Declame

Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Mortal de Eileen Wilks.

Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente los combine por diversión.


El Odissey era grande, ruidoso y estaba abarrotado. Era un restaurante circular construido en los setenta, con sus enormes ventanales brillantes colgados sobre un promontorio que daba al océano, como una bola de discoteca gigante que hubiera acabado chafada y aplastada con el paso de los años.

Los invitados a la boda llenaban dos salones y se desparramaban por el patio, un lugar que proporcionaba una vista perfecta del sol poniéndose sobre las olas del oeste. En la sala de banquetes principal, la música competía con el rumor de las conversaciones mientras parejas jóvenes y mayores se adueñaban de la pista de baile. En el comedor anexo, las mesas del bufé desplegaban de forma inteligente todo tipo de aperitivos, galletitas saladas, gambas, salmón ahumado, fruta, queso y galletas que se podían comer de un solo bocado. Los restos de la enorme tarta nupcial con forma de torre ocupaban el lugar de honor en una mesa adyacente.

Hermione Granger no estaba disfrutando de la puesta de sol, ni picando de la tarta de boda. Estaba demasiado ocupada intentando que su primo segundo, Freddie Granger, no le pisara el pie mientras bailaban, y se preguntaba cuándo podría largarse. Por lo menos, no hasta transcurrida una hora más, decidió. No si no quería pagar un alto precio por hacerlo. Su madre se enteraría si se escabullía demasiado pronto.

Freddie interrumpió su monólogo sobre las injusticias del impuesto para trabajadores autónomos para decir:

— Por lo menos podrías intentar aparentar que te lo estás pasando bien.

— ¿Por qué?

— Todo el mundo te está observando. Tu madre. Mi madre. Todos.

— ¿Quieres decir que esta vez no vas a intentar meterme mano?

La barbilla de Freddie se elevó de aquella forma orgullosa y obstinada que a Hermione le había hecho derramar limonada en sus pantalones cuando tenía doce años.

— No hace falta que seas tan ruda. Solo porque un tipo intenta ser cordial...

— ¡Ay! —Hermione dejó de moverse.

— Esta vez no te he pisado.

— No, has chocado con mi brazo. El que llevo en cabestrillo —añadió con intención.

Freddie pareció mortificado.

— Lo siento. Lo siento. Lo he olvidado. No deberías estar bailando. —Tomó a Hermione por el codo sano—. Deberías sentarte.

El hábito de Freddie de decirle constantemente lo que era bueno para ella era una de las muchas razones por las que Hermione lo evitaba siempre que fuera posible. Sacaba lo peor de ella. Se esforzó por mantener los labios sellados hasta que estuvieran fuera de la pista de baile.

— Gracias por ser tan comprensivo. Creo que voy a picar algo del bufé.

— De acuerdo. Te traeré algo.

— Puedo alimentarme yo sola, gracias.

— Solo tienes un brazo sano. —Y Freddie lo tenía bien sujeto, llevando a Hermione hacia el comedor donde estaba servido el bufé.

Hermione suspiró. No quería comer. Quería alejarse de Freddie. De todos, en realidad, pero eso no era posible, así que no tenía más remedio que aguantarse e intentar ser amable.

— Madre me ha contado que por fin has dejado ese trabajo tuyo —dijo Freddie nada más llegar a la mesa del bufé—. La verdad es que estoy aliviado. Y madre también. Es una lástima que no lo hayas visto hasta que no te han herido, pero...

— Espera un minuto. —Consiguió liberar su brazo de la mano de Freddie con un fuerte tirón—. No he dejado el cuerpo porque me hayan disparado.

— Sea cual sea la razón, me alegro de que hayas recuperado el sentido común. El trabajo policial es peligroso y te expone a tratar con el tipo de gente, eh, equivocada.

Como los criminales, supuso Hermione. O quizá Freddie se refería a los otros policías.

— Supongo que tu madre no se ha enterado de la noticia completa. Todavía soy poli. Federal, pero aun así poli.

— ¿Federal? —Compuso un gesto de profunda desconfianza.

— FBI. ¿Has oído hablar de ellos? —Agarro un plato.

