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Título original: The More Things Change, Part II
Autor : Rod M. - rpm©thekeep..org
Traducción : Miguel García - garcia.m©gmx..net
~ o ~
Parte II
Una vez más
~ o ~
Ryoga estaba teniendo unos de esos días. El negocio había estado
increíblemente ajetreado en el Ucchan's, lo que había conseguido
incluso desgastar la resistencia del muchacho. Luego le tocó hacer el
aseo grande, gracias a un exceso de celo y una apuesta desmesurada en
un juego de póker contra Ukyo. Justo cuando había terminado de lavar
platos, se mojó por accidente con agua fría. Para colmo de males, por
alguna extraña razón, esa noche no había gas.
Estaba pegado como cerdo, y al parecer sería así por un tiempo.
Obviamente, esto lo había puesto de un humor infame, principalmente
porque se acordaba de todas esas noches como un cerdo... con ella.
Y por último, no podía encontrar el camino a su habitación.
Ryoga suspiró, sus orejas de cerdito caídas de depresión, y se dejó
llevar por el sopor.
Un momento después, a través de una vacilante semiincosciencia,
percibió que alguien lo estaba cargando. Fue una sensación bienvenida.
Nadie lo había cargado así desde Akane. Luego algo frío le dio un
golpazo.
««««»»»»
Ukyo se hallaba atendiendo el carro de su padre, allá en el camino rural.
Estaba confundida... ¿no que era dueña de un restaurante? Se sacudió
dicha sensación, ya que no tenía tiempo para eso. La fila era larga; más
aún, parecía infinita.
—Síseñor, ¿qué se va a servir?
—¿Síseñor? Oye, Ucchan, ¡soy yo!
Ukyo pestañeó. Miró de cerca.
—¿Ranchan? ¡Hola! ¿Qué vas a pedir?
—Okonomiyaki de lujo para mí y para mi señora —dijo él con una
sonrisa, poniendo a Akane junto a él (sacándola, al parecer, de la
nada).
—¡Hola, Ucchan! —dijo Akane. Ukyo se estremeció con el sonido de
Akane diciéndole "Ucchan". ¿Qué se creía? Pese a dichas emociones, se
descubrió sonriendo y asintiendo con la cabeza, saludando con señas
de la mano. La sensación de pérdida de control la enrabió, mientras se
miraba sacar los ingredientes.
Ryoga despertó rápidamente con un fuerte chillido y miró despavorido
en todas direcciones. Algo le pegaba tortazos, algo lo zamarreaba para
todos lados.
Ukyo luchaba por sujetar al okonomiyaki, pero éste no dejaba de
retorcerse y salirse de la espátula. Comenzó a saltar por todas partes,
como si estuviera vivo. Akane y Ranma fruncieron el ceño, mirándola
con gesto de vergüenza.
—Caramba, Ucchan —dijo una divertida Akane—, ¿por qué estás tan mala
para cocinar?
—Sí —dijo Ranma— ¡estás igual de mala que Akane!
Con una expresión de pánico, Ukyo intentaba impedir que el okonomiyaki
se retorciera, mientras sus oídos eran torturados por el sonido de Ranma
y Akane riéndose de ella.
—E... Es un problema pasajero, ¡en serio! —dijo Ukyo, débil—. ¡Lo tendré
listo! ¡De verdad!
—Sabes, Akane —dijo Ranma—, creo que es igual de ahombrada como
eras tú, a lo mejor más.
—¡Sí! —concordó Akane, feliz.
Sintiendo un asalto de pánico, Ukyo se miró. Había algo... Algo que
andaba mal.
—¿Pasa algo, Ucchan? —preguntó Ranma.
Ukyo pestañeó, luego se palpó el pecho. Lo tenía... alarmantemente plano.
Definitivamente demasiado plano. Ay no... Nonono...
Ranma pestañeó de nuevo.
—Oooyeee, Ucchan, ¡eras hombre después de todo!
De pronto, todos se estaban riendo de Ukyo. Ranma, Akane, Ryoga, los
demás Tendo, los chicos de la secundaria, los de la primaria, todos, de ella.
Hasta el okonomiyaki daba brincos de arriba abajo.
—¡PARA DE MOVERTE!
*PAFF*
—¡CUIIIIIII!
¿Cui?
Los ojos de Ukyo se abrieron y se descubrió bamboleándose
inestablemente hacia atrás y hacia adelante, despertando... de pie...
en la cocina.
—¡CUI! ¡CUI! ¡CUII!
—¿Eh? —Se restregó los ojos y bostezó—. Ah... Ryoga. ¿Qué haces en
la cocina...? ¿Qué hago yo en la cocina? ¿Cómo llegué acá?
