Capítulo 3
Saliendo de control
Los días seguían pasando, poco a poco Hermione le relataba sus aventuras en Hogwarts, notando que cada vez Ron se disgustaba más por su papel en ellas.
-¿Qué es lo que te molesta Ron?
-¿No entiendo como pudiste enamorarte de alguien como yo?
- ¿Perdón?
- Durante siete años, fui el amigo de alguien famoso, siempre a la sombra de él, era un terrible estudiante, pésimo compañero, y además un inmaduro a tal grado que tú prácticamente te me declaraste, un perfecto inútil.
- Al parecer no has escuchado todas las cosas maravillosas que has hecho.
- Soy un buen deportista en eso del ¿Quidditch? – Hermione asintió - Y un buen amigo dudo mucho que esos sean atributos que llamen la atención a las mujeres. No al menos a alguien como tú. Tal vez me elegiste a mí porque Harry siempre te miró como una hermana ¿Y de no ser así?
- ¡Ahora estás demostrando tu estupidez! – Saltó Hermione - ¡Jamás he visto a Harry con otros ojos más que los de la amistad, siempre me sentí atraída hacia ti y me molesta enormemente que no puedas o no quieras entenderlo.
- Mira – La cayó Ron – Cuando quiera alguien que resalte mis defectos te llamaré. - Y sin más se marchó a la habitación.
Hermione negó con la cabeza, el verdadero Ron estaba asomando, y la verdad que si bien respiraba tranquila por ese avance, el convivir tantos días con un Ronald mejorado le había parecido realmente gratificante.
Al día siguiente el pelirrojo pidió disculpas por su actitud infantil, y le hizo una pregunta, que sin saberlo Hermione, cambiaría todo.
- ¿Me explicar eso de la sangre pura e impura?
- Bueno, mis padres son personas no mágicas, muggles, de hecho nadie en mi familia es mago, por lo tanto se me considera una persona de sangre impura. Luego hay otros que son hijos de un muggle y un mago, se consideran mestizos, aunque he leído que algunos magos consideran que si alguno de los familiares fuera no mago sería también mestizo, por ejemplo Harry, sus padres eran ambos magos, pero su madre provenía de una familia muggle, - Ron asintió demostrando que comprendía – Y por último están los magos de sangre pura, donde absolutamente todos sus ancestros son magos, como tú.
- ¿Eso me hace superior de alguna forma? – Preguntó Ron poniendo una mueca de superioridad que a Hermione le recordó a Malfoy y sin pensar le propinó una cachetada - ¿estás loca, qué te pasa?
- Por pensamientos como esos, uno de tus hermanos murió además de otras personas muy queridas.
- Lo siento.
- Además, la pureza de tu sangre – agregó despectivamente Hermione – No a impedido que fueras siempre un pelele, inútil e inservible, un flojo sin sentido y responsabilidad, siempre debiendo ser socorrido por Harry y por mí. Tú preciosa sangre no te permitió nunca estar a la altura de nosotros, y sin lugar a dudas siempre has sido no sólo la sombra de Harry, sino la mía también. – No más terminar de hablar, Hermione se llevó la mano a la boca aún aturdida por aquellas declaraciones sin fundamento y sólo dichas por ira y despecho. La mirada de Ron, se tornó oscura y furiosa, asustándola de tal manera que retrocedió. Sin darle tiempo a nada él tomó la varita que descansaba sobre la mesa y exclamó
- ¡Crucio! – El hechizo impactó en ella sin darle tiempo a contrarrestarlo y cayó al piso retorciéndose de dolor.
- Ron, por favor, me haces daño, me lastimas – Llegó a decir con sus pocas fuerzas, pero para cuando Ron arrojó su varita al ver lo que había hecho ella se desmayó.
El pelirrojo corrió a su lado, su cara reflejaba un profundo pánico y arrepentimiento.
- Lo siento, lo siento – Repetía comprobando que la chica estuviera viva y luego de hacerlo, la tomó entre sus brazos y la llevó a la habitación acostándola en la cama.
La observó durante largo tiempo, viendo como la respiración se controlaba y revisando sus signos vitales, reparó en sus labios y sin dudarlo, acercó los suyos y la besó suavemente, le sobrevino un mareo y entre nebulosas recordó el primer beso que ella le había dado.
