CAPÍTULO 3: Guerrero sol. ¿Un príncipe?

Eran las diez de la noche pasadas. Las muchachas caminaban con nerviosismo hacia el templo de Ray, su centro de operaciones (Mauricio ya no trabajaba en el local de videojuegos y este lo habían cerrado hacía unos meses para convertirlo en una tienda de esoterismo, muy visitada por las Sailors).

Por regla general, las reuniones eran a las cinco de la tarde más o menos, pero en esta ocasión se trataba de una reunión de emergencia y no podía faltar ninguna guerrera. Tenían muchas preguntas que hacerle a Luna sobre esos misteriosos guerreros que usaban sus mismos nombres (exceptuando Guerrero Sol, claro). La gata se había negado a decirles nada antes de la reunión y las dudas roían a las jóvenes por dentro.

- Luna, ¿quiénes eran esos guerreros?.- preguntó Raquel, muy seria.

Luna y Artemís se miraron. ¿Debían contárselo?

- Artemís, ¿qué está pasando?.- intervino Vicki.- Creía que ya recordábamos todo lo acontecido en la Luna, pero está claro que no es así. ¿Quiénes eran los guerreros de esta mañana? ¿Son amigos o enemigos? ¿De dónde han venido? ¿Qué significan que estén aquí? ¿Y qué fue lo que le pasó a Tim? ¿Por qué ya no siento por ella más de lo que pueda sentir por cualquiera de las Sailors?

Luna suspiró. No tenía más remedio que contarles la verdad.

- En la Luna no sólo estabais vosotras.- empezó, con aire melancólico.- La reina Serénity no tuvo sólo una hija.

- ¿Quiere decir que... tengo hermanas?.- preguntó Bunny, emocionada. Siempre había querido tener una hermana, pero se había tenido que conformar con el idiota de su hermano Singo, que siempre le estaba dando la paliza.

- No, Bunny.- respondió Luna, con voz solemne.- Tú tienes un hermano.

- Eso ya lo sé: se llama Singo y es un idiota.

- ¡Me refiero en la Luna, cabeza de chorlito!.- gritó Luna, histérica. ¿No era capaz de entender nada a la primera, o qué?.- La reina Serénity, antes de tenerte a ti, tuvo un hijo varón.

Las guerreras contenían la respiración. ¿Acaso nunca llegarían a saber todos los secretos de sus vidas anteriores?

- Recibió el nombre de Prometeo. Pero el reino de la luna seguía una línea de sucesión femenina, de tal modo que se garantizara que los herederos eran realmente de la familia real. Así, al nacer la princesa Serénity, esta pasó a ser la sucesora del trono en vez de su hermano Prometeo.

"Sin embargo, jamás intentó usurparle el trono o hacerle ningún mal a su hermana. Como descendiente real, entrenó para tener la fuerza de un guerrero y disponía de su propia guardia personal. Pero no podía ser Sailor Moon, pues ese honor sólo era de su hermana. De este modo, pasó a ser guerrero Sol, uno de los más fuertes que han existido en la historia."

"Al igual que la guardia personal de su hermana, sus guerreros también recibían la fuerza de los planetas del sistema solar, pero estos, al contrario de los de su hermana, eran varones"

- ¿Quieres decir que todas nosotras tenemos nuestras réplicas masculinas?.- la interrumpió Amy.

Artemís asintió con la cabeza.

- Estos guerreros eran más fuertes que las Sailors en lo que se refiere a fuerza bruta e instantánea.- continuó Luna

- ¿Qué significa eso?.- preguntó Patricia.

- Quiere decir que en un combate corto ellos tienen mucha más fuerza que vosotras. Por el contrario, en los combates más largos, vosotras lleváis ventaja y tenéis más variedad de ataques.- explicó Artemís.

- Se complementaban unos y otros. Por ello, debían mantenerse separados, pues si unían sus fuerzas los guerreros de un mismo planeta, o Sailor Moon y Guerrero Sol, serían capaces de destruir sistemas solares enteros.