Ryoga bufó un poco y la miró malhumorado.
—¿Qué? ¿Qué hice?
*ñorrt*
—No te entiendo nada, cara de puerco. A ver si podemos encontrar
agua caliente... Ah sí, no hay gas. Hm... —Se sentó, pensando en qué
hacer. P-chan se sentó sobre los cuartos traseros y agachó la cabeza,
con las orejas caídas también.
—Cuii.
—Sí, sí, ya lo sé, pero vas a tener aguantar por esta noche.
—¿Cui? —inquirió P—chan.
—Tuve un sueño rarísimo, Ryoga —dijo Ukyo, instalándose en una silla—.
Me... Después te lo cuento.
Incapaces de dormir todavía, la cocinera y el cerdo, sin más que hacer,
se quedaron mirando hacia afuera, a las silenciosas calles nocturnas.
««««»»»»
A la mañana siguiente, el Ucchan's abrió sus puertas sin novedad a la
concurrencia de temprano por las mañanas. Abrir a las cinco de la
madrugada era algo que Ryoga hubiese preferido no hacer, pero no era
decisión suya. Estaba de malas pulgas, cosa normal, aunque esta mañana
había una nueva fuente que alimentaba su irritación.
—Buenos días, Ryoga —dijo Ukyo.
Ryoga balbució una respuesta y empezó a ordenar las mesas y sillas.
Ukyo pestañeó, luego continuó preparando los pedidos para unos cuantos
clientes que ya esperaban. Algo distinto tenía aquel balbuceo. Ryoga debe,
supuso ella, estar molesto por algo.
—¿Estás molesto por algo?
—¿Qué pasó anoche? —preguntó él con un tono de voz irritado.
—¿Cómo, "qué pasó anoche"?
—Me estuviste dando de espatulazos por todas partes... ¡me estabas
COCINANDO! —La cara de Ryoga adoptó una cierta expresión de tirria.
—Lo hice dormida, ¿sí? Fue un accidente. ¿Que ya no me disculpé?
~ o ~
—¿Oíste? —le cuchicheó un cliente a otro.
—A la señorita le gusta con violencia.
—Qué raro, no tenía pinta de esas...
~ o ~
—Y... ¿de qué se trataba el sueño? —preguntó Ryoga.
—Nada, no te preocupes —respondió Ukyo.
Considerando la manera en que funcionaba la mente de Ryoga, ella
debió haber visto venir el comentario siguiente a un kilómetro. Pero
no lo vio.
—Tenía que ver con Ranma, ¿cierto?
Ante esas palabras, Ukyo dio un respingo y le dirigió a Ryoga una
mirada hostil.
—Sí, soñé con Ranma, ¿y qué? —disparó de vuelta.
—No entiendo qué tanto le veías —refunfuñó Ryoga.
—Era valiente y tierno y... —enumeró Ukyo.
—Te traicionó, te mintió, es un mantenido... —contraatacó Ryoga
calmadamente.
—Ah, cállate —cortó Ukyo, lanzando con facilidad algunos okonomiyaki
a clientes que esperaban, y empezando otros—. Ni que tú fueras mejor.
—¿Y se puede saber qué significa eso? —consultó Ryoga.
—A veeeeer —empezó Ukyo con una sonrisa burlona—. Uno —comenzó,
levantando un dedo—. Te aprovechaste de Akane una y otra vez...
—¡FALSO!
—... durmiendo en su cama como su "mascota". No lo niegues.
Ryoga agachó la cabeza, en lánguida vergüenza.
~ o ~
Esto, por supuesto, le dio al gentío de las mañanas aún más de que
hablar.
—Caramba, estos sí que son degenerados.
—¿El chico ese es esclavo sexual? Qué depravado.
~ o ~
—Dos —dijo Ukyo, levantando otro dedo—, eres totalmente indigno de
la confianza del corazón de una chica. ¿Cuántas veces hizo Ranchan que
te enamoraras de él?
—¡No me lo recuerdes!
—Si DE VERDAD le hubieras sido fiel a Akane, ¡NUNCA HABRÍA SUCEDIDO!
~ o ~
—¿Oíste? ¡El chico tiene novio y novia!
—Estos chiquillos de hoy en día, todos degenerados.
~ o ~
—Tres —dijo Ukyo, levantando otro dedo—, siempre le buscabas pelea a
Ranma sin ninguna razón.
Ryoga pestañeó:
—¿Sin razón? ¡Sobraban razones! Gracias a él yo he...