Ella no le había mentido, él la sintió tan dentro de él y un sentimiento de paz lo embargó. Se quedó allí arrodillado en el piso, sosteniendo la mano de la chica. Sin darse cuenta se quedó dormido, se despertó entrada la noche al escuchar un quejido de ella.
Se incorporó y sentó en la cama a su lado, sin soltar su mano, ella balbuceaba incoherencias
- Ron… manchada tu nariz… Harry eres un gran mago… Ron eres un tonto… no te das cuenta… odio a Lavander… lo odio… lo amo… no te vayas… no me dejes… es una copia de la espada… Ron… yo me atrevo… ahora o nunca… me lastimas… me lastimas Ron… ¡Me lastimas! – Gritó y se incorporó, miró alrededor extrañada y al verlo a su lado retrocedió asustada.
- No Hermione, perdóname – Y le tendió su varita – Tómala, no la quiero, no si con ella puedo lastimar – Y comenzó a llorar – realmente estoy muy arrepentido.
Ella pareció componerse, Ron soltó su mano y se disponía a levantarse cuando la castaña se arrojó en sus brazos.
- Lo que dije no es cierto, me hiciste recordar a una persona demasiado desagradable. Tú eres maravilloso.
- ¿Qué fue eso que te he hecho?
- Una maldición imperdonable.
- No era que sólo los magos oscuros las hacían. ¿Significa que soy malo?
- No Ron, los magos oscuros las utilizaban, pero cualquier mago puede hacerlo. De seguro al sentirte herido en tus sentimientos salió de ti, las maldiciones imperdonables exigen una actitud mental, espiritual y física cuando se las hacen.
- Pero yo no sé nada de la magia, si apenas me has enseñado algunos hechizos.
- Si, y los has hecho maravillosamente, mejor que cuando los aprendías en Hogwarts. Tú eres un gran mago, olvida lo que sucedió y nunca dudes de quien eres.
- No estoy tan seguro ahora de lo que o quien soy, pero recordé nuestro primer beso, realmente fue muy intenso.
- Si lo fue – declaró Hermione separándose hasta que sus rostros quedaron frente a frente, y sin darse cuenta se unieron en un beso, tímido al principio pero que pronto comenzó a tomar intensidad, él apretó más el abrazo aferrándola a su cuerpo y comenzó a sentir descargas eléctricas, que plasmaban en su mente, poco a poco algunos de sus recuerdos.
Recostó a Hermione y se tumbó sobre ella, recorriendo con sus manos el cuerpo femenino, sin ser rechazado por ella que por el contrario, comenzó a revolver sus cabellos apretando más el beso.
Levantó su blusa y se apoderó de sus pechos, provocando gemidos en Hermione, cuando sus labios bajaron por su cuello los jadeos se hicieron más intensos como así también los flashes de luz en su cabeza; ella empujaba sus caderas contra las de él rozando su erección, cuando las manos de Hermione recorrieron su espalda y se aferraron a su trasero empujándolo, para sentirlo más profundamente fue él quien no pudo evitar jadear.
- Te amo, mi sabelotodo hermosa – le declaró provocando que ella suspirara al darse cuenta que la recordaba – Yo seré tu caballero, toda la vida – declaró al tempo de besarla ahogando un gemido de la chica.
De pronto se detuvo tomándose la cabeza y volteándose, desprendiendo la unión, quedando con su espalda apoyada en la cama.
- ¿Ron? – Hermione estaba preocupada.
- Mi cabeza – Se quejaba – Va a estallar – Y sin más se desmayó. Hermione se irguió y lo sacudió para que reaccionara, pero estaba totalmente inconsciente.
-¡Ron! ¡Ron! ¡ROOOOON! - Hermione gritaba sin parar, se había arrodillado en la cama y sacudía el cuerpo de su novio con fuerza.
Corrió a la playa, se sacó su remera, la empapó y llevándola en su pecho para que mantuviese el agua regresó a la tienda y se la aventó en la cara pero él seguía sin reaccionar.
