Lamento mucho la larga espera, una disculpa no justifica mi tardanza. Muchas gracias por leer.
Once Upon A Time no es de mi propiedad.
3. Not A Fake Dream
-Idearemos un plan para encontrarlo, será nuestra operación secreta, encontraremos al autor de este libro y haremos un final feliz, para los dos. Para ti- La mujer sonrió con dulzura, lo arropo y deposito un beso en su frente. Se marcho de su cuarto. El mismo cuarto que había estado vacio por tanto tiempo y que ahora Henry ocupaba por gusto. Hacía tres días que el chico comenzaba a vivir de nuevo con ella y no parecía tener intenciones de irse y por supuesto Regina no tenía intenciones de dejarlo ir.
Hacía cuatro días que ella se recostaba sola en la habitación y que maldecía con rabia por sentirse tan débil. Tres días desde que su hijo estaba con ella. Dos días en el que escuchaba un mal consejo en su mente que llamaba con furia. Un día desde que decidió tomarlo.
Esa noche espero a que Henry se durmiera para tomar su abrigo negro y caminar hasta el hospital de la ciudad. En medio de la oscuridad escuchaba esa voz que la llamaba, no era su voz, estaba segura pero era tan embriagante y tentadora. Tenía sabor a magia oscura. –Él puede ayudarte a tenerlo, sólo una maldición más y ella se irá-
Henry estaba tratando de ayudar y no quería decepcionarlo pero quizá Sídney podía ser de ayuda. Así que bajó por las olvidadas escaleras del hospital hasta llegar a su celda. En medio de la oscuridad de la fría prisión una silueta descuidada comenzaba a moverse al sentir la presencia de alguien más.
-Mi reina…- Sus ojos lagañosos miraron con dificultad la luz que atravesaba la puerta. Luz que no había visto en un largo tiempo-¿En qué puedo servirle?-
-Destruiremos lo que se interponga en mi final feliz- Una sonrisa macabra apareció en los labios de la mujer y un rayo de esperanza en los ojos del hombre que anhelaba un poco de libertad.
-Estas evitándome de nuevo sabes- La voz atravesó sus oídos y de inmediato supo de quien se trataba, una pequeña sonrisa apareció en sus labios antes de voltear. El hombre miraba atento cada facción en su rostro.
-No te evito, trabajo en un caso, necesito encontrar al culpable de que mi auto casi chocara contra un poste- La tarde que estaba buscando a Henry su escarabajo había derrapado sobre hielo.
-Entonces te ayudare- Su sonrisa típica apareció de nuevo y Emma rodó los ojos de manera divertida. La mujer siguió inspeccionando el rastro de nieve hasta el bosque. –Así no podrás evitarme-
-Killian yo no…- Un suspiro escapo de sus labios pero no lo miro, siguió avanzando tras el rastro –No te evito sólo que es… complicado- Hook tomó el brazo de la rubia y la obligo a detenerse.
-Siempre es así- En medio de los arboles comenzó a escucharse las ramas rompiéndose. Mientras el sonido se comenzaba a alejar dando un punto a la conversación comenzaron a seguir el ruido del desastre. – ¿Es por Henry?-
El sonido se alejó por un instante de su mente, se detuvo y miró al pirata por un segundo. –Lo decepcione y… él tiene razón, lo arruine.-
-Bueno tú sigues siendo su heroína, la que vino a rescatarlo de la maldición de la reina malvada- Una sonrisa apareció en los labios del pirata pero al ver el modo en que la rubia lo observaba la borró de inmediato. – ¿Has hablado con ella?- Comenzaron a avanzar de nuevo en medio del ruido y del bosque.
-No, ella debe de querer destruirme aunque sea la última cosa que haga- Una sonrisa amarga se formó por el recuerdo. Habían avanzado tanto, tropiezos y golpes; peleas y sonrisas furtivas, pero ahora todo se resumía al hecho de que había robado su final feliz. Después de todo lo que habían enfrentado parecía que podían llevar una relación cordial con la madre de su hijo pero ahora estaban donde había empezado.
El ruido de pronto se detuvo y ambos hicieron lo mismo. Avanzaron un poco más y vieron los arboles destrozados por algo de proporciones gigantes.
Un sonido monstruoso acompañado de un aliento helado los hizo caer de frente. Al girar un monstruo helado estaba frente a ellos. Una flecha se incrusto en la pierna del monstruo, dándoles suficiente tiempo para levantarse y acercarse al salvador del momento.
-Puedo intentar distraerlo mientras tú lo derrites- La confianza que tenía Robín en ella era algo que ni siquiera la rubia podía entender.
