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Capitulo 3: Farkas

Farkas, en el fondo, siempre se había sentido inferior a sus compañeros.

Si, era algo ingenioso, pero Vilkas lo era más; Era fuerte, pero Skjor lo era más; Era rápido, pero Aela lo era más; Había luchado mil batallas, pero Kodlak había luchado muchas más.

Cuando Gabrielle Graywolf entro en Jorrvaskr, Farkas sintió curiosidad.

La había visto un par de veces al rededor de Carrera Blanca: trabajando con Adrienne, hablando con Ysolda e, incluso, visitando a Aela de vez en cuando, pero la curiosidad de Farkas, por más grande que fuera, tenía muchos límites.

"No soy un buen conversador, prueba hablar con mi hermano"

En la primera misión que compartieron (Y que le gano a Gabrielle su entrada al "Circulo"), el ambiente fue, por llamarlo de alguna manera, tenso.

Esto hasta que la Mano de Plata los encontró.

Cuando su último enemigo cayó al suelo, Farkas le presto atención a la agitada respiración y los rápidos latidos de la chica atrapada tras él. Se acerco a ella, con cuidado, buscando a su vez la forma de liberarla de la trampa en la que había caído. Esperaba temor, rechazo o, en el mejor de los casos, aversión...

Pero solo recibió una sonrisa.

A partir de ese momento, la relación entre ambos parecía haber evolucionado. Lo recordaba, sentado en la mesa tomando vino con Skjor burlándose de él.

"Tienes buenas historias, ¿Eh Skjor?" Le había dicho Graywolf mientras tomaba un poco de aguamiel "¿Porque no nos cuentas la de tu ojo? escuche que le diste a ese skeever una buena paliza"

Farkas atesoraría el furioso rostro de Skjor por toda la eternidad.

Cuando vio a Gabrielle transformarse por primera vez, el sentimiento fue similar al de la inferioridad; si bien, la casa Graywolf tenía un largo historial de licantropía, la forma en la que Gabrielle dominaba el poder del lobo era algo fuera de lo común.

Pero de eso ya había pasado bastante.

Farkas descansaba, recostado en la tumba de Ysgrammor, viendo como las últimas flamas azules desaparecían dentro del cáliz.

"¿Estás bien?" Le pregunto Gabrielle acuclillándose a su lado.

"Si, es solo... Que nunca me había sentido tan bien" Le sonrió "Ya no escucho los latidos de tu corazón"

"Pero yo aun escucho los tuyos" Ambos rieron. "¿Puedes levantarte?"

"No lo sé" Lo intento, pero cayó sin remedio, la joven loba comenzó a reír para, acto seguido, comenzar a curarlo.

"¿Siempre tendré que protegerte?"

"Disfrútalo mientras puedas, heraldo" Volvieron a reír.

Si Farkas fuese más observador, hubiese notado la silueta del amuleto con el brillo dorado de la magia, pero solo la veía a ella, no podía ver nada más.

"Heraldo, ¡Por Ysgrammor, Farkas! Sigo siendo Gabrielle"

"Lo se... Heraldo" Tomo su mano con cuidado, riendo, sintiendo sus fuerzas volver.

En estos momentos a Farkas poco le importaba el matrimonio; ahora se sentía humano, solo quería disfrutar el sentimiento de estar junto a ella, como el hombre que era.

Si alguna vez se percato del amuleto, solo los dioses lo saben.