N/A. ESTE CAPITULO TIENE ESCENAS DE CONTENIDO SEXUAL QUE PUEDEN INCOMODAR AL LECTOR.

3...3...2...3..1, ¿Cuánto?...¿Cuánto tiempo se iba a perder?

Segundos, minutos, horas, días...meses para su reunión y Harleen no se dignaba a venir.

Esto era nada más que una pérdida.

Ven, ven, ven.

Eso era lo que estaba haciendo; perdiendo el tiempo.

Perdiendo el tiempo, pasando las horas y horas recostado en aquella camilla y el monstruo seguía hambriento.

Harleen no había venido, ¿Seguía molesta?

Harleen era una estúpida, no entendía que nadie...

nadie...

¿Nadie?...

Nadie iba a venir. Harleen no iba a venir...

El Joker rió por dentro, el tubo en su boca aún no le permitía hacer un sonido. Pero la ironía de la situación lo ameritaba.

Aquella noche...la noche en la que Ted había muerto, el Joker había comenzado a comprender que estaba perdiendo el tiempo.

Y era un tiempo que pasaba pensando en Harleen y el Joker actuaba como si tuviera tanto como para desperdiciarlo. Había tantas cosas que hacer, tanto caos que esparcir por la ciudad...un Batman para jugar.

Si las visiones de Harleen se habían detenido, tenía que haber dado gracias a todo el poder y la voluntad que le había permitido suprimir aquellas ridículas fantasías. El Joker debía de ser libre, abierto y desenfrenado ya que para eso era para lo que había sido creado. Para jugar y gastar bromas, hacerlas de lo más divertidas y hacer entender a lo demás que debían aprender a reírse de la vida. Después de todo la vida solamente era un chiste.

El Joker vivía para provocar, tenía que vivir para sus principios; violencia, violencia, violencia...Caos.

No existía para vivir atado a una tonta ilusión.

Harleen era una boba, una corriente, nada especial. Aquella inusual fijación...la sujeción era solamente un producto que su mente había creado después de pasar tanto tiempo en Arkham, alguna ilusión derivada de las terapias de shock, las horas de hambruna, los momentos de esparcimiento. Todas ellas no eran más que una secuela de las experiencias pasadas que olvidaría con el tiempo.

Su mente había sido contaminada y poco a poco estaba siendo purgada de la ridícula idea de la Doctora Harleen Quinzel.

En aquel momento se sentía capaz de verlo claramente; nunca hubo caos en sus ojos, todo había sido una mentira para entretener a su hambrienta necesidad de violencia y entretenimiento. Había buscado un señuelo, un proyector para canalizar todas sus energías que regularmente utilizaba en ocasionar caos y destrucción para fabricar un escape en el cual invertir todo el terror que su cuerpo le urgía a sembrar.

No era mucho lo que pedía; cientos de muertos llenos de dolor, miedo y que todas esas insignificantes vidas tengan un horrible final.

Era obvio que por no haber matado a Harleen aquella noche, había ocasionado una irregularidad en el patrón, alterando su sistema provocó que se manifestaran las ganas de asesinar suprimidas. Es como cuando se sube a la montaña rusa y se esta ansioso por que el vertiginoso viaje comienza y en lugar del esperado viaje, te hacen bajar por fallas técnicas. La frustración, la emoción acumulada no deja más que con una opción:

¡Deshacerse todos!

Aquella noche, junto al cadáver de Ted pudo ver la luz. Después de todo nada mejor que un asesinato a sangre fría para aclarar la mente.

Un alivio enorme recorrió su cuerpo repentinamente, el alivio de la comprensión. Se sentía alegre por dar con una verdad única a la que ya había llegado hace tiempo.

¡La vida no era más que una gran broma!

¡Eso debía ser!, Sólo había necesitado cambiar un poco el ángulo de la situación para darse cuenta que la broma era que se había fijado en algo tan estúpido como la Dra. Quinzel.

La idiota de Harleen

Ni siquiera valía la diversión de matarla.

Dejó escapar una risa.

¿Por qué otra razón habrían desaparecido las visiones tan fácilmente?, Si Harleen fuera tan importante como su cerebro le había querido hacer creer, no hubiera sido tan sencillo suprimir la necesidad de matarla.

Esto no era como con Batman. Batman era capaz de mantenerle al borde y en expectativa. Con Harleen era totalmente diferente.

El Joker contempló un instante el cuerpo de Ted, frío, tendido en el suelo. No había matado a Ted por Harleen, lo había hecho porque Ted era un terrible empleado. Es decir, ¿Qué clase de basura era ésa? El Joker pide una investigación y traen una carpeta de fotografías, montones de fotografías en lugar de información.

Pura basura.

Era tan difícil encontrar buenos empleados hoy en día. La mayoría son desleales, poco confiables y holgazanes como Teddy, pensó al tiempo que lanzaba dardos una y otra vez el cuerpo inerte de Ted.

Bueno, no era del todo su culpa. Probablemente la vida de Harleen era tan insignificante que no era posible llenar un reporte con ella.

Se levantó abruptamente para ocupar su vista en un lugar en el escritorio próximo en s oficina y dirigió su vista un segundo a los papeles que tenía despedregados por toda la mesa. Comenzó nuevamente a pasar sus dedos por el suave papel trazando los contornos de la figura de Harleen casi amorosamente; su cabello, su figura, incluso su brazo enyesado. Solamente eran fotografías de Harleen, subiendo y bajando de un carro destartalado, Harleen comiendo, Harleen platicando con alguien en Arkham.

Tantas y tantas fotos de Harleen...

Pero en la fotos había información...

A Harleen le gustaban los dulces, ¿Quién pone tanto azúcar en su café?.

Y en especial, a Harleen le gusta la goma de mascar. Había muchas fotos de ella comprando goma de mascar en el mismo puesto frente al parque.

Había que admitir que se veía...tan...pequeña, parecía una niña, haciendo burbujas de chicle.

Harleen de compras.

Harleen mirando con anhelo uno de los escaparates de las boutiques de la avenida central.

