Como siempre, muchas gracias por tomarse el tiempo de leer lo que escribo y por dejarme un review, que son los que me impulsan a continuar escribiendo. Espero que hasta ahora les esté gustando la trama, pues aunque al principio haya dicho que era sencilla, la cosa se me lía irremediablemente por momentos. El resto de comentarios los pongo al final, pues quiero explicarles un poco el motivo de la aparición de alguien en éste capítulo.

P.D.: Por si se preguntan de donde soy (aunque pueden averiguarlo en mi profile), vengo de Ecuador.

Veela-chan.


Advertencias: Éste es un fic YAOI (relación chicoxchico) así que sí no eres partícipe de éste género, todavía estás a tiempo de irte. No quiero quejas después si es que quedas traumado.

Información: Algunas partes de la historia se suceden en Shibuya, un existente barrio de la ciudad de Tokio. Los lugares como tiendas, bares e incluso edificios, no son reales.


Naruto y todos sus personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.


The New Guy

Capítulo Tres: Surprise.

Dos días. Habían pasado dos días desde que le contase a su padre que el viejo Namikaze Jiraiya llegaría a la ciudad la semana entrante. Ahora, sentado en la mesa del comedor, recién llegado del colegio, contemplaba el plato rebosante de comida sin mucho apetito, como le venía sucediendo desde hace tiempo. Y los cambios ya habían empezado a notarse: aunque dormía bien toda la noche, tenía marcadas ojeras bajo los ojos, se sentía un tanto débil y había enflaquecido bastante.

-Hijo –habló Kushina con la voz extrañamente ronca-. ¿Mañana podrías pasar por la pastelería de camino a casa?

-¿Por qué? –no podía preguntar otra cosa. Era muy raro que ella, alérgica a las cosas dulces, como era, le pidiese un favor de ese tipo. Además, por qué le estaba preguntando si podía hacerlo, si de todas maneras negarse no era una opción-. Perdón. Sí, claro que puedo.

-Muchas gracias.

Y se quedó callada. Por suerte Minato no llegaba aún a la casa, o si no la situación podría haber sido más tensa. Naruto contempló a su madre por unos vagos segundos antes de comenzar a engullir la comida. De verdad no tenía hambre, pero no estaba dispuesto a adelgazar mucho más. Cuando terminó, recogió su plato y marchó a su habitación.

-

-Saldré un momento –avisó desde la entrada-. Regreso después.

No esperó contestación alguna, simplemente cerró la puerta tras de sí. El pesado ambiente que se había apoderado de su casa era insoportable. Todas las mañanas se levantaba más temprano con la excusa de que tenía que adelantar algún trabajo y así llegar con tiempo de sobra al colegio, pero en realidad era sólo una justificación para pasar el menor tiempo posible allí. Por ese motivo había decidido pasear un rato por la ciudad: iba a asfixiarse si continuaba ahí dentro.

Respirando profundamente el aire de la ciudad, caminó calle abajo, deteniéndose estratégicamente en la esquina, esperando que una larga cola de autos, que pasaban raudos a su lado, fuesen detenidos por algún semáforo. Una vez tuvo la oportunidad de cruzar, no pensó dos veces, ni siquiera miró a los dos lados, regla básica a la hora de salvar el espacio entre aceras.

Un tanto desorientado y con el temor a perderse haciendo mella, pensó que sería mejor regresar. Pero una silueta conocida en la distancia le hizo cambiar de parecer. Continuó caminando hasta avanzar otra cuadra más, dónde sorprendió a la despistada pelirosa observando atentamente un vestido azul que se exhibía en el escaparate de una tienda.

-Te quedaría perfecto, si quieres mi opinión.

Sakura dio tal respingo, que las múltiples bolsas que cargaba, saltaron por los aires, acabando desparramado su contenido en el suelo. El rubio se apresuró a recogerlas, la chica imitándolo al acto. Una vez terminaron de poner todo en su lugar, la pelirosa por fin puso verdadera atención a su compañero.

-¿Paseando, Naruto-kun? –Preguntó la chica, componiendo una divertida sonrisa-. ¿O estás perdido?

-Puede que un poco de ambas –confesó, sonrojado-. ¿Te molesta si te acompaño?

-¡Claro que no! Es más, necesito que alguien cargue las bolsas por mí y me diga si la ropa me queda bien.

-Suena tentador.

-Buen sarcasmo –le golpeó en el hombro-. Acompáñame.