Freddie nunca captaba el sarcasmo. Mientras le llenaba el plato de comida que ella no quería, frunció el ceño, pensativo, y no por sentirse ofendido precisamente.

— Supongo que es como un ascenso. Ahora llevarás casos criminales de otro nivel y no tendrás que tratar con asesinos ni carteristas.

Los labios de Hermione sufrieron un espasmo semejante a una sonrisa cuando pensó en un FBI que arrestaba a una mejor clase criminal. Hermione le podía haber contado a Freddie que había recibido su único balazo en acto de servicio justo después de haber sido reclutada por el FBI. Pero no lo hizo. Él se lo contaría a su madre, que se lo contaría a la madre de Hermione, que había llegado a la misma conclusión que Freddie: que Hermione ahora tenía un trabajo más seguro.

No hacía falta agitar aquellas aguas. Miró el plato que sostenía en su mano, y que Freddie había llenado de comida suficiente para alimentar a tres personas.

— Espero que hayas recogido todo esto para ti. Soy alérgica al marisco.

— Ah. —Freddie miró el plato—. Lo había olvidado. Puedo, puedo quedármelo yo, y a ti te consigo otra cosa.

—No importa.

Él no la escuchó, por supuesto. Simplemente se puso a llenar otro plato.

— Hay algo que he estado esperando a preguntarte.

— No lo preguntes.

Freddie hizo una pausa y la miró con el ceño fruncido.

— Supongo que te consideras, eh, comprometida ahora mismo. A causa del tipo ese, Malfoy. Él, eh...

Ojos de cerdo, pensó Hermione. Freddie tenía aquellos pequeños y codiciosos ojos de cerdo.

— Lupus. Puedes decirlo, no hay problema, sabes. No es un insulto ni nada parecido.

— Estaba intentado decirte las cosas con tacto. Dime, es verdad que ellos...

— Sí. Absolutamente. —Miró a su alrededor. ¿A quién podría tomar corno excusa para escapar?

— ¡No me has dejado terminar!

— Ah, ¿no? —Ah, Beth estaba hablando con uno de los amigos médicos de Susan. Hermione se las arregló para captar la atención de su hermana, pero Beth simplemente sonrió, cerró los ojos y le dio la espalda.

Pequeña rata malcriada. Beth siempre había sido una consentida.

— Quiero que sepas que no voy a echarte en cara tu relación con Malfoy —anunció Freddie—. Soy un hombre justo. Lo que está bien para ti está bien para mí y todo eso. Y, eh, ya sé que su gente... bueno, que ejercen una influencia sexual muy fuerte en los demás. Aunque me sorprendió oír que tú..., pero no es culpa tuya.

La atención de Hermione volvió inmediatamente a Freddie.

— ¿De qué demonios estás hablando?

— De tu amorío con Malfoy. Hermione, de verdad, no debería repetirlo. Lo educado es escuchar a los demás.

— Oh, te estoy escuchando. Solo que creo que no te he entendido bien, ya que mi vida personal no te incumbe en absoluto.

— Somos primos. Y algún día, cuando termines con tus experimentos juveniles...

— Tengo veintiocho años, no dieciocho. —Sacudió la cabeza exasperada. Una vez que a Freddie se le metía una idea en la cabeza, solo podías sacársela con un escalpelo afilado—. Lee mis labios. No vamos a casarnos. Nunca.

La sonrisa de Freddie era paciente. Tolerante.

— Tu madre lo desea. Y la mía también.

— Mi madre quiere que me case, punto. Tú eres del género adecuado, eres Ingles, posees un buen negocio. Eso es suficiente para ella, es una pena que ya esté casada. Déjalo ya, Freddie. No quieres casarte conmigo. Ni siquiera te gusto.

— Por supuesto que me gustas. Me gustas mucho. Eres mi prima.

Y seguro que lo decía de verdad. O al menos se lo creía, que era casi lo mismo. Suspiró.

— Estoy de acuerdo con tu madre, deberías casarte. Cuanto antes. Pero no conmigo.Le pasó su plato, le dio palmaditas en el brazo y escapó aprovechando que Freddie tenía las manos ocupadas.

