Hola, lunes, ultimo día que nombre, para actualizar en el capitulo anterior. Espero os guste, hay lemon ya aviso, hice no muchos lemons, pero hice y creo que este es diferente a los no muchos, disfrútenlo.


Se acercó a su amada, quien permanecía debajo de él, pero con cuidado de no aplastarla. La miro a los ojos, los cuales brillaban, al igual que los suyos, al mismo tiempo miraba aquellos labios que estaban algo húmedos, esos delicados labios, como solo una princesa (su ahora princesa, solo de él, un inmundo esclavo) poseía. Aún más cerca se puso, para finalmente besarla, pero no como de costumbre, como siempre lo hacían, sino como cuando perdía el control, pero en este momento le era permitido hacerlo, y sin pensarlo dos veces o una, la beso, con pasión voraz, probando esos labios, más de lo que siempre probaba, conociendo a que llevaría el beso. Mientras el beso era cometido, con su lengua relamió el labio inferior de su amada, la cual abrió ambos, dándole permiso de recorrer su cabida, para encontrarse con la lengua ansiosa de ella, ansiosa de encontrarse con la de él y empezar el baile, prohibido.

—Me dejaras sin aire, Inu… yasha—Le reclamo con amor Kagome, luego de aquel beso tan voraz.

—Y tú a mí…—De igual manera recrimino el, tomando aire al igual que ella, su amada Kagome. Con una mano la levanto delicadamente, pero a la vez pasional, para que ambos cuerpos estén pegados, y así poder besarla nuevamente, de la misma manera que hace un momento. Con su mano libre acaricio la espalda de Kagome, aun con su vestido puesto, pero pronto ya no tendría de esa manera y solamente habría un culpable, Inuyasha.

Kagome se había abrazo a Inuyasha, lo suficiente para sentirlo bien de cerca, mientras disfrutaba de un segundo beso, lleno de pasión y amor. Sin pena alguna, adentro su suaves manos, dentro de la camisa que el traía, acariciando su espalda, pero sin nada encima, en la piel de Inuyasha misma, quien tuvo una reacción bastante electrizante al sentir las manos de ella, suaves, cálidas, de una princesa, su princesa en ese momento y mucho más.

— ¿Puedo, Inuyasha?—Pregunto, después del beso, con intenciones de liberarlo de esa camisa. Entonces el la recostó en la capa y con la ayuda de ella, se la saco, pero luego de besarla, pero no en sus labios, esos labios que deseaba siempre, beso su mejilla, hasta llegar el lóbulo de su oreja y succionarla, logrando que Kagome se retorciera un poco, acelerando con sus caricias en el pecho de él.

—Más… Kagome, no te detengas…—Suplico el, posando una de sus manos en una de ella, para que aumente el ritmo de la caricias dadas. Kagome dejo de utilizar sus manos e hizo que Inuyasha quedara debajo de ella, él no se opuso y la dejo, hacer lo que ella quería. Al momento de tenerlo en su dominio, beso desde su cuello, hasta su pecho, yendo de arriba abajo, logrando que Inuyasha disfrute y cerrara los ojos, sintiendo los labios de su amada, recorriéndolo desde su cuello a su pecho.

Le había dado la espalda, con el aun recostado en la capa que ella misma coloco en el suelo, aparto su cabello hacia adelante, llevando luego sus manos a los nudos de su vestido, entonces Inuyasha se levantó quedando sentando al igual que ella también, pero por detrás, dispuesto a quitarle el mismo ese vestido. La levanto y dejo parada, cuando al fin deshizo todos los nudos, para finalmente deslizar el vestido, por la silueta de su amada Kagome. Al caer al suelo, saco delicadamente sus pies de en medio del vestido, apartando un poco, con sus pies, para luego darse la vuelta y encontrarse con Inuyasha, quien la jalo de un brazo contra sí, desesperado casi, por despojarla de la única prenda que no le daba la chance aun de verla desnuda por primera vez.

—Eres hermosa, Kagome.

—Inu… yasha…—Entonces la beso, teniéndola contra sí, rozando ambos cuerpos.