"Cuando la reina Berit atacó la Luna, la reina Serénity nos mandó a todos a la Tierra, pero, al igual que Sailor Urano, Neptuno, Plutón y Saturno, los guerreros masculinos sólo debían aparecer en caso de extremo peligro para la Tierra y para la princesa"

Las muchachas se miraron unas a otras en silencio. Eso quería decir que la batalla de su vida estaba a punto de comenzar.

- Espera un momento, Luna.- dijo Amy.- Si eso que has dicho es cierto, ¿por qué no nos lo habías dicho antes?, ¿por qué no podemos recordarlo?

- Si os hubiéramos dicho que teníais vuestras réplicas masculinas habríais querido ir a su encuentro, de modo que lo suprimimos de vuestra memoria. Llegado el momento, lo recordareis todo... supongo.

- Pero, ¿y lo que me ocurrió?.- preguntó Tim.- Yo también he dejado de sentirme atraida por Vicki...

- Bueno, eso es un poco más complicado.- dijo Luna.- Verás, en la Luna, guerrero Urano y Sailor Neptuno estaban prometidos, se amaban tanto como la Princesa y Endimión. Durante la batalla, él fue herido de muerte y para poder estar con su amada, traspasó su alma a su hermana...

- Sailor Urano .- dijo Artemís, con tono solemne.

- Esto se está llenando de hermanos secretos.- murmuró Carola.- Parece un culebrón de los que se traga Hotaru.

Esto le sirvió a Carola para recibir un revistazo por parte de Hotaru.

-... como decía, le traspasó el alma a su hermana, pero no pensó en que ella también pidiese morir, tal y como ocurrió.- continuó Luna.- Cuando te reencarnaste, lo hiciste con tu alma y con la de tu hermano.

- Y al encontrarte con él, ha recuperado lo que era suyo.- explicó Artemís.- Lo que atraía a Vicki y a Tim eran las almas de los guerreros Neptuno y Urano , de modo que, al abandonar esta el cuerpo de Tim, habeis dejado de sentiros atraidas la una por la otra.

- ¿Y él ha estado sin alma todo este tiempo?.- preguntó Bunny, extrañada.- ¿Es eso posible?

- Bueno...- meditó Luna.- Tengo entendido que el alma nunca deja por completo el cuerpo, por lo que, digamos, él ha estado viviendo con los "restos" de su alma, esperando a recuperarla. Su carácter sería más debil y apagado, pero eso no le impedía llevar una vida normal.

- Eso es lo que se llama un desalmado.- sentenció Carola, que luego estuvo a punto de sucumbir bajo docenas de almohadones.

- Pero, al tener él el alma que antes tuvo Tim, ¿no sabrá quienes somos?.- inquirió Amy, con preocupación.

Luna negó con la cabeza.

- No, el alma no tiene recuerdos. Sólo puede identificar su alma gemela, aunque con algo de dificultad. Vosotras no recordais lo ocurrido en la Luna, pero vuestras almas estuvieron allí, ¿no? Él no sabe quienes sois, pero sabe que debe estar con Guerrero Neptuno.

- ¿Y los demás guerreros?.- preguntó Hotaru, levantando la vista de una de sus revistas para adolescentes,con la que antes había golpeado cruelmente a Carola.- Por lo que habéis dicho, sólo estaban Sol, Urano, Neptuno y Venus.

- Supongo que acaban de despertar y todavía no han despertado todos ellos o, al menos, no se han reunido.

- ¿Y quien les está uniendo y dando sus poderes?.- exclamó Amy. Eran tantas las dudas...- ¿Otro gato?

Luna y Artemis pusieron cara de desagrado y repulsión.

- Tenemos... una idea de quién podría ser el autor de esa... reunión.- murmuró Luna.

- Si están aquí para proteger a la Tierra y a la princesa, ¿por qué no se han unido a nosotros?.

Era Armando el que había formulado la pregunta.

