Hola pequeñas criaturas que leen este fic.. ¿cómo están? Aquí respondo vuestros reviews (en realisdad, ya los tenía respondidos en el móvil, sólo debo copiar las respuestas) y ya os dejo un nuevo cap. Preparad vuestras teorías.

MassielSSM: Gracias, dulzura. Puedes reportarte en todos los fics que quieras, yo te recibiré con los brazos abiertos. ;) Pues el amor infinito, ¡gracias! Besisbesos.

MaryKozlov: Pues qué teoría la tuya xD No la aceptaré ni la negaré. Sólo diré que te sorprenderás :0 Gracias!

Christine C: ¡Graciaaas! Mi primer idea fue catalogar esto como misterio, pero seguramente iban a llegar a leerlo personas que gustan y conocen de historias de misterio y se me iba a estallar el globo :( La cicatriz de Harry... *risa de extrema maldad*

Diana Pantoja: Gracias x3 SAlñksad me sonrojo.

IbaIrureta: Muchas gracias! ¿Posible historia original? Pues anda, claro... parece. Tú sólo sigue leyendo, prometo que te sorprenderás *guiño guiño*

Maddy: Lunática M, mi preciosa Lunática M *guiño guiño* Pues espero que te sorprenda esta actualización, y te de más alegría inmensa :DD Secretos... secretos... ya los veremos. Mientras tanto, mi boca está cerrada. Aunque tus teorías son buenas. Muy buenas. MUUUUY BUENAS. Y vamos con el capítulo ,entonces... Pues... los perros son animales sensibles, auqnue sí, puede que Tobías conozca a Tom desde antes... Y REPITO QUE ME FASCINAN TUS TEORÍAS pero creo que hasta ahora no le has acertado. Aunque has estado cerca. Muy cerca. Con un par de cosillas... ... Harry evita mucho el contacto físico, aunque parte de que se haya alejado es que la sorpresilla de que un bombón con Tommy lo haya tocado... es decir, de entre todo el mundo, lo haya tocado a él... Y NO RECUERDA porque si lo recordase... hum... *risa de extrema maldad* Tommy tiene unos padres hermosos *corazón gay* Y por supuesto que estaban en una cita ;) La inspiración de Tom llega... oh... no puedo decirlo *le azotan los dedos para que no lo escriba* y una segunda cita... la tendremos aquí, cariño ;) Me alegra que ames tu bebé de cumpleaños porque yo le estoy amando muchísimo, se ha convertido en mi pequeño cariñín y quiero que todo el mundo lo lea y aprecie tanto como yo lo hago *corazones, muchos corazones* ABRAZOS ABRAZOS Cambio y fuera.


3

… en las flores

—Harry, adelante.

Tom le dejó pasar a la sala de tatuajes. Harry se quitó el sweater y la camisa, quedando nuevamente en una camiseta de rugby, esta vez color rojo. Tom le puso los ojos en blanco y se preparó para hundir la aguja en su piel.

—Ha cicatrizado bien, ¿verdad? —preguntó Harry. Tom le tocó suavemente con los dedos luego de pasar un algodón con desinfectante.

—¿Te duele?

Harry negó.

—Bien. Si no duele, no hay nada malo. Ha quedado muy bien, y yo diría que incluso podrías dejarle así, pero si quieres sombrearle…

Harry observó el tatuaje sobre su piel. Lucía como una silueta.

—Sombreado estaría bien.

Tom puso manos a la obra.

En algún momento de su vida le hubiera gustado amar. Pero no amar… amar como se debería amar. Amar con la mente, con el corazón, con el cuerpo. Amar con cada gota de su ser hasta que su corazón deje de latir, y aun así que su último pensamiento sea a la persona amada.

Harry se sorprendía pensando en esas cosas a cada pocos días. Le llamaba, quizá, pensamientos divagantes depresivos, cosas que no salían de su mente de ninguna manera, y se sorprendía mucho usualmente pensando en aquel rostro cincelado, blanco y negro, como objeto de su adoración. Era tal como si luego de conocerle se hubiera fijado que él sería su persona amada. Algo tonto, y estúpido, ya que no lo conocía. Pero planeaba conocerlo.

Harry también se sorprendía pensando que esperaba que las cosas no volvieran a acabar mal.

—Luce maravilloso, ¿no crees?

La zona estaba ligeramente inflamada y roja, y Tom ya le había dicho que algunos pequeños detalles quedarían algo ligeramente oscurecidos. A Harry no le había importado. Sólo le importaba aquel dibujo en su brazo, oscuro e inyectándole calidez.

