Chapter 3
Parecía que los hermanos se habían puesto de acuerdo incluso para la hora de levantarse y abrir las puertas de sus respectivas habitaciones. Allí estaban, uno frente a otro, ambos sin gafas, con el pelo revuelto, cara de no haber dormido y una evidente expresión de arrepentimiento en sus rostros.
Este momento, en el que ambos se encontraron de frente, fue tremendamente incómodo para Dave, el cual volvió el rostro hacia el suelo y echó a andar hacia el pasillo con paso firme y el cuerpo rígido. Ya no era lo que había presenciado ayer su primera preocupación, si no lo que había hecho aquella misma noche con lo que vieron sus ojos…
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Hacía calor, aquellas sábanas no olían a él, la almohada estaba dura y aún tenía el ceño fruncido por todo lo que había pasado aquella noche: obviamente Dave no estaba en condiciones para conciliar el sueño.
Hacía rato desde que los pasos de Dirk habían vuelto a su habitación y probablemente él ya estuviese dormido como un tronco, sin remordimientos o preocupaciones, mientras el menor daba vueltas en la cama (o eso pensaba Dave).
Su mente volvió a hacerle retroceder en el tiempo, volvió a llevarlo al pasillo, justo tras la puerta del salón, lugar donde estaba desatándose una escena muy subida de tono. Volvió a ver a Jake besando a su hermano.
Su hermano...
Su hermano medio desnudo, con la camisa, desabrochada, a medio caer por sus musculosos brazos, dejando también ver su abdomen, trabajado y totalmente firme.
Su hermano, con sus cabellos dorados alborotados y sus electrizantes ojos ambarinos entrecerrados, en una expresión placentera y lujuriosa.
Su hermano, con los pantalones desabrochados y un endurecido bulto en su…
— Oh, Dios mío… — susurró Dave entre dientes al pensar en aquello último, cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior después. Pero pronto sus ojos se abrieron desmesuradamente y se revolvió en la cama para incorporarse cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer.
— Qué… Qué cojones he…
Sus ojos bermejos se clavaron en las sábanas y sus dos manos volaron hasta su cabeza para peinar sus cabellos hacia atrás. De repente un jadeo se atascó en su garganta cuando intentó volver a moverse, dispuesto a salir de la cama para que le diese el aire. Un doloroso pinchazo estaba torturando su… ¿vientre? No, más abajo, un poco más. Ahora sus manos bajaron hasta su entrepierna, cubriéndola, como si intentasen protegerla.
No podía creer lo que le estaba pasando, no podía creerse que se hubiese excitado al pensar en aquella imagen de su hermano. Y como no podía creérselo, intentó engañarse. "Hace mucho que no echo un polvo", "La noche está calurosa", "Dirk se parece a mi, y yo estoy tremendo. Pongo a cualquiera, hasta a mí mismo", y así es como intentaba huir de lo evidente. Sin embargo, encontrar razones por las que había pasado aquello no iba a hacer que el problema desapareciese, de alguna forma tendría que arreglarlo.
Dave estuvo minutos inmóvil, incorporado, mirando su propia entrepierna, dudando en si debería o no hacerlo. Pero una parte de su cerebro, retorcida, le recordó aquel momento en el que a Dirk se le escapó un delicioso jadeo. Esto hizo que Dave resoplase, ahora más acalorado que antes y, tras soltar una palabra malsonante, metiese una de sus manos bajo su ropa interior.
Emitió un pequeño quejido cuando su dureza entró en contacto con el aire y su vientre se contrajo cuando movió por primera vez su mano sobre su miembro hacia atrás. Un suspiro salió de forma entrecortada cuando el vaivén de su mano comenzó a hacer que el líquido que expulsaba su miembro lubricase el susodicho. La masturbación comenzó a ser realmente placentera; con el estrés que había estado sufriendo durante la gira no había tenido tiempo ni oportunidad de atender sus necesidades como le hubiese gustado.
