Capitulo 2
Descansaba cerca, apoyado en la barra como si fuera el dueño del
lugar. Se volvió hacia mí, una cerveza medio llena en la barra frente a él.
Era obvio que había estado allí algún tiempo y tan obvio que había
estado observándome, sin tomarse la molestia de presentarse. Imbécil.
Una lenta sonrisa curvó sus labios, mi corazón tartamudeó. Había visto
hombres hermosos, y había visto hombres atractivos. Pero nunca había visto a un hombre que fuera tan poderosamente masculino como éste. Sin exagerar, emanaba por cada poro de su cuerpo.
Me resultaba difícil respirar.
No eran los ojos celestes, soñadores y sexys con oscuras pestañas. No eran esos penetrantes irises azules que me evaluaban como si pudiera verme desnuda. No era el impresionante ancho de sus hombros o la angosta cintura, o la espesa cascada de desaliñado cabello rubio sobre su
bronceada frente. No. Nada de eso hacía que mi respiración se evaporara
lo bastante como la seguridad que él desprendía. Esa forma tan fácil
que mostró el gran hombre con la sonrisa torcida que tironeó sus
labios y definió sus increíbles pómulos.
Este hombre iba a ser un problema.
El salón se quedó borroso en los bordes, y las estrellas negras brillaban delante de mis ojos mientras él cruzaba la sala a mi encuentro. Todo en él era movimiento sin esfuerzo y elegantes pasos, era como un depredador acechando a su presa.
Se inclinó hacia mí, y pude sentir su aroma limpio almizclado.
—Necesitas respirar, Hinata.
¿Respirar?
Cierto. Inhalé profundamente y mi visión se aclaró. Me sonrió de nuevo, esa sonrisa suave y perezosa. Yo casi me derrito en mi lugar.
—Eso está mejor.
Luché contra la urgencia de borrar la hermosa y alegre sonrisa de su cara, estaba molesta porque él me hizo esperar mientras había estado aquí todo el tiempo.
Hizo un gesto hacia el mar de mesas cubiertas con manteles de lino
blanco.
—¿Nos sentamos?
Eso dependía de su respuesta.
—¿Cuánto tiempo has estado aquí mirándome?
Su sonrisa se hizo más amplia. Oh dios… Su sonrisa…
—Me atrapaste —admitió—. Quería observarte por unos minutos. ¿Es eso tan malo?
—Fue muy incómodo para mí —dije fríamente con gesto inexpresivo—. Creía que me habían dejado plantada.
Me tomó la mano con la suya y se la llevó a la boca para un beso. Sus
labios rozaron mi piel, enviando un escalofrío a través de mi cuerpo. La sensación casi me hace arrepentirme de hacerlo sentir culpable. He dicho casi…
—Me disculpo —dijo, pareciendo decirlo en serio—. Eso fue imprudente por mi parte.
Traté de retirar mi mano de la suya. Él no me liberó. Levanto una ceja.
—Señor Namikaze, sabe que a los humanos no se les permite tener citas en la Alianza. En nombre de mi compañía, no quería dejarlo varado esta noche, pero podría perder mi trabajo por esto. Así que si me quedo, Mei nunca debe saber sobre esto. — Lanzo el anzuelo.
Su pulgar acarició la palma de mi mano. Su mirada me dice que ha mordido el anzuelo. Perfecto.
—Por supuesto que no. Lo último que quiero es que te metas en
problemas por mi culpa. Por favor, quédate, pedí el menú de
degustación. — Me engatusó pues nunca había estado en una cena de esas, con sus múltiples golosinas de lujo, todas ellas diseñadas para demostrar las habilidades culinarias del chef y la imaginación que este tendría al elaborar complicados platillos. Sería divertido, y este sujeto parecía sincero e interesante. Retiré mi mano y asentí.
—Está bien. Me quedaré.
—Gracias. —Sonríe delicadamente mientras cierra sus ojos hacia mí. Es un gesto tan descuidado que hace pero para mí es como morfina inyectada directamente en mis venas. Adictivo.
Ya en la mesa, sacó la silla para que yo tome asiento. El camarero rondaba cerca, luego, el atractivo sujeto rubio se sentó frente a mí y tiró la servilleta en su regazo con un ademán. Yo ya la tenía en su adecuado lugar.
El mesero abrió una botella de costoso vino y, mientras cada uno
tomaba un sorbo, dije:
—Siento que debería señalar mi primera regla de las citas, Sr. Namikaze. — Degusto un poco más del sabroso y lujoso vino — Sólo porque me dé vino y comida no quiere decir que estoy obligada a tener sexo con usted. Así que debo ser directa con usted de que ir al Kumogakure después de cenar no va a suceder.
Sonrió, claramente sin ofenderse en lo más mínimo.
—No soñaría con ello, Srta. Hinata. Si pago por la cena, el único
placer que espero es su compañía.
