Kaoru despertó sintiéndose descansada por primera vez en mucho tiempo. Sus pensamientos eran más claros y se encontraba más centrada, en paz consigo misma de una manera en que no lo había estado por semanas. Sonrió y se desperezó lentamente, se había olvidado de cuán bien se sentía haber tenido la meditación de cumpleaños. Su estómago gruñó y de repente se dio cuenta de que estaba famélica. Se puso de pie de un salto y se vistió rápidamente, rogando por que Kenshin ya tuviera listo el desayuno. Sintió su buen humor tambalearse al pensar en él, pero rápidamente lo dejó de lado. Había tomado su decisión y estaba resuelta a ello. Sería la amiga de Kenshin, nada más.
Ese pensamiento hizo que se detuviera abruptamente. Era un buen plan, ¿pero cómo se supone que iba a proceder? No tenía ni idea de cómo tratarlo como a un amigo. Todo el mundo notaría su cambio repentino de comportamiento y tratarlo como a Yahiko o Sano no era factible. Después de pensarlo por un momento, se encogió de hombros. Lo tomaría un día a la vez, y lo dejaría así.
Tarareando distraídamente una de las canciones preferidas de su padre, se dirigió a la cocina, el gruñido de su estómago incrementó diez veces más al percibir un delicioso aroma flotando desde la cocina. Se detuvo, mortificada, cuando una risita se el escapó. Su vergüenza se tornó sorpresa, trató de recuperar la compostura, pero otra risita surgió antes de poder evitarlo. Entre más trataba de reprimirse, más se descontrolaba, acompañado del constante ruido de su estómago. Sentía sus piernas débiles a causa de su risa, así que se apresuró en apoyarse contra la pared. Sabía que su risa era el resultado de sentir tantas emociones en pocos días, pero se sentía curada, purificada, así que la dejó salir sin esconder nada.
Fue la visión de Kenshin y Yahiko mirándola con curiosidad desde la cocina lo que finalmente la ayudó a controlarse. Sabiendo que probablemente pensaran que había perdido la razón por reír tanto después de estar sombría por días, se apartó de la pared y les dirigió su más brillante sonrisa. - ¿Ya está listo el desayuno? ¡Me muero de hambre!
Vio que Kenshin se relajaba levemente, pero la preocupación persistía en los ojos de Yahiko. Tuvo que esforzarse por mantener esa sonrisa, pensando que Yahiko tenía razón al estar preocupado. Había estado dos días fuera y era hora de volver a entrenar. Y ella iba a disfrutarlo. La voz de Kenshin llamó su atención, interrumpiendo sus planes para Yahiko, - Si quiere ya puede sentarse, Kaoru-dono, el desayuno está casi listo. Pensé que hoy se levantaría hambrienta, sí que lo hice.
Decidiendo que era el momento de llevar a cabo su plan, supo instantáneamente lo que tenía que hacer. Normalmente, inclinaba la cabeza y hacía lo que él le decía, tratando de esconder su rubor. Ya no más evasiones. Mirándolo directamente, sonrió y le preguntó, - ¿Estás seguro de que no hay nada en lo que pueda ayudar?
Yahiko gruñó y gritó, - ¡Busu! No queremos tu torpe presencia en la cocina, quiero seguir viviendo hasta el almuerzo por lo menos.
Tomando su shinai, le golpeó la cabeza. - Lo resolveremos en la práctica, Yahiko-chan. - Volviéndose a Kenshin, rodó los ojos, - No iba a tocar la comida. ¿Pero no quieres que prepare la mesa o algo?
Él la miró indeciso por un momento, ambos ignorando los murmullos de Yahiko. - No, no, Kaoru-dono, solo siéntese. Yahiko ya preparó la mesa, sí que lo hizo.
Ella se encogió de hombros y se volvió, satisfecha de tenerlo todo bajo control. Sabía que Kenshin había notado algo diferente en ella, pero decidió no preocuparse. De todos modos, al darse la vuelta, no pudo percibir el breve destello ámbar que cruzó sus ojos.
Casi sin alboroto, se sentaron en la mesa, contentos de desayunar con Kaoru, y con Yahiko intercambiando burlas con ella mientras Kenshin los observaba. Viendo que ella estaba por golpear a Yahiko otra vez, Kenshin rápidamente les preguntó qué querían almorzar.
