Entré lentamente, observando cada detalle de esa habitación. Tenía una decoración bastante extraña, además de una tela colgada en la pared con un símbolo muy extraño, como un triángulo. También había lo que parecía un mostrador hecho de madera con estanterías detrás repletas de libros y objetos de decoración. Enfrente del mostrador había una alfombra de color marrón claro. La habitación tenía olor a incienso, y encontré encima del mostrador un pequeño brasero metálico, parecía un incensario porque emitía humo. Le daba un ambiente hogareño al lugar. Había una puerta en una esquina pero estaba cerrada, así que no quise cotillear mucho.

"El lavadero está detrás de esa puerta, si deseas algo sólo tienes que pedírmelo" Dijo aquel joven con una sonrisa de oreja a oreja.

"Gracias..." Balbuceé y me encaminé hacia donde me había indicado.

Me metí dentro, era una especie de habitación cuadrada y tenía un olor peculiar... un tanto desagradable, en mi opinión. Pero era soportable. Había un barreño de madera con agua limpia y fría en una esquina. Supuse que ese era el 'lavadero' como decía el otro hombre. Me limpié la cara, frotando bien los ojos para que se saliesen los manchurrones. Vi a un lado, dentro de una pequeña cesta de mimbre un objeto rectangular de color blanquecino. Lo cogí con una mano y lo olí, era jabón. Lo reconocí por el dulce olor que tenía.

Mientras me limpiaba a fondo la cara y la suciedad de mis manos, escuché de fondo la conversación que tenían Altaïr y el otro hombre. Y parecía no ser pacífica. Dejé de hacer ruido con el agua para escuchar atentamente.

"No sé por qué te he hecho caso" Dijo Altaïr haciendo un ruido con la garganta en expresión de desprecio.

El hombre rió entre dientes "Entiendo que estés malhumorado, Altaïr, pero sé que esta chica tiene algo especial"

"¿Por qué? ¿Por que es una mujer? Tú siempre le ves algo especial a todas las mujeres"

El hombre volvió a reír pero esta vez en voz alta "Mi querido amigo, tú siempre con tus comentarios bromistas - Sabes muy bien que si ella no tuviese algo especial, tú no la habrías traído"

El hombre encapuchado tosió "No fue porque quisiese, no paraba de decir que estaba buscando a un hombre llamado Altaïr, no tuve otra opción" Gruñó.

El joven carcajeó "Repito que si no tuviese algo especial, tú no la habrías traído..." Hubo un silencio breve "Nunca traerías a un desconocido a la casa de los Asesinos, pero sin embargo a ella sí... y no me refiero solo al motivo del género aunque algo también tendrá que ver..."

Altaïr suspiró hondo "La encontré en la entrada de Damasco, estaba siendo atacada por un guardia - No le busques más sentidos porque solo fue ese"

"Entonces... ¿Por qué la trajiste hasta aquí?" Pregunto el chico en una manera desafiante.

Otra vez todo se quedó en silencio. Este hombre sabía como hacer dudar a Altaïr, a pesar de su imagen de duro "La tarea que te ha mandado Al-Mualim no te agrada demasiado, ¿verdad?" añadió.

El joven encapuchado asintió con la voz "Veo que las noticias vuelan..." balbuceó.

El joven rió "Sé que tienes problemas"

"No tiene importancia" Dijo Altaïr desganado.

"El caso es que algunos de tus hermanos han estado aquí - Oh, si hubieras oído lo que decían... Seguro que los habrías matado en el acto"

"Es muy posible"

"Tú... nunca te has tomado muy en serio el credo, ¿verdad?"

"¿Algo más?" Respondió Altaïr ofendido.

"Lo siento..." Añadió el joven. Escuché unos pasos y luego se pararon "A veces hablo demasiado - ¿Qué negocios te traen por Damasco?"

Altaïr se quedó en silencio durante unos segundos "Un tal Tamir - A Al-Mualim no le gusta como se gana la vida. Debo encargarme de él ¿Dónde puedo encontrarlo?"

"¿Aún te acuerdas de como rastrear a un enemigo?"

"Desde luego. Hay que saber dónde estará y cuando - Pero ese trabajo es para los..." De pronto dejó de hablar, cosa que me sorprendió "Ya veo..." Balbuceó malhumorado.

"Registra la ciudad. Averigua que está planeando y dónde trabaja - La victoria es para quien se prepara"

"¿Qué puedes contarme de él?"

