¿ M e s a p a r a d o s ?
Capítulo 2: Cuando eres un extraño
Disclaimer: Lo de siempre; Vocaloid no es mío y esas mierdas
Este capítulo, es un poco especial para mí porque desde aquí cambiarán unas cosas con respecto a la continuidad de las historias, que normalmente se escriben de largo (o eso pareciera) y se cortan en capítulos, de este capítulo en adelante, las historias comenzarán una semana después de los hechos anteriores, no sé si me explico, ojála que sí, porque este fic es un proyecto a largo plazo, sin más preambulos; su fic.
El lugar cristalino y perfecto, conocido por todo el mundo por su elegancia, ahora estaba vacío y daba la impresión de parecer un castillo de hielo, todo elegantemente decorado y ahora, en un platinado silencio, un joven peliazul llenaba el vacío del restaurant francés junto a su jefa, mientras hacían la limpieza usual de los Viernes por la noche, donde, casi siempre, Meiko estaba borracha.
Meiko, le invitaba un par de copas al peliazul y a su amiga la rubia, copas que solían rechazar, pero este Viernes era distinto, y el chico de cabello y ojos azules, se hallaba en un pintoresco bar de mala muerte, cantando karaoke con la castaña de su jefa.
-¡Y me dijo que ya no me necesitaba, porque tenía a una más joven! ¿¡Puedes creer esa mierda! ¿¡Puedes! - Gritó Meiko en un tono de cierta melancolía y rabia al mismo tiempo que eruptaba y pedía otra lata de cerveza.
-¡Increíble! ¡Qué imbécil! - Su empleado, Kaito, quién rara vez bebía, debido a que prefería tomar helado a beber alcohol, ahora hablaba con Meiko como si esta fuese su mejor amiga de la infancia.
Ahí en ese bar de mala muerte, se confíaban secretos que sobrios ni pensarían en decirlos.
Un par de ojos cristalinos se abrieron al sentir la cerradura de la puerta abrirse, acto seguido, rodaron hasta ver el reloj que brillaba en la oscuridad.
-¿Se hizo de noche? - Pensó ella mientras intentaba conciliar el sueño nuevamente.
-¡Llegué Miku! - Gritó un joven ríendose - ¡Perdona si te desperté!
La peliverde se bajó de su cama de princesa y caminó hacia su hermano mientras se rascaba el ojo
-¿Por qué llegas tan tarde? Dijiste que irías por algo de comer y yo te estaba esperando pero me quedé dormida
-Tranquila princesa - Respondió su hermano mayor sonriendo y revolviendole el cabello a esta-
Miku quedó atónita frente a la sonrisa de su hermano, pocas veces lo veía sonreír de verdad, lo cual inquirió la segunda pregunta - ¿Qué te pasó? -Preguntó ella con una mirada pícara - ¿Algo bueno... O algo, realmente bueno? - Añadió con cierto enfasís en el "realmente"
-Pues, querida hermanita - Comentaba el peliverde mientras sonreia y sacaba una bolsa de papas fritas - La verdad es... Que eres muy joven para entenderlo -
-¡Soy sólo un año menor que tú! - Protestó la otra
-¡Da igual! - Dijo Mikuo con voz burlona y luego abrazó a su hermana por la espalda, alzandola por los aires y apretandola contra sí - ¡Ja ja ja, te quiero tanto Miku!
-¿M-me quieres?... Qué pasa contigo? Normalmente eres más frío - Miku se separó de su, ahora, feliz hermano y le miró con cierta indiferencia, como si de un extraño se tratara - ¿Cómo se llama ella?
-No dije nada de una "ella"
-Pero siempre que estás feliz... Que son pocas veces, es porque tienes suerte con una "ella", entonces, ¿Cómo se llama?
-Puede que tengas razón - suspiró vencido el mayor- Rin - Dijo sonriente ahora- es mesera en este restaurant lujoso -comentó con una sonrisa-
-¿Rin?... ¡Imposible! ¿¡No estarás hablando de Kagamine Rin!
-¡Sí esa misma! ¿La conoces?
-Vamos al instituto juntas... - Habiendo dicho esto, el rostro de Mikuo se iluminó a lo que Miku respondió con un gruñido
-¿Qué pasa, hermanita? Todo bien - Dijo riendose
-Escuchame, eres mi hermano y te quiero, pero te conozco, no eres del tipo de persona que sabe tratar a una mujer y Rin ahora está pasando por una etapa díficil y no necesita de nadie que venga a complicarselo, ¿Sí? Te lo advierto, no te atrevas a lastimarla, ¿Oíste? - Preguntó la menor con una sonrisa cínica - No quiero verla sufrir, no más, eso es todo. - Se dió la media vuelta y regresó a su cama de princesa dejando a su hermano desconcertado atrás
-Hora del "Plan B" - Dijo Mikuo sonriendo.