- Eso está más allá de mi comprensión.- respondió Luna, moviendo negativamente la cabeza.- O bien quieren estar todos reunidos cuando se unan a nosotros... o ese gato idiota les ha dicho que hagan una competición.

Los nervios de Luna empezaron a tensarse. Estaba claro que no sentía el más mínimo cariño hacia ese gato.

No parecía haber ninguna otra duda y todas ellas tenían muchas cosas que hacer, de modo que dieron por disuelta la reunión.

- Armando...- llamó Luna, con un hilo de voz.

El joven se acercó a la gata, para poder oírla.

- No dejes que Guerrero Sol se acerque a Patricia.

- ¿Qué?.- dijo Armando, extrañado.- Pero, ¿por qué? Creí que eran nuestros aliados.

- No te lo puedo decir.- respondió Luna.- Sólo te diré que si se acerca a ella, ocurrirá algo terrible que podría destruirnos a todos.

Armando salío de la habitación, preocupado, dándole vueltas a lo que Luna le acababa de decir. Los gatos les vieron marcharse y cerrar la puerta tras ellos.

Artemís, después de asegurarse de que todos estaban lejos, se dirigió a Luna, que permanecía con expresión seria.

- ¿Crees que es necesario alertarlos de ese modo?.- le preguntó.- Tal vez no vuelva a repetirse.

- No quiero correr riesgos.- sentenció Luna.- Lo que ocurrió entonces, no debe volver a repetirse nunca más, ¿entiendes? Nunca más.

- Pero...

- No hay peros que valgan. Entre ellos debe haber la mayor distancia posible. Bastante desgracia es que él haya recordado su pasado. Sólo espero que no recuerde que...

- Veo que sigues tan rancia como siempre, Luna.

Si Luna no tuviera tanto pelo, se habría podido ver cómo palidecía notablemente.

- Esa... esa voz...

Luna y Artemís se giraron rápidamente. En la ventana, un gato de color ceniza les miraba con expresión burlona. En su frente, aunque tapada parcialmente por un mechón de pelo, se podía una luna, igual que las que tenían Luna y Artemís.

Sin variar su expresión, bajó dando elegantes saltos hasta ponerse al lado de los dos gatos, que lo miraban con cara de pocos amigos.

- ¿Cuál es la razón de que no dejes que mi Guerrero Sol se acerque a tu Sailor Júpiter, Luna?.- le preguntó con socarronería.

- Sabes muy bien a qué me refiero, Cometa.- replicó Luna, intentando controlar las ganas de lanzarse a su cuello e ir despellejándolo poco a poco.

Cometa puso expresión de estar tremendamente pensativo recordando algo que se la había pasado por alto. Los deseos de matarle aumentaron.

- ¡Ah!.- dijo por fín.- Eso. Bueno, tampoco fue para tanto: sólo hizo que todos acabaran muertos y el reino de la Luna se fuera al garete.

- ¡Déjate ya de tonterías!.- gritó Artemís.- ¿Por qué han recordado sus vidas pasadas como guerreros? ¿Dónde están los otros? ¿Por qué vais por vuestra cuenta?

Cometa movió la cabeza negativamente.

- No, no, no,...- dijo, con tristeza.- No te sobresaltes tanto, querido Artemís, es malo para el corazón. Vayamos por partes: han recordado sus vidas pasadas porque yo les he ayudado, pues un terrible peligro se cierne sobre la Tierra; si supiera donde estan los otros ya los habría reclutado para la causa. Todavía los estoy buscando, ¿sabeis? Es duro y yo estoy solo, no con alguien que me ayude, como vosotros dos. Por cierto, ¿qué tal Diana?.- preguntó con malicia.

Luna y Artemís se ruborizaron violentamente. ¿Cómo podía él saber eso? Diana todavía no había nacido, ella formaba parte del futuro. ¿Cómo podía saberlo?

Cometa sonrió con burla.

- Veo que me seguis subestimando.- añadió, con falsa tristeza.- En fin, a lo que iba. Aceptaría vuestra ayuda para buscar al resto de los guerreros, pero me gustan los retos y no quiero que afecteis negativamente a mis chicos. Ya sabeis: inculcarles prudencia, responsabilidad y otras cosas absurdas por el estilo.

