CAPÍTULO 3 –TORMENTAS-

Cuanto más miraba a aquella joven, más ira sentía. Pues no soportaba que lo observen con miedo, como si de un monstruo se tratara. A pesar de eso decidió no apartar su mirada de ella ni un segundo. Tenía que admitir que prefería sentir el miedo de alguien que observar el escándalo que estaba a punto de armar su hermana.

Alzó su mano derecha y dio un largo trago a su bebida. La mayoría se quejaba del sabor del alcohol, pero para él ya era como agua. Comenzó a jugar con sus bolsillos en un intento por mantenerse ocupado. Para su mala suerte, dejó caer sus llaves. Perezosamente se agachó para cogerlos antes de que algún idiota las pise. No le hacía falta alzar la mirada para darse cuenta que sobre él ya no había ninguna mirada de temor. Pero lo hizo. Observó hacía el lugar donde segundos antes se encontraba la peliazul, confirmando que tan sólo se encontraban presentes sus dos amigas. Llevó rápidamente su vista hacia la puerta para darse cuenta que la joven lo único que quería era huir de él. Soltó una disimulada carcajada mientras posaba su vista de nuevo sobre sus hermanos y su primo. Aquella sonrisa burlona que había aparecido tras ver a su compañera salir del antro como si de un gato asustado se tratara, se borró rápidamente al ver a la escandalosa de su hermana cerca del Uchiha.

Desgraciadamente, ahora era él el que quería salir huyendo de ahí.

No muy lejos de la barra se encontraba Temari, que ya no podía aguantar las ganas de partirle la cara a aquel pelinegro engreído. A pesar de que Sasori le dijera mil veces que tan sólo fue su culpa y que la hiciera jurar que no le dirá nada a aquel tipo, ella no podía dejar que ningún desconocido dañe a su hermano menor después de lo mucho que le costó apartarle de la mala vida.

Tocó bruscamente el hombro del pelinegro obligándole a girarse.

-¡¿Tú quién te crees para darle de consumir esas porquerías a menores de edad?!

~ X ~

Tras varios codazos, empujones y algún que otro resbalón a causa de las bebidas regadas en el suelo, finalmente pudo suspirar un poco más tranquila. Entre sus amigas y la multitud de personas que había en aquel local le resultó muy difícil salir.

Bajó la cabeza nuevamente observando sus tacones. Todavía no podía creer que ella estuviera utilizando ese tipo de calzado. Y lo que le resultaba aún más asombroso era pensar que se encontraba en un antro lleno de gente ebria y/o fumada que en ese estado tan sólo pensaban en restregar sus cuerpos y buscar quien llevarse a la cama esta noche (o a alguien con quien serle infiel a su pareja). Suspiró un tanto decepcionada. Pues realmente era lo que menos le importaba en ese momento. A pesar de que aquel local no era para nada como ella se lo imaginaba (al menos agradecería que hubiese un poco más de luz y una música menos ruidosa y molesta), eso no era lo que le hizo salir pitando de ahí. Lo que en verdad le aterraba eran esos ojos turquesa clavados en ella. No había podido dejar de pensar durante todo el día en aquel delincuente que tanto terror causó en ella. Lo que menos deseaba en ese momento era tener que soportar de nuevo su presencia. Era todavía más aterrador qué el dolor que sentía cada vez que veía a Naruto Uzumaki coquetear con Sakura.

Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se estaba dando cuenta de lo cerca que tenía a dos hombres detrás de ella. Al sentir varias respiraciones cerca de ella se giró bruscamente, rogando por qué no se tratara de nuevo de aquel pálido pelirrojo.

-Mira nada más que suerte tengo. –Comentó uno de ellos. –Y yo que pensaba quedarme en casa.

Al oír la carcajada del otro hombre se dio cuenta que esos tipos eran del mismo bando que el delincuente que horas atrás le atacó. Parpadeó varias veces, planteándose seriamente que podría tratarse de alucinaciones producto del miedo que sintió al ver a su "compañero". Pero su temor creció al darse cuenta que aquellos desconocidos seguían ahí, cada vez más cerca de su cuerpo.

-¿Estás buscando a alguien? –Le preguntó uno, manteniendo en su rostro una sonrisa burlona. –Apuesto lo que sea a que yo podría servirte más que cualquier idiota al que estés buscando.

Hinata sintió nuevamente su cuerpo temblar y su vista nublarse. Estaba comenzando a pensar que esos hombres no buscaban precisamente dinero de ella.