Y entraron a la tienda que tenían al costado. Dentro, las dependientas sonrieron hambrientamente al rubio, recreándose la vista con carne americana de la buena, por que se notaba que no era de allí. Sakura, en un arrebato de celos, entrelazó sus manos, mirando desafiante al par de buitres que parecían querer tragarse a su amigo entero. Ellas simplemente fruncieron el ceño, pero disimuladamente escrutaban a Naruto por los cuatro costados, tanto como les era posible.

-Salir contigo sería un problema grave –comentó la pelirosa, removiendo la ropa que colgaba de las perchas-. Llamas demasiado la atención.

-¿A que te refieres?

-¿Viste la reacción de esas dos? –Preguntó apuntando ligeramente al mostrador-. Si yo fuera tu novia tendría que estar luchando constantemente con las demás chicas. Eres muy guapo Naruto-kun, aunque no quieras creerme, por que sé que no lo haces.

-Eso tiene una razón –replicó, molesto-. Nunca antes me lo habían dicho, no tantas personas. Jamás me he considerado alguien bastante atractivo, tal vez con encanto, pero nada más que eso. He atribuido mis pocas conquistas a mi personalidad, no a mi aspecto.

-Pues para que te enteres, en lo primero que todas se fijan es en tu cara, y déjame decirte, lo más impresionante son tus ojos… es imposible no quedarse mirándolos.

-Me estás alagando mucho, ¿no será que te has enamorado de mí? –se burló conteniendo una carcajada

-¡Por supuesto que no! –gruñó, totalmente sonrojada-. Y que no se te suban los aires a la cabeza, que hay más quienes pueden hacerte competencia.

-Dime uno.

-Uchiha Sasuke –dijo Sakura firmemente-. Antes de que llegaras, todas suspiraban por él, y aún lo hacen. Pero bueno, su atención se desvía inevitablemente a ti. Has cambiado algunas cosas que parecían incambiables en poco tiempo.

-¿Ah, si?

-Todas creíamos, me incluyo, que nadie lograría eclipsar aunque fuera un poco a Sasuke. Su aire de superioridad, la frialdad que lo caracteriza, esa mueca seria que no cambia nunca… todo eso nos llama la atención, pero muchas han dejado su obsesión por él, colocándote a ti donde antes sólo había espacio para él.

Naruto cerró los ojos un momento, visualizando al moreno tal cual Sakura lo había descrito. Era verdad, cada cosa que veía en el Uchiha lo llamaba. Su cara, su piel, su cabello… sus ojos. Entonces se agregó a la escena. Los dos eran totalmente diferentes, un contraste perfecto entre el día y la noche, la luz y la oscuridad. Donde Sasuke exhumaba misterio, Naruto irradiaba evidencia. Agua y aceite… una combinación muy inusual.

Sopesó con cuidado las palabras de pelirosa. Que lo considerase lo suficientemente guapo para competir en contra de la mitificada belleza de Sasuke le hacia sentir extraño. Pero bueno, era una sencilla opinión, no iba a preocuparse por ello. Aún así, quedaba la sensación.

-¿Qué tal éste? –La voz de Sakura lo sacó de sus pensamientos-. ¿No es hermoso?

El rosado era definitivamente el color de la chica. Asintió levemente, siguiendo con la mirada el cuerpo de su compañera perderse tras la cortina de un probador. Ahí empezaba su tarea de observador, pero no era tan malo.

-

Los minutos se convirtieron en horas. Después de salir de esa tienda, cargados de paquetes, la parejita continuó caminando, adentrándose más y más en la zona comercial de Tokio. Entraron a cuanta boutique se les cruzó por el frente, siempre por iniciativa de la pelirosa, y cuando salían, lo hacían cada vez más cargados de cosas. Sakura reía a todo pulmón conversando con el rubio, mientras él disfrutaba de la compañía. Por un momento se le habían olvidado los problemas que tenía en casa, pero cuando sus ojos recayeron en la vitrina de una afamada librería, regresó esa sensación de asfixia.

-Icha-Icha Paradise –susurró, ralentizando la marcha hasta detenerse por completo-. Ero-sennin…

Sakura avanzó unos pasos más hasta que dejó de sentir la presencia de Naruto a su lado. Se ubicó a su costado, buscando con la mirada lo que tenía tan entretenido a su compañero. El rubio le facilitó las cosas, apuntando el libro verde en exhibición.

-Es un libro para adultos –dijo la pelirosa tras leer el título-. ¿Te gusta ese tipo de lectura, Naruto-kun?

-No es eso –suspiró pesadamente-. Mi abuelo los escribe.

-¿Tú abuelo?