Harleen entrando a su casa.

Había tantas, tantas..fotos de Harleen.

¡Esta era una investigación inútil!, ¡Inútil!, ¡Inútil!, se dijo rompiendo los papeles en pedazos. No necesitaba ninguna foto.

Ted era un inútil.

No podía seguir entreteniéndose con estupideces, tenía caos que planear. El Joker se levantó lentamente de su silla y se inclinó lentamente hasta que su frente hizo contacto con la fría superficie de la madera y los fragmentos de papel dispersos.

Estaba perdiendo el tiempo. Debía seguir planeando la forma de hacer sufrir a Bats.

Se había deshecho del pajarito pero eso no era suficiente, necesitaba reducir su mente, hacerla caer en el fondo del precipicio, que rompiera ésa barrera que lo hacía creer que podía aferrarse a la sanidad.

¿Cómo podía cuando la sanidad es solamente una ilusión?

Tenía que hacerlo caer. Pero había desperdiciado valioso tiempo pensando en la mediocre de Harleen en lugar de ocuparse de Bats.

De hecho, la última vez que lo había visto Bats se veía muy bien, demasiado bien.

Se carcajeó con ganas, ¿Acaso estaba haciendo ejercicio?, le vendría bien un poco de sol.

Aunque por otra parte...¿Quién era él para hablar?

Después de todo, su magnífica tez pálida no iba a cambiar jamás. Su piel blanca como el papel nunca se veía influenciado por los rayos solares. Pero no lo necesitaba, después de todo él tenía clase, al menos más clase que Bats, no se andaba paseando en calzoncillos negros y disfraz de murciélago.

Cuando él se vestía utilizaba un número más refinado, más gángster suave y llamativo que fetiche de vampiro sexual sadomasoquista.

¡Ah los chicos de hoy en día!

Y hablando de chicos, si sus fuentes no le mentían el nuevo y mejorado chico pájaro había salido a patrullar con mamá gallina. ¡Bah! antes era más divertido, ahora usaba sus pantalones de adulto y con sus ropas de chico grande. Aún así...en mejores condiciones que su reemplazo...

Ha, ha, ha, ha

Para éstas alturas ya debía ser comida para los gusanos ¿No?

Muy decepcionante, pensó al tiempo que vaciaba el contenido de la carpeta en el bote de basura metálico que conservaba bajo su escritorio. Necesitaba deshacerse de aquellos desechos rápidamente por lo que comenzó a saquear sus cajones, sin encontrar lo que buscaba.

¿Dónde?, ¿Dónde había dejado...?, por suerte recordó el incontrolable hábito que asaltaba a Teddy cada vez que estaba en su presencia. Era un chico algo nerviosos, nerviosos e inútil. Había sido una buena idea asesinarlo. Ted siempre se ponía nervioso y comenzaba a fumar, seguramente él tendría unos fósforos.

Caminó a hasta dónde estaba su cuerpo desfigurado, se inclinó sobre él y comenzó a saquear sus bolsillos para encontrarla pequeña cajita que buscaba.

"Bueno Teddy, dicen por ahí que no hay mejor manera de morir que rápido, yo pienso lo contrario, ¿Pero quién soy yo para juzgarte?, cuando hay que irse, hay que irse", el Joker rió de buena gana de su propia broma al tiempo que encendía una cerilla y la dejaba caer descuidadamente en el bote de basura. Una por una las encendió todas y las dejó caer en el contenedor al tiempo de que expugnaba a Harleen de su mente, su memoria y su conciencia.

Todo lo que tuviera que ver con ella se iría con las cenizas.

Había tratado de hacer lo más lógico, lo que el Joker haría. En ése entonces su mente se había tenido que concentrar en encontrar la manera de causar muchos problemas y asegurarse de que todo el mundo supiera que había sido el Joker el causante, en lugar de andar pensando en Harleen.

Pero ya había sido demasiado tarde.

Era cómo una adicción, una vez que pruebas quieres más y más y más. Era una hambruna que lo consumía por dentro y arañaba las paredes de su interior. Su mente trabajaba como un gigante red, formando conexiones y calculado probabilidades, precios, materiales, recursos humanos.

Había sido una admirable resolución, pero no duró lo suficiente. Había subestimado su obsesión.

5 meses, 23 días, 5 horas, 12 minutos, y 6 segundos.

Ése fue el tiempo que tardó en volver a pensar en Harleen. Y precisamente su memoria fue la que lo hizo recordar, lo que era irónico ya que tiempo atrás había llegado a alarmarse ante la idea de que su misma memoria lo traicionara olvidando a Harleen.

Había sido un día de diversión, un tranquilo y luminoso día de esparcimiento en Gótica.

Lo que en el lenguaje del Joker se tradujo en un mañana de asalto al banco, no era como si le hubiera hecho falta el dinero o como que no pudiera enviar a Frost en su lugar. Pero de vez en cuando le gustaba salir a hacer unos cuantos asesinatos.

Mantenía a Gótica y a Batman en la punta de su pies el saber que el Joker podía aparecer en cualquier momento.

Además, no podía resistirse a la diversión de ver las caras de los inocentes que se cruzaban en el asalto.

El horror, la angustia, uno que otro que se quisiera hacer el héroe y trataba de salvar a los pobres rehenes del malvado Joker. Y si eso lo llevaba a llamar a la atención de Bats y terminaban persiguiéndose o luchando sería el final perfecto de su día.

Pero con solo escuchar los llantos de los rehenes sobre sus desquiciadas risas eran suficientes como para marcar aquel día como un éxito rotundo. Vivía para momentos como esos, momentos en los que podía hablar y reír apuntando a las cabezas agachadas de los rehenes mientras sus secuaces sacaban bolsas de dinero de las cajas fuertes y de los bolsillos de los asaltados

No había ni un solo lugar que no quedara por saquear y los juegos que podía jugar con todos sus nuevos amigos, eran sus favoritos.

Como hacerse el muerto.