"¿Qué por qué vamos por nuestra cuenta? Queridisima Luna, tú misma has sido la que has dicho que no querías que mi Guerrero Sol se acercara a tu Sailor Júpiter y, ¿quién soy yo para saltarme tus órdenes?"

"De todos modos, creo que todavía no es el momento de que se encuentren, ¿me dareis tiempo a localizar a los demás?, ¿sí? Gracias, sois unos gatos maravillosos"

De un salto se subió a la cornisa de la ventana y les miró sonrientes

- De todos modos.- añadió.- Yo haría que esas chicas y Endimión entrenaran un poquito. El enemigo que se acerca no es moco de pavo: van a tener que dejarse hasta las pestañas en esta lucha y no quiero que mis chicos hagan todo el trabajo.

- ¡Pero tendrás cara...!- gritó Luna, que tuvo que ser sujetada por Artemís.- ¡Durante estos años han sido la princesa y las guerreros las que han salvado la Tierra de ya no recuerdo cuántos enemigos, mientras tú y tus chicos hacíais el sano deporte de rascaros la barriga!

- Luna, a ver si te aclaras de una vez: ¿quieres o no quieres que los guerreros aparezcan? Creo que tienes las ideas un poco confusas, mi querida gatita. Hasta que te aclares, me marcharé. Pero ya os enviaré una postal, ¡ciao!

El gato saltó por la ventana, mientras Luna ya estaba echando espuma por la boca y rugía enloquecida. ¡Ese cretino! Esperaba que con la resurreción, hubiera cambiado un poco su carácter conflictivo y pendenciero, pero no había sido así. Tendría que haber sido un gato callejero...

Ya en la Luna, Cometa había dado problemas. Era irrespetuoso, pendenciero y grosero... pero muy eficaz en su tarea. Tal vez por eso la Reina Selenity no lo había expulsado del palacio cuando puso en entredicho a la Luna en una conferencia intergaláctica...

Era un espía. No había nada que ocurriera en palacio de lo que Cometa no estuviera enterado. Gracias a sus misiones la Luna había conseguido subsistir a lo largo de los siglos. La única ocasión en la que sus informes no habían logrado su objetivo fue en el ataque de la reina Beryl... y mucha de la culpa la tuvo lo ocurrido con Guerrero Sol y Sailor Júpiter.

De todos modos, era un personaje dificilmente aguantable. Y Luna no tenía ningún problema en demostrarlo. Siglos atrás, había sido cortejada por él (como todas las gatas de la Luna), pero se acabó cansando de ponerle excusas amables y optó por decirle claramente lo que pensaba... que al final fue incluso peor, porque él lo encontró sumamente divertido y desde ese momento le había dado todavía más la tabarra.

Luna miró por la ventana, preocupada: ¿quiénes serían sus enemigos? ¿Eran tan poderosos como para que las guerreras tuvieras que recurrir a sus semejantes masculinos? ¿Se acercaba el fin de la Tierra?

Artemís se acercó a ella y le dio el equivalente a un abrazo gatuno.

- No te preocupes tanto.- le dijo, con ternura.- Siempre hemos conseguido salir adelante y esta vez no será diferente.

- Espero que no te equivoques...- suspiró Luna.- Pero eso no me tranquiliza. Es una situación tan dificil...

- ¿Te refieres a la batalla que se avecina o a Guerrero Sol?

- A las dos cosas.- respondió Luna.- Tú sabes tan bien como yo que será prácticamente imposible impedir que se repita lo de la Luna.

- Eran otros tiempos, Luna.- insistió Artemís.- No se cometerán los mismos errores. Saben cuales son las consecuencias.

- Sí, pero ellos no recuerdan el error.


- Me gustaría recordar todo lo que ocurrió en la Luna.- gruñó Ray.- Resulta muy molesto que alguien decida por ti lo que debes y no debes recordar. Deberían dejar que viviéramos plenamente lo ocurrido en aquella época.