-¿Por qué no hablas, muchachita? –Preguntó el otro un tanto mosqueado. Pues el silencio de la peliazul le estaba poniendo de los nervios.

-Y-Yo… -Tragó saliva. –Quiero entrar dentro.

Hizo el intento por hacerse un hueco entre los cuerpos de ambos jóvenes, pero éstos le impidieron el paso. El más alto la cogió de la cintura, obligándola a pegarse a su cuerpo.

-¡Déjeme, por favor! –Suplicó.

Pero ninguno se dignó a contestar. Se limitaron a acorralarla. Presa del pánico intentó forcejear con los hombres, lanzando alguna que otra patada en vano. Pues los jóvenes tenían probablemente veinte veces más fuerza que ella. Parecían bastante entretenidos con la situación.

-Suéltenla.

Cierta voz masculina, decidida y muy fría les obligó a detenerse. Aún sin soltar a Hinata se giraron lentamente observando el rostro del recién llegado. Pero, para su sorpresa, no era ningún joven bien vestido y con cara de pijo intentando hacerse el héroe. Al contrario, era un tipo con todas las pintas de ser uno de ellos. Ropa desgastada, rostro un tanto dañado por consumo exagerado de drogas durante años, unas ojeras imposibles de pasar por alto y un tatuaje en su frente que no ayudaba para nada a remediar aquella faceta de joven gamberro.

Por otro lado Hinata, que tenía el rostro empapado por todas las lágrimas que había dejado salir por culpa del miedo, cesaron de golpe al oír aquella voz. No sabía si era producto de su imaginación o realmente estaba escuchando la misma voz de la persona que horas atrás la atracó. Intentó confirmar sus sospechas, pero tenía la vista muy nublada por todas las lágrimas que aún luchaban por salir.

-Amigo, llegas en mal momento. –Dijo finalmente uno, dejando clara su molestia.

-¿Amigo? –El recién llegado dejó soltar una carcajada. –Ni te atrevas en compararme contigo.

Uno de los jóvenes soltó bruscamente a Hinata, acercándose lentamente al pelirrojo.

-Niñato, por tu bien te aconsejo que te vayas. –Pronunció en voz baja y calmada. –El papel de niño salvador no te pega. ¿Acaso no ves que llevas las mismas pintas que nosotros? Será mejor que te largues. Esta ya es nuestra.

El chaval no dudó en vacilar, acercándose aún más.

-¿Me vas a medir con vosotros? –Se rió. –He cometido muchas delincuencias durante mi vida, pero nunca he hecho tal canallada de aprovecharme de una mujer.

El tipo que aún tenía acorralada a Hinata se olvidó completamente de su propósito y no dudó en acercarse rápidamente al recién llegado y empujarlo fuertemente. Éste, por su parte, nada asustado, no se lo pensó dos veces y sacó de su bolsillo interior del abrigo una navaja de tamaño medio.

Hinata, que se encontraba demasiado asustada como para huir de ese lugar, reconoció inmediatamente aquella navaja. No es que haya visto muchas en su vida. Realmente todas le parecían iguales. Todas menos esa. Un modelo mediano aparentemente suizo. Pues su mango era rojo y tenía una pequeña bandera con una cruz blanca. Sin duda se trataba de Sabaku No Gaara. Su compañero, atacante y… ¿ahora también salvador?

Sentía la necesidad de chillar, pedir ayuda. No comprendía por qué no salía nadie de aquel maldito antro aunque sea a tomar un poco el aire. ¿Cómo podía ser posible que estén a punto de matarse enfrente de las puertas de la discoteca y nadie se diera cuenta? Le urgía detener esto. Pero por alguna razón se veía incapaz. Su cuerpo no respondía y su voz parecía haber desaparecido.

Unos metros delante de ella, ambos jóvenes parecían un poco sorprendidos ante la navaja recién sacada del pelirrojo.

-Será mejor que se larguen, ¿sí?

-¡Eres un canalla! –Exclamó uno de los hombres, que a pesar de dejar ver cierto temor en sus ojos, no dejó de mantenerse seguro de sí mismo. -¡Los verdaderos hombres pelean con el cuerpo! ¡No utilizan ningún tipo de armas!

-Llámalo como quieras. –Respondió Gaara, aparentemente para nada molesto ante el comentario de su adversario. –Pero peor es lo que pretendíais hacer con esa mujer.

Los hombres bufaron molestos y se alejaron lentamente.