"Tamir se gana la vida en el mercado negro así que deberías ir primero al barrio del zoco. Te sugiero que investigues estos lugares; Un pequeño zoco al Nordeste de aquí, la madraza que hay al Éste y los jardines al Norte de ésta casa. Céntrate en ellos y averiguaras cosas sobre Tamir"

"Supongo que cuando acabe querrás que vuelva a aquí"

"Sí. Vuelve conmigo. Te daré el marcados de Al-Mualim y tú nos darás la vida de Tamir"

"Cómo desees" Altaïr no parecía muy agradado por el plan que le estaba indicando su compañero.

"Recuerda Altaïr, si te ves en problemas y los ciudadanos se vuelven contra ti, regresa a esta oficina hasta que pase la tempestad pero escucha, si los enemigos están muy cerca, la puerta seguirá cerrada hasta que los despistes... Aunque lleves a tu joven amiga contigo ¿Lo has comprendido?"

"Sí... Traer al enemigo comprometería a la Hermandad"

El joven carcajeó "Muy bien - Puedes marcharte"

Escuché unos pasos alejarse y con ellos se llevaron la conversación. Me quedé perpleja ante lo que había escuchado. ¿Quién era ese tal Tamir? ¿y Al-Mualim? ¿Por qué le había mandado matarle? ¿Y eso de la Hermandad? Empezaba a tener miedo de aquellos dos hombres ya que ambos tenían en manos un plan que ante mis ojos era malévolo.

Tal vez nunca debería haber buscado a Altaïr, pensé.

"Llevas mucho tiempo ahí dentro, ¿te encuentras bien?" Escuché una voz con tono divertido detrás de la puerta de madera. Me sobresalté que me puse de pie de inmediato.

"S-sí, estoy bien" Murmuré mirando fijamente a la entrada.

"No sé cómo lo hacéis pero las mujeres siempre os apoderáis del aseo, estéis donde estéis" Bromeó aquel hombre.

Yo me mordí el labio inferior aguantándome las ganas de abrir la puerta de una patada y aplastar a aquel maleducado. Pero tuve que aguantarme, al fin y al cabo, llevaba mucho tiempo ahí dentro. Finalmente, abrí la puerta y salí. Él estaba sentado en una butaca justo detrás del mostrador. Estaba haciendo una figura con arcilla. Me miró fijamente con una sonrisa traviesa. Éste hombre tenía un extraño sentido del humor.

"Ya era hora"

Yo le di una sonrisa falsa. Me quedé de pie enfrente de él, sin pronunciar palabra. Me incomodaba estar ahí después de lo último que hablaron. Pero la falta de algo hizo romper mis pensamientos.

"¿Dónde está Altaïr?" pregunté.

El joven carcajeó para sus adentros "¿Por qué lo preguntas?"

Abrí la boca para responder pero tal vez no debería decirle que había escuchado su conversación "Porque... quería preguntarle... si podríamos empezar con mi búsqueda..."

El hombre siguió moldeando aquella figura de arcilla mojada "Está ocupado con unos asuntos... Volverá enseguida" Dijo en una manera desinteresada.

Yo me volví a quedar muda. No sabía que tema sacar, ¿de qué hablaban los ciudadanos de Damasco en la era de las cruzadas? Además, tampoco parecía que supiese de dónde provenía...

"¿No tienes nada que hacer?" Preguntó mirándome por el rabillo del ojo.

Yo fingí una tos "No... no sé qué podría hacer..."

El hombre parpadeó sorprendido "Pues... algo productivo, quizás"

Miré a mi alrededor. ¿Qué demonios iba a pretender qué hiciese? Ni si quiera sé por qué estoy aquí.

Suspiró profundamente mientras apoyaba el borde de la palma de sus manos en la madera del mostrador y se impulsaba para ponerse de pie "Si quieres puedes coger algún libro, los de esa estantería de ahí son bastante interesantes"

Guié mis ojos hacia el sitio que me indicaba. Me acerqué lentamente. Miré el reverso de los libros y vi unas extrañas letras que no eran para nada de mi mismo idioma "Yo... No sabría leer ésto..." Balbuceé avergonzada.

"¿Cómo?" El hombre me miró mas confundido aún de lo que estaba "¿No sabes leer?"