—... vivido un infierno, sí, sí, sí —desestimó Ukyo—. La mitad de las cosas
por las que lo culpas no hubieran sucedido si no fueras tan tarado.
—¡Oye!
—Y está tu total falta de orientación...
—¡Eso no es culpa mía!
—Si tú lo dices. —Ukyo le arrojó a Ryoga una mirada alevosa, mientras
él le contestaba con una mirada algo furibunda; luego los dos siguieron
trabajando.
—Tú eras igual de mala que yo —murmuró Ryoga.
—¡¿Per-DÓN?! —exclamó Ukyo.
Ryoga apuntó a Ukyo con un dedo:
—Ya me oíste.
—¡Por supuesto que yo NO soy tan mala como tú lo fuiste!
—A ver... TÚ también perseguías a Ranma por arruinarte la vida. ¿No era
esa la razón? —indicó el muchacho—. Gracias a él, tú habías... ¿Cómo era?
¿Vivido un infierno?
—Oye, eso no es lo mismo que...
—¡Y embocaste a Akane una vez, mientras fingías entrenarla!
—Ya, está bueno, hice eso. Cállate, me rindo.
—Ja. —Ryoga tenía la Sonrisa del Justo mientras que Ukyo tenía la Cara
de Cabreo del Picaneado por El Justo.
—Pero igual... no entiendo qué le veías a Akane —masculló Ukyo.
—Era tierna y amable y cariñosa —dijo Ryoga, con los ojos brillando un
poco en dulce remembranza.
—Era violenta —dijo Ukyo—. No lo vengas a negar. No puedes.
—Eeeh...
—Y se sulfuraba por nada.
—Tal vez, a veces —murmuró Ryoga.
—Cocinaba horrible.
—Bueno, sí. ¿Y? —preguntó Ryoga.
—Y ella mataría a cualquiera que le dijera eso —contestó Ukyo—. Era
violenta, mal genio, cocinaba VENENO, y... era más varonil que TÚ.
—Mira quién habla, ¡la que Ranma creyó que era HOMBRE durante tanto
tiempo! —contraatacó Ryoga—. ¡Tú eres más ahombrada que Akane!
Ukyo humeaba de rabia mientras Ryoga sacaba la lengua y le hacía
"Blaaaaaaaaaah".
—¡¿AH, SÍ?! —rugió Ukyo.
—¡SÍ! —disparó Ryoga.
—¡NO ME DIGAS! —vociferó Ukyo, poniendo la cara justo enfrente de la
de Ryoga con la expresión más enrabiada que pudo lograr.
—¡SÍ TE DIGO! —bufó Ryoga.
—¡PUES AL MENOS YO NO ME RENDÍ TAN FÁCIL!
Ryoga pestañeó. —¿Rendirte?
—Eso, rendirme. ¿Alguna vez le dijiste a Akane lo que TÚ sentías? ¡No!
¡Nunca tuviste PANTALONES! ¡Al menos yo hice lo mejor que pude con
Ranchan!
—¡Y lo mejor que pudiste no te alcanzó! ¡Toma! ¡JA!
—Eres un...
—¡Y en este momento estás EXACTAMENTE en la misma posición que yo,
así que mucho te sirvió tu "mejor" esfuerzo, eh!
—¡Ryoga, eres un ANIMAL!
Ukyo sacó su Megaespátula y abanicó con ella de una manera que
hubiera enorgullecido a los beisbolistas del Japón. Ryoga recibió de lleno
el espatulazo y salió volando hacia el cielo (a Altitud Media de Artista
Marcial [conocida como AMAM, razón por la cual los residentes de Nerima
a menudo comentaban sucesos como aquel diciendo, "Hombre, a ese sí
que lo amamaron"]).
««««»»»»
Todo perdido.
De haber escrito su autobiografía, Ryoga imaginaba que ése sería el
título. Su vida en estos días era como su sentido de orientación,
increíblemente poco clara. Claramente, deberían obrarse cambios en
su estilo de vida. Por vez primera, pensó en el futuro. Sin preocupaciones
inmediatas (tales como un archirrival o un amor por quien suspirar), no
tenía muchas otras cosas en qué pensar.
Así que hizo lo que hacía normalmente en ocasiones como ésta, que era
vagar sin rumbo fijo por Tokio (esperaba que aún fuera Tokio) y dejar
que el destino tomara el control de su dirección.
Tenía que volver al colegio. Eso estaba claro. No había muchas perspectivas
para un artista marcial sin estudios, realmente. No en estos días y en
esta época. No había ido al colegio en bastante tiempo, y sabía que quizá
debería dar alguna especie de examen para determinar a qué nivel
correspondía..., dadas las insólitas circunstancias de su estilo de vida.
