el momento.

—Me gustó el libro —solté como si fuera la peor noticia del mundo—. Me divertí con los diálogos de Autólico, y amé el valor de Perdita.

El profesor se sentó en el escritorio, igual que lo vi hacerlo con tantos otros alumnos. Por fin me estaba tratando igual que al resto.

—¿Y qué opinas de la reina Hermione?

Bufé —No puedo creer que perdonara al rey. Se tuvo que hacer pasar por muerta dieciséis años.

—Lo hizo para mantenerse viva.

Sonreí —Qué contradicción, ¿verdad?

—Lo sé.

Seguimos discutiendo sobre la obra un rato más. El profesor me hizo reír varias veces, rememorando los diálogos de Autólico. Finalmente me decidí a decirle lo otro.

—Gracias por darme una coartada sobre mi nombre. Desde ahora diré que mis padres son fanáticos de Shakespeare.

—Fue un placer, señorita Berkley. Creo que ya la retuve suficiente. Vaya a comer.

—Nos vemos después, profesor.

Nos volvimos a ver a los dos días... En la enfermería.

Francis y yo por supuesto fuimos a las carreras de los Slytherin. Creo que por más años que transcurrieran la Casa de Salazar jamás iba a quitarse esa imagen de chicos malos. Las carreras consistían en dar una vuelta al lago y luego cruzarlo por el centro, rozando el agua para llamar al calamar gigante. Quien saliera vivo naturalmente era el ganador.

Michael nos apoyó gritando mientras barríamos la orilla del lago. Los Slytherin contra los que competíamos eran más grandes y experimentados, así que iban muy por delante.

—¡Nos ganarán!

—¡No lo permitiré! —le respondí a mi hermano, sacando la varita.

De acuerdo, fue un poco exagerado usar un Bombarda en la superficie del lago. La explosión de agua nos empapó en un segundo, y al siguiente ya estaba el calamar gigante agitando sus tentáculos, creando obstáculos en movimiento que expulsaban agua y tinta. El sol hacia brillar las gotas de agua como si fueran diamantes.

Un Slytherin cayó. Francis, siendo el típico Hufflepuff de corazón, se frenó para ayudarlo.

—¡Termina la carrera! —me dijo ya de camino por el Slytherin.

Cuando volví a mirar al frente me estrellé con un tentáculo. El Slytherin sobreviviente me agarró del brazo, evitando que me hundiera en el lago.

—¡Esto es épico! —gritó riendo mientras evadía más tentáculos.

—¡No puedo perder mi escoba! ¡Es del colegio!

Me miró desesperado —¿Pretendes que te suelte?

—¿Te lo pido por favor? —chisté sarcástica.

Al siguiente instante ya estaba nadando. Me sumergí para buscar la escoba, pero el agua se agitaba furiosa, volviendo todo muy borroso. Después sentí un golpe en la cabeza, y todo fue negro.

Ahora estoy en la enfermería, con mis hermanos muy molestos de un lado, y el profesor Potter más enojado del otro.

—¿Qué pasó?

Francis señaló mi cabeza vendada —Un tentáculo gigante cayó encima de ti. Casual.

—¿En qué estabas pensando? —gruñó Michael.

—En que no tenemos ciento veinte galeones para pagar la escoba que perdí.

—No la perdiste, se hizo trozos —aclaró Francis. Lo miré molesta.

El profesor Potter habló —Ochenta puntos menos a Gryffindor por participar en carreras fuera de las reglas del colegio.

—¿Ochenta?

Sonrió —Y sesenta puntos extra por un excelente Bombarda y por ser responsable con los objetos del colegio.

Mis hermanos y yo reímos.

—¿Puede hacer eso? Bajar y luego subir puntos.

—Aprendí del mejor —dijo el profesor—. Claro, él era el director y podía hacer lo que quisiera, pero no creo que a Minerva le importe por esta única ocasión. Señorita Berkley, no tenía idea de que supiera volar, menos que le gustara. No lo pensé de usted.

—Soy multifacética.

Francis comenzó a reír —Imitaste perfecto a mamá cuando dice eso.

—Lo sé, estuve practicando.

El profesor siguió hablando —Ahora solo hay que resolver esos ciento veinte galeones que le debe a la escuela.

Bajé los hombros —Tengo dos galeones ahorrados...