Kaoru rio, sacudiendo la cabeza por su despiste. - Oh, el almuerzo de hoy será mi regalo, en el Akabeko. Es una tradición. Así que no se preocupen por la cocina.
Kenshin iba a hablar cuando Yahiko saltó, - ¿Qué tradición? No hay nada en el calendario, ¿acaso alguno de los estudiantes del otro dojo te golpeó en la cabeza o algo?
Sus ojos brillaron con peligro, pero mantuvo la shinai en su regazo, - 500 golpes. Y para tu información, es una tradición de la familia Kamiya. En su cumpleaños, uno medita durante todo el día. Y el día después, se va junto a su familia a su restaurant favorito para celebrarlo con un almuerzo. Por lo tanto, es mi regalo a ustedes, mi familia, en el Akabeko.
Ambos hombres lucían impresionados, con las bocas abiertas de la sorpresa. Yahiko fue el primero en recuperarse, - ¿Ayer fue tu cumpleaños? ¿Por qué no nos dijiste nada, Busu?
Viendo el dolor en sus ojos, ella eligió cuidadosamente sus palabras, - No estaba tratando de ocultarlo. Pero es duro para mí hablar de ello. Mi madre murió cuando era muy pequeña y mi padre me crió solo. Muchos de mis recuerdos lo incluyen y lo extraño mucho en esta época. De cualquier manera, quería compartir estas tradiciones con ustedes dos, mi nueva familia. Sé que él los hubiera apreciado. - Revolvió el cabello de Yahiko con afecto.
La tensión se aflojó y el chico apartó su mano de manera juguetona. - Oy, siempre y cuando no cocines. Así que, ¿cuántos años cumpliste?
Ella suspiró, pero respondió, - Veinte.
Yahiko largo una carcajada, - ¡Así que eres una bruja, tenía razón!
Viendo lo que quedaba del desayuno, ella decidió que tuvo suficiente y se levantó.
Encarando a Yahiko directamente, levantó su shinai y dijo con calma, - Cinco.
- ¿Eh?
- Cuatro.
Con los ojos abriéndose al darse cuenta, se incorporó de un salto y se alejó a toda velocidad de su furia.
Kenshin se levantó temprano después de otro sueño irregular. El ki de Kaoru le había parecido calmo la última noche, pero ella no apareció para la cena. Expandiendo sus sentidos, rápidamente encontró su ki y se alivió al ver que seguía calmo, obviamente estaba durmiendo. Levantándose, se desperezó y se dirigió a la cocina a hacer el desayuno, determinado a que ella comiera, así tuviera que obligarla. Sintió su cara arder al pensarlo, pero rápidamente lo alejó, la falta de sueño lo estaba afectando más de lo que pensaba.
Empezó trayendo un balde de agua del pozo. El fresco aire de la mañana lo revitalizaba, así que se tomó un momento para disfrutarlo. Siempre había disfrutado de las mañanas, de su sensación fresca. Todo le parecía siempre más esperanzador al empezar un nuevo día. Enderezándose sobre el pozo, se afirmó en su resolución. Hoy hablaría con Kaoru y llegaría al fondo de lo que fuere que la estuviera molestando.
Volvió a la cocina y pronto fue atraído al ritmo familiar. Ni siquiera se detuvo cuando Yahiko entró a trompicones a la cocina, sólo para indicarle que preparara la mesa. Estaba poniendo los toques finales cuando algo llamó su atención. Se detuvo y esperó a ver si se repetía. Sonó de nuevo y esta vez, reconoció una risa. Encontrándose con la mirada confundida de Yahiko, se encogió de hombros y fue hacia el ruido. Mirando al pasillo, vio a Kaoru apoyándose contra la pared, sacudiéndose de la risa. Preocupado, inspeccionó rápidamente su ki y se alivió y maravilló de su resplandor. Su ki estaba brillando como si nunca hubiese estado atenuado. Luego, ella los vio y se enderezó, controlando su risa. Les sonrió y su corazón dio un salto. Latía tan rápido que casi no escuchó lo que ella dijo.
Aliviado de que ella recuperara el apetito, le indicó que se sentara. Allí fue que notó que algo andaba raro con ella. Generalmente, ella era de esperar a que él sirviera el desayuno para terminar de despertarse mientras comía. En vez de eso, le había sonreído y preguntado si podía ayudar en algo. Pero había algo diferente con su sonrisa y su mirada, algo se había perdido. Yahiko interrumpió bruscamente, dándole a Kenshin el tiempo que necesitaba para ocultar su confusión. Ella rápidamente se encargó de Yahiko, y lo golpeó con su shinai, rodando los ojos. Para su mortificación, casi tartamudeó, pero por suerte sus palabras todavía fueron fluidas. Cuando ella se volvió hacia la mesa, sintió a Battousai agitarse inquieto, incómodo por su comportamiento.
