Autor: Eternal-vampire

Fecha: 26 de mayo de 2008

Dedicatoria: a mi preciado tesoro Karasu, te quiero un montón beba preciosa, gracias por ser mi luz y mi pilar, mi alas para volar, gracias por estar cuando más te necesito (porque te necesito todo el tiempo jajaja)


TERCER CAPITULO

"EL INICIO DE UN SUEÑO Y UNA PESADILLA"

Luego de la sesión de fotos y de que la noticia recorriera Japón y el mundo, su vida obtuvo un giro de 360º, se observó nuevamente en el espejo y se dejo caer sobre la cama, hacía dos días había firmado un contrato por millones de dólares con la firma que representaba a la banda y ahora tenía que prepararse para viajar a Tokyo donde se iniciaría la grabación del nuevo disco.

Se observó en el espejo y gruñó al ver su parecido con la antigua vocalista de grupo, hermana y causante de todos sus problemas desde hacia cinco largos y tortuosos años, se levanto y se alejo de ese sitio, se recostó en el marco de la ventana y observó el patio del templo, definitivamente echaría de menos todo eso pero valdría la pena si podía lograr su sueño, un sueño que le hubiese sido arrebatado por la persona que más admiraba.

Escuchó que alguien llamaba a la puerta y cuando esta se abrió, hizo una mueca de desagrado, era su madre y tras ella se encontraba Inuyasha, Sonomi supo que la situación no era la mejor y que posiblemente por el pasado no podrían volver a llevarse pero algo en su interior le decía que las cosas podrían cambiar con esto y así lo esperaba, pero la mujer mayor desconocía muchas cosas que posiblemente harían que no ocurriera.

-Hola hija – saludo alegremente, la chica contesto de igual manera pero la tensión se acumuló en la habitación cuando los ojos castaños de ella chocaron con la ambarina del albino, siempre se había preguntado el porque sus rasgos eran tan extraños y misteriosos, sacudió la cabeza ante sus pensamientos y observó la maleta sobre su cama, se dirigió a ella y cuando estuvo a punta de tomarla, él se le adelanto, le hizo un gesto a la madre de la pelinegra y salió del cuarto cual tornado.

Ambas mujeres se vieron entre sí y luego la puerta, Kagome soltó un suspiró pesado y observó nuevamente la ventana.

-¿Estás segura de esto? – Interrogo con calma la mayor, la chica la encaró y supo que talvez no podría pero no se daría por vencida, era seguro que en algún momento ambos la verían y los recuerdos amargos del pasado regresarían pero había aprendido a ignorarlos y no se dejaría caer por eso.

-Tratare mamá – le tomó el rostro entre sus manos y le beso la frente con amor, le sonrió y tomo aire para poder correr tras Inuyasha porque era seguro que no estaba ahí por su propia voluntad, así que para no tener problemas desde el principio, decidió que lo haría desde cero, comenzaría de cero como si fuese una desconocida y él fuese lo mismo para ella.

Bajo las escaleras y cuando llego a la sala lo encontró recostado en el marco de la puerta con los brazos cruzados viendo hacia las afueras de la casa, suspiró y se acerco con cautela y justo cuando iba a hablar él se le adelanto haciéndola recordar una situación similar de años atrás.

-Me lo advertiste – el silencio se quedo en el lugar, Kagome no quería responderle, ya no tenía los mismos ánimos de antes, él la había lastimado mucho y esta vez no iba a dar un paso atrás, tenía su decisión tomada, se acercó hasta el albino y tomo la maleta mientras se dirigía a las escaleras del templo. Al ambarino la siguió con la mirada y se resigno, sabía que ella tenía todo el derecho de hacerle eso, se le había pasado la mano por la ceguera de una admiración pasajera, tenía derecho a eso y mucho más, pero su corazón no se quería resignar, quería al menos ese perdón para estar tranquilo.

La siguió con las manos entre los bolsillos y sin dirigirse la palabra entraron al automóvil que los esperaba al final del graderío, subieron en el mismo silencio y la tensión inundo el carro, Miroku observo por el espejo a Inuyasha que iba en el asiento trasero con la pelinegra, lo vio hacerle un gesto para que siguiera y asintió.

Veinte minutos después de un horrible silencio para el pobre de Miroku llegaron hasta el hotel donde todos estaban hospedados, subieron en el mismo estado y para cuando ingresaron al departamento el pelinegro de coleta corrió casi llorando para abrazar a un Kouga totalmente sorprendido por su actitud, lo observó varias veces hasta que frunció el seño y le dio un golpe para que dejara de abrazarlo.