—Yo tres.

—Ocho —completó Michael.

—Creo que esto no se arreglará con un reembolso —sonrió el profesor—. Tendrá que hacer servicio al colegio, señorita Berkley. Y se me ocurre el trabajo perfecto.

Medio mes después Ted me miraba desesperado.

—Esto es muy complicado. Amo a Hufflepuff, pero eres mi mejor amiga, debería apoyarte en tu primer partido.

Quise aventarle la escoba —El profesor Potter obviamente se está desquitando de mi mal comportamiento.

—No creo. Mi padrino fue el buscador más joven de la historia de Hogwarts. Él sabe lo que significa estar allá afuera sin saber qué rayos hacer. Creo que no ha habido una cazadora más joven que tú. Rompiste una marca.

Maravilloso. Oye, ¿seguro me prestas tu escoba? Es la mejor del mercado, lo que significa una ventaja contra tu Casa.

—Solo no se lo digas a mis compañeros.

Lo abracé —Gracias, Teddy.

—Para eso son los amigos. Intenta no anotar mucho...

—No seas absurdo. Gryffindor me mataría.

El referí era la profesora Weasley, se le quedó viendo extrañada al número de mi jersey: 7.

—¿Por qué ese número, Berkley?

—Me gusta cómo se ve en el uniforme de Gryffindor.

—Ese era el número de Harry, ¿sabías?

—No, no sabía que era el del profesor Potter.

El partido comenzó y fue obvio que Francis, mi amado hermano y bateador de Hufflepuff, estaba haciendo lo imposible por cubrirme. Su capitán pidió tiempo a la profesora Weasley para regañarlo. Mientras Charlie, el capitán de mi equipo, me aconsejó algunas maniobras. Apenas habíamos podido entrenar juntos antes de la semifinal, no se había mostrado muy feliz de aceptarme en el equipo tras la lesión del cazador estrella de Gryffindor, pero el profesor Potter alegó en mi defensa.

No estaba nerviosa por toda la gente en el estadio. Estaba aterrada y a punto del desmayo.

El Quidditch no me desagradaba, sólo que prefería verlo desde la seguridad del piso. Jugarlo es mucho más entretenido, pero igual no me hacía sentir emocionada.

Cuando el partido reinició salí volando hacia los arcos, buscando la Quaffle. Al conseguirla fue sencillo escabullirme entre los alumnos mayores, aprovechando que era la más pequeña. Después de meter los primeros puntos sentí que ya no importaba si me veían caer, la verdad era divertido.

Francis tuvo que batear contra mí, pero no lo hizo realmente bien. En el medio tiempo lo cambiaron. Parece que los fieles y dulces Hufflepuff mutaban cuando se trataba de Quidditch.

Cada vez que pasaba por las gradas de los profesores podía escuchar a Potter gritando como si estuviera viendo la final del mundial de Quidditch.

Hufflepuff atrapó la Snitch, pero eso no lo salvó de perder.

Charlie me cargó cuando tocamos tierra.

—¡Tenemos nueva cazadora!

En la Sala Común todos los de primer grado fuimos invitados a la fiesta. Danielle no se vio muy feliz cuando me dijo que yo ahora era "señorita Popular". Obviamente la ignoré. Durante la celebración del partido me contagié un poco del gusto por el deporte, pero seguía pensando si realmente lo deseaba seguir jugando o no.

Mis amigos y yo pasamos una noche increíble. Lo único que me hizo sentir un poco mal fue la carta de papá donde me decía que oficialmente era su zanahoria anti-tejones. Supuse que Francis ya le había contado sobre el partido...

En mi cumpleaños decidí no salir de la Torre de Gryffindor porque Hogwarts estaba de fiesta por la derrota de Lord Voldemort. Por supuesto, mis hermanos tenían otro plan. A rastras me llevaron hasta las cocinas donde nuestro pequeño grupo de amigos nos esperaba. Abbie me regaló una caja de galletas y un libro, Ted me dio una peluca rosa que inmediatamente me puse, los gemelos Robbie y John me entregaron una poción Micro-Félix Felicis de la tienda de bromas Weasley que te daba un minuto de suerte perfecta... con algunas secuelas. Mis hermanos no me dieron nada, era una costumbre en la familia evitar los regalos porque mamá insistía en que era preferible esforzarse todo el año en vez de quedar bien un día. Wyatt Lawrie también vino a mi improvisada fiesta y me dio una piedra de río.