Sakura no podía creer aquello. Su madre, reportera del canal de noticias, había entrevistado más de una vez a Jiraiya, el autor de libros más vendidos en el mundo. Incluso lo conocía, había hablado con él, cenado con él… no veía ningún parecido entre su amigo y el anciano, pero tal vez era eso, que él ya era un hombre viejo.

-Mi nombre real es Namikaze Naruto –dijo el rubio comenzando a caminar-. Pero por alguna razón llevo el apellido de mi madre en lugar del de mi padre. En fin, solamente me llamó la atención el libro.

-¿Entonces por qué la mirada triste? –Sakura le acarició el rostro-. Puedes contarme lo que sea, para eso están los amigos.

-¿Prometes no decir nada?

-¿Por qué habría de hacerlo?

-Por nada, pero quería asegurarme.

-

Veinte minutos después había terminado de relatarle a Sakura una parte de la larga historia de su familia, incluidas las peleas entre Minato y Jiraiya, producto de un problema mucho mayor que Naruto mencionó sólo de pasada. La pelirosa se llevó la taza de té a los labios y bebió un sorbo, echando un vistazo a la pequeña y acogedora cafetería donde habían ido a parar.

Aún le duraba la impresión de encontrarse frente al nieto de un hombre famoso y rico. Un japonés con la vida social expuesta ante todo el mundo. Sonrió de medio lado, recordando vagamente el día que apareció en su casa, citado ahí por su madre para entrevistarlo lejos de los ojos del público.

De todas maneras había algo que no encajaba en la historia del rubio. Si bien padre e hijo no se llevaban de lo mejor, tenía que haber algún motivo por el cual no lo hacían. Le parecía un tanto ilógico que el odio naciese de esa manera tan espontánea. Algo tenía que haber sucedido para la rabia contenida. Naruto le había estado mintiendo desde el principio, ya lo sabía, pero de todas maneras siguió escuchando, atenta.

-Eres un gran actor, Naruto-kun –dijo la pelirosa confundiendo al rubio con sus palabras-. Pero no lograste engañarme.

-¿De que hablas?

-Me mentiste –se pasó una mano por el rosado cabello en un sensual e inconsciente gesto-. No te atrevas a decir que no, si sabes que tengo razón. Anda, dime la verdad.

Era la segunda persona a parte de su madre que había logrado adivinar que la triste sonrisa que ponía cuando contaba cosas de las que no se orgullecía, era falsa. No le gustaba hablar de su pasado, pues era alguien bastante positivo, y las cosas malas únicamente entorpecían su visión del futuro. Esta vez sonrió sinceramente, contemplando a la chica con una mueca traviesa.

-Hace años, cuando mi padre todavía era adolescente, mis abuelos se pelearon por culpa de una tontería, una mentira infundada por una mujer sin escrúpulos que quería arruinar la vida de mi familia, alguien que odiaba mucho a Jiraiya –se le hacía difícil contar aquello, era remover recuerdos, aunque no hubiese estado allí, al menos al principio. Años más tarde tuvo que sufrir las consecuencias de esa tragedia-. Tsunade, mi abuela…

-¿Tsunade dices? –Estaba segura de que no había oído bien-. ¿La misma Tsunade que es dueña de la mitad de los hospitales de la ciudad? -constuvo una exclamación. Naruto era el nieto de dos importantes figuras del mundo, con razón le habían cambiado el apellido.

-Sí, ella –respiró profundo, armándose de valor para continuar-. Mi abuela en ese tiempo se había ganado una fama considerable por sus grandes avances médicos, pero tenía muchos problemas para luchar contra los demás doctores que querían dañar su carrera, entonces cuando se enteró de la supuesta traición de Jiraiya, decidió agarrar todo, y mandarlo a volar, cansada de tantas dificultades –suspiró-. Se divorciaron dos semanas después, jurando que ya no se querían, aunque se notaba todo lo contrario.

-¿Qué sucedió luego?

-Al principio habían decidido mantener lo del divorcio en secreto, al menos hasta después de la boda de mis padres, que se casaron muy jóvenes, pero Minato se enteró de todo antes de tiempo, y ciego de rabia, le echó la culpa a mi abuelo de lo que había pasado. Mi tío Iruka, el muchacho que Tsunade había decidió adoptar poco después de nacer mi papá, hizo de mediador entre ellos, pero nada funcionó –tenía la mirada vidriosa, pero no iba a llorar-. Hace casi cinco años recibí una carta del viejo donde me decía que quería llevarme de viaje con él. Y así lo hice. Conocí muchos lugares, hice muchas cosas… y aún así, la situación no mejoró.