Asentí con la cabeza rápidamente "¡Claro que sí! Lo que pasa es... que no sé leer este idioma en concreto..." Dije cogiendo entre mis manos uno de los libros.

"Pero si lo estás hablando ahora mismo" Arqueó una ceja muy drásticamente. Éste hombre era muy expresivo.

Mis ojos se agrandaron cuando escuché eso "¿Hablarlo?" Reí nerviosa "¡Es imposible!"

"Pues... lo estás haciendo" me dijo señalándome con el dedo despectivamente.

Yo cerré la boca de golpe. Aquella anciana debía tener algo que ver con ésto del idioma. ¿Cómo es que podía hablarlo y entenderlo en una conversación, pero escrito no?

"Está bien, haré como que ésto no ha pasado" Dijo el muchacho agitando la cabeza. Cogió un trapo y se limpió las manos en él "¿De dónde vienes?"

"Am..." Me quedé quieta en el mismo sitio, buscando alguna respuesta. ¿Debería decirle la verdad? ¡DIOS ESTA LOCURA ME ESTÁ MATANDO! "De muy lejos..." Respondí. Luego me mordí la lengua al darme cuenta de lo que había dicho.

Él joven rió "Supongo que todos venimos desde muy lejos... ¿Y qué te hizo venir aquí?"

"Am.. yo..." Miré hacia un lado evitando el contacto visual. Sus ojos me analizaban de pies a cabeza "Fue un viaje... un tanto...movidito..."

"¿A sí?" Me miró preocupado, ladeando la cabeza ligeramente "¿Qué fue lo que pasó?" Dijo apoyando sus manos en la encimera.

"Pues..." Intentaba buscar entre todo mi vocabulario las palabras exactas para contarle de manera que no me mirase como si fuese una loca, porque decirle que venía del futuro ya que un ser con una túnica y capa de color verde me había secuestrado no sonaba muy realista, que digamos "Volvía a mi casa cuando... un... hombre... me golpeó... y me desmayé... No recuerdo nada más" Dije insegura.

El hombre me miró apenado "Vaya... lo siento mucho..." Respondió. Parecía que se había tragado mi media-mentira. Aunque realmente fue algo así lo que pasó.

"No es tan grave como parece, tranquilo" Dijo negando con la cabeza.

"Que te rapten suena algo grave, creo yo"

"Sí, sí... pero... No es exactamente lo que crees" Añadí "Bueno... y... ¿Qué es éste sitio? Nunca había conocido una casa en la que se entrase por el tejado..." Hablé mirando a mi alrededor detenidamente.

Mi comentario hizo que el joven se riese, encontraba como objeto de burla mi ignorancia aunque me gustaría ver como se desataría él mismo en mi época "No es una casa corriente, en eso estoy contigo - Ahora te encuentras en la casa de Asesinos de Damasco" Le lancé una mirada de terror tras oír aquella palabra 'Asesinos'. De dónde venía, esa palabra siempre era algo negativo, algo cruel y frío. Y ellos la usaban como si fuese normal. Tras analizar mi gesto, el joven se volvió a reír.

"¿Asesinos?" Murmuré con voz temblorosa. Dí unos cuantos pasos hacia atrás para mantener una distancia con aquel... extraño.

"No tengas miedo, no somos esa clase de asesinos que tú crees" Añadió, apoyando un codo en la mesa y con el otro brazo estirado.

"La palabra Asesino no tiene muchos más significados..." Añadí desconcertada.

El chico sonrió malévolamente "Aunque desde tus ojos inocentes de niña-

"No soy una niña" Interrumpí sin dudarlo con una voz cortante. Podrían insultarme de muchas maneras y no importarme, pero niña ya no era.

"Está bien, tus ojos inocentes a secas" rió "Nos ves cómo crueles criminales, no somos ciertamente así - Yo, al igual que Altaïr, somos parte de una orden; La Orden de los Asesinos" Le miré ésta vez como si él fuese el bicho raro de la habitación "Nuestro propósito es mantener el equilibrio y traer la paz a los lugares corrompidos por la avaricia y el mal"

"Suena como una película..." Balbuceé creyendo que hablaba en mi cabeza, pero él me escucho.

Agitó la cabeza ligeramente haciendo caso omiso de mi comentario "Lo que hacemos, es por una buena causa - A veces el bien está interpuesto por algunas personas que deben ser aniquiladas para conseguir la paz"

"Parece muy... interesante vuestra opinión, pero...¿Realmente os dedicáis a matar a personas?" Le pregunté en voz suave y entristecida.