—Es del riachuelo de St. Otterpot —me explicó al ver mi gesto de confusión.

De alguna manera ese fue el mejor regalo: algo de mi hogar.

Creí que lo más extraño de mi cumpleaños iba a ser la absurda tranquilidad que me dio al platicar con un elfo doméstico que trabajaba en la cocina, cuando me explicó que según la legislación Granger-Potter era pagado con dos galeones al mes y tenía derecho a tres días de vacaciones al año. Me pareció muy poco, pero el elfo me dijo escandalizado que era lo máximo que pensaban aceptar y que mejor no reabriera el tema. Sin embargo lo más raro de mi cumpleaños fue el profesor Potter, quien nos esperaba en la Sala Común.

Se veía cansado y en su cabello había rastros de confeti. Incluso me pareció pálido.

—¿Está enfermo, profesor Potter? —pregunté todavía con mi peluca rosa puesta.

Sonrió al verme —Veo que Ted se decidió por darte la peluca.

—¿Usted lo sabía? Oh, no responda. Es obvio que su ahijado se lo dijo.

—Así es. Feliz cumpleaños, señorita Berkley —pareció fuera de aliento cuando dijo eso.

—Gracias. Feliz día de "soy el héroe del siglo y el profesor más cool de Hogwarts".

Soltó una carcajada vacía —Que nadie te escuche, puede que lo nombren así oficialmente.

—Se ve extraño, profesor. No me ha respondido si está enfermo.

—Este día es difícil para mí.

—Hey, tenemos algo en común.

—Eso parece.

Sentí que iba a decir algo más, pero cuando pasamos medio minuto sin hablar decidí marcharme.

—Buenas noches, profesor.

—Señorita Berkley... ¿Pasó un buen cumpleaños?

Sonreí —¡El mejor!

Miré sus hombros relajarse —Perfecto.

Sí, fue súper extraño.

Faltaba medio mes para que terminara mi primer grado en Hogwarts. Me sentía muy satisfecha con los resultados. Mis calificaciones eran perfectas, los profesores habían decidido darme clases extras, era cazadora de Gryffindor, tenía amigos míos, y hasta ahora, milagrosamente, no había sido castigada.

Pero hablé muy pronto.

La culpa fue de Ted. Estaba harto de tener que esperar a que estuviéramos en tercer grado para ir a Hogsmeade, así que insistió en que nos fugáramos en la visita programada para la generación de Michael. Abbie, ya más acostumbrada a nuestras tonterías y bastante más segura de sí misma, se apuntó al plan de inmediato. A Francis no tuvimos ni que preguntarle, solo le avisamos cómo y dónde. Robbie y John también vinieron, deseosos de conocer el pueblo mágico.

El plan tenía que ser elaborado porque el subdirector Flitwick se encargaba de revisar la salida del castillo. Tampoco podíamos irnos por el bosque, porque durante ese día Hagrid vigilaba que ningún listillo quisiera tomar esa ruta.

—Sólo queda una alternativa —dije sacando mi varita.

Francis me miró con miedo —No me gusta tu sonrisa, hermana.

—Es muy fácil. Nos encogeré para que Michael nos lleve en su mochila.

Robbie retrocedió —¿Encogernos? ¿Cómo vas a hacer eso?

—No es tan complicado. El profesor Flitwick me enseñó a hacerlo en la última clase extra que tuvimos. Claro, practicamos con objetos, y uno quedó ligeramente deforme, pero nada trascendente.

Todos retrocedieron.

Yo empecé a reír —Era broma. Es un encantamiento facilísimo. ¿Confían en mí?

Abbie, cuál Gryffindor, fue la primera en aceptar.

Ted solo pidió que Michael limpiara su mochila antes de meternos, porque sabíamos que siempre dejaba fruta hasta que se echaba a perder ahí.

El camino fue agitado. John vomitó.

Michael nos avisó cuando llegamos al pueblo, y entonces nos enfrentamos a otro problema.

—Si volvemos a la normalidad nos descubrirán...

—Creo que debemos aprender a planear a futuro —dijo Ted asomado por el bolsillo de la mochila.