Era como el juego de "Simón dice" cuando podía obligarlos a no moverse, aquel que siquiera moviera un músculo era traído ante él y era asesinado fríamente ante los ojos de los presentes. Nunca fallaba el tarado que por desesperación, nervios o por las mismas enfermas palabras del Joker acababa por ceder al instinto natural del ser humano de huir.

Y cuando no sucedía, de cualquier manera podía inventar una excusa para hacer que trajeran ante él a una víctima. La cual podía escoger él mismo o podía ser la que sea que Frost o alguno de sus ayudantes escogiera.

Después de todo nade que tuviera un poco de conciencia trabajaba para el Joker.

Aunque aquel día, la cosa había sido diferente, mientras hablaba y jugaba con su público pudo notar como una de las mujeres que estaban en el suelo con la cabeza agachada se movía ligeramente, estaba a punto de ordenar que la trajeran ante él cuando se detuvo en seco.

Recordaba exactamente el tono de rubio que era los suaves cabellos que adornaban su cabecita.

¿Harleen?

No podía ver su rostro ya que estaba agachada, pero aquellos cabellos eran dorados. El mismo tono de dorado que el de Harleen, bellos y hermosos mechones ligeramente ondulados se movían ligeramente al compas de los temblores que asaltaban el cuerpo de aquella chica.

¿Harleen?

Era exactamente la misma textura, el mismo color, el mismo largor, casi el mismo cabello, pelo por pelo.

Flexionó los dedos de ambas manos, abriendo y cerrando sus palmas tratando de disipar a la bestia que se había adueñado de los músculos bajo su piel, causando un inquietante hormigeo.

Sentía hambre.

Un extraño deseo de hundir las yemas de sus dedos en aquellos cabellos suaves y fragantes. Halar de ellos con fuerza. De un lado a otro para obligar a la cabeza de Harleen a felxionarse de formas antinaturales. Imaginar el ángulo de su cuello totalmente quebrado o su navaja perforando la blanca y perfecta piel al rededor de su yugular lo hacía comenzar a respirar agitadamente, el hormigeo se hacia cada vez más fuerte. No podía esperar a tenerla frente a él.

Uno de sus secuaces no tardó en darse cuenta de quién era la nueva víctima del Joker y se acercó a la joven alegremente. Sin mucha ceremonia la hizo levantarse bruscamente del suelo tomándola con fuerza de los cabellos.

No la toques.

Pero en lugar de que la emoción por la futura muerte de la joven le trajera el júbilo esperado el Joker sintió que la bestia desató su instinto asesino. Era una posesividad enferma que jamás en su vida había sentido antes. El solo pensar que otra persona pusiera sus asquerosas manos en su Harleen...

Mía, mía, mía. Mi Harleen, mi Harley.

Sin siquiera pensarlo dos veces accedió ante el impulso de vaciar el cartucho de su pistola en el cuerpo del pobre hombre que acercaba la chica al Joker, haciendo que éste cayera muerto con un sonido hueco y sórdido.

Había sido un ruido cómico para los oídos del Joker ya que lo sacó de su trance al instante.

Como por arte de magia el hormigueo había cesado, sus manos le volvían a pertenecer y su mente emergía de las oscuridades de aquel monstruo hambriento.

No pudo reconocer al momento sus acciones y se quedó quieto unos segundo tratando de recomponerse. Había matado a aquel sujeto sin siquiera pensárselo dos veces, sin importar que estuviera cumpliendo sus órdenes. Siguiendo un impulso tan fuerte como cuando peleaba con Bats.

Totalmente automático.

Soltó una sonora carcajada al pensar en el gracioso sonido que había hecho el hombre al caer al suelo.

¡Lo había matado!, ¡El pobre idiota estaba muerto como una mosca!

Y solamente porque aquella chica le recordó a Harley.

¡Pobre idiota!, pensó sin saber exactamente, hacia quien estaba dirigido el insulto.

Viéndola de cerca, aquella chica no se parecía del todo a Harleen. El tono de su cabello era ligeramente más oscuro y menos ondulado. Pero lo peor era su rostro.

Su nariz era demasiado larga, sus mejillas demasiado angulosas, sus orejas muy pequeñas y lo peor eran sus ojos.

Color miel.

¿Qué clase de adefesio tenía los ojos color miel?

Debían de ser azules, cerúleos, celestes...

Pero no cualquier azul servía. Debía de ser un azul profundo, oceánico, completamente abismal, debía de ser tormentoso, deliciosamente...

Caóticos, llenos de...anarquía

Podía perdonar que no fueran azules, pero, ¿Cómo perdonar que no lo estuvieran viendo retadores y desafiantes?

Aquellos ojos estaban llenos de temor.

Un...aburrido...temor...

Pobre estúpida. Había estado en el momento equivocado a la hora equivocada en el lugar equivocado y con las personas equivocadas. Y no se refería exactamente al asalto del banco. La pobre idiota se había equivocado el momento en el que había decidido que era buena idea de tener ojos color miel y ser rubia. ¿Qué derecho tenía el adefesio de imitar la belleza de Harleen? Solamente puede haber una Harleen en el mundo.

Harleen

Su Harleen

Suspiró pesadamente, la chica había buscado su muerte por sí misma, pensó mientras vaciaba otro cartucho de balas en la sien de la mujer. Además de todo, su peor pecado había sido recordarle aquella desagradable sensación que traía consigo el pensamiento de Harleen.

Dejando el marcador en ceros. Y sin tiempo.

Ahora, recostado en su camilla y completamente impaciente sentía que el tiempo no pasaba lo suficientemente rápido. Se había asegurado de que Bats le diera la paliza de su vida, quería estar lo más roto y marcado posible, ésa había sido una de las principales razones por las que había provocado a Bats y había sido extra irritante.

¿Cuánto tardaría Harleen en venir?

¿Cuántos segundos?, ¿Minutos?, ¿Horas?

Los doctores habían dicho que el Joker había salido con suerte de no perder su ojo. ¿Acaso eso no era suficiente para que Harleen estuviera ahí postrada y angustiada por su bienestar?