- Ya sabes que Luna lo hace por nuestro bien.- intervino Amy, conciliadora.- Si no quieren que lo recordemos, algún motivo tendrán. Luna siempre está velando por nosotras. Es como una madre.

- Sí.- reconoció Ray.- Pero toda madre debe dejar que sus hijos se independicen y se enfrenten al mundo y a los problemas solos. Y, por cierto: Tim, Vicki..., ¿estais bien?

Estas la miraron extrañadas.

- Sí, claro, ¿por qué no íbamos a estarlo?.- dijo Tim.

- Bueno, como ahora ya no...- se sonrojó Ray.

- Por eso no te preocupes.- dijo Vicki.- No hay ningún problema entre nosotras por lo sucedido. Son malas pasadas del destino que hay que superar. Lo único que me molesta es que, despues de haber encontrado mi alma gemela, ahora la tengo que volver a buscar.

- Pues es una suerte que os lo tomeis así.- dijo Carola.- ¿Tú que opinas, Patricia?

Patricia estaba como ausente, con la mirada perdida. No podía dejar de pensar en Guerrero Sol. Su tacto cuando la cogió en brazos, su corazón palpitando cerca del suyo. ¿Se aceleró por ella o por el fregor de la batalla? No lo sabía. Lo único de lo que estaba segura era de que deseaba volver a verle, estar con él.

Sus ojos, mirándola con ternura, su sonrisa, sus cabellos al viento... estaba segura de que había algo... algo que no podía recordar, pero que estaba en su mente, esperando a ser descubierto. ¿De qué se trataba? Algo en su interior le decía que no debía investigar, pues algo malo, muy malo, ocurriría si descubría el secreto que se encontraba encerrado en su mente, pero otra parte le obligaba a continuar indagando en su subconsciente, en su vida anterior.

- ¿Patricia?

La joven se sintió como si la acabaran de despertar de un sueño, o tal vez una pesadilla. No sabía si se sentía aliviada o desilusionada por haber interrumpido su meditación. Su mente era una enredada madeja de pensamientos contradictorios, no siempre agradables.

- ¿Te encuentras bien?.- le preguntó Carola preocupada.- Pareces triste.

Patricia sonrió, con tristeza.

- Sí.- le respondió, intentando quitar importancia al asunto.- Sólo estoy un poco cansada. Voy a dar un paseo.

- ¿Quieres que te acompañemos?.- dijo Bunny.

- No.- contestó Patricia, haciendo un gesto con la cabeza.- Gracias por el ofrecimiento, pero quiero estar sola.

Las muchachas vieron alejarse a Patricia, preocupadas.

- ¿Qué creeis que le pasa?.- dijo Amy.- Parece tan... triste.

Armando la miró marcharse, con la mirada seria. Puede que la advertencia de Luna hubiese llegado tarde.


Patricia caminaba sin mirar por donde iba. No le preocupaba perderse ni acabar en un mal sitio. Sólo quería estar sola. Sentía un inmenso vacío en su interior, como si le faltara algo. No, era más bien como si le impidieran algo.

- "¿Por qué tengo tantas ganas de llorar?".- se preguntó a si misma, sintiendo cómo las lágrimas inundaban sus verdes ojos.

Entró en un parque y se sentó en un columpio, mientras se balanceaba lentamente. Ella siempre había tenido claros sus sentimientos. O, por lo menos, lo suficientemente claros como para no sentirse perdida. Pero ahora se sentía como si estuviera en un laberinto sin salida y completamente abandonada a su suerte.

Se cubrió la cara con las manos y empezó a llorar en silencio, sin ningún motivo. Necesitaba desahogarse, liberar toda esa angustia inexplicable que sentía dentró.

Empezó a llover, pero a ella no le importaba. Las gotas de lluvia caían sobre ella.

- ¿Te encuentras bien?