—En realidad somos unos genios —anunció Francis—. Que Mike nos lleve a Honeydukes. Los caramelos serán gigantes para nosotros. Será como un sueño hecho realidad.

La idea fue rápidamente celebrada, así que fuimos directo a la tienda de dulces. Una vez ahí Michael nos sacó con cuidado y escondió detrás de unos frascos de polvos aciditos. De ahí nos separamos histéricos por comer algún dulce.

Ted, Abbie y yo trabajamos en equipo para abrir un frasco de gomitas chocopastel. Ted cambió la textura de su piel a una parecida a la de la gomita, y bailó con ella.

Estábamos llegando a límites peligrosos de azúcar cuando escuchamos la voz del profesor Potter.

—Estás exagerando.

Nos escondimos detrás de una bolsa de frituras.

Una mujer le respondió.

—¿Lo dices en serio? Es idéntica a ella.

Era la profesora Weasley.

—¿Qué quieres que te diga, Ginny?

—La verdad no lo sé. Todo es muy extraño. Vine a trabajar a Hogwarts para ver si podías darme una oportunidad, creí que así sería más fácil. Nunca esperé encontrarme con una niña que me recordara tanto a ella.

—Ya te había dicho que no deseo salir románticamente contigo. Es momento de superarlo, Gin. Pasó en sexto curso. Ahí déjalo.

—Tal vez el que debería superarlo eres tú, ¿no crees? No puede ser que la sigas amando.

Quedaron en silencio. Por alguna razón mi corazón estaba latiendo como si estuviera a punto de salir por mi boca. Bueno, seguro tantos dulces tenían algo que ver...

—Siempre.

Cerré los ojos al escuchar esa palabra del profesor Potter. Sentí una punzada en mi cabeza, como cuando hacía magia accidental de niña. Respiré profundo para calmarme.

—No es sano, Harry. No cuando es imposible.

—Exacto.

Abbie estornudó.

Ted y yo la miramos perplejos. Ella musitó perdón.

Demasiado tarde. La bolsa de frituras fue arrancada de la repisa donde estábamos y la gigantesca varita del profesor Potter nos apuntaba. Durante un segundo vi su rostro contorsionado por la furia.

—¡¿Quién te envió?!

Su voz nos golpeó como un mazo de hielo.

Al siguiente instante cambió a una expresión de sorpresa.

—¿Teddy? ¿Herm–Señorita Berkley? Y señorita Owen.

La profesora Weasley se asomó junto a él —Merlín, ese es un hechizo muy complicado, ¿quién los ayudó?

El profesor Potter me miró entre desesperado y divertido —Esto es obra suya, ¿verdad señorita Berkley?

—Culpable... —murmuré.

Así acabamos en la oficina de la directora McGonagall. Y yo creyendo que me iba a librar de detención.

La directora no paraba de expresar su descontento por nuestra absoluta falta de responsabilidad y abuso de confianza. Nos culpó de quebrar doce reglas, de robo en Honeydukes, de uso peligroso de magia y de autosecuestro. Eso último ya me pareció exagerado...

Cuando por fin terminó de regañarnos miró apenada al profesor Potter —Lo lamento, Harry. Habrá que hacer el ejemplo con ellos.

Supuse que lo decía por Ted, pero la directora me miró rápidamente antes de aplicar su sentencia.

Lo único positivo fue que como éramos de las cuatro Casas, la directora decidió bajar el mismo número de puntos a cada una, para que no se arruinara el conteo final a tan pocos días de terminar el curso. Aunque estoy casi segura que lo hizo por Gryffindor, ya que si hubiera bajado puntos por alumno (dos Slytherin, dos Hufflepuff, dos Gryffindor y un Ravenclaw) le habría entregado la copa a la casa azul y plata. Eso causó que la directora McGonagall ganara un lugar en mi corazón para siempre.

El castigo fue, como dijo, ejemplar. Durante cinco días tuvimos que lavar los platos que salían de los desayunos, comidas y cenas del Gran Comedor. A lo muggle, por supuesto. Supongo que no se le ocurrió que organizaríamos una guerra de agua y espuma. Eso sumó dos días extras al castigo.