-¿Qué te pasa? – el otro chico con los ojos brillosos por la emoción le sonrió enormemente.

-Es que… DEBERÍAS HABERTE IDO CONMIGO INSENSIBLE – ante semejante alarido un golpe seco se volvió a escuchar por el cuarto, todos los ahí presentes solamente suspiraron resignados por el comportamiento de esos dos pero Kagome por su parte soltó una leve risilla.

-Si me explicarás mejor comprendería

-El tener novia ya te dejo bruto Kouga – y volvió a sonar el golpe pero esta vez venía de la encargada de sonido de la banda, el chico de coleta larga no evito reírse por su amigo y agradecer a la pelirroja tras él.

-Gracias preciosa

-De nada, pero la próxima vez lo dejo colgado de la ventana de sus joyas familiares – como la mayoría del equipo era del género masculino rápidamente se cubrieron sus "tesoros" e hicieron muecas de dolor ante el solo pensamiento, Miroku por su parte ya reía nerviosamente y asentía ante lo que la chica había dicho.

-No te sorprenda, siempre son así – Kagome casi tuvo que brincar al escuchar como le habían susurrado en el oído, se giró un poco y se topó con un chico de cabellera negra y larga trenza que le sonreía amablemente. La pelinegra volvió a la normalidad y observó nuevamente al trío para luego girar hacia el nuevo chico.

-Hola, mi nombre es Bankotzu y soy el encargado de los eventos publicitarios de su campaña como grupo musical – se presentó mientras le extendía la mano, la pelinegra estuvo un poco recelada pero al final acepto el saludo, no se presentó porque estaba enterada que ya todos sabían quien era y cual era su posición en la banda, lo que en realidad temía era la comparación que podrían llegar a hacerle con su hermana.

-Poco a poco conocerás a todos linda – Kagome parpadeó un par de veces antes de captar el adjetivo y sus mejillas adquirieron un tono rojizo que no paso desapercibido para el albino que se encontraba sentada en una esquina con los brazos cruzados y la mirada fija en el dúo.

-Si, eso… eso… espero jejeje – bajo la cabeza levemente y jugo con sus dedos nerviosa, ese tipo de adjetivos siempre la hacían reaccionar de esa manera y no podía evitarlo por el simple hecho de que muy pocas veces se lo decían con aquella sinceridad. Levo la vista y sus ojos se toparon con los ambarinos del chico que prontamente giró el rostro mientras ella los ladeaba para con el resto del equipo.

-Tú debes conocerlo bien – no tuvo que preguntar para saber de quien hablaba, al parecer todos sabían de lo que había ocurrido entre su hermana e Inuyasha y lo más probable es que también supieran quien era ella y no sería de menos, teniendo en cuanto el enorme parecido que existía.

-No te preocupes, se ve que no eres como ella – ladeo el rostro y se topó con el manager ejecutivo del grupo, Houyo Akitoki, estaba tan segura de que realmente esos fueran sus pensamientos pero por su propio bien lo intentaría creer, además tenía una promesa que cumplir y no se daría por vencida. Colocó su mano en su pecho inconscientemente y asintió con una tenue sonrisa, pasaron las horas mientras se terminaba de arreglar todo para el viaje y para cuando el reloj marco las ocho de la noche ya todos estaban metiendo las cosas en el avion privado del grupo.

Para las diez de la noche ya se encontraban sobrevolando la ciudad de Tokyo y media hora después, Kagome sintió como el avión aterrizaba sin problema alguno, bajaron sin hacer ruido y pasaron por unas puertas especiales que daban directamente con la salida, de esa manera podían evitar a los fans del grupo.

Llegaron a la pensión de una zona tranquila y comenzaron a acomodarse rápidamente, no podían perder tiempo ya que a primera hora se comenzaría con la práctica de las voces si era necesario y para cuando estuvieran acoplados, se iniciaría el trabajo de grabación del disco. Kagome camino con lentitud hasta su habitación y la recorrió con lentitud, el cuarto tenía un aire bastante familiar, trago en seco pero no se movió, si sus deducciones no fallaban… entonces esa el cuarto que había pertenecido a su hermana.

Cerró la puerta con cuidado y se sentó en la cama, si esa iba a ser su habitación entonces le haría algunos cambios, estar así y con esos colores no le agradaba en lo absoluto, esa elegancia, esa forma de mezclar colores no le gustaba, talvez cuando era más joven si pero ahora ya no, ahora ella tenía su propia personalidad y sus propios gustos que nada tenían que ver con los de ella.