-¿Derretirlo? Con… ¿Fuego?- Hook, Robín y Marian vieron a la salvadora como si de pronto ella hubiera perdido la razón.
-Magia- Hook sentencio. Emma asintió con la cabeza y se colocó en una posición alejada del resto. Otra flecha fue disparada por Robín y el monstruo comenzó a acercarse al trio que estaba en frente. Una enorme luz golpeo al gran monstruo de lleno, lo hizo tambalearse y se desplomo sin remedio. Había funcionado.
Poderosas estacas de hielo salieron de la espalda de aquel enemigo, lanzó sólo las suficientes para atrapar a Emma en contra de un árbol, atravesando su ropa mientras el frio hielo rozaba su piel.
-¡Emma!- El pirata no pudo evitar la desesperación, el monstruo giro y acertó un buen golpe que mando a volar por los aires a Hook. Robín se interpuso entre él y Marian, el hombre se golpeó contra un árbol al ser lanzado.
-¡Corre!- Emma grito por la impotencia. El monstruo se acercó de a poco a una indefensa Marian que apuntaba con una flecha, dicha arma fue lanzada justo en la frente de aquel muñeco de nieve, se incrusto y no dudo en rugir lanzando pequeños sedimentos de hielo que desplomaron a la mujer en el suelo.
En un instante todo aquel monstruo se transformó en un simple e inofensivo charco de agua mientras una luz roja brillaba en manos de Regina. La ingenuidad en los ojos de Marian apuntaba directamente a los marrones de su salvadora.
-Yo… Creo que me equivoque al juzgarte… Gracias- Marian bajo la mirada al terminar de hablar y Regina simplemente asintió sinceramente.
-Regina- La voz de la rubia la hizo voltear por un segundo a verla, al encontrar sus ojos simplemente una nube la hizo desaparecer de la vista de todos.
-¿Estas bien?- Un pirata preocupado se acercó a donde la rubia seguía atascada.
-Si yo… sólo ayúdame a romper este hielo-
-¿No quieres matarla?- El espejo le preguntó confundido.
-No, quiero que me ayudes en algo más- Tomó el libro entre sus manos y se lo mostro a Sídney -Vamos a cambiar lo que hay escrito en este libro y para ello tenemos que encontrar al autor-
-¿Quiere cambiar lo que está escrito su majestad?-
-No, quiero cambiar lo que va a escribirse, el final, mi final feliz- Una sonrisa apareció en los labios de Regina – Esta historia me hace ver como la villana, todo el peso del heroísmo hace que siempre salga perdiendo y vamos a cambiar eso-
La manija de la puerta giro sin ningún efecto, después una voz llamo al otro lado de la puerta. El rostro en el espejo se desvaneció de inmediato.
-Regina sé que estas adentro puedo ver la luz desde afuera, yo… sé que no estas de humor para mis disculpas pero quiero decirte que no tienes por qué pensar que no puedes ser feliz… tienes que creer que puedes porque… tú mereces ese final más que nadie.- Regina caminó hasta la puerta y recargo su frente contra esta, del otro lado el ruido de su voz se había detenido pero aún podía sentir la presencia de la rubia. Los minutos pasaron y pronto formo una hora, una hora en la que ninguna de las dos se movió. –Y yo voy a dártelo, Henry me trajo a este lugar para eso- Si las palabras de Emma no hubieran estado taladrando todo el tiempo la mente de Regina inevitablemente hubiera perdido el hilo de la conversación, pero ahí estaba ella prometiéndole algo que en realidad sabia eran sólo palabras al viento.
Al fin se había ido esa presencia. Se acercó al espejo una vez más pero esta vez no llamo a su asistente, simplemente se miró fijamente, las lágrimas habían marcado su camino y aun una resbalaba por su mejilla. No sabía en qué momento había comenzado a llorar pero cada vez que la rubia estaba cerca sentía una ira incontrolable. Nunca pensó que la historia con Snow se repetiría, nunca pensó que en realidad ella sería la que tomara su felicidad.
Emma tomaba una taza de chocolate caliente en una mesa apartada mientras llena el informe de lo que paso esa tarde, concentrada en sus papeles no sintió la presencia que se sentaba frente a ella hasta que rompió el silencio.
-Lo siento- La rubia miró aturdida hasta que se encontró con la pequeña voz y con una pequeña sonrisa de disculpas.
-Henry- Ella había decidido darle su espacio, después de todo sabía que estaba en buenas manos.