Me quedé mirando a su 1.96 m de masculinidad al otro lado de la
mesa. Él lucía divertido, como si le gustara un reto. Esto podría llegar a
ser algo muy, muy peligroso en una forma que no había esperado.
Cambié de tema, tratando de poner una pared entre nosotros.
—¿Así que por qué quería verme en el bar, Sr. Namikaze? Sólo en caso de que tuviera verrugas y una espalda jorobada, ¿así podría hacer un rápido escape?
—Quería ver si la voz y el nombre hacían juego con el cuerpo.
—¿Y? ¿Luzco como una Hinata para usted?
—Lo haces —dijo él mientras sus ojos se llenaban de lujuría —. Suave. Deliciosa. Cálida. Curvilínea. —Sus ojos brillaron mientras se inclinaba sobre la mesa—. Apuesto a que tienes el mismo sabor.
Oh. Dios. Un sonrojo instantáneo atravesó mis mejillas.
—Esa es la primera vez —dije, recuperándome rápidamente y adoptando indiferencia —. Por lo general me han dicho que el nombre Hinata les recuerda a una chica del mundo antiguo o a una caricatura de ninjas.
—Me temo decirle que ellos estaban equivocados. – Su sonrisa juguetona y coqueta hace maravillas en mi estómago.
Alerta roja. Alerta roja. Todas las hormonas a la superficie.
—Sr. Namikaze...
—Naruto —dice interrumpiendo—. El diminutivo para Narutomaki. —Me
dio una avergonzada mirada—. Antigua familia costera.
Finalmente sonreí.
—No estoy a punto de darte un mal rato por tu nombre. Estás hablando
con una mujer nombrada en pos de una ciudad. Se supone es un nombre para una persona dulce y bla bla. Mi hermana afortunadamente no fue llamada Sol o Dulce. Aunque si tiene un nombre de flor... — me quedo pensativa por un segundo. — Bueno, le queda perfecto.
Se rió, sus celestiales ojos se regocijaron y arrugaron en las esquinas.
Levantó su copa de vino y la elevó hacia mí.
—Dos nombres muy inusuales para dos personas muy normales. Somos la pareja perfecta, Hinata.
No estaba segura de qué tan normal era él, pero choqué mi copa
contra la suya de todos modos. No estaba acostumbrada a escuchar
mi nombre completo todo el tiempo, así que cuando bajamos nuestras
copas, dije:
—Mis amigos me llaman Nata.
Apretó mis manos entre las suyas, cálidas.
—Pero no quiero ser tu amigo.
Su piel contra la mía era increíblemente distractora. Sentí los callos en sus palmas, sentí el fuerte agarre de sus cálidas y grandes manos, sus uñas rascando ligeramente la parte posterior de las mías en un ausente y cómodo gesto.
Oh, dios. Eso me gustó mucho, demasiado para mi propio bien.
Lamiendo mis labios nerviosamente, pregunté:
—¿Qué hay en el menú de degustación esta noche?
Sonrió.
—No tengo idea. Simplemente le pregunté al maître qué era bueno y
eso fue lo que recomendó.
El mesero llegó como si hubiese sentido que hablábamos de la comida y nosotros nos separamos, a pesar de que la mano de Naruto permanecía sobre la mía.
—Un amuse-bouche para el monsieur y la mademoiselle —dijo el
camarero, un indicio de acento japonés coloreaba su francés. Dejó dos pequeños platos—. Un patisserie con caviar y crème fraiche —dijo, entonces se fue.
Naruto metió el amuse-bouche en su boca. Después de un momento su
expresión cambió y masticó más despacio.
Miré la preparación en mi plato.
—¿Cómo está?
Masticó por un momento más, luego tragó con dificultad.
—Interesante...
Bueno, eso no me sonó a aprobación. Miré el mío con duda, asentí que había terminado cuando el mesero llegó para llevarse los platos. Regresó un momento después con dos brillantes tazas de una resplandeciente sopa amarilla-anaranjada.
Mis ojos se ampliaron ante la cosa marrón flotando en mi sopa.
—Sopa de mariscos y calabaza —anunció el mesero—, con huevo de
codorniz en el nido.
Oh, Dios. El mesero se fue y le eché un vistazo a mi taza, luego a Naruto.
Estaba mirando su comida con una extraña mirada en su rostro.
—¿Es eso un verdadero nido de pájaros? —pregunté—. ¿Se supone que tenemos que comerlo?
—No lo sé —admitió, luego golpeó su cuchara contra el huevo—. Sé
que soy un were-puma, pero esto es ridículo.
Me reí y tomé un largo trago de vino, no tenía más ganas de comer el
mío de las que tenía él.
—Tal vez no soy tan aventurera como debería cuando se trata de
comida —admití—. ¿Qué es lo siguiente en el menú?