Por suerte, el desayuno ya estaba servido y todos se instalaron a comer. Yahiko y Kaoru estaban riñendo como lo solían hacer antes del reciente aislamiento de Kaoru, trayendo de vuelta una sensación de normalidad al dojo. No obstante, notó que Yahiko estaba llegando demasiado lejos en jugar con la paciencia de Kaoru, tras haber sido complaciente al tratar con su temperamento apagado durante las últimas semanas. Queriendo salvar al niño de ganarse chichones, rápidamente le preguntó a Kaoru qué quería para el almuerzo. Se alivió al verla volver a su humor tranquilo y quiso complacerla para que permaneciera así. No se había dado cuenta de lo mucho que había extrañado sus risas hasta escucharla reír esa mañana.
Quería protestar ante la idea de salir a comer afuera, sabiendo que ella se preocupaba por el dinero, especialmente desde que a Yahiko las ropas parecían quedarle chicas. Sin embargo, cuando ella citó de nuevo lo de la tradición, su curiosidad resurgió aún más fuerte que cuando ella lo mencionó por primera vez. Antes de que lo pudiera vocalizar, Yahiko ya lo había hecho de manera bastante irrespetuosa. Los ojos de la chica centellearon peligrosamente y él hizo una mueca de compasión por el posible golpe al chico, pero ella se contuvo, sorprendiéndolo y haciendo que su inquietud creciera.
La última cosa que él esperaba era que el día anterior fuese el cumpleaños de Kaoru. Su corazón se desplomó ante la comprensión de que ella no les había dicho cuándo era su cumpleaños y que no se había molestado en informarles. Mientras sus pensamientos se revolvían de manera tumultuosa, escuchó a Yahiko preguntarle por qué no les había dicho nada, con obvio dolor en su voz aunque se esforzara por ocultarlo. Su explicación alivió su dolor levemente, ya que se estaba reprochando a sí mismo por pensar en Kaoru lastimando los sentimientos de los demás. No obstante, tenía el presentimiento de que ésa no era la única razón por la que no les había dicho nada.
Pero, cuando dijo que los consideraba su familia, sintió que sus pensamientos se calmaban un poco, aunque se preguntaba si su padre realmente lo hubiera apreciado o echado del dojo. Con su atención regresando a los dos que estaban en la mesa, escuchó a Yahiko preguntándole cuántos años había cumplido. Su atención se enfocó en ella, muriéndose de la curiosidad. Parecía renuente a responder, con un suave tinte rosa apareciendo en sus mejillas y él sonrió por dentro al ver cuán adorable era.
Cuando al fin admitió su edad, Yahiko estalló de risa, dejando a Kenshin perplejo. ¿Por qué Kaoru teniendo veinte años era algo gracioso? El arrebato de Yahiko finalmente logró sacarla de sus casillas y lo persiguió por la habitación, con la shinai firme en la mano. Kenshin miró a la mesa y quedó satisfecho de ver que habían acabado de desayunar. Escuchando distraídamente el griterío/entrenamiento que hacían, empezó a limpiar la mesa.
Frunció el ceño mientras iba y venía, confundido a causa de la conducta de Kaoru esa mañana. Era obvio que se estaba perdiendo de algo y eso lo inquietaba. Odiaba sentirse inútil, inseguro de lo que sucedía. Sin embargo, no sabía a quién acudir. No era como si Kaoru le revelara de repente sus secretos o le explicara el por qué tener veinte años era anormal. Si acaso, ella procurara por un amigo, una mujer, para hablarlo. Alguien como Tae. Dándose cuenta dónde sus pensamientos lo estaban dejando, reconoció que había alguien a quién podía pedir ayuda. Sabía que Tae y Kaoru hablaban a veces. Irían al Akabeko a comer, y si sus planes iban bien, tal vez podría ver a Tae a solas y pedirle ayuda. Ella era una dulce e inteligente mujer y él estaba seguro de que podría ayudarlo. Quizás le explicara por qué veinte años era tan importante. Comenzando con su rutina diaria, ya estaba planeando cómo proceder ante todo.