Él carcajeó levemente "Dicho así, sí. Pero es una finalidad positiva. Nosotros no matamos a inocentes solo a aquellos que se interponen en el camino del bien"

"Pero esa gente... tienen familias; mujeres, hijos, hermanos, padres... No pueden ser tan malos como parecen" expliqué.

"Por eso digo que tú ves con ojos inocentes de niña..." Fui a abrir la boca para responder de mala manera pero decidí guardarme el comentario "Las personas pueden ser sobornadas, compradas e incluso cambiadas si tienes los métodos correctos para hacerlo... las mentes de la gente confundida son un objetivo fácil... y gente confundida hay en todas partes incluso en grandes puestos" Ciertamente, empecé a comprender su propósito y tampoco lo vi tan malo aunque seguía pensando que matar no era la mejor solución

"De donde yo vengo, matar es algo muy grave... penado incluso con la muerte si se hace de manera repetida" Continué con la mirada gacha.

"Tú ciudad y ésta no son tan diferentes... Matar no es algo bueno, no me malinterpretes, pero a veces es la única solución"

"Entonces... ¿Ese tal Tamir tendrá que morir porque está interrumpiendo el camino de la paz?" Añadí levantando los ojos lentamente.

Él me miró sorprendido pero finalmente sonrió "Sabía que no te habías quedado ahí dentro por alguna razón... Resulta de mala educación escuchar en conversaciones ajenas" Dijo en tono bromista.

Yo me crucé de brazos ofendida "Como si fuese algo más grave que lo que hacéis vosotros"

Él rió para sus adentros "Eres una chica muy malhumorada, creo yo" bromeó. Yo le di una mirada amenazadora pero él se lo tomó como si fuese una inocentada "Ya que te interesan tanto los asuntos de Altaïr me gustaría que me contases para qué le necesitas con tanta urgencia"

Me quedé callada, totalmente cortada ya que no sabía exactamente qué decir. Le había contado una pequeña trola y no quería seguir engañando a aquel hombre que, en cierto modo, estaba siendo muy amable conmigo "Conocí a una señora mayor que me recomendó que le buscase... según ella Altaïr sabe cómo volver a mi casa"

"Pues no veo que sepa mucho de ti, opino yo"

"Opinas bien... Tampoco creo que él sepa cómo guiarme pero... no sé... Espero encontrarme a aquella anciana otra vez..." Miré hacia una pared donde había esa bandera con aquel símbolo extraño "Me gustaría que me explicase algunas cosas ya que visto lo visto, es la única que parece saber cómo llevarme a casa"

Él me miró con una dulce sonrisa en los labios. No conocía a éste hombre pero parecía muy simpático, a pesar de sus pesadas bromas.

Nos quedamos ambos en silencio durante unos breves segundos, cuando de pronto escuché un ruido que provenía del cenador. Me asusté por un momento pero cando vi la silueta de Altaïr entrando por la puerta me sentí aliviada.

"¡Altaïr!" Saludó alegremente aquel joven "¡Me alegro de verte!"

"Hola, amigo" Respondió él muy serio mirando a su amigo. Luego movió sus ojos hacia mi y me miró profundamente. Noté como mis mejillas se sonrojaban pero porque me sentía incómoda y aparté la vista de inmediato. Él parecía seguir odiándome, lo notaba en su mirada. Ni siquiera me dijo hola "He hecho lo que me dijiste" Añadió sin quitarme la vista de encima "Ahora dame el marcador" Dicho ésto se dio media vuelta y se dirigió a su compañero que seguía detrás del mostrador.

"Lo primero es lo primero, dime qué sabes" Respondió su amigo. Altaïr giró la cabeza y me miró de pies a cabeza efusivamente, echándome con los ojos. El hombre se rió para sus adentros "No te preocupes, ya le he contado lo que somos"

Finalmente, Altaïr se relajó y volvió a mirar a su compañero, siempre por debajo de aquella capucha en forma de pico "Tamir dirige el Zoco de Al-Silaah. Gana una fortuna vendiendo armas y armaduras, tiene muchos colaboradores" Mientras explicaba, el otro chico sacó un libro de debajo de la encimera, lo abrió sobre el mostrador y empezó a pasar páginas mientras las ojeaba "Guerreros, comerciantes, prestamistas... Es el mayor traficante de muerte de estas tierras"

Cuando terminó su discurso, se quedó todo en silencio. El hombre se quedó quieto mirando a Altaïr y después se puso a andar en círculos con una mirada seria. Algo que todavía no había visto en él.