Calló un momento, cerrando los ojos para recordar esa tarde, su cumpleaños número once. Parecía ayer cuando Jiraiya apareció en la puerta de la casa con un regalo para su único nieto.

-¡Viejo! –Gritó Naruto corriendo hacia el pasillo-. ¡¿Qué me trajiste?! ¡¿Qué me trajiste?! –Repetía con insistencia, siguiendo a su abuelo hasta la sala-. ¡Muéstrame!

-No seas tan escandaloso, Naruto-kun –lo reprendió Kushina, componiendo una sonrisa. Aunque a ella tampoco le agradaba la tensión entre su esposo y su suegro, quería bastante al viejo. Había sido como un padre para ella-. Lleva así toda la tarde.

-Toma –dicho eso le entregó una caja considerablemente grande, agujereada, que se sacudía levemente-. Ábrelo.

Arrancó el moño de brillante papel naranja, liberando la única fuerza que sostenía la tapa de la caja, manteniéndola cerrada. Un pequeño bulto tembloroso saltó al regazo de Naruto, refugiándose bajo su chaqueta azul. Era un gato de brillante pelaje atigrado, y ojos rasgados de un amarillo fosforescente.

-¿Te gusta? –Preguntó el anciano arrellanándose en el sillón-. Lo compré especialmente para ti.

-Tienes que darle un nombre, hijo –acotó su madre

Levantando un poco al gato para observarlo mejor, le escrutó con atención. Tenía toda la pinta de ser un animal malditamente escurridizo, cosa que le recordó a los zorros, e inevitablemente, a su cuento favorito de la historia japonesa.

-¡Kyuubi! –exclamó de un momento a otro-. Como el zorro de nueve colas.

En ese momento, escucharon con claridad el seguro de la puerta destrabarse, indicando que el último invitado que faltaba, había llegado. Minato dejó su saco y el maletín junto al paragüero de la entrada, sin ser consciente de la sorpresa que lo esperaba una vez cruzase las puertas dobles que llevaban a la sala.

Su rostro se congeló en una mueca inexpresiva al ver a su padre sentado en el sillón, contemplándolo como si hubiese salido de una película de terror. Naruto y Kushina sintieron enseguida la tensión.

-Será mejor que vayamos a darle de comer –dijo la pelirroja agarrando a su hijo fuertemente de la muñeca-. Acompáñame.

-Goodbye, old man (1) –se despidió el rubio de su abuelo, presintiendo que esa sería la última vez que lo vería-. Adiós –murmuró antes de adentrarse en la cocina

Lo siguiente que escuchó fueron gritos, cristal rompiéndose contra el suelo, golpes, y después, el ensordecedor eco del silencio.

-Pelearon en mi cumpleaños –dijo al fin. Estaba pálido y las manos le temblaban-. Nunca más volví a verlo.

-Eso es horrible… no puedo creer que se odien después de tanto tiempo –susurró la pelirosa secándose una que otra lágrima inoportuna-. Debiste sufrir mucho, perdóname por haberte obligado a contarme todo esto.

-No te preocupes, Sakura-chan –arrastró la silla hasta quedar junto a ella y le besó la frente-. Me hacía falta hablar con alguien, descargarme un poco... me hiciste un favor.

Sakura sonrió tímidamente y abrazó al rubio. Su instinto femenino le decía que necesitaba esa pequeña muestra de cariño mucho más de lo que aparentaba. Y ella creía tener problemas de familia.

-¿Qué pasó con tu abuela? –preguntó luego de un momento de silencio

-Todos los veranos, al menos hasta antes de mudarme, viajamos juntos a su casa de campo en California.

-No me refería a eso, tonto –rió por lo bajo-. Lo que me preguntaba era si ella volvió a casarse.

-Sí –contestó arrugando los labios, como si hubiese comido algo muy agrio-. Se casó con un tal Orochimaru, un compañero de trabajo, un año después de divorciarse. Supongo que lo hizo por que se sentía sola, por que nadie en su sano juicio se habría enamorado de un tipo así. Era alguien despreciable.

-¿Era? ¿Por qué hablas en pasado?

-El tipejo ese murió en un accidente de tránsito –soltó sin inmutarse. Se notaba la aversión que sentía por él, aun después de muerto-. Todos sintieron su pérdida, pero nadie lloró, sólo su hija adoptiva, Kylian.

