Capítulo 3: La novia del vaquero

Decir que la cita con Jasper había sido un fiasco, era un veredicto demasiado benevolente. Era la clase de calificación que da alguien tremendamente positivo…. Esa molesta clase de personas que siempre ve el vaso medio lleno y son capaces de ver virtudes incluso en los seres más nefastos. Yo, claramente, no soy esa clase de personas.

.

Cuando Jasper llegó a mi departamento, hice un ticket mental cuando vi el reloj. Él dijo que llegaría a las 9 en punto. Y eran las 9 en punto.

Ser puntual, sumaba puntos.

Que me esperase con la puerta del coche abierta, sumaba puntos.

Que besara el dorso de mi mano, sumaba puntos….

Es una lástima, que no fueran los puntos suficientes por toda la noche.

.

Hay algo así como reglas universales en las citas a ciegas. Reglas que son tan simples, que cualquiera diría que NADIE podría no saberlas.

Yo no era buena teniendo citas, lo tenía claro…. Pero Jasper definitivamente me superaba por millas y millas de distancia.

Regla número 1 no estipulada de las citas a ciegas: no hables de tu exnovia.

Regla número 2 no estipulada de las citas a ciegas: no llores frente a tu nueva cita, por causa de tu exnovia.

Regla número 3 no estipulada de las citas a ciegas: no abandones a tu nueva cita, porque tu exnovia de pronto se transformara en una perra maniáticamente celosa y posesiva e intentara tomarte sexualmente en medio de un lugar público.

Estoy jodidamente segura que TODO el mundo conoce esas simples reglas.

Si no hubiera dicho hace dos semanas, en medio de la boda de mi hermana, que estaba enamorada de su marido y que mi vida apestaba, este, definitivamente sería el momento más humillante de mi vida.

Porque, primero, la pelinegra al otro lado del restaurant me miraba como si quisiera atravesar mi garganta con un cuchillo de mantequilla. Y segundo, porque Jasper no dejaba de mirar cada cuatro segundos a dicha pelinegra.

-Lo siento por Alice… se supone que no estaría aquí hoy- no me lo creería ni aunque tuviera cinco años y me lo dijese Papa Noel bajando por la chimenea.

Jasper podría haber sido la muestra física de que no todos los hombres son una mierda existencial, él fue puntual, abrió para mí cada jodida puerta que cruzábamos y, aunque había elegido este vestido por su protuberante escote, él no había bajado la vista ni siquiera una sola vez… estaba siendo, realmente dulce y perfecto. Claro, si no nos hubiésemos topado "accidentalmente" con su exnovia en el restaurant.

Y no fue el grado accidental de "¡Oh! ¡Pero si eres tú! Ni siquiera te había visto". Incluso ese grado de accidental encuentro con tu ex sería menos humillante. Fue el grado de encuentro accidental, en el que nos acercamos a ella y él me presentó como su tan ansiada cita.

Hace dos horas ni siquiera me conocía y de pronto era la ansiada.

Por la manera en cómo me miraba su ex, podía ser la invisible… y no me importaría.

¿Han estado justo en el lugar equivocado, en el momento equivocado, con la compañía equivocada? Bueno, esa era yo. En mi cita. Hoy.

-¿Ya saben que van a pedir?

Era ella. La azabache que daba miedo. Y también la ex de Jasper. Debía medir un poco más que metro y medio y vestida con el uniforme de las camareras del local, no debería dar miedo… pero el miedo era la única razón que explicaba el temblor de mis piernas.

Debía darle puntos a la chica por ser profesional. Acercarse a su ex y su nueva cita y no voltearle una malteada recen salida. Pero, en ese segundo, prefería esconderme bajo la mesa, que mirarla de nuevo.

- ¿Puedes darnos un minutos Alice? Acabamos de llegar.

- Podrías tomarte tu jodido minuto en otro sector de mesas?

- No- respondió Jasper- me gusta esta área.

- ¡JODER JASPER! SABES QUE ESTA ES MI AREA.

- ¿Ah sí? Ni cuenta me había dado

- TE LO ESTOY DICIENDO.

- Y YO TE ESTOY ESCUCHANDO. ME GUSTA AQUÍ. NO ME MOVERÉ.

Yo diría que ambos están haciendo una escena y todo el mundo los está mirando. Pero de pronto, mi voz olvidó como salir de mi sistema. Era eso, o mi miedo había suprimido mis cuerdas vocales.

