Gracias a todas las que siguen la historia. Y repito: "La bailarina" es una idea nacida de la mente mi Jefa y amiga (^_^) Liz que llego un día a revolucionar mi vida cuando me propuso escribir la historia junto a ella y eso fue hace mas de un año. Así que el merito de esta historia es de dos, ella es el cerebro yo soy su copiloto.


Capitulo 3

Cada paisaje era perfecto, la tranquilidad y la paz que reinaban en ellos podía sentirse, Hermione suspiro mientras observaba las hermosas fotografías que Luna le mostraba, la rubia lograba captar la esencia de las cosas en sus fotografías y había logrado transmitirle la paz de los bellos paisajes que la rubia había captado con su lente. Luna le sonrió mostrándole más fotos que Hermione observaba fascinada, aquella rubia de ojos celestes siempre había logrado hipnotizarla con cada fotografía que obtenía.

-Son muy bellas- comento observando a la soñadora rubia.

-Bueno las hice hace unos días, nada interesante porque no serán para la siguiente exposición, trabajo en un nuevo proyecto- Luna le tendió nuevas fotos que Hermione observo gustosa –Puedes quedarte con la que más te guste- ofreció la chica al observar la fascinación con que la castaña observaba las fotografías.

-La pondré en la colección de fotografías tuyas que tengo- la castaña le enseño la foto que había elegido sonriendo ampliamente –es realmente hermosa- se puso de pie caminando a su dormitorio.

Luna escudriño con sus celestes ojos todo el departamento de su amiga, los finos y caros adornos y los lujosos muebles, se puso de pie siguiendo el camino que había recorrido la castaña entrando en su dormitorio, la encontró poniendo la fotografía en un hermoso álbum destinado a las fotos que ella le había regalado, se acerco a ella sentándose al borde de la cama y vislumbro una caja aterciopelada en la cómoda, interrogo a la castaña con la mirada y tomo la caja para mirar el contenido. Una hermosa gargantilla de brillantes lucia en su interior, Luna abrió los ojos sorprendida, aquella gargantilla debía costar una fortuna, sonrió irónicamente al imaginar quien le había regalado aquella joya a su bella amiga.

-¿Un nuevo regalo de Malfoy?- interrogo apartando su vista de la gargantilla y posándola sobre su amiga que asintió sin mucho interés -¿Qué fue esta vez?- Hermione enarco ambas cejas ante la pregunta de su amiga –Si, ¿Te dejo plantada? Ó ¿Es que el señor ha tenido tanto trabajo que no ha podido visitarte tan a menudo?- Hermione aparto la vista de la mirada de Luna, se sentía apenada y entristecida por la pregunta que le había hecho, sabía que era cierto que Draco justificaba sus faltas de atención hacía ella con lujosos y caros regalos.

-Solo quiso hacerme un regalo- respondió poniéndose de pie sin atreverse a mirar a la rubia, no quería delatarse delante de ella y no quería escuchar las palabras que en el fondo anhelaba, ahogo el suspiro que nacía de ella y devolvió su álbum al lugar que pertenecía.

Permanecieron en silencio por varios minutos, en los que la rubia la observaba, su amiga estaba cambiada no era la misma Hermione que había conocido desde siempre, sabía que solo ella conocía la verdadera esencia de Hermione Granger, conocía su dulzura, su ternura, su pasión por los libros y por el ballet, conocía cada detalle de esa amiga que había sido como un libro abierto para ella y que de pronto se había cerrado herméticamente impidiendo que los demás conocieran su verdadera esencia. Desde que había comenzado aquella relación clandestina con uno de los hombres más ricos de Londres había notado un cambio que nunca había creído posible, sus amistades se habían reducido a ella y sus compañeras de ballet y solo ella era su confidente, su amiga incondicional a la que podía contarle todo y con la única que podía ser la verdadera Hermione. Su dulzura se la había entregado a Draco, pero este no buscaba ni la dulzura ni la ternura de su amiga, era algo que ya tenía con su esposa, Hermione era solo un trofeo más para su colección y ella lo sabía. El brillo en la mirada de su amiga se había apagado, ese brillo especial que había adquirido con el pasar del tiempo, había pasado de ser una chica soñadora, alegre y empática, para dar paso a una joven sumisa y apagada, una mujer misteriosa y solitaria. Su relación con Draco solo estaba dañando algo en ella, su amor propio y su autoestima, poniendo fuera de lugar emociones que Hermione no había experimentado con anticipación y en las cuales era inexperta, Draco utilizaba ello como su arma más poderosa para tenerla a su lado, lamentaba que Hermione no pudiera darse cuenta de ello. Hermione necesitaba algo más valioso, alguien mejor a su lado, necesitaba amor verdadero, puro y reciproco, necesitaba conocer el verdadero amor.