-Será mejor irnos, Naruto-kun –dijo la chica mirando por la ventana. Parpadeó confundida unos segundos, habría jurado que Naruto, o alguien muy parecido a él estaba parado en la acera de enfrente, observándolos, pero desapareció al acto. Allí no había nadie-. No quisiera problemas con mi madre. Últimamente anda más sobre protectora de lo normal.

-Está bien –concedió el rubio, que no se había dado cuenta de nada, y llamó al mesero.

Después de pagar la cuenta, salieron de la cafetería y cada uno tomó un camino distinto. Cuando ya no le faltaba mucho para llegar a su casa, consultó el reloj: eran las 7:30. Llevaba casi seis horas fuera de su casa. Tenía que apresurarse.

-

Despertó más temprano de lo normal, aunque eso ya se le había vuelto costumbre. Preparándose en un adormecedor pero nada habitual silencio matutino, comenzó a dudar si su madre estaba despierta. Desde que había entrado en la secundaria, Kushina se levantaba a las seis en punto y no regresaba a la cama sino hasta las nueve de la noche, cuando ya no había nada pendiente por hacer.

Sin detenerse a contemplar su reflejo en el espejo, cosa que formaba parte de su eterno ritual matinal, bajó las escaleras de dos en dos, para encontrarse la cocina completamente vacía. Presa de una especie de pánico, regresó al segundo piso, y cuidando no hacer ruido, abrió la puerta del cuarto de sus padres.

Allí estaban los dos, abrazados en el centro de la cama, durmiendo con calma. Tal vez su despertador se había atrasado un poco, pero no importaba. Se merecían un buen descanso, por que nunca dejaban de trabajar. Sonrió tiernamente antes de cerrar la puerta y marcharse.

-Será mejor que busque algo para comer –se dijo así mismo, entrando en la cocina

Rebuscó en todos los armarios y repisas hasta dar con la comida enlatada. Junto al atún envasado al vacío, reposaban pequeños tazones de ramen pre-cocinado. Nunca lo había probado, pues no era muy fanático de la comida oriental, pero su inexperiencia en la cocina lo obligaba a recurrir a ese tipo de alimento.

Encogiéndose de hombros calentó un poco de agua que vertió dentro de un termo metálico, especialmente diseñado para mantener las cosas calientes. Sacó unos palillos del cajón de los utensilios de cocina, y los guardó en su mochila junto con el ramen y el agua.

Abrió la nevera, moviendo algunas cosas de aquí para allá hasta dar con una manzana. Por primera vez en lo que llevaba de colegio, desayunaría. Había despertado con apetito, y estaba seguro de que no se le quitaría hasta bien entrada la tarde. Verificó que no le faltara nada, y se encaminó a la entrada, donde una pequeña nota pegada a la puerta llamó su atención.

-"No olvides pasar por la pastelería" –leyó en voz alta arrugando el papelito-. Mamá, mamá…

-

Llegó al colegio a tiempo, encontrando el salón completamente solo, a excepción de la figura sentada al final, junto a la ventana. Desde aquel beso, la "relación" que tenía con el Uchiha había pasado a formar parte de la nada. No hablaban, no se miraban, no cooperaban… en fin, cualquier lazo que podría haberlo unido a él, ya no estaba, ni volvería a estar, o almenos eso creía.

Sumamente nervioso, caminó hasta su lugar y tomó asiento sin hacer apenas ruido. El eco de las voces de los alumnos que estaban en el patio les llegaba claro, como si estuviesen ahí, a pesar de que el sonido era ahogado por los gruesos muros de cemento. Se revolvió incómodo. No le gustaba para nada el silencio, pero si para romperlo tenía que hablar con él, prefería quedarse callado.

Cansado de buscar que hacer, decidió ponerse a leer, la única alternativa que le quedaba. Sacó el libro que había comprado en la librería el lunes, y lo abrió más o menos cerca de la mitad. Aunque para los aficionados a la lectura ese avance fuera muy poco comparado con los suyos, para Naruto era una hazaña. Normalmente se cansaba de leer, pero con ese libro le había pasado diferente.

-¿Puedo ver? –preguntó Sasuke, curioso. Jamás se le había ocurrido que el usuratonkachi ese, como lo llamaba para sus adentros cada vez que pensaba en él, estaría leyendo un libro que se había ganado un lugar entre sus favoritos-. Oe, dobe –se le escapó.

-No te he hecho nada y ya comienzas a insultar –se quejó levantando los ojos del libro-. ¿Qué quieres, teme?

-Que me dejes ver el libro.

Dedicándole una desconfiada mirada, marcó la página donde se había quedado, y le entregó el libro al Uchiha, quien lo tomó con suma delicadeza, como si se tratase de algo muy valioso. Acarició el lomo con la yema de los dedos y procedió a abrirlo en la primera página.