Y sin saber más que hacer se largó a llorar acongojadamente. De repente un quejido la levantó del piso donde había caído y se acercó al pelirrojo.
- Ron, mi amor. Por favor contéstame.
- Hermione - llegó a decir él suavemente y la castaña respiró sonriente, estaba reaccionando, corrió a la cocina y le llevó un vaso de agua, levantándolo levemente le dio de beber.
- ¿Mejor? - Le decía recostándolo sobre su torso y acariciando sus cabellos rojos.
- Mejor - Contestaba él - Comenzaron a aparecer recuerdos y de pronto mi cabeza no pudo con tanta información.
- Creo que los momentos intensos te generan que recuerdes las cosas - Declaraba ella sonrojándose.
- Es muy probable - Contestaba él irguiéndose y observándola - No ayuda mucho verte casi desnuda. - Le decía sonriendo y mirándole el busto que se mostraba erguido dentro de un sostén transparente por el agua que lo había empapado.
Ella se tapó con los brazos y lo miró retadora y él se acercó besándola, intentando retomar el asunto que habían dejado pendiente al desmayarse.
- Aguarda - Ella lo separó y ante la mirada interrogante de él prosiguió - No quiero que te suceda lo de recién.
- No creo que el desmayo…
- Tú lo estás diciendo, no crees, ante la posibilidad que así sea, debemos mantenernos lo más alejados posible.
- ¡Alejados! ¡Si parece que yo estoy aquí y tu en Inglaterra! - Le gritó él levantándose y luego se tambaleó.
- ¡Ron! - Ella se levantó tomándolo del brazo y él se soltó bruscamente
- ¡Déjame! ¡Y cúbrete! ¡Así no logras que desee separarme de ti!
- ¿Separarte?
- ¡Mira Hermione! Yo aún tengo muchas lagunas, pero hay algo que tuve en claro desde que te vi y ni sabía quien eras, que algo por ti sentía, y no puedo soportar más estar lejos de ti, se me hace físicamente imposible mantenerme distante a los deseos que me provocas cuando te me acercas, cuando te veo. Pero soy un caballero, o quiero creer que lo soy, o tal vez mi educación me impide hacer algo en contra de lo que tú no deseas, no lo sé, pero te ruego que dejes de tentarme. Para ello lo mejor será que nos distanciemos, yo no puedo evitar querer arrojarme sobre ti apenas te veo y mira que estoy haciendo mi mejor esfuerzo.
- Te comprendo, en cierta forma me sucede lo mismo. Pero yo lo manejo de otra manera.
- No sé de tus maneras, yo sólo se que no puedo estar sin tocarte y sin sentirte, tal vez mi forma de amarte no sea la correcta, pero siempre respetaré lo que tu decidas, por eso te ruego no me lo hagas más difícil. - Y se marchó de la habitación.
Hermione se secó la remera y el sostén, y salió de la tienda buscando a Ron. Lo encontró juntando algunas ramas y hojas en la playa.
- ¿Qué haces?
- Intentaré hacerme un albergue.
- ¡Eso es extremista Ronald! - Le gritó la castaña - Podemos compartir la tienda, yo dormiré en el sillón y tú en la habitación.
- ¿Por qué tú en el sillón?
- Porque sí.
- ¡No! Yo dormiré en el sillón.
- ¡Cómo quieras, no voy a discutir por un maldito sillón! - Y la chica se marchó enojada, cuando Ron entró en la tienda horas después la puerta de la habitación estaba cerrada y un plato de comida aún caliente reposaba en la mesa.
Calculó que ella estaría ya dormida. Pero no era así, dentro de la recámara Hermione lloraba.
De repente él golpeó a la puerta. Se enjuagó las lágrimas y dijo
- Adelante - El pelirrojo se asomó.
- ¿Lloras?
- No es nada, mañana estaré bien - Contestaba ella
- Soy un insensible, olvidé por completo lo que te hice.
- ¡Olvídalo!
- ¿Tu estás bien? - Deseaba gritarle que no, que quería que él estuviese junto a ella en la cama tomando posesión de su cuerpo, sin embargo contestó.