Luna observo la fotografía que había frente a ella, Hermione lucía hermosa como siempre, aquella bailarina poseía una belleza hechizante, no entendía como podía conformarse con ser la mujer sumisa en espera de las sobras de cariño que Draco le daba, siendo una mujer tan hermosa y talentosa no concebía la idea de que siguiera con aquel patán, habiendo tantos hombres que anhelaban su atención.

-¿En qué piensas?- inquirió Hermione observando a su rubia amiga.

-Nada en especial- murmuro mirando de reojo a la castaña que le sonrió débilmente.

-¿Quiere acompañarme al ensayo de esta tarde?- Luna asintió mientras volvía abrir la caja aterciopelada que aun sostenía.

Hermione se acerco al tocador aplicando una ligera capa de maquillaje y sujetando su cabello en un moño algo desordenado. Luna miro el reflejo de su amiga que le ofrecía el espejo, un par de veces, incluso su belleza parecía marchitarse, no negaba que seguía siendo hermosa, pero ella había conocido a una Hermione con una hermosura sin comparación y esta parecía apagarse, ocultarse tras la tristeza que pocos podían percibir en la mirada ensombrecida de esa castaña, en el misterios que ellos poseían, en las marcas casi invisibles de la soledad que comenzaban hacerle estragos, marchitando su frescura y su alegría.

-Has estado muy callada- Hermione observo a su rubia amiga, le parecía extraño que no le hablara de sus últimos proyectos y sus locas y raras aventuras que había vivido.

-Hermione, ¿Esté regalo puede compensar todas las horas que pasas esperando por una visita de Malfoy?- interrogo poniéndose de pie y acercándose lentamente a la castaña, ella suspiro, no deseaba hablar de eso, cada vez que Luna le hablaba de ello una lucha interna se desataba.

-No empecemos de nuevo Luna- se giro dándole la espalda, esa rubia tenía unos cambios de actitud tan radicales y sabía que cuando adoptaba aquella actitud tan sería y serena no era si no para decir cosas que eran tan ciertas que incluso dolía escucharlas.

-Es que no puedo entender porque te haces esto Hermione- Luna clavo su mirada punzante en ella y Hermione trato de encontrar algo que pudiera defenderla de las palabras de la rubia.

-Entiende que amo a Draco- la castaña se giro sobre sus talones para observar a la chica de ojos celestes que estaba frente a ella, Luna suspiro al verla al borde de las lágrimas y se acerco para envolverla en un cálido abrazo.

-Mírate cariño, ni siquiera puedes estar segura de ello- murmuro, supo que Hermione ideaba algo para replicarle – eso no es amor, deberías conocer a gente nueva- la separo de su abrazo observándola con ternura – Deja a Draco cariño- Hermione suspiro sin encontrar algo coherente que decir, una parte de ella quería seguir escuchando a aquella rubia mientras otra deseaba rebatirle todo lo que decía – a ¿Qué hora es el ensayo?- Hermione respiro profundamente sintiéndose aliviada cuando la rubia cambio el tema.

-Dentro de un par de horas ¿Quieres comer algo antes de irnos?- Luna asintió con un suave movimiento de cabeza.

-Déjame cocinar por esta vez, prometo que tu cocina se salvara- Hermione rió brevemente ante ese comentario recordando lo distraída que podía llegar a ser su amiga – además tienes tanto por contarme- la castaña asintió guiándola hasta la cocina.

