III. Kaiba Seto


—Hermano, tienes visita.

—Niégale la entrada. No estoy de humor para lidiar con gente.

—¿Ni siquiera con Yura?

El corazón dio un vuelco doloroso, aunque no tan doloroso como la herida en su nariz. Se suponía que las gasas y el medicamento inyectado por vía intravenosa deberían combatir la inflación e impedir que afectara otros segmentos del rostro a excepción de los pómulos, pero a su parecer habían desatado un efecto contraproducente. Lo que se traducía en que tenía la cara hinchada en su conjunto.

—De acuerdo, la haré pasar— acotó Mokuba, nivelando su voz entre sarcástica y burlona. Agradecía que su hermano menor supiera leer las líneas de su rostro.

El muchacho abandonó la recámara ostentosa. Segundos después por la misma puerta que había salido ingresó la mujer que lo traía comiendo de su mano sin saberlo.

—Hola, gruñón. —Yura tomó asiento a la orilla de la cama, saludándole con una sonrisa comedida. Ni siquiera en los seis meses que había durado su noviazgo Seto confesó que su corazón se saltaba varios latidos ante los fonemas de su voz, ni tampoco se atrevió a revelar el poder que ella podía ejercer en él si existía un beso o una mínima caricia de por medio. —. ¿Qué tal vamos con esa nariz, ¿eh?

— ¿Ahora resulta que te preocupas por mí? —En realidad quería escucharlo de sus propios labios, aplicó el sarcasmo para sonsacarle la verdad.

—Siempre me preocuparé por ti, Seto. —Rozó la yema de sus dedos por los bordes de la gasa, el castaño la maldijo por no permitirle disfrutar de su tacto a plenitud—. Eres mi ex novio, no el diablo.

Seto tuvo que aguantarse las carcajadas. Si reía, ella tendría una excusa para no tomarse la conversación en serio.

—Si en verdad te preocuparas por mí, hubieras dado una segunda oportunidad a nuestra relación de buenas a primeras. ¿O acaso te interesa ese mediocre? —La sangre se le volvió espuma de imaginarlos juntos—. ¿Sientes algo por Jōnouchi, Yura?

Ella suspiró.

—Ya te lo había dicho antes. No he vuelto contigo porque me guste Katsuya. Es un buen chico, sí. De hecho, me agrada un montón, pero no creo sentir algo más allá de una gran empatía por él. Soy de esas mujeres que a pleno siglo XXI se han dado cuenta de que para ser feliz no es necesario tener un hombre al lado. —Lo embrujó acariciando sus cabellos castaños tal como él lo hacía con Mokuba cuando de niño realizaba una hazaña valerosa—. No he vuelto contigo porque quiero iniciar una relación conmigo misma, Seto, conocer un poquito más mis fortalezas y reconocer mis debilidades. Y para eso necesito la soltería y algo de tiempo.

— ¿Cuánto tiempo? —En sus ojos anhelantes resplandecía la determinación de esperar por ella todo el tiempo que fuera.

Yura le sonrió en tanto retiraba la mano de sus cabellos castaños.

—La pregunta no es cuánto tiempo tardaré, sino cuánto tiempo tú estás dispuesto a esperar.

—La eternidad si es preciso.

— ¡Woa! Otra declaración de amor así y te regalo un beso.

Seto enarcó una ceja. Era su oportunidad de sacar a relucir esa parte suya que nadie más que él conocía sin poner en juego su orgullo: al final podría decir que lo había dicho a fin de probar que ningún reto era insuperable para él.

— ¿Y si te digo que sería capaz de lanzar al mar mis tres ejemplares del Dragón Blanco de Ojos Azules a cambio de volver a besarte?

— ¡Ya está! Cierra los ojos.

Obedeció, inclinando los labios hacia delante en espera de sentir los ajenos sobre los suyos…

Pero un débil roce a su mejilla inflamada fue todo lo que recibió a cambio.

Abrió los ojos, inyectados en sangre al mirar la expresión ingenua de Yura.

— ¿Por qué me miras así? —Alegó muy campante la desgraciada—. Dije un beso, pero nunca dije que fuera en los labios.

—Estás jugando conmigo.

—Sin Deck ni Disco de Duelo no veo cómo.

Despegó los labios para emitir una respuesta venenosa, mas la intervención repentina de Mokuba le aguó el intento.

—Hermano, lamento interrumpir, pero…

—Pero nos urge hablar contigo, Kaiba.

Seto contempló a Honda mientras entraba a rajatabla en el cuarto, casi empujando a Mokuba. Tras él vio venir a Yugi, Anzu y Shizuka, todos con el semblante endurecido.

—Sí, ya lo sé, no tenemos ni la más remota idea de lo que significa la palabra "educación" al irrumpir de este modo en tu propiedad, Kaiba. Pero las circunstancias son quienes nos han obligado a hacerlo.

¿Hiroto Honda dirigiéndose a él con esa entereza y alocución? Sí, en efecto algo grave había tenido lugar en su ausencia.

—Vayan al grano entonces.

—Jōnouchi… —la voz tambaleó, Honda se mordió el labio—. Jōnouchi asesinó a Mai.

Un silencio fúnebre inundó el aposento.

— ¡Mi hermano no es un asesino! ¡No dejaré que lo lleven a prisión! —La exclamación de Shizuka los devolvió al tiempo real—. Debe haber algo más… Algo que le haya arrebatado la cordura. Mi hermano… Mi hermano no recuerda nada, no recuerda haberla asesinado y defiende su inocencia pese a que las pruebas lo señalan como el culpable y a lo que yo lo vi con mis propios ojos. ¡No es un asesino, solo necesita ayuda! ¡Usted y Yura fueron los últimos en observar un comportamiento inusual en él antes de que aconteciera el siniestro! Con sus testimonios podemos lograr que reciba auxilio médico… Prefiero visitarlo en un Hospital Psiquiátrico que en la cárcel.

—De acuerdo— dijo, aunque mareado por toda la información que debía procesar. Imaginaba a Jōnouchi siendo de todo menos un asesino—. Siéntense y presten mucha atención.