Se levanto y se observó en el espejo, se analizó meticulosamente y sonrió al darse cuenta de que el parecido con ella solamente era por unos cuantos rasgos, había cambiado lo suficiente como para darse su propia personalidad, una completamente diferente a la de su hermana y que todos habían notado, muchas decían que parecían el ying-yang por sus personalidades y formas de vestir y lo aceptaba.

Kikyo era delicada, elegante, culta hasta cierto punto, en cambio ella era curiosa, elegante a su manera y bastante reservada. Suspiró con pesadez y se dejo caer en la cama boca arriba, se fue durmiendo profundamente mientras en su mente aparecían diferentes imágenes donde se comparaba con la de antes y la de ahora, estaba segura que hasta Inuyasha se asustaría al saber como era ahora.

Ya no era la niña ingenua y tonta de antes, ahora era decidida y no dejaría que nadie la humillará para lograr sus sueños, aún si eso incluía al albino de al lado. Cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.

Inuyasha por su parte estaba sentando en la ventana del cuarto, observaba la ciudad y no podía evitar compararla con la de antes y la de ahora, eran completamente diferentes, ya no era una niña eso se podía notar muy bien pero no era su niña, ahora era independiente, decidida y fuerte a su pesar; suspiró con pesadez y sus ojos recorrieron la habitación hasta llegar a una fotografía que se encontraba en la mesita de noche, se acercó y la tomó entre las manos.

-De verdad que ha cambiado bastante… - no le sentaba mal el cambio pero sabía que parte de que eso hubiera ocurriera era culpa de él y de Kikyo, más de él pero ya nada ganaba con recordarlo, ahora tenía una oportunidad de intentarlo nuevamente, eso claro estaba si Kagome se lo permitía porque a como se había estado comportando con él, lo más seguro era que no.

La mañana cayó sobre Tokyo y para las seis de la mañana ya casi todos estaban despiertos, corriendo de un lado para otro y terminando de arreglar algunas cosas para antes de comenzar con el itinerario. Kagome abrió lentamente los ojos cuando oyó que alguien tocaba la puerta, medio se movió pero no se levanto, aún no podía despertarse completamente, sintió que alguien se sentaba a su lado y le zarandeaba suavemente.

-Anda niña levántate ya, mira que hay mucho por hacer – escuchaba que aquellas frases martillaban su cabeza pero no podía ubicar quien le hablaba, se sentó en la cama y observó miedo dormida a la persona a su lado. Observó como se ponía en pie y le abría de un tiro las cortinas del cuarto, por instinto se cubrió el rostro con la mano para poder acostumbrarse y para cuando lo hizo se quedo pensativa entre si hablar o mejor quedarse callada.

-Anda Jakotzu no seas así con ella, apenas es su primer día – observó a la pelirroja en la puerta mientras la otra persona refunfuñaba de molestia, para ser hombre de verdad que tenía un buen cuerpo de mujer y no digamos sus movimientos.

-Ayame, sabes que no contemplo retrasos ni porque hubiera acabado de tener parto – exclamó la pelinegra, la nombrada rió de lado y le sonrió a Kagome mientras le hacía señas para que no le prestará atención.

-Anda Kagome, ya es hora de que te levantes, ella es tu encargada a partir del día de hoy – ambas mujeres se vieron y la menor asintió ante el comentario, Jakotzu por su parte gruñó y le hizo señas de que se levantara, la pelinegra más joven tiró las sabanas y se levanto pero se quedo quieta al darse cuenta de un pequeño gran detalle… bastante grande el detallito.

Su mente y análisis no le fallaban, solamente una persona tendría el descaro de haber hecho lo que hizo, solamente una persona en todo ese maldito mundo se atrevería a ponerle las manotas encima con tanta confianza.

-¡INUYASHA! – el gritó de la pelinegra pudo ser escuchado tan claramente hasta el final de la cuadra, el resto de los habitantes de la pensión sintieron un horrible escalofrío recorrerles el cuerpo completamente y las dos chicas que estaban en el cuarto de la pelinegra, temblaba de solo verla, el portazo de que había salido como furia arremolinada hacia la habitación del nombrado las hizo suspirar aliviadas.

El aludido por su parte, que estaba hablando de lo más tranquilo con unos aterrados Miroku y Kouga se quedaron de a cuadros cuando la observaron parada en la puerta con la cólera emanando de cada poro de su piel, prontamente Inuyasha se relajó y comenzó a reírse con descaro.