Besos sus labios apasionadamente, luego succiono su labio inferior, beso la comisura de sus labios, bajo a su cuello, donde lamio, mordió y succiono, dejando apenas unas marcas rojas, que luego desaparecerían. Aparto el sedoso, azabache y largo cabello de ella hacia atrás, para entretenerse unos instantes con el lóbulo de la oreja, volver a su cuello, bajar a su hombro. Mientras la tenía entretenida con sus acciones, había logrado desatar los nudos del corsé que ella llevaba, para liberarla de él, dibujando una sonrisa triunfante que ella vio, gustándole y no viendo el momento de ser completamente suya. Pero él se detuvo un momento, ya que quedo impactado al verla desnuda, era hermosa, perfecta, toda su piel era clara y natural todo en ella era de esa manera, no era como las pocas mujeres que llego a ver.

Kagome pensó que al no le gustaba lo que veía e intento cubrirse y no tardo en hablar.

—No te detengas, no me arrepiento de esto… por favor tú no te arrepientas… Inu…—Pero Inuyasha la interrumpió, ya no permitiéndole que se oculte de él, quien la deseaba más que nunca, la amaba más que nunca, por eso hacia lo que hacía.

—Yo menos me arrepiento… te amo Kagome y por eso hago esto… además de desearte, mi princesa—Dijo besándola nuevamente, introduciendo su lengua en la cabida de ella, saboreando cada rincón de esta, mientras Kagome cruzaba sus brazos por detrás de la nuca y el por la cintura, sintiendo en su pecho dos bultos que al rozar lo excitaban demasiado.

Ella estaba de igual manera, sintiendo aquel roce de sus senos, contra el pecho de Inuyasha, a tal punto de tener sus pezones erectos, listos para Inuyasha, quien no tardó mucho en atrapar uno con sus dientes, pasando su lengua por ellos, succionándolos a cada uno, por turno al igual que sus senos cabiendo casi enteros en su boca, logrando que Kagome gimiera y se arquera contra él.

Por ningún motivo se detuvo hizo el mismo trabajo para ambos senos, pasando su lengua alrededor de sus pezones, disfrutando que Kagome gimiera cada vez más y más, siendo música para sus oídos.

La recostó nuevamente, mirándola fijo siempre a los ojos, lo cual no daba pena a ninguno, deseaban este momento de igual manera, estaban en el lugar perfectos, para demostrarse su amor de la manera más íntima y expuesta, mostrándose uno al otro, sin nada, tal y como vinieron al mundo para conocerse, enamorarse y demostrárselo, aunque fuera prohibido, no les importaba, eso no los detendría, hacía dos años que no los detendría y ahora no sucedería, ya llegaría el día de amarse libremente, porque aunque no les importara nada, eso de amarse libremente, era imposible (Salvo que fuera en secreto, por algo existen).

—Te amo, Inuyasha… yo también…—Dijo Kagome, ansiosa y a la espera del momento final, de este encuentro de amor, pero con el dese (Al igual que Inuyasha) se repetirlo sin descaro.

El sonrió, casi podría decirse que sus ojos brillaron como nunca, no era la primera vez que ella le decía te amo o él lo hacía, pero en este momento era muy especial. Una vez recostada, beso sus labios, mientras con sus manos recorría cada rincón de su cuerpo, quería conocerlo todo, grabar en las yemas de sus dedos los rincones (Seguramente) ocultos en su amada princesa.

De sus deseados labios, los labios que el tanto deseaba probar, fue directo a entremedio de sus senos, donde beso y paso su lengua, luego hasta su vientre y finalmente al sexo de su amada, el cual recibiría su merecida atención, no le prohibiría tal cosa en ese lugar. Abrió sus piernas que estaban algo flojas, sin resistencia, rozando a propósito la punta de sus dedos por sus muslos, para luego ver cerrar lentamente los ojos a Kagome, quien se puso nerviosa, sin arrepentimiento, pero a punto de sentir una experiencia jamás probada, hasta que hizo su cabeza para atrás, sujetando con sus manos en puño, la capa, en ese justo momento que Inuyasha estimulo su sexo, adentrando su lengua, recorriendo esa parte sensible de su amada, lentamente de arriba abajo, succionando el pequeñito botón de ese lugar, el cual era muy sensible, apenas con primer tacto Kagome gemía alto, sintiendo algo caliente en su vientre que bajo hasta su sexo, para finalmente explotar, conservando el sube y baja de su pecho, a causa de agitación.