- Si, un poco cansada. - Él anhelaba contestarle que con gusto le cedería sus brazos para que durmiera cómodamente entre ellos y que le brindaría el calor de su cuerpo para mantenerla abrigada y mucho más pero sólo dijo.
- Hasta mañana, descansa - Y cerró la puerta quedando tras ella, sin poder evitar escuchar como la castaña comenzaba a llorar nuevamente.
Tenía muchas dudas, como saber que era ese hechizo que había echo sin saber cómo, se sintió en ese momento poderoso y como que una fuerza lo invadió tomando control absoluto de su mente y cuerpo.
El poder experimentado lo enalteció de tal manera que se sintió todopoderoso, pero al verla caer desmayada a Hermione ese poder dejó de tener sentido.
Sin embargo lo que ella había dicho lo enojó, en cierta forma no creyó en sus palabras porque él se sentía mejor que ella en muchos sentidos, sin saber como, intuía que era más poderoso que ella.
Cuando ella le contaba los relatos pensaban que eran mentiras, inventos para denigrarlo ya que en ningún momento se veía reflejado en esas situaciones tan ridículas, pero llegó a recordar algunos de esos momentos y se sintió avergonzado de su actuar.
Definitivamente él ya no era así, no era la misma persona que su mente y las historias de Hermione le relataban, lo que aún no sabía era si esa nueva esencia era buena o mala.
Algunos días más se sucedieron, y se había instaurado una situación similar a la guerra fría entre ellos dos, se hablaban muy poco, Hermione continuó con sus relatos, haciéndolos más breves, el contacto era prácticamente nulo y por supuesto las salidas en dúo se habían acabado.
Se distribuyeron las tareas de recolección de agua y comida en diferentes días y horarios para no deber ir junto ni siquiera al manatial, donde Hermione disfrutaba el agua fresca ante el agobiante calor, mientras Ron disfrutaba del mar.
Disfrutar era un decir ya que los dos se sentían cada vez más miserables.
Ron por estar alejado de ella y Hermione por continuar siendo tan intransigente.
Al medio día el calor era tan agobiante que se refugiaban en la tienda y aprovechaban para practicar hechizos y contarle algo más de su vida.
Pero era imposible para ambos permanecer separados, lo hacían físicamente, pero sus mentes estaban todo el día pensando el uno en el otro.
Cuando Hermione salía de la tienda se quedaba mirando como Ron, en el medio del agua permanecía estático con una lanza en la mano aguardando pescar algún pez. Se admiraba de cómo su físico se hizo más fuerte en esos días, y el bronceado le quedaba aún mejor, se maravillaba de esos bíceps que parecían invitarla a perderse entre los brazos masculino y definitivamente cada vez era mayor la idea de que en lugar de que clavase un pez en el agua hiciera lo mismo con ella pero no con esa lanza, pero no podía, la idea rondaba cada vez más en su mente pero el porque de su negación era muy simple, no conocía ningún hechizo de protección, y no tenía ninguna pócima. No podía arriesgarse a quedar embarazada en esa isla, ni por el momento y por supuesto ni siquiera se atrevía a preguntarle a él si conocía algún medio de cuidado. Se rió de sus pensamientos, Ron apenas recordaba quien era, se imaginaba la situación preguntándole si sabía como protegerse, si apenas podía manejar la transformación de los objetos. Sacudió la cabeza evitando esos pensamientos y marchándose para evitar distraerlo.
Pero Ron a pesar de su física inmovilidad no podía evitar mirar a Hermione. ¿Por qué tenía que vestir ese diminuto bikini? Debía reconocer que hacía un calor de los mil demonios pero no ayudaba en nada a su intención de no hacer nada con ella. Es más ya de sólo mirarla tenía otra erección. ¿Cuál sería? ¿La tercera del día? ¡Y eso que recién comenzaba el mismo! Maldijo por enésima vez al calor, a la poca ropa y a sus lascivos pensamientos. Pero ella se había alejado de él respetando su pedido y él debía respetarla a ella. Divisó un pez y sin dudar lo pescó, contento con su nueva habilidad se marchó a la tienda para solucionar su problema hormonal. Luego de algunos minutos y ya más relajado aún no podía dejar de pensar en la castaña, y lo peor era que si bien intentaban estar lo más separados posibles algunas tareas exigían que fuesen juntos, como por ejemplo la recolección de las frutas de los árboles. ¿Por qué él tenía que ayudarla a subir a ella? ¿Por qué simplemente no le explicaba cual eran las más maduras y él las sacaba? ¡No! Debía sostenerla mientras ella se encaramaba y además desde abajo la vista era monumental. ¡Maldición! Otra erección, eso no iba a funcionar por mucho tiempo más.