-No debí hablarte así hace unos días, estaba molesto porque creí que iba a perder a mi mamá, creí que se sumergiría en la oscuridad, que iba a ser la reina de nuevo y dejaría de ser ella. No es tu culpa- Emma le sonrió a su hijo.
-Temí haberte decepcionado a ti también- Tomo su pequeña mano y sonrió.
-Sabe que no es tu culpa- Negó tenuemente con la cabeza, sabía que no podía ser cien por ciento cierto, Regina culpaba a alguien de aquello… a ella.
-¿Quieres un poco de chocolate?-
-Mamá me espera para la cena- Sonrió y sin más el pequeño se fue.
Quizá ella no había intentado lo suficiente, ni siquiera habías conseguido una sola palabra por parte de Regina. Podía seguir intentando hasta que ella se hartara y terminara aunque seas mirándola para gritarle. Había pasado una hora afuera de su puerta sin saber que decir o que hacer, sabía que Regina estaba adentro y presentía que había escuchado cada palabra de aquella promesa que iba a cumplir costara lo que costara.
Al terminar de llenar el informe se dirigió a casa de sus padres, David había ayudado a Hook a liberarla de las estacas de hielo y Mary Margaret estaba tan preocupada que había treinta llamadas perdidas en su teléfono. Al llegar los brazos de Snow atraparon su cuerpo.
-Emma me alegra tanto que estés bien- En toda su vida nunca había tenido nadie a quien rendirle cuentas pero tampoco tenía nadie que se preocupara por ella, se sentía bien tener a alguien que la esperara en casa.
-Estoy bien sólo problemas con nieve- Sonrieron ambas y hablaron sobre lo ocurrido hasta la llegada de David. Después de pasarse parte de la noche hablando de historias del pasado en el bosque encantado ya entrada la noche se recostaron para caer en brazos de Morfeo. Snow y Charming fueron los primeros en caer pero la rubia sólo se recostó mirando al techo. Desde el día en que había vuelto del pasado la misma pesadilla venía a acecharla, ella ya era una persona grande pero la sensación de morir cada noche a manos de la reina malvada no era algo que disfrutara.
Mientras simplemente deseaba no dormir pensaba en que quizá las pesadillas se debían debido a algo que pocas veces había sentido… culpa. No era que se arrepentía de cosas como salvar la vida de Marian pero haber tomado la felicidad de Regina… ella daría lo que fuera porque hubiera podido salvar esa vida y poder dejar ser feliz a la madre de su hijo.
En medio de todos esos pensamientos, la oscuridad de la misma pesadilla la atrapo entre sus garras y como cada noche el sudor frio recorría su frente al despertar de ella. Su boca estaba seca y tenía un dolor mental que casi se sentía físico. Cinco en punto de la mañana como cada día, froto sus ojos y tomó un vaso de agua mientras frotaba sus ojos e intentaba despabilarse. Hoy iría a ver a Gold, esto no podía seguir así, algo le decía que había algo escondido en ese sueño.
-De nuevo sin poder dormir- David sonrió mientras podía un poco de café.
-Es muy temprano para estar despierto sabes-
-Tu hermano durmió tranquilamente pero creo que me acostumbre a dormir poco- Coloco dos tazas y comenzó poner un poco de azúcar en una de ellas. – ¿Me dirás de que va tu pesadilla?-
Soltó un suspiro y quiso dejar ir todo de una vez –Regina, bueno no ella sino la reina arrancando mi corazón pero es tan… real que duele- Froto lentamente sus hombros para tranquilizar a su hija.
-Es culpa- Se giró para ver directamente a su padre. – ¿Recuerdas lo que pasaba con tu madre después de lo que paso con Cora?- Ella asintió con la cabeza –Ella se sentía tan culpable que no dormía, no comía y no se levantaba de la cama, porque se sentía tan culpable de lo que había hecho, ella lo hizo porque pensó que era lo mejor, causo un dolor inmenso en Regina pero no sé qué hubiera pasado si ella hubiese conseguido el poder del oscuro. Tu salvaste una vida Emma nunca te arrepientas de ello-
-Gracias papá- Sus palabras llenaron el corazón del hombre – Quiero ir a ver a Gold para que me dé algo para apaciguar mi pena ¿Podrías…-
-Iré contigo en cuanto habrá la tienda- El hombre abrazo a su pequeña y ambos se sintieron en casa.
-Señorita Swan, se le está haciendo costumbre pasarse por mi tienda- El tono perspicaz del hechicero no se hizo esperar. Los Charming habían decidido venir un poco más tarde a la tienda de Gold debido a la necesidad de atender una emergencia.