-¿Y ESTA QUIÉN ES?

Me iba a defender… lo juro por la garrita. Pero para hacerlo tenía que mirar a la loca ex novia y temía hacerme pis en el proceso.

-Becca. Mi nueva novia-¡Ni siquiera iba a corregirle mi nombre! No soy idiota. La chica tenía toda la pinta de ser de las que buscan a las novias de sus ex y las mataban tirando una plancha mientras se bañaban. No es que exista un tipo de chica… pero, ya me entienden.

- ¡ZORRA! ¿CÓMO TE ATREVES A SALIR CON ALGUIEN QUE ESTA RECIÉN TERMINANDO UNA RELACIÓN? ¿QUÉ CLASE DE MUJER ERES?

-¡Alice! Tú terminaste conmigo… y yo tengo todo el derecho de….

-¡ERA PORQUE NO ME PEDÍAS MATRIMONIO!

Todo el restaurant, incluyéndome, se quedó en silencio.

De nuevo, todo se resumía al matrimonio.

No era como si un anillo indicara la felicidad eterna. El "felices por siempre". O una mierda por el estilo. ¿Por qué todo el mundo se casaba? ¿Por qué YO no me casaba?

-te pregunté si le veías un futuro a nuestra relación y casi te ahogas cuando mencioné la idea del matrimonio- Ella comenzó a llorar.

Yo, me estaba alejando de la escena. No por Alice, sino porque todo el mundo allí me veía como si fuera la mala mujer que había roto aquella relación. El vaquero se había levantado de su silla y rodeo a la pequeña de una manera tan protectora, que la envidia fue casi superior a la vergüenza pública.

Él la miraba con devoción. Tal como Emmett miraba a mi hermana. Estaba de más… en ambas relaciones.

Aunque, no haya tenido que ver ni un segundo en la primera, estaba estorbando.

-Era porque te había comprado un anillo y creí que lo habías encontrado… pero tú comenzaste a gritar y yo…

Y fue cuando la escena se volvió para mayores de edad.

La pelinegra, en su diminuto metro y medio, se abalanzó sobre el vaquero de casi dos metros mientras gritaba "¡Si quiero! ¡Si quiero!"

Le rodeo el cuello con sus brazos y la cadera con sus piernas. Un koala bebe, estaba menos abrazado a su madre, que ella a su vaquero.

Y yo estaba caminando fuera del local. Con zapatos altos, un vestido escotado y mi amor propio por el suelo.

Sola.

De nuevo.

La única diferencia a mi escena saliendo de la boda de mi hermana… era que ahora ni siquiera había alcanzado a estar ebria para ser abandonada por un hombre.

.

.

.

Dos horas después, llegué a mi edificio. Subí el último tramo de escaleras para llegar a mi piso con los tacones en la mano.

Me había arreglado, había ocupado zapatos lindos, un vestido corto y la maldita ropa interior incomoda que Edward trajo para mí la noche anterior. ¿Y todo para qué?

Hay reglas no estipuladas en las citas a ciegas. ¡Joder! Hay reglas no estipuladas incluso en las citas normales. ¿Por qué demonios no me podía tocar una cita normal?

Y lo que era peor, ni siquiera podía enojarme con Jasper por ser un capullo, porque él si había sido fiel a sus sentimientos.

-¿Cómo fue tu cita?

Debería molestarme que Edward estuviera en mi casa. Debería molestarme que comiera MI comida, sobre MI pesa, sin MI jodida autorización. Pero ni siquiera echarlo a patadas de mi departamento mejoraría mi humor en este segundo.

-Mal- fue todo lo que salió de mi boca.

-¿Debo golpear a alguien?- no lo diría en voz alta, pero es lindo que él se preocupe por mí. Es lindo que alguien se preocupe por mí.

-No… yo…-suspiré- para la próxima, podrías pensar en alguien que no esté perdida, total e irrevocablemente enamorado de su ex novia.

-Oh… ¿Tan mal fue?

-Digamos que, mi vergonzosa revelación de amor por mi mejor amigo/cuñado, esta solo un poquito más arriba que esta noche.

-Lo siento princesa. No pensé que te llevara con Alice.

-¡¿La conoces?!- él bajo su cabeza y siguió comiendo, luego dijo algo con la boca llena con el claro afán de que no le entendiera. hasta que al final solo asintió- debería meter mi rodilla entre tus pelotas.

