DISCLAIMER: Bones no me pertenece. Si me perteneciera desde la primera temporada ya tendrían cuatro hijos. Es de Hart Hanson, Stephen Nathan, Kathy Reichs y FOX. No intento violar las leyes de copyright ni recibo nada por escribir esto. Lo hago por pura diversión.
NA: Sé que me odiáis por dejar el capítulo pasado a medias... Pero la espera aumenta la gratificación.
NA2: ¿Alguien de vosotras sabe cuándo se estrena la octava temporada en España? En laSexta, no en Fox España. Soy española, pero no quiero mirar la serie por internet subtitulada. Prefiero saber cuándo se estrena. Ayuda, por favor. Por cierto, no me hagáis muchos spoilers. (Un poco nunca viene mal, pero no mucho...)
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-Algo ha pasado. Y voy a averiguar qué es –dijo Ángela con una sonrisa. Le encantaban las historias de esos dos.
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Chapter 3
En su despacho, Brennan leía y releía el poema. Ángela... Todo empezaba y terminaba con Ángela.
Pero Booth... Booth... Él estaba por medio. Pobrecillo. Era mejor que no se metiera en una pelea entre amigas. Entre hermanas.
Aquella mujer que siempre había considerado más que una amiga... Ya no podía ayudarla. No en esto. No volvería a mirarla de la misma forma.
Vio que la artista se acercaba, así que metió el poema bajo una carpeta del Jeffersonian que estaba debajo de otras carpetas y fingió que no hacía nada.
-Cariño, ¿qué ha pasado? –dijo la mujer con cara de preocupación.
-Nada, Ángela –dijo la otra con un tono frío y distante. La cara de su amiga cambió de preocupación a terror. ¿Brennan estaba enfadada con ella?
-¿Cómo que nada? ¿Por qué me hablas así? Y, además, ¡has llorado!
-No te hablo de ninguna forma, Ange. Y conocía a Hank, era un buen hombre... –trató de justificarse.
-De ninguna manera Brennan. O me cuentas lo que ha pasado y por qué estás enfadada conmigo o lo voy a descubrir yo solita –la artista estaba empezando a perder la paciencia.
-Pues buena suerte –dijo la antropóloga cortante.
Se levantó de su escritorio y se fue hacia el sofá. Pasaron unos minutos hasta que Ángela dijo:
-¿Me vas a contar por qué estás enfadada conmigo?
-Oh, lo sabes mejor que nadie.
-No, no lo sé –dijo la artista resolutiva.
-Ángela, por dios, ¡estás casada! –dijo mirándola con una mirada defraudada.
-¿A qué viene esto ahora? ¡Ya sé que estoy casada! Oh, dios... ¿No estarás enamorada de Hodgins, verdad?
-Pues claro que no. Lo que digo es que empiezo a dudar de que tú sí lo estés.
Ángela no podía haber oído aquello.
-¡Cómo te atreves a decir esto!
-¿Qué cómo me atrevo? ¿En serio lo preguntas?
-¡Pues sí! ¡Claro que amo a Jack! ¡Más que a mí misma! Y no pienso tolerar otra salida de estas, Brennan.
-Ya...
-¿Y encima me lo dices tú? ¿La gran experta en el amor? ¿La mujer que no sabe ver quién le ama después de tantos años, de verle todos los días?
-¿Qué...?
-Oh, Brennan, lo sabes mejor que nadie –dijo sarcástica imitando sus palabras-. Estás ciega, Bren, ciega. Y no me refiero a los conos y lo que sea que hay dentro de los ojos, lo digo metafóricamente –añadió rápidamente.
Las lágrimas empezaban a luchar por salir de los ojos de la antropóloga. Su amiga lo vio y corrió a intentar arreglar el error que había cometido.
-Oh, no, cariño... Lo siento mucho, perdóname, yo no...
-Déjalo, Ángela. ¿Sabes? No quiero hablar. Dile a Cam que me voy a casa.
-Pero...
-Hasta mañana.
Cogió su bolso y se fue.
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Cuando Hodgins vio salir a Ángela del despacho de su amiga, le dijo:
-Angie, yo también te quiero mucho, pero no me metáis en esto –dijo con tono de súplica.
