"La historia se repite nuevamente"

Al día siguiente, Alfred estaba sentado en su pupitre mientras sostenía su cabeza con su mano intentando no dormirse, ya que junto con Francis había estado toda la noche intentando comunicarse con Yao sin obtener ninguna respuesta. El sonido de la puerta llamó su atención despertando un poco, era Arthur. El profesor que estaba dando su clase dejo el libro que leía y lo interrogó.

- ¿Otra vez tarde Kirkland?

- Lo siento... - bostezo - ...me dormí.

- Me sorprende de ti - Arthur levantó una ceja - Ve a tu asiento.

Arthur camino por el pasillo y se sentó en su silla, Alfred le dio una mirada indiferente ignorándolo, no tenía ánimos como para lidiar con él. El ojiverde al darse cuenta de esto sonrió, tenía un "plan" para despertarlo.

El teléfono de Alfred vibro, este sin darle mucha importancia lo tomo, le había llegado un mensaje el cual lo abrió y al ver la foto que le había mandado, que era un número desconocido, dejó caer el teléfono comenzando a tener nauseas, el profesor se dio cuenta de esto y dejo que Alfred fuera al baño, salió corriendo y se dirigió a uno de los cubículos de este vomitando en el retrete.

Francis, que era el que estaba detrás del asiento de Alfred tomó su teléfono del piso, abriendo sus ojos a la par. Le dio algo de nauseas la foto, pero no llegó hasta el punto de querer vomitar, en la foto se mostraba a Yao tirado en un charco de sangre con todo su cuerpo quemado hasta tal punto que algunos de sus huesos se notaban. Francis trago en seco cerrando los ojos.

Alfred algo ya calmado salió del cubículo y fue uno de los lavamanos, abrió el grifo de este y mojó su cara, frotó sus ojos con sus manos y unas lágrimas comenzaron a salir, apretó sus puños reprimiendo el grito que quería dar, no podía creer que uno de sus amigos...estaba muerto, se odio y se culpó a sí mismo en ese momento, aunque no había sido su culpa sabía que él tenía que ver con algo.

Intentó frenar su llanto volviendo a limpiar su cara con agua, respiró hondo y salió del baño volviendo al salón, pero en ese momento la campana sonó, era la hora del descanso, sin importarle fue al salón a buscar su preciado teléfono, al llegar a la puerta de este se topó con Francis.

- ¿Te encuentras mejor? - le pregunto preocupado.

Alfred trago en seco al recordar la foto - Eso creo.

- Estoy tan horrorizado como tú.

- ¿La viste? - Francis asintió con la cabeza, devolviéndole su teléfono.

- Desearía no haberlo hecho.

- Sé que es mi culpa.

- No saques conclusiones absurdas, pero creo que se quién pudo haberlo hecho.

- ¿Quién?

- Tu solo piensa.

Alfred vacilo, hasta encontró a uno de los posibles sospechosos.

- ¿Tú crees que el sería capaz de hacer eso?

Francis asintió - Créeme que no es tan idiota como nosotros pensábamos, no me sorprendería que el tomara venganza por lo que le hicimos.

- Eso no tenía que pasar, ¿Por qué no solo murió y todo arreglado?

- ¿Sabías que él estaba metido con todo eso de la magia?

- ¿Qué? No.

- Es por eso que sobrevivió, según lo que escuche el practicaba magia negra.

- ¿Magia negra? Mnh...no sé porque no me sorprende viniendo de él, sabía que algo extraño tenia.

- Lo sé, pienso igual que tu...

Alfred y Francis quedaron en un completo silencio de repente, hasta que a los pocos segundo Alfred lo rompió.

- Creo que esta es la primera vez que tengo tanto miedo.

- Yo igual.

- ¿Y si el próximo soy yo o tú? No quiero morir, no aún.

- Yo tampoco quiero morir, pero siento todo esto como si fuera una lección.

- ¿Una lección?

- Si, de todo el mal que le hicimos, sé que él no va a parar hasta que sintamos todo el sufrimiento que le dimos.


En la planta baja, Gilbert y Antonio caminaban mientras hablaban de diversos temas, unos momentos antes de que la campana volviera a sonar Antonio había recordado que debía ir a buscar un libro en la biblioteca que Lovino, su novio, le había pedido. Le pidió a Gilbert que lo esperara y subió por las escaleras, entró en silencio a la biblioteca y busco entre todos los libros que había el que necesitaba, al no encontrarlo optó por buscarlo en los lugares más altos de los estante, que para eso tomó una de las escaleras del lugar.

Al encontrar el libro lo tomo y abrió para leerlo un poco, pero algo o alguien había tomado uno de sus pies haciéndolo caer de la escalera. Al caer al piso intentó moverse, pero sentía como si algo rodeaba su cuerpo inmovilizando, escucho que alguien se acercaba y gritó pidiendo ayuda, pero la persona que estaba caminando no contestaba ni aceleraba su paso. Cuando Antonio logró ver a la persona que se acercaba, la expresión de su cara cambió drásticamente, quien había estado caminando todo este tiempo, era nada más ni nada menos que Arthur, este le sonrió acercándose a él, Antonio intentó moverse, pero fue en vano, el ojiverde se había sentado encima de él. Tomo uno de los libros que estaba a su alcance y le arrancó algunas hojas, y con una de ellas pasó rápidamente por una de las mejillas de Antonio dándole un gran corte, este dio un gran grito abriendo bastante los ojos, Arthur en ese momento aprovechó para pasar una hoja por uno de sus ojos, inmediatamente Antonio los cerró, pero el fluido del que había cortado comenzó a salirse de su interior perdiéndolo. Arthur obligó a que abriera el otro ojo repitiendo la misma acción de antes dejándolo completamente ciego.

- ¿Sabes cómo se siente creer que te quedaste ciego por qué un montón de tierra está sobre ti invadiendo tus globos oculares? - le pregunto mientras cortaba en trocitos algunas hojas - ¿...O que la tierra se meta en tu boca ahogándote?

Antonio no contestó, estaba sintiéndose débil por la falta de sangre que estaba teniendo en ese momento ya que de sus ojos había comenzado a salir sangre.

Arthur le abrió la boca dejó caer unos papeles en su interior, hizo un bollo con otra hoja y lo hundió hasta llegar a la garganta, Antonio comenzó a ahogarse mientras que Arthur decía unas palabras en voz baja, los papeles pequeños que estaban en su interior comenzaron a ponerse filosos cortando el tubo por el cual bajaban. Antonio comenzó sentir que la sangre subía por su garganta empezando a tener nauseas, Arthur retiro el bollo del interior y la sangre logró salir.

Aun los papeles seguían bajando, pero Antonio estaba demasiado débil como para sobrevivir. Arthur se paró de encima de él, comenzó a agarrar libros y los colocó encima del cuerpo.

- Por lo menos sirves para algo además de aprovecharte de personas - dijo saliendo de la biblioteca.