¿Acaso lo estaba haciendo pagar por no venir antes por ella?

...

10 horas, 34 minutos y 19 segundos.

...

Eso era lo que había tardado en reaccionar después del incidente del banco. Cuando había despertado abruptamente en plena madrugada entre las oscuras sábanas que adornaban su cama.

Trató de reconocer sus alrededores; el desastre en el suelo, las armas, las ropas desordenadas despedregadas por doquier. Las luces neón que brillaban al otro lado de los ventanales de su habitación. La incesante lluvia que azotaba a la ciudad.

Todo aquello le parecía ajeno al momento, pero al mismo tiempo...familiar. Hacía menos de unos segundos había estado en ésa misma habitación, en ése mismo momento y en esa misma cama.

Con Harleen.

Sus respiraciones habían estado mezcladas, sus cuerpos tocándose, sus manos vagando una sobre las carne del otro. La misma lluvia había estado azotando los cristales al ritmo de la cabecera de la cama en la que ambos habían estado compartiendo besos y caricias. Pero era una lluvia muda, ya que había sido ahogada por el sonido de los gemidos de Harleen que le estaban pidiendo más y más, hasta llegar al punto en el que el placer le había hecho gritar su nombre.

Y de un momento a otro estaba perdido en la nada y ahora despertaba aquí.

Sin Harleen.

Su cuerpo se puso de inmediato en alerta, sus pupilas se dilataron en la oscuridad y sus oídos se agudizaron ante cualquier ruido. Podía sentir claramente el aire que circulaba por la habitación chocar con su piel húmeda por el sudor que cubría cada poro y la sentía extremadamente sensibilizada por los sueños que habían plagado su mente.

Y al parecer su piel no era lo único, ya que una sensación que recientemente se había hecho conocida, lo asaltó de inmediato. Ésta no era la típica vibración que llegaba en momentos de debilidad, ésta era una urgencia y una necesidad a la que ya se estaba acostumbrando. Era como si su cuerpo vibrara al sonido de una melodía silenciosa.

Una melodía que solo Harleen podía tocar.

Otras veces había sido capaz de ignorarlo, pero en Arkham era muy fácil hacerlo cuando estaba restringido en una camisa de fuerza. En ése momento estaba completamente libre y cada centímetro de su piel era sensible a cualquier cambio en el ambiente.

Suspiró lentamente para apaciguar aquella necesidad, pero el sonido del aire abandonar sus pulmones le recordaba otras respiraciones que habían estado sonando tan cerca de sus oídos segundos antes, sin obtener ningún resultado óptimo.

Era consciente de todos los estímulos neurológicos que convergían en su médula espinal, de forma aislada o combinada y desde allí se enviaban señales a los cuerpos cavernosos de su miembro. De cierta forma aquel primer chapuzón en el contenedor de químicos de ACE lo había hecho más sensible a los cambios corporales.

Era como ver olores, sentir sonidos, saborear sensaciones.

Las caricias, fantasías, sueños, olores o sabores.

Harleen

Era el estimulante, probablemente el único estimulante que había sido tan...potente.

Arrojó las sábanas que cubrían su cuerpo desnudo a un lado de la cama, ciegamente buscó un remedio mental para el problema que lo aquejaba. Pero la vibración no se detenía.

Esto no era como en Arkham, esto era un asalto sin tregua para todo su cuerpo. ¿Era acaso porque jamás había pensado en Harleen de aquella forma?

¿Qué me estás haciendo?

Ella había sido una idea, un concepto. De un momento a otro se había convertido en una sombra constante, una alucinación que se iba y venía. Un sonido. Podía escuchar su tarareo, una melodía lenta y sensual. Era un bajo y golpe sutil...rítmico.

Nunca había escuchado a Harleen cantar, mucho menos tararear, pero aquella vibración no podía ser más que la voz de Harleen.

Lo reconocería en cualquier lado.

Océano, océano en tormenta. Azul.

Idéntico a sus ojos.

Galerna, temporal, ciclón.

Siempre azotando, un mar contra otro en su mente. Harleen se iba pero volvía, con aún más fuerza, echando raíces en cada poro de su cuerpo. Siempre que se iba parecía traer un poco de paz pero regresaba clavando y enterrando sus uñas aun más adentro. ¿Acaso no pensaba dejarlo en paz?, solo debía dejarlo solo, abandonarlo, seguir su camino y él seguiría el suyo.

Pero no, estaba empeñada en acosarlo.

Tempestad, borrasca, tromba.

Un tifón...caos...como sus pensamientos. Gruñó frustrado porque no podía hacer que ella abandonara su cuerpo. Lanecesidad estaba presente y palpable en su anatomía. Abrió los ojos lentamente y la contemplo retador.

No iba a rendirse a los bajos instintos, sin importar que tan palpitante fuera su deseo. Era como rebajarse, o ceder ante un alguien más. Ante un instinto primitivo que lo dejaría a merced de su propia humanidad. Lo que no era lógico ya que ésta se había perdido hace tiempo. Esto era más una cuestión de soberbia, ¿Él? ¿Rendido ante uno de los cuerpos más obtusos de la historia?

Él era el Joker. Estaba por encima de los placeres carnales, más allá del bien y el mal. Era una idea, una escancia libre, esclavo únicamente de su voluntad.

Gruñó grave parpadeando lentamente.

Aunque fuera ridículo. Sin importar cuánto mirara fijamente su miembro, este no iba ceder.

Su mano se alzó por sobre su pecho colocándola en su pectoral izquierdo y comenzó a buscar por sí misma, ciegamente, ya que el Joker se negaba a despegar su vista de su virilidad que se alzaba orgullosa y enfurecida.

Se abrió paso por sí sola, solo para mantenerse en movimiento, viajando y atravesando por el camino entre las marcas de su cuerpo y el pálido blanco sobre el que resaltaba lo negro de la tinta, mientras que su corazón estaba inerte como un cadáver y su falo duro como una roca.

Su corazón era como una roca.