-Te puedo hacer un espacio entre mis pelotas, si me lo pides de manera bonita.

No lo pude controlar. Tampoco es que lo haya intentado… salió de mi alma. Es una especie de descargo emocional contra los hombres en general.

La comida sobre la mesa voló desde… bueno, la mesa, hasta la cara de Edward.

-JODIDO BASTARDO MENTIROSO

-¡Hey Pincesa! Cálmate

Pero la comida siguió su camino desde mis manos hacia su cara.

No esperaba que él contraatacara… hasta que lo hizo.

-¡Joder! ¡Está caliente! ¡Me duele, me duele!- grité cuando algo similar al pollo, cubría mi ropa.

-Querías jugar rudo, princesa. Ahora, atente a las consecuencias.

-No me gusta rudo. ¡Solo te daba tu merecido!- le tiré el último plato de comida sobre la mesa y corrí tras el sillón. Vi cómo se quitaba su polera por sobre la cabeza. Podría haber hecho algún comentario sobre, si no habían tallas más pequeñas o sí aquello no lo estaba asfixiando. Pero, tuve que recordar cómo se respiraba cuando nada cubría su pecho.

Joder. Simple y explicito, joder.

-¿te gusta lo que ves?- me preguntó.

Pude haber dicho "No". Pero también podría haber sumergido mi cara en lejía, y la imagen no se iría.

En cualquiera de los casos, no tenía ningún sentido que yo hubiese bajado el cierre de mi vestido, pero lo había hecho.

El segundo que le tomó a Edward recuperarse, fue el momento más feliz de mi día.

-¿y a ti? ¿te gusta algo de lo que ves?

-No soy al único al que le gusta- baje mi vista a sus pantalones… porque… bueno, porque soy débil y Edward está francamente como quiere.

Él se acercó a mí y yo no retrocedí. Lo que era malo en 40 diferentes maneras. Era tan, taaaan malo, que podría haber hecho tres odas a su pecho y quizás una más para sus oblicuos si me ponía creativa.

Él seguía invadiendo mi espacio personal, como ya se hacía costumbre… y no quería sacarlo.

Ni siquiera cuando llegó a mi lado y me apoyó contra el sillón, con mi espalda pegada a su pecho. Sus manos en mis caderas y su boca susurrando cosas sobre mi cuello.

Iba a hacer explosión. O colapso. O lo que fuera.

-Se me ocurre una muy buena idea para que te olvides del Ken.

Me encantaría haber escuchado sobre su idea. En serio. Mis bragas y la marea que formó dentro de ellas saltaban con pompones incentivándolo a que nos dijese su idea…

Si no hubiera sido por el carraspeo de garganta de mi madre a pocos metros de nosotros, habría escuchado muchas, muchísimas ideas.

Sabía que no era buena idea darle una copia de las llaves a mi madre. Pero, siempre pensé que si un día sucumbía a los bajos instintos con mi sexy y muy follable vecino, ella podría llegar y arruinar el momento.

Si mi discurso de dama de honor y mi desastrosa cita de hoy no ocupaban un puesto privilegiado en escenarios vergonzosos, mi madre, definitivamente, no se quería quedar atrás en las estadísticas.

-Me asusté un poco cuando dijiste que te dolía y que no te gustaba rudo. Creía que… bueno… te estaban forzando- mis mejillas absolutamente rojas, no detuvieron su lengua suelta- ya veo que estas totalmente de acuerdo con esto. Lamento interrumpir.

Edward parecía disfrutar tanto la escena, que ni siquiera había disminuido un poquito, la obvia alegría que apoyaba contra mi trasero.

-¿Y bien? ¿No me presentarás a mi nuevo yerno?

.

.

.

Iba a esperar un poco, para tener tiempo y dedicarme a escribir capítulos tanto para "Daddy in progress" y "Para su desgracia, soy rencorosa". Pero de pronto, tome la computadora, y no pare de escribir hasta que estuvo listo.

No tuve tiempo de revisarlo y se los mandé apenas salió del horno. Lo que me recuerda... estoy BUSCANDO una BETA. Si alguna esta interesada me deja un inbox... o si saben donde puedo encontrar alguna.

En fin, espero que les guste el capítulo.

¿reviews? a ustedes no les toma mucho tiempo y yo soy inmensamente feliz cuando los leo.