-Escogiste bien –dijo el moreno, sin mirarle-. Ya lo he leído y es muy bueno.

-¿Enserio?

-Sí.

Cerró el libro y con cuidado, lo dejó frente a Naruto, quedando sus cuerpos muy cerca. El rubio se tensó ante la proximidad, pero no la rechazó, sencillamente se quedó allí, quieto. Sasuke miró a su compañero un momento, traspasándolo con sus ojos negros, que refulgían con un brillo extraño. Levantó la mano izquierda y rozó levemente la mejilla morena.

-¿Pero qué…?

Aprovechó el momento de desconcierto para sellar esos labios rosados con un casto beso. Nuevamente, Naruto no lo rechazó, pero tampoco lo aceptó. Se separó un momento para contemplar las mejillas sonrosadas, y volvió a besarlo, esta vez con más ansia.

Naruto ahogó un suspiro al sentir la lengua de Sasuke adentrarse en su boca, enredándose con la propia en un lento vaivén. No supo cuando comenzó a corresponder con las mismas ganas, pero si se dio por enterado, no dio muestras de ello.

Continuaron besándose así, despacio, hasta que uno de los dos comenzó a poner más energía, a la que su compañero no tardó en responder. Pronto el aire empezó a faltarles, pero eso parecía importarles poco. Continuaban devorándose la boca el uno al otro, llegando al límite de aguante que tenían sus pulmones. Se separaron jadeando violentamente, sin quitarse la mirada de encima. Naruto buscaba recuperarse rápidamente de la falta de aire para poder gritarle, pero las palabras murieron en su garganta, sofocadas por la campana.

-

-Naruto-kun –Sakura corrió hasta él y lo abrazó. La conversación que había mantenido con el chico la tarde anterior le daba una sensación de cercanía que no podía evitar-. ¿Comes con nosotras?

Asintió levemente, girando la cabeza para mirar hacia atrás. Los ojos negros de Sasuke lo escrutaban desde el otro extremo del patio, causándole una rara quemazón en el pecho. No sabía por qué, pero la idea de ser el centro de atención del moreno comenzaba a agradarle.

Siguió a Sakura por el jardín hasta llegar a un frondoso roble que proyectaba una fresca sombra en ese día tan caluroso. Se sentó junto a la pelirosa después de saludar a Ino, Hinata y Temari. Las tres ya habían empezado a comer, así que los restantes se apresuraron a imitarlas.

-¿Te sucede algo, Naruto? –preguntó Temari, notando al rubio algo despistado-. ¡Naruto!

-¿Ah? –El chico levantó la mirada de su tazón de ramen para clavar los ojos azules en los negros de Temari-. No, no me pasa nada.

-Entonces concéntrate, llevas toda la mañana así.

Sonrió ampliamente, regresando a la realidad, pero parte de sus pensamientos se quedaron en el solitario salón donde hacia algunas horas, había besado a Sasuke.

-

De regreso a casa, Naruto pasó por la pastelería como le había indicado su madre. La dependienta, una bella muchacha de cabello azul, le entregó un pesado pastel a nombre de Uzumaki Kushina. Le agradeció y se marchó. Caminó una cuadra, cansandose rápidamente. Aún le faltaba mucho camino por recorrer y no quería demorarse demasiado, algo le decía que no debía hacerlo.

Cuando el semáforo se puso en rojo, estuvo apunto de cruzar la calle, pero una voz grave pronunció su nombre, deteniéndolo. Volteó la cabeza en varias direcciones hasta dar con su interlocutor, quien resultó ser Gaara, el callado hermano de Temari. Éste le hizo unas señas para que se subiera al auto, y así lo hizo.

-Muchas gracias –dijo el rubio, dedicándole una sincera sonrisa-. Tengo suerte.

-¿Por donde? –preguntó sin variar un ápice su seria expresión

-Sigue recto, tercera cuadra a la izquierda –indicó-. ¿Para que querrá mi madre este pastel? –Preguntó en voz alta a nadie en particular mientras analizaba la caja-. Espero que sea de chocolate.

Tras unos minutos, Gaara se detuvo al comienzo de la calle, indeciso de donde debía dejar a Naruto.

-Esa casa de allí –señaló la esquina. El auto enseguida frenó lentamente frente a la puerta de madera negra-. De nuevo gracias, Gaara.