Y en el último momento, su mano alcanzó el objetivo. Trazó la estructura con las yemas de sus dedos, a través de toda su longitud, marcando todos y cada uno de los pliegues, las curvaturas, los relieves, la gruesa vena que corría por debajo de su pene. Entre la sombras podía ver el blanco, el gris y el negro que peleaban las sombras con el tono de su piel, uno a otro se acariciaban en un juego acompasado.

El compás de las gotas de lluvia sobre los ventanales, su mano en su miembro y el tarareo melodioso de su oído.

Suave, lento, cadencioso, rítmico.

Harleen.

Formó un anillo con la curvatura de su dedo índice y el pulgar al tiempo que lo colocó en la punta de su glande para deslizarlo un poco hacía abajo sin separar ambos dedos a pesar de que la circunferencia era gruesa y se lo exigía. Pero la presión entre ambas partes era excesivamente placentera, provocando una explosión que viajó a través de todo su sistema nervioso y lo hizo ver relámpagos azules.

Un torbellino, un huracán, Harley.

Su mano desocupada viajó imitando el mismo movimiento sin conseguir la misma respuesta. Nuevamente deslizó sus dedos a través de la longitud haciendo que su mano derecha cerrara ambos dedos al rededor de la base abarcando todo el grosor que le permitían aún sin poder cerrar el círculo, al tiempo que volvía a colocar el improvisado anillo en su glande con la mano izquierda.

Harley

Movió ambas manos en direcciones opuestas hacía el centro de su miembro, llevándose una sorpresa por la fuerte estimulación a la que no estaba acostumbrado del todo. la misma sorpresa lo obligó a cesar el contacto durante unos instantes. Pero regreso de inmediato a repetir la misma técnica aplicando más presión y lo hizo rodar sus ojos detrás de su párpados.

La respiración se hizo más fuerte penetrando su mente. Era como perderse en el mar, realmente transformarse en sólo una idea, solamente importaba su voluntad, su plan, la satisfacción que estaba próxima.

Cerró su mano sobre su virilidad y comenzó a estimular lentamente al principio para tomar ritmo. Recuerdos de sus sueños lo asaltaron, tratando de emular las subidas y las bajadas del cuerpo de Harleen con su mano sin mucho éxito. Dejó escapar el aliento que había mantenido contenido hasta entonces y obligó a que su mano izquierda recorriera el mismo camino de las caricias de Harleen habían recorrido.

Sus yemas pasaron horizontalmente a través de la sonrisa tatuada en su abdomen bajo, formando pequeños círculos entre cada diente.

Justo donde ella se había detenido a besar suavemente.

Subió poco a poco hasta tocar los bordes de las letras de su nombre marcadas de tinta negra y se detuvo para trazar cada contorno con un cuidado poco común en él al tiempo que rememoraba su sueño y trataba de recordar qué camino había seguido Harleen, ¿Había sido acaso de derecha a izquierda? o había estado muy distraído por las risas juguetonas que ella había dejado escapar sin querer.

No se detuvo a pensar por más tiempo ya que su mano subió hasta dónde el cráneo de arlequín se encontraba.

Harley Quinn.

Atrapó su pezón derecho entre los dedos índice y medio al tiempo que daba un ligero tirón hacia delante para emular la mordida al tiempo que su otra mano bajaba parsimoniosamente sobre su erección y daba un pequeño estímulo a uno de sus testículos. Mientras que un rayo de placer lo atravesaba nuevamente. Una enorme sonrisa atravesó su rostro al pensar en cómo se iluminarían sus ojos al escuchar los gruñidos que brotaban de su pecho libremente.

Abrió los ojos suavemente y trató de aumentar el ritmo de sus manos que se volvieron a unir en la instigación de su virilidad. Y en el último segundo, cuando el placer llegaba a un punto casi insoportable, sintió como si el canto y el ruido de la lluvia se ahogasen en uno solo.

Hubo una explosión.

Era como caminar descalzo sobre el pavimento de Gótica, sentir el calor quemar las plantas de sus pies, la luz y el calor del relámpago tocar cada célula de su piel.

Cuando todo el trabajo se hubo hecho.

Acaba de descubrir la tempestad. Harley

En el último segundo.

Placer.

Haciendo que éste brotara a chorros y manchara las sábanas oscuras de su cama desparramándose gota a gota, resaltando por sobre el negro de la tela en una extraña y abstracta pintura.

Con su ojos extremadamente abiertos se dio cuenta de que aquella experiencia lo había dejado sin aliento y exhausto.

Se quedó varios minutos sin mover un sólo músculo aceptando el hecho de que se había masturbado.

Se había masturbado como el más patético de los adolescentes, como un estúpido puberto que no era capaz de controlar sus impulsos. Su miembro que poco a poco perdía la orgullosa erección de hace unos segundos aún estaba pulsante de satisfacción, completamente feliz de que lo que había hecho. Era vergonzosamente evidente.

No importaba cuánto se rehusó o cuanto trató de evitarlo. Y a ésas alturas no tenía caso que tratara de negarlo. No había sido lo suficientemente patético como para gritar el nombre de Harleen en su climax, pero eso no le quitó el hecho de que era Harleen la protagonista.

Se incorporó vigorosamente y fue asaltado visualmente por las manchas de las sábanas.

Sus manos comenzaron a temblar por la caliente furia que lo invadió. Las sábanas debían estar manchadas con sangre. La sangre de Harleen. En el suelo debían estar despedregados sus miembros mutilados y sus ropas rasgadas.

No el obsceno fluido blanco que producían sus testículos.

¿Qué caso tendría esconderlo bajo la almohada?

Había estado obsesionado con Harleen desde su escape de Arkham, no importaba con cuántas muertes más tratara de reprimir su recuerdo o cuántas veces se dedicara a jugar con Bats. Harleen había quedado como un cabo suelto en su vida y su subconsciente sentía la necesidad de terminar con aquel ciclo.

Había estado planeando con tanta anticipación el final para la Doctora Quinzel que el no haber podido ejecutar su plan a su voluntad lo había reducido a la bestia negra que siempre se apoderaba de su mente al pensar en ella. Era necesario encontrar un final para la doctora. Un final digno para ella.