A veces la familia podía ser un infierno.

Decidió bailar un poco más mientras se dirigía al otro salón. Eso no eliminaría la probabilidad de que le hicieran más preguntas molestas, desde luego no cuando tanta gente se veía impulsada, obligada más bien, a preguntarle sobre su hombro, su nuevo amante y su cambio de trabajo. Pero al menos, reducía el número de momentos en los que podían hacérselas.

El DJ había pinchado I Want You to Want Me y el salón estaba abarrotado. Hermione se quedó al borde de la pista de baile, moviendo el pie más por irritación que por llevar el ritmo.

Freddie no era precisamente un as de la perspicacia, lo que hacía que para Hermione fuera más irritante que hubiera puesto el dedo en la llaga. Estaba comprometida, de acuerdo. Aunque decir que se habían apropiado de ella se acercaba más a la verdad.

Su mirada recorrió el salón, pasando por primos y extraños, conocidos, amigos de la familia y aquellos con los que había emparentado recientemente a causa de la boda. Se detuvo en la tía Rose, que estaba bailando con el padre de Hermione.

Rose Wilton (*) era la hermana de su madre. En esa rama de la familia de Hermione eran todos bastante altos, y Rose era además delgada en todos los aspectos: cuerpo delgado, rostro delgado y una sonrisa delgada que parecía más una tirita que cubría una herida dolorosa. Los labios de Hermione amagaron una sonrisa. La tía Rose odiaba hacer el ridículo, y la cabeza de Wendell Granger (**) apenas llegaba a la altura del hombro de su cuñada.

A él no le molestaba eso, Hermione lo sabía. Su padre poseía la maravillosa capacidad de ignorar las cosas que consideraba poco importantes. Probablemente estuviera hablando de la compra de opciones, crecimiento vertical y otros misterios esotéricos del mundo de los corredores de bolsa.

Probablemente..., aunque Hermione no podía estar segura. Estaban a casi cinco metros de distancia de ella. No podía oírles con el rumor y la cháchara de los demás invitados.

Tres semanas atrás, habría podido hacerlo.

Una oleada de alivio se mezcló con una pizca de decepción. Durante un breve tiempo, el vínculo que la unía a Draco le había permitido tener un oído tan fino como el de un lupus, pero el efecto ya había desaparecido. No sabía por qué había adquirido aquella característica de Draco, ni sabía por qué la había perdido. Un oído inhumanamente fino había resultado ser muy útil en algunas ocasiones, pero su vida había cambiado tan drásticamente en tan poco tiempo... En general, estaba contenta de que eso al menos hubiera vuelto a la normalidad.

Aunque podría volver en cualquier momento.

Hermione tocó el pequeño amuleto que llevaba colgando de una cadena de oro alrededor del cuello. El toltoi era el símbolo externo de todos esos cambios, era el pequeño obsequio que había recibido al aceptar entrar a formar parte del clan de Draco. Su pie empezó a moverse más rápido y perdió el ritmo de la canción.

Draco pensaba que el vínculo se había creado como respuesta al peligro, al borrar la línea que separaba sus habilidades de las de ella. Quizá tuviera razón. En aquel momento, él había sido capaz de absorber algo de la inmunidad de Hermione hacia la magia; y desde luego habían pasado momentos de gran peligro. Una telépata loca había intentado sacrificarlos a su diosa.

Pero la teoría de Draco implicaba que el vínculo que los unía era sensible a todo, como una serpiente psíquica, estrechando su abrazo alrededor de el os ahora y aflojándolo un poco después.

Sobre todo, lo que más irritaba a Hermione era que no sabía nada. Había demasiado misterio alrededor de aquel vínculo.

Quizá descubriera algunas cosas en breve. En tres días tenía que entrevistarse con la rhej Nokolai. La "Rhej" hacía alusión a una posición o a un título. Draco le había explicado que era una especie de combinación de sacerdotisa, historiadora y bardo. Ahora que Hermione formaba parte del clan, se suponía que tenía que ponerse al día sobre la historia de su nueva familia.