Así terminó mi primer curso en Hogwarts. Gryffindor ganó la Copa de las Casas, y debo admitir que gran parte de esos puntos yo los hice... aunque también perdí bastantes por mis pequeñas aventuras. La Copa de Quidditch también la ganamos los leones, porque a la directora McGonagall "casualmente" no se le ocurrió vetarme de los juegos restantes, así que el equipo estuvo en forma hasta el final. Cuando se entregaron los premios el profesor Potter se veía extasiado, y durante un segundo me dirigió su mirada. Ya no me caía mal, así que le sonreí sinceramente.

—Te voy a extrañar en el verano —me dijo Ted al despedirse de mí en la entrada de Hogwarts.

—¿Por qué no vienes a verme?

—¿En serio?

—Claro. St. Otterpot es un pueblo mágico, nadie reaccionará al verte cambiar de color de cabello. Te puedo enseñar a montar y tú puedes traer tu escoba.

—Suena como un plan. Le pediré permiso a Harry, pero seguro acepta. Le agradas.

—Obvio le agrado. Gracias a mí Gryffindor ganó en todo este año.

Ted giró los ojos —Ni me recuerdes.

Nos abrazamos una vez más antes de despedirnos.

Corrí hacia mis hermanos que ya me esperaban. Al ver el gesto triste de Michael le sonreí.

—¿Qué? ¿Ya extrañas a Annie?

Desvió la mirada —No me importa Annie. Debe estar muy feliz con Gale.

—¿Gale? —al ver su gesto de dolor tomé su mano— Yo creo que Annie es una idiota. Qué bueno que te libraste de ella. Y para evitar este tipo de situaciones en el futuro, cualquier chica que quiera salir contigo deberá pasar mi filtro, ¿de acuerdo? También te lo digo a ti, Francis.

Michael sonrió —Seguro, hermanita.

—Yo ni siquiera deseo besuquear a una chica...

—Calla, Francis —dije—. Todos hemos visto cómo te sonrojas cuando Paulline Hobs se acerca.

Mike comenzó a molestarlo entre risas. Eso me animó también.

Miré una vez más Hogwarts antes de alejarme. Ya quería que el segundo grado comenzara... pero después de unas buenas vacaciones.

Notas: Finalizado el primer año de Hermione Berkley en Hogwarts. Como ven estoy intentando no gastar siglos en la descripción de la pubertad de nuestra protagonista, solo describiendo los acontecimientos precisos que marcarán la historia. Harry y Hermione ya cruzan más diálogos, e incluso ella aceptó que le cae bien el profesor. Si creen que es muy OOC que Hermione juegue Quidditch quiero recordarles que esta Hermione es un poco distinta a la original, pero con el paso del tiempo se irá compaginando con la versión Granger. Llegó Ginny y hasta el momento no ha causado un verdadero problema, ya veremos después. Es claro que hay adultos que saben que Hermione es nuestra Hermione, no una niña que se parece mucho, entre esos adultos no está Ginny. Por qué y cómo se han enterado se develará en futuros capítulos. Madame Rosmerta nos dio una pista del físico de Hermione, pero ha sido a propósito mi falta de descripción sobre ella, aunque Ginny también dijo algo sobre su apariencia. La evolución física de Hermione será descrita por Harry, desde su punto de vista, en un par de años más, en donde también conoceremos su versión de la historia. El libro de Shakespeare me parece que es muy claro en su participación al fic, pues la reina Hermione pasa dieciséis años haciéndose la muerta para no ser sentenciada por el rey. Harry y Hermione abordarán esta historia en repetidas ocasiones.

Alguien me dijo por ahí que Hermione Berkley parece más inmadura que Granger. Creo que tiene razón. Aquí Hermione es la menor de una familia muy unida y de tradiciones muy fuertes. Sus hermanos la han consentido en lo posible, igual que sus padres. Además su mejor amigo no está siendo amenazado por un mago oscuro psicópata. Ella puede crecer a un ritmo normal. La madurez de Hermione Berkley llegará naturalmente.

No se olviden de Wyatt Lawrie, es importante.

Gracias por los comentarios. No sé qué me divierte más, si escribir el fic o leer los reviews. Espero transmitir un poco de esa alegría con cada actualización.

En el siguiente capítulo regresaremos a una cámara secreta que hay en Hogwarts, y veremos a un personaje nuevo según el canon. Por cierto, no he olvidado que Neville ya debería estar dando clases en Hogwarts, pero es que está reservado para algo muy especial. A Hermione le encantará...

Saludos!

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