Mientras Ron solucionaba otra vez su problemita físico Hermione no estaba mejor, se había refugiado en el manantial y se había tirado al agua para mermar su calor, que no sólo se debía a las altas temperaturas climáticas sino también al calor abrasivo que surgía en su vientre al recordar cuando Ron se subía a los árboles para sacar las frutas, sus músculos se tensaban de tal manera que le era difícil sacarle la vista de encima y no desear ser el tronco de esos árboles para que él imitara esa posición con ella, imaginaba sus piernas entre las de ella y su virilidad tomando posesión de su ser. ¡No! Era demasiado para contenerse, con lo cual inventó una absurda excusa y tomó ella su lugar. Aún así al recordar el cuerpo de Ron otra vez el calor corporal la envolvió. ¡Maldita sea ser tan cerebral! Pero debía ser fuerte y firme, un hijo era lo que menos quería en ese momento ¡Pero como deseaba practicar para tener uno! ¡Maldita sea por no llevar con ella ninguna poción o aprender ningún hechizo!
Cierta noche ella decidió salir a dar un paseo ya que durante el día era mejor estarse dentro de la tienda y aprovechar para recolectar algunas frutas para la mañana siguiente.
- Podría acompañarte - Le dijo Ron y ella aceptó, la verdad la oscuridad la asustaba un poco a pesar de contar con la luz de su varita, pero lo cierto era que deseaba la compañía de él.
Comenzaron a caminar y sin darse cuenta se dieron la mano, ambos se miraron extrañados ya que fue un acto total y absolutamente natural, pero que les mandó una descarga eléctrica en el cuerpo haciendo que los mismo se unieran en un beso desesperado.
- ¡Te amo! ¡te amo! - Le decía ella sintiendo los labios apoderándose de los suyos y permitiendo que la lengua de él la invadiera, provocándole aún más enervación.
- ¡Perdóname! Soy insensible y desconsiderado, sólo pienso en mí.
- ¡No! Yo también sólo me resguardo en mis miedos y dudas, pero la verdad Ron que aún… - Pero no pudo continuar ya que él se separó y la miró interrogante
- ¿Quién es Víctor Krum y por qué mi hermana Ginny me dijo que te besaste con él? - Ella sonrió e intentó abrazarlo pero él retrocedió.
- ¡Ron! – Le gritó ella luego suspiró un poco relajada de poder separarse de él y comenzó a contarle la historia del torneo de los magos y todo lo relacionado con el jugador búlgaro de Quidditch.
- Así que lo besaste.
- parece que no escuchas, él me besó y yo…
- Y tú te dejaste. - La interrumpió
- Yo lo rechacé - Lo corrigió - Debemos pelear por todo.
- Creo haber recordado y me has comentado que eso lo hacemos muy bien.
- Lo hemos hecho durante siete años, pensé que con el noviazgo las peleas cederían un poco. - Ella se detuvo ya que habían llegado al manantial. La luna se reflejaba en el agua y deba una apacible sensación de bienestar, pero Ron parecía no ceder al encanto del lugar.
- ¿Acaso las parejas no pelean?
- Seguramente, pero no por hechos que ya tuvieron su momento y pertenecen total y absolutamente al pasado.
- En parte tienes razón. ¿Era celoso? - Hermione se echó a reír a carcajadas, el colocó sus brazos en jarra y la miraba aparentemente enojado.
- Evidentemente aún lo eres, de lo contrario no reaccionarias así y ade…- Pero ella no pudo continuar ya que el pelirrojo se le había acercado y la empujó arrojándola al agua, completamente vestida - ¡RON! - Le gritó ella cuando su cabeza se asomó a la superficie y ahora era él quien reía sin parar - ¿Me ayudas a salir? - Inquirió ella levantando la mano.