Iba vestido de negro, por supuesto. Siempre iba de negro. Y aquel traje caro cubría un cuerpo que no dejaba de fascinar a Hermione. De alguna forma parecía estar más concentrado que otros cuerpos. Observándolo en aquel instante, Hermione tuvo el pensamiento de que Draco andaba por el mundo con todo su cuerpo, escuchando con sus muslos y sus bíceps además de con sus oídos; observando con su cuero cabelludo y sus ojos y la nuca, con las plantas de sus pies y la parte de atrás de sus rodillas.

La parte de atrás de sus rodillas... Hermione sabía qué sabor tenía la piel de Draco en ese lugar.

En aquel instante Draco giró la cabeza y sus miradas se cruzaron.

Oh. Hermione puso una mano sobre su estómago. Normalmente no sucedía aquello, al menos no desde la primera vez. Pero de vez en cuando sentía esa ligera sacudida cuando sus miradas se cruzaban. Como si la hubiera rozado una pluma, pensó Hermione. Y se sorprendió porque lo había sentido en un lugar para el que ella no tenía nombre. Un lugar que no sabía que podía ser tocado.

¿Por qué sucedía solo en unas ocasiones y en otras no? Hizo un gesto de disgusto. Misterio del vínculo número trescientos setenta y seis.

Como si él le hubiera leído la mente, su boca se ladeó en una sonrisa. Aquellas cejas indisciplinadas se elevaron, como haciéndole una pregunta. Hermione sonrió también y meneó la cabeza: No, no te necesito ahora mismo. Estoy bien.

— Así no, tonta —dijo una voz a la altura del codo de Hermione—. Así.

Hermione se giró. Beth estaba lanzando besos a Draco. Este sonrió y lanzó un beso a su hermana pequeña.

— ¿Lo ves? —le dijo a Hermione—. Si tienes a un Dios así pendiente de ti, lo que tienes que hacer es evitar el fruncirle el ceño.

— Eso era una sonrisa, no estaba frunciendo el ceño. Ahora sí.

Beth la estudió.

— Por Dios que tienes razón. Sin embargo, la diferencia no es tan clara como debería ser. ¿Qué te pasa?

— Me hace tan feliz que me haga esa pregunta una persona a la que puedo decirle que se meta en sus asuntos.

— ¿La parentela te está dando mucho la brasa? Pregunta retórica —añadió agarrándose del brazo de Hermione—. Por supuesto que lo están haciendo. Todos tenían sus expectativas sobre ti, y los has desconcertado. Otra vez. Vamos. Veamos si hay algún lugar para esconderse en el patio.

Podía elegir entre marcharse con Beth o sentirse atraída cada vez más por Draco hasta perder el control. Hermione siguió a su hermana.

— La abuela se ha hecho fuerte ahí fuera.

— De acuerdo. Entonces al bufé —dijo Beth cambiando de dirección—. Estoy segura de que todavía puedo meterme más chocolate en el cuerpo.

— ¿Crees que es buena idea que tanto tú como yo nos acerquemos a la comida? Hay personas que tienen el estómago muy delicado.

Beth miró el vestido de dama de honor que llevaba puesto, idéntico al de Hermione.

— Y pensar que siempre creí que le caía bien a Susan. No era necesario que se esforzara tanto para eclipsarme. Lleva haciéndolo toda la vida.

— Quizá se ha vuelto daltónica. —El hombro de Hermione pasó de molestar a doler. Pensó que quizá podría utilizarlo como excusa para marcharse, pero su madre y su tía empezarían a traerle comida otra vez. Y no dejarían de decirle las cosas que Hermione debería estar haciendo de otra manera... otra vez.

— Eso no explica lo de madre —dijo Beth en tono lúgubre.

— Nada explica lo de madre. Creía que ya lo sabías. —Hermione se recordó a sí misma que no necesitaba tener el brazo libre. No iba a necesitar pelearse con nadie en la boda de su hermana mayor. Ni siquiera las probabilidades de que se desatara una pelea a puñetazos eran significativas.

