Mi casa es su casa
Capítulo 3.
Kurt miró su reloj otra vez y se maldijo por no haberle pedido a Blaine su número. ¿Así eran las citas en los noventas? Apestaba. La multitud en el teatro estaba empezando a desaparecer y Kurt escuchó que una campana sonaba en el interior.
Sólo unos minutos más. Ya va a llegar.
Oh, Dios. ¿Y si le había pasado algo malo? ¿Y si pasaba como en esa película con Cary Grant? ¿Y si en unos cuantos años Kurt le compraba un cuadro y lo encontraba paralizado en un sofá? Eso- Eso sería genial, de hecho. Bueno, tal vez no para Blaine pero Kurt podría apreciar el melodrama de la situación.
Se obligó a regresar a la realidad. No, Blaine simplemente había decidido no ir. Eso era todo.
Sus ojos se llenaron con un líquido caliente y parpadeó para deshacerse de él. No era tan patético como para quedarse afuera, sosteniendo dos boletos en su mano mientras sollozaba. Tenía algo de orgullo. Dio media vuelta y con la cabeza en alto entró con paso firme en el teatro. Ya que estaba ahí, bien podía entrar a ver la obra. Por lo menos le serviría para matar el tiempo hasta que pudiera regresar a su departamento, Karofsky iba a estar ahí hasta las 2am. Aggg, Kurt en serio no quería saber nada de eso. Iugh. Casi podía escuchar que el saxofón porno de los 70's empezaba a hacer efecto.
Después de sentarse en su lugar, Kurt trató de despejar su mente y concentrarse en lo que estaba pasando en el escenario.
Y trató, y trató.
¿$30 dólares por esto? La mujer que hacía de Eva Perón irrumpió en el escenario, histérica y con una voz chillona. Supuso que había algunos diálogos concisos en algún lugar, pero los pronunciaba con tal presunción que decidió contemplar mejor la escenografía. Ingeniosa. Me pregunto si las columnas se moverán. ¡Oh, vaya! ¡Se mueven! Es fantástico. Oh, aquí viene la mesa corrediza-
Kurt sintió que lo observaban y volteó hacia un lado donde una pareja lo veía fijamente y le sonreía con compasión. Nadie venía a ver esta obra sin compañía y decidía quedarse. Oh, Dios. Les sonrió forzadamente y regresó su vista al escenario.
"Psst " Susurró una voz.
Kurt apretó los dientes y trató de ignorar el sonido. Esto no estaba pasando.
"Psst ¡Oye!"
Respiró profundo y volteó a ver a quien lo estaba acosando, obligándose a sonreír. "¿Si?"
"¿Viniste tú solo?" Le preguntó la mujer ladeando la cabeza.
"Em, sí. Sí". Kurt se encogió de hombros. Gracias por señalar lo obvio. Genial. Tal vez podían hacer que el Che en el escenario cantara sobre eso o algo así.
"Es una lástima. ¿No es una lástima, Phillip?" Volteó a ver al hombre que estaba sentado junto a ella y le dio un golpecito a sus nudillos. "Un joven tan encantador como él, aquí solo". Dio un saltito en su asiento con emoción. "¡Oh, tenemos una hija de tu edad!"
Kurt abrió los ojos y cruzó la mirada con Phillip, quien discretamente observó la corbata color rosa encendido de Kurt y arqueó las cejas. "¡Oh! Gracias por la oferta, pero em- yo- ¡Gracias!"
La mujer se inclinó hacia él y frotó su hombro. "¡No tienes nada qué agradecer! ¡Toma!" Buscó en su bolso y sacó una pequeña tarjeta de color blanco. "Este es su número. Llámala, ¿sí? Un joven tan agradable como tú. Es una pena, ¿o no, Phillip?"
"De verdad que es una pena, Velma", dijo Phillip con indiferencia.
Kurt sonrió con educación y tomó la tarjeta, guardándola en un bolsillo de su chaqueta. "Gracias".
"¡Shhh!" Siseó un hombre en la fila de enfrente. Kurt y la mujer intercambiaron una mirada divertida y se hundieron en sus asientos.
"¿No tiene algo para él?" le susurró Kurt descaradamente.
Ella fingió que buscaba en su bolsa. "Tal vez algo de Valium…"
"¿Podrían callarse?" Les dijo con brusquedad el hombre de enfrente, volteando en su asiento. "Algunos de nosotros venimos aquí a ver la maldita obra".
"¡Oooh!" Le contestó la mujer sarcásticamente. "Perdooon". Le guiñó un ojo a Kurt. "Platicamos después, dulzura".
Kurt asintió y trató de concentrarse en lo que fuera que estaba viendo. Dios, se había perdido. En el escenario estaban cantando sobre Des Camisados o algo así. Kurt tarareó la melodía, recordó esa parte porque había pausado el celestial rostro de Antonio Banderas muchas veces mientras despotricaba en esta parte. Sin embargo esta producción carecía severamente de Antonio, así que su atención divagó una vez más.
