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Capitulo 3
¿Cómo una imagen en un trozo de papel puede transmitir tanto? ¿Cómo puede llevar sentimientos, tan claros como un libro o una canción?
No lo sé…
Pero cuando los veo en la tercera foto, al notar la forma en que se miran, como se aferran uno a otro, como parecen creer que el otro desaparecerá de sus brazos en cualquier instante, sé que simplemente pasa.
Esa foto no tiene impresa una imagen, tiene impresos, amores, miedos, dolores, tiene impreso lo que pasó en Río y cómo todo volvió a cambiar.
Río de Janeiro.
Llegaron a su destino aún sin creerse como habían ido a parar allí.
El último día antes de partir de Dubai, cuando las maletas estaban hechas, y el auto que los llevaría en la puerta, Matt tomó un mapa, lo puso contra una pared y agarró tres dardos.
-La suerte elegirá nuestro próximo destino
-Con lo amiga que es de nosotros seguro terminamos en una balsa en el pacífico.
-Graciosa, si cae en el océano no vale. -Le pasó una corbata de seda -Véndame los ojos.
-He leído sobre esto en algún sitio…
El rubio la miró con gesto de desaprobación, sabían que se les hacía tarde.
Sonriendo ella hizo lo que le pidió y el comenzó a lanzar los dardos.
El primero quedó en la pared y la risa de Rebekah resonó por toda la habitación.
-Dime arriba, abajo, izquierda o derecha.
-Mas bien en otra habitación.
Matt se levantó un lado de la improvisada venda y observó su tiro, se había ido arriba y a la derecha, a varios centímetros de terminar en la punta más helada de Rusia.
-Creo que debo apuntar al centro...
-Creo que debes apuntar a secas. -La rubia volvió a reír.
El chico se cubrió nuevamente los ojos y lanzó. El segundo dardo cayó en el agua, justo pegado a Río, Brasil. Pero aún así era agua.
-No me gusta esa idea.
-Me queda el último intento, sino vamos a Río.
El tercer dardo fue a parar al pacifico, junto a la isla de Ko, una isla deshabitada de Japón.
-Me parece que es Río o recrear la Laguna azul. Y como no te veo comiendo bichos, ya tenemos ganador.
La original frunció el ceño, no era para nada amiga de la idea de ir allí.
-Vamos, no pongas esa cara. Me prometiste que yo elegiría el próximo destino.
-Porque pensé que dirías Hawai o algo así.
-Será divertido. -Matt sonrió y ella perdió no sólo la batalla, perdió toda la guerra.
Cuando llegó la hora de bajar del avión Rebekah se tensó. Sabía que debía contarle pero no sabía por dónde empezar, ni que tanto decir.
En mil años se viven muchas cosas, se conoce mucha gente y se hacen muchas tonterías. Sobretodo sí tú única compañía es Klaus. Hace un par de siglos cuando el cacao se volvió algo valioso, los originales visitaron Brasil. Llevaban tiempo interesados en ir a ver qué estaban haciendo los humanos con el sur del continente americano. Y encontraron algo ideal para ellos, una guerra interna, guerra por tierras, por dinero, por café, cacao y esclavos. Los terratenientes eran los dueños de todo, del gobierno, del pueblo y de la vida de los demás.
Pero no fueron los únicos vampiros que encontraron una fuente de ingresos y alimento allí. Y se crearon algunos enemigos bastante viejos y poderosos. Nada de que preocuparse para un original, pero ella no volvía sola...
-Hey. -Matt chasqueo los dedos frente a ella.
Al salir del aeropuerto el golpe del calor fue instantáneo, pero fue lo único que reconoció de Río de Janeiro, era otra ciudad, o por lo menos lo que ahora veía.
Se alojaron en el Fasano Hotel en Ipanema con una espectacular vista de la playa. Pero ésta vez la rubia no se fijó en el color de las cortinas, o el cubrecamas, no se dirigió a la cama para celebrar como siempre. Se paró en el balcón a mirar el horizonte. No recordaba cuanto tiempo había pasado, sólo sabía que no el suficiente. Tal vez fueran dos o tres vidas para un ser humano, para Luisao sólo sería una pequeña fracción de su eternidad.
-¿En qué piensas? -Su amante se paró tras ella rodeándola con los brazos.
-En plantaciones de cacao...
-¿Quieres ir a una? -Su voz llevaba sorpresa, jamás hubiese adivinado que pensaba en eso.
-No. Pero fui dueña de una hace mucho tiempo, la última vez que estuve por aquí.
En realidad había estado mucho más al norte pero eso no importaba, sí alguien la reconocía Brasil sería tan pequeño como la isla de Ko.
-¿Existe algo que no hayas tenido?
El chico lo preguntó como una broma, pero para ella no lo era.
-Lo que más quiero...