"¿Has planeado la forma de librarnos de esta plaga?" preguntó.

"Han concertado un encuentro en el zoco de Al-Silaah para discutir una venta - Dicen que es el mayor trato que Tamir ha hecho en su vida. Estará distraído con su trabajo y entonces..." Guió sus ojos hacia mi analizando mi expresión "Actuaré"

Yo tragué saliva. Sabía qué significaban sus palabras. El otro hombre podría decir que yo tenía ojos inocentes pero podía darme cuenta de muchas cosas.

"Tu plan parece bastante sólido. Puedes proceder" Dijo el joven bastante enorgullecido del trabajo de su compañero. Se agachó un segundo y sacó de un cajón una especie de trozo de tela blanca. La colocó encima de la encimera. Clavé mis ojos en aquella tela y cómo Altaïr la cogía rápidamente y se la guardaba en uno de sus bolsillos. ¿Para qué necesitaba esa tela? "Que se haga la voluntad de Al-Mualim" Añadió "Descansad aquí hasta que estés preparado"

Dicho ésto último se sentó en su butaca de madera y siguió haciendo sus cosas. Altaïr suspiró para sus adentros y caminó hacia mi dirección, que estaba enfrente de la puerta.

"Deberías descansar tú también" Añadió, acercándose a mi.

Yo me quedé callada mirando a otro lado intentando no mirar a aquel tenebroso hombre "No me han dicho dónde podría dormir..."

"No tenemos habitaciones, lo siento... pero puedes dormir con Altaïr en el cenador" Dijo el chico por detrás nuestra sin moverse de su sitio.

Yo me sonrojé aún más ya que me sentía aún más intimidada por el hombre encapuchado. Le tenía miedo... pensaba que iba a matarme en cualquier momento, y dejar mi cuerpo dormido cerca de él no ayudaba en nada. Pero no tenía otra opción, así que acepté.

"De acuerdo. Pero mantente lejos de mi" Le dije mientras estiraba un brazo para indicarle que quería espacio entre él y yo.

"Mantente tú más lejos de mi" Añadió Altaïr con un tono muy enfadado. Sin darme lugar a responder, él pasó por mi lado empujando mi hombro. Ni siquiera pidió perdón ¿Acaso no le habían enseñado modales? Miré al otro hombre con ojos apenados y él solo me respondió encogiéndose de hombros. Creo que nadie sabía por qué Altaïr se comportaba tan antisocialmente con los demás.

Finalmente decidí salir a donde el cenador. Había un montón de cojines en un lado de diferentes tamaños, colores y formas. Rojos, granates brillantes, marrones y verdes oscuros. Tenían una tela suave y aterciopelada. Parecían objetos de lujo y de una comodidad casi inexplicable. Nada más apoyar mi espalda en un cojín grande de color marrón oscuro con una cinta blanca cosida que pasaba por el medio, sentí como mi cuerpo se adormilaba por sí solo y no pude evitar bostezar.

Vi como Altaïr se colocaba a unos metros lejos de mi, cogió varios cojines y los acomodó. Se tumbó dándome la espalda y empezó a moverse hasta encontrar la postura más comoda. Escuché su profunda respiración relajarse poco a poco. El cielo se había oscurecido y escuchaba las voces de las pocas personas que quedaban en las calles junto al sonido de los grillos y algún que otro ladrido de algún perro. La noche era muy tranquila y el cielo... era algo asombroso. A pesar de que había una valla de madera en el techo, se podrían apreciar las estrellas, infinitas de ellas casi incontables. Podía unirlas y encontrar formas que nunca había visto en un cielo de mi época. Nunca había presenciado alto tan bello y mágico. Me apenaba no poder disfrutar de lo mismo allí en mi ciudad.

El cielo calmó mis temores y nervios y, junto a la comodidad de los cojines, me quedé totalmente dormida. Sin prestar atención a Altaïr, que seguía inmóvil a mi lado. Estaba todo tan calmado... tan pacífico que no pude evitarlo. Cerré los ojos lentamente, dejando que mi respiración se relajase y mi mente se fue a otro lugar, al mundo de los sueños.