—Queso —contestó, bajando la mirada al pedazo de papel. Su cara hace una mueca extraña.
—¿Por qué la cara? Eso no suena tan mal.
—Una sabrosa mezcla de quesos de cabra y de... yak —dijo, sin dejar
de leer.
—Er... oh. —Tomé otro sorbo de mi vino—. Al menos, el vino es muy
bueno.
Naruto lucía disgustado.
—Lamento que no estés disfrutando la comida.
—Ni siquiera hemos empezado la comida —bromeé—. El plato principal probablemente es algún desafortunado animal exótico servido en una cama de algas. Algas francesas.
Se rió, luego me miró.
—Hay un bar deportivo al lado. ¿Quieres ir por una hamburguesa y papás francesas? — hace énfasis en la palabra causando una pequeña sonrisa en mis labios.
—¿Y dejar mi nido de pájaros atrás? —Pretendí proteger mi plato,
resistiendo la urgencia de partirme de la risa. Ante su sonrisa, bajé mi
copa de vino y me puse de pie—. Vamos.
Él tiró un fajo de billetes sobre la mesa. No es de sorprenderse. Como he dicho antes, estas personas poseen gran cantidad de dinero.
En el bar deportivo, agarramos una cómoda cabina y ordenamos.
Mientras esperábamos por nuestras hamburguesas, cayó un incómodo
silencio. Sentarse frente a él en una acogedora cabina que estaba en una oscura esquina se sentía mucho más íntimo de lo que lo había hecho sentada rígidamente en un lujoso restaurante francés con muchas personas a nuestro alrededor.
Junté mis manos, tratando de pensar en algo para romper el silencio, pero nada vino a mi mente. Mierda. No había tenido una cita en tanto tiempo así que no sabía sobre qué hablar. ¿Fútbol? No sabía si él era un
gran aficionado a los deportes. ¿El clima? No, eso era simplemente
estúpido...
—¿Te hago sentir incómoda? —preguntó, malinterpretando mi torpeza.
—No soy muy buena para las pequeñas charlas. O las citas. —Balbuceo como tonta — No suelo tener citas.
Lucía fascinado.
—No puedo imaginar por qué no. Cuéntame sobre ti entonces.
Me congelé. Hablar sobre mí significaba hablar sobre Sakura y no podía hablar sobre ella.
—No hay mucho qué contar —dije en una voz dura. ¿Era esto una
investigación para obtener información? ¿Iba a vendérselo a la
manada de lobos?—. Soy una chica muy aburrida.
Sacudió su cabeza, esa hermosa sonrisa destellando en su rostro.
—Sinceramente dudo que cualquiera con un nombre como el tuyo pudiera ser aburrida.
Me quedé callada. Debo admitir que eso me agradó, pero no lo suficiente como para hablar de mí y mi intensa vida. Si es que así podría llamarle.
—Tú realmente no eres buena con las pequeñas charlas —bromeó.
Dispara, ¿sobre qué podía hablar que no lo alertara de nuestro secreto?
—Me... gusta leer.
Me sonrió sobre el plato de papas fritas que el mesero había puesto frente a nosotros.
—¿Quién no lo hace?
Bueno, ¿cómo no podría gustarte un hombre que dice eso? Tomo el recipiente del kétchup y vierto un poco en una esquina del plato.
—Realmente eso es todo. Ahora, tu turno. Dime algo que te guste. — Decido usar una estrategia de desviación para centrar el tema en él y alejarnos de mí por un rato.
Atrapé un destello de blancos dientes
—Me gustan las mujeres. Suaves y curvilíneas mujeres.
Rodé mis ojos ante su expresión.
—Eso no cuenta.
—¿Por qué no? — Sus ojos se iluminan con diversión.
—Porque es un hecho... Como si dijera que me gustan los hombres con los paquetes grandes — Acerqué por una papa frita — Es como decir que te gusta respirar o comer.
—Suena como que somos la pareja perfecta —dijo perezosamente—.
Me gusta comer, amo respirar —se inclinó sobre la mesa—, y tengo un
paquete muy grande.
Me atraganté con la papa frita.
—No es justo. —Tosí, tratando de recuperar el aliento—. Usted
juega sucio, señor.
Tomó una papa, la untó en el líquido color rojo y me señaló con ella antes de meterla en su boca.
—Tu turno.
—Realmente no hay nada más que decir.
Arqueó una ceja hacia mí.
—Nadie tiene una vida tan aburrida. Tengo la impresión de que tienes
algo que esconder, Srta. Hinata.
Oh, sí, Naruto. Cuando tenía diecinueve, mi hermana menor
comenzó a salir con un hombre lobo. Él la mordió y la convirtió, y tuve
que dejar la Universidad para cuidar de ella mientras se acostumbraba
al creciente pelo, garras afiladas y cola. Y desde que la manada de lobos la quiere de vuelta, mantenemos un perfil bajo en caso de que tengamos que dejar la ciudad de nuevo. Oh, y me gustan las películas de comedias de
chicos de la fraternidad. ¿Y tú?