Llevó su mano libre hasta su boca, queriendo insonorizar los gemidos y jadeos que comenzaban a salir de ella. Sus mejillas y orejas comenzaron a entrar en un estado incandescente y un calor abrasador comenzó a descender por su bajo vientre, lo que hizo que el rubio acelerase el ritmo con el que aliviaba su miembro. Su vientre comenzó a contraerse con más brusquedad a cada movimiento de su mano y algunos de sus gemidos empezaron a estar huecos, sin aire alguno. Finalmente, llegó el éxtasis y, con él, un gemido prolongado que solo conseguiría callar de forma gradual.
Expulsada su semilla, Dave se dejó caer hacia atrás en el colchón y se pasó el antebrazo por su rostro, tapando su cara aún acalorada, mientras intentaba calmar su respiración y que dejasen de escapar de entre sus labios jadeos sin aliento.
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Se había pasado todo el camino hasta la cocina pensando en aquello, en lo mucho que se arrepentía de haberlo hecho pensando en su hermano y en lo raro que había sido y en cómo podría mirarle ahora a la cara. Estaba totalmente descolocado y no sabía de dónde había sacado el zumo de manzana que tenía ahora en una de sus manos. Sus ojos, aún bastante abiertos, estaban fijos en la encimera que tenía justo delante.
Fue entonces cuando Dirk entró en la cocina también. Su preocupación, al igual que la de Dave, también estaba centrada en su hermano. Aún no sabía si el menor mentía o no cuando aseguraba no haber visto u oído lo que sea que estuviese pasando en aquel piso y, además de aquello, se sentía mal por no haber recibido a su hermano como le hubiese gustado.
Estuvo un buen rato allí parado, siendo consciente de que Dave estaba en su puto mundo y no había reparado en su presencia. Una vez se hubo decidido, se echó a andar en dirección al menor, intentando que siguiese sin darse cuenta de que estaba tras él, porque si lo hacía sabía perfectamente que huiría como una jodida liebre. Cuando llegó a su espalda, rodeó con sus brazos el abdomen del menor, y aquí fue donde se fijó en cómo había crecido realmente: antes solía sacarle cabeza y media y ahora tenía su coronilla a la altura de su nariz. Aprovechando esto último, dejó su barbilla clavada sobre su cabeza, la cual tuvo que alzar un poco.
— Das mucho trabajo y puedes llegar a ser un coñazo de hermano, pero he de admitir que te eché de menos — confesó el mayor de los Strider, con el mismo tono indiferente con el que podría hablarle sobre, por ejemplo, un partido de futbol.
Si Dave ya estaba completamente tenso e incómodo cuando sintió al mayor pegado a él y rodeándole con los brazos, ahora que había dicho lo que tenía tantas ganas de oír, tardó más aún en reaccionar y recuperar el aire. Finalmente el menor soltó el zumo de naranja que tenía en una de sus manos y alzó ambos brazos, moviéndolos para intentar zafarse del abrazo de su hermano. Con los nervios crispados, le apartó dándole un indoloro pero efectivo codazo en el pecho y se volvió hacia él.
— Joder, Bro. ¿Por qué tienes que hacer siempre estas cosas tan vergonzosas? No soy un puto crío, tengo una edad, y no necesito que me hagas carantoñas. ¡Así que ya vale! — replicó de forma atropellada, queriendo empezar una frase cuando aún no había terminado la anterior.
Dave parecía no ser consciente de ello, pero un leve rubor había salpicado sus mejillas y Dirk se había fijado inevitablemente en ellas, pero intentó reprimir una sonrisa victoriosa… cosa que no consiguió.
— ¿Y ahora por qué coño sonríes?
— Dave, no llevas las gafas puestas.
— ¿Qué quieres decir con que no llevo las gaf-… — su pregunta quedó inacabada cuando se llevó las manos a la cara y, en lugar de encontrar una gafas de sol que escondiesen sus ojos y parte de sus pómulos, encontró unas mejillas que ardían bajo las yemas de sus dedos.
— Que te follen, Dirk.
— Yo también te quiero, hermanito — se burló el mayor mientras se subía a la encimera y se hacía con el zumo de manzana que tenía antes el menor.
— CÁLLATE — ordenó el otro mientras salía de la cocina entre maldiciones.