Patrcia levantó la cabeza, sobresltada. Enfrente de ella, con expresión de preocupación y un paraguas, estaba Alex.

Ella le miró durante unos instantes sin responder.

- ¿Puedo hacer algo por ti?.- insistió el joven.

Patricia sonrió y negó con la cabeza, mientras se apartaba las lágrimas con la mano, aunque tampoco sirvió para mucho, pues las gotas de lluvia resbalaban por su cara como si fueran las lágrimas que el cielo derramaba por ella.

Alex se sentó en el columpio de al lado y acercó lo que pudo el paraguas. Rebuscó en sus bolsillos y sacó un pañuelo delicadamente doblado y se lo ofreció con una sonrisa.

Patricia miró por unos instantes el pañuelo y lo cogió, aunque en realidad no le iba a servir de nada.

- ¿Puedo preguntar el motivo de tus lágrimas?.- dijo Alex, mirándola preocupado.- ¿Alguien te ha hecho algo que te ha molestado?

- No.- respondió Patricia, elevando la cara y dejando que la lluvia mojara su cara, refrescándola y ayudando a liberarse un poco de esa tensión interior que sentía.- Sólo que... no sabría explicarlo. Hay algo que me ahoga por dentro. Necesitaba expresarlo de algún modo.

Ella esperaba que él la mirara extrañado o incluso que le preguntara de qué demonios estaba hablando, pero en vez de eso, Alex cerró el paraguas y también levantó la cara.

- Te entiendo.- respondió.- En ocasiones, nuestros sentimientos son terriblemente contradictorios y angustiosos. Mucha gente opta por guárdarselos para si o, algunos, incluso se suicidan al no poder hacerles frente. Si no podemos comprenderlos y ordenarlos, debemos dejar que una parte salga al exterior. Y un buen medio para ello es llorar.

La miró y sonrió.

Patricia le miró sorprendida, mientras se ruborizaba.

La lluvia siguió cayendo sobre ellos. Patricia y Alex se mantuvieron en silencio durante un largo periodo de tiempo.

Finalmente, ella se levantó y le miró sonriente.

- Gracias.- le dijo.- Me has ayudado mucho.

Él le respondió la sonrisa y también se levantó.

- ¿Quieres que te acompañe a casa?

- No es necesario, gracias.- respondió Patricia, ruborizándose.

- Pues por lo menos llévate el paraguas.- insistió Alex, ofreciéndoselo.

- No puedo aceptarlo.- respondió Patricia.- Tú también tienes que irte a tu casa y te vas a mojar.

- Yo vivo allí enfrente.- explicó Alex. Se ruborizó y, rascándose la cabeza, sonrió.- Lo cierto es que te vi desde la terraza de mi casa y bajé a ver qué te pasaba.

Patricia se sorprendió. Había bajado sólo para ver cómo estaba ella...

- ¡A pesar del paraguas hemos acabado los dos como sopas!.- rió él, intentando restarle importancia al asunto.

- ¡Sí!.- dijo ella, riendo también.

- En ese caso, no te hará falta el paraguas...

Siguieron hablando un poco más, bajo la lluvia, con el paraguas plegado. Pero a ninguno de los dos les importaba.

A lo lejos, una silueta felina les observaba atentamente.

- ¡Hola, Bunny!.- saludó Amy.- Qué pronto te has levantado hoy.

- Sí, es que Luna me ha estado recordando toda la noche lo mucho que tenemos que entrenar.- gruñó Bunny, arrastrando los pies por el cansancio.

Amy sonrió y miró extrañada detrás de Bunny y a su alrededor.

- ¿Y Patricia?.- preguntó, sorprendida.- Creí que íbais a venir juntas.

- Y lo íbamos a hacer.- explicó Bunny, sin mucho entusiasmo.- Pero al ver que no llegaba la llamé a su casa. Por lo visto ha pillado un resfriado de campeonato y tiene que guardar cama durante tres o cuatro días.

- Es increible.- suspiró Amy.- ¿Cómo lo habrá hecho para resfriarse de esa manera?

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