-No creas que te vas a ir tan campante después de haberme humillado así, maldito bastardo. –Dijo finalmente uno de ellos. –A partir de ahora tú y yo tenemos una cuenta pendiente. Te aconsejo que para la próxima vez si lleves tu jueguito. –Añadió, señalando la navaja que tenía el pelirrojo entre sus manos. –Aunque ni esto podrá salvarte. ¡Nadie se mete conmigo y sale ileso!

-¡Búscame cuando quieras y donde quieras! –Contraatacó. –Me llamo Sabaku No Gaara.

Ambos lo miraron incrédulos al escuchar su nombre. Lo recorrieron varias veces con la mirada de arriba a abajo.

-¿Sabaku? –Repitió uno sin salir de su asombro. -¿Eres familia de Sasori?

Asintió un tanto confundido. A juzgar por la cara de ambos, su apellido es un insulto.

Ambos bufaron y se acercaron a la entrada de la discoteca.

-Hace tiempo tengo una cuenta pendiente con ese bastardo y sus amigos. –Reconoció uno. –Que seas un Sabaku solo empeora las cosas.

-Chaval, será mejor que te andes con ojo a partir de ahora. –Dijo el más alto antes de desaparecer tras la puerta del antro. –No sabes en lo que te acabas de meter.

"Hmp." Gaara bufó ante las palabras de aquellos desconocidos. ¿Qué no sabía en lo que se acababa de meter? Estaban equivocados. Había estado en cosas mucho peores. Se preguntó qué problema habrán tenido con su primo. Se quedó mirando hacia la puerta ahora desierta. Dudó varios segundos en si debía bajar la guardia y finalmente guardar el arma. Al darse cuenta que ninguno de esos jóvenes tenía las intenciones de regresar, finalmente decidió volver a guardar su navaja en su bolsillo interior.

Varios metros más alejada se encontraba la peliazul, todavía incapaz de salir de su asombro. No era realmente el pensar de qué manera tan fácil aquel pelirrojo se libró de ambos, en el lío que acababa de meterse por su culpa o el pensar que era la segunda vez que se libraba de gamberros como aquellos en lo que va de día. Lo que realmente no la dejaba salir de su asombro era el pensar que el que había impedido que algo malo le pasara… Era él. Sabaku No Gaara. Quería hacer el intento por darle las gracias o aunque sea sonreírle, pero se veía incapaz de moverse. Sentía entre calma y miedo a la vez. Observó perpleja como Gaara metía sus manos en el bolsillo y sacaba un cigarrillo. Lo encendió rápidamente y se dispuso a alejarse de la discoteca sin siquiera dedicarle una mirada. Parecía de lo más calmado y tranquilo. Como si estar a punto de descuartizar a dos hombres o que te amenacen fuera de lo más normal. Al verle alejarse Hinata se sintió realmente estúpida por haber llegado a pensar que él trataba de salvarla para ser él el que se aproveche de ella. Inconscientemente comenzó a caminar hacia delante, siguiéndole. Intentó acelerar sus pasos, pero cierta presencia la detuvo.

-¡Por Dios, Hinata! ¡¿Dónde te metiste durante tanto tiempo?!

Hinata observó a la dueña de aquella voz. Con todo esto se había olvidado completamente de sus amigas.

-Yo… -Miró a lo lejos, dándose cuenta de cómo Gaara iba desapareciendo entre la oscuridad. En esos momentos maldijo el hecho de que no hubiera ni siquiera una farola que ilumine el camino. Resignada, agachó la mirada y suspiró. –Yo sólo estaba tomando el aire.