Terminé de masticar mi papa, fingiendo pensar en ello. Necesitaba algo soso y mediocre, para inclinar la conversación de vuelta a territorio
seguro. Necesitaba… ¡Ajá!
—Me gusta la contabilidad.
Era una de las frases garantizadas para aburrir a un hombre. La mayoría de las mujeres dirían que les gustaba tener citas, o bailar o enroscarse en casa con una película. Me gustaban los libros de contabilidad generales y hacer las cuentas de los libros de otros.
Hizo una inclinación de cabeza con gesto felino, lo cual era un poco desconcertante, esto recordándome que él era ligeramente poco más que humano, con toda su sensualidad y masculinidad.
—¿Contabilidad? ¿Como contaduría?
Esperé a que sus ojos brillaran con desinterés. Pero lo que sucede me sorprende profundamente.
—Lo encuentro divertido.
Se acercó por otra papa frita.
—Entonces, ¿te gustan las matemáticas? ¿El reto que significan?
Esa no era la aburrida mirada a la que estaba acostumbrada, o peor, la
irónica burla. Me sorprendí, y le di una autentica sonrisa dejándome llevar por un sentimiento lleno de pasión dentro de mí.
—Es como el aspecto del control, ser el que está a cargo. Al principio lo odiaba, pero luego se convirtió como en un rompecabezas para mí,
descubrir cómo balancear los libros y encontrar los números correctos
que hacen que todo encaje. —Yo disfrutaba manejando la oficina de
Mei. Me hacía pensar que podía tener mi propio negocio algún día,
así que lo consideraba una buena práctica.
—¿Alguna vez has pensado en empezar tu propio negocio?
—Algún día —dije, incómoda de nuevo. No quería hablar sobre mis
sueños y esperanzas personales con él. Sobretodo de las cosas que no sé si algún día podré tener.
—Puedes empezar tu propio negocio contable. Te contrataré para que hagas los libros de mi compañía.
—Pasaré, gracias. — Por lo que sé, eso no sería una buena idea. Echar raíces arruinaría mi papel de "bajo perfil".
Me sonrió de vuelta y mi corazón cambió su latido drásticamente.
—La oferta sigue en pie. Eres bienvenida a poner tus manos en mis libros en cualquier momento. — De nuevo, la sangre se agolpa en mis mejillas.
Era increíble como él podía hacer algo tan benigno como la contabilidad en algo excitante. Me giré hacia mi bebida, un refrescante
mojito, y tomé un trago, sintiendo una repentina necesidad de valor
líquido. Sonrió y se inclinó hacia atrás, estudiándome como a un delicioso asado que estaba a punto de devorar. Su mano hacia un pequeño movimiento descuidado que me tenía encantada. Pero luego la sonrisa se desvaneció y sus hombros formaron una tensa línea.
Alguien se deslizó en la cabina a mi lado.
—Oh, Hola —dijo un hombre en una baja y reverberante voz que hizo se me pusiera la piel de gallina.
Eché un vistazo sorprendida, volviéndola rápidamente atrás
reflexivamente. La mandíbula de Naruto se apretó en una dura línea.
—¿Qué tenemos aquí? —El hombre me dio una pícara sonrisa,
mostrando unos grandes y sorprendentes dientes. Él tenía cabello rubio, salvaje y grueso que sobresalía de su cabeza, y una camisa de cuello alto arrugada colgada de su enorme figura. Había algo salvaje sobre él que no podía decir con seguridad, aunque reconocí la forma en la que sus
fosas nasales olfateaban el aire para capturar mi olor.
Cambiador.
Mi pulso latió en mis oídos y me tensé, pensando en Sakura. Mierda.
Mierda. Mierda. Este hombre podría ser un lobo, y por lo tanto peligroso.
El hombre inclinó su cabeza, la alocada sonrisa nunca dejó su rostro, sus ojos sobre Naruto.
—¿Quién es tu amiga? ¿Es de fuera de la ciudad?
Esperé, temerosa de respirar, para que él encontrara el olor de Sakura en mí. Para revelar mi secreto.
Los ojos de Naruto se estrecharon en una clara mirada de pocos amigos, a pesar de que la agradable sonrisa se mantuvo en su rostro.
—Vete, Atsui. Este es un asunto personal, no de la manada.
Atsui se inclinó aún más cerca de mí. Lo empujé, sin preocuparme en lo más mínimo por ser grosera.
—Aléjate de mí.
Sin inmutarse, Atsui agarró mi mano. Él me olfateó y sus ojos se
ampliaron. Miró de vuelta a Naruto con un gesto de complicidad.