Solo podía imaginar lo que sucedía sobre su techo, y al cerrar los ojos la imagen de la mujer más hermosa del mundo estaba allí, para él, para su antojo, para saciar la sed que sentía repentinamente de su presencia. Se levanto de un salto del sofá y corrió a su escritorio, encendió su computadora, el tiempo en que esta tardo en encender le pareció eterno, tamborileo en la mesa y agito su pie de forma desesperada.

Como naufrago corrió a escribir lo que hacía que sus cabeza diera vuelta y casi lograba maréalo.
Necesitaba con desesperación saber más de su vecina y como no lo lograría en ese preciso momento porque no sería capaz de subir nuevamente al sexto piso, tocar su puerta y preguntarle desesperadamente por su vida, decidió escribirla el mismo.

Las facciones del rostro de la chica se dibujaban perfectamente en su mente, y cada una contaba para él una historia nueva, una excitante y llena de aventura, a la vez que dejaban al descubierto un rastro de amargura que él mismo se recrimino por escribir, pero había algo dentro del bello rostro de ella, que le debelaban una cortina de soledad y amargura sin saber el motivo.

Y así, letra por letra fue construyendo una vida apasionada y dolorosa que dejaban al descubierto a una mujer fuerte pero llena de heridas que debía curar.

Finalizo su escritura y releyó todo. Se enojo con él mismo por la manera que en que había plasmado la vida de alguien de quien ni siquiera sabía su nombre, se enojo por no poder hacer para ella una historia llena de luz y no tan oscura como esa. Se levanto de la silla y observo lo tarde que era, su estomago rugió y se dirigió a la cocina o más bien a lo que se suponía que era una cocina. Libros desvencijados, papeles hechos puños y hojas con trazos y palabras que solo él podía entender se acumulaban en las repisas. Abrió el refrigerador y saco lo único que le quedaba para comer, un par de huevos.
Hizo un gesto de fastidiado y se apresuro a hacer su desayudo-almuerzo. Algunas veces deseaba tener a alguien que compartiera un poco de tiempo con él, tener un amigo que lo acompañara, una novia que lo amara y se preocupara de él. Pero no era sí, siempre había estado solo. Su único amigo, Ron, estaba muy ocupado con sus propios asuntos y aunque una fuerte amistad los unía, no se frecuentaban como le gustaría a Harry. Y las novias era caso perdido, hace mucho que una mujer no tocaba a su puerta, desde que una espectacular actriz que ilumina las pantallas y las alfombras rojas lo dejo por ser demasiado aburrido para su gusto y glamur, desde entonces nadie mas había llegado a su vida.

La mayor parte del tiempo la pasaba bien en compañía de la única que no lo abandonaba, de la que estaba con él y lo hacía sentir a gusto, con la que compartía sus anhelos y la que lo inspiraba a escribir sus historias, la soledad. Ella era parte de su vida, parte de su persona y no le incomodaba, pero en días como este, cuando veía a una diosa como la vecina del sexto piso, se sentía idiota y aburrido, incapaz de ser importante para alguien y ser fácilmente olvidado entre los quehaceres diarios, porque la vecina había logrado convertirse en una especie de utopía personal, era el monte Everest para un discapacitado, incansable porque las piernas no se venden en los supermercados. Sabía que nunca, alguien como él podría estar con una mujer tan magistral como ella, ¿Qué existía en él que le pudiera interesar a ella?, ¿Un hombre que se expresaba atreves de palabras escrita era suficiente para una diosa como ella? No tenía la más mínima oportunidad de captar su atención. De seguro ella tenía novio digno de su persona, que aunque no la conocía estaba seguro que era excepcional en todo los aspectos, ella seguramente tendrá a un hombre que apreciaba su belleza interior por sobre su cuerpo, alguien que volara al compás con el que ella bailaba sin necesidad de moverse, ese compás que Harry nunca había visto pero que le bastaba con escuchar, porque la delicadeza de los pasos en su techo eran prueba irrefutable que esa mujer sentía la música, porque le hacía el amor a su techo cuando bailaba. Si este era el efecto que ella provocaba en él que era un gran crítico del arte en todas sus ramas, no quería ni imaginar el efecto que surtiría en aquel que la viera en todo su esplendor.