-Quería que me ayudaras con un poco de magia- Una sonrisa apareció en los labios de Rumple.
-Creí que la que te ayudaba era Regina- Y ahí estaba él presionando la herida. – Pero bueno ¿quién te ha robado el sueño?- Sus ojos la miraron con desconfianza – No te alteres, esas ojeras me dan la razón, tienes una pesadilla todo el tiempo ¿cierto?- La rubia asintió – ¿Crees que es un presagio?- Padre e hija se quedaron sin palabras.
-¿Puedes sacar mi corazón?- Ante tal pregunta el interés del hombre aumento. Emma había sido tan directa como siempre.
-Puedo intentarlo- Una sonrisa siniestra apareció en sus labios. Toda esa magia en sus manos, podría incluso llenar cierto sombrero con tal poder.
El sonido de la campanilla de la puerta llamo la atención de todos, Henry y Regina habían llegado puntuales para no encontrar a nadie en la tienda.
-Emma, Abuelo y… ¿Abuelo? - A ninguno le pareció ponerse al mismo nivel pero lo dejaron pasar por un segundo.
-Henry que agradable sorpresa ¿Necesitan algo?- El oscuro pregunto.
-De hecho… Henry me dijo que podía trabajar contigo por las tarde así que vine a traerlo para su primer día- Regina fue la que contesto mientras sólo miraba a Rumple y trataba de ignorar a todos los demás.
-¿Henry podrías ayudarme barriendo un poco la parte de atrás de la tienda por favor?- El chico asintió.
-Pasare por ti más tarde ¿Esta bien?- Asintió de nuevo, se acercó a Emma que revolvió un poco su cabello y se marchó junto con una peculiar escoba.
Regina estaba dispuesta a marcharse pero el oscuro quería algo más.
-¿Podrías ayudarme con algo querida?- Regina se detuvo y lo miro con extrañeza –Sacare el corazón de la señorita Swan ¿podrías crear un escudo de seguridad mientras lo hago?-
-¿Qué te hace pensar que debería hacerlo?-
-Que quieres ayudar a un amigo- Palabras dichas como favor con favor. ¿Sacar el corazón de Emma? Por primera vez en su estadía poso sus ojos en la rubia que la estaba mirando desde el instante en que había entrado, después miro a David y dejo su mirada sobre él ¿Su padre consentía aquello? Qué clase de idiota permite que alguien como Gold se acerque a su hija.
-Por favor Regina- Esta vez fue David el que suplico. Emma simplemente no dijo nada. Sería un muy interesante experimento para ver después de todo.
-Hazlo rápido quieres- Accedió sin más y se colocó a un lado de Rumple, le pidió a David que se alejara un poco y una luz roja creo un cubo que encerró a los tres dentro.
-¿Lista señorita Swan?- Emma sentía un vacío en el estómago, no sabía si era porque estaba encerrada, porque sacarían su corazón o porque Regina estaba ahí. Asintió lentamente y todo paso tan rápido que ni ella lo entendió.
Regina estaba ayudando al oscuro a levantarse y David se acercaba a Emma para comprobar su estado. La luz cegadora que había salido de su pecho había lanzado a Rumple por los aires, detenido por el campo mágico, se levantó con un poco de dificultad y después de sacudirse un poco el traje recobro la compostura.
-Interesante… ¿Quieres intentarlo Regina?- La mujer rodo los ojos y salió rápidamente del lugar.
-Necesito hablar con ella- David asintió y Emma corrió tas la reina. -Regina espera- La mujer abría su auto y Emma colocó su mano en la puerta cerrándola. Unos ojos llenos de furia la miraron.
-Aléjate si no quieres que tome la recomendación de Gold, así que si me disculpa- Se dispuso a abrir de nuevo la puerta pero esta vez Emma la tomó por el brazo obligando a girarse.
-Si es lo que necesito para que puedas por lo menos mirarme hazlo- Una sonrisa oscura apareció en los labios de la morena. Coloco su mano sobre el pecho de la rubia y una pequeña descarga eléctrica.
-Si saco tu maldito corazón del pecho no podré contenerme- La respiración de Regina era acelerada, Emma podía sentirlo estaba tan llena de oscuridad. Un sólido empujón alejo a la rubia del auto y sin más se marchó del lugar dejando a una salvadora aturdida por sus palabras.
Muchas gracias por leer. Un review me haría sumamente feliz, son gratis y ayudan a mi creatividad. Gracias una vez más, nos leemos pronto ;)