Matt recordó todo lo que ocurrió con la cura, cuanto la deseaba la original. Cómo salvó a April aunque eso le costara el conseguirla. Y viendo todo lo que ella disfrutaba siendo vampira le extrañaba que quisiera tanto dejar de serlo.
Salieron a caminar por la playa en cuanto bajó el sol, en silencio sus manos enganchadas por un dedo, sus pies sintiendo la arena, mientras la tibia brisa los envolvía. No dijeron una palabra en toda la caminata, porque no había nada que decir, se trataba de sentir, de disfrutar la experiencia de estar ahí para el otro y saber que el otro está allí para ti.
No fue hasta dos días después que supieron que no debieron dar ese paseo, que las playas de Copacabana tenían más ojos de los que les gustaría.
Se despertaron enredados como cada mañana de las últimas semanas, se besaron sonrientes mientras Matt comenzaba a acariciarla.
-Buenos días.- Susurro ella en su oído mientras rozaba la muestra de su deseo.- ¿Cómo estás?
Matt repasó mentalmente todo lo que le dolía, y como había llegado a ese estado. La espalda de la caída de la cama, el codo que se golpeó contra la pared al girarla, el hombro en el que ella había clavado sus uñas… A este paso terminaría lleno de marcas, pero cada una valía la pena.
-Excelente.- Murmuró profundizando el beso, olvidando cada dolor y perdiéndose en las sensaciones, en el deseo y en ella.
Ese día iban a ir a conocer el Cristo Redentor, ninguno de los dos era religioso pero era como una visita obligada y la vista desde allí era espectacular. Sólo que en la cima alguien los esperaba y era la persona que menos esperaban ver.
-Elijah ¿Qué haces aquí?
La original no salía de su sorpresa.
-Deberías saber hermana que siempre cuido tu espalda.- Respondió con una sonrisa que pretendía ser conciliadora.
-Siempre que quieres algo.- Su tono era ácido y llevaba mucho reproche.
-Espero que pronto cambies de idea sobre tú lugar en nuestra familia. Sin embargo, no es ese el motivo que me trajo aquí.- Caminó hasta pararse junto a ella.- Antiguos enemigos han oído de tu llegada, no es seguro estar aquí. Vine a llevarte.
-¿Llevarme? -Nadie en el mundo era capaz de descifrar la emoción que iba impresa en esa pregunta. ¿Sorpresa, incredulidad, desafío, ira…? ¿Todas las anteriores?
-No empieces uno de tus berrinches. -Comentó su hermano mayor con gesto aburrido. -Nada le ocurrirá al humano, es a ti a quien quieren.
-Se llama Matt y estamos viajando juntos. No me iré sin él.
-Él será tu debilidad. Envíalo a casa y ven conmigo. -Su tono se alzó de manera casi imperceptible, pero fue muy claro para su hermana que quería imponerle su voluntad.
-No. -Fue la corta y tajante respuesta.
Rebekah no iba a ceder, sabía que tenía poco tiempo. Un verano, un viaje por el mundo y lo que pasara en la carretera, se quedaría en la carretera.
-¿Yo no tengo opinión aquí? -Preguntó Matt hablando por primera vez.
-No. -Respondieron ambos vampiros.
-¿Puedo saber por lo menos qué pasa?
-Klaus siempre ha sabido dejar recuerdos... -Suspiro Rebekah. La chica estaba preguntándose una vez más, porqué había aguantado tanto tiempo las locuras del híbrido. Claro que la idea de permanecer 900 años haciéndole compañía dentro de un féretro, como le pasó a su hermano mayor, no era nada tentadora.
-¿De qué hablas? -La voz del joven la trajo de regreso, a una realidad tan poco tentadora como el féretro.
-Mi hermano estaba obsesionado con su maldición. Pero mientras esperaba a la nueva doble, se dedicó a lo que más le gusta, reunir poder. Cuando desembarcamos aquí existían varios vampiros y brujas. Así como llegaron a Nueva Orleans, muchos esclavos africanos llegaron aquí con su religión y su magia, que se unió a la de los chamanes...
Matt la miraba serio pero se notaba que se había perdido.
-Para resumir. Aquí hay brujos poderosos y vampiros antiguos y ninguno tiene un buen recuerdo de mi hermano y de mí.
-¿Que hicieron? -Preguntó no muy seguro de querer saber la respuesta.
-Lo de siempre... Cuando Klaus no puede llegar a alguien va por quienes le importan, esposas, hijos, hermanos... Luisao no quiso apartarse de su camino, no quiso dejar su plantación, y Klaus mató a todos los que encontró en sus tierras y luego lo desangro. Lo dejó seco y débil en medio de la selva para que los animales acabaran con él. Pero lo subestimó. Luisao sobrevivió, y se hizo aliado del brujo que venía de la misma aldea que sus esclavos.
-Eso hará nuestra estadía más corta. Sólo es irnos de aquí. - El chico no veía problema en absoluto.