Después de todo si había sobrevivido tanto tiempo invadiendo su mente como hasta ahora, era digna de que él diseñara una broma, una broma digna para ella.

Se lo tenía bien merecido, ¿Quién se creía que era?

¿Creía que con meterse en su mente y provocar todas ésas visiones y locura iba a lograr algo con él?

El Joker era superior a cualquiera, no podía doblegarlo, no estaban en el mismo nivel, y jamás llegarían a estarlo.

Iba poco a poco formando el plan perfecto, el plan que por fin le permitiera romper con sus espíritu.

E hizo que la alegría llegara a dominar su mente.

Era como si volviera a ser el Joker, se volvió productivo. Reinventado nuevas formar de degollarla, arrancarle la piel, sacarle los ojos uno a uno, ¡Quizás podría clavar su navaja en sus rodillas y obligarla a caminar con ella aún enterrada en su piel!

¡Tantas y tantas ideas llegaron para hacerlo sonreír!

No pudo contener las risas descontroladas que salieron desde lo más profundo de su interior. ¡Sencillamente era perfecto volver a ser el Joker!

Iba a matar a aquella inmunda rata, no podía contener la ira y el furor que no dejaba de arañarlo. Sus manos sentían picazón de pura necesidad de cerrarse en su cuello y asfixiarla. A penas y podía contenerse lo suficiente para llegar a donde vivía Harleen. Lo que era sencillo ya que recordaba perfectamente el lugar y la dirección.

De saber que simplemente tenía que haberse resuelto a matar a Harleen desde un principio para superar éste periodo de constante molestia, lo habría hecho al instante, en lugar de estar posponiendo lo inevitable.

Una vez fuera del aula salió de su auto sin importarle la lluvia torrencial que comenzó a humedecer la tela brillante de sus saco. Impasible, miró con curiosidad el lugar, no era igual que en las fotografías.

Una pila de apartamentos, uno sobre otro que apenas alcanzaba los tres pisos ya que se estaba derrumbando por lo destartalado de su edificación. Los ladrillos eran desgastados y viejos, mientras que algunas de las ventanas que alcanzaba a dejar entrever las luces encendidas de las viviendas estaban cubiertas con tablas mal clavadas y otras con vidrios rotos.

No había postes de luz que iluminaran la cuadra y el fétido olor a las alcantarillas que se desbordaban por acción de la lluvia invadió su olfato quemando los vellos de su nariz. Rápidamente se inclinó la cabeza para ver que los alrededores del edificio estaban limitaos por unos estrechos callejones seguidos de más edificios en condiciones similares o mucho peores. Mismos que estaban repletos de basura y desechos que arrastraba la pequeña corriente formada por el agua creciente.

Caminó lentamente y levantó su vista, el apartamento de la doctora Quinzel era el tercero y el que estaba del lado izquierdo, en la parte delantera. Consideró hacer una gran entrada por la puerta principal y llevar toda la alegría consigo mismo, pero eso causaría un gran alboroto, y ciertamente quería que desollarla fuera algo más íntimo. Rápidamente caminó hasta el callejón y comenzó a trepar por las escaleras metálicas que habían instalado a un costado para la salida de emergencia o el uso de los bomberos.

Estaban en tan mal estado y la lluvia chorreaba tan fuerte que era difícil que cumplieran con la función para las que había sido creadas, pero gracias a la agilidad y precisión que había adquirido con sus años de lucha contra Bats, la tarea se hacía considerablemente fácil.

Dio un salto y entró por un pasillo directamente al balcón del apartamento de Harleen. El lugar no estaba en mejor estado que el resto del edificio. Los cristales estaban empolvados y el piso lleno de basura. La luz del interior apenas y dejaba ver una humilde cocina y un pequeño comedor sin muchos muebles más que una silla plástica y una mesa.

Era aún más humilde de lo que se había imaginado. Las paredes tenían pintura vieja que se estaba descascarando y había manchones con formas extrañas en ellas. Los cabinetes de la cocina se veían ajados y despintados, mientras que en una esquina había una pequeña hielera que parecía haber sido sacada se una revista de los años ochenta. Todo era completamente diferente a lo que estaba acostumbrado.

Era un contraste estridente contra la opulencia a la que estaba acostumbrado.

Demasiado diferente.

Una sombra en el interior cruzó de una habitación a otra dejando un parpadeo de luz que se escondió tras la grieta de una puerta que no estaba a su alcance visual, pero el pequeño hilo de luz vertical que se reflejaba en la mesa del comedor delataba la presencia de alguien en la otra habitación.

La sombra de la silueta que se dibujaba, el movimiento de sus caderas. El mismo contorno de su cara.

Harleen

Harleen solo era una sombra, pero tenía memorizado cada curvatura, cada ángulo, y cada movimiento característico de ella. Se movía con un dejo de gracia y de cierta torpeza mezclada que la hacían inconfundible para él. No necesitaba verla o escuchar su voz para saber que aquella figura e pertenecía a su cuerpo. Las piernas, sus caderas, su breve cintura, sus brazos que se levantaban para acomodar su cabello.

Sus brazos.

Libres

Sus manos.

Libres.

Harleen ya no llevaba el brazo enyesado.

Su brazo se había curado.

Las heridas se habían curado. Ya...ya no había marca, Harleen no portaba su marca. Había pasado tanto tiempo y sus heridas habían sanado, estaba perfecta y compuesta, no importaba que tan blanca fuera su piel ya que con todo el tiempo que había transcurrido era más que suficiente para curar cada herida que él hubiera ocasionado. Harleen andaba por las calles sin su marca.

¡Éso no podía estar pasando!

La gente la vería, los hombres la verían y creerían que estaba disponible porque no portaba su marca. Y los mentecatos no entenderían que ella no era libre, tratarían de tocar su pertenencia. De arrebatarle a él su propiedad.

Su Harley.

Tratarían de poner sus asquerosas manos sobre las cosas del Joker.