—¿Ella no es una were en absoluto, no es así?
Tomé otro trago de mi mojito, el alivio enfrentando a la ansiedad.
Sakura estaba a salvo... pero ahora tenía toda una nueva serie de problemas.
Naruto se suponía que había estado saliendo con una sobrenatural a
través de la agencia, pero yo era normal. Esto seguro que iba a ir de
vuelta a mi jefa. Mierda.
Mientras bebía, Atsui se acercó y tocó mi oreja. Me sacudí bruscamente, derramando toda mi bebida sobre la mesa.
Naruto se acercó y arrancó la mano de Atsui de mí.
—Si la tocas de nuevo, romperé todos tus dedos —dijo con voz aburrida, pero sus ojos estaban chispeando con desagrado y enfado—. ¿Entendido?
—Tsk tsk —dijo Atsui en una burlona voz—. Es tonto molestarse por la
basura humana, Narutomaki.
Los ojos de Naruto se estrecharon en ranuras y podía sentir la rabia
irradiando de él.
Un movimiento en falso y estos dos pelearían. Naruto parecía listo para
destruir al hombre y Atsui no parecía tener una pizca de sentido en su
cuerpo. Él simplemente continuó sonriendo y mirándome, su mirada
moviéndose sobre mi cuello y mi cabello recogido como si quisiera
tocarme.
—Ella es linda para ser una normal, Naruto. Sin embargo, no es lo que yo llamaría tu tipo. —Me miró de arriba abajo una vez más, sus ojos un tanto interesados, luego devolvió sus ojos a Naruto—. ¿Así que dónde está Shion?
Tenía un nudo en mi estómago. Oh, Dios. ¿Naruto estaba involucrado con alguien? ¿O incluso casado?
—No lo sé, —dijo Naruto, sus palabras con un descuidado acento—. No
soy su guardián.
Verifiqué su dedo, ninguna señal de una línea de bronceado del
tamaño de un anillo. Bien. No que me importara, claro.
—Puedo ver que no soy deseado aquí. —Atsui se puso de pie y sonrió—. Sabes que no se supone que salgas con humanos. Creo que esa regla fue creada por tu propia pequeña Alianza. Es gracioso que seas él que rompe las reglas.
Naruto miró directo hacia mí y le respondió a Atsui.
—No es de tu incumbencia con quién salga. Cuando necesite el
permiso de alguien, lo pediré.
—Haz lo que quieras. —El cambiador hizo una mueca en mi
dirección—. Sin embargo, los otros van a encontrar esto muy
interesante. —Atsui me guiñó un ojo—. Nos vemos, pollo.
El silencio cayó mientras él se giraba y se iba. Naruto apretó sus manos,
observando a Atsui como si quisiera saltar y desgarrar la garganta del
tipo. El otro hombre no miró hacia atrás, mientras se tomaba su dulce
tiempo dando vueltas al otro lado del restaurante y desaparecer de la
vista. El mesero se detuvo para limpiar la mesa y dejarme una nueva
bebida. Naruto no dijo nada.
Fui la primera en romper el silencio. Había cientos de cosas sobre las que quería preguntar. Lo único que salió fue una pregunta con tono curioso.
—¿Pollo?
Naruto respondió a regañadientes.
—Pollo es el término de Atsui para los "naturales" — Hace un gesto con los dedos en el aire —. Le gusta decir que ellos saben a esa ave.
—Eso es bastante perturbador. — Bebo un poco más de mi bebida, como si eso pudiese disuadir el nudo en mi garganta y el rato amargo que acabo de pasar.
—Está tratando de ser duro. Su manada está llena de idiotas a quienes les gusta mangonear a tantas personas como pueden. Ellos se niegan a unirse a la Alianza.
Bueno, eso explicaba por qué ellos habían estado como perros y gatos.
También me hacía querer vomitar. Pensar que él había estado sentado
a mi lado... tratado de tocarme... pensar que él habría podido oler a
Sakura si no hubiese sido cuidadosa. Bebí un sorbo apresurado de mi mojito, mis manos temblando. Y luego me atoré, mi garganta demasiado apretada para tragar apropiadamente.
—¿Estás bien? —dijo Naruto, el acento retirándose de su voz—. Lo siento si él te asustó.
Sacudí mi cabeza.
—No, estoy bien. Mi bebida sólo fue por el camino equivocado. Así que — Aclaro mi garganta con un pequeño carraspeo —, ¿quién es Shion?
Suspiró.
—Mi ex —admitió—. No la he visto en meses.
—Las noticias deben viajar despacio. — Lo observo a través de mis gruesas pestañas.
—Sí. No hablamos mucho con la manada de lobos. —Él no parecía
querer extenderse en el tema.
Gracias a dios por eso. Mi cuerpo se tensa un poco al escuchar las ultimas palabras. Es una vieja costumbre de salir huyendo desde que escuchaba la frase "manada de lobos".