Pero se sintió aliviada cuando llegaron al bufé y Beth dejó el brazo de Hermione para lanzarse a por los dulces.

— No quedan galletas de chocolate —dijo con tristeza, y echó mano de una galleta con forma de campanas de boda-. ¿Cuánto le ha llevado a Freddie hacerte la gran pregunta esta vez?

— Ha dejado de declararse. Ya habla como si nuestro matrimonio fuera un hecho seguro. Podrías haberme rescatado.

— Odio interrumpir los momentos tiernos. Y a propósito de eso, ¿por qué estás evitando a Draco?

— Puedes llegar a ser tremendamente fastidiosa, lo sabes, ¿no?

Beth asintió y se tragó el resto de la galleta.

— No quieres hablar de tu relación con Míster Alto, Oscuro y Ocasionalmente Peludo. Lo he captado. Y entiendo por qué no le has hablado mucho a madre sobre él. ¿Quién lo haría? Pero mira qué no querer hablarlo conmigo.

Hermione captó que había herido a su hermana, a pesar de que ella se esforzara por disimularlo. De modo que se rindió.

— Hemos discutido, ¿vale? Nada grave. Es solo que ahora mismo no quiero tenerlo cerca.

Beth la miró preocupada.

— No ha sido por otras mujeres —dijo Hermione perdiendo la paciencia—. Si ese hubiera sido el problema, no habría dicho que no era grave, ¿no? Y no estaría sonriéndole.

— Cierto. —Beth estaba aliviada—. Claro que no le sonreirías. Pero sigo sin entender por qué tú... está bien, está bien, no te pongas gruñona. ¡Eh, todavía queda un poco de salsa de chocolate! Pásame una fresa.

Hermione sabía en qué estaba pensando Beth y por qué. Y quizá fuera mejor que le diera a su hermana una explicación mejor que la que le había dado hasta ahora... Pero no sería en aquel momento, ni en aquel lugar.

— Bien, ¿y no vas a contarme sobre qué han discutido?

— No. ¿Todavía sales con el pulpo?

— Si te refieres a Bill, es agua pasada. Al menos dime que Draco es tan bueno en la cama como aparenta serlo.

Hermione no pudo reprimir una sonrisa.

— Mejor.

Beth hundió la fresa en la salsa de chocolate mientras pensaba en lo que acaba de confesarle su hermana, y después meneó la cabeza.

— No es posible, pero intentar imaginarlo es excitante. ¿Tienes esas ojeras porque las sesiones de sexo ardiente te impiden dormir? ¿O es que te molesta el hombro? ¿O hay algo más que no me has contado?

Hermione se encogió de hombros con el hombro bueno.

— Pesadillas. Pasarán. ¿Vas a comerte eso o le vas a hacer el amor?

Beth lamió el chocolate que quedaba en la fresa.

— Lo uno no quita lo otro. Considerando lo que te ha sucedido en las últimas semanas, no me sorprende que tengas pesadillas. Aunque tampoco es que sepa exactamente lo que te ha sucedido. Supongo que no querrás hablar de ello.

— No soy muy de hablar.

— No me digas. —Por fin Beth se metió la fresa en la boca.

Mientras Beth tenía la boca temporalmente ocupada, la atención de Hermione se desvió hacia la discusión que Draco y ella habían tenido la noche anterior. Él quería que ella se mudara a su apartamento. Según él, había tenido mucha paciencia, pero ella seguía sin estar preparada para dar ese paso. Necesitaba tiempo para acostumbrarse a todos los cambios que habían sucedido en su vida. Y necesitaba pasar un tiempo a solas.

Él no lo entendía. Luna había explicado a Hermione que a nivel individual, los lupi eran iguales que los humanos y, por lo tanto, cada uno ocupaba una posición determinada en la escala de introversión y extroversión. Pero en general, los lupi necesitaban más contacto físico, tocar más al prójimo y pasar más tiempo con los demás que el humano medio. Al fin y al cabo, el lobo era un animal que vivía en manadas.

— Ya que no eres muy de hablar, ¿has estado cavando? —preguntó Beth una vez hubo tragado la fresa.