Un peliazul despertaba en la mañana, a eso de las 4 de la mañana, en una casa desconocida, ni recordaba como llegó ahí, sólo estaba seguro de algo, tenía una fuerte resaca.
Se levantó para darse cuenta que traía la ropa mal puesta y enseguida decidió explorar la casa en la que se hallaba. Caminó hacia la cocina y examinó el refri, sólo habían botellas y latas de diversos alcoholes, envases de comida rápida descompuesta, y una que otra cosa de dudosa procedencia para el peliazul, pareciera como si estaba listo para sacar patitas e irse caminando... Quizás no, pero al menos ese pensamiento recorrió la cabeza de Kaito al observar el refri.
Luego le siguió el resto de la casa, en realidad, un departamento, una habitación llena de polvo y cajas, un corredor con ropa tirada, en el living, o lo que parecía serlo, había un ventilador que estaba siendo usado como colgador de ropa, en vista de la ropa, notó que se hallaba en una vivienda perteneciente a una mujer... La evidencia sobraba, había hasta bolsas de tampones tirados*, cosa que le hizo repugnarse al ojiazul.
- Rin... Rin - Dijo una voz apagada- Necesito un poco de... ¿Puedes ayudarme? - Jadeó
- Sí... ¿Len? - Dijo ella casi durmiendo-
-Por favor... Rin... Te... Necesito
Rin, al notar que no podría seguir durmiendo, tanteó con su mano hasta encontrar el interruptor y prendió la luz, sólo para notar a su gemelo encima de ella** jadeando y con la cara sudorosa.
-Len.. ¡Len! ¿E-estás bien? -Respondió una Rin medio sonrojada -
-N-no... No exactamente... Ayuda... -Len se desmayó encima de su gemela
-¿Len?... ¡Len! - Dijo la rubia en un chillido - ¡Ayuda! - Miró horrorizada a su gemelo, mientras este sufría de hemorragia nasal. La rubia cogió el telefono y marcó el único número que sabía, le contestaría a las cuatro de la mañana, Kaito, y en tanto esperaba a que el viniera, o la llamase de vuelta abrazó a su hermano con la esperanza de protegerlo, mientras besaba su frente desesperadamente y le decía: "Todo estará bien, ya verás"
Cosa que ni ella creía
Kaito, vio su celular, y de inmediato supó que algo andaba mal, no correspondía a un acto de su mejor amiga el llamarlo... Osea sí, si lo llamaba, pero no a las cuatro de la mañana, por eso, buscó lo primero que vió y pidió prestada una moto que encontró fuera del apartamento.
No, él no sabía nada de motos, pero si de Rin se trataba, podía mover montañas y hasta apostar su vida, y eso hizo, no sabía como frenar, y casi se mató, pero llegó a tiempo para poder salvar al Kagamine.
-¡Kaito! Len está - Dijo ella llorando - Ayúdale...
Kaito tomó al Kagamine y se lo echó al hombro para luego afirmarlo a la moto.
-Rin, más tarde te vengo a buscar, no hay espacio en esta moto para tres. - Habiendo dicho esto el peliazul volvió a armarse de valor y se llevó al rubio al hospital, donde de inmediato lo metieron a emergencias
Una quinceañera descompuesta se arrastró a si misma para llegar al living de su casa, cúlpandose a ella misma de todo lo que le había pasado a su hermano, aunque hasta ella sabía que no fue su culpa, a Rin le encantaba tener a alguien a quien culpar, pero estaba empezando a creer que esta vez, realmente fue una estúpida.
¿Quién la mandaba a trabajar tanto y no prestarle más atención a su hermano?
"Eres una maldita egoísta, que en vez de cuidar a tu hermano como tu madre te lo pidió te dedicas a besar tipos que acabas de conocer...
Sucia... Egoísta... Puta"
Repetía la rubia en su mente y luego suspiró y fue a arreglar un par de cosas para su hermano, por sí era algo grave y se fue a vestir esperando a Kaito en la entrada de su amplia y limpia casa, pero siempre continuaba maldiciendose en sus ratos libres.