Por supuesto, esto era Nerima, y Furinkan, en efecto, tenía planes de
contingencia para situaciones como aquella. Después de todo, no era
inaudito que artistas marciales trashumantes pasaran por Nerima y
sintieran la repentina necesidad de educarse. Ukyo era prueba de ello.
Después de la secundaria, no sabía. Se encogió de hombros y decidió
responder esa pregunta otro día.
Con el principal problema del minuto ya resuelto, su mente se deslizó
hacia asuntos más oscuros. En particular, la palabras de Ukyo le
importunaban. Era increíblemente bochornosa la lista de idioteces en
que él había incurrido, y esperaba no cometerlas nunca más (o al menos,
en caso de cometerlas, que nadie se las hiciese notar).
Luego estaba lo de rendirse. Tenía que admitirlo: era cierto. Al menos
Ukyo le había dicho a Ranma lo que sentía. Ryoga jamás había conseguido
nada que se acercara a eso. "Maldito seas, Ranma", pensó tristemente,
"y maldito yo". La mente se le quedó fija en eso..., en haber caído con
un gimoteo en lugar de una fanfarria. Y para cuando pasó por Hokkaido,
aquello le zumbaba en la cabeza como moscas sobre un cadáver.
««««»»»»
Se hallaba molesta.
Ella creía haber terminado ya con el asunto aquel, pero las palabras de
Ryoga le habían sido sorprendentemente filosas, trayendo de regreso los
viejos sentimientos. Ranchan estaba con una chica que era menos
comprensiva, menos paciente, más violenta, y era la única persona que
Ukyo conocía capaz de cocinar Sopa Primordial (completa, con nuevas
formas de vida nacientes y todo).
No había manera posible de que Ranchan pudiera ser feliz con esa niña.
Esto tenía que ser una conspiración o algo así. Ellos sí le habían jugado
ese truco una vez, intentando hacerle creer que Ranma y Akane de
verdad se estaban llevando bien. Claro, la última vez no había resultado.
No estarían obligando a Ranma a intentar eso de nuevo, ¿o sí?
No podía ser.
««««»»»»
Al caer el sol en Japón, Ryoga regresó a la ciudad en su vagar (nunca
supo que había estado en la ciudad equivocada; se limitó a suponer que
partes de Tokio se habían vuelto de pronto muy rurales). No notó aquello,
empero, debido a los ecos ocasionales que esos pensamientos importunos
le producían aún en la mente.
Por último, la oscuridad cubrió la ciudad, y esto hizo que Ryoga por fin
mirara bien su entorno. Y al hacerlo se sintió, cuando menos, sorprendido.
Estaba justo a las puertas del Dojo Tendo.
{El último lugar donde quería estar...}, pensó, con gesto de desdicha.
—¡CRETINO!
—¡TONTA!
Los ojos de Ryoga se entornaron. Esa era Akane... y Ranma... ¿peleando?
Entró cautelosamente por el portón y saltó a un árbol cercano. Desde ese
lugar estratégico, tenía una vista perfecta de la sala de estar. Allí, podía
ver claramente a Akane teniendo otro campeonato de gritos con Ranma,
aunque Ryoga estaba demasiado lejos para escuchar adecuadamente el
tema de la discusión.
Una batalla interna comenzó a arreciar cuando vio a Ranma empezar a
contestarle los gritos, en una voz aún más elevada. Ella no se merecía esto,
no Akane. Maldijo repetidamente a Ranma mientras la discusión seguía
furiosa. ¿No le había dicho a Ranma que la tratara bien? ¡¿No se lo había
dicho, acaso?! Ryoga no podía seguir mirando, y estaba a punto de meterse
al baile (y aporrear a Ranma hasta hacerlo puré).
Ranma, con aspecto de cierto bochorno, le dijo unas cuantas palabras en
voz baja a una iracunda Akane, que estaba de espaldas a él, enfurecida.
Luego, ella se volvió hacia él con una expresión suavizada, y dijo por su
parte otras pocas palabras en voz queda. Se acercaron el uno al otro,
despacio, murmurando lo que parecían ser disculpas, luego se unieron
en un abrazo. Después de un rato, volvieron a hablar, con sus voces
volviéndose livianas y despreocupadas, luego se hicieron más bromistas
mientras Ranma huía alegremente de Akane, hacia el dojo, y Akane lo
perseguía riéndose.
Ryoga podía sentir el amor. Poco a poco toda la rabia se le ahogó en una
inundación de amor enfermante, generada por la amante pareja que se
había ido corriendo. Ryoga supo que lo que acababa de presenciar era
amor del verdadero.