—Quizá pueda invitarte yo ahora —murmuró Tom, mientras Harry acababa por ponerse el sweater—. Hoy tengo mi último turno a las ocho. Tal vez podamos ir a cenar algo.

—Y eso sería una primera cita —Harry le guiñó un ojo. Tom boqueó.

—¡Oh, creí que sería una segunda!

Harry rió a carcajadas mientras salía de la trastienda. El muchacho, Gal, le esbozó una sonrisa divertida y le saludó con la mano mientras salía.

—Entonces, Harry, ¿tienes una cita?

Harry acababa de salir del baño. El cabello húmedo estaba goteando sobre la camiseta de interior en sus hombros. Su padre estaba apoyado en la puerta del pasillo que llevaba a su habitación.

—Tengo una cita —confirmó, escondiendo el brazo en la toalla. Los ojos de su padre se centraron allí.

—Y tienes un tatuaje.

Harry mordió su labio.

—Papá, por favor…

Su padre alzó ambos brazos.

—No haré ni diré nada, Harry. Ya eres mayor de edad y no tengo derecho sobre ti. Pero no creo que hacerte un tatuaje te haga más responsable.

Harry agachó su cabeza.

—Lo siento, papá.

Su padre avanzó y le envolvió los hombros con un brazo, revolviéndole los cabellos y salpicando gotitas de agua a todas partes.

—No te disculpes. Anda, ve, cámbiate. Si necesitas dinero…

—Creo que sé manejarme —le sonrió a su padre, aquellos ojos claros tan cálidos como siempre, esa expresión bonachona que le había acompañado en todo momento cuando era joven—. Gracias —agregó, al final, antes de entrar en su habitación.

Sintió los ojos de su padre en su espalda hasta que se adentró en su habitación. Eran las siete menos cuarto. Con salir dentro de quince minutos llegaría a tiempo para salir a cenar con Tom.

Se puso su camisa a cuadros favorita, su sweater gris y su bufanda color bronce. Pantalones ajustados, botas… Cogió su teléfono móvil y monedero antes de salir.

Su madre estaba leyendo un libro en la sala.

—Nos vemos, mamá.

—¿A dónde vas?

Harry se detuvo. La mujer le contempló afectuosamente.

—Tengo una cita.

Ella esbozó una sonrisa.

—Maravilloso —y sonaba genuinamente agradable—. ¿Por qué no le traes a casa un día de estos?

—Mamá, apenas le estoy conociendo —Harry chasqueó la lengua. En aquel momento que abrió la puerta Tobías correteó desde el exterior y le saltó encima. Harry jadeó pero consiguió apartarse a tiempo. Su madre rió cuando el perro se sacudió el pelaje mojado salpicándole la ropa.

—Creo que deberás bañarlo cuando regreses.

Harry se mordió el interior de la mejilla.

—Tal vez no regrese en la noche. O hasta muy tarde.

Su madre no comentó nada al respecto.

—Suerte, Harry. Ten cuidado.

Harry se despidió de su madre con un beso antes de echar a correr, esperando no haber perdido el autobús.

El caos regresaba. La mente lo añoraba. El cuerpo lo pedía. El corazón lo sufría.

El caos regresaba.

—¿Dónde quieres cenar?

Tom le alcanzó con un paraguas negro. Las gotas de aguanieve caían y mojaban los hombros de Harry, pero Tom parecía siempre dispuesto a hacer algo por él, porque de pronto apareció con un paraguas y le sostuvo entre sus brazos como si fuera a deshacerse en el frío.

—En cualquier parte estará bien.

Acabaron en un restaurante italiano. Tom le dejó escoger y ambos pidieron estofado de ternera con pasta rellena de cuatro quesos. Tom escogió un vino y Harry se sintió demasiado bien en su compañía, como si toda su vida hasta el momento hubiera significado estar esperándole, buscándole, acompañándole.

—Entonces, ¿estudiaste arte? —preguntó Harry, mordiendo una alargada varilla de pan con especias. Tom se encogió de hombros.

—Estudié dibujo en una academia de arte. Luego hice varios cursos para tatuador… hace tres años trabajo en La Guarida.

Harry jugueteó con el pan entre sus dedos un instante.

—¿Cuántos años tienes?

—Acabo de cumplir veinticuatro.

—No los aparentas —Tom esbozó una sonrisa halagada, y Harry también sonrió, cálido.