—¿Qué clase sobrenatural es Shion? ¿Were-mofeta? —pregunté, mi tono dulce. Trato de desviar un poco el tema.
Sus labios temblaron de risa.
—No, solo una were-puma que estuvo alrededor por mucho tiempo. ¿Nunca has salido con alguien así?
Le di una mirada.
—No puedo decir que mi pequeño libro negro está lleno de were-
pumas.
Se rió.
—Estoy deleitado de ser el primero.
Todo mi cuerpo se tensó. Pero eso era tonto. Naruto no podía saber que
era virgen.
—Antes de que lo olvide —dijo Naruto, sacando su billetera. La hojeó y luego me dio una pequeña tarjeta color salmón—. Firma esto.
—¿Qué es? —La tomé y la giré, leyendo. Un montón de pequeñas letras deslizaban a través de ella por ambos lados.
—Tu visa. —Ante mi mirada perpleja, me dio una sonrisa—. Dice que
estás legalmente aprobada para salir en la Alianza Paranormal.
Por lo que había escuchado, esta clase de permisos tardaban una
eternidad.
—Entonces, ¿por qué le dejaste creer a Atsui que yo no tenía una?
Levantó su bebida.
—Tal vez te quiera toda para mí.
Algo en mí burbujeó deliciosamente al escuchar sus palabras.
Varias bebidas y una comida deliciosa y normal más tarde, caminábamos fuera del restaurante, sonriendo. Apoyé mi mano en el hueco de su brazo, habiendo bebido lo suficiente, y tenido la suficiente conversación para permitírmelo.
Me encontré a mí misma demasiado a gusto junto a Naruto. Eso era un error de cabo a rabo, pero cuando me sonrió, me temblaron las rodillas, y más aún la resolución.
No paraba de repetirme que él era un ser sobrenatural. Eso significaba malas noticas para Sakura, y por lo tanto, para mí. Sencillamente era lo que debía evitar. Citas.
Naruto significaba Alianzas políticas, las cuales no podía ni siquiera comenzar a entender, enemigos mortales (con súperpoderes todos ellos, no bromeo), y todo tipo de problemas. Como humana al margen de estos
temas, sabía lo justo del funcionamiento de la Sociedad Secreta, pero
había niveles de los cuales no debería saber nada. Todo lo que sabía de él hasta ahora, era que se convertía en un voraz, puma come-hombres a la luz de la luna llena.
Sospechosa, miré hacia el cielo. No había una luna llena. Bien. Aunque Sakura no hacia esas cosas a la luz de la luna llena específicamente… Bueno…
Todo acerca del desarrollo de nuestra cita me dijo que huyese, y huyese muy rápido. Pero él era encantador, divertido, y muy, muy sexy. Escuchó todo lo que dije con una mirada interesada en su rostro. Podría hablar de los extraños planes de Mei en la oficina, y sabía que lo entendería, porque era parte de la Alianza. Se veía seductoramente libre, más aún cuando se rió de mis anécdotas. Sencillamente era perfecto. Todo en él me gustaba, y cada vez parecía gustarme más.
Además, aprendí un poco acerca de él. Naruto era el hijo mayor de su familia y tenía hermanos más jóvenes. Su padre murió cuando tenía dieciocho años, y su madre vivía en California con su segundo esposo, un were-león. Amaba a su clan. Era el jefe de la Alianza Paranormal (eso explica lo de la visa) y poseía una gran empresa de seguridad formado por cambiadores.
Él era... agradable. Me gustaba. Aunque no debería gustarme, tampoco. Sakura estaría en peligro si yo permitiese que mis sentimientos hacia alguien, especialmente un ser supernatural, se interpusiese entre nosotras. Yo era su escudo contra el mundo.
Perdida en mis pensamientos, yo estaba callada mientras salíamos del restaurante. Ninguno de los dos hablaba, pero él aún seguía sujetando mi brazo en el suyo, posesivamente. Había una parada de taxis bajando la calle, pero empezó a alejarse de la parada de taxis y se dirigió hacia el estacionamiento privado del restaurante. Ahí se disipó mi feliz y casi burbujeante humor. Me detuve.
—Me parece que es hora de volver a casa.
—¿Quieres ir a tomar una copa en alguna parte? —Su mano se deslizó por encima de mi hombro. Sujetándome de nuevo. Su mano era muy cálida y se sentía muy bien contra mi piel desnuda, pero yo no podía permitirme estas debilidades.
—No voy a ir a un hotel contigo.
Sus labios se torcieron.
—No voy mentir, me encantaría tenerte en mi cama. Pero estaba pensando más en la línea de tomar algo, una copa. O café, si lo prefieres.
Claro, y yo estaba tarareando un Hougaku.
—Nop, gracias. —Me aparté y me volví hacia la parada de taxis.
