"Este es el camino que he decidido... Observando el cielo azul, olfateando cada flor de cerezo, recibiendo suaves caricias en mis heridas. Pero nada se compara con tenerte cerca, mi querida Kikyo."

Inuyasha caminaba entre el sotobosque, buscando a su amada. Sus pasos se guiaban por una serpiente caza almas, que lo invitaban al encuentro con su querida Kikyo. Pensando, miraba sus manos en un intento de controlar sus palabras. Sus ojos ambar volvían el tiempo atrás, jugando con sus ideas acerca de volver humana a Kikyo. Pensando en volver a su deseo inicial en convertirse en humano. "Pero, si me convierto en humano, no podré protegerla. Tampoco protegeré a Kagome. Es mi deber, tengo que protegerlas a las dos." Pensaba. La imagen de una joven con ropa de colegiala vino a su mente. ¿Que le diría a su joven acompañante? Inuyasha podía saber la respuesta, pensando que ella estaría feliz por ellos. Su amor por el había hecho que su felicidad fuera la de ella, y viceversa.

En un claro iluminado por la luz del atardecer, Kikyo se encontraba acariciando el árbol sagrado. Inuyasha caminó lentamente hacia ella, observando como ella no ha cambiado con el paso del tiempo. Su piel de color marfil se veía suave como la recordaba en su vida pasada, su largo cabello seguía teniendo su brillo inusual. Kikyo al escuchar los pasos del Hanyou se volteó lentamente. Inuyasha miró sorprendido el rostro de su sacerdotisa.

La mirada fría había desaparecido por completo, ahora sentía como si estuviera viendo a Kagome en un traje de sacerdotisa, si no fuera por el distinto cabello. Sus ojos abiertos a causa de la felicidad mostraban un brillo que hace tiempo no había estado allí. Sus mejillas estaban ligeramente levantadas por una sonrisa, que formaban sus labios del color de las rosas. Se acercó al Hanyou, que la miraba sorprendido.

KIKYO - Veo que, por fin ha muerto. - Dijo, con una sonrisa aun mas grande.

Inuyasha comenzó a sonreír también, sintiendo una picazón en sus ojos. De la nada tomó a la sacerdotisa en sus brazos, abrazándola fuertemente. Las lagrimas corrieron por sus mejillas, que tanto esfuerzo tuvo que hacer para contenerlas. ¡A la mierda el orgullo! Gritó en su interior. El hanyou sintió como los dulces brazos de Kikyo se aferraban también a su cuerpo.

INUYASHA - Por fin podemos ser libres. - Cerró sus ojos, abrazándola mas fuerte. - No importa lo demás, quiero estar contigo desde ahora.

Kikyo al oír esas palabras soltó una risita, separándose suavemente de Inuyasha. Lo miro con tranquilidad y comprensión. Tomó las manos del Hanyou y las sostuvo en su pecho, el rostro del joven comenzó a ruborizarse.

KIKYO - Tienes que hacer algo por mi, Inuyasha. - El nombrado asintió. - Debes esperarme un poco de tiempo, antes de que pueda estar contigo debo hacer algo.

INUYASHA - Pero ya no corremos peligro alguno, Kikyo. ¿Que es tan importante si te tienes que ir? Iremos contigo. - Dijo el, intentando acercarse de nuevo a la joven miko.

Esta acercó sus labios a los de el, besándolos una sola vez. Al terminar miró a su querido Hanyou, sonriendo.

KIKYO - Es una sorpresa, debes esperar con mi hermana Kaede. - se volteó y caminó, alejándose del árbol sagrado. Volteó hacia donde estaba Inuyasha y suspiro, mostrando otra sonrisa. - Volveré, lo prometo. Cuida a los demás en mi ausencia.

Se desvaneció entre los arboles con sus fieles serpientes.

*...*

SHIPPO - ¿Donde estará Inuyasha? - Dijo, intentando formular cada palabra bien a causa de toda la comida que tenía en su boca.

SANGO - De seguro fue a buscar alimentos para el viaje de mañana. Oh, cierto que ya no tenemos razones para viajar... - Susurró, sus ojos se centraban en el tazón de comida que tenía en sus manos.

MIROKU - Voy a extrañar estos viajes, sobre todo la comida que prepara la señorita Kagome. - El monje dio un bocado a un panecillo. Miraba el cielo estrellado desde la entrada de la cabaña.

Los tres estaban sentados en la entrada de la cabaña que habían construido los aldeanos para los viajeros, que era grande y con todas sus comodidades. Comían lo que les había dejado la miko del futuro preparado, argumentando que quería darse un baño de agua fría. Comían platicando, haciendo chistes y jugando con Kirara. Parecían realmente felices, en especial Sango.

Mientras tanto, Kagome se había alejado hacia el río cercano. Su mente estaba revuelta en un manojo de enredos que quería apaciguar al menos con el frío que regalaba el río, tranquilo y callado. Caminaba lentamente quitandose la ropa a su paso, doblandola y dejándola a la orilla. Se tiró de cabeza, haciéndole caso omiso a su piel que comenzaba a ponerse de gallina. Al nadar bajo el agua, razonaba todo lo que había pasado en ese día. La batalla contra Naraku, la alianza de Kagura para poder liberarse completamente, La muerte del mismo enemigo... El regreso de Kikyo y Inuyasha corriendo a su encuentro.