-¿Tanto se nos ha oído? –suspiró la artista.
-Ya se ha enterado todo el Jeffersonian... ¿Qué ha pasado? –preguntó Cam-. No, espera, yo tampoco quiero que me metáis en esto –añadió rápidamente la patóloga.
-No sé qué le pasa. Se ha enfadado conmigo por algo y no quiere contarme qué es. Dice que lo sé mejor que nadie...
Los tres se quedaron en silencio.
-¡Qué horror! He oído lo del abuelo de Booth... –Sweets acababa de entrar en el laboratorio.
-El entierro es mañana a las 10. Supongo que Booth también querrá que vayas –dijo Cam.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué estáis todos así de callados? –dijo el joven psicólogo al verlos con cara de preocupación.
-Buena pregunta –djo Hodgins.
-La verdad, no lo sé –añadió Ángela.
-Por cierto, ¿cómo te has enterado de lo del abuelo de Booth? –preguntó Cam.
-En el FBI ya lo saben todos. Booth ha llamado a Cullen para decírselo y que no volvería al FBI hoy.
-Y Cullen se lo ha dicho a todos –terminó la patóloga.
-Así es. Esperaba encontrar aquí la Dr. Brennan... ¿Por qué no está?
-Me encantaría saberlo –dijo Ángela.
-Pues a mí no –replicó Hodgins.
-A ver, chicos, es viernes. Opino que deberíamos irnos a nuestras casas y descansar. Ya nos veremos mañana, nuestro querido profesor drogadicto puede esperar al lunes. –dijo Cam.
-Sí, es lo mejor –contestó Hodgins, alegre de que el trabajo hubiera terminado.
-Oh, Ángela, ¿podrías hacerme un favor? –preguntó Cam-. Brennan tenía que darme unos papeles relacionados con el último caso. ¿Podrías traérmelos? Tienen que estar en una carpeta del Jeffersonian... Es que yo no me aclaro mucho en cómo guarda las cosas Brennan y tú tienes que saberlo.
-De acuerdo, ahora vengo. –aceptó Ángela.
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-Carpeta del Jeffersonian... Carpeta del Jeffersonian... –Ángela buscaba en el despacho de su amiga hasta que encontró lo que buscaba bajo una pila de otras carpetas-. ¡Aquí está!
Apartó las demás carpetas y cogió la que buscaba. Pero lo que vio debajo... ¡Claro! ¡Ahora ya sabía por qué su amiga estaba tan enfadada!
Brennan lo había entendido todo mal. Aunque, de hecho, nadie se lo había contado nunca.
Salió corriendo del despacho con el poema en la mano, para ir a su despacho a coger el abrigo.
Se dirigió a la plataforma, le entregó rápidamente la carpeta a Cam y se marchó corriendo.
-¡Hodgins! ¡Nos vemos en casa! –gritó antes de salir.
-¿Pero por qué hoy todo el mundo sale corriendo sin decirnos nada? –preguntó Cam.
-No sé si quiero saberlo –suspiró el entomólogo.
-Estoy contigo –respondió su jefa.
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En su apartamento, Temperance Brennan cenaba en su mesa. De hecho, más que cenar, miraba la comida pensativa. Intentó terminarla pero no pudo, había algo en su estómago que le impedía comer.
Suspirando, lavó los platos, se quitó la ropa y entró en la bañera que había llenado poco antes. Un baño caliente era lo que necesitaba. Se relajó tanto que en cuanto salió de la bañera, se envolvió en una toalla y cayó en su cama profundamente dormida.
Pero unos golpes en la puerta la despertaron de su sueño. Miró por la mirilla y al ver quién era decidió ignorarla. Pero los golpes se hicieron más insistentes.
-Cariño, sé que estás aquí –dijo la voz de Ángela-. Por favor, ábreme, sé que estás enfadada y tengo algo que contarte.
Brennan abrió la puerta.
-¿Qué quieres?
-Oh, ¿estabas en la bañera? Lo siento... –dijo la artista al verla con una toalla y con el pelo húmedo.
-Da igual, ya había salido. Pasa.
-Esto es para ti –dijo dándole el poema.
-No es verdad –respondió la antropóloga.
Su amiga pasó y se sentó en el sofá.