Se detuvo un instante permitiendo que el aguacero empapara todo su atuendo.

La muerte de Harleen.

Tenía que ser una marca de él en Gótica, todo el mundo tenía que saberlo, debía estar consciente de su poder sobre los simples humanos. Debía hacer algo tan grande y artístico que hasta el mismo Bats hiciera temblar en su armadura.

Pero sobre todo tenía que afectarle a ella. Necesitaba torturarla hasta hacerla reventar y gritar de dolor y angustia. Que llorara y suplicara pidiendo piedad.

Una simple tortura no era suficiente. Necesitaba algo tan divertido que lo hiciera reventar de risa con solo recordarlo, algo que la humillara.

Harleen debía arrastrarse sobre el suelo, de rodillas ante él. Revolcándose entre la mugre de aquellos; sus pacientes a los que tanto se esforzaba en curar, remojada en sus propias heces y vómito.

Necesitaba algo tan divertido que lo hiciera reventar de risa con solo recordarlo. Algo que la redujera al patético vestigio de locura que era él.

Harleen debía retorcerse de risa en su asco.

Y en el último segundo, la broma perfecta llegó a él;

Debía convertirla en su esclava, en la misma bestia idiotizada que él. ¿Acaso no sería graciosísimo que Harleen se arrastra de locura por él?, solo tenía que imaginarlo;

La doctora Quinzel quien en un momento había despreciado su contacto y le había provocado repugnancia, se convirtiera en una zorra hambrienta por sus caricias. Que si una vez había pensado que eran asquerosos sus besos, se volviera loca con cada uno de ellos y la dejaran sin aliento.

Deformarla hasta hacerla tan patética como lo había hecho con él, en aquel preciso momento.

Harleen debía morir loca, loca por él.

Harleen debía morir.

Corrió de regreso a su auto. Si iba hacer las cosas, debía de hacerlas en grande y el Joker no hacía nada en grande si Bats no estaba invitado.

Sacó un interruptor de su bolsillo y el celular que guardaba en su guantera.

"Frost, ¡Trae a los chicos!, ¡Vamos a hacer una fiesta en grande!"

...

12 horas, 6minutos y 10 segundos.

...

Eso fue lo que tardó en reunirse con sus tres personas favoritas en el mundo, en el mismo lugar.

Había sido una escena graciosa, casi comenzaba como uno de esos chistes de nacionalidades;

"Un alemán, un chino y un judío..."

Pero en este caso era; un murciélago, un payaso y una doctora.

De solo recordarlo quería morir de risa.

El rostro de la Doctora había sido una Mona Lisa cuando Batman lo arrojó completamente aplanado a sus pies. Claro que eso no era nada raro en Bats, nunca tenía los modales suficientes como para anunciar su llegada, nadie le había enseñado que llegar de sorpresa a un manicomio no es de buena educación.

Pero sin importar cuantas veces el Joker se lo dijera, Bats nunca escuchaba, al menos él ya estaba acostumbrado a la descortesía del murciélago, pero la pobre doctora Quinzel era la primera vez que lo veía en persona.

Y Bats, como siempre no se esforzaba por dar una buena impresión, es decir, ¿Quién ofrece al anfitrión el cuerpo golpeado de un payaso?.

A las damas como la doctora Quinzel se les regalan flores y vino, no los despojos de un hombre abatido. ¡Y de ése momento en adelante solo se puso mejor!

"¡Qué rayos significa esto!" exclamó Harleen desconcertada dejando escapar una expresión poco propia de ella. Actualmente, suponía que debido al hecho tan repentino de la aparición de Bats, Harleen había dicho lo primero que había cruzado su mente, y como siempre no decepcionó ya que sus palabras eran oro. El mismísimo Batman se detuvo en seco, probablemente en su vida alguien le había dicho algo así.

"He capturado al Joker mientras estaba participando en actividades ilícitas", respondió en su tono monótono y aburrido. Harleen no cambió su expresión de sorpresa y lo miró como si estuviera loco. El Joker trató de reír ante semejante visión, pero solo logró ahogarse un poco con su propia sangre.

"Puedo verlo", respondió Harleen mientras se acomodaba sus gafas empujándolas con su dedo índice por sobre su nariz y fruncía el ceño sin entender. ¿Acaso aquel hombre creía que era un policía?

"Lo he neutralizado y está listo para ser ingresado en Arkham", reiteró Batman mientras lo miraba respirar con dificultad.

"¡Oh!, ¡Bats no seas aburrido! ¿Acaso esa es la forma de hablarle a una dama?" reprendió el Joker entre bufidos desganados. Harleen solo lo miró molesta dedicándole una mirada reprobatoria por encima del hombro y se dirigió nuevamente a Batman con una expresión seria. Cómo si no le importara en lo absoluto que un hombre medio muerto estuviera tendido a sus pies.

"¿Y le pareció buena idea traerlo aquí?", cuestionó Harleen inquisitiva, señalando al Joker quien estaba inmóvil en el suelo.

"Éste es el centro de atención para la salud mental Arkham", remarcó Batman serio, "El Joker fue capturado mientras trataba de hacer explotar una peligrosa bomba radioactiva en medio de la ciudad porque le parecía una buena broma. El Joker debe de ser retenido en ésta institución" terminó Batman tras explicarle en un tono aburrido como quien le explica una situación a una niña.

"¡Hey Bats!, No..no digas ésas barbaries frente ella", dijo el Joker quien hizo una pausa para escupir sangre, "Estas algo resentido por lo del pajarito desplumado, pero no es razón para que me humilles frente a mi chica"

Rápidamente Batman lo tomó de las solapas al Joker y lo elevó de tal forma que llevó su mirada a la altura de la de él.

"Silencio", ordenó Batman mirándolo fijamente a los ojos. El Joker comenzó a respirar dificultosamente.

"Si lo sigue moviendo de ésa manera va a provocar el colapso de su pulmón" afirmó Harleen quien observaba atentamente el intercambio entre el héroe y el supervillano. Batman la miró inquisitivamente por detrás de la máscara y soltó al payaso bruscamente haciendo que éste golpeara la pared con un sonido sordo.