La comida llegó y los comentarios superficiales se volvieron bromas y silencios mientras comían. Harry creía no haber comido una pasta así de deliciosa, pero tampoco recordaba haber tenido una conversación tan exquisita mientras cenaba. Tom era un fácil hablador, pero no monopolizaba temas. Escuchaba de corazón y cuando Harry se hacía unos momentos para hablar, la atención en sus ojos oscuros era maravillosa. Harry estaba seguro que Tom era la mejor persona que hubiera conocido en mucho tiempo.

—¿Tú tienes tatuajes? —preguntó Harry, cuando salían del restaurante. Habían hablado sobre los primeros trabajos que habían tenido; Harry había hecho de bibliotecario en el instituto en el cual estudiaba, y ganaba un poco de dinero extra. Tom había pintado paredes y hecho murales en colegios de primeros grados y guarderías.

Tom se quitó los guantes sin dedos que no se había quitado ni para comer y reveló una calavera en el dorso de su mano izquierda. Era una calavera con una rosa floreciendo en un ojo, con la estructura del hueso ajada. Harry había notado una forma en los dorsos de sus manos cuando le había tatuado, pero no se había detenido a mirar.

Repitió el proceso de desnudar su mano, esta vez la derecha, y le enseñó una extraña serpiente con la cola retorcida, irguiéndose como una cobra pero siendo fina, elegante, de escamas oscuras.

—Estos son los que tengo a mano —comentó, mientras reía por la burla. Volvió a ponerse los guantes y metió las manos en los bolsillos—. Pero tengo más. En todo el cuerpo.

Harry alzó la ceja.

—¿En… todo el cuerpo?

Tom tenía una mirada perversa.

—¿Quieres ver?

Cogieron el siguiente taxi que pasó.

Había crecido siendo sumamente protegido. Sus tíos y tías le mimaron muchísimo, tal vez más que a sus hermanos. Había tenido la atenta mirada de sus padres sobre cada movimiento hasta que decidió imponerse. Finalmente, parecieron dejarse estar. Incluso su padrino, quien le había inculcado el amor a los perros desde que gateaba junto a Peludo, el enorme perro negro que lo cuidaba cuando él debía salir, pareció comprender que él debía tomar sus propias decisiones.

Su padrino era un hombre mayor, canoso, pero jovial. Harry había aprendido sus primeros insultos con él.

El esposo de su padrino era alguien débil, demacrado por la vida larga, contagiado de VIH tiempo atrás. A Harry nunca le había importado, y simplemente lo sabía porque cada cierto tiempo aquel hombre bebía unos jarabes de horroroso gusto –Harry, con siete años, había probado un poco una vez– y era ingresado a un hospital para ser controlado. Ciertamente, una vez al mes.

Había crecido en la ignorancia.

Pero no había sido el único.

Tom amoldó sus manos contra sus caderas, tirando de la ropa hacia arriba. El apartamento era un segundo piso en Hampstead. Contaba con cocina, baño, living, comedor, y una amplia habitación. Luego del tour de cortesía Tom había mirado a Harry un segundo más de la cuenta, y Harry había estallado.

Sus labios se debatían en un salvaje juego. Sus manos se buscaban. Harry descubrió los brazos y el pecho de Tom, revelando obras de arte tintadas sobre su piel. Una serpiente trepando su brazo izquierdo hasta el hombro, donde los colmillos mordían una copa de oro, una pluma sobre la tetilla izquierda, justo sobre su corazón, una serie de plumas negras como si se tratase de alas partiendo de sus omóplatos. En la curva de su antebrazo derecho un extraño medallón con una "S" en gemas pintadas tan realistas que incluso parecía que se despegarían de la piel… Harry rozó con la punta de los dedos aquellas imágenes que se le antojaban tan conocidas y tan extrañas a la vez. Verlas les causaba migraña. Pero contemplarlas sobre su piel le daba la sensación de que aquello que haría era correcto.

Tom besó sus labios, su cuello, su piel. Le preguntó mil veces si eso era lo que quería. Harry dijo que lo necesitaba.

Tom también tenía tatuajes en las caderas. Sobre el hueso de la cadera izquierda, la flor de un ébano falso caía, perdiéndose en la pierna, donde una zinnia solitaria acababa el diseño. En la cadera derecha, la única palabra, la única frase en imprenta mayúscula "Morsmordre", y justo debajo la silueta de una piedra cuadrada, negra, con bordeados que simulaban la gema de un anillo. Harry no preguntó. Besó y se dejó besar. Acarició y se dejó acariciar.

Las suaves mantas dejaron camino a las sábanas, a cuerpos entrelazados. Momentos posteriores Harry se preguntaría cómo su pierna había alcanzado al hombro de Tom, y Tom reiría contra su cuello y le diría que él solía crear milagros. Entonces, Harry susurraba.