~ X ~

No sabía qué rumbo tomar. No sabía si perderse en la oscuridad o dirigirse a su hogar. Decidió dejarse guiar por su instituto, pero realmente no sentía nada. No le importaba el lugar con tal de estar solo. Dio una última calada a su cigarro para dejarlo caer y aplastarlo con sus pasos. Dirigió su mirada al cielo. A pesar de la oscuridad, podía notar qué se avecinaba una gran tormenta. Sabía qué iba a ser mejor irse a casa, pero decidió vagar un poco más por las calles desiertas. En momentos de extrema soledad, oscuridad y silencio, tenía la mala costumbre de atormentarse con su pasado. Por su mente pasaban una y otra vez aquellas aterradoras imágenes. En este caso, las gotas qué iban cayendo del cielo le recordaban a sus hermanos. Al llanto de ambos. Sobre todo a las lágrimas de su hermana. Una vez más recordó una escena normal en sus días. Su cuerpo pesado tirado al borde de la cama. Aquel molesto dolor de cabeza, la garganta seca y la dificultad al respirar. Con todos esos malestares, lo único que necesitaba era dormir. Pero, como era de costumbre, el llanto de su hermana no se lo permitía. Alzó perezosamente la mirada para encontrarse con ella en ese estado. Le rompía el alma. Sentía la necesidad de levantarse, abrazarla y consolarla. De nunca volver a dejarla sola. Pero los efectos secundarios de las porquerías qué se había metido la noche anterior ni siquiera le permitían tener control sobre su cuerpo. A duras penas conseguía mantener la vista entreabierta. Intentó volver a dormir, pero esta vez los continuos gritos de aquel monstruo no se lo permitieron. Una vez más buscó fuerzas de dónde creía no tener y se levantó. Rebuscó dinero entre sus chaquetas tiradas y se encaminó hacia la salida de la habitación. De nuevo volvió a sentirse como un completo inútil e ignorante. Una vez más decidió ignorar el dolor que sentía en el interior y olvidarlo metiéndose la misma basura de siempre. Una vez más dejó atrás los seres qué más ama y qué más lo aman, y a aquel monstruo qué estaba destrozando sus vidas.

Sacudió bruscamente la cabeza en un intento de sacar de su mente aquellos terribles recuerdos del pasado. Recordándolo venía la culpabilidad y, con ello, las ganas de volver a consumir. No podía recaer. No podía defraudar a las únicas personas qué le siguen amando. Intentó pensar en otra cosa. ¿En qué casi acuchilla a unos tipos? No. Eso no le parecía interesante. Pues no era nada nuevo para él. Lo qué si era algo muy inusual en él era no hacerlo para su propio beneficio, si no para ayudar a alguien más.

"Siento estar en deuda con esa mocosa…" Pensó de mala gana. "Más bien, con todas las mujeres". Ayudarlas, a pesar de no sentir ninguna atracción por ese género (pues consideraba a todas unas zorras), es una manera de remediar el error de no haber ayudado a su hermana cuando lo necesitaba. "Y, en lugar a eso, haber ayudado a la persona equivocada…"

Miró de nuevo el oscuro cielo. Esta vez las gotas caían con mayor rapidez. Malhumorado, aceleró el paso antes de qué la tormenta llegara y lo pillara en medio de las oscuras calles.

~ X ~

Después de una larga discusión con sus amigas, finalmente las convenció de que la dejen irse. Y, sobre todo sola. A pesar de aquellas gotas qué estaban comenzando a caer, sabía qué no podía irse a su casa sin antes cumplir con su propósito. Darle las gracias a aquel delincuente por salvarla. ¿Delincuente? Sí. Para ella no dejaba de serlo, aunque la ayudara mil veces, en sus ojos él nunca iba a dejar de ser el primer gamberro en amenazarla con una navaja. Pero ante todo se consideraba una mujer justa. Reconocía el haber actuado mal en ni siquiera haber sido capaz de agradecerle la ayuda, pero más vale tarde que nunca.

"Por mi culpa se metió en un buen lío. Al menos tengo que agradecerle esto…"

Ahora se encontraba sola por unas calles oscuras que jamás había habitado. A punto de ser pillada por una tormenta. A pesar de que le preocupaba eso, sabía que encontrar a aquel delincuente no le ocuparía un poco más de quince minutos. Luego, regresaría a su casa y disfrutaría de la tormenta como acostumbraba a hacer. Acurrucada en su cama oyendo la lluvia caer. ¡Cómo amaba esos días! Sentía que estaban hechos para ella. Sentía que hasta el cielo, que siempre estaba tan radiante y reluciente, tenía sus días oscuros. Desgraciadamente y aunque odiaba admitirlo, en su vida nunca hay días radiantes. Ella tan sólo conoce la oscuridad. Siempre pensó qué para ser feliz necesitaba sentirse amada. Admirada. Necesitaba sentirse útil. Siempre fue su propósito. Conseguir la admiración de sus padres. Que ellos se sientan orgullosos de ella.

"Pero él…" Bajó la mirada. "…Él siempre me menospreció."

En su mente apareció el rostro de su padre. Un hombre de mediana edad, siempre tan serio y formal. Siempre bien vestido. Tan elegante. Siempre dando una buena imagen de su conocida familia. Siempre, y al igual que sus hermanos, intentando que sus hijos sean igual de decididos, firmes y fuertes como ellos. Pero con ella fracasó. Para él, ella siempre fue la oveja negra de la familia. Tan tímida, insignificante. Constantemente dependiendo de los demás para hacer o decir algo. Durante años intentó cambiarla. Darle la confianza y la autoestima que le faltaban. Pero finalmente se dio por vencido y decidió ignorarla. Como si ella ni siquiera fuera su hija.