-¿POR QUÉ DIABLOS TE ESTAS RIENDO? – el albino intento detenerse para poder contestarle pero al ver que no podría lo que hizo fue señalarla de arriba bajo. La chica lo siguió con la mirada y el sonrojo se apodero de sus mejillas, portaba una diminuta pijama y los chicos presentes no estaban precisamente asustados, trago un poco y se cubrió con sus brazos el pecho.

-Salgan – el dúo observo a Inuyasha y luego a la chica, la mirada de Inuyasha era letal y no permitía un no como respuesta, así que más mansos que mensos salieron del cuarto, no sin antes darle una mirada de soslayo a la pelinegra, cerraron la puerta y cada cual se dirigió a sus actividades.

El silencio inundo la habitación hasta que Inuyasha se levanto de la silla y se dejo caer sobre la cama, la chica frunció el seño y su ira volvió a nacer pero ahora con aumento, dio grandes zancadas hasta quedar frente a la cama y sin ton ni son, le dio sendo golpe a Inuyasha con la almohada, el susodicho se levanto de resorte y se sobo la cara.

-¿Qué te pasa? – Preguntó con molestia.

-Eso debería preguntártelo yo a ti – se viró para verla pero entonces comprendió hasta que punto él y Kikyo la habían dañado, antes probablemente le hubiera hecho lo mismo y al final le hubiera pedido que no lo hiciera pero ahora su sola mirada era suficiente para dejar claro que no esperaba que se repitiera lo de la noche anterior. Su mirada era fría, gélida, sin emoción alguna; era como si hubiera perdido esa ingenuidad e inocencia que la caracterizaba.

-No lo hagas otra vez – el tono de su voz destilaba molestia en abundancia pero sobretodo marcaba una amenaza clara, se giró sin siquiera mirarlo y salió del cuarto dando otro portazo. Inuyasha se quedo mirando la puerta, hasta que su rostro adquirió un semblante bastante duro, se levanto de la cama y salió de su cuarto para entrar como si nada al de la chica que en ese momento se encontraba eligiendo su ropa.

-Al menos deberías de agradecer lo que hice – se recargo en la puerta con los brazos cruzados y la mirada fijada en la ventana, Kagome siguió sacando sus vestimentas, hasta que tomó la bata y cerró el closet.

-Tendría pero no lo haré

-¿Por qué?

-Porque tú y mi adorada hermana me enseñaron que las personas no hacen las cosas porque les nazca del corazón sino por interés – aquella frase caló hondo en cada rincón del albino que no evitó abrir los ojos de la sorpresa, levo la mirada y la encaró pero no por mucho tiempo; sus palabras habían sido dichas con bastantes pruebas y estaba seguro que no le creería si le contaba todo, ¿Cómo podría? Sí hasta el mismo seguía sin realmente creer lo estúpido que había sido.

-Dile a Jakotzu que ya bajare – se metió al baño e Inuyasha se quedó pensativo en el cuarto, se acercó a la cama y observó su indumentaria, su Kagome, su pequeña Kagome se había perdido en algún punto de la vida, ya no era más aquella dulce alegría a su corazón. Sus vestidos y trajes de colores alegres, habían sido cambiados por trajes negros y carentes de emoción alguna; no iba a negar que el vestirse como lo hacía le sentaba a las mil maravillas pero tampoco le agradaba puesto que sabía que era porque algo verdaderamente fuerte había ocurrido.

Para él, Kagome ahora era un ángel vestido de demonio pero no estaba seguro si podría traerla nuevamente a la luz. Era su culpa y él se sentía tan perdido entre las tinieblas como ella lo estaba pero si la ayudaba a volver a ser la misma y oír su perdón, entonces podría vivir a plenitud y en paz, aunque su corazón se quebrara en miles de pedazos.

-Yo si te ame Kagome y lo sigo haciendo – aquellas palabras bailaron entre el viento y el murmullo de la soledad porque nadie mas que él las escucho.


Uy ahora si me tarde y lo siento pero la universidad estresa mucho y le quise dedicar mi 100 para poder salir bien y ahora lo puedo disfrutar, espero y planeo poder actualizar mis historias y dejar listas algunas más para poder actualizar cuando vuelva a entrar.

¿Qué paso entre Kagome e Inuyasha? ¿Qué hizo Kikyo para que ahora la odie tanto? ¿Cuál fue el daño que le causaron a Kagome? Mmm muchas preguntas sin responder pero me temo que no podré hacerlo tampoco jajaja, si lo hago entonces se pierde el misterio de la historia.

Espero me dejen sus comentarios con el link de su profile o un correo al cual pueda contestarles. Matta ne!!