- ¡No, no, no! - Continuaba riendo él - Me tirarás al agua tú a mi.
- ¡Por favor! No tengo más fuerza que tú - Contestó Hermione muy segura y a pesar que al pelirrojo aún la idea rondaba por su mente se ofreció a ayudarla.
En cuanto ella se aferró a su brazo, hizo fuerza con los dos e impulsándose del borde calizo lo arrojó también a él al agua.
-¡Tramposa! - Le gritaba él y ambos reían. Comenzaron a lanzarse agua y a divertirse, el calor era agobiante y el agua fresca renovó sus energía además de a sus cuerpos.
Sin darse cuenta se fueron acercando y él la tomó de la cintura pegándola a él.
- ¿Y?
- ¿Y qué? - Preguntó Hermione.
- ¿Él besa mejor que yo? - Hermione pasó los brazos por el cuello del pelirrojo y contestó.
- Nadie besa mejor que tú, ni nunca nadie lo hará. - Y ambos se fundieron en un beso, furioso y apasionado, era evidente que no podían ni querían estar separados y se rindieron a al contacto de sus bocas hasta que se quedaron sin aliento.
De repente un rayo surcó los cielos seguido de un sonoro trueno y un aguacero se largó.
- ¡Debemos regresar a la tienda! - Decía ella.
- ¿Si ya estamos empapados?
- Las tormentas eléctricas son peligrosas, más si estás cerca del agua. - respondió justo cuando un rayo caía cerca del manantial.
Sin dudarlo salieron del agua y echaron a correr hasta la tienda, el clima cambió radicalmente y el viento se hizo más fuerte y frío. Una vez dentro ambos se abrazaron para brindarse calor mutuamente.
Sin darse cuenta comenzaron nuevamente a besarse y a sacarse la ropa, dirigiéndose a la habitación y comenzaron a meterse en la cama, él la acariciaba frenéticamente y ella correspondía a las caricias, ambos cuerpos tiritaban, por el frío y la excitación del momento.
- ¿Segura? - Preguntaba él.
- ¿Ahora el que duda eres tú? - Ron sonreía.
- Creo que nunca dejaré de ser un caballero.
- De eso nunca tuve ninguna duda - respondía ella abrazándolo más fuerte y enganchando una pierna a la cadera masculina, ya nada tenía sentido, si quedaba embarazada sabía que ambos podrían con la situación, además nada aseguraba que ello fuera a pasar, evidentemente sus hormonas ya controlaban su mente.
Ron acariciaba el cuerpo casi desnudo de Hermione, el cual aún tenía la ropa interior y comenzaba a sacársela, mientras ella friccionaba ambos cuerpos sintiendo la enervación de él.
Estaba decidida, iba a entregarse, no podía evitarlo, no quería evitarlo y ya nada le importaba menos cuento la lengua de Ron se apoderó de su pecho.
Y Ron comenzó a tener otra vez esos malditos flashes en su cabeza, evidentemente ella tenía razón y de alguna manera esos intensos momentos lo afectaban demasiado, pero a la vez era imposible detenerse, deseaba a Hermione con todas sus fuerzas, debía poseerla, para poder sacarse las dudas que carcomían su mente desde que despertó semanas atrás en la playa, sin saber quien era.
De su nariz comenzó a salir sangre, Hermione se irguió asustada pero antes de poder decir nada Ron no resistió y nuevamente se desmayó.
- ¡Por Merlín! ¡No otra vez! ¡Ron por favor! - Ella se levantó y se puso un vestido que estaba sobre la cama. Y se acercó a él nuevamente sacudiéndolo y colocándolo boca arriba de la cama, verificando que la hemorragia nasal se detuviera y haciendo algunos hechizos para detener la misma.
Ron continuaba sin responder a sus ruegos y otra vez sintió la misma desesperación de días atrás.
- Es mi culpa, debí detenernos, debí detenerme. ¡Reacciona!
Se estaba desesperando cuando escuchó una voz que la esperanzó.
- Por fin los encuentro – Volteó para ver a Harry, acompañado de varios aurores.