"Era sabido, Inuyasha correría a los brazos de Kikyo una vez terminada la batalla. Recuerdo, recuerdo el día en que lo conocí. El había intentado matarme... Desde ese momento comenzábamos a llevarnos bien... ¿Quien lo diría? Tengo los mejores amigos del mundo en esta época y se que pronto tendré que irme de aquí... No quiero irme, quiero seguir viviendo aquí un poco mas..." Pensaba, con una mueca de tristeza en su rostro húmedo. Siguió nadando hasta que comenzó a flotar a la deriva, dejando que el agua haga efecto. Abrió sus ojos, encontrándose con el campo de estrellas luminosas en el cielo nocturno. "Al menos... Quisiera permanecer a tu lado, Inuyasha." Suspiró, hundió su cabeza en el agua y continuó nadando hacia la orilla donde yacía su ropa.

A metros de donde ella se vestía, sintió la presencia de un Daiyokai conocido. Al terminar de vestirse se giró viendo a un gran demonio de cabellera plateada, ojos dorados y una luna creciente tatuada en su frente. Estaba apoyado en un árbol, mirándola de reojo. Su rostro era una mascara de carácter frío e indiferente. Kagome, tomando su mochila en sus hombros, suspiró y se encaminó hacia el Yokai, sonriendo levemente.

KAGOME - Sesshomaru-sama, ¿Ha venido para ver a Rin-chan? - Preguntó, haciendo una pequeña reverencia.

Sesshomaru cerró los ojos, respirando hondo.

SESSHOMARU - No hace falta que me digas de esa manera. ¿El tiempo que hemos estado juntos luchando no te ha dado confianza, humana? - Dijo, en un tono suave y desinteresado.

KAGOME - No eres de hablar mucho... ¿En serio estas en tregua con nosotros? - Preguntó, sorprendida. El Yokai no era de hablar con humanos menos con ella, una simple humana compañera de su odioso hermano. Observó a Sesshumaru asentir, como si realmente no le interesara en absoluto. La miko del futuro suspiró, dejando ver una sonrisa tranquilizadora.

SESSHOMARU - Como sea, solo vine a saludar a Rin. - Dijo, irguiéndose y volteando hacia otro lado. - ¿Tu que harás?

Kagome se sorprendió, mirándolo con ojos bien abiertos. La pregunta la había tomado desprevenida. "El... me preguntó... ¿Que haré?" pensaba, se dio cuenta de que su trabajo ya estaba hecho. "Supongo que... mi trabajo esta hecho aquí. Me pregunto que pasará si cruzo el pozo otra vez... ¿Podré volver a esta época?" Se preguntaba, confusa y triste. Miró hacia la presencia del Daiyokai que aguardaba una respuesta, mirándola de reojo.

KAGOME - Todavía no lo sé, quiero quedarme un poco más en esta epoca. - Suspiró otra vez, mirandolo con expresión dolida.

Sesshomaru escuchaba cada palabra que decía con interés. Antes de irse de la aldea, pudo ver a su odioso hermano con la sacerdotisa de barro, abrazándose y besándose. No se había quedado mucho tiempo, tenía que ver a Rin. Pero la escena de ellos dos quedó en su memoria y la ató con las palabras tristes de la miko del futuro. Se retiró sin saludarla, desapareciendo del bosque. Ya nada tenía que hacer allí, a el no le interesaba esos sentimientos de niños.

Ella volvió a quedarse sola, dispuesta a regresar a la aldea.

De pronto, todo pasó muy rápido.

Unas garras tomaron los brazos y tapando la boca de la chica, impidiendo que esta gritara. Kagome presa del pánico comenzó a patear hacia todas las direcciones, forcejear con sus brazos y mover la cabeza descontrolada. El ser que la sostenía apretó mucho mas las garras y así la dejó inconsciente, deteniendo el forcejeo de su cuerpo. El ser miró con sus ojos completamente rojos y brillantes el cuerpo inconsciente de la chica, sonriendo maliciosamente mientras soltaba sus alas para volar a lo lejos. El Yokai que devora almas puras había elegido a su presa.

*...*

MIROKU - Inuyasha, que alegría verte de nuevo. - Dijo con la voz cálida, sosteniendo a Sango por la cintura.

Inuyasha asintió mientras buscaba algo, o mas bien a alguien con la mirada. Al no encontrarla ni percibir su olor en su rostro la preocupación reinó.

INUYASHA - ¿A donde ha ido Kagome?

SANGO - Pensamos que estaba contigo. ¿Entonces a donde has ido tu? - Preguntaba, con el ceño fruncido a causa de volver a ver a la sacerdotisa de barro.

El hanyou frunció el ceño mientras cerraba sus ojos.

INUYASHA - Eso es algo que no les importa... - La lluvia comenzó a caer en su rostro. - Genial, esto dificultará mas que la encuentre.

MIROKU - Si es por lo que creo que es, la señorita Kagome se ha ido a relajarse. - El monje golpeó la cabeza del híbrido, haciendo que este se cayera al suelo. - Debes respetar mas a las mujeres, picarón.

Y así, los tres juntos se adentraron a la cabaña. Si algo sabían confiados es que Kagome estaba en su época descansando.

*...*

ALDEANO - Tiene que ayudarnos, por favor. - Suplicaba un anciano hacia una figura que estaba a sus ojos. - Ese Yokai se ha devorado a casi todas las vírgenes de nuestra aldea.

¿? - Me temo que eso no es de mi incumbencia, anciano. - Dijo el hombre, dándose la vuelta para marcharse.

ALDEANO - Le juro que le pagaremos bien, nuestro terrateniente es generoso cuando se trata de recompensas. - Suplicaba.

El hombre detuvo su andar, girando su cabeza. Una mirada azulina brilló cuando su sonrisa llena de malicia recorrió su rostro.

¿? - Entonces dígame, ¿Qué forma tiene ese monstruo?