"No le culpo. A veces hasta yo pongo en duda ser una Hyüga…"

Desde aquel día luchó por convertirse en aquello que su padre no logró convertirla. Día a día intentaba volverse más fuerte y tener más confianza en sí misma. Pero, ¿qué pasa cuando su padre la menosprecia? Silencio y temor. ¿Qué pasa cuando siente sobre ella aquellas miradas burlonas en la escuela y/o los cuchicheos críticos de sus compañeros? Más silencio y temor. ¿Qué pasa cuando la persona que ama demuestra amar completamente a su mejor amiga? Exactamente lo mismo. Al igual que cuando descubre lo admiradas que resultan ser sus amigas, a diferencia de ella qué no atrae ni siquiera la mirada del perro. Ahora lo único que deseaba era pasar desapercibida por todos. A pesar de qué ser ignorada y poco valorada por todos supusiera para ella vivir siempre en días grises y oscuros. Sin ninguna emoción en su día. Sirviendo solamente para apoyar y ayudar a los demás.

Estaba tan sumida en sus pensamientos qué ni siquiera se daba cuenta de lo rápido qué estaba comenzando a llover. Tan solo sentía estar caminando sobre sus propias lágrimas. Ya ni siquiera sentía miedo de encontrarse con esos ojos turquesa de su compañero. No pensaba en qué no había ni un alma por aquellas calles desiertas que pudiera ayudarla si él quisiera hacerle algo malo. A pesar de haberla salvado, no confiaba nada en él ni en sus intenciones.

Aunque, en el fondo le confortaba saber qué llevaba el dinero suficiente como para pagarle el favor.

~ X ~

No muy lejos de aquellas calles oscuras y desiertas, el Infiniti G37 Cabrio de Itachi Uchiha recorría a toda velocidad las calles en busca de algún alma. A pesar de ser un hombre indiferente, frío y tranquilo, en su interior no podía evitar sentirse fastidiado. Esta no era su noche. Había salido con todas las intenciones de desconectar y disfrutar un poco del fin de semana. No contaba con qué se encontraría con la prima de Sasori. Y aún menos que ella quisiera echarle la culpa de qué su hermano menor consumió drogas con él. ¡¿Acaso él le puso una pistola en la sien para qué lo haga?! Como si todo eso no fuera suficiente, aquel pelirrojo había desaparecido y unos tipos les comentaron que había intentado pelearse con unos gamberros. Unos gamberros qué, casualmente, son enemigos oficiales de ellos. Itachi estaba consciente de que después de esto le iría muy mal.

"Tsk." Estaba seguro de que Sasori querrá ayudarle a su primo, y, con esto, Deidara y él se verían obligados a intervenir también.

No le hacía ninguna gracia estar de chofer de Sasori y sus primos (y todavía menos de Sabaku No Temari), mientras buscaban a aquel chaval, pero no podía negarle ningún favor a su mejor amigo, Sasori.

A través del espejo observó la mueca de disgusto para nada disimulada de Temari, que se vio obligada a subir al coche de su reciente enemigo. Pues Sasori no le permitió qué fuera sola por esas oscuras calles qué ni siquiera conoce. Y todavía menos con la lluvia que estaba cayendo.

-¡Itachi, para!

El nombrado se vio obligado a detener sus pensamientos y a fijarse mejor en la carretera. Pensando que Sasori había visto a su primo, comenzó a disminuir la velocidad de su descapotable. Pero, para su sorpresa, tan solo se trataba de una chica solitaria cruzando la calle.

-Es una compañera de Gaara. Parece que necesita ayuda.

Itachi asintió. A pesar de que esa chica siempre pasaba desapercibida, era imposible olvidarse de aquellos ojos tan peculiares que sólo poseían los Hyüga.


Eso es todo. Siento la tardanza, pero también edité un poco el primer capítulo antes de subir este.

¡Prometo que en el próximo capítulo habrá al fin acercamiento entre Hinata y Gaara, jé!

Y pues, gracias a todos los que leyeron y marcaron en alertas y favoritos.

¡Y sobre todo a Mare-1998, Jeffy Iha, Lau12, Satsuki C, Elena Hyuga y a por dejarme rr! :3

Nos leemos en el siguiente capítulo (que una vez prometo hacer acercamiento, ¡y no tardar tanto!) :')