Él, sentía a lo lejos unas voces llámandolo, pero no quería dignarse a despertar, le gustaba como se encontraba, en realidad, no sabía como se encontraba, sí estaba vivo o muerto, poco le importaba, sólo sentía que flotaba, que era liviano, que unas suaves olas lo acompañaban... Y despertó, se sentía pesado, y algo le molestaba. Entrecerró sus ojos para ver una playa de agua cristalina como sus ojos, y una arena dorada.
También vió a una muchacha en el agua jugando.
Las olas del mar combinaban con la risa de la chica, y el joven tirado en la arena dorada, se levantó.
-¡Len, Len! Vamos a bañarnos - Llamaba una rubia con su sonrisa platinada.
-No estoy de animos- Le respondió su hermano poniendo mala cara.
Rin sonreía y miraba a Len como si tuviese algo en la cara, de pronto, corrío hacia él, lo tomó en brazos y corrió hacia el mar.
Len chillaba en los brazos de su hermana, no sabía de donde demonios sacó tanta fuerza pero, se reía, y Rin saltó hacia el mar haciendo que los dos quedaran empapados en la orilla, se tomaban las manos, y reían juntos. El chico se levantó de golpe y la chica también, los dos empezaron a correr, Len persiguiendo a Rin.
-¡Ya verás por tirarme al agua!- Decía el rubio mientras corría para alcanzar a su gemela.
Siempre corría, pero por más que Rin intentase alcanzar a Len, nunca lo haría, nunca lo hace de hecho. Len Kagamine sueña exactamente esta misma escena todos los 365 días del año, sin embargo nunca logra su meta. De un momento a otro ella se esfuma y Len queda corriendo solo, hasta que se tropieza. Ahí acaba todo.
-Sube - Le dijo Kaito con una sonrisa, ofreciendole un casco también.
-¿Cómo está él? - Preguntó su preocupada hermana -
- No he hablado con el doctor, tan pronto lo dejé vine a buscarte, ¿Estás lista?
-Sí - Rin se afirmó de la cintura de Kaito y apoyó su cabeza por unos instantes, mientras la moto empezaba a andar ella contemplaba el sol saliendo, porque eran como las cinco, y sentía ganas de acurrucarse en Kaito por el resto de su vida, con él al menos se sentía segura.
Habiendo llegado, Rin se bajó de la moto y corrió a buscar a su hermano.
-Len, estoy aquí... -Dijo tomandole la mano y apoyandose en sus piernas- Todo estará bien, lo sé,
-Rin, quizás deberías dejarlo descansar - Comentó Kaito con preocupación y ella asintió. - Iré a buscar algo de comer ¿Quieres algo tu también?
-Un café estaría bien - Ella sonrío
-Ok - Kaito dejó a los mellizos solos y Rin empezaba a quedarse dormida, tuvo turno hasta tarde y con lo Len, casi ni durmió, su cuerpo ahora, le pasaba la cuenta.
(6:47 am, Sábado)
-Rin... -Jadeó acariciando la mano de su hermana- Rin...
-¿Sí? - Preguntó ella aún dormida-
-Despierta
-Déjame dormir... ¿Len...? -Al fin reaccionó.. ¿Len, estás bien?
-Rin...
-¿Sí? ¿Qué pasa?
-No me tocó la enfermera sexy... -Gimió el rubio con cara de dolor y luego sonrió
-Imbécil - Dijo su hermana devolviendole la sonrisa y luego se durmió, y él también.
Era su forma de comunicarle el uno al otro que estaban bien.
[S/A]
*= He de aclarar, por el bien del mundo, que esas eran las bolsas que contienen los tampones, no bolsas de los tampones usados, pero bueno, los hombres son medios asquientos para esas cosas... Créanme vivo rodeada de hombres y aún, con quince años de vivir con ellos, se espantan si ven una bolsa de toallitas xD o si les hablo del período o los protectores diarios.
**= Me refería a que estaba encima de ella como cuando uno está gateando? pero sin apoyarse encima, por eso Rin no lo notó hasta que habló.
Dato Freak del día: El título de este capítulo hace referencia a una de mis canciones preferidas del mejor grupo de los tiempos, a mi parecer, "People Are Strange - The Doors"
Bueno, en primer lugar quiero pedir perdón por la poca consistencia de este fic, posteo un capítulo y luego de semanas subo el otro, perdón por eso, pero también, insisto, que me encantaría si cada vez que leen dejen un review porque me ayuda a continuar la historia, es motivación y además que me deprimo cuando no leo ningún review u.u es como escribir para un público fantasma (?)
Eso, cuídense, lean, entero el disclaimer y nada.