-No hay de qué –replicó, permitiéndose un amago de sonrisa

Naruto se bajó del auto y no entró en su casa hasta que el auto rojo de Gaara no se hubiese perdido en la distancia. Abrió la puerta, que extrañamente no estaba asegurada, nada preparado para lo que le esperaba dentro.

-

-¡Naruto! –gritó alguien a su lado

Kushina rescató el pastel antes de que éste cayera al suelo junto con su hijo y aquel que lo había empujado. Un tanto confundido, se quitó la maraña de cabellos rubios que le cubrían el rostro, encontrándose un par de brillantes orbes azules que le contemplaban a pocos palmos de la cara. Incluso podía sentir el cálido aliento rozar contra su boca.

-¡Quita! ¡Quita! –Intentó soltarse del agarre, pero el desconocido se aferró fuertemente a la cintura de Naruto, plantándole un sonoro beso en los labios-. ¡Argh! ¡Maldita sea, Deidara! ¡Te he dicho mil veces que no hagas eso, somos familia por el amor de Dios!

-No me importa –replicó el aludido-. Seamos familia o no, si me entran ganas de besarte, voy a hacerlo, tonto.

Naruto consiguió ponerse de pie con dificultad, pero no logró mermar el fuerte agarre al que se veía sometido. Aunque le fastidiaba como una patada en el estómago, Deidara, su primo, el hijo de Kylian, la hermanastra de su padre, siempre había sido la persona más cercana a él, secundado por Colin.

Sonrió de medio lado, feliz. Ahora comprendía el por qué del pastel: Deidara era adicto al chocolate, así como a todas las cosas dulces. Permitió que le molestase un rato más, hasta que de verdad le colmó la paciencia. Prácticamente se lo arrancó de la cintura y lo sentó en el sillón. El recién llegado rubio se apresuró a sujetar a su primo por las muñecas, y acomodarlo a su lado.

-Por cierto, Naruto-kun, linda chica la que escogiste.

El aludido se vio libre del posesivo agarre de su primo, y lo miró confundido. ¿De qué estaba hablando?

-¿Qué?

-Te vi ayer en una cafetería del centro con una guapa pelirosa... ¿Es tu novia?

-Una compañera de salón, nada más.

-Que pena, no sabes apreciar las cosas que te pone la vida en el camino, así como yo -y volvió a abrazarlo, ésta vez con más fuerza, aplastándole las costillas con toda la intención de sacarle el aire de los pulmones.

Se revolvió todo lo que pudo intentando alejarlo de su cuerpo, pero mientras más empeño ponía en soltarse, más ganas ponía Deidara en mantenerlo sujeto.

-¡Como jodes! –normalmente no usaba ese vocabulario, pero Deidara tenía la capacidad de anular la paciencia de cualquier ser humano en cuestión de segundos-. ¡Suelta!

-No...

-Vamos Naruto, déjalo, no te ha visto en años –dijo su madre sirviendo los platos de torta-. Además, será mejor que te acostumbres a verlo.

-¿Por qué? –preguntó sintiendo el terror agolparse en su interior. Pero no necesitó saber la respuesta, la mirada entre apenada y divertida de su madre habían sido suficiente contestación-. ¡Me niego!

-Sólo serán unos meses –se apresuró a añadir Minato-. Hasta que Kylian encuentre una casa a donde mudarse.

Vivir con Deidara era una de las muy pocas cosas que no quería hacer y entre afrontar su irracional miedo a las arañas y convivir con su fastidioso primo, prefería a los arácnidos. Al menos ellos no hacían tanto ruido. Logró soltarse por fin, y se acomodó en otro sillón, junto a la ventana.

-¡Pero fastidia demasiado! –Alegó, sabiendo que sus padres detestaban el relajo-. No podrán soportarlo.

-Te hemos aguantado a ti diecisiete años, déjame recordarte –dijo Kushina, sonriente-. Además, no sé de que te quejas si tú eres exactamente igual, sólo que te has calmado un poco.

Deidara engulló el último bocado de pastel, antes de comenzar a reír sin control. Lo que más le gustaba hacer en el mundo, después de ser un artista, era fastidiar a Naruto. Siempre conseguía hartarlo hasta el punto en el que no le quedaba otra opción que seguirle la corriente.

-Más tarde iremos a arreglar tu habitación –Kushina le sonrió

-No será necesario, tía –dijo con un tono serio que desentonaba terriblemente con su divertida expresión-. No voy a vivir aquí.

-Si es por lo que he dicho, perdóname –se apresuró a intervenir Naruto-. No fue mi intención.

-No te preocupes –le sonrió ampliamente, sin dejar de mirarlo-. Lo que pasa es que ya me han invitado a quedarme en otro lado, y acepté, eso es todo.