Tras terminar de degustar su desayuno, decidió que lo mejor sería salir a dar un paseo, su editor le había dejado un mensaje anunciándole que dentro de un par de días lo visitaría para que le fuera entregado parte de lo que había escrito, necesitaba despejar su mente para obtener nuevas ideas, estaba seguro que aquella nueva historia podría llevarlo al éxito y necesitaba seguir escribiendo, tomo su chaqueta café y salió de su departamento cerrando la puerta tras de sí. Decidió que sería mejor bajar hasta el primer piso por las escaleras, no quería toparse con ninguno de los inquilinos de otros pisos en el ascensor. Divagaba entre sus pensamientos recordando a su vecina, esa hermosa mujer que no podía sacar de su mente. Al llegar al primer piso escucho el ascensor abrirse, sus ojos se deleitaron al observar a la castaña mujer que lo abandonaba, trato de ocultarse para que ella no pudiera verlo y la siguió con la mirada hasta que la bella mujer dejo el edificio.

Harry comenzó a caminar siguiendo los pasos de la inquilina del sexto piso, sonrió al mirar a la chica que caminaba con gracia y delicadeza, era una mujer tan hermosa que podría pasar días enteros contemplándola, no sabía si debía seguirla hasta su destino, se debatía entre hacerlo o regresar a la soledad de su departamento y tratar de encontrar la idea perfecta para continuar con su historia ahora que la chica no estaba y que podría escribir sin interrupciones. La observo abordar un taxi y sin pensarlo más se apresuro a detener otro para seguir a aquella hechizante mujer hasta su destino, pese a querer resistirse sabía que no podría hacerlo, necesitaba saber algo más de aquella bella castaña. Durante varios minutos se perdió nuevamente en sus pensamientos saliendo abruptamente de ellos cuando el chofer le informaba que era ahí donde se había detenido el taxi que seguían, observo por una de las ventanillas y vislumbro uno de los teatros más famosos, le pago al hombre y abandono el taxi dudando en lo que debía hacer. Se dedico a observar la construcción aun sin atreverse a entrar, un par de chicas paso por su lado charlando animadamente, ambas ingresaron al teatro y Harry se apresuro a seguirlas.

Al entrar en aquel majestuoso teatro observo todo a su alrededor, cada detalle, escucho algunas voces dando indicaciones y dirigió su verde mirada hacia el fondo del teatro donde algunas mujeres lucían encantadoras portando sus delicados tutús y se colocaban en sus respectivas posición, Harry sonrió acercándose para tomar asiento, quería ver de cerca a su bailarina vecina pero sabía que debía pasar desapercibido. Escucho la suave melodía resonar por el teatro y sonrió de lado al reconocerla, era la misma que resonaba en el sexto piso cada mañana. Todas las chicas comenzaron a moverse delicadamente al ritmo de las notas, vislumbro una cabellera roja y sonrió suavemente al reconocer a Ginny, la hermana menor de su mejor amigo, paseo nuevamente su vista por las jóvenes mujeres que se movían con gracia y delicadeza y detuvo su mirada en una de las bailarinas. La hermosa joven se movía con una delicadeza sorprendente y única, sus movimientos eran gráciles y exquisitos, la observo sin poder apartar su vista ni un segundo de ella, lucia hermosa y frágil. No era capaz de pensar en nada más que no fuera aquella mujer que lo había hipnotizado aun más con sus hermosos movimientos, la delicadeza plasmada en ellos era encantadora y la pasión que desbordaba en cada uno era hechizante. Pudo notar un deje de tristeza y soledad, el mismo que había visto en su mirada, presto aun más atención a la joven, si eso podía ser posible pues sus cinco sentidos se concentraban solamente en ella, cada paso dado sobre sus puntas era increíble, toda ella era una mezcla de delicadeza, sutileza y encanto, ensancho su sonrisa cuando la primer pieza musical termino y la observo sonreír.

Durante dos horas había sido testigo de la elegancia y perfección con que bailaba aquella vecina suya, si había pensado tan solo horas atrás en ello agradeció el haber podido presenciar lo que durante días había escuchado sobre su cielo. Espero fuera del teatro hasta que su bailarina predilecta saliera, tal vez el destino podría ayudarlo para entablar alguna conversación con ella, negó sonriendo irónicamente ante esa posibilidad, una mujer como ella no podía interesarse en un hombre como él.