Se sacó su última prenda, ese par de pantalones negros que tenía, mientras Kagome se recuperaba de lo sucedido recientemente, al mismo tiempo que la excitación de él, su erecto miembro dolía debajo de esa prenda, pero cambio todo cuando lo libero de la tortura. Quiso probar una vez más los labios de Kagome, quien tenía sus mejillas algo coloradas, quien quedaron como dos manzanitas en su cara, al momento de sonreírle a Inuyasha, paro luego gemir al sentir como el miembro del rozaba su sexo, ya que en el momento que el subió a besarlo, enrollo sus pierna por la cintura de él, generando el roce.

— ¿Continuo Kagome?

—S-sí, tonto, no te detengas… Inuyasha

— ¿Segura?—Pregunto mirándola, mientras apartaba varios mechones de su rostro, impidiendo la vista completa de este.

— ¡Sí!—Dijo firme y le beso, con profundo amor y algo deseo, sintiendo el roce nuevamente en su sexo. Kagome descanso su cabeza en el hombro de Inuyasha mientras sentía como la punta de su miembro invadía su interior húmedo, cálido y estrecho, dándole la bienvenida justa con ese exquisito placer para él. Mordió apenas su hombro, ahogando un leve momento en grito de dolor, al sentir que su lugar estaba siendo invadido más y más, rompiendo esa barrera que la hacía pura y ahora ya no más, ahora su pureza le había sido arrebatada por su amado y jamás se arrepentiría de eso.

—Ya pasara—Dijo en su oído, tratando de consolarla, mientras se mantenía dentro de ella, acostumbrándola a él. Trato de que ella olvidara el dolor, besándola ahí, en su cuello, luego en sus labios, su oreja, viendo cada vez que besaba sus labios sus ojos cerrados, pero más relajados y supo que el momento de seguir era, cuando Kagome lo abrazo, atrayéndola más a ella y se animó a moverse a penetrarla un poco más de lo ya hecho.

Las embestidas empezaron lentas, rápidas y descontroladas, al mismo tiempo que placenteras y subiendo al temperatura de ambos cuerpos, gimiendo más fuerte, sin poder escuchar nada más que eso, queriendo más y más del otro, con cada embiste, rozando piel con piel, esa piel desnuda de ambos, que empezaba a humedecerse con cada ola de placer que se hacía constante, seguida, sin negarles nada de la exquisitez de estar unidos, como siempre quisieron, siempre desde que se empezaron a amar, sabiéndolo y no negándolo.

— ¡Inuyashaaa!—Gimió Kagome.

— ¡Kagomeee!—Gimió Inuyasha, llegando a su límite, pero queriendo aún más, igual que ella, ambos estaban de la misma manera, no era nada distinto, estaban de igual condiciones.

Justo en el momento que sentían que su límite llegaría, dejándolos seguramente saciados del otro, se besaron y dijeron— ¡Te amooo!—Con un gemido alargado, al derramarse por igual, ella su esencia que daba placer a él y el de igual manera su esencia que liberaba a causa de la ella, para darle fin al acto de amor.

El corazón de ambos empezaba a calmarse, ya no latía con fuerza, al igual que la respiración, la cual estaba calmada, mientras el descansaba sobre su amada, habiendo posado su cabeza entre los pechos de ella, tapándola apenas con su largo cabello azabache, luego de salir de ella y sentir la ola de placer ahora si la última, por el roce. Mientras que Kagome tenía sus manos sobre la espalda de él, con sus ojos cerrados, pero sin dormir, al igual que Inuyasha.

— ¿Cómo te sientes?

—Bien, fue maravillo, tal como me imagine que sería mi primera vez… gracias Inuyasha.

—Ha, solo presumes.

—No lo hago, de verdad fue maravilloso. —Aseguro Kagome.

—Ya lo sé, solo quería oírlo una vez más, Kagome—Dijo él y beso su entremedio de sus pechos.