Cuando un coche se detuvo, Naruto me abrió la puerta.
Antes de que pudiera entrar, inesperadamente, él cerró la puerta. Irritada, le di un golpe en el brazo.
—¿Pero qué...?
—Shhh —dijo, volviéndose hacia mí. Tenía los ojos entrecerrados, como los de un gato, brillando en un color verde amarillento, reflejando la luz.
Lo miré con la boca abierta por la sorpresa. Parecía que estuviese olfateando el aire, como si buscase la ubicación de algo. Quería preguntarle qué le pasaba, pero me acordé de su petición de silencio, y decidí hacerle caso.
Él parpadeó y el brillo antinatural desapareció de sus ojos, volviendo sus pupilas a un tamaño normal, una vez más. Entonces me miró.
—No tomes el taxi.
—¿Por qué? —Observé el taxi que estaba a la espera, nerviosa.
Él tiró de mí hasta rodearme con un abrazo protector, arrastrándome hasta la acera.
—El conductor del taxi olía como... si estuviese borracho.
Al oírle hablar, me sonó a completo cuento. Me acordé de la forma en que sus ojos habían brillado, como si hubiera una presa para cazar.
—Uh-huh.
—Yo te llevaré a casa. ¿A cuánto queda de aquí? — Se precipitó y me acercó más a él.
—A más o menos veinte minutos —le dije.
—¿Vives con alguien más?
—Sí, con mi hermana —dije, volviendo la cautela—. ¿Por qué?
—Bien. —Me dio su teléfono—. Llámala y dile que llegarás en veinticinco minutos, y si no, que llame a la policía.
Eso parecía lo suficientemente seguro como para fiarme de él. Tomé su teléfono y marqué el número de mi casa. Sakura respondió al segundo tono. Podía oír su juego en la computadora de fondo.
—¿Hola?
—Soy yo —le dije, mirando a Naruto de reojo. Me miró con calma, con las manos en los bolsillos. Al menos, no parecía que me estuviese espiando—. Todavía estoy con el Sr. Namikaze. Me va a llevar a casa, llegaré en veinticinco minutos.
—Bien —dijo lentamente, no podía asegurar si había captado la ansiedad en mi tono. Tenía que contarle acerca del lobo que había visto esta noche, y las referencias veladas que le había hecho. Tal vez fuese necesario moverse de nuevo.
—Dile que si no estamos a tiempo, llame a la policía —dijo, probablemente malinterpretando mi silencio.
Lo repetí de nuevo en el teléfono, sintiéndome un poco como un bicho raro y excesivamente paranoica. En cambio él estaba tranquilo y relajado.
—Creo que no hace falta que te diga que Mei acaba de llamar y te ha dado instrucciones para después —dijo Sakura, recitando la excusa que habíamos acordado en caso de que la cita fuese mal y tuviese que salir huyendo rápidamente. Ella bajó la voz hasta el susurro—. Debe ser muy guapo.
Oh, señor. ¿Y si mi were-puma había oído eso? Le miré de reojo y vi como su boca se torcía en una sonrisa.
—Muy guapo. —Estuvo de acuerdo él.
Casi muero de vergüenza.
—Mira, veinticinco minutos, ¿de acuerdo? ¿Vas a estar atenta?
—Claro —aseguró, bostezando—. Voy a poner en marcha un reloj de arena, o algo por el estilo. Diviértanse, ustedes dos.
Colgué el teléfono y lo devolví, disgustada. Sakura no se lo estaba tomando en serio, y Naruto acababa de oír toda la conversación, gracias a su audición sobrenatural.
—Tenemos veinticinco minutos —anuncié.
—Sip —dijo—. Estaremos allí en quince.
—Estás muy seguro de ti mismo.
—Sí lo estoy —admitió—. Sé lo que quiero, y siempre lo consigo —dijo, mientras me traspasaba con la mirada.
Lo ignoré.
—Muy bien, entonces. Voy entrar en el coche cuando me digas lo que oliste ahí atrás.
Vaciló.
—Un cambiador. Sé que no quieres ser vista conmigo, así que pensé que sería mejor si te llevo en mi coche.
Eso tenía sentido, y me sentí aliviada de que él hubiese sido tan rápido para comprenderlo.
—Gracias.
Simplemente me sonrió.
El coche de Naruto era un Icona Vulcano de color rojo. Casi me derrito al verlo, y al valetparking le pasaba tres cuartos de lo mismo, con una expresión parecida a la mía, parecía reacio a entregarle las llaves del coche al dueño.
Pasé la mano por el techo mientras él abría la puerta para dejarme entrar. El interior era pequeño, pero elegante, justo lo que yo esperaba para este tipo de coche. Era increíble que un hombre alto como Naruto pudiese caber en ese coche. Miré el tamaño de los asientos. Eso me alivió un poco. Este coche era un seguro anti violaciones en las citas, sencillamente no había sitio suficiente para hacer nada.