—¿Eres algún tipo de Dios? No tendría problema en rendirte culto.

Tom volteó a Harry. Las sábanas los cubrían. La espalda de Harry estaba contra el pecho de Tom, suavemente, y los dedos del hombre acariciaban una y otra vez sus cabellos. No parecía el primer encuentro entre amantes. Parecía que llevaban toda una vida esperándose.

—Si fuera un Dios, me importaría una mierda el resto del mundo. Con tenerte conmigo estaría bien. Te secuestraría todas las noches y te follaría así, como acabo de hacerlo ahora. De forma que por tantos minutos que se transforman en horas no logres recordar ningún nombre aparte del mío.

Harry gimió. Se volteó y atrapó los labios de Tom entre los suyos.

—Dios santo, Tom, quiero que vuelvas a follarme.

Tom rió.

—Ahora no. Te lastimaré, y no queremos eso. Tal vez por la mañana.

Harry se demostró de acuerdo.

Cerró los ojos y se dejó llevar por los sueños.

—Eres gay, ¿no? —preguntó Rose cierta vez. Estaban de vacaciones y Harry acababa de cumplir diecisiete años. Sus padres habían organizado una parrillada y varios amigos de Harry colaboraron con la carne, el pollo y los vegetales. La familia Potter sólo puso la casa y el pastel.

Harry ladeó la cabeza, estando totalmente confundido.

—¿Por qué lo preguntas?

Rose cumpliría los catorce en unos días. Ella iría a celebrarlo a casa de unos amigos. Harry tenía la vaga sensación de que, no sólo no conocía a su hermana, si no que no conocía nada de su mundo: con quiénes salía, a quienes veía, quiénes le caían mal…

—No has invitado a ninguna chica —le hizo notar ella. Harry lo meditó.

—Tienes razón.

—¿Eres gay?

—No, no he invitado a ninguna chica —se encogió de hombros—. Aunque creo que sí, puedo ser gay.

—Papá siempre habla de ello con mamá. Dicen que tienen miedo cuando llegue ese día, y hablan de que esperan que él haya cambiado. Es como si ya supieran que te van los tíos, y que además hay uno que te está buscando.

Harry la contempló extrañamente.

—¿Por qué pasaría algo como eso? No estamos en un libro de fantasía, Rose. La magia no existe.

Rose fue a hablar, pero calló.

Harry despertó con el frío en su espalda. Tanteó las mantas, puestas de tal forma que cubrieran su cuerpo desnudo esté en la posición que esté, y se dio cuenta de que se hallaba solo en aquella cama matrimonial. Tanteó en busca de sus anteojos, encontrándolos en la mesita de noche, junto a un papel. Era una tarjeta. Una letra extrañamente familiar le hablaba.

"Buenos días, Harry!"

Harry sonrió. Abrió la tarjeta.

"Luces como un ángel cuando duermes,

Aunque yo tenga las alas.

Pero son falsas.

Las mías son de tinta, y las tuyas son tan reales, y me abrazan.

Yo no soy un poeta,

Y tú no eres exactamente una musa,

(¿Porque, qué musa acaricia como tú lo haces,

Besa como si no fuera pecado,

Se abre como si fuera un regalo?)

Pero que me inspiras,

Lo haces,

Y me encantas,

Lo sabes".

Debajo, el intrincado diseño de rosas entrelazadas. Harry sonrió, radiante. Lo había encontrado. No sabía a qué había ido aquel pensamiento, o qué era lo que había encontrado, pero observando aquella letra, repasando mentalmente cada uno de los detalles de su cuerpo –diferente, sí, más delgado, menos blanco– supo que allí estaba todo lo que toda su vida había buscado. Estaba en sus manos. Lo tenía con él.

Por primera vez en diecinueve años, Harry Potter estaba completo.


Hoooola bellezas *besos* Espero que os haya gustado. Los tatuajes de Tom, mnhh... *gemidito* y nuestro querido Harry...

Dejé un poco más información en este capítulo que en los otros... aún así espero que no adivinéis hacia dónde se dirige la historia, porque habría fallado como escritora, aunque con sólo recibir algunos reviews yo obtengo mi premio por escribir.

¿Qué pensáis que sucede? ¿Qué pensáis de los tatuajes de Tom? ¿Qué pensáis de Harry, de su familia, de sus breves pensamientos en solitario? Yo me estaría comiendo las uñas y los dedos (si no es que supiera ya lo que pasará... je).

Un besito donde queráis;

gudbai~