Se escondió en el callejón que estaba atravesando la calle justo enfrente del teatro, un BMW negro con los vidrios oscuro y a simple vista lujoso y extravagante se estaciono frente a él tapando un poco su visión. Y de pronto su mundo se redujo a unos cuantos centímetros, los suficientes para captar el cuerpo perfecto de la mujer más hermosa del planeta, su bailarina.

Por paradójico que sonara, pudo descubrir un grado de amargura mayor que el que había notado anteriormente, sus ojos color almendra habían cambiado a un chocolate, mas misteriosos y tristes. No se percato que un hombre alto y rubio salía del otro lado del auto y miraba fijamente a la castaña, solo podía ver el vaivén de caderas de la chica y los rebeldes cabellos que se soltaban del moño de su cabeza. La vio detenerse a ver hacia ambos lados de la calle y luego atravesarla, a Harry le pareció extraño que ella no tomara un taxi como lo había hecho para llegar allí, tal vez prefería despejar su mente ¿Pero de qué? Ella caminaba sin levantar la vista del piso y al pasar junto al callejón donde Harry se ocultaba, este creyó ver una cristalina lágrima resbalar por la mejilla.

Hermione se reprimía por ser tan débil, no debía llorar, ella debía acostumbrarse a eso, Draco no era su exclusividad y ella sabía eso desde el inicio y lo acepto así, pero las charlas con Luna siempre la dejaban más débil de lo que quería aceptar. Trato de borrar la lagrima que se deslizo por su mejilla y un fuerte viento la sorprendió descuidada e hizo volar el delicado y fino trozo de tela que utilizaba para cubrir su cabello, este voló por sobre su cabeza y el viento la hizo elevarse mas y planear a unos metros detrás de ella. Trato de perseguirlo pero la multitud de peatones le impidió el paso, hasta que observo una mano sostener la pañoleta de seda. Se acerco al hombre con sus ojos fijos en la pañoleta que su madre le había regalado y que ese hombre tan amablemente le había ayudado a recuperar. Fijo su vista en los ojos de él y por un momento se descoloco, eran de un verde imposible, demasiado trasparente y cristalinos, era como ver atreves del agua, hasta podía jurar que por un instante vio reflejada su propia alma. Las facciones maduras y jóvenes se mezclaban a la perfección en su rostro y la barba levemente crecida le daban un aspecto tremendamente cautivante.

-¡Muchas gracias!- le dijo tomando la pañoleta entre sus dedos- es muy importante para mi- sonrió al misterioso hombre que la veía sin decir palabras.

Permanecieron unos segundos en silencio, solo se veían. Ella no entendía la extraña familiaridad que sentía hacia él. Y Harry estaba en el cielo al poder oír la melodiosa voz que hacia perfecto juego con la imagen de ella que él había imaginado horas atrás sentado en su casa.

-Me llamo Hermione- le tendió una mano y le sonrió calurosamente.

-Harry- trago saliva y dibujo una sonrisa parecida a la que ella le dedicaba- un placer conocerte.

-Eso digo yo, si no fuera por tu acto de heroísmo no se si la hubiese recuperado- le dijo alzando la pañoleta en su mano.

-No fue nada, es lo que hago todos los días, salvar a damiselas en peligro- le resto importancia. Ella sonrió sinceramente ante el comentario y la luz almendrada regreso a sus ojos.

-Gracias de todas formas Súperman- dio la vuelta y reanudo sus pasos, esta vez no tan triste- espero poder verte otra vez, tal vez el destino- comento descuidada ya de espaldas a Harry, él le había dado una pequeña razón para borrara su tristeza, aun quedaban caballeros en este mundo y ella se había topada con uno hoy.

-El ya nos unió- dijo en un susurro que se perdió con el viento que la castaña dejaba tras ella.

Ninguno se percato de la mirada iracunda que cierto rubio les dedico tras ser el observador pasivo en ese encuentro decisivo en la vida de todos.

-Ya estoy lista amor- la pelirroja beso a su marido sin hacer ningún comentario mas tras observar sus ojos llenos de furia, ambos entraron al BMW y sin decir palabras se dirigieron a sus destinos.