"¡Tranquila muñeca!, ¡Yo sólo tengo ojos para ti!", exclamó el Joker mientras se deslizaba casi cómicamente al suelo. Harleen lo observó con atención unos segundos y después de dejar ir un suspiro enfadada se acercó para arrodillarse a su lado.

"Entiendo perfectamente eso señor...Batman. Lo que estoy cuestionando, es; ¿Por qué le pareció buena idea traerlo aquí y no al hospital a sabiendas de que éste hombre requiere atención médica?", preguntó Harleen mientras se colocaba un estetoscopio y tomaba la muñeca del Joker para tomar su pulso.

"Éste es un hospital", respondió Batman en seco.

"Yo sé...que esto es un hospital. Pero usted, mejor que nadie sabe que hay una zona especial para los pacientes en la condición del Joker, ¡No mi consultorio!" respondió Harleen con un tono de desesperación al tiempo que trataba de abrir el saco húmedo que llevaba puesto el Joker y trataba de introducir su estetoscopio para tomar su ritmo cardíaco.

"Cuidado nena, no queremos darle un espectáculo a Bats", dijo el Joker en un tono sugerente mientras las manos de ella vagban por debajo de su camisa, "Podría ponerse celoso de ti y no agradarle nuestra relación", terminó con una sonrisa inocente.

"¡Cállese señor Joker!" ordenó Harleen dedicándole una mirada furiosa.

"¡Me encanta cuando de pones estricta preciosa!" gruño el Joker de forma entrecortada, estiró el cuello con dificultad para poder mirar sobre el hombro de Harleen directamente a los ojos de Batman e hizo un gesto exagerado y tosió un poco, "Tuvimos una pelea", susurró audiblemente "¿Crees que aún este molesta conmigo?".

"¡Por el amor de Dios!, ¡Cállese señor Joker!", ordenó Harleen quien trataba de revisar sus signos vitales.

"Ésta es la institución que se encarga de manejar a criminales peligrosos como el Joker, y usted es la doctora, es su obligación", remarcó Batman fuertemente.

"¡No me hable como si fuera una tonta!, Yo sé a qué se dedica ésta institución, trabajo aquí. Además por si no lo sabe, soy psiquiatra" dijo Harleen remarcando la última palabra, "No soy un médico, entienda la diferencia"

El Joker dejó escapar una bocanada de aire que se suponía era una risa, pero no tuvo ningún éxito en su propósito. "Eres tan sexy cuando tomas las riendas nena", trató de chiflar pero la repentina presión de la mano de Harleen en su costado se lo impidió y en su lugar salió un triste gemido.

"Compórtese señor Joker", exclamó Harleen dando a entender que aquel movimiento brusco no había sido un accidente.

"Me fascina cuando se enoja" gruño el Joker entre dientes, estiró el cuello y con mucho esfuerzo se dirigió nuevamente a Batman, "¿No es la cosa más hermosa que has visto en tu vida Bats?" comentó soñador.

"Al menos pudo haberlo traído noqueado e inconsciente, así no causaría tantos problemas" murmuró Harleen entre dientes. Sacó una lámpara de su bolsillo y la usó para revisar el ojo dañado del Joker.

"Esto es Arkham y usted es empleada, hágase cargo. Yo cumplí con mi obligación de traerlo, usted cumpla con la suya de mantenerlo aquí y curarlo"

"Gracias por remarcar lo obvio", comentó irónica, "Usted ni siquiera es policía, no necesita recordarme que soy, estudié suficientes años en la Universidad como para saberlo, además...", siguió concentrada en su trabajo, moviendo sus manos sobre el torso del Joker para revisar cuántas costillas tenía rotas.

Una, dos...tres...cuatro... El hombre estaba en los huesos, ¿Acaso no comía nada?

Y encima de todo el loco que se creía murciélago y corría en mallas por la ciudad se creía con la autoridad de robarle el tiempo que quería emplear en escribir aquel artículo sobre la psique de los súper criminales.

"Además...", repitió Harleen haciendo un conteo mental de los huesos rotos...pero algo le hizo sentir que sus palabras estaban calendo en oídos sordos, y no se equivocó, al darse la vuelta se topó con un pasillo vacío. "Además...alguien que corre por ahí con medias ajustadas también necesita de mi ayuda..." terminó Harleen para sí misma.

"No te detengas nena, puedes seguir manoseándome todo lo que quieras" dijo el Joker con un aullido desde el suelo.

Harleen lo encaró molesta, pero continuó con su trabajo.

"No lo estoy manoseando, estoy...", Harleen se detuvo comprendiendo que era inútil, "¿Sabe qué?, mejor cállese".

Pero sus palabras también fueron llevadas por el viento ya que el Joker había perdido el sentido y estaba durmiendo totalmente noqueado con una sonrisa de lado a lado.

Harleen suspiró e hizo una señal a uno de los guardias para que llamara a los enfermeros y se llevaran el cuerpo inconsciente del Joker a la sección médica de Arkham.

N/A. Hola!, sigo corrigiendo, no cambio mucho de lo que tenía escrito y claramente se ve donde comienzo a ser una floja en mis correcciones pero algo es algo. Sip, es terrible. Reitero, no quiero ofender la sensibilidades de nadie con éste fic, y siento mucho si las escenas con contenido sexual incomodaron a alguien, me disculpo a medias por eso. Como he dicho antes este fic esta planeado escena por escena y sin ésa escena no podía conectar al Joker con Harleen nuevamente, el hombre es muy necio y si su cabeza no quería ceder, tenía que hacer ceder a su cuerpo.

Muchas gracias por sus comentarios, he leído y tratado de responder a todos y cada uno de ellos, espero y sigan comentando.

Se que suena vacía pero mi promesa de terminar esto sigue en pie, tratare de subir algo por lo menos semanalmente.

Y solo pido un poco de paciencia porque otros fics esperan hacer su regreso