-¿Ah, si? ¿Y con quien? –Peguntó Minato-. No será con alguno de esos amiguitos tuyos.

-Tengo diecisiete años, tío, sé cuidarme solo; pero no, voy a vivir con alguien muy importante. Incluso le pedí que viniera para que lo conozcan.

Acto seguido, el inconfundible rugido de un motor apagándose se escuchó afuera. Una puerta se cerró con fuerza, y segundos después alguien tocaba el timbre. Kushina corrió a atender mientras las mejillas de Deidara se teñían de un leve rojo, algo inusual en él. Sólo se ponía así cuando estaba enamorado, entonces a Naruto no le quedaron dudas de que había traído a su parejita de turno.

Pero quien entró a la sala no era una adolescente, sino un hombre adulto. El rubio lo miró fijamente antes de reconocer cada rasgo en ese rostro sereno e imperturbable. El corazón comenzó a latirle con violencia, eran demasiado parecidos: sedoso cabello azabache, pero el suyo estaba recogido en una coleta tras la nuca, nívea piel blanca, y esos ojos negros capaces de cortarle la respiración a quien los mirara durante mucho tiempo. Estaba mirando el futuro de Sasuke, un futuro que aparentaba tener veintiún años.

-Tíos, quiero presentarles a mi novio –dijo Deidara abrazando al pelinegro-. Uchiha Itachi.

Los aludidos encajaron la noticia a su modo, preparados de antemano por Kylian, quien les había contado acerca de las preferencias de su hijo. Pero Naruto no se lo esperaba, aunque el parecido fuese tan evidente. Uchiha Itachi, esas simples dos palabras retumbaban una y otra vez en sus oídos mientras el recuerdo del beso aparecía fugaz ante sus ojos.

-Es un placer conocerlos –dijo el recién llegado entregando una rosa a Kushina-. Para usted.

-Muchas gracias –respondió la pelirroja, sonrojada-. ¿Quiere quedarse?

Itachi miró a Deidara, quien negó con la cabeza.

-Vendré a verlos mañana –dijo encaminándose a la puerta-. Nos vemos, Naruto-kun.

Itachi entonces fijó sus ojos negros en Naruto, quien no pudo sostenerle la mirada. El Uchiha sonrió de medio lado, despidiéndose de los mayores y arrastrando a su novio fuera de la casa.

-Son idénticos –susurró mirando por la ventana-. Idénticos…


(1) "Adiós, hombre viejo" (traducción literal) / "Adiós, anciano" (Lo que quise decir en realidad)


Notas: Antes de que se les ocurra matarme, permítanme explicar el por qué Deidara. Miren, como se han podido dar cuenta, la familia de Naruto es algo complicada con eso de la adopción (Iruka), el divorcio (Tsunade-Jiraiya), el padrastro (Orochimaru) y la hermanastra (Kylian). Entonces, para mantenerme fiel a esa complicación, se me ocurrió la fantástica idea de poner al rubio artista como familiar de Naruto por tres motivos: -El primero y más importante, es por que me dio la gana; es mi historia, yo decido como va. -El segundo, por que tienen mucho parecido. Y si consideramos que Kylian se parece a la madre, y se casó con un americano, tenía que nacer un niño con ese tipo de características. -Tercero, pero no por eso el menos importante: es un Universo Alternativo. Normalmente me ciño a como fueron distribuídos los personajes de la serie, pero digamos que necesitaba de alguien que me liase las cosas, pues Deidara es el novio de Itachi, hermano de Sasuke, he ahí el motivo. También quería salir un poquito de lo típico.

Otra cosa, si por si acaso no entendieron como se distribuye la familia de Naruto, aquí les dejo una explicación, para evitar confusiones futuras:

Tsunade/Jiraiya: ex esposos, con un único hijo en común. Abuelos de Naruto.

Iruka: adopotado por Tsunade, unos meses después de nacer Minato.

Orochimaru: Padrastro de Minato por un año, antes de morir en un accidente. (Se nota que no lo quiero, ¿verdad?)

Kylian: Hija adoptiva de Orochimaru. La adoptó antes de casarse con Tsunade. Ella, como Kushina, se casó a los 16 años, y tuvo a su hijo poco después de su cuñada.

-Bueno, eso era todo. Si quieren matarme, les recuerdo que muerta, no podré acabar de publicar el fic, pero los tomatazos, amenazas, opiniones y cualquier otra cosa, serán bien recibidos. xD


Nos vemos en el siguiente.