-Sin que él sepa dónde vamos. -Agregó Rebekah.
-Pero tendrán que hacerlo por separado. -Terminó Elijah
-No. -La original no estaba dispuesta a dar el brazo a torcer, no renunciaría a lo único que la había hecho sentir viva y humana en mucho tiempo.
-Sí él se da cuenta de que existe algo que pueda quitarte lo hará. -Le advirtió su hermano.
-Creo que le están dando demasiada importancia. Ustedes son dos vampiros originales, nada puede matarlos. Y nada me pasará mientras no me aparte de ustedes. -Explicó el joven, que ya estaba más que acostumbrado a estar en medio de líos de vampiros.
-¿Propones que gaste mi tiempo en ser tu guardaespaldas? No eres tan importante Donovan.
-Lo es para mí, y me lo debes. -Intercedió su hermana.
-Lo haré sí luego regresas conmigo. -Propuso el vampiro.
-No. No voy a seguir perdiendo mi tiempo en correr tras Klaus. Él ya no será quién dirija mi vida.
-Entonces mi labor aquí está terminada. Disfruten el resto de su viaje.
El original se marchó caminando tranquilo, con esa seguridad que hacia parecer que siempre estaba un paso adelante, que sabía algo que los demás no.
La atmósfera cambió, los dos estaban tensos y el silencio en el que regresaron al hotel era muy distinto al que compartieron en la playa. Armaron sus maletas en tiempo récord, y bajaron al vestíbulo en cuanto les avisaron que su taxi llegaría en un par de minutos. Abajo una joven los esperaba con una bebida de despedida, la piña decorada con sombrillas y flores era igual a la que tomaron el día que llegaron. Pero en cuanto Rebekah dio el primer trago supo que todo estaba mal. Matt la sostuvo para que no cayera, era verbena pura y la dejaría fuera de combate unos segundos los suficientes para que dos vampiros los atraparan y los subieran a una camioneta.
A ella la ataron con cuerdas mojadas con verbena que al instante comenzaron a lastimar su piel, a él lo esposaron y le dieron un par de golpes para que se quedase quieto.
-Basta.- Dijo el conductor de la camioneta. -Luisao los quiere vivos y sanos, tiene una idea muy interesante para ellos.
Rebekah se despertó durante el viaje y comenzó a forcejear pero sólo lograba lastimarse más, y cuando vio que Matt negaba con la cabeza dejó de hacerlo.
El viaje fue largo, varias horas por carreteras que no existían cuando ella estuvo por allí. Llegaron a su destino durante la noche, pero la original reconoció el lugar al instante, la mansión de la plantación no había cambiado nada y en la puerta el alto vampiro de cabello castaño y ojos negros los miraba sonriente.
-La paciencia siempre nos recompensa, -se giró hacia una joven mulata -hoy tus antepasados conseguirán su venganza Maite.
-Y tú tendrás parte de la tuya, amor. -Luisao la besó y luego hizo un gesto a los dos vampiros para que entraran a sus prisioneros.
-Liberad al chico, no irá a ninguna parte. -Le quitaron las esposas a Matt. -Pero si intenta liberarla lo matáis.
-Si le tocas un cabello revivirás el infierno, pero yo no dejaré que nadie termine el trabajo por mí. -Siseo la original.
-Serás tú quien toque sus cabellos, aunque no de la forma que te gusta hacerlo. -Se rió.
Matt se acercó a Rebekah y la abrazó.
-No toques las cuerdas. -Suplicó ella temiendo no ser lo suficientemente rápida para salvarlo de cuatro vampiros mientras la verbena aún la debilitaba.
Los vampiros los empujaron para que cruzaran el vestíbulo de la antigua mansión. Maite abrió la puerta de una habitación tipo calabozo al final del pasillo que se abría frente a ellos.
-Esta es la Suite Nupcial.
Los empujaron dentro y le inyectaron algo en el cuello a la vampira, antes de cerrar la puerta. En la que se abrió una pequeña rendija.
-Ya puedes soltarla…-Matt no esperó ni que terminara de hablar y comenzó a deshacer los nudos. -Pero yo en tu lugar la dejaría así.
-¿Por qué? ¿Qué le han hecho?
-Eso es veneno de hombre lobo, no la matará, pero tal vez a ti sí.
Los ojos de Rebekah se abrieron, recordando la última vez que había tenido alucinaciones.
-No pueden hacer eso. -Gritó la original
Matt la abrazó, tratando de calmarla.
-Todo estará bien, aguanta.
Sonrían, rió Maite del otro lado de la puerta, y les tomó una foto por la rendija de la puerta.
-Ésta es para enviársela a tú hermano, veremos si viene antes o después de que te comas a tu novio.
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Ahora que la sostengo me pregunto sí, sin ésta foto, la cuarta hubiese sido diferente...
Espero que les guste, nos leemos pronto con la última foto ;)