Si Blaine no quería acompañarlo pudo simplemente decírselo.
¡No! Deja de pensar en Blaine. Mira la obra.
¿Cuánto tiempo iba a estar bajo el dominio de Karofsky?
¡Argh! Obra. ¡Obra!
Pero Blaine no era así. Blaine era dulce y considerado. Demonios, hasta recordaba qué tipo de café le gustaba a Kurt. Ni siquiera Brittany podía recordarlo y eso que ese era su trabajo.
Kurt había pensado que últimamente eran más cercanos; había pensado que tal vez Blaine estaba un poco interesado. ¿Cómo podía haberse equivocado tanto?
Kurt pasó el resto de la obra imaginando escenarios que hubieran impedido que Blaine llegara al teatro. Disfrutó particularmente uno en el que una pila de diez autos aplastaba el Mercedes de Karofsky. Cuando la gente empezó a aplaudir cortésmente al término de la obra, un desconcertado Kurt parpadeó lentamente y luego se les unió.
Se despidió rápidamente de Phillip y Velma, y casi salió disparado del teatro antes de que ella lo invitara a casa de su hija para que pudieran darse a la fuga y casarse. Cuando llegó a la acera, sacó su celular de la chaqueta y buscó en sus contactos.
"¡Mercedes!" Gritó Kurt por el celular mientras la multitud lo empujaba, "¿Estás-?"
"¡Kurt, lo lamento pero estoy a punto de salir!" Kurt escuchó a Tina riéndose de fondo y pidiéndole que se apresurara. "¿Te puedo llamar mañana?"
"¡Claro!" Kurt repasó a sus amigos en su mente. "En-Entonces hablamos mañana".
Colgó y guardó el celular de nuevo en su bolsillo con un suspiro. ¡Se supone que iba a estar con Blaine en ese momento! Se supone que tímidamente iba a sugerir que tomaran un café en un encantador lugar a la vuelta de la esquina, mientras los ojos color miel de Blaine se iluminaban con interés. Iban a platicar hasta la madrugada y luego a caminar de regreso a casa, arrastrando los pies y lanzándose miradas de complicidad mientras se acercaban a donde vivía Blaine. Kurt iba a hacer como que ya se iba y luego Blaine lo iba a tomar del brazo, pidiéndole que no se fuera con dulzura. Luego se iba a inclinar hacia adelante y-
¡Ya se había cansado! Mañana iba a desinstalar Window instalar Vista. Que Blaine lidiara con esa abominación.
Vagó por las calles durante horas, pasó el tiempo jugando Angry Birds en una pequeña y triste pizzería mientras el dueño le lanzaba miradas hostiles; mezclándose con ebrios turistas británicos en un mugriento bar del que lo echaron luego de unos minutos de haber pedido una soda y, luego, finalmente, se fue a su casa enfurruñado.
A las 2:13 am, Kurt empezó a subir las escaleras hacia su departamento. Ni siquiera le importaba si Karofsky y quien fuera seguían ahí. Simplemente se metería en la cama junto a ellos y les pediría que no hicieran mucho ruido, después lloraría hasta quedarse dormido como la inmadura adolescente que era.
Pero parecía que estaba vacío. Y no le llegó el esperado olor a Eau de Zorra. Bien. Lo último que el ego de Kurt necesitaba esa noche era a Dave Karofsky respirándole sobre la nuca.
Lanzó su abrigo sobre la silla más cercana y se dirigió a la habitación, preparándose para lo peor. Todavía tenía pesadillas sobre la vez que tuvo que desamarrar a Finn de los postes de la cama. Berry de contabilidad sí que tenía obsesión por el control.
Vacío. Y Karofsky incluso había recordado quitar las sábanas. Kurt las quemaría al día siguiente. Pero ahora, lo único que quería era hacerse bolita, al diablo su rutina de cuidado de la piel.
Sacó unas cobijas de su armario, cubrió con ellas el colchón y se desvistió rápidamente, dejando la ropa a sus pies. Kurt se metió debajo de las cobijas y se cubrió con ellas hasta la barbilla tratando de olvidarse de unos ojos color miel.
Ow.
Se movió y algo se enterró en su espalda de nuevo, Kurt se sentó y encendió la lámpara en la mesa de noche.
Alguna estúpida arracada de esa tienda en línea, QVC, sin duda. Kurt suspiró al tiempo que lo ponía en la palma de su mano, luego acercó el objeto culpable a su rostro.
Y de inmediato sintió algo horrible en el estómago cuando estiró los dedos y reveló un conocido collar con un dije en forma de trébol.
Nota: Espero que les haya gustado este capítulo, aunque... Pobre Kurt :(
¡Que tengan un excelente día! Nos leemos pronto :)