— Es mi eterna guerra contra las malas hierbas. No puedo usar una pala con un solo brazo.— Draco se había ofrecido a arreglarle un pequeño jardín en el Hogar del Clan, pero eso lo hubiera cambiado todo. Se dedicaba a la jardinería en casa de su abuela porque ella no tenía tierras propias, pero no significaba que...

— ¡Eh! —Beth pasó su mano por delante de la cara de Hermione repetidas veces—. ¿A dónde has ido? Estás blanca como un fantasma.

— Muy apropiado —murmuró Lily.

— ¿Qué?

Hermione meneó la cabeza.

— Nada. He visto... He creído ver a alguien a quien conocía. —Alguien que no debería estar aquí.

Para empezar, la mujer que Hermione conocía con el simple nombre de Bellatrix, no conocía a su familia. Y para acabar, estaba muerta.

— Deduzco que era alguien que no te caía muy bien.

— No. —Hermione siguió mirando en la dirección en la que la mujer había desaparecido, detrás de un grupo de adolescentes que no paraban de hablar. Aquella mujer era como Bellatrix: pequeña, pelo largo y negro, carita de niña, y ojos fríos y vacíos como los de una muñeca.

Ahí estaba de nuevo, caminando hacia los servicios. El corazón de Hermione se aceleró repentinamente como si quisiera escapar de su pecho.

Estaba loca por el mero hecho de haber creído ver a Bellatrix. Era una locura. Y sin embargo... —Voy a refrescarme un poco —le dijo a su hermana, y se dispuso a seguir a aquella mujer que no podía existir.

Tres semanas atrás, Hermione la había matado.

*~Inframundo~*

A Madam Chang le gustaba bailar y además era muy buena. Era lo suficientemente alta como para que sus pasos pudieran llevar el ritmo de los de Rule. Olía a tabaco, aunque eso a él no le importaba, y a polvos de talco para bebés, un olor que a él sí que le gustaba. Tenía un tremendo sentido del humor.

En general, Draco habría disfrutado mucho bailando con ella si ella hubiera dejado de intentar meterle mano.

— Oh, oh —dijo Draco llevando la mano de Madam Chang de vuelta a su cintura. Otra vez.

Ella sonrió.

— No puedes culparme por intentarlo. No es como si esa cosa bonita con la que sales fuera a quejarse mucho.

— Creo que no conoces muy bien a Hermione.

— No puede ser que sea tan tonta como para no saber cómo les gusta a los de tu raza. Y a su favor puedo decir que ha tenido el valor de lanzarse a tus brazos. He oído decir que puedes proporcionarle a una mujer un viaje bastante movidito. —De nuevo lanzó a Draco una mirada coqueta... y de nuevo deslizó su mano hacia abajo.

Dividido entre la exasperación y la diversión, Draco tomó la mano indiscreta. Esta vez la mantuvo bien sujeta.

— Sospecho que tú también proporcionaste tu ración de viajes moviditos en tus buenos tiempos —dijo secamente.

Madam Chang tenía ochenta y ocho años, y era una tía abuela del novio. Ella rió.

— Mis buenos tiempos aún no han pasado. Simplemente no suelen venir corriendo tan a menudo como antes. ¿Lo captas? No vienen corriendo. —Se rió de su propio chiste, se lo estaba pasando en grande.

Draco también lo pasó bien el resto del baile, porque no le soltó las manos ni un solo segundo.

Madam Chang no esperaba que Draco fuera a tomarse en serio sus atenciones, pero él sospechaba que si le diera una sola pizca de esperanza, Madam Chang saldría en busca de un armario donde meterse para retozar con él. En general, Madam Chang estaba sufriendo un subidón comportándose de forma tan desvergonzada con él.

Algunas mujeres reaccionaban así a su presencia. Se sentían un poco aturdidas ante la oportunidad que se les brindaba de liberarse de las constreñidas reglas de la sociedad tradicional con alguien que vivía fuera de ella. Estaba acostumbrado a eso, así como estaba acostumbrado al olor a miedo que captaba en la gente cuando se encontraban cerca de él. Ambas situaciones podían llegar a cansar mucho.