-Sí que lo es. Lo has entendido todo mal.
-Yo creo que está bastante claro –dijo la otra.
-Ven aquí –le respondió. Brennan se sentó a su lado.
-¿Dónde lo has encontrado? –preguntaron a la vez.
-Tú primero –dijo Brennan.
-Cam me ha dicho que le llevara una carpeta que estaba en tu despacho. Así que cuando la he encontrado debajo había esto. ¿Y tú? –le contó la artista.
-He ido a casa de Booth, le he preparado un café y se ha ido a la cama. Le he cogido la chaqueta para colgarla y ha caído esto. Junto con una nota que decía que te lo dejaba en el cajón para que los otros no lo viéramos. Y por eso te he dicho lo de Hodgins. Lo siento, sé perfectamente cuánto lo amas. –se disculpó la antropóloga.
-Contéstame una pregunta. ¿Amas a Booth?
Eso no se lo esperaba.
-¿Qué? Absurdo...
-A mí no me engañas.
Brennan suspiró.
-¿Tanto se nota?
-No –dijo su amiga con una sonrisa de oreja a oreja-. Pero a él sí se le nota.
Sus ojos azules la miraron abiertos cómo platos.
-¿Qué?
-No me digas que no lo habías notado...
-No...
-Todos en el Jeffersonian lo sabemos. No nos lo ha dicho, pero se nota. Bueno, a mí sí me lo ha contado.
-¿Hablas en serio?
-Nunca voy a bromear con esto.
-Ángela, cuéntame toda la verdad –suplicó Brennan.
-Booth vino a mi despacho hace unas semanas y me lo contó. Después me dijo que me daría algo que yo tenía que darte. Esa era su forma de decirte que te quiere. Otra vez. Sin que tú le pegaras una cachetada. Pero claro, ninguno de los dos contábamos en la muerte de su abuelo... Y tampoco contábamos en que lo encontrarías. Por eso todo se complicó.
Brennan estaba en shock.
-Bren, cariño, está loco por ti. Se moriría antes de dejar que te ocurra algo –al ver que su amiga no respondía, añadió:-. Bueno, Hodgins me estará esperando en casa. Nos vemos mañana, cielo.
Le dio un beso en la mejilla y salió del apartamento de su mejor amiga.
La antropóloga tardó unos minutos en reaccionar. Cuando lo hizo, no pudo evitar saltar como una niña.
Estaba tan feliz... Quería que él también lo estuviera. Quería hacerlo feliz. Mañana iba a ser un gran día.
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-Hank Booth fue un buen esposo, padre, abuelo y bisabuelo. Crío a sus dos nietos... –la voz del cura cortaba el silencio del cementerio.
Hacía un poco de frío. Jared y Booth estaban delante de todo con el cura. Se notaba que estaban realmente tristes.
Detrás, estaban Cam, Hodgins, Ángela, Brennan, Sweets y otros amigos de Jared.
La ceremonia no fue muy larga. Todos se acercaron a darles el pésame a los hermanos. Brennan fue la última. Le dio dos besos a Jared y abrazó a Booth. Se quedaron en ese abrazo, Booth llorando y su compañera consolándolo.
-Te acompaño a casa –dijo ella.
-De acuerdo –no podía decir que no a aquellos ojos azules.
Al llegar a la puerta de su casa, la doctora le dijo:
-De verdad que lo siento mucho, Booth.
Él le dedicó una sonrisa. No era tan brillante como las de siempre, pero era aún más sincera.
La antropólga supo que ese era el momento. Se acercó a los labios de él y lo besó.
El agente quedó en shock. No se esperaba eso. La doctora pidió más y más hasta que él reaccionó. Pero debía pararla.
-Huesos, Huesos... –la apartó de él cortando el beso-. Espera...
-Oh, Booth... Yo lo siento, no debí hacerlo. Ya me voy.
Y se giró hacia las escaleras para marchar por dónde había venido.
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No me matéis por favor xD
Lo bueno ya llegará... Ya llegará...
Intentaré actualizar lo más pronto posible, pero para escribir necesito calma y tranquilidad, dos cosas que no suelen verse en mi casa.
Acepto peticiones, sugerencias, críticas (siempre que sean constructivas xD)...