—En los labios. —Susurro Kagome, buscando que Inuyasha la escuchara, él lo hizo, pero no quería un susurro, si era necesario quería que ella se lo grite.

— ¿Qué?

— ¡En los labio…!—Pero antes de terminar la beso en los labios, luego volvieron a la posición de antes, no duro mucho ya que Inuyasha se recostó junto con ella, abrazándola por detrás, sin importarles a ambos, que aún estaban desnudos.

Esa noche

Se habían quedado dormidos, sin separarse el uno del otro, nunca dejaron de estar pegados como en ese momento. A la noche despertaron, sintiendo al otro, recordando de golpe lo que hicieron durante la tarde, sin avergonzarse, quedando de frente, para abrazarse y besarse, casi hasta decirse buen día, cuando era de noche, pero ambos pensaron antes de decirlo y gracias a eso, no cometieron ese error.

—La ayudo mi princesa—Dijo Inuyasha, cuando vio levantarse a Kagome.

—No hace falta—Dijo ella, con una sonrisa que él pudo ver en medio de la noche, para luego sentirla arriba suyo.

— ¿Qué es lo que desea?

—Que me haga el amor. —Dijo, quedando completamente encima de él, con sus piernas una de cada lado de la cintura de Inuyasha. Él sabía que era tiempo de volver, podrían quedarse dormidos nuevamente y si no llegaban antes del amanecer, sería el fin, aunque deseaba hacerle el amor nuevamente, no lo hizo y siendo más fuerte que ella, la dejo debajo de él.

—Es mejor que volvamos, princesa, no es conveniente que sigamos en este lugar.

—¿Pero…?—Kagome lo entendió, con solo mirarlo lo entendía, entonces Inuyasha se levantó, ayudándola, dándose ambos un último beso cargado de pasión, para vestirse e ir hasta donde dejaron el caballo, al momento de su llegada en ese lugar.

Cuando llegaron hasta el calabozo, Bankotsu salió de este, recibiéndolos, para luego llevarse consigo el caballo y dejar que Inuyasha y Kagome entren, para tener seguramente la dolorosa despedida. Lo beso y abrazo, sin querer soltarlo, queriendo dejarlo libre alguna vez, pero estando a su lado, huyendo con él, aunque no quisiera, pero tenía que ser fuerte.

—No te preocupes, estaré bien…Kagome—Aseguro el, ya que últimamente el padre de Kagome no era tan duro.

—No quiero dejarte encadenado nuevamente.

—Lo sé, pero debes de hacerlo, y tienes que irte luego—Dijo besando sus manos, luego sus labios y yendo el poco camino a las esposas, alzando sus brazos, y viendo por primera vez la cara de dolor de Kagome, al tener que encadenarlo nuevamente.

—Vendré mañana, lo prometo, Inuyasha. —Dijo luego de guardar el manojo de llaves, en el saco de siempre.

—Te esperare y no lo olvides… Te amo, mi princesa—Dijo y se dieron un último beso.

—Yo igual, te amo y vendré mañana—Dijo luego del beso, teniendo que marcharse dolorosamente.

Kagome se puso la capa nuevamente, viendo a la salida apenas a Bankotsu, sin ver la sombra de maldad que observaba de lejos a ambos y quien vio la llegada de los amantes. Corrió por el pasillo de siempre, sin tener que cambiar su camino, subió las escaleras y finalmente llego a su habitación, que tenía llave, para luego tener que cambiarse y acostarse, quedando en su memoria la primera de tantas noches de amor, que quería junto con su amado Inuyasha, quien pensaba en ella, en la dolorosa oscuridad.


Hola, hola de nuevo, gracias por sus comentarios, espero que este capitulo les haya gustado y tratare de actualizar digamos... mmm... pude que dentro de una semana, 3 o 4 días a mas tardar.

No si es clara prueba e a ver mejorado d¡mi manera de escribir con este fic, espero se así, no lo se, ustedes tiene la opinion final.

Mientras lo escribia, fui mi propia beta, tratando de correjir las palabras, cambiar algunas por otras, pulirlo digamos, para que sea bueno.

Nos leemos y gracias.

30/09/2013