Deseaba a Hermione. Y ella lo estaba evitando.

Draco se abrió paso por un lateral de la sala de banquetes, poniendo en juego todo su tacto para evitar tener que bailar con otra mujer que no fuera Hermione. El aire estaba cargado de olores: comida, flores, velas, humanidad y una ligera nota de mar. Pero no captaba el aroma de Hermione, ni el tirón que indicaba que ella andaba cerca.

El aspecto direccional del vínculo que lo unía a Hermione no era para él tan obvio como para ella, otro de los misterios que Hermione recopilaba con fervor. Cuando habían descubierto eso durante sus pequeños experimentos de la semana pasada, él había sugerido que podía ser porque ella, debido a su don, estaba más en sintonía con lo inmaterial.

Hermione había sacudido la cabeza en señal de disgusto.

— Eso no es una explicación. Eso es sustituir un interrogante por otro.

Un amago de sonrisa asomó en los labios de Draco mientras caminaba hacia el salón contiguo.

A su nadia le ponía nerviosa lo inexplicable.

Se abrió pasó entre el gentío, buscando a una mujer pequeña y delgada con el cabello del color de la noche, la piel como crema derramada sobre melocotones... y un vestido del color del moho. Su sonrisa creció. No había una mayor demostración de amor hacia una hermana que ponerse aquel vestido.

Pero Hermione no aparecía por ningún lado. Draco se detuvo. Ahora mismo, ella estaba enfadada con él. Sin embargo, él también estaba enfadado con ella. Todavía no estaba lista para volver al servicio. No se había recuperado del todo, maldita sea; y a Draco se le escapaba cómo sus superiores no eran capaces de verlo. Pero ella no habría...

— Draco. —Aquella voz suave y femenina se había vuelto familiar para él recientemente. Se dio la vuelta para encontrarse con la madre de Hermione, que se había dirigido a él.

Monica Granger (***) era una mujer alta y elegante, con unas manos preciosas, una barbilla diminuta y los mismos ojos de Hermione, enmarcados por unas cejas con tendencia a despeinarse. Iba acompañada por dos mujeres de su misma edad, una de ellas era blanca y la otra china, ambas llenas de una inmensa curiosidad por él, aunque intentaban no demostrarlo abiertamente.

Draco reprimió un suspiro. Estaba agradecido por la oportunidad que le había dado aquella boda de entablar relación con la gente de Hermione. Después de todo eran parte de ella, y él tenía una curiosidad insaciable sobre todo lo que se refería a Hermione. La noche anterior Draco había conocido a los padres de Hermione en una cena de ensayo, con resultados bastante dispares. Los dos habían sido muy educados, pero no aprobaban su relación con Hermione. Sin embargo, su padre se había reservado su opinión, pensó Draco. A su madre le había caído bien, aunque ella deseaba que no fuera así y que él desapareciera de la vida de Hermione.

Sin embargo, en aquellos instantes, Draco necesitaba a Hermione. Estaba cansado de la curiosidad, el miedo, las especulaciones. Quizá estuviera acostumbrado a ser objeto de escrutinio, pero esta vez era diferente. Era personal. Eh, todos, miren lo que Hermione ha traído a casa. Anda y habla como una persona de verdad.

Pero tras una presentación brevísima, Monica Granger se disculpó ante sus acompañantes y se llevó a Draco a una esquina apartada. Tenía el ceño fruncido.

— ¿Has visto a Hermione?

La cejas de Draco se alzaron por la sorpresa.

— Justo estaba buscándola.

— Bah. Soy boba. —Meneó la cabeza—. Es culpa de Beth, que siempre me llena la cabeza de ideas estúpidas, y he estado tan ocupada... No sabes lo que cuesta organizar una boda como esta.

A Draco la preocupación le hizo un nudo en el estómago. Respondió con cortesía automática.

— Has hecho un trabajo magnífico. La boda ha sido maravillosa, al igual que el banquete. Pero, ¿qué ideas te ha metido Beth en la cabeza?