Se deslizó en el coche junto a mí y se detuvo, los ojos brillando con ese color extraño de nuevo por un momento.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Negó con la cabeza.
—Nada, sólo soy un poco paranoico.
El regreso a casa fue muy breve. Yo había pensado no darle mi dirección, pero Sakura sabía que me estaba llevando de regreso, y teníamos su información en el archivo del trabajo. Si había una cosa que la Alianza no permitía, eran asesinos y delincuentes. Eran extremadamente cuidadosos para guardar las apariencias, y alguien que no podía seguir las reglas básicas de la sociedad normal se solía "desechar" muy fácil, y rápidamente.
Algo así como la mafia, pero un poco más peludo y con garras.
Unos quince minutos más tarde, nos detuvimos en la entrada de la pequeña casa que alquilábamos Sakura y yo en la periferia. Vi su figura en las cortinas mirando por la ventana. Vio el coche y levanté la mano para hacerle saber que era yo.
Ella asintió y cerró las cortinas de nuevo, dándonos privacidad a Naruto y a mí.
Yo quería quedarme con él durante unos minutos más, pero parte de mí estaba agitada. Mi mente estaba rumiando la aparición de Atsui esta noche, mis pensamientos estaban llenos de lobos y la seguridad de Sakura... y yo no podía dejar de pensar en la sonrisa de Naruto, y en como sus dedos habían acariciado mi mano antes.
Pero yo había aceptado mi rol de protectora hacia mi hermana hace mucho tiempo, y no había espacio para un hombre en mi vida, sobre todo uno con una cola.
Naruto me pasó un brazo por detrás de mis hombros y me tensé, pero él sólo agarró un mechón de cabello que se había escapado de mi moño. Con sus dedos rozando mi cuello en pequeños movimientos que enviaban escalofríos por toda mi espalda.
—Me lo he pasado maravillosamente esta noche —dijo.
Madre mía, él era increíble. Su cabello dorado brillante parecía negro como la tinta en la oscuridad excepto por algunos mechones que se reflejaban en la luz de un farol, con sus ojos centelleando en un increíble azul.
—Escucha, Naruto...
Puso un dedo sobre mi boca, silenciándome antes de que pudiera hablar.
—Shh —dijo, sin importarle en lo más mínimo mi enfado—. La semana es joven, Hinata. Aún queda un montón de tiempo. Tengo hasta el sábado antes de que las cosas se vuelvan desesperadas.
—No te entiendo.
Inclinó la cabeza, los ojos brillando en la luz de la luna.
—¿Eh?
—Llamas a la agencia y concretas una cita, cualquiera. Y cuando decides que no quieres salir con una arpía, un vampiro, un doppelganger, o cualquier otra cosa que pueda tener un historial, pides un sustituto. A mí. —Alcé mis manos en el aire en un gesto un poco histérico—. Y ahora estás diciendo que está bien, porque tenemos tiempo hasta el sábado. ¿Qué tiene que ver el sábado con todo esto? No entiendo absolutamente nada.
Me miró fijamente, y luego se echó a reír. Crucé los brazos sobre mi pecho, sintiéndome herida y avergonzada. Lo miro con ojos penetrantes esperando por una respuesta que me explique que causa tanta gracia, pero, al ver que no habla decido interrumpir su chiste.
—¿Qué es tan malditamente gracioso? — Mi voz es casi un gruñido.
—Pensé que lo sabías. Pensaba que alguien en la línea de tu trabajo adivinaría... —Sonrió y habló con un poco de ironía y diversión en su voz—. Tengo que decir que esto le da un nuevo matiz a la situación.
—¿De qué estás hablando? —Se apoyó en la cerca, con lo que mi pulso empezó a martillear. Me eché para atrás instintivamente.
—Voy a entrar en celo —dijo.
Narutomaki es un rollo de pescado, de ahi proviene el nombre Naruto. Sí, hice mucha investigación acerca de los nombres para esto. Si quieren el link de donde saqué esta información me avisan y se los mando. Es bastante bueno.
Hougaku es una especie de canción tradicional japonesa.
Wooo Naruto entrará en celo… Hmm… ¿cómo reaccionará Hinata ante esto? Supongo que pronto lo sabran jajaja.
Bien, aquí les traigo el segundo capítulo de esta hermosa historia. Espero que les haya gustado y que me dejen saber que les ha parecido. Personalmente estoy muy complacida con esto y mi inspiración está por los cielos con este fic. Espero que sea de su agrado y no duden en comentar con lo que sea que quieran poner. Acepto sugerencias, opiniones y preguntas.
Trataré de no tardar en actualizar para así no hacerlos desesperar. Gracias por leer y nos leemos en el próximo capítulo:D