Se sintió cansado. La venganza parecía una cosa lejana. La rabia era un
eco distante. El tiempo para pelear, supo, se había acabado. Todo se
había acabado. Todos los sueños que tuviera en el pasado, acabados. Se
encontró casi listo para renunciar, y punto.
Ese momento de rara introspección fue destrozado por dos pies que
azotaron el cráneo de Ryoga desde arriba. Al parecer, ambas partes
fueron tomadas enteramente por sorpresa, ya que los dos se enredaron,
se soltaron del árbol y cayeron al suelo de más abajo.
Mientras pugnaba por levantarse, Ryoga sintió un sólido *CLANG* en la
cabeza.
—¡Ryoga, TARADO! ¿Qué haces aquí?
—¿U... Ukyo?
Dándose cuenta de que estaban obviamente metiendo mucho ruido, los
dos echaron a correr hacia la noche antes de que Ranma y Akane salieran
del dojo a revisar.
««««»»»»
—Bueno y, ¿qué hacías allá? —preguntó Ryoga.
—Iba de pasada nada más, eso es todo —contestó Ukyo—. ¿Y tú?
—Eh, ah, lo mismo, lo mismo.
Los dos suspiraron, con la vista dirigida hacia afuera del Ucchan's por la
ventana del frontis, mirando las pocas estrellas visibles entre todas las
luces de la ciudad que oscurecían el cielo nocturno.
—Oye, Ukyo, ¿podrías ayudarme a entrar a la Secundaria Furinkan?
—¿Entrar? —Ella lo miró con cara de extrañeza—. ¿Cómo, entrar?
—Quiero... Quiero volver al colegio.
—¿Sí?
—Sí. Podría decirse que estoy empezando de nuevo.
—Yo también —dijo ella en voz muy baja.
—¿Qué?
—Nada, nada. Mañana lo vemos, ¿sí?
—Gracias, Ukyo.
—No hay problema, corazón. —Se puso de pie, bostezó, y se estiró—. En
fin, sería todo para mí por esta noche.
—Oye, Ukyo —dijo Ryoga, evidenciando cierta tensión en la cara.
—¿Hm? ¿Qué pasa?
—Yo... lamento lo que dije hoy.
—Ah.
Ella no había estado pensando en aquello, y en realidad lo había olvidado
hasta que él lo mencionó. Su mente aún se encontraba sombría por lo
que había visto en la residencia Tendo. Mirar a esos dos había sido para
ella difícil de soportar, pero era claro que estaban enamorados. Su sueño
estaba muerto, muerto desde hacía mucho; y se dio cuenta de que era
mejor comenzar a moverse en la vida. Eso no facilitaba en lo más mínimo
el estar cerca de Ranma, y sus sentimientos por él no cambiarían así de
simple, pero era, en su mente, un pequeño paso hacia la posibilidad de
avanzar. Era buena idea también no hacer más enemigos, y con eso en
mente...
—Yo también lo lamento, Ryoga. Nos vemos.
Ukyo se fue a su habitación, dejando a Ryoga en la oscuridad, mirando
hacia el infinito cielo nocturno de afuera. El mundo... era en verdad un
lugar oscuro y solitario, y grande además. La ciencia podía respaldarlo
en aquello, dado que gran parte del espacio exterior era lo bastante frío
para ser letal al grueso de las formas de vida terrestres.
Por el momento, empero, el pensamiento de Ryoga se movía por líneas
filosóficas.
—¿Ukyo? —dijo en voz queda
Ukyo estaba a punto de cerrar su puerta cuando oyó a Ryoga llamar,
desesperado.
—¿Ukyo? ¿Ukyo? ¡¿Dónde estás?!
Oyendo la angustia en la voz del muchacho, salió presurosa y lo encontró
todavía en la parte delantera del local.
—¡¿Ryoga?! —dijo, precipitándose hasta él—. ¿Estás bien?
—Sí... eeh... —El joven se veía manifiestamente abochornado.
—¿Hm? ¿Qué? Oye, ¿pasa algo?
—¿Me podrías mostrar dónde está mi cuarto? No lo puedo encontrar, y no
quiero terminar aquí en el suelo otra vez.
¿Por eso gritaba tanto? Dónde estaba esa espátula...
*CLANG* —¡IDIOTA! —*CLANG*CLANG*CLANG*—. ¡NO ME ASUSTES ASÍ!
—¡Ay! ¡Para de pegarme, maníaca violenta!
*CLANG*
- fin parte 2 -