— ¡Una historia de lo más tonta! Por supuesto que se lo ha imaginado todo. Beth tiene mucha imaginación. —Era imposible saber si había hecho aquella afirmación como un cumplido o una crítica hacia la más joven de sus hijas. El ceño fruncido servía para cualquiera de los dos casos—. No le he creído ni una palabra.

—¿Qué clase de historia?

—Dice que ha visto a Hermione entrar en el lavabo de señoras y que ha ido tras ella. Últimamente no han tenido mucho tiempo para hablar, así que, bueno, supongo que... Pero Hermione no estaba. — Monica apretó los labios—. Dice que no hay ninguna manera de que Hermione se haya marchado sin que ella la haya visto salir, pero eso no son más que tonterías. Tenían que serlo. ¿No?

Draco se quedó inmóvil durante unos segundos. Hermione no estaba muy lejos. Él lo sabía. Pero no había sido capaz de encontrarla, y el mundo no estaba tan cuerdo ni ordenado como aparentaba. Las esferas estaban cambiando.

Y tres semanas antes, Hermione había hecho enfadar a una diosa.

— La encontraré. —Se dio la vuelta y echó a andar rápidamente, como si se le acabara el tiempo, aunque él sabía que no tenía sentido.

El último sitio donde habían visto a Hermione era el lavabo de señoras, así que se dirigió hacia allí.

Los servicios estaban en un pasillo exterior que conectaba los salones privados del restaurante con la zona abierta al público. Nada más llegar se encontró con un grupo de mujeres disgustadas. Captó fragmentos de las conversaciones que se cruzaban.

— ¿...Y alguien ha ido a por el gerente?

— ¿No hay otro?

— Hay un montón de retretes, no hace falta cerrar la puerta con pestillo.

— ...Si quieres saber mi opinión, ¡tiene que ser una sádica!

Alguien había cerrado con llave la puerta del lavabo de señoras. Draco sintió que se le secaba la boca. Se abrió paso entre las mujeres, imponiéndose por su tamaño y su sonrisa, y al cabo de unos instantes, por su fama.

— Disculpen, señoras. Perdonen. No, no soy el gerente, pero si se hacen a un lado, por favor...

— Sharon —susurró una de ellas a otra—, ¡tonta! ¡Es el príncipe Nokolai!

Eso las silenció durante unos instantes.

— Creo que puedo solucionar esto si ustedes... gracias —dijo cuando la última de las mujeres se hizo a un lado. Draco captó en el aire un olor extraño y débil. Se acercó a la puerta para captar mejor su esencia, pero no pudo identificarlo.

Hermione estaba al otro lado. Sentía la cercanía como una agitación justo debajo del esternón. Con el corazón latiendo acelerado, aporreó la puerta. Sin resultado.

— ¡Eso no va a funcionar! —Le reprochó una de las mujeres—. ¿Cree que no hemos probado a llamar a la puerta?

El picaporte giraba, pero la puerta no se abría. Probablemente estuviera cerrada desde dentro.

— También hemos probado a abrirla —añadió la mujer, llena de sarcasmo.

Draco atravesó la puerta de un puñetazo.

La madera se partió. Alguien chilló. Metió la mano por el agujero que había hecho y buscó el picaporte. Su propia sangre hizo que estuviera resbaladizo, pero por fin lo agarró y tiró de él.

Abrió la puerta.

Hermione yacía en el suelo, cerca de los lavabos. Y no se movía.


(*) Rose Wilton; (**)Wendell Granger y (***) Monica Granger: El nombre de Rose, lo he sacado del nombre de la hija de Hermione y Ron, mientras que el apellido lo invente. En cambio, los nombres de Wendell y Monica los saque de la saga, luego de que Hermione les borrara la memoria a sus padres y les diera unas nuevas identidades...

HOLAAAA... Bueno, perdón por la demora, quería subirlo el día de ayer, pero llegue re cansada del laburo y no pude. Bien, ¿qué les pareció? A decir verdad, he re leído la obra otra vez y cada vez que la leo, me encuentro cosas nuevas. Pero no seré tan malvada de decirla :D

Los leo en el próximo capítulo...

Los quiere

Lumione